Estudio sobre La Verdadera Paz

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Prólogo

“La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy.

No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”

(Juan 14:27)

“Guerras y rumores de guerras”

Mateo 24:6 – “Y oiréis de guerras y rumores de guerras…”

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ED pg. 179/3 (161.7) – “Las señales de los tiempos declaran hoy que estamos en el umbral de sucesos grandes y solemnes. Todo está en agitación en el mundo. Ante nuestra vista se cumple la profecía del Salvador referente a los sucesos que precederán a su venida: ‘Oiréis de guerras, y rumores de guerras… Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares’ (Mateo 24:6-7).

“La época actual es de sumo interés para todos los vivientes. Los gobernantes y estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres que piensan, de toda clase social tienen la atención fija en los sucesos que ocurren alrededor de nosotros. Observan las relaciones tirantes que mantienen las naciones. Observan la tensión que se está apoderando de todo elemento terrenal, y reconocen que está por ocurrir algo grande y decisivo, que el mundo está al borde de una crisis estupenda.

“En este mismo momento los ángeles están sosteniendo los vientos de contienda para que no soplen hasta que el mundo reciba la advertencia de su próxima condenación; pero se está preparando una tormenta; ya está lista para estallar sobre la tierra; y cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena tal de lucha, que ninguna pluma podría describirla.”

El mundo entero se encuentra en un estado de caos, división, polarización, conflictos y guerras, en todo ámbito—tanto social, político, económico, militar y por supuesto también espiritual. Claramente podemos ver que no hay paz. La gente, cansada ya de tanto odio y de tanto conflicto, desea que emerja algún “líder” mundial y algún gobierno mundial que ponga de una vez por todas fin a tanta división, y que pueda brindar la tan deseada armonía a las naciones. Es decir—todos esperan que sean los hombres, y no Dios, quienes traigan la paz. No clamamos a Dios por paz, sino que la esperamos de los hombres. Pero, ¿pueden los hombres dar paz? ¿Puede este mundo brindarnos la paz que tanto deseamos?

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Los cristianos deberían tener claro en qué consiste la paz verdadera y cómo es que podemos obtener esa verdadera paz. Si en realidad somos cristianos, en las palabras de nuestro Señor, deberíamos ser los “pacificadores” que este mundo necesita (Mateo 5:9).

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Entonces, dónde están los cristianos “pacificadores”? No se los puede encontrar, pues se encuentran involucrados en los mismos conflictos y argumentos políticos, discutiendo con sus semejantes en las redes sociales sobre partidos e ideologías políticas, sobre cuestiones seculares y también religiosas. Los profesos cristianos, aquellos que profesan estar esperando la segunda venida de su Señor, están también esperando que tanto las organizaciones políticas como las organizaciones religiosas les brinden paz. Han puesto toda su confianza en los hombres y han dejado a un lado a Dios.

“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” (Jeremías 17:5)

Queremos la paz del mundo, pero no deseamos la paz de Dios, pues nuestro deseo no es el de una patria mejor—la celestial (Hebreos 11:16)—sino que todos nuestros deseos y ambiciones mundanales se centran en este planeta tierra maldito por el pecado. Estamos conformes con nuestras vidas en este mundo, estamos plenamente conformes con vivir en pecado, siempre y cuando haya una muy leve apariencia de vida religiosa que sólo involucre un cristianismo exterior, pero que por ningún motivo pueda llegar a ser una reforma transformadora en el interior. El cristiano de nuestro tiempo no desea nacer de nuevo, pues está perfectamente conforme con su estado de tibieza y mera religión estructural y formal—una religión que no involucre para nada el abandono de los malos hábitos y mucho menos de la práctica del pecado.

CS pg. 629/1 (559.4) – “Un estudio de la Biblia hecho con oración mostraría a los protestantes el verdadero carácter del papado y se lo haría aborrecer y rehuir; pero muchos son tan sabios en su propia opinión que no sienten ninguna necesidad de buscar humildemente a Dios para ser conducidos a la verdad. Aunque se enorgullecen de su ilustración, desconocen tanto las Sagradas Escrituras como el poder de Dios. Necesitan algo para calmar sus conciencias, y buscan lo que es menos espiritual y humillante. Lo que desean es un modo de olvidar a Dios, pero que parezca recordarlo. El papado responde perfectamente a las necesidades de todas esas personas. Es adecuado a dos clases de seres humanos que abarcan casi a todo el mundo: los que quisieran salvarse por sus méritos, y los que quisieran salvarse en sus pecados. Tal es el secreto de su poder.”

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Mientras que el apóstol Santiago amonesta claramente que “el que guarda toda la ley pero ofende en un solo punto se ha hecho culpable de todo” (Santiago 2:1), el profeso cristiano moderno se auto engaña pensando erroneamente que “el que obedece en un solo punto se ha hecho obediente de todo” – y razona que con tal que vaya a su sinagoga en sábado o domingo—ya es todo un “santo hijo de Dios,” como si la santificación del día de reposo dependiera de una sinagoga. El cristiano moderno razona que su grupo religioso es como un arca prodigiosa que lo salvará de la crisis final que se aproxima. Pone su confianza en el hombre, y no en Dios.

Nuestro Señor Jesús fue muy claro cuando dijo que el verdadero cristiano debe vivir de “toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), de TODA palabra… sin embargo, el profeso cristiano quiere escoger lo que le conviene y dejar a un lado los deberes que no le convienen. “Que el sábado era para los judíos”, dicen unos. “Que eso de no comer carne es para fanáticos”, dicen otros. Cada quien escoge los deberes que está dispuesto a obedecer, mientras se deja a un lado los deberes que van en contra de sus ídolos favoritos—de nuestros pecados acariciados y conservados.

5TI pg. 410.1 – “Dios nos ha dado instrucciones exactas, de manera que no es necesario que ninguno se equivoque. ‘No sólo de pan vivirá el hombre’ -dice él-, ‘sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’ (Mateo 4:4). La verdad impartida por la inspiración ‘es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia’ (2 Timoteo 3:16). El hombre vivirá, no de una sola palabra, no de muchas palabras, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. No podéis despreciar ni una palabra, ni un solo mandato que él ha dado, por más liviano que os parezca, y estar seguros. ‘Por tanto, cualquiera que suprima uno de estos mandamientos, aun de los más insignificantes, y enseñe así a los hombres, será llamado el menor en el reino de los cielos; mas cualquiera que los cumpla y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos’ (Mateo 5:19). Cualquiera que intencionalmente quebrante un mandamiento no podrá en espíritu y en verdad guardar ninguno de ellos. Podrá sostener que con excepción de lo que él considera ser ligeras desviaciones, los guarda todos; sin embargo, si voluntariamente ofende en un punto, es culpable de todos.”

No le llevaron almas

En estos tiempos de tanto odio, conflictos y divisiones, cuando hay tantas personas que claman por paz y por un Salvador, los cristianos deberíamos guiar a esas almas necesitadas al único Salvador, al único que puede traer paz al corazón. Pero cómo pueden los profesos cristianos presentar a un Salvador al que no le aman? ¿Cómo pueden hablar de un Cristo que está por regresar cuando, en realidad, no desean que regrese y ponga fin al pecado? Es más fácil guiar las almas a los hombres—a las organizaciones y grupos religiosos, que guiarlos a la única fuente de libertad, sanación y redención: nuestro Señor Jesús.

1JT pg. 522.1 – “Esta clase había hecho de su yo algo supremo, y había trabajado solamente en favor de sus intereses egoístas. No eran ricos para con Dios ni habían respondido a sus derechos sobre ellos. Aunque profesaban ser siervos de Cristo, no le llevaron almas. Si la causa de Dios hubiese dependido de sus esfuerzos, habría languidecido; porque no solamente retenían los recursos que Dios les había prestado, sino que se retenían a sí mismos. Pero ahora podían ver y sentir que al mostrarse irresponsables con la obra de Dios, se habían colocado a la izquierda. Habían tenido oportunidad, pero no quisieron hacer lo que podían y debían haber hecho.”

“¡Pero yo lleve almas a la iglesia!” Una cosa es trabajar para llevar almas a Cristo y otra cosa totalmente diferente es trabajar para llevar las almas a un grupo u organización religiosa, a un ser humano, para que dependa de otro ser humano en lugar de depender del trabajo de Cristo en el Santuario Celestial.

A esas personas Dios les va a decir “no me trajeron almas.” Llevaron almas a sus grupos religiosos, sí, para llenar los blancos del diezmo, y para que crean que a menos que se bauticen y se congreguen a su grupo religioso no se van a salvar, sí, para que pongan su confianza en que “no importa cómo se distribuya ese diezmo, total yo ya hice mi parte dando el diezmo,” sí,… trabajaron para llevar almas a los grupos religiosos pero no trabajaron para que ni una sola alma aprenda el significado de:

¡Jehová, justicia nuestra!

(Jeremías 23:6)

2JT pg. 389.2 – “Cristo ha hecho del bautismo la señal de entrada en su reino espiritual. Ha hecho de él una condición positiva que todos deben cumplir si desean ser considerados bajo la autoridad del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Antes que el hombre pueda hallar hogar en la iglesia, antes de cruzar el umbral del reino espiritual de Dios, debe recibir la impresión del divino nombre: ‘Jehová, justicia nuestra’ (Jeremías 23:6).”

Hoy en día se escucha mucho en el púlpito predicar acerca de las transgresiones y de los pecados en la iglesia. Se predica con mucha pompa los pecados de otros, pero nunca se habla de la amonestación del Testigo Fiel—nunca se habla acerca de la raíz de la enfermedad, aquella enfermedad que padecemos todos y no únicamente los otros. Se hace la distinción entre ellos pecadores, y nosotros “hijos de Dios.” Se habla de la enfermedad del pecado, pero nunca se habla de la cura—la justicia de Cristo se ha borrado por completo del púlpito y ha sido reemplazado por la justicia propia de todos los que claman que son amadores de la iglesia por encima de la Biblia o de Dios mismo. Se declaran ricos, enriquecidos, sin ninguna necesidad, y no saben que, a pesar de su alta profesión de fe cristiana, en realidad todos somos delante de un Dios santo: desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (Apocalipsis 3:17) e hijos del Diablo (Juan 8:44). “Pero esas palabras fueron dadas a los judíos que lo querían matar.” Sí, esas palabras de Cristo fueron para el pueblo que profesaba amar a Dios, pero que en realidad lo quería matar. Decían una cosa, pero hacían otra. Exactamente igual que nosotros.

Sin la justicia de Cristo, sin su sangre expiatoria, sin su Sacerdocio, sin la misericordia del Padre, sin el Santuario Celestial, y sin el trabajo del Consolador, estamos completamente perdidos. Y mientras la gente tiene su vista puesta en el evento de la Segunda Venida de Cristo, un evento que antecede los sorprenderá como ladrón: el Juicio de Vivos.

Mateo 5:6 – “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”

DMJ pg. 20.4 – “La justicia es santidad, semejanza a Dios; y ‘Dios es amor’ (1 Juan 4:16). Es conformidad a la ley de Dios, ‘porque todos tus mandamientos son justicia’ (Salmos 119:172) y ‘el amor pues es el cumplimiento de la ley’ (Romanos 13:10). La justicia es amor, y el amor es la luz y la vida de Dios. La justicia de Dios está personificada en Cristo. Al recibirlo, recibimos la justicia.

“No se obtiene la justicia por conflictos penosos, ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios; es concedida gratuitamente a toda alma que tiene hambre y sed de recibirla. ‘A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed… sin dinero y sin precio’ (Isaías 55:1). ‘Su justicia es de mí, dice Jehová’ (Isaías 54:17). ‘Este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, Justicia Nuestra’ (Jeremías 23:6).

No hay agente humano que pueda proporcionar lo que satisfaga el hambre y la sed del alma. Pero dice Jesús: ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo’ (Apocalipsis 3:2). ‘Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás’ (Juan 6:35).

“Así como necesitamos alimentos para sostener nuestras fuerzas físicas, también necesitamos a Cristo, el pan del cielo, para mantener la vida espiritual y para obtener energía con que hacer las obras de Dios. Y de la misma manera como el cuerpo recibe constantemente el alimento que sostiene la vida y el vigor, así el alma debe comunicarse sin cesar con Cristo, sometiéndose a él y dependiendo enteramente de él.”

No hay agente humano que pueda proporcionar paz. No hay organización política ni religiosa que pueda proporcionar paz. Sin embargo es allí donde el hombre busca la paz. Hablamos de Cristo pero no le buscamos para obtener paz. No le buscamos porque no le amamos y no tenemos capacidad de amar. Es por esto que es Dios que nos busca a nosotros primero, para ver si cedemos a la influencia de su Espíritu, y entonces podamos tener necesidad del remedio para nuestra enfermedad.

La perla de gran precio

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O somos parte de la solución, o somos parte del problema, pero no podemos soñar que podemos estar ambiguamente pisando terreno neutral. En ninguna parte de la Biblia se puede encontrar a un grupo “neutro,” pues para Dios únicamente existen dos grupos de seres humanos: Caín o Abel… agentes de Satanás, o agentes de Dios; o estamos difundiendo el vino del error, o estamos difundiendo la verdad presente; o somos templo del Espíritu Santo, o somos habitación de demonios (Apocalipsis 18:2; Mateo 12:43). No existe un “tercer grupo.” El cristiano tibio, el que tiene un pie dentro y otro fuera, que con una mano quiere aferrarse de la corona celestial, mientras que con la otra mano lucha y se esfuerza por conseguir la terrenal, es peor que el humano que se halla completamente afuera y en abierta rebelión contra Dios.

1JT pg. 126.2 – “Una numerosa hueste de ángeles malos estaba muy atareada. Satanás permanecía en medio de ellos, y todos miraban con extremada satisfacción a la multitud que luchaba por la corona. Satanás parecía lanzar un peculiar ensalmo sobre quienes más afanosamente la apetecían. Muchos de los que buscaban esta corona terrenal eran cristianos de nombre y algunos parecían tener un poco de luz; pero, si bien miraban deseosos la corona celestial y a veces parecían encantados de su hermosura, no tenían verdadero concepto de su valía y belleza. Mientras con una lánguida mano trataban de alcanzar la celestial, con la otra se esforzaban con afán en lograr la terrena, resueltos a poseerla, y perdían de vista la celestial. Quedaban en tinieblas; sin embargo, iban a tientas ansiosos de asegurarse la corona terrena.”

MM pg. 121.1 – “Un hombre espiritualmente ciego es guiado fácilmente por quienes aprovechan toda oportunidad favorable para presentar teorías y conjeturas referentes a Dios. El que es engañado por Satanás imparte entonces a su prójimo la nueva luz que supone ha recibido, como Eva colocó el fruto prohibido en la mano de Adán. Los paganos ignorantes no están en peor condición espiritual que la de quienes han conocido la verdad, pero han aceptado el error…”

DTG pg. 272.2 – “Si los cristianos lo son de nombre solamente, son como la sal que ha perdido su sabor. No tienen influencia para el bien en el mundo, y por su falsa representación de Dios son peores que los incrédulos del mundo.”

2TI pg. 392.1 – “Y Satanás se alegra ante su éxito en controlar las mentes de tantos que profesan ser cristianos. Los ha engañado, ha entumecido su discernimiento, y ha plantado su estandarte infernal en medio de ellos, y ellos están tan completamente engañados que no lo reconocen. El pueblo no ha erigido imágenes talladas, sin embargo su pecado no es menor a la vista de Dios. Adoran a Mammón. Aman las ganancias mundanas. Algunos sacrifican su conciencia para obtener su objetivo. El profeso pueblo de Dios es egoísta y ególatra. Aman las cosas de este mundo, y son amigos de las obras de las tinieblas. Se complacen en la injusticia. No tienen amor a Dios ni a sus semejantes. Son idólatras, y son peores, mucho peores, a la vista de Dios que los paganos, adoradores de imágenes talladas que no conocen nada mejor.”

El profeso cristiano, que deja a un lado la perla de mayor valor, a cambio de los intereses egoístas mundanos, es peor que el idólatra, el pagano, el mundano, que nunca profesó creer en Dios y en su Palabra. El verdadero fanatismo se revela en el hecho de que el hombre necio asiente en vender su primogenitura, en dejar a un lado la perla más preciosa del universo, a cambio del dios vientre (Filipenses 3:19), o de los otros placeres y tesoros pasajeros que ofrece el dios de este siglo en la feria de la vanidad (2 Corintios 4:4).

Mateo 13:45-46 – “El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”

ELC pg. 51.2 – “Cuando Cristo comparó el reino de los cielos a una perla de gran precio deseaba llevar a cada alma a apreciar esa perla sobre toda otra cosa. La posesión de la perla, que significa la posesión de Cristo como Salvador personal, es un símbolo de las mayores riquezas. Es un tesoro muy superior a cualquier riqueza terrenal

“Hay algunos que están buscando, siempre buscando, la perla de gran precio. Pero no hacen una entrega completa de sus malos hábitos. No mueren al yo para que Cristo pueda vivir en ellos. Por eso no encuentran la perla preciosa… Jamás experimenta paz y armonía en el alma porque sin una entrega completa no hay descanso ni paz. Casi cristianos, pero no plenamente cristianos, parecen estar cerca del reino de los cielos, pero no pueden entrar allí. Casi pero no completamente salvados significa no casi sino enteramente perdidos

“En la parábola se representa al mercader vendiendo todo lo que tenía con tal de obtener una perla de gran precio. Esta es una hermosa ilustración de aquellos que aprecian tan altamente la verdad que renuncian a todo lo que tienen para llegar a poseerla. Por fe echan mano de la salvación provista para el hombre por el sacrificio del unigénito Hijo de Dios. La justicia de Cristo, como una pura perla blanca, no tiene defecto, culpa ni mancha. Ninguna obra humana puede mejorar las grandes y preciosas verdades de la Palabra de Dios. No son una mezcla de verdad y error. No presentan ninguna imperfección…

“La salvación, con su inestimable tesoro comprado con sangre, es la perla de gran precio. Se puede buscarla y hallarla. Pero todos los que realmente la hallan venderán todo lo que tienen para comprarla.”

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Todas las señales de los tiempos indican que estamos a las puertas de las escenas finales de este mundo. Sin embargo, aquellos profesos cristianos que deberían estar luchando con todas sus fuerzas por obtener la perla preciosa, y por obtener la corona celestial, aquellos quienes debieran estar velando y estar preparados llenos de aceite en sus lámparas, se encuentran más bien muy preocupados por las cosas de este mundo, y además exclaman…

“Mi Señor tarda en venir”

Lucas 21:29-36 – “Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

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2JT pg. 15.1 – “Las instrucciones que dio el Salvador a sus discípulos estaban destinadas a beneficiar a sus seguidores de toda época. Cuando dijo: ‘Mirad por vosotros’ (Lucas 21:34), tenía en vista a los que vivirían cerca del fin del tiempo. A cada uno le toca apreciar por su cuenta en su corazón las gracias preciosas del Espíritu Santo.

“Satanás está obrando con incansable perseverancia e intensa energía para arrastrar a sus filas a los que profesan seguir a Cristo. Está obrando ‘con todo engaño de iniquidad en los que perecen’ (2 Tesalonicenses 2:10). Pero Satanás no es el único que trabaja para sostener el reino de las tinieblas. Cualquiera que induce a otros a pecar es un tentador. Cualquiera que imite al gran engañador, lo auxilia. Los que prestan su influencia a sostener una mala obra, están haciendo el trabajo de Satanás.

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Las acciones revelan los principios y los motivos. El fruto que llevan muchos de los que aseveran ser plantas de la viña del Señor, demuestran que no son sino cardos y espinas. Una iglesia entera puede sancionar la mala conducta de alguno de sus miembros, pero esa sanción no prueba que el mal sea correcto. No puede hacer uvas de las bayas de espinillos.

“Si algunos de los que profesan creer la verdad presente pudiesen comprender su verdadera situación, desesperarían de la misericordia de Dios. Han estado ejerciendo toda su influencia contra la verdad, contra la voz de amonestación, contra el pueblo de Dios. Han estado haciendo la obra de Satanás. Muchos se han dejado infatuar de tal manera por sus engaños que nunca se recobrarán. No puede existir semejante estado de apostasía sin ocasionar la pérdida de muchas almas.

La iglesia ha recibido advertencia tras advertencia. Han sido claramente revelados los deberes y peligros del pueblo de Dios. Pero han prevalecido los elementos mundanos. Durante años y en desafío a las advertencias y súplicas del Espíritu Santo, han estado ganando terreno las costumbres, prácticas y modas que desvían al alma de Dios; hasta que al fin, esos caminos han parecido correctos, y apenas se oye la voz del Espíritu. Nadie puede decir hasta dónde irá en el pecado, una vez que se entregó al poder del gran engañador. Satanás entró en Judas Iscariote, y le indujo a traicionar a su Señor. Satanás indujo a Ananías y Safira a mentir al Espíritu Santo. Los que no están completamente consagrados a Dios serán inducidos a hacer la obra de Satanás, mientras se lisonjean de que están en el servicio de Cristo.”

Mateo 24:44-51 – “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

2JT pg. 14.2 – “Aquel siervo malo que dice en su corazón: ‘Mi Señor se tarda en venir’ (Mateo 24:48), profesa estar aguardando a Cristo. Es un ‘siervo’ exteriormente dedicado al servicio de Dios, mientras que en su corazón ha cedido a Satanás. No niega abiertamente la verdad, como el escarnecedor, sino que revela en su vida el sentir de su corazón, a saber, que la venida del Señor se tarda. La presunción lo vuelve negligente de los intereses eternos. Acepta las máximas del mundo y se conforma a sus costumbres y prácticas. En él predominan el egoísmo, el orgullo mundanal y las ambiciones. Temiendo que sus hermanos ocupen un puesto más elevado que él mismo, empieza a hablar despectivamente de sus esfuerzos y a impugnar sus motivos. Así hiere a sus consiervos. A medida que se aparta del pueblo de Dios, se une más y más con los impíos. Se lo encuentra comiendo y bebiendo ‘con los borrachos’ (vers. 49), uniéndose con los mundanos y participando de su espíritu. Así queda adormecido en una seguridad carnal, y vencido por la indiferencia y la pereza.

Su mal se inició cuando comenzó a descuidar la vigilancia y la oración secreta. Luego sacrificó otros deberes religiosos, y así se abrió la puerta para todos los pecados que siguieron. Cada cristiano será asaltado por las seducciones del mundo, los clamores de la naturaleza carnal, y las tentaciones directas de Satanás. Nadie está seguro. Cualquiera que haya sido nuestra experiencia, por elevada que sea nuestra posición, necesitamos velar y orar de continuo. Debemos ser dominados diariamente por el Espíritu de Dios o seremos dominados por Satanás.”

2JT pg. 16.4 – “El mundo es para el cristiano una tierra de extraños y enemigos. A menos que tome para su defensa la panoplia divina, y maneje la espada del Espíritu, llegará a ser presa de las potestades de las tinieblas. La fe de todos será probada. Todos serán probados como el oro es probado por el fuego.

“La iglesia está compuesta de hombres y mujeres imperfectos, que yerran y necesitan que se ejercite continuamente en su favor caridad y tolerancia. Pero ha habido un largo período de tibieza general; un espíritu mundanal ha estado penetrando en la iglesia, y ha sido seguido por enajenamiento, malicia, censuras, contiendas e iniquidad.

Si se oyesen menos sermones de parte de hombres que no están consagrados en su corazón y su vida, y ellos dedicasen más tiempo a humillar su alma delante de Dios, podríamos esperar que el Señor acudiría en vuestra ayuda, y remediaría vuestras apostasías. Mucho de lo que se ha venido predicando últimamente engendra una falsa seguridad. Los intereses importantes de la causa de Dios no pueden ser manejados sabiamente por los que tienen tan poca relación real con Dios como la que han tenido algunos de nuestros ministros. Confiar la obra a hombres tales es como poner niños a pilotear grandes barcos en el mar. Los que están destituidos de la sabiduría celestial y del poder vivo de Dios, no son competentes para dirigir el barco evangélico entre témpanos de hielo y tempestades. La iglesia está pasando por severos conflictos, pero en su peligro, muchos quisieran confiarla a manos que la habrían de hacer zozobrar. Necesitamos un piloto a bordo ahora; porque nos estamos acercando al puerto. Como pueblo, debiéramos ser la luz del mundo. Pero cuántos son como vírgenes fatuas, que no tienen aceite en sus vasos ni en sus lámparas. ¡Que el Señor de toda gracia, abundante en misericordia y perdón, se compadezca de nosotros y nos salve, para que no perezcamos con los impíos!

“En estos momentos de conflicto y prueba, necesitamos todo el apoyo y el consuelo que podamos obtener de los principios correctos, de las convicciones religiosas firmes, de la seguridad permanente del amor de Cristo, y de una rica experiencia en las cosas divinas. Únicamente como resultado de un firme crecimiento en la gracia, es cómo alcanzaremos a la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús.

“¡Oh! ¿Qué puedo yo decir para abrir los ojos ciegos e iluminar el entendimiento espiritual? Debe crucificarse el pecado. Debe realizar el Espíritu Santo una renovación moral completa. Debemos tener el amor de Dios, con una fe viva y permanente. Esta es el oro probado en el fuego. Podemos obtenerlo únicamente de Cristo. Todo buscador sincero y ferviente llegará a participar de la naturaleza divina. Su alma se llenará de intenso anhelo por conocer la plenitud del amor que supera todo conocimiento. Mientras progrese en la vida divina, podrá comprender mejor las verdades elevadas y ennoblecedoras de la Palabra de Dios, hasta que, por contemplación, será transformado y capacitado para reflejar la semejanza de su Redentor.”

Ahora, justamente ahora, cuando el Juicio de Vivos está a las puertas, y el pueblo de Dios debería estar advirtiendo al mundo, con el mensaje de los tres ángeles: “temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida” (Apocalipsis 14:7), su profeso pueblo se haya más ocupado calculando fechas para la segunda venida y echando oprobio sobre el movimiento adventista y su verdadero mensaje—que es un anuncio de JUICIO—un Juicio que ANTECEDE a la segunda venida de Cristo. Pues, cuando Cristo venga por segunda vez, todo caso ya estará decidido para vida eterna o muerte segunda.

PE pg. 22.1 – “Diferentes fechas fueron fijadas en repetidas ocasiones para la venida del Señor, y se insistió en que los hermanos las aceptasen; pero el Señor me mostró que todas pasarían, porque el tiempo de angustia debía transcurrir antes de la venida de Cristo, y que cada vez que se fijara una fecha y ésta transcurriera, ello no podría sino debilitar la fe del pueblo de Dios. Por enseñar esto, se me acusó de acompañar al siervo malo que decía en su corazón: ‘Mi Señor tarda en venir’.”

Una aparente contradicción

Cristo es llamado el Príncipe de Paz (Isaías 9:6). Pero Cristo también advirtió que no vino traer paz, sino espada (Marcos 10:34). Cristo dijo “bienaventurados los pacificadores” (Mateo 5:9), pero también advirtió que “cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente” (1 Tesalonicenses 5:3).

Por estos versículos pareciera que hubiera una contradicción, pero en realidad se trata de una distinción entre una verdadera paz y una paz falsa. Es por esto que primeramente se debe entender en qué consiste aquella paz que Cristo nos ofrece, y en qué consiste la falsa paz que el mundo y los hombres venden.

 

La Verdadera Paz

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¿Qué es la paz?

Gálatas 5:22-23 – “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.”

La paz verdadera es un fruto del Espíritu, es decir: es un don sobrenatural, y por lo tanto la paz, como todos los otros dones de Gálatas 5:22-23, no es inherente en el ser humano. Se trata de un don que se perdió completamente el momento en que el hombre Adán cayó en el pecado.

¿En qué consiste esa paz?

2MCP pg. 671/2 (288.2) – “En la raíz de la ruina de muchos hogares se encuentra la pasión por la ostentación. Hombres y mujeres calculan y hacen planes para conseguir recursos con el fin de parecer más ricos que sus vecinos; pero aunque puedan triunfar en su lucha desesperada, no son verdaderamente felices. La verdadera felicidad brota de un corazón en paz con Dios. (Comentario sobre 1 Pedro 3:3-4).”

La verdadera paz consiste en estar en paz con Dios.

Salmos 119:165 – “Mucha paz tienen los que aman tu ley; Y no hay para ellos tropiezo.”

Adán, antes de caer en el pecado, estaba en armonía con Dios y con la Ley, y estaba en enemistad con Satanás. Adán tenía paz.

¿Qué fue lo que quebrantó la paz del hombre?

PP pg. 39/3 (35.4) – “Una expresión de tristeza cubrió el rostro de Adán. Quedó atónito y alarmado. A las palabras de Eva contestó que ése debía ser el enemigo contra quien se los había prevenido; y que conforme ala sentencia divina ella debía morir. En contestación, Eva le instó a comer, repitiendo el aserto de la serpiente de que no morirían. Alegó que las palabras de la serpiente debían ser ciertas puesto que no sentía ninguna evidencia del desagrado de Dios; sino que, al contrario, experimentaba una deliciosa y alborozante influencia, que conmovía todas sus facultades con una nueva vida, que le parecía semejante ala que inspiraba a los mensajeros celestiales.”

Lo que quebrantó la paz del hombre fue el pecado (Génesis 3:6). Después de su pecado, Adán y Eva intentaron esconderse de Dios—sintieron miedo, pues ya no tenían más paz con Dios, y además demostraron haber perdido su conocimiento acerca de Dios, ya que al intentar esconderse de la presencia divina estaban ignorando completamente la naturaleza omnipresente y omnisapiente del Creador.

Génesis 3:8 – “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”

Luego de su pecado, el hombre Adán se reconoció “desnudo”:

Génesis 3:7 – “Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”

A pesar de reconocer su desnudez exterior, el hombre Adán no comprendió su verdadera desnudez: la desnudez interior. Al momento de desobedecer al Creador, perdió sus dones espirituales: perdió el amor, la fe, la paz, la paciencia, la misericordia, y todos los otros frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

HR pg. 21.1 – “La inocente pareja no usaba vestiduras artificiales. Estaban revestidos de un velo de luz y esplendor como el de los ángeles. Este halo de luz los envolvió mientras vivieron en obediencia a Dios.”

HR pg. 39.1 – “Después de su transgresión Adán imaginó al principio que experimentaba el surgimiento de una forma de vida nueva y más elevada. Pero pronto el pensamiento de su transgresión lo llenó de terror. El aire, que había sido agradable y de temperatura uniforme, parecía querer congelarlos ahora. La pareja culpable experimentaba un sentimiento de pecado. Sentían temor por el futuro, una impresión de necesidad y desnuda el alma. El dulce amor y la paz, y ese feliz y arrobado contentamiento, parecieron haber desaparecido, y en su lugar los sobrecogió una sensación de necesidad que nunca habían experimentado antes. Entonces, por primera vez, prestaron atención a lo externo. Nunca habían estado vestidos sino que los había envuelto una luz como a los ángeles celestiales. Esa luz que los rodeaba había desaparecido. Para aliviar esa sensación de necesidad y desnudez que experimentaban, trataron de buscar algo que les cubriera el cuerpo, pues, ¿cómo podrían comparecer desnudos ante Dios y los ángeles?”

HR pg. 40.3 – “El Señor visitó a Adán y Eva y les dio a conocer las consecuencias de su desobediencia. Cuando se percataron de la presencia majestuosa de Dios trataron de esconderse de su vista, de la que antes se deleitaban, cuando gozaban de inocencia y santidad. ‘Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él le respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?’ El Señor no formuló esa pregunta porque necesitaba información, sino para tratar de convencer a la pareja culpable. ¿Qué te infundió vergüenza y temor? Adán reconoció su transgresión, no porque estuviera arrepentido de su gran desobediencia, sino para reprochar a Dios. ‘La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí’. Entonces preguntó a la mujer: ‘¿Qué es lo que has hecho?’ Eva respondió: ‘La serpiente me engañó, y comí’.”

Luego de la caída de Adán, se le informó que en su nuevo estado y su nueva naturaleza caída—como resultado de la transgresión, era imposible que de ahí en adelante pudiera el hombre obedecer la Ley de Dios. El hombre había perdido los dones sobrenaturales—entre ellos el amor—y sin amor, es imposible obedecer a Dios, pues “el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10).

Juan 5:42 – “Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.”

Adán, luego de caer en el pecado, prometió ignorantemente, al igual que los hebreos en el monte del Sinaí, brindar una estricta obediencia a la Ley de Dios. Sin embargo, así como los hebreos prometieron una estricta obediencia (Éxodo 24:3, 7), para luego—unos momentos más tarde—estar celebrando danzas, orgías y adoración a la estatua de un becerro (Éxodo 32), Adán debía llegar a entender que era completamente imposible que por su incapacidad natural para amar pudiera obedecer a Dios. Y no sólo Adán debía entender esto, todo estudiante de la Palabra de Dios debe entender lo que Dios dice en su Palabra acerca de la naturaleza y la condición verdadera de la raza caída. De lo contrario, nunca tendrá una necesidad verdadera de Cristo como su salvador personal y nunca llegará a tener paz.

HR pg. 42.1 – “Se les informó que debían salir de su hogar edénico. Habían cedido ante los engaños de Satanás y habían creído sus afirmaciones de que Dios mentía. Mediante su transgresión habían abierto la puerta para que Satanás tuviera fácil acceso a ellos, y ya no era seguro que permanecieran en el Jardín del Edén, no fuera que en su condición pecaminosa tuvieran acceso al árbol de la vida y perpetuaran así una vida de pecado. Suplicaron que se les permitiera quedar, aunque reconocían que habían perdido todo derecho al bendito Edén. Prometieron que en lo futuro obedecerían a Dios perfectamente. Se les informó que al caer de la inocencia a la culpa no se habían fortalecido, sino por el contrario se habían debilitado enormemente. No habían preservado su integridad cuando gozaban de un estado de santa y feliz inocencia, mucho menos tendrían fortaleza para permanecer leales y fieles en un estado de culpa consciente. Se llenaron de profunda angustia y remordimiento. Comprendieron entonces que el castigo del pecado es la muerte.”

Mientras el hombre no comprenda cuál es su verdadera condición ante la Ley y ante los ojos de Dios, jamás valorará debidamente la perla preciosa: la justicia de Cristo, su sacrificio extraordinario en la cruz, y su trabajo de Mediador y Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial.

HR pg. 49.2 – “A Adán se le revelaron importantes acontecimientos del futuro, desde su expulsión del Edén hasta el diluvio y más allá, hasta la primera venida de Cristo a la tierra; su amor por Adán y su posteridad inducirían al Hijo de Dios a condescender al punto de tomar la naturaleza humana para elevar así, por medio de su propia humillación, a todos los que creyeran en él. Ese sacrificio sería de suficiente valor como para salvar a todo el mundo; pero sólo unos pocos aprovecharían la salvación ofrecida por medio de un sacrificio tan extraordinario. La mayor parte no cumpliría las condiciones requeridas para ser participantes de la gran salvación de Dios. Preferirían el pecado y la transgresión de la ley del Señor antes de arrepentirse y obedecer, para descansar por fe en los méritos y el sacrificio ofrecidos. Este sacrificio era de un valor tan inmenso, como para hacer más precioso que el oro fino, y que el oro de Ofir, al hombre que lo aceptara.

“Se transportó a Adán a través de las generaciones sucesivas para que viera el aumento del crimen, la culpa y la contaminación, porque el hombre cedería a sus inclinaciones naturalmente fuertes a desobedecer la santa ley de Dios. Se le mostró que la maldición del Señor recaería cada vez con más fuerza sobre la raza humana, el ganado y la tierra, por causa de la permanente transgresión del hombre. Se le mostró también que la iniquidad y la violencia irían en aumento constante; sin embargo, en medio de toda la marea de la miseria y la desgracia humana siempre habría unos pocos que conservarían el conocimiento de Dios y que permanecerían incontaminados en medio de la prevaleciente degeneración moral. Adán debió comprender lo que era el pecado: la transgresión de la ley. Se le mostró que la especie cosecharía degeneración moral, mental y física como resultado de la transgresión, hasta que el mundo se llenara de toda clase de miseria humana.

“Los días del hombre fueron acortados por causa de su propio pecado al desobedecer la justa ley de Dios. La especie se depreció tanto finalmente que causó la impresión de ser inferior y casi sin valor. Generalmente los hombres fueron incapaces de apreciar el misterio del Calvario y los grandes y sublimes hechos de la expiación y el plan de salvación, por causa de su sometimiento al ánimo carnal. Sin embargo, a pesar de su debilidad y de las debilitadas facultades mentales, morales y físicas de la especie humana, Cristo, fiel al propósito que lo indujo a salir del cielo, continúa manifestando interés en estos débiles, despreciados y degenerados ejemplares de la humanidad, y los invita a ocultar su debilidad y sus muchas deficiencias en él. Si están dispuestos a acudir a él, el Señor lo está para suplir todas sus necesidades.”

Aquel “halo de luz” que cubría la desnudez de nuestros primeros padres en el Edén, era un símbolo de su vestido interior: de los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23. Es por esto que, a causa de su caída, perdieron ese halo de luz—ya que habían perdido instantáneamente todos los frutos del Espíritu.

1MS pg. 316.3 – “En el primer advenimiento de Cristo, Satanás había degradado al hombre de su excelsa pureza original y había oscurecido el oro fino con el pecado. Al hombre, creado para ser soberano en el Edén, lo había transformado en un esclavo en la tierra que gemía bajo la maldición del pecado. Después de su transgresión, desapareció de Adán el halo de gloria que Dios le había dado cuando era santo, y que lo cubría como un manto. La luz de la gloria de Dios no podía cubrir la desobediencia y el pecado. En lugar de la salud y de la plenitud de las bendiciones, la pobreza, la enfermedad y los sufrimientos de todo tipo habían de ser la suerte de los hijos de Adán.

“Por su poder engañador, Satanás había guiado a los hombres mediante vanas filosofías a poner en duda y finalmente a dejar de creer en la revelación divina y en la existencia de Dios. Podía contemplar panorámicamente un mundo de degradación moral y una raza expuesta a la ira de un Dios retribuidor del pecado. Con perverso triunfo, podía ver que había tenido tanto éxito en oscurecer la senda de tantos y que los había inducido a transgredir la ley de Dios. Revestía el pecado con atracciones agradables para asegurar la ruina de muchos.

“Pero su estratagema de mayor éxito ha sido la de ocultar su verdadero propósito y su verdadero carácter, presentándose a sí mismo como amigo del hombre y como benefactor de la raza humana. Halaga a los hombres con la fábula agradable de que no hay un enemigo rebelde, que no hay un enemigo mortal contra el cual necesitan precaverse, y que es pura ficción la existencia de un diablo personal. Mientras así oculta su existencia, reúne a miles bajo su dominio. Los está engañando, como trató de engañar a Cristo, con la impostura de que él es un ángel del cielo que hace una buena obra para la humanidad. Y las multitudes están tan cegadas por el pecado, que no pueden discernir los artificios de Satanás, y lo honran como si fuera un ángel celestial, al paso que él está realizando la ruina eterna de ellos.”

PVGM pg. 252.3 – “La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. Ellos vivían en perfecta conformidad con la voluntad de Dios. Toda la fuerza de sus afectos era dada a su Padre celestial. Una hermosa y suave luz, la luz de Dios, envolvía a la santa pareja. Este manto de luz era un símbolo de sus vestiduras espirituales de celestial inocencia. Si hubieran permanecido fieles a Dios, habría continuado envolviéndolos. Pero cuando entró el pecado, rompieron su relación con Dios, y la luz que los había circuido se apartó. Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse.”

Como el hombre Adán estaba únicamente consciente de su desnudez exterior, sin percatarse de su desnudez interior, prometió a Dios obedecer de ahí en adelante estrictamente a Dios. Pero la pérdida del manto de luz que envolvía a la santa pareja era una comunicación de que habían perdido en un abrir y cerrar de ojos todos los dones sobrenaturales. Ya no eran capaces de amar, de tener paz, por sí mismos. Y si Dios no hubiera actuado para hacer algo al respecto a su nueva condición depravada, la raza humana hubiera quedado sin remedio en absoluta e irremediable rebelión contra el Creador.

CC pg. 17.1 – “El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos. Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo reemplazó el amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial. El tentador quería desbaratar el propósito que Dios había tenido cuando creó al hombre. Así llenaría la tierra de sufrimiento y desolación y luego señalaría todo ese mal como resultado de la obra de Dios al crear al hombre.”

Esta es la razón por la cual es imposible para el hombre obedecer la Ley de Dios y tener paz. Necesitamos de un SUSTITUTO que con su vida perfecta pueda reemplazar nuestra vida imperfecta y contaminada. Necesitamos un sustituto que sí haya tenido amor, y que haya tenido el don sobrenatural de la paz. Es por esto que el Testigo Fiel nos recuerda y nos amonesta, a lo largo de toda la Biblia, que estamos espiritualmente desnudos—reiteradamente el Espíritu de Dios nos revela que no tenemos los dones sobrenaturales o frutos del Espíritu.

Apocalipsis 3:17 – “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo.”

Pero el Testigo Fiel no nos revela nuestra condición verdadera y desesperada, sin antes dejarnos conocer que existe una solución a nuestro problema. Nos revela la raíz de nuestra enfermedad, pero luego nos revela la cura. Es posible “comprar” estos dones sobrenaturales que naturalmente no poseemos.

Apocalipsis 3:18 – “Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.”

No tiene sentido “comprar” algo que uno no posee. Sólo se compra aquello que no se posee. Por lo tanto, si el Testigo Fiel nos aconseja comprar amor y fe, lógicamente esto implica indudablemente que el hombre no posee ni amor ni fe, ni ningún otro don sobrenatural.

DTG pg. 246.3 – “Como fue en los días de Cristo, así es hoy; los fariseos no conocen su indigencia espiritual. A ellos llega el mensaje: ‘Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez’ (Apocalipsis 3:17-18). La fe y el amor son el oro probado en el fuego. Pero en el caso de muchos, el oro se ha empañado, y se ha perdido el rico tesoro. La justicia de Cristo es para ellos como un manto sin estrenar, una fuente sellada. A ellos se dice: ‘Tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido’ (Apocalipsis 2:4-5).”

FO pg. 85.3 – “Consideremos nuestra condición delante de Dios. Hagamos caso del consejo del Testigo fiel. Ninguno de nosotros esté lleno de prejuicios como estuvieron los judíos, de modo que la luz no entre en nuestro corazón. Que no sea necesario que Cristo diga de nosotros como dijo de ellos: ‘No queréis venir a mí para que tengáis vida’ (Juan 5:40).”

1JT pg. 332.1 – “Muchos se sienten impacientes e irritados porque son frecuentemente molestados por amonestaciones y reproches que les hacen acordar de sus pecados. Dice el Testigo Fiel: ‘Yo conozco tus obras’ (Apocalipsis 3:15). Los motivos, los propósitos, la incredulidad, las sospechas y los celos, pueden ocultarse de los hombres, pero no de Cristo.”

El hombre caído no quiere reconocer su total incapacidad para amar, su total incapacidad para obedecer la Ley de Dios, no quiere reconocerse desnudo espiritualmente y carente de paz. En lugar de reconocer su desnudez, prefiere coser sus propias vestiduras con hojas de higuera, para ocultar su desnudez espiritual. Pero ninguna vestidura hecha por mano humana puede traernos paz.

PVGM pg. 252.4 – “Esto es lo que los transgresores de la ley de Dios han hecho desde el día en que Adán y Eva desobedecieron. Han cosido hojas de higuera para cubrir la desnudez causada por la transgresión. Han usado los mantos de su propia invención; mediante sus propias obras han tratado de cubrir sus pecados y hacerse aceptables a Dios.

Pero esto no pueden lograrlo jamás. El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la usanza mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.”

Adán pasó de estar en armonía y paz con Dios, y de estar en enemistad con Satanás, por la transgresión, a estar en armonía con Satanás y a estar en divergencia y enemistad con Dios.

CS pg. 520/2 (460.4) – “Pero el pecado le separó de su Hacedor. Ya no reflejaba más la imagen divina. Su corazón estaba en guerra con los principios de la ley de Dios. ‘La intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede’ (Romanos 8:7).”

CS pg. 559/2 (495.2) – “Dios declara: ‘Enemistad pondré.’ Esta enemistad no es fomentada de un modo natural. Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala y llegó a estar en armonía y no en divergencia con Satanás. No puede decirse que haya enemistad natural entre el hombre pecador y el autor del pecado. Ambos se volvieron malos a consecuencia de la apostasía. El apóstata no descansa sino cuando obtiene simpatías y apoyo al inducir a otros a seguir su ejemplo. De aquí que los ángeles caídos y los hombres malos se unan en desesperado compañerismo. Si Dios no se hubiese interpuesto especialmente, Satanás y el hombre se habrían aliado contra el cielo; y en lugar de albergar enemistad contra Satanás, toda la familia humana se habría unido en oposición a Dios.”

“Esta enemistad no es fomentada de un modo natural” pues lo natural es que el hombre esté en armonía con Satanás y en enemistad con Dios. Para que el hombre pueda volver a estar en su posición original, antes de que el pecado entrara en la tierra, es necesario que Dios mismo siembre en el hombre los dones sobrenaturales perdidos por causa de la transgresión. Es así, que la enemistad con Satanás y la armonía con Dios es fomentada de un modo sobrenatural.

Adán pasó de ser súbdito del Reino de Dios, a ser súbdito y esclavo de Satanás. Y como Satanás es un mal pagador, es imposible que el hombre tenga paz mientras siga sometido al reino de Satanás.

Juan 8:32 – “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”

DTG pg. 431.2 – “Estas palabras ofendieron a los fariseos. Pasando por alto la larga sujeción de la nación a un yugo extranjero, exclamaron coléricamente: ‘Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?’ Jesús miró a esos hombres esclavos de la malicia, cuyos pensamientos se concentraban en la venganza, y contestó con tristeza: ‘De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.’ Ellos estaban en la peor clase de servidumbre: regidos por el espíritu del maligno.”

DTG pg. 431.3 – “Todo aquel que rehúsa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder. No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta esclavitud. No le es dado ver la belleza de la verdad, porque su mente está bajo el dominio de Satanás. Mientras se lisonjea de estar siguiendo los dictados de su propio juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas.”

Entonces, ¿cómo podemos recuperar la paz con Dios?

Las demandas y la condenación de la Ley

La historia del joven rico enseña muchas verdades que deben ser estudiadas. Una de estas lecciones es que, para poder estar en armonía y paz con Dios, es necesario la obediencia perfecta y perpetua a la Ley.

Mateo 19:16 – “ Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

PVGM pg. 322.3 – “El príncipe se había dirigido a Cristo meramente como a un honrado rabí, no discerniendo en él al Hijo de Dios. El Salvador dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios’. ¿En qué te basas para llamarme bueno? Dios es el único bueno. Si me reconoces a mí como tal, me debes recibir como su Hijo y Representante.

“‘Si quieres entrar en la vida—añadió—, guarda los mandamientos’. El carácter de Dios está expresado en su ley; y para que estés en armonía con Dios, los principios de su ley deben ser la misma fuente de cada acción tuya.

Cristo no disminuye las exigencias de la ley. En un lenguaje inconfundible, presenta la obediencia a ella como la condición de la vida eterna: la misma condición que se requería de Adán antes de su caída. El Señor no espera menos del alma ahora que lo que esperó del hombre en el paraíso: perfecta obediencia, justicia inmaculada. El requisito que se ha de llenar bajo el pacto de la gracia es tan amplio como el que se exigía en el Edén: la armonía con la ley de Dios, que es santa, justa y buena.”

Cuando Cristo le presentó al joven rico las demandas de la Ley para poder alcanzar la vida eterna, el joven rico respondió cuestionando sobre “cuál” ley hablaba Cristo. ¿Acaso hoy no sucede exactamente igual? Cuando al maestro judaizante se le habla de la Ley, el judaizante pregunta “¿de cuál Ley hablas? ¿Del Decálogo? ¿De la ley ceremonial? ¡Para los judíos no sólo había 10 mandamientos sino 610 en la Torá!” Sin embargo, tal como responde el Hijo de Dios, el pacto de Dios no fue pactado sobre 610 mandamientos, sino sobre 10 – las tablas del pacto (Éxodo 34:28; Deuteronomio 9:9-15).

DTG pg. 323.1 – “A las palabras: ‘Guarda los mandamientos’, el joven respondió: ‘¿Cuáles?’ El pensaba que se refería a algunos preceptos ceremoniales; pero Cristo estaba hablando de la ley dada desde el Sinaí. Mencionó varios mandamientos de la segunda tabla del Decálogo, y entonces los resumió todos en el precepto: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.”

Cuando Jesús le dejó claro al joven rico de que se refería a los Diez Mandamientos, a la Ley eterna e inmutable, el joven rico respondió sin dudar un momento que él era un guardador de la Ley. El joven rico no se consideraba pecador, y esta misma confianza era la que tenía todo el pueblo judío. Los israelitas no se consideraban pecadores pues se les había enseñado por varios años que el pecado era únicamente el acto. Si la Ley condenara solamente los actos, y luego yo me privo de hacer esos actos, entonces fácilmente puedo creerme “no pecador.” Y esta filosofía humana equivocada va más allá: si pecado es sólo el acto, entonces puedo creer fácilmente que un bebe nace “no pecador”, “puro”, “santo”, e “inmaculado”, y entonces nadie necesita de un Salvador personal. ¿Para qué necesito a Cristo si yo, por mi propio esfuerzo, puedo ser “no pecador”? ¿Para qué enseñarle a mi hijo sobre Cristo, si ya nació santo puro inmaculado?

DTG pg. 323.2 – “El joven respondió sin vacilación: ‘Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?’ Su concepción de la ley era externa y superficial. Juzgado por una norma humana, él había conservado un carácter intachable. En alto grado, su vida externa había estado libre de culpa; ciertamente pensaba que su obediencia había sido sin defecto. Sin embargo, tenía un secreto temor de que no estuviera todo bien entre su alma y Dios. Esto fue lo que lo indujo a preguntar: ‘¿Qué más me falta?’”

Lastimosamente, para el joven rico, y para todos los seres humanos que se creen buenas personas, excelentes cristianos, sin mancha alguna, dignos “hijos de Dios” que sólo están esperando ser trasladados al cielo en cualquier momento por su “intachable” conducta… es necesario aprender que la Ley condena no sólo los actos, sino también los pensamientos, los deseos, las intenciones, e inclusive el estado de ser.

En la Biblia podemos encontrar los siguientes requerimientos de la ley para que el hombre sea aceptado o justificado.

DTG pg. 710.3 – “La ley requiere justicia, una vida justa, un carácter perfecto…”

Requerimientos para ser aceptado/justificado

  1. Obediencia perfecta y perpetua a la ley (Romanos 2:13).
  2. Un carácter perfecto (Mateo 5:48).
  3. Una naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).
  4. Una vida justa (Levítico 18:4-5).

El hombre debe cumplir estos cuatro requerimientos para poder ser aceptado ante Dios y ante la ley. Si el hombre no llega a cumplir siquiera uno de estos requerimientos, entonces viene:

La condenación de la ley

La muerte eterna (Romanos 6:23) o llamada en la Biblia muerte segunda (Apocalipsis 21:8).

La muerte que el hombre generalmente experimenta es conocida como “muerte primera” y es comparada por nuestro Redentor como un “sueño” (Lucas 8:52; Juan 11:11-14). Pero la condenación de la ley implica una muerte eterna y definitiva: que sea como si el hombre nunca hubiese existido (Abdías 1:16; Salmos 37:10).

1 Juan 3:4 – “Pecado es transgresión de la ley.”

Si pensamos erróneamente que la Ley condena únicamente LOS ACTOS consumados, entonces concluiremos erróneamente que un ser humano no puede cometer pecado hasta que llegue a cometer el “acto” del pecado. Ya que esta era la doctrina popular en los días de Cristo (y lamentablemente aún en nuestros propios días) fue necesario que Cristo enseñara acerca de la espiritualidad de la ley:

Mateo 5:21-22 – “Oístes que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio…”

Mateo 5:27-28 – “Oístes que fue dicho: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”

Los judíos en los días de Cristo pensaban que la ley sólo condenaba el ACTO CONSUMADO del adulterio. Pero Cristo les mostró que la mera intención, o el simple deseo, o tan sólo codiciar a una mujer, ya era considerado adulterio ante los ojos de Dios.

Los judíos en los días de Cristo enseñaban que la ley sólo condenaba el ACTO CONSUMADO del homicidio. Pero Cristo les dijo que bastaba enojarse contra otra persona para cometer homicidio y estar registrado como homicida en los registros del Santuario Celestial.

Mateo 15:19 – “Porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.”

CNS pg. 60.8 – “Cristo magnificó la ley mostrando el significado admirable que tenía cada parte de ella. Enseñó que debe ser obedecida no sólo con las acciones que los hombres ven, sino también con los pensamientos que sólo Dios conoce.”

El rey David también comprendía la espiritualidad de la ley y por ello escribió:

Salmos 139:23-24 – “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”

DMJ pg. 46.3 – “Su misión (de Cristo) era ‘magnificar la ley y engrandecerla’ (Isaías 42:21). Debía enseñar la espiritualidad de la ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua.”

DMJ pg. 47.1 – “Dado que la ley del Señor es perfecta y, por lo tanto, inmutable, es imposible que los hombres pecaminosos satisfagan por sí mismos la medida de lo que requiere. Por eso vino Jesús como nuestro Redentor.”

Es imposible que el hombre caído en el pecado, con su total incapacidad natural para amar y su naturaleza pecaminosa, pueda satisfacer todas las demandas de la Ley de Dios, toda “la medida” y el “vasto alcance” de la Ley que rige el universo entero—tanto a este mundo caído, como a los otros mundos no caídos.

A lo largo de la Biblia podemos aprender historia tras historia, siglo tras siglo, cómo Dios ha tratado de mil maneras hacer entender al necio hombre acerca de su total incapacidad para amar y de su total incapacidad para obedecer. Asimismo ocurrió con el joven rico. El joven rico se creía no pecador, se creía obediente a la Ley, entonces era necesario que Cristo le hiciera ver que en lugar de tener amor, tenía egoísmo en su corazón. Nosotros debemos aprender esta lección, si no queremos rechazar a Cristo, así como le rechazó el joven rico y así como le rechazaron los líderes religiosos de su tiempo y toda la nación que profesaba obedecer a Dios.

PVGM pg. 323.3 – “‘Si quieres ser perfecto—dícele Jesús—, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Y oyendo el mancebo esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones’.

“El que se ama a sí mismo es un transgresor de la ley. Jesús deseaba revelarle esto al joven, y le dio una prueba que pondría de manifiesto el egoísmo de su corazón. Le mostró la mancha de su carácter. El joven no deseaba mayor iluminación. Había acariciado un ídolo en el alma; el mundo era su dios. Profesaba haber guardado los mandamientos, pero carecía del principio que es el mismo espíritu y la vida de todos ellos. No tenía un verdadero amor a Dios o al hombre. Esto significaba la carencia de algo que lo calificaría para entrar en el reino de los cielos. En su amor a sí mismo y a las ganancias mundanales estaba en desacuerdo con los principios del cielo. Cuando este joven príncipe vino a Jesús, su sinceridad y fervor ganaron el corazón del Salvador. ‘Mirándole, amóle’. En este joven vio él a uno que podría ser útil como predicador de justicia. El quería recibir a este noble y talentoso joven tan prestamente como recibió a los pobres pescadores que lo siguieron. Si el joven hubiera consagrado su habilidad a la obra de salvar almas, habría llegado a ser un diligente obrero de éxito para Cristo.”

JovenRico-Jesus

La historia del joven rico es una de muchas historias tristes que encontramos en las Sagradas Escrituras. En el joven rico Cristo veía un tremendo potencial para que el joven rico llegara a ser un diligente obrero a favor de la verdad. Pero el amor al mundo, el egoísmo natural, no permitieron a este joven rico entregar su vida plenamente a Cristo. Ese mismo potencial existe en cada uno de nosotros. Y esa es la decisión que le toca tomar a cada ser humano en esta tierra: escoger entre servir a Dios, o servir al yo—al mundo—a Satanás. Y como resultado de esta elección cada ser humano cosechará lo que sembró: vida eterna o muerte eterna.

Con la misma tristeza profunda con que despidió al joven rico, Cristo mira con profundo pesar a todo aquel que se decide por las cosas perecederas de este mundo en lugar de la corona celestial.

PVGM pg. 324.1 – “Cristo miró al joven, y anheló que le entregara su alma. Anheló enviarlo como un mensajero de bendición a los hombres. En lugar de aquello que lo invitó a entregarle, Cristo le ofreció el privilegio de su compañía. ‘Sígueme’, dijo. Este privilegio había sido considerado como un gozo por Pedro, Santiago y Juan. El joven mismo miraba a Cristo con admiración. Su corazón era atraído hacia el Salvador. Pero no estaba listo a aceptar el principio del sacrificio propio expresado por el Salvador. Elegía sus riquezas antes que a Jesús. Anhelaba la vida eterna, pero no quería recibir en el alma ese amor abnegado, el único que es vida, y con un corazón pesaroso se apartó de Cristo.”

Cuando Cristo dijo que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos, no se refería únicamente a los ricos en bienes terrenales, se refería también a los que se creen ricos espiritualmente.

1JT pg. 548.2 – “Dijo Cristo: ‘¡Cuán difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios!’ (Marcos 10:24). Y sus discípulos se quedaron asombrados de su doctrina. Cuando un ministro que ha trabajado con éxito en ganar almas para Jesucristo abandona su obra sagrada para obtener ganancias temporales, se le llama apóstata y habrá de dar cuenta a Dios por los talentos a los cuales dio mala aplicación. Cuando hombres de diferentes vocaciones: agricultores, mecánicos, abogados, etc., se hacen miembros de la iglesia, vienen a ser siervos de Cristo; y aunque sus talentos sean completamente diferentes, su responsabilidad en cuanto a hacer progresar la causa de Dios por el esfuerzo personal y con sus recursos, no es menor que la que descansa sobre el predicador. El ay que caerá sobre el ministro si no predica el Evangelio, caerá tan seguramente sobre el negociante, si él, con sus diferentes talentos, no coopera con Cristo en lograr los mismos resultados. Cuando se le presente esto a cada individuo, algunos dirán: ‘Dura es esta palabra’ (Juan 6:60); sin embargo es veraz aunque sea contradicha continuamente por la práctica de hombres que profesan seguir a Cristo.”

PVGM pg. 324.2 – “Al alejarse el joven, Jesús dijo a sus discípulos: ‘¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!’ Estas palabras asombraron a los discípulos. Se les había enseñado a considerar a los ricos como los favoritos del cielo; ellos mismos esperaban recibir riquezas y poder mundanos en el reino del Mesías; y si el rico no entraba en el reino de los cielos, ¿qué esperanza podría haber para el resto de los hombres?

“‘Mas Jesús respondiendo, les volvió a decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. Y ellos se espantaban más’. Ahora se daban cuenta de que ellos mismos estaban incluidos en la solemne amonestación. A la luz de las palabras del Salvador, fue revelado su propio anhelo secreto de poder y riquezas. Con dudas respecto a ellos mismos, exclamaron: ‘¿Y quién podrá salvarse?’

“‘Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios’.”

Es imposible que nosotros, por nosotros mismos, dejemos a un lado la armonía y amistad con Satanás, para establecer paz con Dios. Dios tiene que intervenir primero, de lo contrario nunca saldremos del lazo del Enemigo.

1 Juan 4:19 – “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”

CC pg. 18.1 – “Es imposible que escapemos por nosotros mismos del hoyo de pecado en el que estamos sumidosNuestro corazón es malo, y no lo podemos cambiar. ‘¿Quién podrá sacar cosa limpia de inmunda? Ninguno’ (Job 14:4). ‘El ánimo carnal es enemistad contra Dios; pues no está sujeto a la ley de Dios, ni a la verdad lo puede estar’ (Romanos 8:7). La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero no tienen poder para salvarnos. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Únicamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraer ésta a Dios, a la santidad.”

Es imposible que el hombre por sí mismo pueda satisfacer las demandas de la Ley de Dios. Es imposible que el hombre llegue a crear en sí mismo y por sí mismo amor, paz, o cualquier otro don sobrenatural. Es por esto que Cristo vino a este mundo como Hombre para poder dar satisfacción a las demandas y a la condenación de la Ley. Cristo vino como Hombre para poder ser nuestro Sustituto en la Vida, nuestro Garante y Sustituto en la muerte, y nuestro Mediador en el Santuario Celestial.

Qué ha hecho Dios para que podamos tener paz

Con la caída de nuestros primeros padres, fue necesario que Dios estableciera el Reino de la Gracia y se ponga en marcha el plan de redención.

Génesis 3:15 – “Enemistad pondré.”

La Palabra de Dios no dice “enemistad tendrás”, ni “enemistad habrá,” es decir: esa “enemistad” no se desarrollará inherentemente o naturalmente de nosotros mismos, tampoco vendrá como por arte de magia de alguna forma misteriosa y desconocida. Dios tiene que obrar para que pueda haber esa enemistad, de lo contrario nunca habría enemistad entre el hombre caído y Satanás.

Isaías 9:6 – “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”

DMJ pg. 27.3 – “Cristo es el ‘Príncipe de paz’ (Isaías 9:6), y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado.”

Cristo vino como Hombre a esta tierra a traer la verdadera paz que se perdió cuando nuestros primeros padres transgredieron la Ley de Dios. Es por esto que cuando los ángeles proclamaron el nacimiento del Salvador, su mensaje era un mensaje de paz:

Lucas 2:14 – “Paz y buena voluntad a los hombres.”

“Un niño nos es nacido.” La promesa era de que vendría un Salvador que sería nuestro Sustituto desde el vientre, desde el momento en ser engendrado. Era necesario que Cristo fuera engendrado por el Espíritu Santo (Lucas 1:35), pues para ser nuestro Sustituto que pudiera dar satisfacción a la demanda de la Ley de ser sin mancha de pecado, no podía ser engendrado por un hombre y una mujer con naturaleza pecaminosa. Cristo fue engendrado sin mancha de pecado, sin inclinación a hacer el mal, y era necesario que fuera engendrado sin la desnudez espiritual: tenía que tener todos los dones sobrenaturales: el amor, la paz, la fe, la mansedumbre, todo Gálatas 5:22-23. Esto no lo convertía en un “Superman,” pues a pesar que la humanidad de Cristo no tenía mancha de pecado y a pesar de que poseía todos los frutos del Espíritu, podía ceder a la tentación y pecar; así como Adán, que también fue creado con naturaleza sin mancha de pecado y con los dones espirituales. La diferencia fue que Adán pecó, y pecó en el Edén. Mientras que Cristo cargó con la degeneración causada por el pecado a lo largo de los siglos, una degeneración de la estatura, del vigor físico, y de la edad de vida, y además tuvo que convivir en medio de gente que le odiaba y que hacía todo lo posible para tentarle y hacerle caer constantemente.

1MS pg. 314.2 – “¡Qué contraste el del segundo Adán cuando fue al sombrío desierto para hacer frente sin ninguna ayuda a Satanás! Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en la escala de la dignidad moral, hasta el período del advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. El tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por nosotros. Se humilló a sí mismo hasta las profundidades más hondas del infortunio humano a fin de poder estar calificado para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que el pecado lo había sumergido.”

Las “debilidades” de la naturaleza humana que Cristo tomó en su humanidad tuvieron que ver con la “degeneración” del hombre: disminución de la estatura, decaimiento del vigor de las facultades naturales y disminución de la longevidad. Pero Cristo no tomó en su humanidad la depravación de la naturaleza humana. Degenerar significa decaer, perder la calidad, las características y virtudes originales. Mientras que depravar significa corromper, pervertir, adquirir costumbres viciosas. Para que Cristo pudiera satisfacer la demanda de 1 Pedro 1:15-16, debía ser engendrado por el Espíritu Santo sin una naturaleza pecaminosa—sin mancha y sin contaminación, sin inclinación al pecado.

1 Pedro 1:19 – “Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

3MS pg. 147.2 – “Cristo no poseía la misma deslealtad pecaminosa, corrupta y caída que nosotros poseemos, pues entonces él no podría haber sido una ofrenda perfecta.”

Cristo no podía ser engendrado con una naturaleza pecaminosa pues entonces hubiera tenido la inclinación a hacer el mal, como nosotros tenemos. Y como la ley condena el estado ser, condena los actos y las INTENCIONES, entonces nosotros no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Y por eso necesitamos un SUSTITUTO desde el vientre, desde el engendramiento. Si el ser humano pudiera satisfacer las demandas de la Ley poseyendo una naturaleza pecaminosa, entonces no hubiera habido necesidad de que Cristo tome una naturaleza humana creada por el Espíritu Santo. No hubiera habido necesidad de su vida ni de su muerte. Pero nuestra naturaleza pecaminosa y nuestra incapacidad de amar nos deshabilitan completamente para hacernos justos y regenerarnos a nosotros mismos.

CC pg. 62.2 – “Antes que Adán cayese le era posible desarrollar un carácter justo por la obediencia a la ley de Dios. Mas no lo hizo, y por su caída tenemos una naturaleza pecaminosa y no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa.”

Lamentablemente hoy en día se predica el vino de Babilonia de que Cristo tuvo una naturaleza humana exactamente igual a la nuestra. Es decir, incluyendo tendencia al pecado y nuestra naturaleza pecaminosa. Sin embargo, como ya hemos estudiado en el estudio de la Naturaleza Humana de Cristo, Cristo heredó la degeneración física de la naturaleza humana, mas no la depravación de la naturaleza humana. Degeneración y depravación hoy en día se usan como sinónimos, sin embargo basta con buscar en el diccionario para ver que se trata de dos cosas muy distintas.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 445 – “Sean cuidadosos, sumamente cuidadosos en cómo se ocupan de la naturaleza humana de Cristo. No lo presenten ante la gente como un hombre con tendencia al pecado. Él es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un ser puro y sin pecado, sin mancha de pecado sobre él; era la imagen de Dios. Podía caer, y cayó por la transgresión.

“Por causa del pecado su posteridad nació con propensiones inherentes a la desobediencia. Pero Jesucristo era el unigénito Hijo de Dios. Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo sentido como es tentada la naturaleza humana. Podía haber pecado; podía haber caído, pero en ningún momento hubo en él inclinación alguna al mal. Fue asediado por las tentaciones en el desierto como lo fue Adán por las tentaciones en el Edén.”

La humanidad de Cristo fue engendrada sin mancha de pecado, y se mantuvo sin pecado hasta su muerte en la cruz. Cristo no cometió pecado, y vivió una vida justa de obediencia perfecta y perpetua a la ley, no para sí mismo (pues Cristo no lo necesitaba), sino para todos nosotros que sí necesitamos de una vida perfecta, pura e inmaculada que sustituya nuestra vida imperfecta, manchada y contaminada.

Juan 17:19 – “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.”

Cristo pudo obedecer la Ley perfectamente pues, como estaba escrito proféticamente, tenía la Ley escrita en su mente y corazón (Salmos 40:8), y además tenía capacidad para amar (Juan 13:1), entonces estaba completamente capacitado para obedecer perfectamente los requerimientos de la Ley al igual que el primer Adán antes de su pecado.

Filipenses 2:8 – “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

1 Corintios 15:45 – “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.”

1MS pg. 297.3 – “La enemistad puesta entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer era sobrenatural. La enemistad era en un sentido natural en el caso de Cristo, en otro sentido era sobrenatural, puesto que estaban combinadas la humanidad y la divinidad. Y nunca esa enemistad llegó hasta un grado tan notable como cuando Cristo se convirtió en habitante de esta tierra. Nunca antes había habido un ser en la tierra que aborreciera el pecado con un odio tan perfecto como el de Cristo. El había visto su poder engañador y que infatúa obrando en los santos ángeles, y todas las facultades de Cristo se alistaron contra él.”

La enemistad entre Cristo y Satanás era natural en su Divinidad, pero era sobrenatural en su Humanidad, pues como Hombre Cristo era templo del Espíritu Santo y tenía todos los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23. Cristo era el segundo Adán, y como el primer Adán antes del pecado, estaba capacitado para obedecer la ley perfectamente.

Al desarrollar una vida de obediencia perfecta, Cristo preparó la ofrenda—el medio necesario para nuestra justificación. Pero todavía faltaba el segundo medio—el sacrificio, necesario para podamos salir de la condenación de la muerte segunda.

Juan 17:4 – “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.”

Luego de acabar de preparar la ofrenda, Cristo se dirigió con sus discípulos al Getsemaní. Allí acudió también Satanás, para tratar de evitar que Cristo tomará la decisión de tomar nuestro lugar y ser nuestro Sustituto y Garante en la muerte eterna. Satanás había fracasado en lograr que Cristo fuera nuestro Sustituto en la vida, entonces ahora haría todo lo posible para evitar que Cristo fuera nuestro Garante y Sustituto en la muerte.

DTG pg. 637.5 – “En el desierto de la tentación, había estado en juego el destino de la raza humana. Cristo había vencido entonces. Ahora el tentador había acudido a la última y terrible lucha, para la cual se había estado preparando durante los tres años del ministerio de Cristo. Para él, todo estaba en juego. Si fracasaba aquí, perdía su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegarían a ser finalmente de Cristo; él mismo sería derribado y desechado. Pero si podía vencer a Cristo, la tierra llegaría a ser el reino de Satanás, y la familia humana estaría para siempre en su poder. Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separada de Dios. Satanás le decía que si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación sería eterna. Quedaría identificado con el reino de Satanás, y nunca más sería uno con Dios.”

DTG pg. 641.2 – “Apartándose, Jesús volvió a su lugar de retiro y cayó postrado, vencido por el horror de una gran obscuridad. La humanidad del Hijo de Dios temblaba en esa hora penosa. Oraba ahora no por sus discípulos, para que su fe no faltase, sino por su propia alma tentada y agonizante. Había llegado el momento pavoroso, el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo. Cristo podía aun ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. Todavía no era demasiado tarde. Podía enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre. ¿Beberá el Hijo de Dios la amarga copa de la humillación y la agonía? ¿Sufrirá el inocente las consecuencias de la maldición del pecado, para salvar a los culpables? Las palabras caen temblorosamente de los pálidos labios de Jesús: ‘Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad’ (Mateo 26:42).”

Sin embargo Satanás no pudo vencer a Cristo. ¿Por qué motivo? En visión, Cristo vio el destino de todo ser humano si él no se hacía el Garante y Sustituto de la raza humana: la muerte eterna. Cristo nos vio a cada uno de nosotros y por su capacidad para amar nos amó y decidió tomar nuestro lugar, y sufrir la ira de Dios por el pecado que debe recaer sobre cada uno de nosotros. Fue tratado como nosotros merecemos ser tratados a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como sólo él merece ser tratado.

DTG pg. 642.1 – “Tres veces repitió esta oración. Tres veces rehuyó su humanidad el último y culminante sacrificio, pero ahora surge delante del Redentor del mundo la historia de la familia humana. Ve que los transgresores de la ley, abandonados a sí mismos, tendrían que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Los ayes y lamentos de un mundo condenado surgen delante de él. Contempla la suerte que le tocaría, y su decisión queda hecha. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión. Hará propiciación por una raza que quiso pecar. Su oración expresa ahora solamente sumisión: ‘Si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad’.”

DTG pg. 16.3 – “Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. ‘Por su llaga fuimos nosotros curados’ (Isaías 53:5).”

Hasta el Getsemaní Cristo había traído la “justicia perdurable” de Daniel 9:24, aquella obediencia perfecta y perpetua necesaria para que el hombre pudiera volver a ser aceptado, y en el Getsemaní decidió poner “fin al pecado”, “expiar la iniquidad,” “sellar la visión y la profecía” (Daniel 9:24) pues se iba quitar la “vida al Mesías Príncipe” (Daniel 9:26)—a Cristo—y con su muerte haría “cesar el sacrificio y la ofrenda” (Daniel 9:27)—daría fin al ritual simbólico, toda la ley ceremonial, al sacerdocio levítico y al santuario terrenal.

El Santuario

Cuando Cristo exclamó “consumado es” (Juan 19:30), con su muerte en la cruz, proveyó el segundo medio necesario: la sangre—necesaria para el perdón de nuestros pecados y para satisfacer la condenación de la Ley.

Sin embargo, con su muerte en la cruz no hubo ni justificación, ni perdón de pecados, de ningún ser humano en ese 14 de Abib del año 31 de la era cristiana. Cristo sólo proveyó entonces los medios necesarios para realizar la segunda fase del plan de redención. Era necesario que tanto la ofrenda como el sacrificio sean presentados en el templo verdadero: el Santuario Celestial, donde se encuentra la Ley original, el Juez, los Libros, y los ángeles testigos (Daniel 7:10). Esto lo comprendemos gracias al ritual simbólico.

CS pg. 470/3 (413.2) – “El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar santísimo, para purificar el santuario. Día tras día el pecador arrepentido llevaba su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y poniendo la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados, transfiriéndolos así figurativamente de si mismo a la víctima inocente. Luego se mataba el animal. ‘Sin derramamiento de sangre,’ dice el apóstol, no hay remisión de pecados. ‘La vida de la carne en la sangre está’ (Levítico 17:11). La ley de Dios quebrantada exigía la vida del transgresor. La sangre, que representaba la vida comprometida del pecador, cuya culpa cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al lugar santo y la salpicaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido. Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido figurativamente, por intermedio de la sangre, al santuario. En ciertos casos, la sangre no era llevada al lugar santo; pero el sacerdote debía entonces comer la carne, como Moisés lo había mandado a los hijos de Aarón, diciendo: ‘Dióla él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación’ (Levítico 10:17). Ambas ceremonias simbolizaban por igual la transferencia del pecado del penitente al santuario.

Tal era la obra que se llevaba a cabo día tras día durante todo el año. Los pecados de Israel eran transferidos así al santuario, y se hacía necesario un servicio especial para eliminarlos. Dios mandó que se hiciera una expiación por cada uno de los departamentos sagrados. ‘Así hará expiación por el Santuario, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel y de sus transgresiones, con motivo de todos sus pecados. Y del mismo modo hará con el Tabernáculo de Reunión, que reside con ellos, en medio de sus inmundicias.’ Debía hacerse también una expiación por el altar: ‘Lo purificará y lo santificará, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel’ (Levítico 16:16, 19).”

El plan de redención no concluye con la muerte de Cristo en la cruz—con la obra que se realizaba en el atrio del santuario terrenal. Es necesario que nuestros pecados sean transferidos al Santuario Celestial en virtud de la sangre de Cristo. Cristo debe presentarse por nosotros, y debe presentar su obediencia y su sangre por nosotros, diariamente, ante Dios Padre y ante la Ley en el Santuario Celestial—esta es la segunda fase del plan de redención: su Ministerio Sacerdotal Celestial (Hebreos 7:24).

La ley demanda que todo sacerdote debe ser tomado “de entre los hombres” (Hebreos 5:1), es por esto que era necesario que la humanidad de Cristo resucitara para poder ser nuestro verdadero Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial. Así que Cristo resucitó (Mateo 28:1-6) y resucitó como hombre (Lucas 24:36-43), pues como Dios no puede morir pues es inherentemente inmortal.

EJ pg. 70.2 – “Cuando Cristo fue crucificado, su naturaleza humana fue la que murió. La Deidad no disminuyó ni murió; esto habría sido imposible.”

Cristo resucitó y venció a la muerte pues en sí mismo era justo y no tenía pecado, por lo tanto la Ley no hallaba qué condenarle.

Hechos 2:24 – “ Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”

Juan 16:33 – “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.”

Qué hace hoy Dios para que podamos tener paz

CS pg. 472/3 (414.4) – “El servicio típico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un substituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Sólo proveía un medio para transferirlo al santuario. Con la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor por venir; pero no estaba aún enteramente libre de la condenación de la ley. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo.

“Tal era el servicio que se efectuaba como ‘mera representación y sombra de las cosas celestiales.’ Y lo que se hacía típicamente en el santuario terrenal, se hace en realidad en el santuario celestial. Después de su ascensión, nuestro Salvador empezó a actuar como nuestro Sumo Sacerdote. San Pablo dice: ‘No entró Cristo en un lugar santo hecho de mano, que es una mera representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios por nosotros’ (Hebreos 9:24).”

HAp pg. 31.4 – “La ascensión de Cristo al cielo fue la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. Habían de esperarla antes de empezar a hacer su obra. Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración delos ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo.”

1 Timoteo 2:5 – “Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”

Hebreos 9:15 – “Así que, por eso es mediador del nuevo testamento.”

Cristo hoy se encuentra en el segundo departamento, en el Lugar Santísimo del Santuario Celestial, realizando dos servicios:

  1. Servicio Diario por los vivos.
  2. Expiación de pecados o Juicio por los justos muertos.

La prueba de que hoy en día no sólo se lleva a cabo el Juicio Investigador en el Lugar Santísimo, sino que también se lleva a cabo el Servicio Diario Celestial para los creyentes que se congregan (Hebreos 10:25) al Santuario Celestial, se encuentra en Números 29:7-11. En el versículo 7 se puede ver que se trata del 10 de mes séptimo (JUICIO), y en el versículo 11 se puede ver que, antes de realizarse el servicio anual, había ese mismo día un “holocausto continuo,” es decir: se debía realizar el servicio diario.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 370 – “El Hijo de Dios… ha cumplido su promesa, y ha entrado en los cielos para asumir el gobierno de la hueste celestial. Cumplió un aspecto de su sacerdocio al morir en la cruz por la raza caída. Ahora está cumpliendo otro aspecto: aboga delante del Padre por el caso del pecador arrepentido y creyente, presentando a Dios las ofrendas de su pueblo. A él se le ha confiado el juicio del mundo porque tomó la naturaleza humana y venció en esa naturaleza las tentaciones del enemigo, y tiene la perfección divina. El caso de cada uno será revisado delante de él, y pronunciará la sentencia que dará a cada uno conforme a sus obras.”

El hombre que acepta su total incapacidad para amar y por ende su total incapacidad para obedecer la Ley, que acepta que no puede tener paz mientras esté en enemistad con Dios y en armonía con Satanás, tendrá necesidad del Sacerdocio de Cristo y diariamente se congregará al Santuario Celestial para poder recibir el beneficio de la segunda fase del plan de redención: el Sacerdocio de Cristo.

Si Cristo presenta diariamente la ofrenda—su vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley, por su misericordia, Dios Padre acepta esta vida ajena y perfecta de Cristo como si fuera la vida del impío pecador que por fe se congrega al Santuario Celestial. El pecador es aceptado diariamente en Cristo. Luego, si Cristo presenta diariamente el sacrificio—su sangre derramada en la cruz, los pecados confesados son transferidos al Santuario Celestial, es decir: se registra diariamente la palabra “perdonado” en el registro de malas obras del pecador arrepentido (Isaías 65:6-7).

Pero para que pueda empezar a haber paz en la vida del pecador, es necesario que éste abandone la práctica del pecado. Y para ello, es necesario que esa paz que el hombre no puede generar por sí mismo, sea sembrada por el Espíritu Santo en el hombre. Entonces, nuevamente en virtud de la justicia de Cristo, al pecador arrepentido le es otorgado diariamente el Consolador bajo la forma de lluvia temprana (Joel 2:23, 28-29).

Hechos 5:32 – “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

Dios demanda obediencia para que nos sea otorgado el Espíritu Santo, entonces si Cristo presenta su justicia perfecta en el Santuario Celestial a nuestro favor, como resultado nos es concedido el Agente Regenerador.

Cristo cumple su promesa de rogar al Padre para que nos sea dado el Consolador (Juan 14:16,26), cuyo trabajo es crear en el creyente que está siendo justificado lo que por naturaleza no tiene: 1) los dones del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23) y que el profeta Ezequiel le llama un nuevo corazón (Ezequiel 33:26), y 2) cumplir la promesa del Nuevo Pacto: entronizar la Ley de Dios en la mente y el corazón (Hebreos 8:2), para que en éste se pueda desarrollar la santificación verdadera diariamente. Además 3) el Espíritu Santo debe subyugar nuestra inclinación al pecado, nuestro odio, nuestro egoísmo y nuestra naturaleza pecaminosa.

Es así que en virtud de los méritos y el trabajo de Cristo, en virtud de la misericordia de Dios Padre, y gracias al trabajo del Espíritu Santo en nosotros, podemos empezar a tener la paz verdadera que tanto anhelamos en nuestra vidas.

Romanos 5:1 – “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

HAp pg. 300.2 – “Con gran claridad y poder el apóstol presentó la doctrina de la justificación por la fe en Cristo. Esperaba que otras iglesias también fueran ayudadas por la instrucción enviada a los cristianos de Roma. ¡Pero cuán obscuramente podía prever la extensa influencia de sus palabras! A través de todos los siglos, la gran verdad de la justificación por la fe ha subsistido como un poderoso faro para guiar a los pecadores arrepentidos al camino de la vida. Fue esta luz la que disipó las tinieblas que envolvían la mente de Lutero, y le reveló el poder de la sangre de Cristo para limpiar del pecado. La misma luz ha guiado a la verdadera fuente de perdón y paz a miles de almas abrumadas por el pecado. Todo creyente cristiano tiene verdaderamente motivo para agradecer a Dios por la epístola dirigida a la iglesia de Roma.”

DMJ pg. 27.3 – “‘Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Romanos 5:1). Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participará de esta paz celestial.”

FO pg. 97.2 – “El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la ley, está intentando un imposible. El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse. El esfuerzo que el hombre pueda hacer con su propia fuerza para obtener la salvación está representado por la ofrenda de Caín. Todo lo que el hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios. El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. ‘Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe’ (Hebreos 12:2), podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.”

PVGM pg. 325.3 – “Un hombre rico, como tal, no puede entrar en el reino de los cielos. Su riqueza no le da ningún título a la herencia de los santos en luz. Es sólo por la gracia inmerecida de Cristo como un hombre puede hallar entrada en la ciudad de Dios.”

Mientras el hombre no acepte su total incapacidad para amar y obedecer, no tendrá necesidad de ser justificado y perdonado diariamente en Cristo en el Santuario Celestial, ni mucho menos tendrá la necesidad del Espíritu Santo que siembre en él los dones que no posee y que lo capacitan para poder obedecer y abandonar la práctica del pecado. ¿Cómo puede un hombre tener paz y llevar paz a otros hombres, si no ha aceptado la justicia de Cristo? Es imposible.

1MS pg. 389.1 – “Es imposible que el hombre se salve a sí mismo. Puede engañarse a sí mismo en cuanto a esto, pero no puede salvarse a sí mismo. Sólo la justicia de Cristo puede servir para su salvación, y éste es un don de Dios. Es el vestido de boda en el cual podéis aparecer como huéspedes bienvenidos en la cena de las bodas del Cordero. Que la fe se aferre de Cristo sin demora, y seréis una nueva criatura en Jesús, una luz para el mundo.

“Cristo es llamado ‘Jehová, justicia nuestra’ (Jeremías 23:6; 33:16), y mediante la fe cada uno debería decir: ‘Jehová, justicia mía’. Cuando la fe se aferre de este don de Dios, la alabanza de Dios estará en nuestros labios y podremos decir a otros: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (Juan 1:29). Entonces podremos hablar a los perdidos en cuanto al plan de salvación, [para decirles] que cuando el mundo yacía bajo la maldición del pecado, el Señor presentó condiciones de misericordia al pecador caído y sin esperanza, y reveló el valor y significado de su gracia. La gracia es un favor inmerecido. Los ángeles, que no saben nada del pecado, no comprenden qué significa que se les extienda la gracia, pero nuestra pecaminosidad demanda la dádiva de la gracia de un Dios misericordioso. Fue la gracia la que envió a nuestro Salvador a buscarnos, cuando éramos peregrinos, para llevarnos de vuelta al redil.”

La paz que Cristo nos ofrece gratuitamente consiste en volver a llegar a estar en paz y en armonía con Dios. La paz que Cristo nos ofrece consiste en librarnos de la esclavitud del pecado—de aquello que causa la perturbación de la paz en la vida, aquello que trae división, conflictos, enemistades, pleitos y guerras.

DTG pg. 431.3 – “Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. ‘Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.’ ‘Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús—se nos dice—me ha librado de la ley del pecado y de la muerte’ (Romanos 8:2).

“En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.

“La única condición bajo la cual es posible la libertad del hombre, es que éste llegue a ser uno con Cristo. ‘La verdad os libertará’ (Juan 8:32, 36); y Cristo es la verdad. El pecado puede triunfar solamente debilitando la mente y destruyendo la libertad del alma. La sujeción a Dios significa la rehabilitación de uno mismo, de la verdadera gloria y dignidad del hombre. La ley divina, a la cual somos inducidos a sujetarnos, es ‘la ley de libertad’ (Santiago 2:12).”

Si el hombre llega a volver a estar en armonía con Dios y en divergencia con Satanás, será un evento sobrenatural, pues el hombre está en armonía con el Enemigo y en divergencia con el Creador de un modo natural. Si como resultado de estar siendo justificados en Cristo se nos concede diariamente la lluvia temprana, entonces estaremos capacitados con el poder divino para resistir al pecado poniendo en ejercicio nuestro esfuerzo humano. Si el agente humano no coopera con el agente divino, entonces no sirve de nada el trabajo divino. Dios no va a hacer la tarea que le toca hacer al hombre.

DTG pg. 374/1 – “Cuando se presenta el mensaje de verdad en nuestra época, son muchos los que, como los judíos, claman: Muéstrenos una señal. Realice un milagro. Cristo no ejecutó milagro a pedido de los fariseos. No hizo milagro en el desierto en respuesta a las insinuaciones de Satanás. No nos imparte poder para justificarnos a nosotros mismos o satisfacer las demandas de la incredulidad y el orgullo. Pero el Evangelio no queda sin una señal de su origen divino. ¿No es acaso un milagro que podamos libertarnos de la servidumbre de Satanás? La enemistad contra Satanás no es natural para el corazón humano; es implantada por la gracia de Dios. Cuando el que ha estado dominado por una voluntad terca y extraviada queda libertado y se entrega de todo corazón a la atracción de los agentes celestiales de Dios, se ha realizado un milagro; así también ocurre cuando un hombre que ha estado bajo un engaño poderoso, llega a comprender la verdad moral. Cada vez que un alma se convierte y aprende a amar a Dios y a guardar sus mandamientos, se cumple la promesa de Dios: ‘Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros’ (Ezequiel 36:26). El cambio verificado en los corazones humanos, la transformación del carácter humano, es un milagro que revela a un Salvador que vive eternamente y obra para rescatar a las almas. Una vida consecuente en Cristo es un gran milagro. En la predicación de la Palabra de Dios, la señal que debe manifestarse ahora y siempre es la presencia del Espíritu Santo para hacer de la Palabra un poder regenerador para quienes la oyen. Tal es el testimonio que de la divina misión de su Hijo Dios da ante al mundo.”

La santificación verdadera—la justicia de la ley—es un resultado de estar siendo justificados en Cristo. Y esa santificación verdadera se manifestará en frutos de justicia: el abandono de la práctica del pecado.

DTG pg. 509.2 – “Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino. La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo.”

Por mucho que profesemos ser “hijos de Dios” nuestras transgresiones, nuestro odio, nuestros malos pensamientos, testifican que somos hijos de otro padre y que necesitamos urgentemente ser adoptados por Dios.

Gálatas 4:4-5 – “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”

DTG pg. 432.2 – “Los fariseos se habían declarado a sí mismos hijos de Abrahán. Jesús les dijo que solamente haciendo las obras de Abrahán podían justificar esta pretensión. Los verdaderos hijos de Abrahán vivirían como él una vida de obediencia a Dios. No procurarían matar a Aquel que hablaba la verdad que le había sido dada por Dios. Al conspirar contra Cristo, los rabinos no estaban haciendo las obras de Abrahán. La simple descendencia de Abrahán no tenía ningún valor. Sin una relación espiritual con él, la cual se hubiera manifestado poseyendo el mismo espíritu y haciendo las mismas obras, ellos no eran sus hijos.”

DTG pg. 432.4 – “Jesús negó que los judíos fueran hijos de Abrahán. Dijo: ‘Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.’ En mofa respondieron: ‘Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.’ Estas palabras, que aludían a las circunstancias del nacimiento de Cristo, estaban destinadas a ser una estocada contra Cristo en presencia de los que estaban comenzando a creer en él. Jesús no prestó oído a esta ruin insinuación, sino que dijo: ‘Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido.’

Sus obras testificaban del parentesco de ellos con el que era mentiroso y asesino. ‘Vosotros de vuestro padre el diablo sois—dijo Jesús,—y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. El, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él…. Y porque yo digo verdad, no me creéis.’ Porque Jesús hablaba la verdad y la decía con certidumbre, no fue recibido por los dirigentes judíos. Era la verdad lo que ofendía a estos hombres que se creían justos. La verdad exponía la falacia del error; condenaba sus enseñanzas y prácticas, y fue mal acogida. Ellos preferían cerrar los ojos a la verdad, antes que humillarse para confesar que habían estado en el error. No amaban la verdad. No la deseaban aunque era la verdad.”

Nosotros no nos diferenciamos en nada a los judíos. Profesamos ser hijos de Dios, pero nuestras obras, deseos y pensamientos testifican que tenemos otro padre. Y nuestros oídos prefieren escuchar fábulas y prédicas llenas de sentimentalismo y emociones, en lugar de la pura y cruda realidad, pues no amamos la verdad, porque no tenemos capacidad para amar.

Jeremías 6:10 – “¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.”

Si queremos llegar a ser verdaderos cristianos, verdaderos pacificadores, entonces primero debemos reconocer nuestra incapacidad para amar, para así tener necesidad verdadera del manto de la justicia de Cristo. No somos justificados por nuestra propia justicia, así la queramos disfrazar con un “Cristo morando en mí” o un “Espíritu Santo obrando en mí.” El manto de la justicia de Cristo, por la cual somos justificados, no tiene un solo hilo humano, no tiene ni la más mínima participación de nosotros. Fue todo enteramente tejido por Cristo y nos es ofrecido gratuitamente para cubrir nuestra desnudez.

PVGM pg. 253.2 – “Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente. ‘Yo te amonesto—dice él—que de mí compres… vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez’ (Apocalipsis 3:18).

“Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter. ‘Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias’ (Isaías 64:6). Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios ‘apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él’ (1 Juan 3:5). Se define el pecado como la transgresión de la ley’ (1 Juan 3:4). Pero Cristo fue obediente a todo requerimiento de la ley. El dijo de sí mismo: ‘Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón’ (Salmos 40:8). Cuando estaba en la tierra dijo a sus discípulos: ‘He guardado los mandamientos de mi Padre’ (Juan 15:10). Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.”

“Los convidados a la fiesta de bodas fueron inspeccionados por el rey, y se aceptó solamente a aquellos que habían obedecido sus requerimientos y se habían puesto el vestido de bodas. Así ocurre con los convidados a la fiesta del Evangelio. Todos deben ser sometidos al escrutinio del gran Rey, y son recibidos solamente aquellos que se han puesto el manto de la justicia de Cristo.

“La justicia es la práctica del bien, y es por sus hechos por lo que todos han de ser juzgados. Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras muestran si la fe es genuina o no.

“No es suficiente que creamos que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no consiste en fábulas arteramente compuestas. Podemos creer que el nombre de Jesús es el único nombre debajo del cielo por el cual el hombre puede ser salvo, y sin embargo, no hacer de él, por la fe, nuestro Salvador personal. No es suficiente creer la teoría de la verdad. No es suficiente profesar fe en Cristo y tener nuestros nombres registrados en el libro de la iglesia. ‘El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado’ (1 Juan 3:24). ‘Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos’ (1 Juan 2:3). Esta es la verdadera evidencia de la conversión. No importa cuál sea nuestra profesión de fe, no nos vale de nada a menos que Cristo se revele en obras de justicia.

La verdad ha de implantarse en el corazón. Ha de dominar la mente y los afectos. Todo el carácter debe ser amoldado por las declaraciones divinas. Cada jota y tilde de la Palabra de Dios ha de ser puesto en práctica en la vida diaria.”

CC pg. 31.2 – “Pero nadie se engañe a sí mismo pensando que Dios, en su grande amor y misericordia, salvará aun a los que rechazan su gracia. La excesiva corrupción del pecado puede medirse tan sólo a la luz de la cruz. Cuando los hombres insisten en que Dios es demasiado bueno para desechar al pecador, miren al Calvario. Si Cristo cargó con la culpa del desobediente y sufrió en lugar del pecador, fue porque no había otra manera en que el hombre pudiera salvarse, porque sin ese sacrificio era imposible que la familia humana escapase del poder contaminador del pecado y fuese restituida a la comunión con seres santos, era imposible que volviese a participar de la vida espiritual. El amor, los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios, todo atestigua la terrible enormidad del pecado y prueba que no hay modo de escapar de su poder ni esperanza de una vida superior, sino mediante la sumisión del alma a Cristo.”

La verdadera paz puede venir únicamente de una victoria sobre el pecado. Esa victoria sobre el pecado la obtuvo Cristo. Y es por eso que Cristo está plenamente capacitado para ofrecernos la paz verdadera.

2 Corintios 5:21 – “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

1 Pedro 2:22 – “El cual no hizo pecado; ni fue hallado engaño en su boca.”

2JT pg. 69.2 – “Nos conformamos con demasiada facilidad con lo que hemos alcanzado. Nos sentimos ricos y con abundancia de bienes, y no sabemos que cada uno de nosotros es un ‘cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo’ (Apocalipsis 3:17). Ahora es el momento de oír la amonestación del Testigo fiel: ‘Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.’

“En esta vida debemos arrostrar pruebas de fuego y hacer sacrificios costosos, pero la paz de Cristo es la recompensa. Ha habido tan poca abnegación, tan poco sufrimiento por amor a Cristo, que la cruz queda casi completamente olvidada. Debemos participar de los sufrimientos de Cristo si queremos sentarnos en triunfo con él sobre su trono. Mientras elijamos la senda fácil de la complacencia propia y nos asuste la abnegación, nuestra fe no llegará nunca a ser firme, y no podremos conocer la paz de Jesús ni el gozo que proviene de una victoria consciente. Los más encumbrados de la hueste redimida que estarán vestidos de blanco delante del trono de Dios y del Cordero, habrán conocido el conflicto necesario para vencer, porque habrán pasado por la gran tribulación. Los que hayan cedido a las circunstancias en vez de empeñarse en este conflicto, no sabrán cómo subsistir en aquel día cuando la angustia domine a toda alma, cuando, si Noé, Job y Daniel estuviesen en la tierra no salvarían ‘hijo ni hija,’ pues cada uno habrá de librar su alma por su propia justicia.

“Nadie necesita decir que su caso es desesperado, que no puede vivir como cristiano. Con la muerte de Cristo ha sido hecha amplia provisión para toda alma. Jesús es nuestro auxilio constante en tiempo de necesidad. Invoquémosle con fe, que él prometió oír y contestar nuestras peticiones.”

Los pacificadores

Mateo 5:9 – “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”

Si estamos siendo justificados en Cristo y perdonados en virtud de su preciosa sangre derramada en la cruz, y se nos ha otorgado al Agente Regenerador, estamos no sólo siendo capacitados para prestar una obediencia verdadera, sino también seremos inquietados por la necesidad de llevar el mensaje de paz verdadera a otros hombres y mujeres que necesitan encontrar la paz con Dios.

DMJ pg. 27.3 – “Cristo es el ‘Príncipe de paz’ (Isaías 9:6), y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. ‘Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Romanos 5:1). Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participará de esta paz celestial.

No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo.

Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que revele el amor de Cristo por la influencia inconsciente y silenciosa de una vida santa; quienquiera que incite a los demás, por palabra o por hechos, a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador.”

He aquí la gran causa por la cual no hay pacificadores en nuestros días. No hay otro fundamento para la paz que la justificación y el perdón en virtud de los méritos de Cristo en el Santuario Celestial. Pero mientras el mundo que profesa guardar la Ley de Dios busca la salvación por sus propios méritos, rechaza la justicia de Cristo y por lo tanto no hay paz y no hay pacificadores. Las doctrinas y filosofías humanas han tomado el lugar de la sana doctrina y así los hombres han oscurecido al Sol de Justicia (Malaquías 4:2). Hoy no se predica una justificación diaria con Ministerio Sacerdotal de Cristo y con Santuario Celestial como la presentaron Pablo y Esteban en sus días o como está representada y simbolizada en el ritual simbólico. Ni siquiera se habla de una justificación “una sola vez y para siempre en la cruz” como la presentaron los reformadores en sus días, una justificación incompleta sin Sacerdocio y sin Santuario—porque esto no era verdad presente para sus días—pero que al menos enaltecía la justicia de Cristo por encima de todo mérito humano. Hoy no se lleva a los hombres a buscar fuera de sí mismos la justicia de Cristo, más bien se los lleva a buscar dentro de sí mismos la causa de la justificación:

“Sal al campo para recibir la lluvia tardía.”

“Da el diezmo para que seas bendecido.”

“No comas carne para que pases el juicio.”

“Bautízate para que seas salvo.”

“Ora por la lluvia tardía para que des el fuerte pregón.”

¡Haz esto! ¡haz esto otro! ¡haz, haz, haz! ¡obras, obras, obras! Todo con el afán de recibir algo a cambio, por obligación y sin que sea un principio. ¿Dónde queda la justicia de Cristo? ¿Acaso el ritual simbólico no enseña que tanto lluvia temprana como tardía se recibe en virtud de una justicia ajena? Los grandes teólogos y grandes predicadores han echado por tierra la justicia de Cristo, su Sacerdocio, y el Santuario Celestial. Han echado por tierra el continuo—el Servicio Diario Celestial. Y por lo tanto el pueblo está sin justificación, sin perdón y sin Espíritu Santo, y por lo tanto hay puras obras de la carne.

Y peor aún, como no se explica la amonestación del Testigo Fiel en su verdadero marco a los profesos creyentes, y más bien se les engaña diciéndoles que ya son “hijos de Dios” y “excelentes cristianos” – ya nadie tiene necesidad de Cristo como su Sustituto y Garante, no hay necesidad de ser adoptados como hijos de Dios, no hay necesidad de la misericordia de Dios, no hay necesidad de la justicia de Cristo, de su sacrificio en la cruz, ni mucho menos hay necesidad del Agente Regenerador, pues todos se creen ricos y no tienen necesidad de ser regenerados.

Con esta condición ciega y bajo este terrible engaño, además se enseña a los hombres a mirar directamente a la Segunda Venida de Cristo, pasando por alto el Juicio de Vivos, donde todo caso será decidido para vida eterna o muerte segunda. “Prepárate que Cristo viene” gritan en los púlpitos. ¿Para qué me sirve prepararme para la Segunda Venida de Cristo para cuando ya todo caso esté decidido? Prepárate, sí. Pero prepárate para el Juicio de Vivos que sorprenderá al mundo adventista como ladrón. Anuncia el mensaje del primer ángel:

Apocalipsis 14:7 – “Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.”

No sienten la necesidad de prepararse para el Juicio de Vivos

2JT pg. 98.2 – “‘¿Qué necesidad hay—dicen,—de un aumento de conocimiento y experiencia?’ Esto lo explica todo. Se sienten ricos y enriquecidos, sin necesidad de ninguna cosa, mientras que el Cielo los declara pobres, miserables, cuitados y desnudos. El Testigo fiel les dice: ‘Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas’ (Apocalipsis 3:18). Vuestra misma complacencia propia demuestra que lo necesitáis todo. Estáis espiritualmente enfermos, y necesitáis a Jesús como vuestro médico.

“En las Escrituras hay miles de gemas de la verdad que yacen escondidas para el que busca en la superficie. La mina de la verdad no se agota nunca. Cuanto más escudriñéis las Escrituras con corazón humilde, tanto mayor será vuestro interés, y tanto más os sentiréis con deseo de exclamar con Pablo: ‘¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!’ (Romanos 11:33).

Cada día debéis aprender algo nuevo de las Escrituras. Escudriñadlas como si buscarais tesoros ocultos, porque contienen las palabras de vida eterna. Orad por sabiduría y entendimiento para comprender estos escritos sagrados. Si lo hacéis, hallaréis nuevas glorias en la Palabra de Dios; sentiréis que habréis recibido luz nueva y preciosa sobre asuntos relacionados con la verdad, y las Escrituras recibirán constantemente nuevo valor en vuestra estima.”

2JT pg. 70.3 – “¿Qué estáis haciendo, hermanos, en la gran obra de preparación? Los que se unen con el mundo reciben su molde y se preparan para la marca de la bestia. Los que desconfían de sí mismos, se humillan delante de Dios y purifican sus almas obedeciendo a la verdad, son los que reciben el molde celestial y se preparan para tener el sello de Dios en sus frentes. Cuando se promulgue el decreto y se estampe el sello, su carácter permanecerá puro y sin mancha para la eternidad.

Ahora es el momento de prepararse. El sello de Dios no será nunca puesto en la frente de un hombre o una mujer que sean impuros. Nunca será puesto sobre la frente de seres humanos ambiciosos y amadores del mundo. Nunca será puesto sobre la frente de hombres y mujeres de corazón falso o engañoso. Todos los que reciban el sello deberán estar sin mancha delante de Dios y ser candidatos para el cielo. Avanzad, mis hermanos y hermanas. Puedo escribir sólo brevemente acerca de estos puntos en este momento y llamar simplemente vuestra atención a la necesidad de preparación. Escudriñad las Escrituras por vosotros mismos a fin de comprender la terrible solemnidad de la hora actual.”

Si no tenemos la necesidad, ni vemos la urgencia de prepararnos para el Juicio de Vivos que está a las puertas, Dios no se hará problema y llamará a otros que sí estén dispuestos a hacer la preparación necesaria.

DTG pg. 81.3 – “Juan declaró a los maestros de Israel que su orgullo, egoísmo y crueldad demostraban que eran una generación de víboras, una maldición mortal para el pueblo, más bien que los hijos del justo y obediente Abrahán. En vista de la luz que habían recibido de Dios, eran peores que los paganos, a los cuales se creían tan superiores. Habían olvidado la roca de la cual habían sido cortados, y el hoyo del cual habían sido arrancados. Dios no dependía de ellos para cumplir su propósito. Como había llamado a Abrahán de un pueblo pagano, podría llamar a otros a su servicio. Sus corazones podían aparentar ahora estar tan muertos como las piedras del desierto, pero su Espíritu podía vivificarlos para hacer su voluntad, y recibir el cumplimiento de su promesa.”

Dentro de la organización adventista se llama frecuentemente a orar por la lluvia tardía. Quieren que Dios haga por ellos, lo que ellos no quieren hacer por sí mismos. Desean que Dios haga un cambio mágico en sus personas para que ellos dejen su amor al mundo y milagrosamente se dediquen a dar el fuerte pregón y a evangelizar a las personas.

Pero sin lluvia temprana no habrá lluvia tardía. Y sin justicia de Cristo, sin su obra en el Santuario Celestial, no habrá ni lluvia temprana ni mucho menos tardía. En vano se ora por algo que no se comprende. La lluvia tardía sólo puede hacer crecer la planta que ya fue sembrada, plantada, que ya recibió lluvia temprana y empezó a desarrollarse previamente. La lluvia tardía no hace aparecer una planta llena de frutos de la nada como por arte de magia.

TM pg. 399.1 – “Podemos estar seguros de que cuando el Espíritu Santo sea derramado, los que no recibieron y apreciaron la lluvia temprana no verán ni entenderán el valor de la lluvia tardía.”

Si hoy no nos interesa nuestra propia salvación, cómo se puede esperar que salgamos a predicar la salvación para otros? Pero sin embargo queremos que la lluvia tardía haga de todos nosotros unos predicadores fervientes y hábiles en el dominio de la Escritura en un abrir y cerrar de ojos. Todos los que oran por la lluvia tardía se llevarán un amargo chasco.

1MS pg. 394.2 – “Pero se chasquearán los que esperan contemplar un cambio mágico en su carácter sin que haya un esfuerzo decidido de su parte para vencer el pecado. Mientras contemplemos a Jesús, no tendremos razón para temer, no tendremos razón para dudar que Cristo es capaz de salvar hasta lo último a todos los que acuden a él.”

PVGM pg. 325.4 – “No menos para el rico que para el pobre son las palabras que habló el Espíritu Santo: ‘No sois vuestros. Porque comprados sois por precio’ (1 Corintios 6:19-20). Cuando los hombres crean esto, considerarán sus posesiones como un préstamo que ha de ser usado como Dios dirija, para la salvación de los perdidos y el consuelo de los que sufren y los pobres. Para el hombre esto es imposible, porque el corazón se adhiere a su tesoro terrenal. El alma que está unida en servicio a Mammón es sorda al clamor de la necesidad humana. Pero para Dios todas las cosas son posibles. Al contemplar el incomparable amor de Cristo, el corazón egoísta será ablandado y subyugado. El hombre rico será inducido, como lo fue Saulo el fariseo, a decir: ‘Las cosas que para mí eran ganancia, helas reputado pérdidas por amor de Cristo: Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor’ (Filipenses 3:7-8). Entonces no considerarán nada como suyo propio. Se regocijarán de considerarse a sí mismos como mayordomos de la multiforme gracia de Dios, y por su causa siervos de todos los hombres.”

Si queremos llegar a ser pacificadores primero debemos encontrar la paz que necesitamos en nuestras propias vidas. Nosotros debemos estar en paz con Dios para así poder llevar el mensaje de paz a otras personas. Pero si buscamos la paz en los hombres, en las organizaciones, o dentro de nosotros mismos estamos buscando en el lugar equivocado. Debemos buscar a Cristo, pero no podemos buscar a Alguien a quien no amamos. Es por esto imperativo empezar por la causa de nuestra incapacidad: aceptar la amonestación del Testigo Fiel, confesar y pedir perdón a Dios por nuestra incapacidad para amar, para recién entonces tener necesidad del Sustituto que presenta sus méritos perfectos para que podamos llegar a estar reconciliados con Dios.

Siendo justificados en Cristo y por Cristo, recién entonces llegaremos a comprender nuestra obligación de llevar a otros a la fuente de vida eterna: Cristo Jesús, Señor nuestro.

PVGM pg. 261.2 – “‘El reino de los cielos—dijo él—es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes. Y a éste dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos’ (Mateo 25:14-15).

“El hombre que va a un país lejano representa a Cristo, quien, cuando dijo esta parábola estaba por partir de esta tierra para ir al cielo. Los ‘siervos’ o esclavos de la parábola representan a los seguidores de Cristo. No somos nuestros. Hemos sido ‘comprados… por precio’ (1 Corintios 6:20), ‘no con cosas corruptibles, como oro o plata; sino con la sangre preciosa de Cristo’ (1 Pedro 1:18-19); ‘para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos’ (2 Corintios 5:15).

“Todos los hombres han sido comprados por este precio infinito. Al derramar todos los tesoros del cielo en este mundo, al darnos en Cristo todo el cielo, Dios ha comprado la voluntad, los afectos, la mente, el alma de cada ser humano. Todos los hombres pertenecen a Dios, ya sean creyentes o incrédulos. Todos son llamados a servirle, y en el día del juicio se requerirá de todos que rindan cuenta de la forma en que hayan respondido a esa demanda.

“Sin embargo, no todos reconocen los derechos de Dios. En la parábola se presenta como sus siervos a los que profesan haber aceptado el servicio de Cristo.

Los seguidores de Cristo han sido redimidos para servir. Nuestro Señor enseña que el verdadero objeto de la vida es el ministerio. Cristo mismo fue obrero, y a todos sus seguidores les presenta la ley del servicio, el servicio a Dios y a sus semejantes. Aquí Cristo presenta al mundo un concepto más elevado acerca de la vida de lo que jamás ellos habían conocido. Mediante una vida de servicio en favor de otros, el hombre se pone en íntima relación con Cristo. La ley del servicio viene a ser el eslabón que nos une a Dios y a nuestros semejantes.

“Cristo confía ‘sus bienes’ a sus siervos: algo que puedan usar para él. Da ‘a cada uno su obra’. Cada uno tiene su lugar en el plan eterno del cielo. Cada uno ha de trabajar en cooperación con Cristo para la salvación de las almas. Tan ciertamente como hay un lugar preparado para nosotros en las mansiones celestiales, hay un lugar designado en la tierra donde hemos de trabajar para Dios.”

Que hará Dios para que nuestra paz sea completa

La santificación es una obra progresiva y es un resultado de la justificación por la fe. Diariamente debemos ser justificados para poder recibir como resultado el bautismo diario del Espíritu Santo que nos capacita para desarrollar la obediencia verdadera—la justicia de la ley.

HAp pg. 41.2 – “Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu.”

Pero así estemos siendo justificados en Cristo diariamente, y así estemos recibiendo el bautismo del Espíritu Santo diariamente, esto sólo sirve para subyugar nuestra maldad y nuestra naturaleza pecaminosa. Si bien en la tierra podemos empezar a tener paz con Dios, aún no podemos gozar de la plenitud de la paz de la que gozaban nuestros primeros padres en el Edén. No estamos todavía en paz con Dios en nosotros mismos. Es en Cristo que estamos en paz con Dios.

Pero si diariamente nos congregamos al Santuario Celestial buscando la aceptación, el perdón de nuestros pecados y el bautismo del Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana, entonces cuando llegue el Juicio de Vivos, Dios hará una declaración final por nosotros.

2MS pg. 422.2 – “Pero cuando el mundo invalide la ley de Dios (ley dominical / juicio de vivos), ¿cuál será el efecto sobre los que son genuinamente obedientes y rectos? ¿Serán arrastrados por la fuerte corriente del mal? Debido a que tantos se alistan bajo el estandarte del príncipe de las tinieblas, ¿se desviará de su fidelidad el pueblo que guarda los mandamientos de Dios? ¡Nunca! Ninguno que permanezca en Cristo fallará o caerá.”

Esos que son “genuinamente obedientes” es porque fueron diariamente declarados perfectos obedientes en la persona de Cristo, no en sí mismos. Y si se mantuvieron confiando en los méritos de Cristo ninguno de ellos se desviará de su fidelidad en la crisis final. No se desviará porque esa fidelidad tuvo que haber sido implantada por el Espíritu Santo como resultado de la justificación y el hombre tuvo que haber cooperado con el Agente Regenerador para desarrollar esa planta de origen celestial, junto con el amor, la lealtad, la fe, y todos los otros dones de Gálatas 5:22-23.

Pero esa fidelidad, esa lealtad, ese amor, sólo recibió la lluvia temprana y por lo tanto no ha llegado completamente desarrollada a la crisis final. Es necesario que la lluvia tardía acelere el proceso de desarrollo de la planta.

“Ninguna que permanezca en Cristo fallará o caerá” porque cuando se de inicio al Juicio de Vivos y Dios tome el caso de estas personas que se congregaron al Santuario Celestial, seguirán confiando en lo que confiaron desde un principio: en los méritos y el trabajo de Cristo. Cristo presentará su justicia perfecta (el incienso de Levítico 16:12-13) para una aceptación final y el nombre del creyente será conservado para siempre en el Libro de la Vida (Apocalipsis 3:5). Cristo presentará su sangre derramada en la cruz (la sangre de Levítico 16:15) para que todos los pecados que fueron perdonados y transferidos al Santuario Celestial durante el Servicio Diario Celestial (Hebreos 9:13-14), sean borrados de los registros de Malas Obras de esos creyentes y sean transferidos a la cuenta de Satanás (Hechos 3:19; Isaías 1:18, 65:6-7, 43:25; Levítico 16:20-22). Finalmente, Cristo presentará su justicia perfecta para que al creyente aprobado en el Juicio le sea otorgado la lluvia tardía (Hechos 3:19; Joel 2:26-27), que lo capacitará para dar el fuerte pregón (Apocalipsis 18:1-5) al mundo que nunca escuchó el mensaje del tercer ángel. Así como durante el Servicio Diario Celestial, Dios Padre aceptó los méritos de Cristo, durante el Juicio sigue aceptando sus méritos y su intercesión por todos aquellos que aceptaron la amonestación del Testigo Fiel y acudieron por fe al Santuario Celestial.

CS pg. 538/2 (476.1) – “Cristo revestirá a sus fieles con su propia justicia, para presentarlos a su Padre como una ‘Iglesia gloriosa, no teniendo mancha, ni arruga, ni otra cosa semejante’ (Efesios 5:27). Sus nombres están inscritos en el libro de la vida, y de estos escogidos está escrito: ‘Andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos’ (Apocalipsis 3:4).”

Los verdaderos creyentes que salgan aprobados en el Juicio de Vivos darán el fuerte pregón y los que acepten su mensaje serán también aprobados en el Santuario Celestial en base a los méritos de Cristo, hasta que toda la humanidad haya tomado su decisión en pro o en contra de la verdad. Una vez que todo caso haya sido decidido, Cristo habrá terminado su trabajo de Sumo Sacerdote (Apocalipsis 22:11) y entonces ya no habrá mas intercesor por el pecador, entonces empezarán a caer las postreras plagas de Apocalipsis 16:1-21.

EUD pg. 207.5 – “Cuando Cristo deje de interceder en el santuario, se derramará sin mezcla la ira de Dios de la que son amenazados los que adoran a la bestia y a su imagen y reciben su marca (Apocalipsis 14:9-10).”

Pero la lluvia tardía tampoco puede erradicar la naturaleza pecaminosa de los redimidos. Es recién en ocasión de la Segunda Venida de Cristo que los aprobados en el Juicio y los justos que resuciten, serán entonces transformados en un abrir y cerrar de ojos de “corrupción en incorrupción”:

1 Corintios 15:51-56 – “Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción…”

CS pg. 368/2 (322.1) – “A su venida los justos muertos resucitarán, y los justos que estuvieron aún vivos serán mudados… El pueblo de Dios no puede recibir el reino antes que se realice el advenimiento personal de Cristo… Hemos visto por los pasajes que acabamos de citar que cuando venga el Hijo del hombre, los muertos serán resucitados incorruptibles, y que los vivos serán mudados. Este gran cambio los preparará para recibir el reino… En su estado presente el hombre es mortal, corruptible; pero el reino de Dios será incorruptible y sempiterno. Por lo tanto, en su estado presente el hombre no puede entrar en el reino de Dios.”

Es entonces que finalmente los redimidos, luego de haber sido transformados de corruptibles en incorruptibles, están finalmente en paz en sí mismos con Dios y pueden subir a su encuentro. Ya no necesitan de un Mediador, pueden mirar y hablar cara a cara con Dios.

Pero todavía falta la restauración de la paz en la tierra, y esto ocurrirá después del milenio.

Los santos que ascendieron al cielo junto con Dios en ocasión de la segunda venida de Cristo, y que reinaron con él por mil años (Apocalipsis 20:6), descenderán ahora a la tierra y entrarán a la nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:2) para la sentencia final de los impíos.

1 Corintios 6:2, 3 – “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?”

CS pg. 723/1 (646.1) – “Inmediatos al trono se encuentran los que fueron alguna vez celosos en la causa de Satanás, pero que, cual tizones arrancados del fuego, siguieron luego a su Salvador con profunda e intensa devoción. Vienen después los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y de la incredulidad, los que honraron la ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida, y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Y más allá está la ‘grande muchedumbre, que nadie podía contar, de entre todas las naciones, y tribus, y los pueblos, y las lenguas […] de pie ante el trono y delante del Cordero, revestidos de ropas blancas, y teniendo palmas en sus manos’ (Apocalipsis 7:9). Su lucha terminó; ganaron la victoria. Disputaron el premio de la carrera y lo alcanzaron. La palma que llevan en su mano es símbolo de su triunfo, la vestidura blanca, emblema de la justicia perfecta de Cristo que es ahora de ellos.”

La tierra será purificada entonces por fuego y azufre.

Salmos 11:6 – “Sobre los impíos lloverá lazos; Fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos.”

CS pg. 730/3 (652.2) – “Dios hace descender fuego del cielo. La tierra está quebrantada. Salen a relucir las armas escondidas en sus profundidades. Llamas devoradoras se escapan por todas partes de grietas amenazantes. Hasta las rocas están ardiendo. Ha llegado el día que arderá como horno. Los elementos se disuelven con calor abrasador, la tierra también y las obras que hay en ella están abrasadas (Malaquías 4:2; 2 Pedro 3:10). La superficie de la tierra parece una masa fundida un inmenso lago de fuego hirviente. Es la hora del juicio y perdición de los hombres impíos, ‘es día de venganza de Jehová, año de retribuciones en el pleito de Sión’ (Isaías 34:8).”

CS pg. 732/1 (653.2) – “Mientras la tierra estaba envuelta en el fuego de la destrucción, los justos vivían seguros en la ciudad santa. La segunda muerte no tiene poder sobre los que tuvieron parte en la primera resurrección. Mientras Dios es para los impíos un fuego devorador, es para su pueblo un sol y un escudo (Apocalipsis 20:6; Salmos 84:11).”

Apocalipsis 21:1 – “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra han pasado.”

Luego que la tierra es purificada con fuego y azufre, es restaurada para ser la morada eterna de los redimidos.

Salmos 37:29 – “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.”

CS pg. 733/2 (654.2) – “En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados una patria (Hebreos 11:14-16). Allí conduce el divino Pastor a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de la vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para el servicio de las naciones.”

El conflicto entre el bien y el mal ha llegado así a su fin. Y la paz verdadera habrá sido restaurada plenamente en la tierra.

¿Queremos ser parte de esa paz eterna?

Aceptemos lo que Dios dice sobre nosotros en su Palabra y acudamos al Santuario Celestial a buscar a nuestro Sustituto, Garante y Mediador.

Lucas 23:34 – “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

DTG pg. 694.2 – “Esa oración de Cristo por sus enemigos abarcaba al mundo. Abarcaba a todo pecador que hubiera vivido desde el principio del mundo o fuese a vivir hasta el fin del tiempo. Sobre todos recae la culpabilidad de la crucifixión del Hijo de Dios. A todos se ofrece libremente el perdón. ‘El que quiere’ puede tener paz con Dios y heredar la vida eterna.”

CM pg. 325.2 – “Los que están procurando la justicia de Cristo se espaciarán en los temas de la gran salvación. La Biblia es el alfolí que proporciona a sus almas alimento nutritivo. Meditan en la encarnación de Cristo, contemplan el gran sacrificio hecho para salvarlos de la perdición, para ofrecerles el perdón, la paz y la justicia eterna. El alma queda inflamada por estos temas grandiosos y elevados. La santidad y la verdad, la gracia y la justicia ocupan sus pensamientos. Muere el yo y Cristo vive en sus siervos. Mientras contemplan la Palabra, sus corazones arden en ellos como los de los dos discípulos que iban a Emaús mientras Cristo caminaba con ellos y les abría las Escrituras acerca de sí mismo.”

 

Amén. Que Dios los bendiga.

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