Navidad, Idolatría y el Pretexto de rendir culto a Dios

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Una “fiesta dedicada” a Jehová

En la primera epístola a los Corintios, el apóstol Pablo da una clara amonestación contra la idolatría. Para que la amonestación sea tomada en serio por los discípulos de Corinto (y por todo aquel que lee dicha carta), el apóstol trae a memoria un evento en la historia del pueblo de Israel que ocasionó la ira de Dios contra el pueblo. Tanto así que Jehová estuvo dispuesto a borrar de la faz de la tierra a todo aquel pueblo que profesaba adorar al único Dios verdadero.

1 Corintios 10:1-8 – “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.”

HAp pg. 254.2 – “A pesar del favor que Dios les mostró a los hebreos, por causa de su anhelo vehemente de los placeres dejados en Egipto y de su pecado y rebelión, los juicios de Dios cayeron sobre ellos. Y el apóstol instó a los creyentes corintios a prestar oídos a la lección contenida en la historia de Israel. ‘Empero estas cosas fueron en figura de nosotros—declaró,—para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron’ (1 Corintios 10:6). Mostró cómo el amor a la comodidad y al placer los había predispuesto para cometer los pecados que provocaron la manifiesta venganza de Dios. Fue al sentarse los hijos de Israel a comer y a beber, y al levantarse a jugar, cuando abandonaron el temor de Dios, que habían sentido al escuchar la proclamación de la ley; y, haciendo un becerro de oro para representar a Dios, lo adoraron. Y fue después de un festín voluptuoso relacionado con el culto de Baal-peor, cuando muchos de los hebreos cayeron en la licencia. Se despertó la ira de Dios, y a su orden, ‘veinte y tres mil’ fueron muertos en un día por la plaga (Éxodo 32:35; 1 Corintios 10:8).”

En el Sinaí, Dios había establecido un pacto con el pueblo de Israel—el llamado Pacto Antiguo. La base del pacto era la Ley—los Diez Mandamientos.

Éxodo 34:27-28 – “Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.”

Deuteronomio 9:9-11 – “Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.”

El llamado Nuevo Pacto, también tiene como su base la Ley—El Decálogo.

PP pg. 386/3 (340.3) – “Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza (Génesis 3:15). Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.

Este mismo pacto le fue renovado a Abrahán en la promesa: ‘En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra’ (Génesis 22:18). Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abrahán (Gálatas 3:8,16), y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. Fue esta fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abrahán también mantuvo la autoridad de la ley de Dios. El Señor se le apareció y le dijo: ‘Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto’ (Génesis 17:1). El testimonio de Dios respecto a su siervo fiel fue: ‘Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes’ (Génesis 26:5), y el Señor le declaró: ‘Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti’ (Génesis 17:7).

Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abrahán, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios.”

El pacto hecho con Adán en Génesis 3:15, es el mismo pacto que fue renovado con Abraham en Génesis 22:18, y es el que Cristo ratificó en la cruz con su propia sangre: es el llamado Nuevo Pacto. La Ley de Dios—el Decálogo—es la base de este pacto. El llamado Pacto Antiguo es el que fue establecido entre Dios y el pueblo de Israel en el Sinaí, y que fue ratificado con la sangre de un animal sacrificado. De igual manera, el Decálogo fue la base de este pacto. Este pacto antiguo, sin embargo, fue anulado unas semanas después por el pecado de la idolatría.

La misma Ley—el Decálogo—es la base de ambos pactos. Los requerimientos de la Ley son los mismos, pues los principios del Gobierno de Dios son los mismos.

PP pg. 389/1 (342.1) – “Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás. ‘El hombre que los hiciere, vivirá en ellos’ (Ezequiel 20:11; Levítico 18:5); pero ‘maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para cumplirlas’ (Deuteronomio 27:26). El nuevo pacto se estableció sobre ‘mejores promesas,’ la promesa del perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón y ponerlo en armonía con los principios de la ley de Dios. ‘Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y … perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado’ (Jeremías 31:33, 34).

La misma ley que fue grabada en tablas de piedra es escrita por el Espíritu Santo sobre las tablas del corazón. En vez de tratar de establecer nuestra propia justicia, aceptamos la justicia de Cristo. Su sangre expía nuestros pecados. Su obediencia es aceptada en nuestro favor. Entonces el corazón renovado por el Espíritu Santo producirá los frutos del Espíritu. Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo a la ley de Dios escrita en nuestro corazón. Al poseer el Espíritu de Cristo, andaremos como él anduvo. Por medio del profeta, Cristo declaró respecto a sí mismo: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; y tu ley está en medio de mis entrañas’ (Salmos 40:8). Y cuando vivió entre los hombres, dijo: ‘No me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre’ (Juan 8:29).

“El apóstol Pablo presenta claramente la relación que existe entre la fe y la ley bajo el nuevo pacto. Dice: ‘Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Romanos 5:1). ‘¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley’ (Romanos 3:31). ‘Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne [no podía justificar al hombre, porque éste en su naturaleza pecaminosa no podía guardar la ley], Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu’ (Romanos 8:3, 4).

“La obra de Dios es la misma en todos los tiempos, aunque hay distintos grados de desarrollo y diferentes manifestaciones de su poder para suplir las necesidades de los hombres en los diferentes siglos. Empezando con la primera promesa evangélica, y siguiendo a través de las edades patriarcal y judía, para llegar hasta nuestros propios días, ha habido un desarrollo gradual de los propósitos de Dios en el plan de la redención. El Salvador simbolizado en los ritos y ceremonias de la ley judía es el mismo que se revela en el Evangelio. Las nubes que envolvían su divina forma se han esfumado; la bruma y las sombras se han desvanecido; y Jesús, el Redentor del mundo, aparece claramente visible. El que proclamó la ley desde el Sinaí, y entregó a Moisés los preceptos de la ley ritual, es el mismo que pronunció el sermón sobre el monte. Los grandes principios del amor a Dios, que él proclamó como fundamento de la ley y los profetas, son sólo una reiteración de lo que él había dicho por medio de Moisés al pueblo hebreo: ‘Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder’ (Deuteronomio 6:4, 5). Y ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Levítico 19:18). El Maestro es el mismo en las dos dispensaciones. Las demandas de Dios son las mismas. Los principios de su gobierno son los mismos. Porque todo procede de Aquel ‘en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación’ (Santiago 1:17).”

En los dos primeros mandamientos de la Ley—la base del nuevo pacto y del antiguo celebrado en el Sinaí—se establece que la idolatría es pecado, y que no se debe adorar imágenes o figuras con el pretexto de adorar a Dios.

Éxodo 20:3 – “No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

PP pg. 313/2 (277.5) – “Jehová, el eterno, el que posee existencia propia, el no creado, el que es la fuente de todo y el que lo sustenta todo, es el único que tiene derecho a la veneración y adoración supremas. Se prohíbe al hombre dar a cualquier otro objeto el primer lugar en sus afectos o en su servicio. Cualquier cosa que nos atraiga y que tienda a disminuir nuestro amor a Dios, o que impida que le rindamos el debido servicio es para nosotros un dios.”

Éxodo 20:4-6 – “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

PP pg. 313/4 (278.2) – “Este segundo mandamiento prohíbe adorar al verdadero Dios mediante imágenes o figuras. Muchas naciones paganas aseveraban que sus imágenes no eran más que figuras o símbolos mediante los cuales adoraban a la Deidad; pero Dios declaró que tal culto es un pecado. El tratar de representar al Eterno mediante objetos materiales degrada el concepto que el hombre tiene de Dios. La mente, apartada de la infinita perfección de Jehová, es atraída hacia la criatura más bien que hacia el Creador, y el hombre se degrada a sí mismo en la medida en que rebaja su concepto de Dios.

“‘Yo soy el Señor Dios tuyo, el fuerte, el celoso.’ La relación estrecha y sagrada de Dios con su pueblo se representa mediante el símbolo del matrimonio. Puesto que la idolatría es adulterio espiritual, el desagrado de Dios bien puede llamarse celos.

“‘Que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, de aquellos, digo, que me aborrecen.’ Es inevitable que los hijos sufran las consecuencias de la maldad de sus padres, pero no son castigados por la culpa de sus padres, a no ser que participen de los pecados de éstos. Sin embargo, generalmente los hijos siguen los pasos de sus padres. Por la herencia y por el ejemplo, los hijos llegan a ser participantes de los pecados de sus progenitores. Las malas inclinaciones, el apetito pervertido, la moralidad depravada, además de las enfermedades y la degeneración física, se transmiten como un legado de padres a hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Esta terrible verdad debiera tener un poder solemne para impedir que los hombres sigan una conducta pecaminosa.

“‘Y que uso de misericordia hasta millares de generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.’ El segundo mandamiento, al prohibir la adoración de falsos dioses, demanda que se adore al Dios verdadero. Y a los que son fieles en servir al Señor se les promete misericordia, no sólo hasta la tercera y cuarta generación, que es el tiempo que su ira amenaza a los que le odian, sino hasta la milésima generación.”

Apenas un par de semanas después de que el pueblo de Israel había establecido un pacto con Dios, comprometiéndose adorarle, servirle, obedecerle y apartarse de la idolatría, ya estaban a adorando a un becerro de oro. Y esto lo hicieron con el pretexto de celebrar una fiesta con la cual supuestamente adorarían a Jehová.

Éxodo 32:1-6 – “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.”

PP pg. 327/2 (289.2) – “Con el pretexto de celebrar una ‘fiesta a Jehová,’ se entregaron a la glotonería y la orgía licenciosa.

¡Cuán a menudo, en nuestros propios días, se disfraza el amor al placer bajo la ‘apariencia de piedad’! Una religión que permita a los hombres, mientras observan los ritos del culto, dedicarse a la satisfacción del egoísmo o la sensualidad, es tan agradable a las multitudes actuales como lo fue en los días de Israel. Y hay todavía Aarones dóciles que, mientras desempeñan cargos de autoridad en la iglesia, ceden a los deseos de los miembros no consagrados, y así los incitan al pecado.

Habían pasado sólo unos pocos días desde que los hebreos habían hecho un pacto solemne con Dios, prometiendo obedecer su voz. Habían temblado de terror ante el monte, al escuchar las palabras del Señor: ‘No tendrás otros dioses delante de mí’ (Éxodo 20:3). La gloria de Dios que aun cubría el Sinaí estaba a la vista de la congregación; pero ellos le dieron la espalda y pidieron otros dioses. ‘Hicieron becerro en Horeb, y encorváronse a un vaciadizo. Así trocaron su gloria por la imagen de un buey’ (Salmos 106:19, 20). ¡Cómo podrían haber demostrado mayor ingratitud, o insultado más osadamente al que había sido para ellos un padre tierno y un rey todopoderoso!”

Los israelitas habían dicho “mañana será fiesta para Jehová” (Éxodo 32:5). Pero, en la realidad y más allá de lo que profesaban adorar en esa celebración, ¿a quién estaban rindiendo culto verdaderamente?

PP pg. 825/3 (752.7) – “Puesto que el toro Apis era considerado como manifestación visible de Osiris, debemos saber qué representaba éste último para poder comprender la adoración del becerro por los israelitas. Citando nuevamente de la Enciclopedia Británica, transcribimos lo siguiente:

“‘Todos los misterios de los egipcios y toda su doctrina de la vida futura, se fundan en este culto [de Osiris]. A Osiris se le identifica con el sol. […] La adoración del sol era la forma primitiva de la religión egipcia y tal vez de la anterior a ella.

“‘A Osiris se dedicaban las oraciones y las ofrendas por los muertos; y a él se dirigen todas las inscripciones de los sepulcros, excepto las del período más antiguo’. ‘El toro o buey Apis que lleva en lenguaje egipcio el mismo nombre que el Nilo, es decir Hapi, era adorado en Menfis. […] Era considerado como emblema viviente de Osiris, de modo que estaba relacionado con el sol y con el Nilo’.

De estos extractos se desprende que el culto rendido por los israelitas al becerro de oro era realmente la forma egipcia de adorar al sol, idolatría que siempre ha sido la mayor antagonista del culto tributado al verdadero Dios. Es ciertamente significativo que precisamente cuando Dios se manifestaba a los israelitas en manera especial, y les hacía conocer su día de reposo, volvieron ellos al antiguo culto del sol, cuyo principal día festivo, el primer día de la semana, contendió siempre por la supremacía con el día especialmente característico del culto al Dios verdadero.

Al adorar el becerro de oro, los israelitas profesaban estar adorando a Dios, y al inaugurar ese culto del ídolo, Aarón dijo: ‘Mañana será fiesta a Jehová’. Se proponía adorar a Dios, como los egipcios adoraban a Osiris, bajo el símbolo de la imagen. Pero Dios no podía aceptar ese culto. Aunque se lo ofrecían en su nombre, era el dios-sol, y no Jehová, quien era el verdadero objeto de su adoración.”

Como podemos apreciar, los israelitas pretendían estar adorando al Dios de Israel, pero en la realidad estaban adorando al dios sol. Y “Dios no podía aceptar ese culto” porque “aunque se lo ofrecía en su nombre” en realidad “era el dios-sol, y no Jehová, quien era el verdadero objeto” de tal adoración. Las supuestas “buenas intenciones” de los israelitas no sirvieron para camuflar el pecado de la idolatría.

Éxodo 32:9-10 – “Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.”

¿Quiénes fueron los que primeros en incitar al pueblo a rebelarse contra Dios al participar en un culto pagano?

PP pg. 433/1 (383.4) – “La ‘multitud mixta’ que acompañaba a los israelitas desde Egipto daba continuamente origen a dificultades y tentaciones. Los que la componían decían haber renunciado a la idolatría y profesaban adorar al Dios verdadero; pero su educación y disciplina anteriores habían moldeado sus hábitos y sus caracteres, de modo que en mayor o menor medida estaban corrompidos por la idolatría y la irreverencia hacia Dios. Ellos eran los que más a menudo suscitaban contiendas; eran los primeros en quejarse, y corrompían el campamento con sus prácticas idólatras y sus murmuraciones contra Dios.”

La “multitud mixta” que incitó al pueblo a rendirle culto al dios sol, estaba compuesta de gente que profesaba adorar al Dios verdadero, pero que sin embargo traía consigo las costumbres y prácticas idólatras y paganas que habían aprendido en Egipto.

5TI pg. 285.4 – “Otros se van al extremo en su conformidad con el mundo. No existe una línea de separación clara y precisa entre ellos y los mundanos. Si en un caso se ahuyenta a la gente de la verdad debido a la manifestación de un espíritu brusco, censurador y condenatorio, en este otro caso los demás se ven inducidos a pensar que el cristiano profeso carece de principios y no sabe nada de la transformación del corazón o del carácter. ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de tal modo que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mateo 5:16) son las palabras de Cristo.

Hay muchos que no tienen un conocimiento correcto de lo que constituye un carácter cristiano y sus vidas son un descrédito para la causa de la verdad. Si estuvieran enteramente convertidos, no producirían espinas y abrojos, sino abundantes racimos del precioso fruto del Espíritu: ‘amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio’ Gálatas 5:22, 23. El mayor peligro consiste en olvidarse de la obra que debe realizarse en el corazón. Muchos se sienten bien satisfechos consigo mismos. Piensan que basta una observancia somera de la ley divina, mientras que no conocen la gracia de Cristo y él no habita en el corazón por medio de una fe viviente.”

TM pg. 46.1 – “Mientras el Señor trae a la iglesia a aquellos que están verdaderamente convertidos, Satanás al mismo tiempo, trae a ella a personas que no están convertidas. Mientras Cristo siembra la buena simiente, Satanás siembra la cizaña. Hay dos influencias opositoras que se ejercen continuamente sobre los miembros de la iglesia. Una influencia trabaja para la purificación de la iglesia, y la otra para la corrupción del pueblo de Dios.”

La multitud mixta y la Navidad

PP pg. 327/3 (289.3) – “¡Cuán a menudo, en nuestros propios días, se disfraza el amor al placer bajo la “apariencia de piedad”! Una religión que permita a los hombres, mientras observan los ritos del culto, dedicarse a la satisfacción del egoísmo o la sensualidad, es tan agradable a las multitudes actuales como lo fue en los días de Israel. Y hay todavía Aarones dóciles que, mientras desempeñan cargos de autoridad en la iglesia, ceden a los deseos de los miembros no consagrados, y así los incitan al pecado.”

Hoy en día aquella “multitud mixta” que no está enteramente convertida, sino que trae consigo sus fiestas y costumbres paganas a la iglesia, todavía disfraza el amor al placer bajo la “apariencia de piedad.”

Cuando llegan las fiestas de fin de año, es muy fácil encontrar entre los medios de comunicación seculares mucha información sobre el origen de la Navidad. No estamos hablando de “blogs” con teorías de conspiración, ni de escritos hechos por cristianos “fanáticos” y “extremistas”, que son la pesadilla de la multitud mixta. Estamos hablando de periodistas, historiadores y gente que ni es cristiana y que ni tiene una supuesta “agenda en contra de la iglesia,” o algo por el estilo.

Como un breve ejemplo tenemos este artículo de la MSN del año pasado titulado “Jesús no nació el 25 de Diciembre.”

Cito parte de ese artículo:

“Según el historiador de las religiones Mircea Eliade, el 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. De la misma forma, Jaime Borja afirma que ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas.”

Fuente: http://www.msn.com/es-ve/noticias/mundo/jes%C3%BAs-no-naci%C3%B3-el-25-de-diciembre/ar-BBxsrqb

Así como los israelitas rindieron culto a Osiris—el dios sol de los egipcios—con el pretexto de festejar a Dios, en Navidad el mundo rinde culto a Tammuz—el dios sol de los babilonios—con el pretexto de festejar el nacimiento de Cristo. Y Osiris era simplemente la versión egipcia de Tammuz. Todo esto no es un simple rumor o simple ciencia ficción. El historiador de religiones y profesor de lenguajes semitas, todo un PH.D., George Barton, en su libro “Tammuz and Osiris” hizo esta clara conexión.

Fuente: https://www.jstor.org/stable/592647?seq=1#page_scan_tab_contents

No se trata de adventistas fanáticos, ni de simples cristianos legalistas, los que escriben que, aunque el 25 de Diciembre se profesa adorar a Cristo, en realidad se está rindiendo culto al dios sol. No se trata de una “teoría de conspiración” ni una “fábula de Esopo,” se trata de la HISTORIA. Nos guste o no nos guste.

Es tanto así que el líder mundial de los ateistas, Richard Dawkins, en su página principal escribió un artículo titulado “Una Navidad muy atea” en la cual él dice que los ateos pueden celebrar la Navidad ya que esta celebración y el árbol de Navidad tienen sus orígenes en celebraciones paganas y que posteriormente fueron adoptadas por el cristianismo.

En las palabras de Dawkins:

“La Navidad es ahora ‘cristiana’ porque las celebraciones paganas antiguas del invierno fueron incorporadas por la iglesia.”

Fuente: https://richarddawkins.net/2012/12/a-very-atheist-christmas/

Y lo más triste es ver cómo la gente no creyente circula en Navidad imágenes como la siguiente:

dios-sol-navidad

La gente no creyente, que a diferencia de los profesos cristianos, tiene bien claro el origen pagano de la Navidad, aprovecha la Navidad para echar en cara el hecho de que todas las divinidades paganas tienen su “cumpleaños” en Diciembre. ¿Cuál es el resultado de que los cristianos celebren la Navidad? ¿Llevan con este ejemplo almas a Cristo? Todo lo contrario. Debido a que celebran una fiesta pagana disfrazada de cristianismo, el no creyente se afirma en su incredulidad respecto a la Biblia y se cree el cuento que la Biblia y la religión de la Biblia es una simple COPIA o una DERIVACION de otras religiones paganas más antiguas. Esto es completamente FALSO, pero este es el horrible resultado de que los cristianos celebren la Navidad y cualquier fiesta pagana: echan oprobio sobre la Palabra de Dios y el nombre de Dios es vituperado.

Los artículos seculares de variadas fuentes “oficiales” y no simples “blogs”, que confirman el origen pagano de la navidad, abundan:

History Today: https://www.historytoday.com/matt-salusbury/did-romans-invent-christmas

Judaism Online: http://www.simpletoremember.com/vitals/Christmas_TheRealStory.htm

The Baltimore Sun: http://www.baltimoresun.com/features/retro-baltimore/bal-retro-baltimore-remembering-saturnalia-the-pagan-precursor-to-christmas-20161221-story.html

La Encliclopedia Británica: https://www.britannica.com/topic/Saturnalia-Roman-festival

El History Channel: http://www.history.com/topics/christmas/history-of-christmas

Pero, a pesar de toda esta abundancia de pruebas seculares, científicas, oficiales y determinantes, cada fin de año dentro de nuestra iglesia adventista surge la “multitud mixta” a reclamar porque ciertos “Grinches” les están arruinando su culto al dios sol y su culto al arbolito de Nimrod. E inclusive no faltan supuestos “historiadores” dentro de la misma iglesia que tienen una supuesta “prueba contundente” del origen “cristiano” de la Navidad. Habrá que elegir a quién vamos a creer: a la Enciclopedia Británica, o a la multitud mixta.

Ya que la multitud mixta quiere celebrar el solsticio de invierno y rendirle culto al dios sol en Diciembre, en el nombre de Jesús, por qué entonces no celebran también el solsticio de verano en Junio—el “Inti Raymi”—y así también le pueden rendir culto al dios sol del hemisferio sur en nombre de Cristo!

O por qué entonces no dejamos a un lado el séptimo día y cambiamos el día de reposo del cuarto mandamiento al domingo, como hacen el resto de denominaciones, y rendimos culto a Cristo en el día del dios sol! Después de todo, acaso los cristianos que rinden culto a Dios el domingo, no lo hacen con el pretexto de conmemorar la resurrección de Cristo y el soplo del Espíritu Santo? Después de todo, las “buenas intenciones” lo arreglan todo, no es así? Así como los israelitas tenían todas las mejores intenciones al rendir culto al becerro de oro.

Pues si Dios va a cambiar su manera de proceder, y va a cambiar su opinión acerca de la idolatría, y va a aceptar la Navidad como fiesta cristiana, y va a aceptar el domingo como día de reposo, entonces tendría que pedir perdón a la multitud mixta que fue aniquilada por su ira cuando rindieron culto al dios sol, bajo la forma de un becerro de oro, con la excusa de celebrar una “fiesta para Jehová.”

Pero aunque nos duela admitirlo y reconocerlo, ‘el Alto y Sublime, el que habita la eternidad’ (Isaías 57:15), cuyos ‘caminos son eternos’ (Habacuc 3:6), no cambia. En él ‘no hay mudanza, ni sombra de variación’ (Santiago 1:17). El Dios de Israel que aborreció la idolatría camuflada de buenas intenciones en el Sinaí, hoy aborrece también la idolatría camuflada de cristianismo. Dios no cambia. Dios no va a cambiar. Porque su Ley es eterna e inmutable y por los siglos de los siglos condenará la idolatría. Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

¿Con qué autoridad puede un adventista del séptimo día ir a hablar del cuarto mandamiento y decir que “el domingo” no es bíblico, cuando celebra una fiesta pagana que no es bíblica? ¿Con qué cara puede hablar de Apocalipsis 13 y la Ley Dominical?

Lo cierto que es que al celebrar la ahora fiesta católica de la Navidad, estamos preparando al pueblo a rendir culto al dios sol el domingo cuando llegue la crisis final. ¿O también debemos hacernos de la vista gorda con el hecho de que “Papa Noel” o “Santa Claus” es un santo católico? ¿A ese punto queremos llegar?

Fuente (ACI Prensa): https://www.aciprensa.com/noticias/video-cortometraje-animado-de-navidad-revela-al-verdadero-santa-claus-64070/

Y como no faltan las excusas para rendir culto a Tammuz y a Nimrod, no faltará quien diga “hermanos aprovechemos de predicar el Evangelio en Navidad.”

Sería una excelente idea. ¡Lástima que ni siquiera sabemos qué es el Evangelio!

El Evangelio era todo lo que el sacerdote terrenal realizaba en el atrio del santuario para poder ingresar al santuario propiamente dicho. Todo el ritual simbólico, todos los ritos y ceremonias, eran una representación en símbolos del Evangelio.

PR pg. 359/2 (390.1) – “En el antiguo ritual que era el Evangelio en símbolos, ninguna ofrenda imperfecta podía ser llevada al altar de Dios. El sacrificio que había de representar a Cristo debía ser sin mancha. La palabra de Dios señala esto como ilustración de lo que deben ser sus hijos: un ‘sacrificio vivo,’ santo y ‘sin mancha’ (Romanos 12:1; Efesios 5:27).”

Comentario Bíblico 7ª pg. 335 – (Isaías 45:21-22; Mateo 16:24; Juan 1:29) – “Mirad y vivid—Cristo colgado de la cruz, era el Evangelio.”

En 1 Corintios 15:1-4 encontramos el significado de la palabra Evangelio, la síntesis:

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis. Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

El Evangelio es la obra perfecta y acabada de Cristo como Hombre en este planeta tierra.

El Evangelio no es el “niño dios” en un pesebre. De hecho, la doctrina católica del “niño dios” hecha por tierra la preexistencia de Cristo y viene acompañado de la “diosa madre” que fue “sin pecado concebida.” Esto es idolatría y blasfemia en su máximo esplendor, pero por supuesto: camuflada de cristianismo, disfrazada de buenas intenciones, y con hermosos adornos navideños.

El Evangelio es la vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley de Cristo como Hombre. El Evangelio es su muerte en la cruz por nuestros pecados. El Evangelio es su resurrección y su ascensión al cielo para ser nuestro Mediador en el Santuario Celestial.

El Salvador en el pesebre no tenía ni la ofrenda ni el sacrificio necesarios para presentarse por nosotros ante Dios Padre y la Ley en el Santuario Celestial (Hebreos 8:3). El Salvador en el pesebre no es el Evangelio, eso fue tan solo el comienzo del Evangelio—un Evangelio incompleto.

La iglesia adventista es un pueblo que fue suscitado por Dios con un propósito: la proclamación del triple mensaje angélico al mundo entero. Ésta es nuestra misión y esta misión será cumplida con o sin nosotros. Alguien la realizará y la Palabra de Dios se cumplirá en su plenitud.

Nuestro mensaje no es el del “cumpleaños” de Jesús, ni el de Jesús en un pesebre, ni mucho menos del “niño dios”(!).

Nuestro mensajes es del Cristo Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, que presenta diariamente su justicia para nuestra justificación y para que podamos recibir la lluvia temprana. Un Sumo Sacerdote que presenta su sangre derramada en la cruz para que nuestros pecados puedan ser perdonados y transferidos al Santuario Celestial. Un Sumo Sacerdote que intercede por nosotros mientras se realiza el Juicio Investigador y que pronto iniciará el Juicio de Vivos empezando por su profeso pueblo que profesa creer en el triple mensaje angélico, pero que sigue adornando arbolitos de Tammuz, Osiris y Nimrod—Satanás.

Tenemos un mensaje verdadero, tenemos una misión importante. Todo lo demás es pérdida de tiempo y vanidad de vanidades.

“Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.”

(1 Corintios 10:14)

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