Estudio sobre la Parábola del Sembrador

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Lucas 8:15 – “Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.”

Marcos 4:20 – “Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.”

Mateo 13:1-9, 23 – “Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Mateo 13:23 – “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

En la Parábola del Sembrador, nuestro Señor Jesús utiliza las diferentes clases de terrenos para representar a diferentes clases de seres humanos. Una clase de terreno es llamado “la buena tierra.” Como por naturaleza el ser humano tiene un alto concepto de sí mismo (Romanos 12:3), todo el que lee la parábola se considera a sí mismo esa “buena tierra.” Porque además, es fácil pensar que esa “buena tierra” es un ser humano “bueno” en sí mismo. El propósito de este estudio es llegar a comprender que clase de ser humano está realmente representado por la “buena tierra.”

La Buena Tierra

Vamos a partir del siguiente planteamiento:

  1. El Terreno: representa al Hombre.
  2. En este Terreno hay Árboles Silvestres y Mala Hierba: que representan los defectos de carácter heredados y cultivados.
  3. En este Terreno hay una Mala Semilla: que es Gálatas 5:19-21; Marcos 7:21-23; Romanos 1:29-31.

Gálatas 5:19-21 – “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

Marcos 7:21-23 – “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.”

Romanos 1:29-31 – “Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.”

PVGM pg. 266/1 – “Sin embargo, Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter. Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable.”

Supongamos que un hijo fuma. Y supongamos que su padre o su madre fuman, o alguien en su árbol genealógico fumaba. Este es un ejemplo de “tendencia o rasgo hereditario”. Pero también hay casos en que, a pesar de que no existen fumadores en el árbol genealógico, el hijo se vuelve fumador. Este, en cambio, es un ejemplo de un “rasgo adquirido”. ¿Por qué se adquirió este mal hábito? Porque naturalmente en el ser humano existe la mala semilla de la intemperancia.

Entonces, en el ser humano existen malos hábitos y malos rasgos hereditarios, y existen otros que son adquiridos.

Sin embargo, como también otra mala semilla que existe por naturaleza en el ser humano es el orgullo, cuando el hombre lee que en Lucas 8:15 se describe a la “buena tierra” como alguien que posee un “corazón bueno y recto”, la persona inmediatamente afirma ingenuamente: “ah, ese soy yo!”

Pero, acaso la buena tierra es alguien que tiene un corazón bueno y recto por naturaleza?

PVGM pg. 38/2 – “El ‘corazón bueno y recto’ mencionado en la parábola, no es un corazón sin pecado; pues se predica el Evangelio a los perdidos. Cristo dijo: ‘No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’ (Marcos 2:17). Tiene corazón recto el que se rinde a la convicción del Espíritu Santo. Confiesa su pecado, y siente su necesidad de la misericordia y el amor de Dios. Tiene el deseo sincero de conocer la verdad para obedecerla. El ‘corazón bueno’ es el que cree y tiene fe en la palabra de Dios. Sin fe es imposible recibir la palabra. ‘El que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan’ (Hebreos 11:6).”

Como podemos apreciar, la “buena tierra” que posee un “corazón bueno y recto” NO es una persona buena y recta en sí misma, sino que es un PECADOR común. Pero la diferencia que hace de esta persona “buena tierra” es el hecho de que esta persona ACEPTA la Amonestación del Testigo Fiel (Apocalipsis 3:17): acepta que por naturaleza está contaminado por el pecado desde su engendramiento—es decir que fue engendrado con la Mala Semilla; además acepta que por naturaleza tiene varios terribles defectos de carácter; acepta que es una persona injusta, desobediente, e imperfecta. Acepta que, lejos de ser buena y recta, mas bien en sí misma es mala y perversa. Este es la “buena tierra” que posee un “corazón bueno y recto”, pues se rinde a la convicción del Espíritu Santo que le dice: no tienes capacidad natural para amar (Juan 5:42), tienes un corazón perverso y engañoso (Jeremías 17:9), odias la Ley de Dios y la Palabra (Jeremías 6:10, 19), eres un hijo de Satanás (Juan 8:44), y todo lo que abarca la Amonestación del Testigo Fiel (Apocalipsis 3:17).

Esta persona, que acepta su verdadera condición ante Dios y ante la Ley, es una “buena tierra” pues es un terreno que está preparado para que el Sembrador pueda sembrar la “buena semilla”.

PVGM pg. 36/2 – “A través de la parábola del sembrador, Cristo presenta el hecho de que los diferentes resultados dependen del terreno. En todos los casos, el sembrador y la semilla son los mismos. Así él enseña que si la palabra de Dios deja de cumplir su obra en nuestro corazón y en nuestra vida, la razón estriba en nosotros mismos. Pero el resultado no se halla fuera de nuestro dominio. En verdad, nosotros no podemos cambiarnos a nosotros mismos; pero tenemos la facultad de elegir y de determinar qué llegaremos a ser. Los oyentes representados por la vera del camino, el terreno pedregoso y el de espinas, no necesitan permanecer en esa condición. El Espíritu de Dios está siempre tratando de romper el hechizo de la infatuación que mantiene a los hombres absortos en las cosas mundanas, y de despertar el deseo de poseer el tesoro imperecedero. Es resistiendo al Espíritu como los hombres llegan a desatender y descuidar la palabra de Dios. Ellos mismos son responsables de la dureza de corazón que impide que la buena simiente eche raíces, y de los malos crecimientos que detienen su desarrollo.”

La preparación del terreno

Para que el hombre sea aceptado, la Ley de Dios demanda:

  • Obediencia perfecta y perpetua (Romanos 2:13).
  • Una naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).

Si el hombre no satisface las demandas de la Ley de Dios entonces la Ley lo condena:

  • La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), que es la muerte segunda (Apocalipsis 21:8). Por lo tanto, el hombre tiene una deuda impagable (Mateo 18:24).

Que la Ley de Dios demande que el hombre sea hacedor de la Ley (Romanos 2:13), que sea santo (1 Pedro 1:15-16)—y tomando en cuenta que ser “santo” implica ser sin mancha de pecado (Efesios 1:4; Colosenses 1:22)—esto no implica que el hombre sea capaz satisfacer estas demandas en sí mismo. Es decir, que Dios demande algo de mí, no significa que yo pueda satisfacer esa demanda por mi mismo; que Dios me ordene hacer algo, eso no implica que yo tenga capacidad para cumplir esa orden. Es por esto que, además de estudiar la Palabra de Dios para comprender lo que Dios demanda del hombre, es necesario estudiar también qué es lo que Dios dice acerca de la condición del hombre después del pecado.

La Ley demanda del hombre una obediencia perfecta (Romanos 2:13), pero también indica que para obedecer es necesario tener capacidad para amar, pues el amor bíblico OBEDECE la Ley de Dios (Romanos 13:10; 1 Juan 5:3). Y el Señor Jesús dice claramente que no tenemos capacidad natural para amar (Juan 5:42). Y además, está escrito que en lugar de amar, odiamos la Ley de Dios (Jeremías 6:19). La Ley demanda que el hombre sea santo, sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16), pero a su vez la Palabra de Dios indica que estamos manchados y contaminados de pecado desde que somos engendrados (Jeremías 2:22). Entonces, el hombre no puede satisfacer en sí mismo las demandas de la Ley de Dios, por lo tanto se encuentra rechazado, bajo condenación, y separado de Dios (Isaías 59:2).

El primer trabajo del Espíritu Santo es el de convencernos de pecado (Juan 16:8) por medio de la Ley y la Palabra (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). El Espíritu Santo no viene a engañarnos con la mentira de que somos “buenos” y “excelentes” cristianos. Pues una persona que cree tal engaño nunca va a tener verdadera necesidad del Evangelio, del Sacerdocio de Cristo, de la misericordia del Padre, ni del trabajo del Espíritu Santo como Agente Regenerador. Una persona que cree en el engaño de que es bueno y santo por naturaleza desde el vientre de su madre, es una persona que no necesita “nacer de nuevo” (Juan 3:7) con una semilla incorruptible.

CMC pg. 231.3 – “Judas poseía cualidades valiosas, pero en su carácter había algunos rasgos que debían ser extirpados antes que él pudiera salvarse. Debía nacer de nuevo, no de una semilla corruptible sino de una incorruptible. Su gran tendencia heredada y cultivada hacia el mal era la codicia. Y ésta, mediante la práctica, se convirtió en un hábito que él hizo intervenir en todas sus transacciones. Sus hábitos de economía promovieron en él un espíritu tacaño, y éste se convirtió en una trampa fatal. La ganancia llegó a ser su medida de una experiencia religiosa correcta, y toda virtud genuina fue subordinada a esto. Los principios de rectitud y justicia practicados por Cristo no hallaron cabida en las prácticas de su vida…”

Es por esto que el trabajo del Espíritu Santo es primeramente el de convencernos de pecado, convencernos de que por naturaleza somos malos, pues fuimos engendrados con una mala semilla: Gálatas 5:19-21. El Espíritu Santo no realiza este trabajo para que nos deprimamos y entremos en desesperación, sino que lo hace para así poder realizar el siguiente paso que es conducirnos a Cristo—nuestro Sustituto en la vida, Garante y Sustituto en la muerte, y único Mediador entre nosotros pecadores y Dios Padre y la Ley en el Santuario Celestial (1 Timoteo 2:5).

El Espíritu Santo nos convence de pecado para así preparar el terreno para que reciba a Cristo—su única esperanza de salvación (Gálatas 3:24).

Hechos 4:12 – “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

El Espíritu Santo trabaja para que tengamos la necesidad de Uno que en su naturaleza humana fue engendrado SANTO, es decir sin mancha de pecado (Lucas 1:35), Uno que fue engendrado con capacidad para amar en lugar de odio en su corazón (Juan 13:1), y Uno que pueda satisfacer en sí mismo las demandas de la Ley que yo no puedo satisfacer en mí mismo.

Romanos 5:1 – “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Si Cristo se presenta por nosotros diariamente ante Dios Padre y la Ley, presentando su justicia perfecta y perpetua (Jeremías 23:6), entonces estamos siendo DECLARADOS obedientes perfectos EN CRISTO (Romanos 4:6), por la misericordia o gracia de Dios Padre (Romanos 3:24). Pero Aquel que se presenta por nosotros y Aquel que nos declara justos y “llama las cosas que no son como si fuesen” (Romanos 4:17), desea que esa declaración se convierta en una realidad en nosotros mismos. Es por esto que Cristo debe cumplir su promesa de Juan 14:16 de enviarnos al Agente Regenerador cuyo trabajo es el de entronizar la Ley en nuestra mente y corazón (Hebreos 8:10), crear en nosotros los dones sobrenaturales que no poseemos—entre ellos el amor—(Gálatas 5:22-23). Si cooperamos con el trabajo del Espíritu Santo nuestro egoísmo, nuestro odio, y nuestra naturaleza pecaminosa serán subyugados por el Espíritu Santo, y estaremos capacitados para obedecer y desarrollar un nuevo carácter semejante al de Cristo. La santificación verdadera siempre será un resultado o fruto, y nunca una causa para ser aceptados o justificados (Romanos 6:22).

Esta misma enseñanza la podemos aprender de otra parábola y de otra figura utilizada por nuestro Salvador.

El Trigo y la Cizaña

Mateo 13:24-30 – “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

En la parábola del trigo y la cizaña nuevamente Cristo volvió a utilizar la figura del Sembrador, el Campo o Terreno, pero esta vez enfocándose en los elementos de la “buena semilla” o “buena simiente”, y la “mala semilla” o “cizaña”. Nos interesa comprender quiénes son representados por esta “buena simiente.”

La Buena Simiente

PVGM pg. 49/1 – “‘Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo: mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña’.

“‘El campo—dijo Jesús—es el mundo’. Pero debemos entender que esto significa la iglesia de Cristo en el mundo. La parábola es una descripción de lo que pertenece al reino de Dios, su obra por la salvación de los hombres; y esta obra se realiza por medio de la iglesia. En verdad, el Espíritu Santo ha salido a todo el mundo; por todas partes obra en los corazones de los hombres; pero es en la iglesia donde hemos de crecer y madurar para el alfolí de Dios.

“‘El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre… La buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo’. La buena simiente representa a aquellos que son nacidos de la palabra de Dios, de la verdad. La cizaña representa a una clase que constituye los frutos o la personificación del error o los falsos principios. ‘Y el enemigo que la sembró, es el diablo’. Ni Dios ni sus ángeles han sembrado jamás una simiente que produjese cizaña. La cizaña es sembrada siempre por Satanás, el enemigo de Dios y del hombre.”

Como por naturaleza el hombre tiene un alto concepto de sí mismo (Romanos 12:3), al leer que la buena simiente representa a “los hijos del reino”, a los “nacidos de la palabra de Dios”, entonces el hombre fácilmente se engaña ingenuamente razonando: “Ah! ¡Esa buena simiente soy yo! ¡Pues yo leo la Biblia todos los días, y además estoy bautizado! ¡Además soy miembro de la ‘iglesia’!”

Una persona que también se creía buena simiente, hijo del reino de Dios, era un anciano, hombre religioso, estricto fariseo, príncipe y maestro en Israel: Nicodemo (Juan 3:1, 10). Era un hombre que no solo leía la Palabra, sino que enseñaba la Palabra (Juan 3:10). Sin embargo, a este anciano religioso, Cristo le dijo:

Juan 3:3 – “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

DTG pg. 142/2 – “Nicodemo había oído la predicación de Juan el Bautista concerniente al arrepentimiento y el bautismo, y cuando había señalado al pueblo a Aquel que bautizaría con el Espíritu Santo. El mismo había sentido que había falta de espiritualidad entre los judíos; que, en gran medida, estaban dominados por el fanatismo y la ambición mundanal. Había esperado que se produjese un mejor estado de cosas al venir el Mesías. Sin embargo, el mensaje escrutador del Bautista no había producido en él convicción de pecado. Era un fariseo estricto, y se enorgullecía de sus buenas obras. Era muy estimado por su benevolencia y generosidad en sostener el culto del templo, y se sentía seguro del favor de Dios. Le sorprendió la idea de un reino demasiado puro para que él lo viese en la condición en que estaba.”

Nicodemo era un hombre religioso que no tenía convicción de pecado. ¿Por qué no se consideraba pecador? Porque Nicodemo confiaba en sus propias obras: se enorgullecía de sus obras de caridad, de su benevolencia, y su generosidad en sostener el culto del templo con sus diezmos. Pero además de esto, había otro motivo por el cual se creía ya un hijo de Dios: por su linaje de Abraham.

DTG pg. 142/3 – “La figura del nuevo nacimiento que Jesús había empleado no era del todo desconocida para Nicodemo. Los conversos del paganismo a la fe de Israel eran a menudo comparados a niños recién nacidos. Por lo tanto, debió percibir que las palabras de Cristo no habían de ser tomadas en su sentido literal. Pero por virtud de su nacimiento como israelita, se consideraba seguro de tener un lugar en el reino de Dios. Le parecía que no necesitaba cambio alguno. Por esto le sorprendieron las palabras del Salvador. Le irritaba su íntima aplicación a sí mismo. El orgullo del fariseo contendía contra el sincero deseo del que buscaba la verdad. Se admiraba de que Cristo le hablase así, sin tener en cuenta su posición de príncipe de Israel.”

Cristo pasó por alto su linaje de Abraham, pasó por alto sus años de estudiar la Palabra de Dios, pasó por alto que sea un anciano, un príncipe, un maestro de la Ley, y fue directo al grano: no satisfaces la demanda de Romanos 2:13 porque no tienes capacidad natural para amar (Juan 5:42); y no satisfaces la demanda de 1 Pedro 1:15-16 porque el pecado ha depravado toda tu naturaleza (Jeremías 2:22; Job 14:4). Por lo tanto: desde el momento que fuiste engendrado (Isaías 49:1; Salmos 51:5; 58:3) estas rechazado (Romanos 3:23), bajo condenación (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8), y separado de Dios (Isaías 59:2). Ni tu “linaje de Abraham”, ni ninguna de tus “buenas obras” pueden borrar tu egoísmo y tu mancha de pecado.

Romanos 5:19 – “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”

Nicodemo obviamente se molestó con Cristo (Juan 3:4), porque Cristo le estaba tratando como a un pagano común y corriente, siendo Nicodemo un hombre religioso de varios años. ¿Cuántos de los profesos cristianos nos hallamos en esa exacta condición? ¿Acaso no hiere el orgullo del fariseo que se le presente la verdad que está rechazado, bajo condenación, y separado de Dios desde que fue engendrado, y a pesar de todas sus “buenas obras”?

Por eso mismo la sierva del Señor profetizó clara y rotundamente:

PE pg. 270.2 – “Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo el corazón de quien lo reciba y le inducirá a exaltar el estandarte y a difundir la recta verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.”

El zarandeo que empieza a dividir al trigo y a la cizaña es provocado por la Amonestación del Testigo Fiel. El zarandeo no es causado por las fiestas caducadas de la ley ceremonial, no es causado por trinitarios y anti-trinitarios, no es causado por los jesuitas, no es causado por la ordenación de mujeres, no es causado por el matrimonio de homosexuales, no es causado por el cambio climático, no es causado por la reforma pro salud, o algo por el estilo. La línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven, entre la buena simiente y la cizaña, empieza por la aceptación o el rechazo de la Amonestación del Testigo Fiel. Es así de sencillo.

¿Aceptas o rechazas que eres hijo del diablo (Juan 8:44), así te hayas bautizado mil veces?

¿Aceptas o rechazas que eres hijo del diablo (Juan 8:44), así seas quinta generación adventista?

¿Aceptas o rechazas que en lugar de amar a Dios, le odias (Juan 5:42), así seas pastor, anciano, o maestro de escuela sabática?

¿Aceptas o rechazas que en lugar de amar la Ley, odias la Ley (Jeremías 6:10, 19), así no te faltes un solo día a la sinagoga en sábado?

¿Aceptas o rechazas que eres pecador desde que fuiste engendrado en el vientre de tu madre (Salmos 51:5; 58:3)?

¿Aceptas o rechazas que Dios no te acepta por tus diezmos, ofrendas, trabajo misionero, ni por ninguna “buena obra” que realices (Tito 3:5)?

¿Aceptas o rechazas que la Ley no condena únicamente tus actos (Mateo 5:21, 27), sino también tus intenciones (1 Juan 3:15; Génesis 6:5), deseos (Mateo 5:28), e inclusive tu estado de ser (Salmos 51:5; 58:3; Isaías 48:8)?

Aceptar o rechazar la Amonestación del Testigo Fiel en cualquiera de sus profundos y serios aspectos es lo que determina si el ser humano es buena simiente o si es cizaña.

“Lo que es nacido de la carne, carne es.” (Juan 3:6)

Hasta la noche en que Nicodemo fue a visitar a Jesús (Juan 3:1), Nicodemo sólo había nacido de la carne. Hasta esa noche NINGUNA de sus “buenas obras” podía ser considerada como obediencia verdadera, sino que se trataba de una santificación que para Dios es falsa: una obediencia servil y forzada—pues eran obras realizadas con el interés de ser aceptado por Dios, y con el interés de ser admirado por los hombres que no pueden ver más allá de los actos externos.

Lucas 16:15 – “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.”

Romanos 8:27 – “Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.”

Hebreos 4:12 – “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Nicodemo entendía perfectamente que “nacer de nuevo” era una figura que se utilizaba para los gentiles que se convertían al judaísmo. Pero él no tenía esa necesidad de “nacer de nuevo” porque se consideraba judío, y en este caso “salvo”, en virtud de su sangre. Hasta esa noche, Nicodemo no entendía que por naturaleza y desde que fue engendrado era cizaña, en lugar de ser buena simiente.

DTG pg. 145.4 – “No tenía excusa la ceguera de Israel en cuanto a la regeneración. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Isaías había escrito: ‘Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia.’ David había orado: ‘Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.’ Y por medio de Ezequiel había sido hecha la promesa: ‘Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos’ (Isaías 64:6; Salmos 51:10; Ezequiel 36:26, 27).

Nicodemo había leído estos pasajes con mente anublada; pero ahora empezaba a comprender su significado. Veía que la más rígida obediencia a la simple letra de la ley tal como se aplicaba a la vida externa, no podía dar a nadie derecho a entrar en el reino de los cielos. En la estima de los hombres, su vida había sido justa y honorable; pero en la presencia de Cristo, sentía que su corazón era impuro y su vida profana.”

Hasta aquella noche en que Jesús abrió los ojos a Nicodemo respecto a su verdadera condición ante Dios y ante la Ley, Nicodemo había leído los pasajes de las Escrituras que hablaban de la regeneración (Isaías 64:6; Salmos 51:10; Ezequiel 36:26, 27) como aplicadas a los gentiles, pero nunca como aplicables a sí mismo. Pero ahora empezaba a entender que toda las “buenas obras”, la supuesta “obediencia”, los diezmos, su observancia del sábado, todo la santificación espuria que hasta entonces había prestado servilmente, no le daba el derecho a entrar en el reino de los cielos. Nicodemo llegó a comprender que cuando el profeta Isaías, inspirado por el Espíritu de Dios, dijo: “todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6), no se estaba refiriendo a las buenas obras de los gentiles, sino que incluía especialmente las “buenas obras” que son realizadas bajo la influencia del Espíritu Santo.

Hasta aquella noche, Nicodemo nunca se había puesto a pensar en la Amonestación del Testigo Fiel: no se había puesto a pensar que no tenía capacidad natural para amar, y que por lo tanto no podía satisfacer la demanda de Romanos 2:13; no se había puesto a pensar que como estaba contaminado por la mancha del pecado desde el vientre de su madre, no servía de nada haber sido linaje de Abraham, pues no podía satisfacer en sí mismo la demanda de 1 Pedro 1:15-16. Por primera vez en su vida tuvo convicción de pecado, entendió que su corazón era impuro y su vida profana, así toda su vida haya sido un estricto hombre religioso. Ante la vista de los hombres, que sólo pueden juzgar las cuestiones externas, Nicodemo era muy estimado como un anciano religioso y supuestamente piadoso. Pero Nicodemo comprendió que ante la vista de Dios y ante la Ley, “su corazón era impuro y su vida profana”, y que por lo tanto no había nada bueno y ningún mérito en sí mismo para ser aceptable delante de Dios.

¿Cuántos profesos cristianos no cometen el mismo error de Nicodemo y leen la Biblia con la mente anublada? ¿Acaso los profesos cristianos no leen Juan 5:42; 8:44; Jeremías 6:10, 19; 17:9, y razonan que “eso Dios les dijo a los judíos”?

Al hacer esto cometen el mismo grave error de Nicodemo, quien al leer las amonestaciones de la Biblia razonaba que “eso fue dicho a los gentiles”. La realidad es que tanto Jeremías 6:10, 19; 17:9; y Juan 5:42; 8:44, fue dicho a un pueblo que profesaba ser “EL PUEBLO DE DIOS.” ¿Y actualmente quiénes son los que profesan ser “el pueblo de Dios”? ¿Quiénes profesan ser los “guardadores de la Ley” hoy en día?

Nicodemo se rindió al trabajo de Dios Espíritu Santo, llegó a tener convicción de pecado, y aceptó su verdadera condición. Por lo tanto Nicodemo sintió necesidad de “nacer de nuevo”. Es por este motivo que le preguntó a Cristo: “¿Cómo puede hacerse esto?” (Juan 3:9). A lo que nuestro Señor Jesús respondió: “¿Eres tú MAESTRO de Israel, y NO SABES esto?” (Juan 3:10).

La razón por la cual nuestro Redentor escogió a hombres simples y comunes dentro del pueblo, y pasó por alto a los “maestros” de los centros de teología, fue por la sencilla razón que en los centros de teología se enseñaba el ERROR en lugar de la VERDAD. Y hoy en día, ¿será que es diferente? ¿Será que han cambiado las cosas?

CS pg. 640/1 (570.2) – “El Dios de muchos así llamados sabios, o filósofos, poetas, políticos, periodistas—el Dios de los círculos selectos y a la moda, de muchos colegios y universidades y hasta de muchos centros de teología—no es mucho mejor que Baal, el dios-sol de los fenicios.”

DTG pg. 463.1 – “Job había dicho: ‘El extranjero no tenía fuera la noche; mis puertas abría al caminante.’ Y cuando dos ángeles en forma de hombres fueron a Sodoma, Lot, inclinándose con su rostro a tierra, dijo: ‘Ahora, pues, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis’ (Job 31:32; Génesis 19:2). Con todas estas lecciones el sacerdote y el levita estaban familiarizados, pero no las ponían en práctica. Educados en la escuela del fanatismo nacional, habían llegado a ser egoístas, de ideas estrechas, y exclusivistas. Cuando miraron al hombre herido, no podían afirmar si pertenecía a su nación o no. Pensaron que podía ser uno de los samaritanos, y se alejaron.”

DTG pg. 215.1 – “Jesús eligió a pescadores sin letras porque no habían sido educados en las tradiciones y costumbres erróneas de su tiempo. Eran hombres de capacidad innata, humildes y susceptibles de ser enseñados; hombres a quienes él podía educar para su obra. En las profesiones comunes de la vida, hay muchos hombres que cumplen sus trabajos diarios, inconscientes de que poseen facultades que, si fuesen puestas en acción, los pondrían a la altura de los hombres más estimados del mundo. Se necesita el toque de una mano hábil para despertar estas facultades dormidas. A hombres tales llamó Jesús para que fuesen sus colaboradores; y les dio las ventajas de estar asociados con él. Nunca tuvieron los grandes del mundo un maestro semejante. Cuando los discípulos terminaron su período de preparación con el Salvador, no eran ya ignorantes y sin cultura; habían llegado a ser como él en mente y carácter, y los hombres se dieron cuenta de que habían estado con Jesús.”

Como Nicodemo había manifestado interés en “nacer de nuevo”, Cristo va a utilizar un pasaje de la Escritura familiar para Nicodemo. Cristo va a contestar la pregunta que no fue formulada.

DTG pg. 146.2 – “Nicodemo se sentía atraído a Cristo. Mientras el Salvador le explicaba lo concerniente al nuevo nacimiento, sintió el anhelo de que ese cambio se realizase en él. ¿Por qué medio podía lograrse? Jesús contestó la pregunta que no llegó a ser formulada: ‘Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna’.

“Este era terreno familiar para Nicodemo. El símbolo de la serpiente alzada le aclaró la misión del Salvador. Cuando el pueblo de Israel estaba muriendo por las mordeduras de las serpientes ardientes, Dios indicó a Moisés que hiciese una serpiente de bronce y la colocase en alto en medio de la congregación. Luego se pregonó por todo el campamento que todos los que mirasen a la serpiente vivirían. El pueblo sabía muy bien que en sí misma la serpiente no tenía poder de ayudarle. Era un símbolo de Cristo. Así como la imagen de la serpiente destructora fue alzada para sanar al pueblo, un ser ‘en semejanza de carne de pecado’ (Romanos 8:3) iba a ser el Redentor de la humanidad. Muchos de los israelitas consideraban que el ceremonial de los sacrificios tenía virtud en sí mismo para libertarlos del pecado. Dios deseaba enseñarles que no tenía más valor que la serpiente de bronce. Debía dirigir su atención al Salvador. Ya fuese para curar sus heridas, o perdonar sus pecados, no podían hacer nada por sí mismos, sino manifestar su fe en el don de Dios. Habían de mirar y vivir.

“Los que habían sido mordidos por las serpientes, podrían haberse demorado en mirar. Podrían haber puesto en duda la eficacia del símbolo de bronce. Podrían haber pedido una explicación científica. Pero no se dio explicación alguna. Debían aceptar la palabra de Dios que les era dirigida por Moisés. El negarse a mirar era perecer.”

Esta escena histórica en el desierto es de suma importancia. Los israelitas fueron mordidos por serpientes venenosas y estaban muriendo (Números 21:6), entonces Dios va a dar la orden a Moisés de que levante una serpiente de bronce para que todo el que mire el símbolo pueda vivir (Números 21:8-9). La serpiente de bronce era un símbolo de Cristo, no tenía virtud alguna en sí misma. Sin embargo, muchos perecieron pues pusieron en duda el remedio a su enfermedad. Si el veneno estaba actuando DENTRO de sí mismos, cómo era posible que la solución fuese mirar FUERA de ellos? Pero no se dio explicación científica, ni se trajo el asunto a que sea explicado por razonamientos y teorías humanas. Negarse a mirar era perecer.

Hoy en día sucede exactamente lo mismo. Los profesos cristianos, al igual que los israelitas, desean buscar DENTRO de sí mismos la PERFECCION con la cual pasar el Juicio. Se niegan a mirar FUERA de sí mismos hacia una justicia perfecta que está COMPLETAMENTE FUERA de sí mismos EN CRISTO, en el Santuario Celestial. “¿Y lo que guardo el sábado? ¿Y mis diezmos? ¿Y lo que no como carne?” Como Nicodemo, al hombre religioso le enfurece el hecho de que su obediencia servil y sus “sacrificios”—realizados para recibir a cambio una recompensa—no sean “recompensados.” “¿De qué sirve guardar el sábado y obedecer la Ley, si Dios justifica al impío?” Razonan con la mente anublada y llena de orgullo—atributo que no es de Dios, sino de Satanás, y así el hombre pone en evidencia quién es verdaderamente su padre.

Romanos 4:5 – “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”

PVGM pg. 325.3 – “Es sólo por la gracia inmerecida de Cristo como un hombre puede hallar entrada en la ciudad de Dios.”

1MS pg. 407.3 – “El Señor vio nuestra condición caída. Vio nuestra necesidad de gracia, y porque amaba nuestras almas, nos ha dado gracia y paz. La gracia significa un favor para alguien que no lo merece, para alguien que está perdido. El hecho de que seamos pecadores, en vez de rechazarnos apartándonos de la misericordia y del amor de Dios, hace que la práctica del amor de Dios sea para nosotros una necesidad positiva a fin de que seamos salvados. Cristo dice: ‘No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca’ (Juan 15:16).”

¡Pero eso es lo que justamente significa “POR GRACIA SOIS SALVOS” (Efesios 2:8)! La GRACIA o MISERICORDIA de Dios justifica al que NO SE LO MERECE, en virtud de una justicia ajena—la de Cristo como Hombre. ¡De lo contrario no podría ser GRACIA! Sería algo así como “POR RECOMPENSA SOIS SALVOS” o “POR MERITOS SOIS SALVOS”. Y el hombre tendría que sumar méritos para “ganar la salvación.” Pero al intentar sumar méritos estaríamos de todas formas tratando de alcanzar un IMPOSIBLE. Pues la única obediencia que es aceptable para Dios es la obediencia realizada por un principio celestial implantado dentro del hombre: el AMOR de Gálatas 5:22-23.

Romanos 13:10 – “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Y está escrito rotundamente que “no tenéis amor de Dios en vosotros” (Juan 5:42).

Entonces, ¿cómo podría Dios aceptar una obediencia realizada, no por amor, sino por OBLIGACION? ¿Cómo podría Dios aceptar una obediencia forzada, ya sea realizada por amor a la recompensa o por miedo al castigo? Dios NO acepta una obediencia forzada y servil.

CC pg. 60.3 – “Nótese, sin embargo, que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de la misma naturaleza de su Autor; es la personificación del gran principio del amor, y es, por lo tanto, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. Si nuestros corazones están renovados a la semejanza de Dios, si el amor divino está implantado en el alma, ¿no se cumplirá la ley de Dios en nuestra vida? Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: ‘Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré’ (Hebreos 10:16). Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia, es decir el servicio y la lealtad que se rinden por amor, es la verdadera prueba del discipulado. Por esto dice la Escritura: ‘Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.’ ‘El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y no hay verdad en él’ (1 Juan 5:3; 2:4). En vez de eximir al hombre de la obediencia, la fe, y sólo ella, nos hace participantes de la gracia de Cristo, y nos capacita para obedecer.”

CS pg. 597/1 (530.2) – “Dios no fuerza la voluntad ni el juicio de nadie. No se complace en la obediencia servil. Quiere que las criaturas salidas de sus manos le amen porque es digno de amor. Quiere que le obedezcan porque aprecian debidamente su sabiduría, su justicia y su bondad. Y todos los que tienen justo concepto de estos atributos le amarán porque serán atraídos a él por la admiración de sus atributos.”

DTG pg. 20.4 – “Por el cautiverio babilónico, los israelitas fueron curados eficazmente de la adoración de las imágenes esculpidas. Durante los siglos que siguieron, sufrieron por la opresión de enemigos paganos, hasta que se arraigó en ellos la convicción de que su prosperidad dependía de su obediencia a la ley de Dios. Pero en el caso de muchos del pueblo la obediencia no era impulsada por el amor. El motivo era egoísta. Rendían un servicio externo a Dios como medio de alcanzar la grandeza nacional. No llegaron a ser la luz del mundo, sino que se aislaron del mundo a fin de rehuir la tentación de la idolatría. En las instrucciones dadas por medio de Moisés, Dios había impuesto restricciones a su asociación con los idólatras; pero esta enseñanza había sido falsamente interpretada. Estaba destinada a impedir que ellos se conformasen a las prácticas de los paganos. Pero la usaron para edificar un muro de separación entre Israel y todas las demás naciones. Los judíos consideraban a Jerusalén como su cielo, y sentían verdaderamente celos de que el Señor manifestase misericordia a los gentiles.”

PVGM pg. 70.1 – “El hombre que trata de guardar los mandamientos de Dios solamente por un sentido de obligación—porque se le exige que lo haga—nunca entrará en el gozo de la obediencia. El no obedece. Cuando los requerimientos de Dios son considerados como una carga porque se oponen a la inclinación humana, podemos saber que la vida no es una vida cristiana. La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro. Nace del amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es la lealtad a nuestro Redentor. Esto nos inducirá a hacer lo bueno porque es bueno, porque el hacer el bien agrada a Dios.”

Además de esto, es muy importante comprender que la serpiente de bronce era un mero símbolo que no tenía valor alguno en sí mismo. Hoy en día hay profesos cristianos que continúan celebrando las FIESTAS y SABADOS CEREMONIALES del ritual simbólico como si estos rituales tuviesen méritos en sí mismos, en lugar de entender que era SIMBOLOS y REPRESENTACIONES para la obra de Cristo en la tierra (Evangelio), la obra de Cristo fuera de esta tierra en el Santuario Celestial (Sacerdocio), y la obra que Cristo realizará cuando termine su obra mediadora. Hoy en día profesos cristianos aseveran que la salvación no es sólo Cristo, sino “Cristo + la ley ceremonial.” Estos falsos maestros enseñan a la gente el error que la Ley de Dios eterna e inmutable no son únicamente Los Diez Mandamientos (la Ley Moral), sino toda la “Torá”, incluida la ley ceremonial. Este punto ya lo hemos analizado en dos estudios anteriores, pero es importante volver a recalcar el hecho de que este anhelo satánico del ser humano de ser salvado por obras, por méritos, por rituales que se realizan aquí en la tierra, lo llevan a celebrar las fiestas caducadas del ritual simbólico—acerca de las cuales el apóstol Pablo claramente dijo: “ Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposotodo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Colosenses 2:16-17).

Tanto las fiestas como los sábados ceremoniales, con sus restricciones en cuanto a la alimentación durante esos días simbólicos—como por ejemplo comer pan sin levadura para la fiesta de los panes sin levadura (Éxodo 23:15)—todo era sombra de Cristo, pues eran símbolos que eran necesarios para comprender los misterios del plan de redención. Pero el símbolo se encontró con al realidad cuando Cristo dijo “consumado es” (Juan 19:30) y el velo del santuario terrenal se rasgó en dos (Mateo 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45), dando Dios a entender que la ley ceremonial, el santuario terrenal, el sacerdocio terrenal, todo había llegado a su FIN.

La Ley eterna e inmutable de los Diez Mandamientos (Salmos 119:142) en cambio, nunca fueron “símbolo” o “sombra” de Cristo. Son PRINCIPIOS, NO son SIMBOLOS. Y es ésta Ley la única que puede determinar lo que es PECADO: “Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7). ¿Qué LEY fue la que le enseñó a Pablo que la codicia es pecado? LOS DIEZ MANDAMIENTOS, pues el DECIMO MANDAMIENTO dice: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17). NO fue la ley que dice “siete días comerás panes sin levadura” (Éxodo 23:15) la que le enseñó a Pablo que la codicia es pecado. Además el “estatuto perpetuo” del sacerdocio levítico según el orden de Aarón de Levítico 6:22 “queda pues ABROGADO” (Hebreos 7:18), ya que Cristo es ahora el VERDADERO SUMO SACERDOTE según el orden de Melquisedec (Hebreos 5:10). Pues el sacerdocio levítico era un SIMBOLO, una REPRESENTACION, una SOMBRA del verdadero sacerdocio de Cristo en el Santuario Celestial—que es el verdadero TEMPLO, del cual el santuario terrenal era asimismo un SIMBOLO, REPRESENTACION, SOMBRA.

PP pg. 380/1 (335.2) – “De esa manera se dio a Moisés la ley ceremonial, que fue escrita por él en un libro. Pero la ley de los diez mandamientos pronunciada desde el Sinaí había sido escrita por Dios mismo en las tablas de piedra, y fue guardada sagradamente en el arca.

Muchos confunden estos dos sistemas y se valen de los textos que hablan de la ley ceremonial para tratar de probar que la ley moral fue abolida; pero esto es pervertir las Escrituras. La distinción entre los dos sistemas es clara. El sistema ceremonial se componía de símbolos que señalaban a Cristo, su sacrificio y su sacerdocio. Esta ley ritual, con sus sacrificios y ordenanzas, debían los hebreos seguirla hasta que el símbolo se cumpliera en la realidad de la muerte de Cristo, Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Entonces debían cesar todas las ofrendas de sacrificio. Tal es la ley que Cristo quitó de en medio y clavó en la cruz. (Colosenses 2:14).

Pero acerca de la ley de los diez mandamientos el salmista declara: ‘Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos’ (Salmos 119:89). Y Cristo mismo dice: ‘No penséis que he venido para abrogar la ley…. De cierto os digo,’ y recalca en todo lo posible su aserto, ‘que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas’ (Mateo 5:17, 18). En estas palabras Cristo enseña, no sólo cuáles habían sido las demandas de la ley de Dios, y cuáles eran entonces, sino que además ellas perdurarán tanto como los cielos y la tierra. La ley de Dios es tan inmutable como su trono. Mantendrá sus demandas sobre la humanidad a través de todos los siglos.

“Respecto a la ley pronunciada en el Sinaí, dice Nehemías: ‘Sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos’ (Nehemías 9:13). Y Pablo, el apóstol de los gentiles, declara: ‘La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno.’ Esta ley no puede ser otra que el Decálogo, pues es la ley que dice: ‘No codiciarás’ (Romanos 7:12, 7).

Si bien la muerte del Salvador puso fin a la ley de los símbolos y sombras, no disminuyó en lo más mínimo la obligación del hombre hacia la ley moral. Muy al contrario, el mismo hecho de que fuera necesario que Cristo muriera para expiar la transgresión de la ley, prueba que ésta es inmutable.

“Los que alegan que Cristo vino para abrogar la ley de Dios y eliminar el Antiguo Testamento, hablan de la era judaica como de un tiempo de tinieblas, y representan la religión de los hebreos como una serie de meras formas y ceremonias. Pero éste es un error. A través de todas las páginas de la historia sagrada, donde está registrada la relación de Dios con su pueblo escogido, hay huellas vivas del gran YO SOY. Nunca dio el Señor a los hijos de los hombres más amplias revelaciones de su poder y gloria que cuando fue reconocido como único soberano de Israel y dio la ley a su pueblo. Había allí un cetro que no era empuñado por manos humanas; y las majestuosas manifestaciones del invisible Rey de Israel fueron indeciblemente grandiosas y temibles.”

Los ritos del NUEVO PACTO son el bautismo y la cena del Señor—con su lavamiento de pies (Lucas 22:19). Las fiestas y sábados ceremoniales, con toda la ley ceremonial, fueron CLAVADOS EN LA CRUZ (Colosenses 2:14).

Ev pg. 202.4 – “Los símbolos de la casa del Señor son sencillos y fácilmente comprensibles, y las verdades representadas por ellos son del más profundo significado para nosotros. Al establecer el servicio sacramental para que tomara el lugar de la pascua, Cristo dejó para su iglesia un monumento conmemorativo de su gran sacrificio por el hombre. ‘Haced esto—dijo él—en memoria de mí’. Este era el punto de transición entre dos dispensaciones y sus dos grandes fiestas. La una había de concluir para siempre; la otra, que él acababa de establecer, había de tomar su lugar, y continuar durante todo el tiempo como el monumento conmemorativo de su muerte.”

Pero los israelitas pensaban que los ritos tenían méritos en sí mismos, pues esa era la enseñanza de los sacerdotes y líderes religiosos. Así mismo sucede hoy en día: falsos maestros adoctrinan a las personas para que aprendan a depender de ritos y formalismos muertos, en lugar de depender de un Salvador personal resucitado.

PR pg. 523.1 – “Al mismo tiempo, por sus pecados los judíos se estaban separando ellos mismos de Dios. Eran incapaces de discernir el profundo significado espiritual de su servicio simbólico. Dominados por un sentimiento de justicia propia, confiaban en sus propias obras, en los sacrificios y los ritos mismos, en vez de los méritos de Aquel a quien señalaban todas esas cosas. De este modo, ‘ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia’ (Romanos 10:3), se encerraron en un formalismo egoísta. Careciendo del Espíritu y de la gracia de Dios, procuraron suplir esta falta mediante una rigurosa observancia de las ceremonias y los ritos religiosos. Sin conformarse con los ritos que Dios mismo había ordenado, agravaron los mandamientos divinos con innumerables exacciones propias. Cuanto más se alejaban de Dios, más rigurosos se volvían en la observancia de esas formas.

“Con todas estas minuciosas y gravosas exacciones, resultaba en la práctica imposible que el pueblo guardase la ley. Los grandes principios de justicia presentados en el Decálogo y las gloriosas verdades reveladas en el servicio simbólico se obscurecían por igual, sepultados bajo una masa de tradiciones y estatutos humanos. Los que deseaban realmente servir a Dios y procuraban observar toda la ley según lo ordenado por los sacerdotes y príncipes, gemían bajo una carga pesadísima.”

La historia siempre se repite, porque el material humano contaminado y pervertido por el pecado es el mismo en todas las épocas. Los falsos maestros religiosos de las multitudes proclaman el error de que los ritos tienen méritos en sí mismo. Como resultado, multitudes celebran las caducadas fiestas y sábados ceremoniales del ritual simbólico, creyendo fielmente que aun están en vigencia y que son necesarias para la salvación. Creen que la salvación se encuentra en el formalismo estricto, y hasta tratan de volverse culturalmente judíos: vistiendo como judíos, aprendiendo hebreo, y haciendo de la cultura judía una vía de salvación por obras. A tal grado llega su fanatismo ciego que incluso aseguran que decir “Jesús” es blasfemia, y dicen que hay que pronunciar los nombres de la Divinidad en hebreo! Se preocupan ciegamente de las cosas sin importancia, pasando por alto las cosas de verdadera importancia.

La explicación de la sierva del Señor bajo inspiración del Espíritu Santo no podía ser más acertada: Ponen su confianza en la pascua, y demás ritos caducados de la ley ceremonial porque están “dominados de justicia propia”, “confían en sus propias obras”, y “en los ritos mismos” para salvarse “en vez de confiar en los méritos de Aquel a quien señalaban todas esas cosas.” Al celebrar la pascua están RECHAZANDO a Cristo como el Mesías que YA VINO como Hombre a vivir una vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley de Dios, ya vino a morir la paga del pecado es muerte (Filipenses 2:8), ya resucitó (Marcos 16:6, 9). Tal como estaba profetizado por la pascua, la fiesta de los panes sin levadura, y la primicia de las gavillas (Levítico 23:5-14).

Estas personas engañadas confían en los ritos, porque no confían en la justicia perfecta de Cristo para ser aceptados, no confían en la sangre de Cristo derramada en la cruz para que sus pecados sean perdonados, y no confían en la justicia perfecta de Cristo para que puedan recibir como resultado al Espíritu Santo como Agente Regenerador. Como NO ACEPTAN la Amonestación del Testigo Fiel, NO ACEPTAN su verdadera condición, entonces NO NECESITAN de la justicia, ni la sangre, ni la resurrección de Cristo—en otras palabras, el EVANGELIO. Al no aceptar el Evangelio, tampoco tienen necesidad del Sacerdocio de Cristo de Hebreos 7:24, en el cual se recibe la justificación diaria (Romanos 3:24), el perdón de pecados diario (Efesios 1:7; Colosenses 1:14), y el bautismo diario del Espíritu Santo (Efesios 1:13-14). Como NO TIENEN al Espíritu Santo, ¿qué hacen? “Careciendo del Espíritu y de la gracia de Dios, procuran suplir esta falta mediante una rigurosa observancia de las ceremonias y los ritos religiosos.” La hermana White no podía haber explicado este asunto más claro. Si el hombre busca salvarse por medio de sus propias obras: ni está justificado, ni está perdonado, y ni tiene al Espíritu Santo como Habitante. Por lo tanto, TODAS SUS OBRAS, TODOS SUS RITOS, SON SANTIFICACION FALSA. DE NADA LES SIRVE DECIR “YESHUA” o “JESUS”, así pronuncien su nombre en español, latín o hebreo, se están enfocando en COSAS que NO TIENEN VALOR DELANTE DE DIOS. La razón por la que se enfocan en tontería insignificantes como decir que “Jesús” es nombre romano, y que hay que utilizar “Yeshua” es porque: “cuanto más se alejaban de Dios, más rigurosos se volvían en la observancia de esas formas.”

Pero este error de darle mérito salvar a un rito que en sí mismo no tiene valor alguno, no es enseñado únicamente por los neo maestros judaizantes. Todo falso maestro religioso que enseña que el bautismo en sí mismo tiene mérito salvador, se encuentra en la misma condición. Estos hombres ciegos leen “el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16), de la siguiente manera errónea: “…mas el que no creyere Y NO FUERE BAUTIZADO, será condenado.” Agregan una condición que NO ESTA escrita. La condenación NO VIENE por NO SER BAUTIZADO. La condenación viene por NO CREER. ¿No creer en qué? La respuesta se encuentra en el versículo anterior: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad EL EVANGELIO a toda criatura.” Entonces, la condenación viene por NO CREER EN EL EVANGELIO. ¿Qué es “no creer en el evangelio”? Es lo que ya aclaramos en el anterior párrafo: no creer que la justicia perfecta de Cristo como Hombre es toda suficiente para suplir la demanda de obediencia perfecta y perpetua de Romanos 2:13; no creer que su naturaleza sin mancha de pecado de Lucas 1:35 es toda suficiente para satisfacer la demanda de 1 Pedro 1:15-16; es no creer que la muerte de Cristo como Hombre de Juan 19:30 es toda suficiente para satisfacer la demanda de Romanos 6:23 y Apocalipsis 21:8; es no creer que su resurrección de Marcos 16:6 fue suficiente y necesaria para la demanda de Hebreos 5:1.

Al enseñar a los hombres el error de que el rito del bautismo sirve para “borrar los pecados” se está dando un mérito salvador a un rito que en sí mismo no tiene virtud salvador. El “borramiento de pecados” no va a ocurrir porque un hombre se bautiza. Primeramente tiene que haber perdón de pecados diariamente, para que estos pecados perdonados puedan ser borrados en ocasión del Juicio (Hechos 3:19). Y los pecados serán borrados en virtud de la sangre preciosa de Cristo (Efesios 1:7), porque la condenación de la Ley demanda SANGRE (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8), y NO demanda que un hombre se bautice. Por medio del bautismo el hombre realiza una declaración pública de que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal—en otras palabras, que ha aceptado y creído en el EVANGELIO—y por eso está escrito “EL QUE CREYERE y fuere bautizado, será salvo.”

CN pg. 473.1 – “El bautismo es un rito muy sagrado e importante, y su significado debe comprenderse cabalmente. Significa arrepentirse del pecado e iniciar una nueva vida en Cristo Jesús.”

Ev pg. 226.6 – “Cuando los cristianos se someten al solemne rito del bautismo, el Señor registra el voto que hacen de serle fieles. Este voto es su juramento de lealtad. Son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así están unidos con los tres grandes poderes del cielo. Se comprometen a renunciar al mundo para observar las leyes del reino de Dios. Por lo tanto, han de andar en novedad de vida. No han de seguir más las tradiciones de los hombres. No han de seguir por más tiempo métodos deshonestos. Han de obedecer los estatutos del reino del cielo. Han de buscar el honor de Dios. Si son fieles a su voto, serán provistos de gracia y poder que los habilitará para cumplir con toda justicia. ‘A todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre’.”

Ev pg. 226.5 – “El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el momento de entrar en la vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás, y han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Han obedecido el mandamiento: ‘Salid de en medio de ellos, y apartaos… y no toquéis lo inmundo’. Y para ellos se cumple la promesa: ‘Y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso’ (2 Corintios 6: 17, 18).”

DTG pg. 150.2 – “Cuando Jesús vino de Jerusalén a la región del Jordán, la gente se agolpó para oírle. El número de sus discípulos aumentaba diariamente. Muchos venían para ser bautizados, y aunque Cristo mismo no bautizaba, sancionaba la administración del rito por sus discípulos. Así puso su sello sobre la misión de su precursor. Pero los discípulos de Juan miraban con celos la popularidad creciente de Jesús. Estaban dispuestos a criticar su obra, y no transcurrió mucho tiempo antes que hallaran ocasión de hacerlo. Se levantó una cuestión entre ellos y los judíos acerca de si el bautismo limpiaba el alma de pecado.”

DTG pg. 152.3 – “Los discípulos de Juan habían declarado que todos los hombres acudían a Cristo; pero con percepción más clara, Juan dijo: ‘Nadie recibe su testimonio’; tan pocos estaban dispuestos a aceptarle como el Salvador del pecado. Pero ‘aquel que ha recibido su testimonio, ha puesto su sello a esto, que Dios es veraz’. ‘El que cree en el Hijo, tiene vida eterna.’ No era necesario disputar acerca de si el bautismo de Cristo o el de Juan purificaba del pecado. Es la gracia de Cristo la que da vida al alma. Fuera de Cristo, el bautismo, como cualquier otro rito, es una forma sin valor. ‘El que es incrédulo al Hijo, no verá la vida’.”

Es por esto, que para que el rito del bautismo pueda tener valor, es necesario que el hombre primeramente haya aceptado a Cristo COMO SU JUSTICIA.

Ev pg. 226.4 – “Cristo ha hecho del bautismo una señal de entrada en su reino espiritual. El ha hecho de esto una positiva condición con la cual deben cumplir todos los que quieren que se reconozca que están bajo la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Antes que el hombre pueda encontrar un hogar en la iglesia, antes de traspasar el umbral del reino espiritual de Dios, ha de recibir la impresión del nombre divino: ‘Jehová, justicia nuestra’ (Jeremías 23:6).”

¿Cuando usted fue bautizado, le explicaron que Cristo es su Justicia? Si no le explicaron, entonces usted no tuvo, ni tiene, “la impresión del nombre divino: Jehová justicia nuestra.” A usted le aplicaron un rito sin valor alguno.

¿Cuándo usted fue bautizado, le explicaron que a menos que esté siendo declarado ‘perfecto guardador del cuarto mandamiento en Cristo’, de nada sirve que no se falte un solo sábado a su sinagoga? Si no le explicaron, es porque esos maestros religiosos no tienen idea del significado de “Jehová, justicia nuestra”.

¿Cuándo usted fue bautizado, le dijeron que usted estaba declarando públicamente lealtad y sumisión a la autoridad del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo? ¿O mas bien le bautizaron bajo lealtad a una ORGANIZACIÓN RELIGIOSA? Si un hombre religioso le llama “disidente,” o “hereje”, claramente es porque bautizan bajo la autoridad de una organización humana. De lo contrario, ¿cómo se atreverían a hablar en nombre de Dios y declarar a una persona “disidente”? Sólo Dios es el que tiene la potestad de separar el trigo y la cizaña. Sólo Dios puede declarar quién es trigo y quién es cizaña. Pero como los hombres religiosos NO bautizan a las personas para someterlas a la autoridad del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, sino que bautizan a las personas para someterlas a su propia autoridad humana, entonces ellos creen tener la potestad de separar trigo y cizaña, y de tildar a los que no se someten a sus ideas, reglas, ritos, tradiciones, y doctrinas humanas como “DISIDENTES”.

Los hombres religiosos ponen a los ritos, como el bautismo o la pascua, como camino de JUSTIFICACION—es decir, como método de ser aceptados ante Dios. Sin embargo, la pascua fue clavada en la cruz, y el bautismo y la cena del Señor son ritos del Nuevo Pacto que entran en el campo de la SANTIFICACION. Es por esto que los que son bautizados con la mentalidad correcta—entendiendo el significado espiritual del bautismo—entendiendo qué es santificación, entendiendo lo que significa “Jehová, justicia nuestra”, habiendo aceptado su condición, habiendo aceptado y creído en el EVANGELIO; entonces, al bautizarse, entienden que están testificando justamente, como está escrito que: “No han de seguir más las tradiciones de los hombres”, sino que de ahora en adelante vivirán exclusivamente de toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4).

“¿Cómo Puede Hacerse Esto?”

Nicodemo había acudido a Cristo esa noche a ocultas y sin que nadie se entere, para no poner en riesgo su reputación, con el propósito de entrar en controversias teológicas con Cristo. Nicodemo tenía en su cabeza una idea de cómo debía ser el Mesías según la interpretación popular de las Escrituras en su tiempo, y Cristo no encajaba con ese Príncipe glorioso y poderoso que los judíos esperaban. Pero Cristo no entró en controversias y discusiones teológicas, sino que fue directo al punto esencial para la salvación. De nada hubiera servido entrar en discusión con Nicodemo acerca de lo que las Escrituras hablan de la Primera venida de Cristo, de su Segunda Venida y de su Tercera Venida. En vano hubiese discutido Cristo con Nicodemo acerca de las profecías, si Nicodemo no se consideraba pecador.

Esto es una lección para todos nosotros. Podemos dominar las profecías y podemos ser excelentes polemistas debatiendo las Escrituras, pero si no tenemos convicción de pecado, si no hemos aceptado la Amonestación del Testigo Fiel, NO SIRVE DE NADA. El primer paso en la conversión del verdadero cristiano es la aceptación de su verdadera condición y su verdadera naturaleza ante los requerimientos de la Ley de Dios. Hay muchas personas, que como Nicodemo, escrudiñan las Escrituras—NO para APRENDER—sino para convencerse de un prejuicio o una teoría humana previamente aceptada por ellos. Las personas en su mayoría leen la Biblia para buscar evidencias que justifiquen sus teorías erróneas, o para buscar evidencias que justifiquen sus malos hábitos. Es por esta razón que permanecen en tinieblas. La única manera de estudiar la Biblia es con la humilde intención de APRENDER lo que Dios dice, y con la honesta intención de estudiarlo para luego PONERLO EN PRACTICA.

DTG pg. 147.1 – “No es mediante controversias y discusiones cómo se ilumina el alma. Debemos mirar y vivir. Nicodemo recibió la lección y se la llevó consigo. Escudriñó las Escrituras de una manera nueva, no para discutir una teoría, sino para recibir vida para el alma. Empezó a ver el reino de los cielos cuando se sometió a la dirección del Espíritu Santo.

Hay hoy día miles que necesitan aprender la misma verdad que fue enseñada a Nicodemo por la serpiente levantada. Confían en que su obediencia a la ley de Dios los recomienda a su favor. Cuando se los invita a mirar a Jesús y a creer que él los salva únicamente por su gracia, exclaman: ‘¿Cómo puede esto hacerse?’”

Luego de que el Espíritu Santo logró convencer de pecado a Nicodemo, recién entonces Nicodemo sintió la necesidad de una verdadera conversión. Hasta entonces había sido un hombre religioso, un profeso cristiano. Pero ahora tenía la necesidad de ser un verdadero creyente. Entonces preguntó “¿Cómo puede esto hacerse?”

Cristo le llevó al símbolo que Nicodemo antes había estudiado en tinieblas, para que ahora comprenda su verdadero significado. Nuestro proceder debe ser el mismo: debemos estudiar el ritual simbólico, no para celebrar lo que fue clavado en la cruz como si todavía estuviese en vigencia, sino para comprender su verdadero significado.

¿Qué nos enseña el ritual simbólico?

El ritual simbólico nos enseña que para que el israelita pudiese beneficiarse del plan de redención trazado por Dios, primeramente debía haber aceptado la vigencia de la Ley de Dios. Pues para que el israelita acuda al santuario terrenal con un animal sustituto, primeramente debía aceptar que él era quien debía morir por haber transgredido la Ley que se encontraba dentro del arca del pacto, que estaba en el lugar santísimo del santuario terrenal: los Diez Mandamientos (Éxodo 25:16, 21; 26:34; 32:15-16). El israelita debía haber aceptado su verdadera naturaleza y su posición legal de rechazado, bajo condenación y separado de Dios, a la luz de los requerimientos de dicha Ley, para tener necesidad sincera de congregar al santuario.

El israelita debía aprender que el único lugar donde diariamente era justificado y perdonado en promesa (Éxodo 30:7-8; Ezequiel 20:41; Levítico 4:20, 26, 31), donde recibía diariamente el bautismo del Espíritu Santo como realidad (Éxodo 30:7-8; Levítico 24:1-4); y donde su pecado perdonado era borrado en promesa (Levítico 16:16), era el santuario terrenal (Éxodo 25:8-9, 40).

El israelita debía aprender que justamente por su posición legal de “separado de Dios” (Isaías 59:2), necesitaba el trabajo de un Mediador entre él pecador y Dios padre y la Ley de Dios. Pues el israelita no podía entrar al santuario terrenal bajo pena de muerte (Números 3:10), sino que necesitaba del trabajo del sacerdote y sumo sacerdote terrenales según el orden de Aarón (Éxodo 28:1).

El sacerdocio terrenal consistía en dos servicios:

  1. Servicio Diario o Continuo (Éxodo 30:7-8).
  2. Servicio Anual o Día de Expiación (Levítico 16:1-34).

Durante el servicio diario o continuo el sacerdote debía entrar al lugar santo del santuario con incienso y aceite diariamente y dos veces al día para: 1. Quemar incienso en el altar del incienso; y después 2. Aumentar aceite a las lámparas (Éxodo 30:7-8).

PP pg. 365/4 (321.1) – “Al presentar la ofrenda del incienso, el sacerdote se acercaba más directamente a la presencia de Dios que en ningún otro acto de los servicios diarios. Como el velo interior del santuario no llegaba hasta el techo del edificio, la gloria de Dios, que se manifestaba sobre el propiciatorio, era parcialmente visible desde el lugar santo. Cuando el sacerdote ofrecía incienso ante el Señor, miraba hacia el arca; y mientras ascendía la nube de incienso, la gloria divina descendía sobre el propiciatorio y henchía el lugar santísimo, y a menudo llenaba tanto las dos divisiones del santuario que el sacerdote se veía obligado a retirarse hasta la puerta del tabernáculo.”

Durante el servicio diario o continuo, el sacerdote debía también diariamente y dos veces al día sacrificar el cordero en el altar del sacrificio del atrio, para que derrame sangre, y para que el sacerdote pueda coger la sangre que era el segundo medio que le habilitaba para entrar dentro del santuario. El sacerdote debía luego asperjar la sangre del animal sacrificado en el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo, pues detrás de ese velo se encontraba la Ley que demandaba la muerte segunda del israelita—los Diez Mandamientos (Éxodo 29:38-42). Mediante este rito el pecado era transferido en promesa y por medio de la sangre: del israelita al animal sustituto, y del sustituto al santuario. Este servicio diario era realizado a favor del pueblo, pero el israelita que tenía una necesidad individual por algún pecado que había cometido, también podía traer su animal sustituto y matar al animal, para que el sacerdote recoja la sangre y la lleve dentro del santuario, para que ese pecado sea de igual manera transferido al santuario y pueda ser borrado en promesa el 10 de mes séptimo.

PP pg. 366/2 (321.3) – “Mientras de mañana y de tarde los sacerdotes entraban en el lugar santo a la hora del incienso, el sacrificio diario estaba listo para ser ofrecido sobre el altar de afuera, en el atrio. Esta era una hora de intenso interés para los adoradores que se congregaban ante el tabernáculo. Antes de allegarse a la presencia de Dios por medio del ministerio del sacerdote, debían hacer un ferviente examen de sus corazones y luego confesar sus pecados. Se unían en oración silenciosa, con los rostros vueltos hacia el lugar santo. Así sus peticiones ascendían con la nube de incienso, mientras la fe aceptaba los méritos del Salvador prometido al que simbolizaba el sacrificio expiatorio.

Las horas designadas para el sacrificio matutino y vespertino se consideraban sagradas, y llegaron a observarse como momentos dedicados al culto por toda la nación judía. Y cuando en tiempos posteriores los judíos fueron diseminados como cautivos en distintos países, aun entonces a la hora indicada dirigían el rostro hacia Jerusalén, y elevaban sus oraciones al Dios de Israel.”

PP pg. 367/3 (322.3) – “La parte más importante del servicio diario era la que se realizaba en favor de los individuos. El pecador arrepentido traía su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y colocando la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados; así, en un sentido figurado, los trasladaba de su propia persona a la víctima inocente. Con su propia mano mataba entonces el animal, y el sacerdote llevaba la sangre al lugar santo y la rociaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había violado. Con esta ceremonia y en un sentido simbólico, el pecado era trasladado al santuario por medio de la sangre. En algunos casos no se llevaba la sangre al lugar santo; sino que el sacerdote debía comer la carne, tal como Moisés ordenó a los hijos de Aarón, diciéndoles: ‘Dióla él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación’ (Levítico 10:17). Las dos ceremonias simbolizaban igualmente el traslado del pecado del hombre arrepentido al santuario.

“Tal era la obra que se hacía diariamente durante todo el año. Con el traslado de los pecados de Israel al santuario, los lugares santos quedaban manchados, y se hacía necesaria una obra especial para quitar de allí los pecados. Dios ordenó que se hiciera expiación para cada una de las sagradas divisiones lo mismo que para el altar. Así ‘lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel’ (Levítico 16:19).”

El servicio anual o día de expiación se realizaba una vez al año, en una fecha y mes establecidos por Dios mismo—el 10 de mes séptimo del calendario bíblico (Levítico 23:27; 16:2, 29). El responsable de realizar el servicio anual terrenal era el sumo sacerdote terrenal (Levítico 16:2). En el día de expiación simbólico, el israelita debía seguir confiando en los mismos elementos que estaban completamente FUERA de él, y en los que había confiado durante el servicio diario: la ofrenda (el incienso—Levítico 16:12-13) y el sacrificio (la sangre del sustituto—Levítico 16:15). Pues el sumo sacerdote entraba primeramente a quemar incienso en el lugar santísimo con el incensario, y posteriormente entraba con la sangre del substituto al lugar santísimo para asperjarla sobre el propiciatorio (Levítico 16:12-15). En el servicio anual o día de expiación los pecados que habían sido perdonados y transferidos al santuario gracias al servicio diario, eran entonces borrados en promesa, y posteriormente transferidos en el atrio simbólicamente al macho cabrío emisario que representaba a Satanás (Levítico 16:20-22).

PP pg. 368/2 (323.2) – “Una vez al año, en el gran día de la expiación, el sacerdote entraba en el lugar santísimo para limpiar el santuario. La obra que se llevaba a cabo allí completaba el ciclo anual de ceremonias.”

PP pg. 369/2 (323.5) – “Mediante este servicio anual le eran enseñadas al pueblo importantes verdades acerca de la expiación. En la ofrenda por el pecado que se ofrecía durante el año, se había aceptado un substituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no había hecho completa expiación por el pecado. Sólo había provisto un medio en virtud del cual el pecado se transfería al santuario. Al ofrecerse la sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba la culpa de su transgresión y expresaba su fe en Aquel que había de quitar los pecados del mundo; pero no quedaba completamente exonerado de la condenación de la ley.

“El día de la expiación, el sumo sacerdote, llevando una ofrenda por la congregación, entraba en el lugar santísimo con la sangre, y la rociaba sobre el propiciatorio, encima de las tablas de la ley. En esa forma los requerimientos de la ley, que exigían la vida del pecador, quedaban satisfechos. Entonces, en su carácter de mediador, el sacerdote tomaba los pecados sobre sí mismo, y salía del santuario llevando sobre sí la carga de las culpas de Israel. A la puerta del tabernáculo ponía las manos sobre la cabeza del macho cabrío símbolo de Azazel, y confesaba ‘sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones, y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío.’ Y cuando el macho cabrío que llevaba estos pecados era conducido al desierto, se consideraba que con él se alejaban para siempre del pueblo. Tal era el servicio verificado como ‘bosquejo y sombra de las cosas celestiales’ (Hebreos 8:5).”

Si bien este es tan solo un breve resumen del trabajo que se realizaba durante el servicio diario y el servicio anual simbólico, hemos resumido lo más importante que nos interesa para entender el plan de redención en el marco de este estudio. En EstudiaLaBiblia.co tenemos varios estudios que tratan sobre el ritual simbólico más detalladamente para quienes estén interesados en este tema.

¿Qué debemos aprender del ritual simbólico?

Si queremos aprender el plan de redención, entonces debemos mirar más allá de los símbolos y las representaciones. Por lo tanto, primeramente debemos saber qué significan esos símbolos.

El incienso era un símbolo de la justicia/obediencia perfecta y perpetua de Cristo como Hombre (Levítico 1:17; Ezequiel 20:41; Daniel 9:18; Isaías 6:3, 5).

PP pg. 366/1 (337.4) – “El incienso, que ascendía con las oraciones de Israel, representaba los méritos y la intercesión de Cristo, su perfecta justicia, la cual por medio de la fe es acreditada a su pueblo, y es lo único que puede hacer el culto de los seres humanos aceptable a Dios.”

El aceite era un símbolo del Espíritu Santo (Zacarías 4:2-3, 6; Mateo 25:4).

PVGM pg. 337.2 – “En la parábola todas las vírgenes salieron a recibir al esposo. Todas tenían lámparas y vasijas para aceite. Por un tiempo parecía no haber diferencia entre ellas. Tal ocurre con la iglesia que vive precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Todos tienen el conocimiento de las Escrituras. Todos han oído el mensaje de la pronta venida de Cristo, y esperan confiadamente su aparición. Pero así como ocurrió en la parábola, ocurre hoy en día. Interviene un tiempo de espera, la fe es probada; y cuando se oye el clamor: ‘He aquí, el esposo viene; salid a recibirle’, muchos no están listos. No tienen aceite en sus vasijas para las lámparas. Están destituidos del Espíritu Santo.”

Tanto el sacerdote como el sumo sacerdote terrenales eran representantes del pecador, pero también representaban al verdadero Sumo Sacerdote y Mediador que es Cristo (Salmos 110:4; Hebreos 5:5-10; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 12:24). El sacerdocio terrenal era una representación del verdadero Sacerdocio—el Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo de Hebreos 7:24.

El santuario terrenal era una representación en miniatura de la verdadera Corte Suprema de Justicia Celestial que es el Santuario Celestial (Éxodo 25:40; Hebreos 8:2, 5). En el Santuario Celestial se encuentra la Ley de Dios, los Diez Mandamientos originales (Apocalipsis 11:19). El Santuario Celestial es el único lugar de trabajo de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 8:2). Este Templo no se encuentra en la tierra, sino en el tercer cielo (Salmos 11:4; 2 Corintios 12:2).

HR pg. 395.1 – “El santuario que está en el cielo, en el cual oficia Jesús en nuestro favor, es el gran original, del cual el santuario construido por Moisés era una copia. Así como el santuario terrenal tenía dos compartimentos, el lugar santo y el lugar santísimo, también hay dos lugares santos en el santuario celestial. Y el arca que contenía la ley de Dios, el altar del incienso y otros instrumentos de servicio que encontramos en el santuario terrenal, tenían su contraparte en el santuario celestial. En santa visión se le permitió al apóstol Juan entrar en los cielos, y allí vio el candelabro y el altar del incienso, ‘y el templo de Dios fue abierto’, y él vio ‘el arca de su pacto’ (Apocalipsis 4:5; 8:3; 11:19).”

CES pg. 109.1 – “Muchos y intensos fueron los esfuerzos hechos para derribar su fe. Nadie podía dejar de ver que si el Santuario terrenal era una figura o copia del celestial, la ley depositada en el arca en la Tierra era una transcripción exacta de la ley guardada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al Santuario celestial involucraba reconocer las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el ministerio de Cristo en el Santuario celestial. Los hombres trataron de cerrar la puerta que Dios había abierto y de abrir la que él había cerrado. Pero ‘el que abre, y ninguno cierra, y cierra, y ninguno abre’, había declarado: ‘He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie podrá cerrar’ (Apocalipsis 3:7, 8). Cristo había abierto la puerta, o ministerio, del Lugar Santísimo, la luz brillaba desde la puerta abierta del Santuario celestial, y se vio que el cuarto mandamiento estaba incluido en la ley allí guardada; lo que Dios había establecido, nadie podía derribarlo.”

El servicio diario o continuo terrenal era una representación del Servicio Diario Celestial de Romanos 3:24. El servicio anual o día de expiación terrenal era una representación del Juicio de Apocalipsis 14:7—juicio que antecede a la Segunda Venida de Cristo de Mateo 24:30-31.

CS pg. 473/2 (415.2) – “El servicio del sacerdote durante el año en el primer departamento del santuario, ‘adentro del velo’ que formaba la entrada y separaba el lugar santo del atrio exterior, representa la obra y el servicio a que dio principio Cristo al ascender al cielo. La obra del sacerdote en el servicio diario consistía en presentar ante Dios la sangre del holocausto, como también el incienso que subía con las oraciones de Israel. Así es como Cristo ofrece su sangre ante el Padre en beneficio de los pecadores, y así es como presenta ante él, además, junto con el precioso perfume de su propia justicia, las oraciones de los creyentes arrepentidos. Tal era la obra desempeñada en el primer departamento del santuario en el cielo.

“Hasta allí siguieron los discípulos a Cristo por la fe cuando se elevó de la presencia de ellos. Allí se concentraba su esperanza, ‘la cual—dice San Pablo—tenemos como ancla del alma, segura y firme, y que penetra hasta a lo que está dentro del velo; adonde, como precursor nuestro, Jesús ha entrado por nosotros, constituido sumo sacerdote para siempre.’ ‘Ni tampoco por medio de la sangre de machos de cabrío y de terneros, sino por la virtud de su propia sangre, entró una vez para siempre en el lugar santo, habiendo ya hallado eterna redención’ (Hebreos 6:19, 20; 9:12).

“Este ministerio siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del santuario.”

Habiendo comprendido los símbolos, ahora podemos ver más allá del símbolo hacia la realidad.

Si aceptamos la vigencia de la Ley de Dios, la única Ley eterna e inmutable—los Diez Mandamientos, y aceptamos que estamos rechazados, bajo condenación, y separados de Dios, desde que fuimos engendrados en el vientre de nuestra madre, y que esa Ley condena no sólo nuestros actos, pero también nuestros deseos e intenciones y hasta nuestro estado de ser; y si aceptamos que Cristo ya vino a esta tierra como Hombre, habiendo sido engendrado por Dios Espíritu Santo sin mancha de pecado, aceptado, libre de condenación y con acceso directo a Dios, y que se mantuvo así pues obedeció perfectamente la Ley de Dios por nosotros como Hombre; y aceptamos que Cristo murió en la cruz como Hombre para pagar nuestra deuda impagable de muerte segunda; si aceptamos que resucitó como Hombre y ascendió al tercer cielo para ser nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial; entonces nos congregaremos por la fe diariamente al Santuario Celestial para beneficiarnos de su Sacerdocio.

Por aquellas personas que aceptan estas verdades, Cristo: diariamente se presenta por ellos, presentando la verdadera ofrenda—que es su justicia perfecta y perpetua, y el verdadero sacrificio—que es su sangre derramada en la cruz (Hebreos 8:3).

Así como el sacerdote terrenal quemaba incienso y luego aumentaba aceite a las lámparas, diariamente y dos veces al día, Cristo diariamente presenta su justicia perfecta para que podamos ser aceptados o justificados, y luego—como resultado de estar siendo justificados por la justicia de la fe (Romanos 3:24; 4:13)—derrama sobre nosotros al Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana, que nos capacita para desarrollar la santificación verdadera o justicia de la ley (Romanos 6:22; 8:4).

Y así como el sacerdote terrenal transfería el pecado confesado por medio de la sangre, diariamente y dos veces al día al santuario, Cristo diariamente presenta su sangre que derramó en la cruz para que podamos ser perdonados diariamente y para que nuestros pecados sean transferidos al Santuario Celestial diariamente (Efesios 1:7; Colosenses 1:14).

Comentario Bíblico 7ª, pg. 299/1/5 – “Se presenta a Cristo Jesús como que está continuamente de pie ante el altar, ofreciendo momento tras momento el sacrificio por los pecados del mundo. El es ministro del verdadero tabernáculo que el Señor levantó y no el hombre. Las sombras simbólicas del tabernáculo judío ya no tienen virtud alguna. No se necesita hacer más una expiación simbólica diaria y anual, pero es esencial el sacrificio expiatorio mediante un Mediador debido que constantemente se cometen pecados. Jesús está oficiando en la presencia de Dios, ofreciendo su sangre derramada, como si hubiera sido un cordero [literal] sacrificado. Jesús presenta la oblación ofrecida por cada culpa y por cada falta del pecador.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 375/1/4 – “Jesús está ahora en el lugar santísimo para presentarse por nosotros delante de Dios. Allí no cesa momento tras momento de presentar a su pueblo completo en él; pero porque somos presentados así ante el Padre celestial, no debemos imaginarnos que debemos abusar de su misericordia y volvernos descuidados, indiferentes y desenfrenados. Cristo no es ministro de pecado. Somos completos en él, aceptados en el Amado, pero sólo si permanecemos en él por fe.”

En el Santuario Celestial, Cristo está realizando el Servicio Diario Celestial (Romanos 3:24) para los creyentes vivos (Isaías 38:18-19), y Día de Juicio para los que ya han pasado al descanso. En el ritual simbólico, el 10 de mes séptimo se realizaba un “holocausto continuo” (Números 29:7, 11)—es decir un servicio diario (Éxodo 29:42)—que simbolizaba el Servicio Diario Celestial de Cristo durante el Juicio de Apocalipsis 14:7 para los creyentes vivos en el Lugar Santísimo del Santuario Celestial.

El ritual simbólico enseña claramente que en el acto del sacrificio del cordero no había ni aceptación, ni perdón de pecados. En el acto del sacrificio sólo se proveía un medio para que los pecados puedan ser transferidos al santuario diariamente, y para que en ocasión del Juicio puedan ser borrados. Del símbolo a la realidad: en la muerte de Cristo no hubo ni aceptación, ni perdón de pecados. Sólo se proveyó el segundo medio—que es su preciosa sangre—para que ahora, en calidad de Sumo Sacerdote la pueda presentar por nosotros—para que nuestros pecados confesados puedan ser transferidos al Santuario Celestial, y—si retenemos el perdón—puedan ser borrados cuando nuestros nombres sean tomados en el Juicio—ya sea porque fuimos al descanso, o porque se dio inicio al Juicio de Vivos.

PP pg. 371/4 (325.4) – “Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador arrepentido de la condenación de la ley, no anulaba el pecado; este queda registrado en el santuario hasta la expiación final; así en el símbolo, la sangre de la víctima quitaba el pecado del arrepentido, pero quedaba en el santuario hasta el día de la expiación.

“En el gran día del juicio final, los muertos han de ser juzgados ‘por las cosas que’ están ‘escritas en los libros, según sus obras’ (Apocalipsis 20:12). Entonces por el poder de la sangre expiatoria de Cristo, los pecados de todos los que se hayan arrepentido sinceramente serán borrados de los libros celestiales. En esta forma el santuario será liberado, o limpiado, de los registros del pecado. En el símbolo, esta gran obra de expiación, o el acto de borrar los pecados, estaba representada por los servicios del día de la expiación, o sea de la purificación del santuario terrenal, la cual se realizaba en virtud de la sangre de la víctima y por la eliminación de los pecados que lo manchaban.”

Hechos 3:19-20 – “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado.”

  • “arrepentíos y convertíos” es una orden dada en tiempo presente: es HOY, es AHORA, mientras Cristo realiza el Servicio Diario Celestial, que tenemos la oportunidad de arrepentirnos, confesar nuestros pecados para que sean transferidos al Santuario.
  • “para que sean borrados vuestros pecados” es una promesa para tiempo futuro: cuando se de inicio al Juicio de Vivos, ya que los pecados únicamente pueden ser borrados en el Juicio, tal como enseña el ritual simbólico (Levítico 16:16). ¿Por qué serán borrados? Porque Cristo presentará su sangre para un perdón de pecados final. Los pecados serán borrados en virtud de la sangre de Cristo.
  • “para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” es otra promesa en tiempo futuro: el derramamiento del Espíritu Santo bajo la forma de lluvia tardía, se otorga como RESULTADO de que los pecados han sido borrados, y porque Cristo habrá presentando su justicia perfecta para que el hombre reciba una justificación o aceptación final. Tanto el ritual simbólico, como Hechos 3:19, enseñan que la lluvia tardía NO ES DADA para que el hombre pase el juicio! Sino que es otorgada como RESULTADO de que el creyente salió aprobado en el Juicio—en virtud de la justicia perfecta y perpetua de Cristo—y porque sus pecados fueron borrados en virtud de la sangre de Cristo.
  • “y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” otra promesa en tiempo futuro: después del derramamiento de la lluvia tardía, después que los aprobados la reciben para tener ese poder adicional necesario para dar el fuerte pregón de Apocalipsis 18, y después de que caigan las plagas de Apocalipsis 16, recién entonces viene Cristo por Segunda Vez.

CS pg. 669/3 (596.3) – “La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio. Esos son los ‘tiempos de refrigerio’ en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: ‘Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hechos 3:19, 20).”

CS pg. 539/1 (476.2) – “La obra del juicio investigador y el acto de borrar los pecados deben realizarse antes del segundo advenimiento del Señor. En vista de que los muertos han de ser juzgados según las cosas escritas en los libros, es imposible que los pecados de los hombres sean borrados antes del fin del juicio en que sus vidas han de ser examinadas. Pero el apóstol Pedro dice terminantemente que los pecados de los creyentes serán borrados ‘cuando vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hechos 3:19, 20). Cuando el juicio investigador haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada cual según sus obras.”

Cuando el sumo sacerdote terrenal entraba a quemar incienso con el incensario al lugar santísimo en el día de expiación simbólico (Levítico 16:12-13), el incienso no dejaba de simbolizar la justicia perfecta de Cristo! ¡Seguía simbolizando una justicia ajena y completamente FUERA del israelita! Asimismo, cuando el sumo sacerdote terrenal entraba al lugar santísimo el 10 de mes séptimo, no entraba con la sangre del israelita, sino con una sangre ajena y completamente FUERA del israelita (Levítico 16:15)!

Esto es lo que el ritual simbólico, la Palabra de Dios, nos enseña con símbolos y representaciones. Ahora, si los seres humanos quieren inventarse teorías de que el hombre debe recibir la lluvia tardía para pasar el juicio, de que tienen que salir al campo para recibir la lluvia tardía, de que tienen que celebrar las fiestas caducadas del ritual simbólico para ser aceptados, o cualquiera de esas mentiras, esa será una decisión propia. Dios no obliga a los hombres a creer la verdad y permite que los hombres vayan en pos de dioses ajenos. A nadie se le pone una pistola en la cabeza para que crea una mentira. Y por mucho que creamos una mentira, la mentira nunca se convierte en verdad.

Al buscar salvarse por sus propios méritos, por su propia justica, los hombres simplemente demuestran que—aunque profesan ser cristianos—ODIAN a Cristo, REPUDIAN su obediencia perfecta, y ABORRECEN su Sacerdocio. No quieren mirar a Cristo, porque su orgullo les impide mirar fuera de sí mismos, pues se creen excelentes personas. Rechazan la Amonestación del Testigo Fiel ahora y serán derrotados cuando la apostasía haya terminado.

3MS pg. 449.2 – “Satanás, con la cooperación de sus ángeles y los hombres malvados, desplegará todo esfuerzo posible para obtener la victoria, y parecerá estar teniendo éxito. Pero la verdad y la justicia saldrán de este conflicto, coronadas de triunfante victoria. Los que han creído en una mentira serán derrotados, porque los días de la apostasía habrán terminado.”

TM pg. 437.1 – “Dios no condenará a nadie en el juicio porque honradamente haya creído una mentira, o concienzudamente haya albergado el error; sino porque descuidó las oportunidades de familiarizarse con la verdad. El incrédulo será condenado, no porque fue incrédulo, sino porque no aprovechó los medios que Dios puso a su alcance para que pudiese llegar a ser cristiano.”

CS pg. 484/1 (426.2) – “Los hombres no pueden rechazar impunemente los avisos que Dios les envía en su misericordia. Un mensaje fue enviado del cielo al mundo en tiempo de Noé, y la salvación de los hombres dependía de la manera en que aceptaran ese mensaje. Por el hecho de que ella había rechazado la amonestación, el Espíritu de Dios se retiró de la raza pecadora que pereció en las aguas del diluvio. En tiempo de Abrahán la misericordia dejó de alegar con los culpables vecinos de Sodoma, y todos, excepto Lot con su mujer y dos hijas, fueron consumidos por el fuego que descendió del cielo. Otro tanto sucedió en días de Cristo. El Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de aquella generación: ‘He aquí vuestra casa os es dejada desierta’ (Mateo 23:38). Considerando los últimos días, el mismo Poder Infinito declara respecto de los que ‘no recibieron el amor de la verdad para ser salvos’: ‘Por lo tanto, les envía Dios operación de error, para que crean a la mentira; para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad’ (2 Tesalonicenses 2:10-12). A medida que se rechazan las enseñanzas de su Palabra, Dios retira su Espíritu y deja a los hombres en brazos del engaño que tanto les gusta.

“Pero Cristo intercede aún por el hombre, y se otorgará luz a los que la buscan.”

Fue Satanás quien pervirtió la fe de Israel utilizando a los sacerdotes (los encargados de enseñar al pueblo) para que, en lugar de enseñar al pueblo la verdad y a mirar más allá del símbolo, mas bien confiaran en los ritos mismos y lo hicieran como un medio de obtener bendición por sus propias obras.

DTG pg. 26.3 – “Mediante el paganismo, Satanás había apartado de Dios a los hombres durante muchos siglos; pero al pervertir la fe de Israel había obtenido su mayor triunfo. Al contemplar y adorar sus propias concepciones, los paganos habían perdido el conocimiento de Dios, y se habían ido corrompiendo cada vez más. Así había sucedido también con Israel. El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado.”

DTG pg. 27.1 – “El pueblo a quien Dios había llamado para ser columna y base de la verdad, había llegado a ser representante de Satanás. Hacía la obra que éste deseaba que hiciese, y seguía una conducta que representaba falsamente el carácter de Dios y le hacía considerar por el mundo como un tirano. Los mismos sacerdotes que servían en el templo habían perdido de vista el significado del servicio que cumplían. Habían dejado de mirar más allá del símbolo, a lo que significaba. Al presentar las ofrendas de los sacrificios, eran como actores de una pieza de teatro. Los ritos que Dios mismo había ordenado eran trocados en medios de cegar la mente y endurecer el corazón. Dios no podía hacer ya más nada para el hombre por medio de ellos. Todo el sistema debía ser desechado.”

Y el sistema de la ley ceremonial fue en verdad DESECHADO por Dios PARA SIEMPRE con la muerte de Cristo en la cruz. Pero aún hoy día existen seres humanos engañados que celebran las fiestas y sábados ceremoniales desechadas, y como actores de una pieza de teatro cumplen ritos pensando que estos ritos son necesarios para su salvación, pues como están ciegos de mente y duros de corazón, no pueden ver más allá de los símbolos.

Otros, en cambio, cometen el error opuesto y utilizan las citas bíblicas que hablan del fin de la ley ceremonial para enseñar el error de que la ley moral—los Diez Mandamientos—fue clavada en la cruz. Pero esto es pervertir las Escrituras, como ya leímos anteriormente.

La doctrina de la justificación por la fe, no elimina tampoco el deber del hombre para con la ley de Dios—la santificación personal. Pues, el hombre es llamado a retener la justificación y el perdón diariamente. Por ello es necesario el Servicio Diario Celestial, para poder retener tanto la justificación y el perdón, y para recibir el bautismo diario del Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana o arras (2 Corintios 1:22).

FO pg. 103.1 – “Pero al paso que Dios puede ser justo y sin embargo justificar al pecador por los méritos de Cristo, nadie puede cubrir su alma con el manto de la justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos, o descuide deberes conocidos. Dios requiere la entrega completa del corazón antes de que pueda efectuarse la justificación. Y a fin de que el hombre retenga la justificación, debe haber una obediencia continua mediante una fe activa y viviente que obre por el amor y purifique el alma.”

La Conversión de Nicodemo

Después que Nicodemo llegó a mirar fuera de sí mismo, y aprendió a mirar más allá de los símbolos de la ley ceremonial; y luego de que llegó a tener convicción de pecado, entonces RECIEN llegó a ser un hombre convertido, un verdadero discípulo de Cristo, una nueva criatura que “nació de nuevo”.

Antes de su entrevista oculta con Cristo, Nicodemo pensaba satisfacer la demanda de obediencia perfecta para justificación de Romanos 2:13 con su propia justicia—sin justicia de Cristo, sin Espíritu Santo habitando en él, sin misericordia de Dios Padre. Y Nicodemo pensaba satisfacer la demanda de ser sin mancha de pecado, de Levítico 20:7; 1 Pedro 1:15-16 , con su “linaje de Abraham”—que según pensaba, era todo suficiente para ser aceptado.

Pero después de su entrevista con Cristo, Nicodemo entendió que no podía satisfacer la demanda de obediencia perfecta de Romanos 2:13 pues por naturaleza no tenía capacidad natural para amar (Juan 5:42), y que necesitaba de la justicia perfecta y perdurable de Cristo como Hombre, de Jeremías 23:6 y Daniel 9:24, la cual es toda suficiente para satisfacer dicha demanda. También comprendió que su naturaleza estaba manchada de pecado desde su engendramiento (Salmos 51:5; 58:3), y por lo tanto así sea linaje de Abraham igual era pecador desde el vientre (Isaías 48:8; Salmos 58:3); y por lo tanto únicamente la naturaleza sin mancha de pecado de Cristo como Hombre (Lucas 1:35) puede satisfacer la demanda de 1 Pedro 1:15-16.

Nicodemo comprendió que tenía una deuda impagable (Mateo 18:24), y cuando vio a Cristo colgado en la cruz comprendió por qué el Mesías Príncipe había muerto como Hombre.

DTG pg. 148.1 – “En la entrevista con Nicodemo, Jesús reveló el plan de salvación y su misión en el mundo. En ninguno de sus discursos subsiguientes, explicó él tan plenamente, paso a paso, la obra que debe hacerse en el corazón de cuantos quieran heredar el reino de los cielos. En el mismo principio de su ministerio, presentó la verdad a un miembro del Sanedrín, a la mente mejor dispuesta para recibirla, a un hombre designado para ser maestro del pueblo. Pero los dirigentes de Israel no recibieron gustosamente la luz. Nicodemo ocultó la verdad en su corazón, y durante tres años hubo muy poco fruto aparente.

“Pero Jesús conocía el suelo en el cual había arrojado la semilla. Las palabras pronunciadas de noche a un solo oyente en la montaña solitaria no se perdieron. Por un tiempo, Nicodemo no reconoció públicamente a Cristo, pero estudió su vida y meditó sus enseñanzas. En los concilios del Sanedrín, estorbó repetidas veces los planes que los sacerdotes hacían para destruirle. Cuando por fin Jesús fue alzado en la cruz, Nicodemo recordó la enseñanza que recibiera en el monte de las Olivas: ‘Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.’ La luz de aquella entrevista secreta iluminó la cruz del Calvario, y Nicodemo vio en Jesús el Redentor del mundo.”

La Perla de Gran Precio

Mateo 13:45-46 – “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”

En la parábola de la perla, Cristo hace diferencia entre la buena y la mala perla. Cristo es la buena perla, y su justicia perfecta es la perla preciosa—una obediencia perfecta y perpetua que satisface la demanda de Romanos 2:13.

1MS pg. 391.3 – “Venid, pues, buscad y encontraréis. El depósito de poder está abierto, es pleno y gratuito. Venid con corazón humilde, sin pensar que debéis hacer alguna buena obra para merecer el favor de Dios, o que debéis haceros mejores antes de que podáis venir a Cristo. Sois impotentes para hacer el bien y no podéis mejorar vuestra condición. Fuera de Cristo no tenéis ningún mérito, ninguna justicia. Nuestra pecaminosidad, nuestra debilidad, nuestra imperfección humana hacen imposible que aparezcamos delante de Dios a menos que seamos revestidos con la justicia inmaculada de Cristo. Hemos de ser hallados en él sin tener nuestra propia justicia, sino la justicia que es en Cristo. Luego, en el nombre que está por encima de todo nombre, el único nombre dado a los hombres por el que podamos ser salvos, reclamad la promesa de Dios diciendo: ‘Señor, perdona mi pecado. Pongo mis manos en las tuyas en procura de ayuda, y debo recibirla, o perezco. Ahora creo’. El Salvador dice al pecador arrepentido: ‘Nadie viene al Padre, sino por mí’ (Juan 14:6), ‘y al que a mí viene, no le echo fuera’ (Juan 6:37). ‘Yo soy tu salvación’ (Salmos 35:3).”

Ninguna “buena obra” del hombre puede mejorar su condición ante Dios y ante la Ley. Sin embargo, el ser humano busca agregar como sea posible su obediencia contaminada por su pecado para ser aceptado. Al hacer esto, el ser humano rechaza a Cristo como su salvación, como su justicia. Al rechazar la justicia inmaculada de Cristo—inmaculada, pues no proviene de un ser humano egoísta y con mancha de pecado, sino de un Hombre “sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19)—se rechaza el vestido de boda preparado gratuitamente para la humanidad (Mateo 22:4). El ser humano que quiere pasar el Juicio, agregando su propia justicia, rechazando la justicia ajena que pertenece a Cristo como Hombre, es equivalente a ese hombre que en ocasión del examen o juicio del rey, fue hallado falto pues se presentó sin el vestido de boda—sin la justicia perfecta e inmaculada de Cristo (Mateo 22:11-12). Ahora podemos presentar teorías, fábulas y excusas para querer presentar nuestra obediencia o para “cooperar” con la justicia de Cristo, pero en el día final, toda boca enmudecerá.

Mateo 22:11-12 – “Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Si bien la parábola de la perla preciosa, también simboliza al reino de los cielos, en el contexto de nuestro estudio simboliza a Cristo como la perla preciosa y como Aquel que busca las “buenas perlas.” ¿Y quiénes son esas buenas perlas?

PVGM pg. 90.1 – “La parábola del tratante que busca buenas perlas tiene un doble significado: se aplica no solamente a los hombres que buscan el reino de los cielos, sino también a Cristo, que busca su herencia perdida. Cristo, el comerciante celestial, que busca buenas perlas, vio en la humanidad extraviada la perla de gran precio. En el hombre, engañado y arruinado por el pecado, vio las posibilidades de la redención. Los corazones que han sido el campo de batalla del conflicto con Satanás, y que han sido rescatados por el poder del amor, son más preciosos para el Redentor que aquellos que nunca cayeron. Dios dirigió su mirada a la humanidad no como a algo vil y sin mérito; la miró en Cristo, y la vio como podría llegar a ser por medio del amor redentor. Reunió todas las riquezas del universo, y las entregó para comprar la perla. Y Jesús, habiéndola encontrado, la vuelve a engastar en su propia diadema. ‘Serán engrandecidos en su tierra como piedras de corona’. ‘Y serán míos, dijo Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer tesoro’ (Zacarías 9:16; Malaquías 3:17).

“Pero Cristo como perla preciosa, y nuestro privilegio de poseer este tesoro celestial, es el tema en el cual más necesitamos meditar. Es el Espíritu Santo el que revela a los hombres el carácter precioso de la buena perla. El tiempo de la manifestación del poder del Espíritu Santo es el tiempo en que en un sentido especial el don del cielo es buscado y hallado. En los días de Cristo, muchos oyeron el Evangelio, pero sus mentes estaban oscurecidas por las falsas enseñanzas, y no reconocieron en el humilde Maestro de Galilea al Enviado de Dios. Mas después de la ascensión de Cristo, su entronización en el reino de la mediación fue señalada por el descenso del Espíritu Santo. En el día de Pentecostés fue dado el Espíritu. Los testigos de Cristo proclamaron el poder del Salvador resucitado. La luz del cielo penetró las mentes entenebrecidas de aquellos que habían sido engañados por los enemigos de Cristo. Ellos lo vieron ahora exaltado a la posición de ‘Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados’ (Hechos 5:31). Lo vieron circundado de la gloria del cielo, con infinitos tesoros en sus manos para conceder a todos los que se volvieran de su rebelión. Al presentar los apóstoles la gloria del Unigénito del Padre, tres mil almas se convencieron. Se vieron a sí mismos tales cuales eran, pecadores y corrompidos, y vieron a Cristo como su Amigo y Redentor. Cristo fue elevado y glorificado por el poder del Espíritu Santo que descansó sobre los hombres. Por la fe, estos creyentes vieron a Cristo como Aquel que había soportado la humillación, el sufrimiento y la muerte, a fin de que ellos no pereciesen, sino que tuvieran vida eterna. La revelación que el Espíritu hizo de Cristo les impartió la comprensión de su poder y majestad, y elevaron a él sus manos por la fe, diciendo: ‘Creo’.”

La “buena perla” es el ser humano que deja de estar “entenebrecido por las falsas enseñanzas de los enemigos de Cristo” que le mienten y le dicen: “¡el hombre no nace pecador, sino que se hace pecador!”; “¡cómo vas a nacer pecador, esa es doctrina católica!”; “¡cómo vas a ser pecador, si ya te bautizaste!”; “¡cómo vas a ser pecador si eres hijo de cristianos, eso es para los gentiles!”; “¡cómo no vas a tener capacidad para amar, Juan 5:42 Cristo les dijo a los judíos!”; “¡hay que celebrar las fiestas porque la ley es toda la Torá!”; “¡hay que recibir la lluvia tardía para pasar el juicio!”; “¡hay que salir al campo para recibir la lluvia tardía!”; “¡en la justificación el hombre es hecho justo!”; y como esas mentiras le agradan a nuestro oído incircunciso que por naturaleza odia a Cristo y desea ser aceptado en sí mismo, con su propia justicia y con la justicia de Cristo solamente de adorno, entonces el espíritu del farisaísmo se manifiesta en su máximo esplendor, y la mente se cierra tercamente al trabajo del Espíritu Santo.

Pero la “buena perla”, tal como leemos en PVGM pg. 90.2, se ve a sí mismo tal como es: pecador y corrompido por el pecado. La buena perla acepta lo que la Palabra de Dios dice del ser humano, y porque sus propios actos, deseos, pensamientos y naturaleza testifican y comprueban que: es hijo del Diablo (Juan 8:44); que no tiene capacidad natural para amar (Juan 5:42); que en lugar de amar, odia la Ley (Jeremías 6:19); que es pecador desde el vientre de su madre (Salmos 51:5; 58:3), y su naturaleza está depravada por el pecado (Isaías 1:4).

Porque únicamente un ser humano que entiende su verdadera condición ante Dios podrá ver a Cristo como la perla preciosa, como el tesoro más grande de su vida, y por lo tanto “fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:46). La justicia perfecta de Cristo fue preparada para toda la humanidad, gratis, y sin acepción de personas. Pero es el ser humano y su corazón de piedra (Ezequiel 11:19), quien lucha para poder ser aceptado por sus propios méritos y termina rechazando la única justicia capaz de satisfacer las demandas de la Ley de Dios—la justicia de Cristo.

En PVGM pg. 90.1 se presenta a los corazones humanos como un “campo de batalla”, pues cuando se presenta la Amonestación del Testigo Fiel que nos dice que somos “miserables, pobres, ciegos, y desnudos”, mientras que nos creemos “ricos” (Apocalipsis 3:17), se desencadena una batalla interna, entre lo que está escrito y lo que nos han mentido.

Nos han mentido que nacemos “santos angelitos”,  mientras que la Palabra dice que somos “hijos depravados” (Isaías 1:4). Nos han mentido que nacemos buenos pero luego nos hacemos malos, mientras que la Palabra dice que somos rebeldes y mentirosos desde el engendramiento (Isaías 48:8; Salmos 58:3). Nos han mentido que somos hijos de Dios, cuando la Palabra dice que la descendencia de Adán caído en pecado somos todos hijos del diablo (Hechos 17:26; Juan 8:44). Nos han mentido que somos capaces de amar, mientras que la Palabra dice que no tenemos el don sobrenatural del amor (Juan 5:42; Gálatas 5:22-23). Nos han mentido que el amor es un sentimiento, mientras que la Palabra dice que el amor es un PRINCIPIO, que se manifiesta en OBEDIENCIA a la Ley (Romanos 13:10; 1 Juan 5:3).

La Palabra de Dios, al hablar la verdad sobre la naturaleza humana, produce una lucha interna en la persona que lucha contra lo que Dios dice, y las mentiras que el ser humano tiene de sí mismo, pues el ser humano tiene un alto concepto de sí mismo (Romanos 12:3), y se cree una excelente persona—se cree rico sin ninguna necesidad de nacer de nuevo.

La Parábola de la Red

Mateo 13:47-50 – “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

En la parábola de la red, Cristo utilizó símbolos que eran fáciles de reconocer para su audiencia, ya que muchos de ellos eran pescadores. Cristo les invitó a meditar en su propio oficio de ir a pescar, para que después—una vez sacada la red llena de toda clases de peces—ir a la orilla para entonces recién escoger y hacer separación entre peces buenos y peces malos. Si el pez es un símbolo del ser humano, entonces ¿cuál es el pez bueno y cuál es el pez malo?

Como el corazón natural del ser humano es “engañoso” y “perverso” (Jeremías 17:9), y como el ser humano tiene una tendencia natural a tener un concepto demasiado elevado de sí mismo (Romanos 12:3; 2 Timoteo 3:2), entonces cuando leemos “pez bueno” razonamos que ese pez bueno es una “persona buena en sí misma.” Y por lo tanto, ese pez bueno soy yo, ya que yo me considero a mí mismo una “persona buena.” Y esos peces malos son los demás que son “malos.” O incluso podemos pensar que los “peces buenos” son aquellas personas que asisten a nuestro culto religioso, y los “peces malos” son las personas que no asisten o que no comparten nuestras mismas creencias.

PVGM pg. 93.2 – “El echar la red es la predicación del Evangelio. Esto reúne en la iglesia tanto a buenos como a malos. Cuando se complete la misión del Evangelio, el juicio realizará la obra de separación. Cristo vio cómo la existencia de los falsos hermanos en la iglesia haría que se hablase mal del camino de la verdad. El mundo injuriaría el Evangelio a causa de las vidas inconsecuentes de los falsos cristianos. Esto haría que hasta los mismos creyentes tropezaran al ver que muchos que llevaban el nombre de Cristo no eran dirigidos por su Espíritu. A causa de que estos pecadores habían de estar en la iglesia, los hombres estarían en peligro de pensar que Dios disculpaba sus pecados. Por lo tanto, Cristo levanta el velo del futuro, y permite que todos contemplen que es el carácter, y no la posición, lo que decide el destino del hombre.

“Tanto la parábola de la cizaña como la de la red enseñan claramente que no hay un tiempo en el cual todos los malos se volverán a Dios. El trigo y la cizaña crecen juntos hasta la cosecha. Los buenos y los malos peces son llevados juntamente a la orilla para efectuar una separación final.

“Además, estas parábolas enseñan que no habrá más tiempo de gracia después del juicio. Una vez concluida la obra del Evangelio, sigue inmediatamente la separación de los buenos y los malos, y el destino de cada clase de personas queda fijado para siempre.”

El echar la red es un símbolo de la predicación del Evangelio, que al igual que cuando se realiza la pesca, atrae en su red tanto a “peces buenos” como “peces malos.” Y es en el juicio cuando se hará la separación final entre el pez bueno y el pez malo.

¿Cómo es que el pescador israelita hacía diferencia entre pez bueno y pez malo?

Por medio de la LEY. La Ley de Levítico 11:9-12 era la norma del israelita para hacer distinción entre un pez bueno para consumir y un pez malo.

“Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación.”

Asimismo hay una LEY que es la norma de ese Juicio donde se hará distinción entre hombre “bueno” y hombre “malo.” Esa LEY, es la Ley Moral, la Ley eterna e inmutable—los Diez Mandamientos.

Eclesiastés 12:13-14 – “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”

Muchas personas intentan hacer un solo paquete de la Ley Moral y la ley ceremonial, ya sea para abolirla completamente o para llevar a la gente a celebrar las fiestas y ceremonias caducadas de la ley ceremonial. Es cierto que una ley fue clavada en la cruz: la ley de las fiestas y sábados ceremoniales, pues esta ley era una “sombra” de Cristo… eran símbolos y representaciones que apuntaban al Cordero Pascual que quita el pecado del mundo, tal como está escrito:

Colosenses 2:14-17 – “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

Para cumplir la ley ceremonial se debía seguir “la luna nueva” pues el calendario bíblico es un calendario lunar. Y esta ley ceremonial tenía “días de fiesta” y “días de reposo” con una FECHA y MES específicos de ese calendario lunar. Esa ley ceremonial, dentro de dichas fiestas y sábados ceremoniales, tenía también reglas en cuanto a la “comida” y la “bebida.” Por ejemplo, el 14 del mes primero era la Pascua (Levítico 23:5), rito en el cual debía ser sacrificado el cordero pascual. Luego el 15 del mes primero empezaba la fiesta de los panes sin levadura y esta fiesta duraba siete días (Levítico 23:6-8)—del 15 al 21 del mes primero o Abib—y durante estos siete días los israelitas no podían comer pan con levadura (Éxodo 23:15). Tanto el primer día 15, como el último día de la fiesta—el 21—eran sábados ceremoniales, es decir “feriados” que tenían FECHA y MES específicos (Levítico 23:7,-8). Estos días de reposo ceremoniales tenían las mismas restricciones del día de reposo del Cuarto Mandamiento (Levítico 23:3). Luego el 16 del mes primero era la presentación de la primicia de las gavillas (Levítico 23:10-11).

¿De qué manera era la pascua, la fiesta de los panes sin levadura, la presentación de la primicia de las gavillas, una “sombra” de Cristo?

De manera profética, la pascua y la fiesta de los panes ázimos estaba anunciando la primera parte del plan de redención, que es el Evangelio—la obra acabada y perfecta de Cristo en esta tierra.

Cristo fue crucificado en la cruz un 14 de mes primero del año 31 de la era cristiana, que en ese año fue un día sexto de la semana (comúnmente llamado viernes), tal como está escrito en Juan 19:14. Y murió a la hora novena (Marcos 15:34, 37), a la hora predicha por la inmolación del cordero pascual (Levítico 23:6). A Cristo no se le rompió ningún hueso (Juan 19:33), tal como no se debía romper ningún hueso del cordero pascual (Éxodo 12:46). Y en este contexto la levadura simboliza el pecado, por eso el pan sin levadura simbolizaba a Cristo como Hombre que está libre de pecado y libre de mancha de pecado. Por esta razón el apóstol Pedro, le describe a Cristo como “el cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19); y Cristo mismo, hablando de sí mismo dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:51).

Luego, el 15 del mes primero del año 31 no sólo fue un sábado ceremonial, sino también un sábado semanal del Cuarto Mandamiento (Juan 19:31), y Cristo pasó ese día reposando en la tumba de José de Arimatea (Mateo 27:57-61; Lucas 23:50-56), para descansar de la obra que había terminado de hacer (Juan 17:4; 19:30), tal y como reposó el séptimo día luego de terminar la obra de creación de este planeta tierra (Génesis 2:3). Cristo, reposó y guardó la ley del Cuarto Mandamiento y dio cumplimiento al reposo profético simbolizado por el sábado ceremonial del 15 de Abib.

Luego, el 16 del mes primero del año 31 Cristo resucitó de entre los muertos (Juan 20:1-9), como “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20), tal y como esta profetizado por la presentación de las primicias de las gavillas del 16 de Abib en la ley ceremonial.

Es por estas razones que Pablo describe a Cristo como “nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7), y como nuestra “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Y por esto dice categóricamente que “nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra” de Cristo (Colosenses 2:16). No tenemos ya que seguir guardando las “lunas nuevas” del calendario bíblico para celebrar la pascua o las fiestas o sábados ceremoniales, ni tenemos que comer pan sin levadura durante siete días del 15 al 21 de Abib. Toda esta ley ceremonial fue abolida y clavada en la cruz (Colosenses 2:14).

PERO, acerca de los Diez Mandamientos, el mismo apóstol Pablo dice también de manera categórica:

“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12), porque “yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7). La única definición de pecado, es la que da la Biblia: “pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4), por eso Pablo dice “yo no conocí el pecado sino por la ley” y dice que no sabría que la codicia es pecado, si no hubiera una ley que dice “No codiciarás” (Éxodo 20:17)—esa Ley es la LEY MORAL, los Diez Mandamientos, que define QUE ES PECADO y es la norma de Juicio que debe determinar si una persona es “buena” o “mala.”

CS pg. 522/1 (462.1) – “‘La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma’ (Salmos 19:7). Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo.”

¿Y cuáles son las demandas de esta Ley para que el hombre sea aceptado o justificado?

  1. Obediencia perfecta y perpetua a la Ley (Romanos 2:13).
  2. Un carácter perfecto (Mateo 5:48).
  3. Una naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).
  4. Una vida justa (Levítico 18:4-5).

Si el hombre no satisface si quiera una de estas demandas entonces la Ley lo condena:

La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), la muerte segunda de Apocalipsis 21:8 y Ezequiel 18:4.

¿Y qué dice la Palabra de Dios acerca de la naturaleza del ser humano después de la caída en el pecado?

El hombre no puede obedecer perfectamente la Ley, porque el corazón natural no tiene capacidad para amar a Dios ni a su prójimo (Juan 5:42; Jeremías 6:10), y además aborrece la Ley (Jeremías 6:19). De acuerdo a Romanos 13:10, “el cumplimiento de la ley es el amor,” es decir: el amor OBEDECE. Este amor, es un principio de origen celestial y es un don sobrenatural o espiritual (Gálatas 5:22).

El hombre, por naturaleza, está atestado de toda injusticia (Romanos 1:29), y no tiene misericordia (Romanos 1:31), por lo tanto no pose el carácter perfecto que la Ley de Dios demanda para que sea aceptado.

Desde el momento que el ser humano es engendrado está manchado y contaminado por el pecado (Salmos 51:5; 58:3), por lo tanto desde el vientre está rechazado y no puede satisfacer la demanda de ser sin mancha de pecado en sí mismo.

Jeremías 2:22 – “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.”

Los seres humanos pueden fabricar fábulas de que el ser humano nace “puro”, “bueno”, y “santo”, pero “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12), y nos dice claramente que el ser humano descendiente de Adán y Eva caídos en pecado poseemos una naturaleza depravada (Isaías 1:4) y con mancha de pecado que no la podemos lavar ni con lejía ni con ninguna fábula humana (Jeremías 2:22). Esa mancha de pecado, esa corrupción en nuestra naturaleza, sólo será borrada cuando Cristo venga por Segunda Vez, y sólo en los redimidos que hayan salido aprobados en el Juicio.

1 Corintios 15:47-53 – “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

Escrito está que “no hay justo ni aun uno” (Romanos 3:10), por lo tanto el hombre en sí mismo es injusto y su vida es injusta.

CC pg. 62.2 – “Antes que Adán cayese le era posible desarrollar un carácter justo por la obediencia a la ley de Dios. Mas no lo hizo, y por causa de su caída tenemos una naturaleza pecaminosa y no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Si os entregáis a El y le aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis contados entre los justos, por consideración hacia El. El carácter de Cristo reemplaza el vuestro, y sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado.”

A menos que el hombre pecador acepte que no tiene capacidad natural para amar, que su carácter es imperfecto, que es pecador desde que fue engendrado pues desde el vientre está manchado y contaminado por el pecado, y que es injusto y su vida es injusta, JAMAS tendrá genuina necesidad de un SUSTITUTO en la vida—Cristo como Hombre. No tendrá necesidad de la justicia perfecta de Cristo (Juan 15:10), de su naturaleza sin mancha de pecado (Lucas 1:35), ni de su carácter perfecto, ni de su vida justa que reemplaza la vida imperfecta e injusta del pecador arrepentido (Filipenses 2:8).

DTG pg. 710.3 – “La ley requiere justicia, una vida justa, un carácter perfecto; y esto no lo tenía el hombre para darlo. No puede satisfacer los requerimientos de la santa ley de Dios. Pero Cristo, viniendo a la tierra como hombre, vivió una vida santa y desarrolló un carácter perfecto. Ofrece éstos como don gratuito a todos los que quieran recibirlos. Su vida reemplaza la vida de los hombres. Así tienen remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios. Más que esto, Cristo imparte a los hombres atributos de Dios. Edifica el carácter humano a la semejanza del carácter divino y produce una hermosa obra espiritualmente fuerte y bella. Así la misma justicia de la ley se cumple en el que cree en Cristo. Dios puede ser ‘justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús’ (Romanos 3:26).”

Debido a que el hombre no satisface en sí mismo los requerimientos de la Ley de Dios para ser aceptado, el hombre está bajo condenación de la Ley: por los actos que comete (Mateo 5:21, 27); por las miradas sensuales (Mateo 5:28); porque odia (1 Juan 3:15); por sus pensamientos e intenciones (Génesis 6:5); y porque la Ley condena su naturaleza con mancha de pecado (Salmos 51:5; 58:3; Isaías 48:8).

DMJ pg. 47.1 – “Dado que la ley del Señor es perfecta y, por lo tanto, inmutable, es imposible que los hombres pecaminosos satisfagan por sí mismos la medida de lo que requiere. Por eso vino Jesús como nuestro Redentor. Era su misión, al hacer a los hombres participes de la naturaleza divina, ponerlos en armonía con los principios de la ley del cielo. Cuando renunciamos a nuestros pecados y recibimos a Cristo como nuestro Salvador, la ley es ensalzada. Pregunta el apóstol Pablo: ‘¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley’ (Romanos 3:31).”

El “pez bueno”

Entonces, si el hombre representado por el “pez bueno” NO es una persona buena en sí misma, sino que es, al igual que el “pez malo”, una persona que en sí misma naturalmente NO tiene capacidad para amar (Juan 5:42), tiene un corazón perverso y engañoso (Jeremías 17:9), es una persona que por naturaleza ODIA la Ley y la Palabra de Dios (Jeremías 6:10, 19), es un pecador (Lucas 5:32), una persona que NO puede satisfacer en sí misma las demandas de la Ley de Dios y por lo tanto esta bajo condenación y separado de Dios…

¿Qué es lo que lo diferencia del pez malo?

PVGM pg. 122.3 – “Pero debemos tener un conocimiento de nosotros mismos, un conocimiento que nos lleve a la contrición, antes de que podamos encontrar perdón y paz. El fariseo no sentía ninguna convicción de pecado. El Espíritu Santo no podía obrar en él. Su alma estaba revestida de una armadura de justicia propia que no podía ser atravesada por los aguzados y bien dirigidos dardos de Dios arrojados por manos angélicas. Cristo puede salvar únicamente al que reconoce que es pecador. El vino ‘para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados’. Pero ‘los que están sanos no necesitan médico’ (Lucas 4:18; 5:31). Debemos conocer nuestra verdadera condición, pues de lo contrario no sentiremos nuestra necesidad de la ayuda de Cristo. Debemos comprender nuestro peligro, pues si no lo hacemos, no huiremos al refugio. Debemos sentir el dolor de nuestras heridas, o no desearemos curación.”

DMJ pg. 12.1 – “A los que habían razonado: ‘Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad’ (Apocalipsis 3:17), Jesús presentó la copa de bendición, mas rehusaron con desprecio el don que se les ofrecía tan generosamente. El que se cree sano, el que se considera razonablemente bueno y está satisfecho de su condición, no procura participar de la gracia y justicia de Cristo. El orgullo no siente necesidad y cierra la puerta del corazón para no recibir a Cristo ni las bendiciones infinitas que él vino a dar. Jesús no encuentra albergue en el corazón de tal persona. Los que en su propia opinión son ricos y honrados, no piden con fe la bendición de Dios ni la reciben. Se creen saciados, y por eso se retiran vacíos. Los que comprenden bien que les es imposible salvarse y que por sí mismos no pueden hacer ningún acto justo son los que aprecian la ayuda que les ofrece Cristo. Estos son los pobres en espíritu, a quienes él llama bienaventurados. Primeramente, Cristo produce contrición en quien perdona, y es obra del Espíritu Santo convencer de pecado. Aquellos cuyos corazones han sido conmovidos por el convincente Espíritu de Dios reconocen que en sí mismos no tienen ninguna cosa buena. Saben que todo lo que han hecho está entretejido con egoísmo y pecado. Así como el publicano, se detienen a la distancia sin atreverse a alzar los ojos al cielo, y claman: ‘Dios, sé propicio a mí, pecador’ (Lucas 18:13). Ellos reciben la bendición. Hay perdón para los arrepentidos, porque Cristo es ‘el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (Juan 1:29). Esta es la promesa de Dios: ‘Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana’ (Isaías 1:18). ‘Os daré corazón nuevo… Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu’ (Ezequiel 36:26-27).”

El “pez bueno” es la persona que reconoce que en sí misma no tiene ninguna cosa buena, y que reconoce que toda “buena obra” que realiza está contaminada con su egoísmo y mancha de pecado (Isaías 64:6). Es la persona que se reconoce mala, por lo tanto no está satisfecha con su condición, y deja a un lado el orgullo—que es otro atributo de su padre el diablo (Juan 8:44)—para aceptar la amonestación del Testigo Fiel que fielmente le describe como “pobre, miserable, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17). Se ve a sí mismo “desnudo” de los dones espirituales de Gálatas 5:22-23. Es la persona que comprende, no sólo porque la Palabra de Dios se lo dice (Juan 5:42), sino por sus propios actos, deseos, malos pensamientos e inclinaciones naturales, que NO TIENE CAPACIDAD NATURAL PARA AMAR. Es la persona que sabe diferenciar entre el AMOR bíblico que OBEDECE la Ley (Romanos 13:10; 1 Juan 5:3), y el falso amor que nos vende el mundo, que es sentimentalismo barato y pura pasión irracional y temporal.

HC pg. 41.5 – “El amor … no es irracional ni ciego. Es puro y santo. Pero la pasión del corazón natural es otra cosa completamente distinta. Mientras que el amor puro considera a Dios en todos sus planes y se mantendrá en armonía perfecta con el Espíritu de Dios, la pasión se manifestará temeraria e irracional, desafiará todo freno y hará un ídolo del objeto de su elección. En todo el comportamiento de quien posee verdadero amor, se revelará la gracia de Dios. La modestia, la sencillez, la sinceridad, la moralidad y la religión caracterizarán cada paso que dé hacia una alianza matrimonial. Los que son así gobernados no se verán absorbidos por su compañía mutua; a costa de su interés en la reunión de oración y el servicio religioso. Su fervor por la verdad no morirá porque descuiden las oportunidades y los privilegios que Dios les ha concedido misericordiosamente.”

CMC pg. 28.1 – “El egoísmo es el impulso humano más poderoso y más generalizado, y debido a esto la lucha del alma entre la simpatía y la codicia constituye una prueba desigual; porque mientras el egoísmo es la pasión más fuerte, el amor y la benevolencia son con mucha frecuencia los sentimientos más débiles, y por regla general el maligno gana la victoria. Por lo tanto, al dar nuestro trabajo y nuestros dones a la causa de Dios, es peligroso dejarse controlar por los sentimientos o el impulso.”

CPI pg. 240.1 – “No es amor puro el que impulsa a un hombre a hacer de su esposa un instrumento que satisfaga su concupiscencia. Es expresión de las pasiones animales que claman por ser satisfechas. ¡Cuán pocos hombres manifiestan su amor de la manera especificada por el apóstol: ‘Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella [no para contaminarla, sino] para santificarla habiéndola purificado’, para ‘que fuese santa y sin mancha!’ Esta es la calidad del amor que en las relaciones matrimoniales Dios reconoce como santo. El amor es un principio puro y sagrado; pero la pasión concupiscente no admite restricción, no quiere que la razón le dicte órdenes ni la controle. No vislumbra las consecuencias; no quiere razonar de la causa al efecto.”

1JT pg. 265.2 – “El amor es un principio puro y sagrado; pero la pasión concupiscente no admite restricción, no quiere que la razón le dicte órdenes ni la controle. No vislumbra las consecuencias; no quiere razonar de la causa al efecto. Muchas mujeres están sufriendo de gran debilidad y constantes enfermedades debido a que se han despreciado las leyes de su ser; y se han pisoteado las leyes de la naturaleza. Hombres y mujeres despilfarran la fuerza nerviosa del cerebro, y la ponen en acción antinatural para satisfacer las pasiones bajas; y este monstruo odioso, la pasión baja y vil, recibe el nombre delicado de amor.”

El “pez bueno” es la persona que habiendo aceptado la Amonestación del Testigo Fiel—su verdadera condición (Apocalipsis 3:17), habiendo aceptado la vigencia de la Ley de Dios (Mateo 5:17; Salmos 119:44), y habiendo comprendido que en sí mismo es completamente incapaz de satisfacer sus santas demandas (Romanos 8:7), entonces tiene necesidad de Uno que en sí mismo pueda satisfacer las demandas de la Ley y pueda ser un Sustituto en la vida, Garante y Sustituto en la muerte, y Mediador del pecador arrepentido—Cristo como Hombre (Filipenses 2:8; 1 Timoteo 2:5).

Es por esto que la Palabra de Dios nos explica que el primer trabajo de Dios Espíritu Santo es el de convencernos de pecado.

Juan 16:8 – “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

Romanos 3:20 – “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

Una vez el hombre es convencido de su verdadera condición ante Dios Padre y la Ley, entonces el Espíritu Santo no nos abandona a la desesperación, sino que nos conduce al remedio para nuestra enfermedad, y nos muestra nuestra necesidad de un Salvador personal. Y así como el Espíritu Santo utiliza la Ley y la Palabra para convencernos de pecado, también utiliza la Ley y la Palabra para llevarnos a Cristo.

Juan 16:14 – “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Gálatas 3:24 – “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”

El “pez bueno” es el hombre que entonces tiene necesidad de la justicia perfecta de Cristo para poder ser aceptado o justificado (Jeremías 33:16) y tiene necesidad de la sangre de Cristo para que sus pecados puedan ser perdonados (Colosenses 1:14). Pero además tiene necesidad de que Cristo, en calidad de Sumo Sacerdote, interceda por él diariamente presentando su obediencia perfecta y su sangre diariamente a favor del pecador arrepentido (Hebreos 8:1-3). Es decir, el “pez bueno” tiene necesidad del Sacerdocio de Cristo en el Santuario Celestial (Hebreos 7:24; Hebreos 9:24). Además tiene necesidad de la misericordia de Dios Padre (Efesios 2:8) que es quien declara al inaceptable en sí mismo como aceptable en la persona de Cristo (Romanos 3:24; 4:6), y “llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17).

El “pez bueno” es la persona que no sólo se queda con la justificación por la fe, sino que—como resultado de estar siendo justificado diariamente y gratuitamente por gracia (Romanos 3:24)—además tiene la necesidad de que Cristo cumpla su promesa de rogar por nosotros y de enviar al Espíritu Santo bajo la forma de Agente Regenerador, o “lluvia temprana” (Juan 14:16; Joel 2:23), para que Dios Espíritu Santo pueda crear en el pecador arrepentido los dones espirituales de Gálatas 5:22-23 que el hombre por naturaleza no posee, y también pueda cumplir la promesa del Nuevo Pacto: entronizar la Ley de Dios en la mente y el corazón del creyente verdadero (Hebreos 8:10), para que así el “pez bueno” sea capacitado diariamente para aprender a obedecer la Ley de Dios verdadera y voluntariamente en el camino de la santificación.

Romanos 6:22 – “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”

DTG pg. 625.1 – “Al describir a sus discípulos la obra y el cargo del Espíritu Santo, Jesús trató de inspirarles el gozo y la esperanza que alentaba su propio corazón. Se regocijaba por la ayuda abundante que había provisto para su iglesia. El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino. El Espíritu es el que hace eficaz lo que ha sido realizado por el Redentor del mundo. Por el Espíritu es purificado el corazón. Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia.

“Acerca del Espíritu dijo Jesús: ‘El me glorificará’ (Juan 16:14). El Salvador vino para glorificar al Padre demostrando su amor; así el Espíritu iba a glorificar a Cristo revelando su gracia al mundo. La misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad. El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo.”

3MS pg. 154.3 – “El Espíritu Santo fue prometido para estar con los que estaban luchando por la victoria, como demostración de una fortaleza total, capacitando al agente humano con poderes sobrenaturales, e instruyendo al ignorante en los misterios del reino de Dios. Que el Espíritu Santo sea el gran Ayudador, es una maravillosa promesa. ¿De cuánta ayuda habría sido para nosotros que el Hijo unigénito de Dios se hubiera humillado, soportado las tentaciones del engañoso adversario, y combatido contra él durante toda su vida sobre la tierra, y muerto, ‘el Justo por los injustos’ (1 Pedro 3:18) para que la humanidad no pereciera, si el Espíritu no nos hubiera sido dado como un agente regenerador constante y activo para hacer eficaz en nuestras vidas lo que hizo el Redentor del mundo?”

El Espíritu Santo bajo la forma de Agente Regenerador o lluvia temprana capacita al verdadero creyente con “poderes sobrenaturales”—los dones de Gálatas 5:22-23, entre ellos el AMOR necesario para OBEDECER la Ley (Romanos 13:10). Pero estos dones sobrenaturales nos son otorgados SIN DESARROLLAR. Es decir, nos son dados como “semillas” que debemos desarrollar nosotros mismos y diariamente, mientras recibimos diariamente la lluvia temprana—el bautismo diario del Espíritu Santo en virtud de que Cristo diariamente presenta en el Santuario Celestial su justicia perfecta, pues Dios demanda obediencia perfecta para otorgarnos al Espíritu Santo como Agente Regenerador (Hechos 5:32).

PVGM pg. 45.2 – “La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una bella figura del crecimiento cristiano. Como en la naturaleza, así también en la gracia no puede haber vida sin crecimiento. La planta debe crecer o morir. Así como su crecimiento es silencioso e imperceptible, pero continuo, así es el desarrollo de la vida cristiana. En cada grado de desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; pero, si se cumple el propósito de Dios para con nosotros, habrá un avance continuo. La santificación es la obra de toda la vida. Con la multiplicación de nuestras oportunidades, aumentará nuestra experiencia y se acrecentará nuestro conocimiento. Llegaremos a ser fuertes para llevar responsabilidades, y nuestra madurez estará en relación con nuestros privilegios.

“La planta crece al recibir lo que Dios ha provisto para sustentar su vida. Hace penetrar sus raíces en la tierra. Absorbe la luz del sol, el rocío y la lluvia. Recibe las propiedades vitalizadoras del aire. Así el cristiano ha de crecer cooperando con los agentes divinos. Sintiendo nuestra impotencia, hemos de aprovechar todas las oportunidades que se nos dan para adquirir una experiencia más amplia. Así como la planta se arraiga en el suelo, así hemos de arraigarnos profundamente en Cristo. Así como la planta recibe la luz del sol, el rocío y la lluvia, hemos de abrir nuestro corazón al Espíritu Santo. Ha de hacerse la obra, ‘no con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos’ (Zacarías 4:6). Si conservamos nuestra mente fija en Cristo, él vendrá a nosotros ‘como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra’ (Oseas 6:3). Como el Sol de justicia, se levantará sobre nosotros, ‘y en sus alas traerá salud’ (Malaquías 4:2). Floreceremos ‘como lirio’. Seremos ‘vivificados como trigo’, y floreceremos ‘como la vid’ (Oseas 14:5, 7). Al depender constantemente de Cristo como nuestro Salvador personal, creceremos en él en todas las cosas, en Aquel que es la cabeza.”

HAp pg. 451.2 – “La verdadera santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta y conformidad perfecta a la voluntad de Dios. Somos santificados por Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de las obras de muerte sirviendo al Dios viviente. Todavía no somos perfectos; pero es nuestro privilegio separarnos de los lazos del yo y del pecado y avanzar hacia la perfección. Grandes posibilidades, altos y santos fines están al alcance de todos.

“La razón por la cual muchos en este siglo no realizan mayores progresos en la vida espiritual, es porque interpretan que la voluntad de Dios es precisamente lo que ellos desean hacer. Mientras siguen sus propios deseos se hacen la ilusión de que están conformándose a la voluntad de Dios. Los tales no tienen conflictos consigo mismos. Hay otros que por un tiempo tienen éxito en su lucha contra sus propios deseos de placeres y comodidad. Son sinceros y fervorosos, pero se cansan por el prolongado esfuerzo, la muerte diaria y la incesante inquietud. La indolencia parece invitarlos, la muerte al yo es desagradable; finalmente cierran sus soñolientos ojos y caen bajo el poder de la tentación en vez de resistirla.”

El “pez bueno” entrará en conflicto consigo mismo, pues comprende que su peor enemigos es el YO. Estudiará constantemente las profundidades de la Ley y la Palabra para conocer la voluntad y el carácter de Dios, y para conformar su voluntad a la de Dios. No obedecerá la Ley para “alcanzar un grado de aceptación ante Dios” o para “pasar el Juicio con su propia justicia.” Pues comprende que, debido a su total incapacidad para satisfacer las demandas de la Ley de Dios en sí mismo, necesita de la justicia perfecta de Cristo para pasar el Juicio. Y comprende que aun las obras “buenas” que realiza, movido por el Espíritu de Dios, son “trapos de inmundicia” delante de Dios (Isaías 64:6) pues provienen de un ser humano contaminado de egoísmo y pecado en sí mismo. Es por esto que aun aquellas “obras buenas” necesitan ser perfumadas con la justicia perfecta de Cristo, purificadas por su sangre, y presentadas por Cristo en el Santuario Celestial, para RECIEN poder ser consideradas en el registro de Buenas Obras.

PP pg. 733/2 (665.2) – “¡Cuán terrible es la servidumbre del que se entrega al dominio del peor de los tiranos, a saber, él mismo!”

PVGM pg. 121.1 – “Cristo intercede por la raza perdida mediante su vida inmaculada, su obediencia y su muerte en la cruz del Calvario. Y ahora, no como un mero suplicante, intercede por nosotros el Capitán de nuestra salvación, sino como un Conquistador que reclama su victoria. Su ofrenda es completa, y como Intercesor nuestro ejecuta la obra que él mismo se señaló, sosteniendo delante de Dios el incensario que contiene sus méritos inmaculados y las oraciones, las confesiones y las ofrendas de agradecimiento de su pueblo. Ellas, perfumadas con la fragancia de la justicia de Cristo, ascienden hasta Dios en olor suave. La ofrenda se hace completamente aceptable, y el perdón cubre toda transgresión.”

1MS pg. 404.1 – “Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, la confesión arrepentida del pecado ascienden desde los verdaderos creyentes como incienso ante el santuario celestial, pero al pasar por los canales corruptos de la humanidad, se contaminan de tal manera que, a menos que sean purificados por sangre, nunca pueden ser de valor ante Dios. No ascienden en pureza inmaculada, y a menos que el Intercesor, que está a la diestra de Dios, presente y purifique todo por su justicia, no son aceptables ante Dios. Todo el incienso de los tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las purificadoras gotas de la sangre de Cristo. El sostiene delante del Padre el incensario de sus propios méritos, en los cuales no hay mancha de corrupción terrenal. Recoge en ese incensario las oraciones, la alabanza y las confesiones de su pueblo, y a ellas les añade su propia justicia inmaculada. Luego, perfumado con los méritos de la propiciación de Cristo, asciende el incienso delante de Dios plena y enteramente aceptable. Así se obtienen respuestas benignas.

“Ojalá comprendieran todos que toda obediencia, todo arrepentimiento, toda alabanza y todo agradecimiento deben ser colocados sobre el fuego ardiente de la justicia de Cristo. La fragancia de esa justicia asciende como una nube en torno del propiciatorio.”

El “pez bueno” aprende a obedecer, no de manera servil y obligatoriamente para ser aceptado o para pasar el Juicio, ya que comprende que con lluvia temprana no se puede alcanzar la madurez de las plantas de origen celestial, y comprende que la lluvia tardía será dada únicamente a los que hayan salido aprobados en el Juicio en virtud de la obediencia perfecta de Cristo, pues está escrito que la lluvia tardía es dada DESPUES de que los pecados del creyente verdadero son borrados (Hechos 3:19), y el borramiento de pecados ocurre en el Juicio y en virtud de la sangre de Cristo (Levítico 16:16).

Hechos 3:19-20 – “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado.”

CS pg. 596/3 (476.2) – “La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio. Esos son los ‘tiempos de refrigerio’ en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: ‘Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hechos 3:19, 20).”

CS pg. 472/3 (414.4) – “El servicio típico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un substituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Sólo proveía un medio para transferirlo al santuario. Con la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor por venir; pero no estaba aún enteramente libre de la condenación de la ley. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo.”

El “pez bueno” aprende a obedecer voluntariamente porque su obediencia nace del amor a Dios y al prójimo, un amor que es implantado por Dios Espíritu Santo y es un don sobrenatural. El “pez bueno” aprende a hacer el bien por el bien mismo, porque hacer lo bueno agrada a Dios.

PVGM pg. 70.1 – “El hombre que trata de guardar los mandamientos de Dios solamente por un sentido de obligación—porque se le exige que lo haga—nunca entrará en el gozo de la obediencia. El no obedece. Cuando los requerimientos de Dios son considerados como una carga porque se oponen a la inclinación humana, podemos saber que la vida no es una vida cristiana. La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro. Nace del amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es la lealtad a nuestro Redentor. Esto nos inducirá a hacer lo bueno porque es bueno, porque el hacer el bien agrada a Dios.”

El “pez bueno”, luego de realizar una “buena obra” no espera recompensa y bendición de parte de Dios, pues comprende que es un siervo inútil, y que al obedecer la Ley simplemente hizo su obligación que debía realizar desde un principio.

Lucas 17:10 – “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”

El “pez malo”

El hombre representado por el “pez malo”, al igual que el hombre representado por el “pez bueno”, es una persona mala y pecadora en sí misma. Está contaminada de egoísmo y de pecado desde el preciso momento en que fue engendrado en el vientre de su madre.

Sin embargo, el “pez malo” NO ACEPTA la Amonestación del Testigo Fiel. No acepta que nació pecador y que por más que se haya bautizado y rebautizado mil veces, sigue siendo pecador y ningún rito y ninguna obra que realice lo convierte por arte de magia en un “hijo de Dios”. Es un hombre que no acepta que por más que asista religiosamente todos los sábados o domingos a una organización religiosa, eso no significa que haya nacido de nuevo y sea un verdadero cristiano. No acepta que todos sus “diezmos”, su “obra misionera”, toda su “escuela sabática”, toda su dieta vegetariana, su vida en el campo, y toda su observancia del sábado, NO SON ACEPTABLES ante Dios, a menos que este hombre sea DECLARADO como OBEDIENTE y GUARDADOR del SABADO 100% EN CRISTO, y a menos que todas esas obras hayan sido realizadas como RESULTADO en lugar de como CAUSA de aceptación.

MJ pg. 355/1 – “Una cosa es unirse a la iglesia, y otra bien distinta unirse a Cristo. Las personas sin consagración, amantes del mundo, que profesan ser religiosas, son una de las causas más serias de la debilidad de la iglesia de Cristo.”

El “pez malo” entrega su diezmo y realiza “buenas obras” esperando una “bendición” o “recompensa” de parte de Dios, como si Dios estuviera “en deuda” con el ser creado cuando el ser creado se toma la “molestia” de OBEDECER LA LEY DEL CREADOR! El “pez malo”, en su total ignorancia, no comprende que TODO lo que el hombre posee, desde sus facultades, su inteligencia, su fuerza, su tiempo, su dinero, la vida misma… TODO LE PERTENECE AL CREADOR, y le ha sido dado a la criatura EN CALIDAD DE PRESTAMO. Por lo tanto, cuando el ser creado devuelve el diezmo, sólo le está devolviendo al CREADOR lo que le pertenece desde un principio! Y al Creador no le pertenece únicamente el 10%, sino todo el 100%, pero como el Creador es MISERICORDIOSO, sólo le exige a la criatura que le devuelva mínimamente el 10%! Aun así le robamos al Creador pues por naturaleza somos EGOISTAS, AVAROS y LADRONES.

Pero llegará el día cuando el Creador pedirá cuentas a la criatura y le dirá: “¡DA CUENTA DE TU MAYORDOMIA!” (Lucas 16:2).

1 Crónicas 29:14 – “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.”

MJ pg. 308/2 (220.1) – “No nos ha sido dado nuestro dinero para que pudiéramos honrarnos y glorificarnos a nosotros mismos. Como fieles mayordomos, hemos de usarlo para honra y gloria de Dios. Algunos piensan que no pertenece al Señor más que una parte de sus medios. Cuando han puesto aparte una porción con fines religiosos y caritativos, consideran que el resto les pertenece para usarlo como crean conveniente. Pero en esto se equivocan. Todo lo que poseemos es del Señor y somos responsables ante él del uso que le demos. En el empleo de cada centavo se verá si amamos a Dios por encima de todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.”

CMC pg. 89.2 – “El egoísmo se ha introducido y se ha apoderado de lo que le pertenece a Dios. Esto es codicia, lo cual es idolatría. Los hombres monopolizan lo que Dios les ha prestado, como si fuera de su propiedad, para hacer lo que les place. Cuando su capacidad para allegar riquezas es complacida, piensan que sus posesiones los hacen valiosos a la vista de Dios. Esto es una trampa, un engaño de Satanás. ¿De qué valen la pompa y la ostentación exteriores? ¿Qué ganan hombres y mujeres con el orgullo y la complacencia de sí mismos? ‘Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?’ (Mateo 16:26). La riqueza mundanal es efímera. Podemos obtener riquezas eternas únicamente por medio de Cristo. La riqueza que él nos concede escapa a todo cómputo. Habiendo encontrado a Dios somos supremamente ricos en la contemplación de su tesoro. ‘Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman’ (1 Corintios 2:9).

“Formulaos esta pregunta: ¿Qué estoy haciendo con los talentos del Señor? ¿Os estáis colocando en una situación en la que se os pueden aplicar estas palabras: ‘Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado’? Malaquías 3:9.”

PVGM pg. 206.4 – “En la parábola Cristo estaba haciendo frente al público en su propio terreno. La doctrina de un estado de existencia consciente entre la muerte y la resurrección era sostenida por muchos de aquellos que estaban escuchando las palabras de Cristo. El Salvador conocía esas ideas, e ideó su parábola de manera tal que inculcara importantes verdades por medio de esas opiniones preconcebidas. Colocó ante sus oyentes un espejo en el cual se habían de ver a sí mismos en su verdadera relación con Dios. Empleó la opinión prevaleciente para presentar la idea que deseaba destacar en forma especial, es a saber, que ningún hombre es estimado por sus posesiones; pues todo lo que tiene le pertenece en calidad de un préstamo que el Señor le ha hecho. Y un uso incorrecto de estos dones lo colocará por debajo del hombre más pobre y más afligido que ama a Dios y confía en él.”

CMC pg. 158.2 – “El joven rico representa a una numerosa clase de personas que serían cristianos excelentes si no tuvieran una cruz que llevar, si no tuvieran que soportar cargas humillantes, si no tuvieran que renunciar a ventajas terrenales, si no tuvieran que sacrificar bienes materiales o sentimientos. Cristo les ha confiado un capital en términos de aptitudes y recursos financieros, y por lo tanto espera los intereses correspondientes. Lo que poseemos no nos pertenece, sino que debemos emplearlo en el servicio de Aquel de quien hemos recibido todo lo que poseemos.”

MJ pg. 405/1 (288.4) – “El corazón pertenece a Jesús. Él ha pagado un precio infinito por nosotros, e intercede ante el Padre como nuestro Mediador y ruega, no como un peticionante, sino como un conquistador que reclama lo que le pertenece. Es capaz de salvar hasta lo sumo, pues intercede constantemente por nosotros. El corazón joven es una ofrenda preciosa, el don más valioso que puede presentarse a Dios. Todo lo que son y toda la habilidad que poseen proceden de Dios, como legado sagrado que debe devolverse como ofrenda santa y voluntaria. No pueden dar a Dios nada que no se les haya dado primero. Por lo tanto, cuando se entrega el corazón a Dios, se le da un don que él ha comprado y le pertenece.”

ED pg. 57/5 (54.5) – “Es necesario inculcar en los jóvenes la verdad de que sus dones no les pertenecen. La fuerza, el tiempo, el intelecto, no son sino tesoros prestados. Pertenecen a Dios, y todo joven debería resolverse a darles el uso más elevado; él es una rama de la cual Dios espera fruto; un mayordomo cuyo capital debe producir dividendos; una luz para iluminar la oscuridad del mundo.”

El “pez malo” no tiene convicción de pecado. Cree que el ser humano nace bueno, y que la sociedad hace al hombre malo, cuando en realidad la sociedad es la suma de todos nosotros: seres humanos malos por naturaleza. Si la sociedad es mala es porque está conformada precisamente por seres humanos malos. Pero el “pez malo” se considera pez bueno, mientras juzga a todos los demás como peces malos.

El “pez malo” no tiene convicción de pecado, pues cree que pecado es únicamente el “acto consumado” del pecado. Este tipo de persona lee el versículo que dice “pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4) con corazón incircunciso (Hechos 7:51), pues no desea aceptar que, a pesar de que no haya cometido el acto consumado del adulterio, basta que haya lanzado una mirada sensual para ser un adúltero ante los ojos de Dios (Mateo 5:28).

El “pez malo” es un fariseo legalista estricto con las formas, ritos y tradiciones eclesiásticas, porque no entiende las profundidades y la espiritualidad de la Ley, y no entiende que la verdadera conversión implica una transformación interna. Para el “pez malo” todo es externo: el pecado es el acto consumado externo, y la obediencia son los actos externos. No quiere aceptar que Dios mira primero lo interno: guardaste el sábado, pero lo hiciste motivado por amor a la Ley, o lo hiciste por obligación y para poder ser aceptado delante de Dios? No cometiste el acto consumado del adulterio, pero no lo hiciste porque no hubo la oportunidad, pero tuviste el deseo y la intención? Hiciste obra misionera, pero lo hiciste para que los otros hermanos pudieran hablar bien de ti y considerarte un “excelente cristiano”, o lo hiciste por amor al prójimo y amor a Dios? ¿O a lo mejor lo hiciste porque esperas que esa persona que ayudaste eventualmente te devuelva el favor?

DTG pg. 143.2 – “Jesús continuó diciendo: ‘Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.’ Por naturaleza, el corazón es malo, y ‘¿quién hará limpio de inmundo? Nadie’ (Job 14:4). Ningún invento humano puede hallar un remedio para el alma pecaminosa. ‘La intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede’ (Romanos 8:7). ‘Del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias’ (Mateo 15:19). La fuente del corazón debe ser purificada antes que los raudales puedan ser puros. El que está tratando de alcanzar el cielo por sus propias obras observando la ley, está intentando lo imposible. No hay seguridad para el que tenga sólo una religión legal, sólo una forma de la piedad. La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua, sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo y al pecado, y una vida enteramente nueva. Este cambio puede ser efectuado únicamente por la obra eficaz del Espíritu Santo.”

El “pez malo” se considera justo debido a “sus buenas obras”, se considera un “hijo de Dios”, y simplemente está esperando ser trasladado al cielo pues ya se considera salvo.

DTG pg. 246.2 – “Una religión legal no puede nunca conducir las almas a Cristo, porque es una religión sin amor y sin Cristo. El ayuno o la oración motivada por un espíritu de justificación propia, es abominación a Dios. La solemne asamblea para adorar, la repetición de ceremonias religiosas, la humillación externa, el sacrificio imponente, proclaman que el que hace esas cosas se considera justo, con derecho al cielo, pero es todo un engaño. Nuestras propias obras no pueden nunca comprar la salvación.

“Como fue en los días de Cristo, así es hoy; los fariseos no conocen su indigencia espiritual. A ellos llega el mensaje: ‘Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez’ (Apocalipsis 3:17-18). La fe y el amor son el oro probado en el fuego. Pero en el caso de muchos, el oro se ha empañado, y se ha perdido el rico tesoro. La justicia de Cristo es para ellos como un manto sin estrenar, una fuente sellada. A ellos se dice: ‘Tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido’ (Apocalipsis 2:4-5).”

Ev pg. 128.2 – “La religión legal no responderá a las preguntas de esta era. Podemos realizar todos los actos externos del servicio, y sin embargo, estar tan destituidos de la influencia vivificadora del Espíritu Santo, como las montañas de Gilboa estaban destituidas del rocío y de la lluvia.”

HAp pg. 13.2 – “Los sacerdotes y gobernantes se estancaron en una rutina de ceremonias. Estaban satisfechos con una religión legal, y era imposible para ellos dar a otros las verdades vivientes del cielo. Consideraban cabalmente suficiente su propia justicia, y no deseaban que un nuevo elemento se introdujera en su religión. No aceptaban la buena voluntad de Dios para con los hombres como algo independiente de ellos mismos, sino que la relacionaban con sus propios méritos debidos a sus buenas obras. La fe que obra por el amor y purifica el alma no podía unirse con la religión de los fariseos, hecha de ceremonias y de mandamientos de hombres.”

Ya que el “pez malo” está conforme con su situación y con su vida, no tiene necesidad de Cristo como su Sustituto en la vida, Garante y Sustituto en la muerte, y peor como su Mediador en el Santuario Celestial. Es un hombre que como Caín, desea que Dios lo mire directamente a él, sin ningún Intercesor entre él y Dios.

FO pg. 97.2 – “El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la ley, está intentando un imposible. El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse. El esfuerzo que el hombre pueda hacer con su propia fuerza para obtener la salvación está representado por la ofrenda de Caín. Todo lo que el hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios. El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. ‘Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe’ (Hebreos 12:2), podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.”

PP pg. 60/2 (53.2) – “Caín y Abel representan dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura a depender de sus propios méritos; el sacrificio de éstos no posee la virtud de la divina intervención y, por lo tanto, no puede llevar al hombre al favor de Dios. Sólo por los méritos de Jesús son perdonadas nuestras transgresiones. Los que creen que no necesitan la sangre de Cristo, y que pueden obtener el favor de Dios por sus propias obras sin que medie la divina gracia, están cometiendo el mismo error que Caín. Si no aceptan la sangre purificadora, están bajo condenación. No hay otro medio por el cual puedan ser librados del dominio del pecado.

La clase de adoradores que sigue el ejemplo de Caín abarca la mayor parte del mundo; pues casi todas las religiones falsas se basan en el mismo principio, a saber que el hombre puede depender de sus propios esfuerzos para salvarse. Afirman algunos que la humanidad no necesita redención, sino desarrollo, y que ella puede refinarse, elevarse y regenerarse por sí misma. Como Caín pensó lograr el favor divino mediante una ofrenda que carecía de la sangre del sacrificio, así obran los que esperan elevar a la humanidad a la altura del ideal divino sin valerse del sacrificio expiatorio. La historia de Caín demuestra cuál será el resultado de esta teoría. Demuestra lo que será el hombre sin Cristo. La humanidad no tiene poder para regenerarse a sí misma. No tiende a subir hacia lo divino, sino a descender hacia lo satánico. Cristo es nuestra única esperanza. ‘En ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’ (Hechos 4:12).”

El “pez malo” no tiene convicción de pecado pues está revestido de justicia propia, e incluso llega a creer que es una justicia que fue influenciada por el Espíritu Santo. Pero, en realidad, no puede haber Espíritu Santo si no se ha aceptado la Amonestación del Testigo Fiel y Cristo no presenta su justicia perfecta a favor del creyente en el Santuario Celestial. El “pez malo” puede hablar de “Cristo morando en mí” o creer que sus obras son las del Espíritu Santo, pero la realidad es que es otro espíritu el que le lleva a buscar dentro de sí mismo la justicia con qué ser aceptado ante Dios. Está cometiendo el mismo error de Caín. El Espíritu Santo no puede crear un corazón nuevo en el pez malo, pues el pez malo cree que tiene un corazón puro y santo. El Espíritu Santo no puede hacer que el pez malo nazca de nuevo, del Espíritu, pues el pez malo cree que ya nació santo e inmaculado. Cristo no puede rogar por el pez malo, pues el pez malo se cree sano, y por lo tanto no necesita de médico (Lucas 5:31).

Juan 3:6-7 – “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.”

El “pez malo” se cree rico, y no tiene necesidad de ninguna cosa (Apocalipsis 3:17), por lo tanto no necesita de la misericordia de Dios Padre, ni del trabajo y ni de los méritos de Cristo, ni del trabajo del Espíritu Santo como Agente Regenerador.

La separación de peces buenos y malos

La separación de los peces buenos y malos es una escena del Juicio de vivos—Juicio que le antecede a la Segunda Venida de Cristo. Y a este Juicio le antecede el Servicio Diario Celestial de Romanos 3:24. Este servicio que Cristo realiza en el Santuario Celestial es el que garantiza al pez bueno su aceptación, perdón de pecados, y bautismo del Espíritu Santo diariamente, para que el pez bueno pueda llegar aceptado, perdonado, y con Espíritu Santo habitando al Juicio de Apocalipsis 14:7. Es AHORA la oportunidad de que el ser humano llegue a ser un “pez bueno”: una persona que acepta el Evangelio y el Sacerdocio de Cristo. El Evangelio no es predicado a los peces malos que se creen justos, sino que es predicado a los peces buenos que se reconocen pecadores y malos.

Mateo 2:17 – “Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

DTG pg. 538.1 – “En toda época se otorgó a los hombres su día de luz y privilegios, un tiempo de gracia en el que pueden reconciliarse con Dios. Pero esta gracia tiene un límite. La misericordia puede interceder durante años, ser despreciada y rechazada. Pero llega al fin un momento cuando ella hace su última súplica. El corazón se endurece de tal manera que cesa de responder al Espíritu de Dios. Entonces la voz suave y atrayente ya no suplica más al pecador, y cesan las reprensiones y amonestaciones.”

Es AHORA que el hombre tiene la oportunidad de aceptar la Amonestación del Testigo Fiel, antes de que llegue la Crisis Final y sea demasiado tarde. El zarandeo que hace la separación entre peces buenos y malos es causado únicamente por la aceptación o el rechazo de la Amonestación del Testigo Fiel, y luego viene el Juicio de Vivos donde hay una separación final entre el pez bueno y el pez malo.

PE pg. 270.2 – “Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo el corazón de quien lo reciba y le inducirá a exaltar el estandarte y a difundir la recta verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.”

Mateo 13:49-50 – “Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Esos “justos” no era hombres justos en sí mismos, sino que eran injustos, pero llegaron a aceptar su condición y por lo tanto tuvieron la necesidad del Evangelio y del Sacerdocio de Cristo, de la misericordia de Dios Padre, y del trabajo del Agente Regenerador, por lo tanto desarrollaron una obediencia verdadera y voluntaria. Los “justos” son justos delante de Dios porque primeramente fueron declarados justos en virtud de la justicia perfecta de Cristo, y como resultado desarrollaron la justicia de la ley y ese nuevo carácter semejante al de Cristo en sí mismos.

PVGM pg. 93.2 – “El echar la red es la predicación del Evangelio. Esto reúne en la iglesia tanto a buenos como a malos. Cuando se complete la misión del Evangelio, el juicio realizará la obra de separación…”

PVGM pg. 122.3 – “Pero debemos tener un conocimiento de nosotros mismos, un conocimiento que nos lleve a la contrición, antes de que podamos encontrar perdón y paz. El fariseo no sentía ninguna convicción de pecado. El Espíritu Santo no podía obrar en él. Su alma estaba revestida de una armadura de justicia propia que no podía ser atravesada por los aguzados y bien dirigidos dardos de Dios arrojados por manos angélicas. Cristo puede salvar únicamente al que reconoce que es pecador…”

El “conocimiento de nosotros mismos” le ANTECEDE al “perdón y paz”. Si el hombre se cree una excelente persona, entonces nunca tendrá necesidad de la justicia perfecta de Cristo, y si el hombre no se considera pecador nunca tendrá necesidad de su sangre expiatoria.

PVGM pg. 117.3 – “El fariseo y el publicano representan las dos grandes clases en que se dividen los que adoran a Dios. Sus dos primeros representantes son los dos primeros niños que nacieron en el mundo. Caín se creía justo, y sólo presentó a Dios una ofrenda de agradecimiento. No hizo ninguna confesión de pecado, y no reconoció ninguna necesidad de misericordia. Abel, en cambio, se presentó con la sangre que simbolizaba al Cordero de Dios. Lo hizo en calidad de pecador, confesando que estaba perdido; su única esperanza era el amor inmerecido de Dios. Dios apreció la ofrenda de Abel, pero no tomó en cuenta a Caín ni a la suya. La sensación de la necesidad, el reconocimiento de nuestra pobreza y pecado, es la primera condición para que Dios nos acepte. ‘Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5:3).”

CS pg. 521/1 (460.4) – “El primer paso hacia la reconciliación con Dios, es la convicción del pecado. ‘El pecado es transgresión de la ley’ (1 Juan 3:4). ‘Por la ley es el conocimiento del pecado’ (Romanos 3:20). Para reconocer su culpabilidad, el pecador debe medir su carácter por la gran norma de justicia que Dios dio al hombre. Es un espejo que le muestra la imagen de un carácter perfecto y justo, y le permite discernir los defectos de su propio carácter.”

Mateo 11:29 – “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

Si el hombre pecador acepta que es orgulloso por naturaleza, entonces tendrá necesidad de Uno que fue manso y humilde—Cristo como Hombre. Pero el orgullo, un atributo inherente de la naturaleza humana desde la caída, y un atributo que pertenece a su padre el diablo, impide al hombre reconocer que en ocasión de la caída del primer Adán, la naturaleza humana sufrió una transformación y dejó de ser semejante a su Creador, y pasó a ser semejante a la de su nuevo padre—el diablo.

Eclesiastés 7:29 – “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.”

Juan 8:44 – “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

ED pg. 15/2 – “Pero por su desobediencia perdió todo esto. El pecado mancilló y casi borró la semejanza divina. Las facultades físicas del hombre se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció. Quedó sujeto a la muerte. No obstante, la especie humana no fue dejada sin esperanza. Con infinito amor y misericordia había sido trazado el plan de salvación y se le otorgó una vida de prueba. La obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se llevase a cabo el propósito divino de su creación. Este es el objeto de la educación, el gran objeto de la vida.”

ED pg. 75/2 (69.2) – “A medida que las pasiones y los propósitos malos de los hombres eliminaban a Dios de sus pensamientos, ese olvido los inclinaba cada vez con más fuerza al mal. El corazón que amaba el pecado vestía con sus atributos a Dios, y este concepto fortalecía el poder del pecado. Resueltos a complacerse a sí mismos, los hombres llegaron a considerar a Dios como semejante a ellos, es decir, como un Ser cuya meta era la glorificación del yo, cuyas exigencias respondían a su propio placer; un Ser que elevaba o abatía a los hombres según éstos contribuyeran a la realización de su propósito egoísta, o lo obstruyesen. Las clases más bajas consideraban que el Ser supremo difería poco de sus opresores, a excepción de que los sobrepujaba en poder. Estas ideas le daban su molde a toda manifestación religiosa. Cada una de ellas era un sistema de extorsión. Los adoradores trataban de congraciarse con la Deidad por medio de ofrendas y ceremonias, con el fin de asegurarse su favor para el logro de sus propios fines. Una religión que no ejercía poder sobre el corazón ni la conciencia, se reducía a una serie de ceremonias, de las cuales el hombre se cansaba y deseaba liberarse, a no ser por las ventajas que podía ofrecer. De ese modo el mal, al no ser refrenado, aumentaba, mientras disminuían el aprecio del bien y el deseo de practicarlo. Los hombres perdieron la imagen de Dios y recibieron el sello del poder demoníaco que los dominaba. Todo el mundo se iba convirtiendo en un sumidero de corrupción.”

Si el hombre no acepta que tiene la imagen de Satanás en lugar de la imagen de Dios, nunca tendrá necesidad de Uno que es imagen y semejanza de Dios.

Hebreos 1:3 – “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

2 Corintios 4:4 – “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

Si el hombre no acepta que nació pecador y con mancha de pecado, nunca tendrá necesidad de Uno que como Hombre nació Santo, sin mancha de pecado.

Lucas 1:35 – “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Apocalipsis 15:4 – “¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.”

Hoy es el tiempo de pruebas pequeñas, tiempo en el que podemos desarrollar un nuevo carácter semejante al de Cristo, siendo fiel en lo que el mundo considera como “poco” o como cosas “insignificantes”, pero que para Dios son de gran valor.

Lucas 16:10 – “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.”

Deuteronomio 8:2 – “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”

La vida del verdadero cristiano no se supone que es una vida libre de sufrimientos y libre de pruebas, mas bien es todo lo contrario, pues si el verdadero creyente desea desarrollar un carácter semejante al de Cristo, un carácter con amor, paciencia, bondad, misericordia, fe, dominio propio, y demás frutos del espíritu, entonces es necesario DESARROLLAR esos dones sobrenaturales. ¿Cómo se desarrolla la paciencia? En situaciones donde la paciencia es probada. ¿Cómo se desarrolla la fe? En situaciones donde la fe es probada. ¿Cómo se desarrolla el dominio propio y la temperancia? Todos los dones del espíritu deben desarrollarse en situaciones donde el carácter es probado.

Cuando nuestro Redentor nos dio la promesa de “la paz os dejo, mi paz os doy” (Lucas 14:27), dijo claramente “yo no os la doy como el mundo la da.” No significa una paz libre de pruebas y sufrimientos, sino paz como un don sobrenatural que también debe ser desarrollado por el creyente (Gálatas 5:22). Y esa paz celestial se desarrollará en el creyente verdadero a medida que este renuncie al mundo y al yugo del mundo, y mas bien acepte el yugo de Cristo.

4TI pg. 237.2 – “Jesús les invita a depositar el yugo que han cargado, que ha doblegado su cerviz, y tomar el suyo, que es liviano, porque su carga es ligera. ¡Cuán abrumadora es la carga del amor propio, la codicia, el orgullo, la pasión, los celos y las suposiciones perversas! ¡Cuán firmemente agarran los hombres estas maldiciones y cuánto se resisten a abandonarlas! Cristo conoce cuán abrumadores son estos yugos autoimpuestos y nos invita a depositarlos a sus pies. Invita a las almas cargadas y apesadumbradas para que se acerquen a él y cambien los pesados yugos que ellas mismas se han puesto al cuello por el suyo, que es ligero. Dice: ‘Hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga’ (Mateo 11:29). Las exigencias del Salvador son coherentes y armónicas, llevarlas con gozo trae la paz y el descanso al alma.”

La verdadera paz la encontrará el pez bueno que ha llegado a comprender su verdadera naturaleza, pues entonces recién podrá empezar el infinito y grandioso amor de Dios por la raza caída. Sólo el que comprende su verdadera condición delante de Dios puede apreciar plenamente las palabras:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Amén. Que Dios los bendiga.

One Reply to “Estudio sobre la Parábola del Sembrador”

  1. Dios les bendiga grandemente por tan grande e importante el trabajo que estan realizando para que el ser humano no se pierda pueda escudriñar estudiar y estar y vivir la palabra no son como otros que venden la palabra gracias Dios les recompensara grandemente

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