Estudio sobre el Espíritu Santo y la Perfección

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Dios Espíritu Santo es una Persona

DTG pg. 625/1- “Al describir a sus discípulos la obra y el cargo del Espíritu Santo, Jesús trató de inspirarles el gozo y la esperanza que alentaba su propio corazón. Se regocijaba por la ayuda abundante que había provisto para su iglesia. El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino.”

TM pg. 392/3 – “El mal se había estado acumulando durante siglos, y sólo podía ser restringido y resistido por el grandioso poder del Espíritu Santo, la tercera persona de la Divinidad, que vendría no con energía modificada, sino con la plenitud del poder divino. Debía hacerse frente a otro espíritu, porque la esencia del mal trabajaba en todas las maneras y la sumisión del hombre al cautiverio satánico era asombrosa.”

En un estudio sobre la doctrina católica de la Trinidad (https://solascriptura.es/los-protestantes-y-la-trinidad-ec2e432747c2) , hemos estudiado que, de acuerdo al cuerno pequeño, el Espíritu Santo es sólo una energía activa. En el catecismo católico leemos:

246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu “procede del Padre y del Hijo (Filioque)”. El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: “El Espíritu Santo […] tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración […]. Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único al engendrarlo a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente” (DS 1300–1301).

De acuerdo a la doctrina de la Trinidad Católica, el Espíritu Santo procede de Dios Padre y de Cristo. Ya que, para el cuerno pequeño, la divinidad de Cristo fue engendrada por Dios Padre (niegan su preexistencia), entonces que el Espíritu Santo proceda de Cristo es lo mismo que proceda del Padre — pues para la Trinidad, Dios Padre y Jesús son el mismo ser. Es decir, para los católicos, el Espíritu Santo NO es una Persona individual, sino que es una energía activa que se desprende de Dios — es una manifestación de un solo Dios.

233 Los cristianos son bautizados en “el nombre” del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo no en “los nombres” de éstos (cf. Virgilio, Professio fidei (552): DS 415), pues no hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad.

Fuente: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p2_sp.html

Sin embargo, al hablar de la persona del Espíritu Santo, Cristo dijo:

Juan 16:13 – “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Una “energía activa” no puede hablar, no puede guiar, no puede oír y no puede enseñar. En cambio una PERSONA sí puede guiar, hablar, oír, y enseñar a otra persona.

Vamos a leer varios ejemplos en la Biblia en los cuales podemos apreciar el cumplimiento de las palabras de Cristo. En estos textos bíblicos comprobamos que el Espíritu Santo está hablando, dirigiendo, guiando, y dando órdenes, tal como nuestro Señor Jesús dijo que el Espíritu Santo haría.

Hechos 10:19 – “Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.”

Hechos 13:1-2 – “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.”

Hechos 16:6-7 – “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.”

El trabajo del Espíritu Santo es de presentarnos a Cristo.

Juan 16:14 – “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Juan 15:26 – “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”

Una energía activa no puede testificar o dar testimonio. “Testificar” implica que  tiene que ser una persona que hable a favor o en contra de otra persona. De igual manera, una energía activa no puede glorificar, sino que debe ser una persona que glorifica a otra persona. Tampoco se trata de Cristo glorificándose a sí mismo.

“Procede del Padre”

El cuerno pequeño utiliza frases bíblicas como la que encontramos en Juan 15:26 “el cual procede del Padre” para sostener su doctrina de la Trinidad y así enseñar el error de que el Espíritu Santo es una “energía activa” que “sale” o “se desprende” de Dios Padre o de Cristo (ya que para la Trinidad el Hijo y el Padre son el mismo ser).

¿Cómo interpreta el cuerno pequeño la palabra “procede”?

La interpretan en base a la filosofía pagana griega. Tomando doctrinas de antiguos filósofos paganos como Platón y Aristóteles, la iglesia católica adoptó sus ideas sobre la supuesta “dualidad” del ser humano (que el hombre tiene un alma, que para ellos es una energía activa inmortal dentro del cuerpo), y sobre la supuesta “consubstancialidad” de la Divinidad:

253 La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad consubstancial” (Concilio de Constantinopla II, año 553: DS 421). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza” (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). “Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina” (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS 804).

Fuente: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p2_sp.html

Como podemos apreciar, la iglesia católica adoptó de la filosofía griega—del término “homoousios”—la idea de la consubstancialidad, para interpretar a su manera la Divinidad. En el diccionario latín de Charlton T. Lewis y Charles Short, encontramos la clara definición de consubstancialidad:

Consubstancialidad” describe la relación entre las personas Divinas de la Trinidad Cristiana y connota que Dios Padre, Dios Hijo y Dios el Espíritu Santo son un solo ser en el que el Hijo es generado (nacido) antes de todos los tiempos o eternamente del propio ser del Padre, del que el Espíritu procede también eternamente.

Fuente: http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3Atext%3A1999.04.0059%3Aentry%3D%2310664

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Consubstancialidad

Entonces, el cuerno pequeño interpreta falsamente Juan 15:26 “el cual procede del Padre” de la siguiente manera: el Espíritu Santo no es nada más que una energía activa que se desprende del Padre, pero no es otro “ser” sino que es el mismo Dios Padre. Esto es vino de Babilonia, es una doctrina pagana, pues está fundada en filosofía pagana.

Llama también la atención que en el diccionario de la lengua española, la definición de “proceder”, en el contexto teológico significa:

Proceder (Del lat. procedere, adelantar.)

10. TEOLOGÍA Tener su origen el hijo en el padre y el espíritu santo en ambos.

Fuente: https://es.thefreedictionary.com/proceder

Inclusive en el diccionario oficial de la lengua española se encuentra el vino babilónico de la Trinidad: el Espíritu Santo no es una Persona individual, sino que “tiene su origen” en el Padre y en el Hijo, ya que el Hijo “tiene su origen” en el Padre!

¿Cuál es la correcta interpretación bíblica de la palabra “procede”?

La frase “a quién yo enviaré del Padre” en Griego dice así: ον εγω πεμψω υμιν παρα του πατρος (on ego pempso umin para tou patros), que traducido literalmente dice así: “el cual yo enviaré del lado del Padre”. Según esta frase, cuando Cristo ascendiera al Santuario Celestial, entonces enviaría al Espíritu Santo del lado del Padre (y no del interior del Padre). Esta frase implica que el Consolador que Cristo iba a enviar se encontraba a lado del Padre, o sea, compartía el trono con el Padre.  Así como Cristo compartía el trono con el Padre.

Mateo 19:28 – “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

La segunda frase en cuestión es “que procede del Padre”. En Griego esta frase: παρα του πατρος εκπορευεται (para tou patros ekporeutai) se traduce así: del lado del Padre procede o sale. Jesús utiliza la expresión griega παρα του πατρος (para tou patros) dos veces en este versículo para enfatizar que el Espíritu Santo vendría del lado del Padre, es decir, sale directamente desde el trono de Dios donde se encontraba y no del “interior” del Padre, tal y como el cuerno pequeño afirma en base a sus conceptos de filosofía griega de “consubstancialidad.”

El conflicto trinitario de que si el Espíritu Santo es una energía activa que se desprende del Padre o que si se desprende del Hijo fue el motivo del cisma entre la iglesia católica de occidente y la de oriente en el año 1054. Tanto así, que según la Biblia católica de occidente o de oriente, Juan 15:26 fue traducido como “procede del Padre y del Hijo” o hasta “procede del Hijo.” Sea cualquiera que sea el caso, para ambas doctrinas, el Espíritu Santo NO es una PERSONA, sino una energía activa que se desprende… ya sea del Padre o del Hijo.

Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Filioque

Por cierto, si aplicamos la misma mentalidad trinitaria al siguiente versículo:

Juan 8:42 – “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.”

Si aplicamos la mentalidad trinitaria a Juan 8:42, como en Juan 15:26, entonces podemos deducir erróneamente que Jesús también “se desprendió” del Padre. Pero Cristo no procede “del interior del Padre”, Cristo viene de su trono—a lado de Dios Padre. Y en el mismo versículo leemos que Jesús dijo “él me envió”—Dios Padre envió al Hijo—y en Juan 15:26 leemos que Jesús dijo acerca del Espíritu Santo “a quien yo os enviaré del Padre”. Dios Padre envió a Jesús (el Hijo no se envió a si mismo), y asimismo el Hijo envía al Espíritu Santo (el Espíritu Santo no se envía a sí mismo). Luego en Juan 14:26 leemos sobre el Espíritu Santo “a quien el Padre enviará en mi nombre” (nuevamente, el Espíritu Santo no se envía a sí mismo, sino que en este versículo el Padre envía al Espíritu Santo en el nombre del Hijo – no puede ser una sola persona enviándose a sí misma en el nombre de sí misma!).

En resumen el error trinitario: para el cuerno pequeño PROCEDE significa que el Espíritu Santo tiene su origen en el Padre y el Hijo (ya que son el mismo ser), y por lo tanto el Espíritu Santo se “desprende” del mismo Padre bajo la forma de una energía activa.

En resumen la verdad bíblica: el Espíritu Santo PROCEDE del Padre significa que sale del lado del Padre, pues Dios Padre tiene su trono y es una Persona, el Hijo tiene su trono y es una Persona, y el Espíritu Santo también tiene su propio trono y es una Persona.

Romanos 8:26 – “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Una energía no ayuda, es una persona la que ayuda. El Espíritu Santo nos ayuda a saber qué cosas deberíamos pedir al Padre en el nombre de Cristo.

Nehemías 9:20 – “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.”

Dios Padre envía al Espíritu Santo para enseñar a los hombres. Es una persona enviando a otra persona, y no una persona enviándose a sí misma bajo la forma de una energía activa de sí misma(!).

HAp pg. 40/3 – “A todo el que ha aceptado a Cristo como Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo.”

 

La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio

La naturaleza del Espíritu Santo no nos ha sido revelada, por lo tanto no nos concierne tratar de definirla ni explicarla. Tratar de explicar o definir la naturaleza del Espíritu Santo es entrar en el terreno encantado de Satanás.

Deuteronomio 29:29 – “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”

HAp pg. 43/1 (42.4) – “La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.”

Con nuestra finita, insuficiente, y degenerada mente humana no podemos explicar cómo  es que una persona—el Espíritu Santo—puede morar en otra persona—el ser humano. Satanás quiere que entremos en su juego y tratemos de explicar el COMO: Si el Espíritu Santo es una persona, ¿cómo puede morar dentro de otra persona? Por querer entrar en este terreno encantado de Satanás y tratar de explicar cosas que Dios no nos ha revelado, es que los humanos utilizan textos bíblicos que hablan de la influencia y poder del Espíritu Santo para deducir erróneamente que se trata de una energía activa que se desprende de Dios.

La naturaleza del Espíritu Santo no nos ha sido revelada, pero sí nos ha sido revelado que es una PERSONA. ¿Qué forma tiene? ¿Cómo es? Nada de esto está revelado y eso significa que Dios no desea que lo investiguemos. Dios dice en su Palabra que el Espíritu Santo es una persona y que mora en nosotros y esto debemos aceptarlo por fe.

 

1. El Espíritu Santo es un Representante de Cristo

A partir de Lucas 1:35, Cristo es para siempre Divino y Humano inseparablemente. Cristo no está aquí en la tierra, pues actualmente se encuentra en el Lugar Santísimo del Santuario Celestial realizando su obra de Sumo Sacerdote con su naturaleza humana indivisible de su naturaleza divina.

Hebreos 8:1-6 – “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.”

Cristo ahora no está en la tierra, pero antes de irse al Santuario Celestial dio una promesa:

Juan 14:16 – “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

DTG pg. 319/0 (318.2) – “Y hay más que ángeles en las filas. El Espíritu Santo, el representante del Capitán de la hueste del Señor, baja a dirigir la batalla. Nuestras flaquezas pueden ser muchas, y graves nuestros pecados y errores; pero la gracia de Dios es para todos los que, contritos, la pidan. El poder de la Omnipotencia está listo para obrar en favor de los que confían en Dios.”

DTG pg. 243/3 – “Deseaba que diesen al mundo la impresión de que habían sido engañados y chasqueados; pero por la fe habían de mirar al santuario celestial, donde Jesús ministraba por ellos; debían abrir su corazón al Espíritu Santo, su representante, y regocijarse en la luz de su presencia. Sin embargo, iban a venir días de tentación y prueba, cuando serían puestos en conflicto con los gobernantes de este mundo y los dirigentes del reino de las tinieblas; cuando Cristo no estuviera personalmente con ellos y no alcanzaran a discernir el Consolador, entonces sería más apropiado para ellos ayunar.”

¿Hacia dónde debe mirar el verdadero creyente? ¿Dónde debemos congregarnos diariamente?

Por la fe, el verdadero creyente debe mirar y congregarse al Santuario Celestial, donde Cristo se encuentra ministrando por aquellos que tienen necesidad de su Ministerio Sacerdotal Celestial. Cristo se encuentra en el verdadero Templo, con su Humanidad inseparable de su Divinidad. Aquí, en la tierra, se encuentra su Representante—el Espíritu Santo.

“… debían abrir su corazón al Espíritu Santo, su representante, y regocijarse en la luz de su presencia…”

¿Nos regocijamos en la luz de la presencia del Espíritu Santo aquí en la tierra? ¿O ni siquiera creemos que el Espíritu Santo se encuentra aquí en la tierra?

No queremos creer ni regocijarnos de la presencia de Dios Espíritu Santo en la tierra, pero eso es lo que Dios quiere que hagamos.

 

El Espíritu Santo es el sucesor de Cristo aquí en la tierra

DTG pg. 622/4 – “El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella. Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente. Por lo tanto, convenía a sus discípulos que fuese al Padre y enviase el Espíritu como su sucesor en la tierra. Nadie podría entonces tener ventaja por su situación o su contacto personal con Cristo. Por el Espíritu, el Salvador sería accesible a todos. En este sentido, estaría más cerca de ellos que si no hubiese ascendido a lo alto.”

En Juan capítulos 14,15,16 tenemos la noche que Cristo fue tomado preso. Pero antes de ser llevado preso al calvario, cuando se hallaba en la sombra de su humillación, Cristo dio la promesa de que enviaría a un Sucesor y un Representante para que hiciera una obra maravillosa aquí en la tierra.

TM pg. 402/1 – “Cuando Cristo pronunció estas palabras se hallaba en la sombra de la vergonzosa cruz, el símbolo de la culpa que hizo necesario el sacrificio de Cristo a fin de salvar al mundo de la ruina completa. Cristo miró hacia adelante al tiempo cuando el Espíritu Santo, como representante suyo, vendría a hacer una obra admirable en sus méritos y por medio de ellos; y consideró un privilegio consolar a sus discípulos…”

HAp pg. 39/1 – “El Salvador estaba señalando adelante al tiempo cuando el Espíritu Santo vendría para realizar una obra poderosa como su representante. El mal que se había estado acumulando durante siglos, habría de ser resistido por el divino poder del Espíritu Santo.”

Para los discípulos, para nosotros, y para todo verdadero seguidor de Cristo, el Espíritu Santo es el Sucesor y Representante de Cristo.

HAp pg. 41/2 (41.1) – “El transcurso del tiempo no ha cambiado en nada la promesa de despedida de Cristo de enviar el Espíritu Santo como su representante. No es por causa de alguna restricción de parte de Dios por lo que las riquezas de su gracia no fluyen a los hombres sobre la tierra. Si la promesa no se cumple como debiera, se debe a que no es apreciada debidamente. Si todos lo quisieran, todos serían llenados del Espíritu. Dondequiera la necesidad del Espíritu Santo sea un asunto en el cual se piense poco, se ve sequía espiritual, obscuridad espiritual, decadencia y muerte espirituales. Cuandoquiera los asuntos menores ocupen la atención, el poder divino que se necesita para el crecimiento y la prosperidad de la iglesia, y que traería todas las demás bendiciones en su estela, falta, aunque se ofrece en infinita plenitud.”

MJ pg. 53/3 (39.1) – “El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues éste es su representante. Por su medio infunde vida espiritual en el alma, avivando sus energías para el bien, limpiándola de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino.”

DTG pg. 138/2 – “‘Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos’ (Hebreos 7:25). Aunque el ministerio había de ser trasladado del templo terrenal al celestial, aunque el santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir pérdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador. Mientras Jesús ministra en el santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra. Está oculto a la vista, pero se cumple la promesa que hiciera al partir: ‘He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’ (Mateo 28:20). Aunque delega su poder a ministros inferiores, su presencia vivificadora está todavía con su iglesia.”

El vino de Babilonia que saca a Cristo del Santuario Celestial, para traerlo aquí a la tierra, es obra del cuerno pequeño para que, en su lugar, María sea la “Mediadora” del hombre en el cielo. La verdad es que Cristo está en el Santuario Celestial ministrando a favor del hombre, y Dios Espíritu Santo está aquí en la tierra infundiendo vida espiritual al verdadero creyente que por fe se congrega al Santuario Celestial para recibir los beneficios del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo.

Tener un “representante” implica la existencia de una persona representando a otra. Una persona no se representa a sí misma, pues representar significa: PERSONIFICAR, suplir, reemplazar, relevar, a otra persona. En las cortes legales del mundo, el término “representarse a sí mismo” ocurre cuando una persona desea presentarse sin un abogado y quiere evitar ser representado por otra persona. Cristo—en su promesa de Juan 14:16—deseaba enviar a “otro Consolador”, a otra Persona que pudiera suplir su ausencia mientras él se encontrara realizando otra fase de su obra en el cielo—en el Santuario Celestial.

 

2. El Trabajo del Espíritu Santo es convencer de pecado

Juan 16:7-8 – “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

HAp pg. 43/2 (43.1) – “El oficio del Espíritu Santo se especifica claramente en las palabras de Cristo: ‘Cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio’ (Juan 16:8). Es el Espíritu Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.”

HAp pg. 99/3 (98.2) – “La conversión de Saulo es una impresionante evidencia del poder milagroso del Espíritu Santo para convencer de pecado a los hombres.”

PP pg. 429/2 (379.2) – “Por la manifestación de su Espíritu, Dios obra para reprender y convencer al pecador; y si se rechaza finalmente la obra del Espíritu, nada queda ya que Dios pueda hacer por el alma. Se empleó el último recurso de la misericordia divina. El transgresor se aisló totalmente de Dios; y el pecado no tiene ya cura. No hay ya reserva de poder mediante la cual Dios pueda obrar para convencer y convertir al pecador. ‘Déjalo’ (Oseas 4:17), es la orden divina. Entonces ‘ya no queda sacrificio por el pecado, sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios’ (Hebreos 10:26, 27).”

TM pg. 392/1 (392.2) – “La gran obra específica del Espíritu Santo está claramente definida por nuestro Salvador: ‘Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado’. Cristo sabía que este anunció era un legado maravilloso. Se acercaba a la finalización de su ministerio sobre la tierra y vislumbraba la cruz, con una plena comprensión de la carga de culpa que debía ser colocada sobre él como portador del pecado. Sin embargo, por lo que estaba más ansioso era por sus discípulos. Estaba tratando de hallar consuelo para ellos, y les dijo: ‘Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si yo no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré’.”

¿Con qué HERRAMIENTAS nos convence Dios de pecado?

1. Con la Ley de Dios

Romanos 3:20 – “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Romanos 7:7 – “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.”

¿Qué dice la Ley?

Éxodo 20:13 – “No matarás.”

Éxodo 20:14 – “No cometerás adulterio.”

¿Y qué repitió Cristo?

Mateo 5:27 – “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.”

Mateo 5:21 – “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.”

¿Cuándo fue que Saulo—el perseguidor de los cristianos—se convirtió en Pablo—el discípulo de Cristo?

HAp pg. 99/1 (97.3) – “Al entregarse Saulo completamente al poder convincente del Espíritu Santo, vio los errores de su vida, y reconoció los abarcantes requerimientos de la ley de Dios. El que había sido un orgulloso fariseo, confiado en que lo justificaban sus buenas obras, se postró ahora delante de Dios con la humildad y la sencillez de un niñito, confesando su propia indignidad, e invocando los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. Saulo anhelaba ponerse en completa armonía y comunión con el Padre y el Hijo; y en la intensidad de su deseo de obtener perdón y aceptación, elevó fervientes súplicas al trono de la gracia.”

Comentario Bíblico 7ª pg. 297/2/4 – “Pablo dice que ‘en cuanto a la ley’—en lo que respecta actos externos—era ‘irreprensible’; pero cuando discernió el carácter espiritual de la ley, cuando se miró en el santo espejo, se vio a sí mismo pecador. Juzgado por una norma humana, se había abstenido de pecado; pero cuando miró dentro de las profundidades de la ley de Dios, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, se inclinó humildemente y confesó su culpa. No se apartó del espejo ni se olvidó qué clase de hombre era, sino que experimentó verdadero arrepentimiento ante Dios y tuvo fe en en nuestro Señor Jesucristo.”

¿Cuándo fue que Pablo se vio a sí mismo pecador?

Cuando Pablo discernió que los requerimientos de la Ley de Dios van más allá de los actos consumados. Saulo, el fariseo estricto, se cuidaba de no cometer los actos, pero cuando Pablo entendió que la Ley va más allá de los actos y que condena las miradas, intenciones, y hasta el estado de ser, recién entonces cambio su mentalidad y recién se convirtió en un discípulo de Cristo.

PR pg. 124/3 – “No es siempre la presentación más sabia de la verdad de Dios la que convence y convierte al alma. Los corazones de los hombres no son alcanzados por la elocuencia ni la lógica, sino por las dulces influencias del Espíritu Santo, que obra quedamente y sin embargo en forma segura para transformar y desarrollar el carácter. Es la queda vocecita del Espíritu de Dios la que tiene poder para cambiar el corazón.”

2. Con la Palabra de Dios

Efesios 6:17 – “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

Hebreos 4:12 – “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Si el Espíritu Santo sólo utilizaría la letra de la Ley—por ejemplo Éxodo 20:13,14—pudiéramos pensar que pecado es únicamente el acto externo y consumado, y podríamos pensar que no somos adúlteros y que nunca hemos cometido adulterio. Pero en la Palabra de Dios tenemos la convicción de pecado, las profundidades de la Ley:

Mateo 7:28 – “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”

La Ley dice “no matarás” (Éxodo 20:13). Pero, ¿qué dice la Palabra? Va más allá de la letra de la Ley y condena las intenciones, los deseos, y los pensamientos oscuros del ser humano.

1 Juan 3:15 – “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.”

Una vez que el ser humano está convencido de pecado, el siguiente trabajo del Espíritu Santo es el de presentarnos a Cristo: que es el remedio contra el pecado.

El Trabajo del Espíritu Santo es presentarnos a Cristo

Juan 16:14 – “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

CC pg. 91/1 (91.3) – “El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador. Está encargado de presentar a Cristo, la pureza de su justicia y la gran salvación que obtenemos por El. El Señor Jesús dijo: El Espíritu ‘tomará de lo mío, y os lo anunciará’ (Juan 16:14). El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina. ¡Cuánto no estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el maestro y guía del hombre!”

Mientras la Biblia presenta al Espíritu Santo como el Sucesor y Representante de Cristo, como el maestro y guía del hombre, el cuerno pequeño quiere hacer un solo paquete trinitario de Cristo y del Espíritu Santo.

El trabajo del Espíritu Santo es de glorificar a Cristo. No es su trabajo hacer que se glorifique el ser humano a sí mismo, para que el ser humano haga presunción de su “obediencia” y “santidad”. Tampoco es su trabajo glorificarse a sí mismo, Cristo no va a glorificarse a sí mismo, es otra persona—ya sea el Espíritu Santo o Dios Padre—quienes glorifican a Cristo. Cuando Cristo vino a la tierra no vino para buscar su propia gloria, sino para glorificar a Dios Padre. Del mismo modo, el Espíritu Santo no viene a glorificarse a sí mismo, sino a glorificar a otra persona—a Cristo.

Juan 8:50 – “Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.”

Juan 7:18 – “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.”

Al pecador, que por el trabajo mismo del Espíritu Santo ha sido convencido—por medio de la Ley y de la Palabra—de pecado, el Espíritu Santo le presenta a Cristo como su Salvador Personal.

HAp pg. 43/3 (43.2) – “Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ‘Tomará de lo mío, y os lo hará saber,’ dijo Cristo. ‘El os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho’ (Juan 16:14; 14:26).”

El Espíritu Santo presenta al pecador arrepentido la justicia de Cristo—su obediencia perfecta—como toda suficiente para su justificación; y también le presenta la sangre de Cristo—su sacrificio en la cruz del calvario—como toda suficiente para el perdón de sus pecados. Pero el Espíritu Santo también nos presenta a Cristo el Mediador—el Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, que presenta su ofrenda y su sacrificio para que siendo aceptados diariamente gracias a su obediencia perfecta, podamos como resultado recibir al Espíritu Santo como un Agente Regenerador. Es por esto que, el verdadero creyente, no sólo tiene hambre y sed de perdón, sino que también tiene “hambre y sed de justicia.”

3. El Espíritu Santo es el Revelador

Efesios 1:17 – “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.”

HAp pg. 43/3 (43.2) – “Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

El siguiente trabajo del Espíritu Santo es de revelar. ¿Qué nos revela? Nos revela a Cristo, y también nos hace entender y discernir las cosas que Dios quiere que comprendamos.

Pablo tenía un concepto claro de que, para que podamos comprender la Palabra de Dios—las cosas espirituales—era necesario que el Espíritu Santo que inspiró divinamente aquella Palabra, nos diera la sabiduría necesaria para discernir aquellas cosas espirituales espiritualmente y no carnalmente, pues la carne no comprende naturalmente las cosas de Dios.

1 Corintios 2:10-14 – “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

Debemos estudiar la Palabra de Dios individual y personalmente, no poniendo nuestra confianza en las interpretaciones humanas, sino poniendo mas bien nuestra confianza en la guía del Divino Autor de la Palabra: el Espíritu Santo.

Mateo 16:15-17 – “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

En Mateo 16:15-17, nuestro Señor Jesús nos enseña que es únicamente por revelación divina que podemos aceptar a Cristo como el Redentor y el Hijo del Dios viviente. ¿Y quién fue el Revelador que reveló a Pedro a Cristo como el Hijo de Dios?

DTG pg. 380/3 – “La verdad que Pedro había confesado es el fundamento de la fe del creyente. Es lo que Cristo mismo ha declarado ser vida eterna. Pero la posesión de este conocimiento no era motivo de engreimiento. No era por ninguna sabiduría o bondad propia de Pedro por lo que le había sido revelada esa verdad. Nunca puede la humanidad de por sí alcanzar un conocimiento de lo divino. ‘Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás?’ (Job 11:8). Únicamente el espíritu de adopción puede revelarnos las cosas profundas de Dios, que ‘ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano.’ ‘Pero a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu; porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aun las cosas profundas de Dios’ (1 Corintios 2:9, 10). ‘El secreto de Jehová es para los que le temen;’ y el hecho de que Pedro discernía la gloria de Dios era evidencia de que se contaba entre los que habían sido ‘enseñados de Dios’ (Salmos 25:14; Juan 6:45). ¡Ah! en verdad, ‘bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre’.”

Ese “Padre” de Mateo 16:15-17 es “es el espíritu de adopción”—el  Espíritu Santo. No es el trabajo de Dios Padre revelarnos las cosas de Dios, es el trabajo de Dios Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo quien reveló a Pedro que Jesús es el Cristo, no fue una inteligencia o discernimiento inherente en Pedro que reconoció esta gran verdad.

DTG pg. 457/3 – “Lo único que nos permite obtener una comprensión más perfecta de la verdad consiste en que mantengamos nuestro corazón enternecido y sojuzgado por el Espíritu de Cristo.”

En Cristo como Hombre habitaba el Espíritu Santo. No se trataba de Cristo mismo habitando dentro de sí mismo, ni de una “energía activa” que se desprendió de Dios Padre, sino que era Dios Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien enternece y sojuzga nuestro corazón, pues ese es su trabajo, y ese no es trabajo de Cristo ni de Dios Padre.

DTG pg. 557/4 – “Los saduceos se habían lisonjeado de que entre todos los hombres eran los que se adherían más estrictamente a las Escrituras. Pero Jesús demostró que no conocían su verdadero significado. Este conocimiento debe ser grabado en el corazón por la iluminación del Espíritu Santo. Su ignorancia de las Escrituras y del poder de Dios, declaró él, eran causa de la confusión de su fe y de las tinieblas mentales en que se hallaban. Trataban de abarcar los misterios de Dios con su raciocinio finito. Cristo los invitó a abrir sus mentes a las verdades sagradas que ampliarían y fortalecerían el entendimiento. Millares se vuelven incrédulos porque sus mentes finitas no pueden comprender los misterios de Dios. No pueden explicar la maravillosa manifestación del poder divino en sus providencias, y por lo tanto rechazan las evidencias de un poder tal, atribuyéndolas a los agentes naturales que les son aun más difíciles de comprender. La única clave de los misterios que nos rodean consiste en reconocer en todos ellos la presencia y el poder de Dios. Los hombres necesitan reconocer a Dios como el Creador del universo, el que ordena y ejecuta todas las cosas. Necesitan una visión más amplia de su carácter y del misterio de sus agentes.”

PVGM pg. 338/0 (337.3) – “Sin el Espíritu de Dios, un conocimiento de su Palabra no tiene valor. La teoría de la verdad, cuando no va acompañada del Espíritu Santo, no puede avivar el alma o santificar el corazón. Uno puede estar familiarizado con los mandamientos y las promesas de la Biblia, pero a menos que el Espíritu de Dios grabe la verdad, el carácter no será transformado. Sin la iluminación del Espíritu, los hombres no podrán distinguir la verdad del error, y caerán bajo las tentaciones maestras de Satanás.”

4. El Espíritu Santo es el Agente Regenerador

Ezequiel 36:25-26 – “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”

¿Qué es esa “agua limpia” mencionada por el profeta Ezequiel, que nos da un “corazón nuevo” y quita nuestro “corazón de piedra” para darnos un “corazón de carne”?

Esa misma “agua” es descrita por Cristo como “ríos de agua viva.” Y, de acuerdo a Juan 7:38-39, está hablando del trabajo del Espíritu Santo – “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Ese “corazón nuevo” tan mencionado en la Palabra de Dios es el trabajo del Agente Regenerador en el verdadero creyente.

Salmos 51:10 – “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

DTG pg. 625/1 – “Al describir a sus discípulos la obra y el cargo del Espíritu Santo, Jesús trató de inspirarles el gozo y la esperanza que alentaba su propio corazón. Se regocijaba por la ayuda abundante que había provisto para su iglesia. El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino. El Espíritu es el que hace eficaz lo que ha sido realizado por el Redentor del mundo. Por el Espíritu es purificado el corazón. Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia.”

No es Dios Padre, ni Cristo, quien nos da un “nuevo corazón” y nos hace “nacer de nuevo”, sino el Espíritu Santo—el Agente Regenerador.

HAp pg. 43/4 (43.3) – “El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras.”

El trabajo del Espíritu Santo es de regenerar al hombre que ya ha aceptado a Cristo como su Sustituto en la vida, Garante y Sustituto en la muerte y único Mediador. Como resultado de estar siendo justificado en base a la justicia de Cristo, el Espíritu Santo viene a habitar en el creyente como Agente Regenerador y de esta forma implanta una nueva naturaleza, da un corazón de carne: siembra los “frutos del espíritu” de Gálatas 5:22-23.

PVGM pg. 338/1 – “El Espíritu obra en el corazón del hombre de acuerdo con su deseo y consentimiento, implantando en él una nueva naturaleza. Pero las personas representadas por las vírgenes fatuas se han contentado con una obra superficial. No conocen a Dios. No han estudiado su carácter; no han mantenido comunión con él; por lo tanto no saben cómo confiar en él, cómo mirarlo y cómo vivir. Su servicio a Dios degenera en formulismo. ‘Vendrán a ti como viene el pueblo, y se estarán delante de ti como mi pueblo, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia’ (Ezequiel 33:31). El apóstol Pablo señala que ésta será la característica especial de aquellos que vivan precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Dice: ‘En los postreros días vendrán tiempos peligrosos: que habrá hombres amadores de sí mismos… amadores de los deleites más que de Dios; teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella’ (2 Timoteo 3:1-5).”

PVGM pg. 69/1 – “Ninguna persona es tan vil, nadie ha caído tan bajo que esté fuera del alcance de la obra de ese poder. En todos los que se sometan al Espíritu Santo, ha de ser implantado un nuevo principio de vida: la perdida imagen de Dios ha de ser restaurada en la humanidad.”

Pero, si el Espíritu Santo crea un nuevo carácter en nosotros, ¿por qué aún seguimos fallando y dejando salir a la superficie los viejos malos rasgos de carácter?

Es importante entender que cuando el Espíritu Santo nos regenera, él no viene a destruir la vieja naturaleza con la cual fuimos engendrados, sino que viene a subyugarla con la cooperación del agente humano. El Espíritu Santo como Agente Regenerador no viene a implantar en el verdadero creyente una planta celestial ya desarrollada, sino que implanta apenas una semilla de origen celestial que el hombre debe cooperar para su crecimiento a través de las pruebas diarias. El trabajo del Espíritu Santo como Agente Regenerador es de crear en el hombre lo que el hombre no tiene y luego debe ayudar en el proceso de crecimiento, siempre y cuando el agente humano coopere con la obra sobrenatural del Espíritu Santo.

1 Corintios 3:7 – “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.”

Dios Espíritu Santo es quien “planta” la semilla del amor en nosotros, y si cooperamos con el Espíritu Santo, él “riega” la planta con la lluvia temprana y así “da el crecimiento” tal como lo indica el apóstol Pablo.

Muchas veces los hombres quieren llevarse la gloria y honra de ser los que plantan la semilla y además de ser quienes riegan la planta. Pero esto es quitar la gloria y honra a Dios Espíritu Santo, pues el hombre no tiene poder alguno para obrar en la transformación del carácter y en la regeneración. Únicamente Dios puede hacer esta obra sobrenatural en el ser humano.

HAp pg. 222.1 – “Pablo fue quien predicó primero el Evangelio en Corinto y quien había organizado la iglesia allí. Esta era la obra que el Señor le había asignado. Más tarde, por la dirección de Dios, otros obreros fueron enviados allí, para que ocuparan su debido lugar. La semilla sembrada debía regarse, y esto debía hacerlo Apolos. Siguió a Pablo en su obra, para dar instrucción adicional y ayudar al crecimiento de la semilla sembrada. Conquistó los corazones del pueblo, pero era Dios el que daba el crecimiento. No es el poder humano, sino el divino, el que obra la transformación del carácter. Los que plantan y los que riegan, no hacen crecer la semilla; trabajan bajo la dirección de Dios, como sus agentes señalados, y cooperan con él en su obra. Al Artífice maestro pertenecen el honor y la gloria del éxito.”

CC pg. 91/1 (91.3) – “El Señor Jesús dijo: El Espíritu ‘tomará de lo mío, y os lo anunciará’ (Juan 16:14). El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina. ¡Cuánto no estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el maestro y guía del hombre!”

Dios Padre ha hecho dos cosas a favor de la raza humana: “dio a su Hijo para que muriese por ella” y “manda su Espíritu para que de continuo el maestro y guía del hombre.” Sin embargo la raza humana no quiere reconocer la importancia del trabajo del Espíritu Santo aquí en la tierra. Es el Espíritu Santo el “Artífice maestro” al que pertenece “el honor y la gloria del éxito” del crecimiento de la planta de origen celestial en el ser humano, siempre que el ser humano coopere con el Espíritu Santo y ceda a su divina influencia. El Espíritu Santo da crecimiento a aquella planta celestial que él mismo ha sembrado en el hombre. Dios hace su parte, y el hombre también debe hacer de su parte por medio del esfuerzo humano diariamente, pues la obra de la santificación es una obra progresiva de toda la vida mientras dure nuestro tiempo de gracia.

PVGM pg. 44/2 – “Sólo mediante el Espíritu divino será viviente y poderosa la palabra para renovar el alma para vida eterna. Esto es lo que Cristo se esforzó por inculcar a sus discípulos. Les enseñó que ninguna cosa de las que poseían en sí mismos les daría éxito en su obra, sino que el poder milagroso de Dios es el que da eficiencia a su propia palabra.”

5. El Espíritu Santo es el Santificador

1 Tesalonicenses 5:23 – “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

¿Qué implica la “santificación”?

DTG pg. 625/2 – “Acerca del Espíritu dijo Jesús: ‘El me glorificará.’ El Salvador vino para glorificar al Padre demostrando su amor; así el Espíritu iba a glorificar a Cristo revelando su gracia al mundo. La misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad. El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo.”

La santificación implica la perfección del carácter, implica desarrollar un carácter semejante al de Dios—un carácter semejante al de Cristo.

DTG pg. 745/3 – “El Espíritu Santo es el aliento de la vida espiritual. El impartimiento del Espíritu es el impartimiento de la vida de Cristo. Comunica al que lo recibe los atributos de Cristo. Únicamente aquellos que han sido así enseñados de Dios, los que experimentan la operación interna del Espíritu y en cuya vida se manifiesta la vida de Cristo, han de destacarse como hombres representativos, que ministren en favor de la iglesia.”

Dios Espíritu Santo es el responsable de nuestra santificación, es el “Dios de paz” que nos santifica por completo. Pero el problema es que nuestra mente trinitaria no mira al Espíritu Santo como Dios sino como una “energía activa,” una especie de “fantasma.”

1MS pg. 372/2 – “La obra de la santificación es la obra de toda una vida. Debe proseguir continuamente, pero no puede progresar en el corazón mientras sea rechazada o descuidada la luz de cualquier parte de la verdad. El alma santificada no estará contenta de permanecer en la ignorancia, sino que deseará caminar en la luz y buscar una luz mayor. Así como el minero cava en procura de oro y plata, así también el seguidor de Cristo buscará la verdad como si fuera un tesoro escondido, y avanzará de una luz a una luz mayor, aumentando siempre su conocimiento. Crecerá continuamente en gracia y en el conocimiento de la verdad. Debe ser vencido el yo. Cada defecto de carácter debe ser detectado en el gran espejo de Dios. Podemos descubrir si estamos condenados o no por la norma del carácter de Dios.”

El “gran espejo de Dios”, como ya hemos estudiado, es la Ley de Dios y también hemos estudiado que el Espíritu Santo utiliza la Ley para convencernos de pecado. El Espíritu Santo crea en nosotros lo que no tenemos (como Agente Regenerador). Pero no implanta un nuevo carácter ya desarrollado y ya listo y semejante al de Cristo. Se necesita del trabajo permanente de Cristo a favor de nosotros para que el Espíritu Santo habite en nosotros continuamente y pueda realizar su trabajo como Agente Santificador. El Espíritu Santo debe permanecer en nosotros de manera constante, no basta una sola vez ni un solo día—es una obra de toda la vida.

Ezequiel 20:12 – “Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.”

Ese “Jehová” de Ezequiel 20:12 no es Dios Padre, ni Cristo, sino el Espíritu Santo—el encargado de Regenerar y de Santificar al hombre. La santificación bíblica es una obra de toda la vida, no se trata de una obra instantánea que ocurre una sola vez y para siempre.

Un humano es engendrado y nace una sola vez, y luego a través de los años con el tiempo va creciendo gradualmente. El ser humano debe nacer de nuevo una sola vez gracias al trabajo del Agente Regenerador. El Espíritu Santo crea una sola vez amor, fe, lealtad, todas las semillas celestiales de Gálatas 5:22-23. Pero esas plantas de origen celestial deben crecer gradualmente. Hay pues una diferencia entre la regeneración y la santificación, ya que la planta de origen divino no crece de la noche a la mañana—debe ser regada con la lluvia temprana y debe crecer.

PVGM pg. 45/2 – “La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una bella figura del crecimiento cristiano. Como en la naturaleza, así también en la gracia no puede haber vida sin crecimiento. La planta debe crecer o morir. Así como su crecimiento es silencioso e imperceptible, pero continuo, así es el desarrollo de la vida cristiana. En cada grado de desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; pero, si se cumple el propósito de Dios para con nosotros, habrá un avance continuo. La santificación es la obra de toda la vida. Con la multiplicación de nuestras oportunidades, aumentará nuestra experiencia y se acrecentará nuestro conocimiento. Llegaremos a ser fuertes para llevar responsabilidades, y nuestra madurez estará en relación con nuestros privilegios.”

Por ejemplo, ¿cómo crece la planta divina del amor?

Romanos 13:10 – “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Cuando el hombre diariamente obedece todo lo que Dios dice en su Palabra, la planta del amor va creciendo diariamente—por medio de la obediencia, la santificación. Pero si el hombre desobedece tan sólo un precepto de la Ley o la Palabra, la planta no va a crecer, sino que mas bien debe morir, pues se está matando a la planta de origen celestial.

En otro ejemplo: el Espíritu Santo implanta la semilla de la temperancia (esto es regeneración). Pero es el hombre quien debe dejar de comer carne y todo lo que es perjudicial para su salud. Es el hombre quien debe reconocer que tiene un dios vientre (Filipenses 3:19), y por ello necesita de la presencia permanente del Espíritu Santo para que subyugue a ese dios vientre.

El hombre debe ejercer su esfuerzo humano y debe dejar de consumir aquello que es perjudicial para su salud. Esa obediencia entra en el campo de la santificación y no de la justificación. El Espíritu Santo no va a hacer la obra que le toca hacer al hombre, así como el hombre no puede hacer la obra que le toca hacer al Espíritu Santo.

6. El Espíritu Santo da poder para resistir el pecado

Sin el Espíritu Santo nosotros no podemos resistir el pecado por nosotros mismos.

Ezequiel 36:25-26 – “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”

Isaías 1:25 – “Y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza.”

Isaías 4:4 – “Cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación.”

DTG pg. 625/1 – “El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino.”

El hombre necesita de la poderosa intervención del Espíritu Santo, pero si el hombre no quiere colaborar con el Espíritu Santo, si no quiere someterse a su trabajo, y prefiere aferrarse a sus debilidades, a sus ídolos, pecados, defectos de carácter y malos hábitos, entonces no hay más remedio para el ser humano.

Oseas 4:17 – “Efraín es dado a ídolos; déjalo.”

1JT pg. 65.3 – “Dijo el ángel: ‘Dios irá probando cada vez más de cerca a cada uno de sus hijos.’ Algunos están dispuestos a aceptar un punto; pero cuando Dios los prueba en otro, lo rehúyen y retroceden, porque hiere directamente algún ídolo suyo. Así tienen oportunidad de ver lo que hay en su corazón que los aísla de Jesús. Hay algo que aprecian más que la verdad y su corazón no está preparado para recibir a Jesús. Los individuos son probados durante cierto tiempo para ver si quieren sacrificar sus ídolos y escuchar el consejo del Testigo fiel. Si alguno no quiere ser purificado por la obediencia de la verdad, y vencer su egoísmo, su orgullo y malas pasiones, los ángeles de Dios reciben este encargo: ‘Se han unido a sus ídolos, dejadlos,’ y prosiguen con su obra, dejando en manos de los malos ángeles a aquellos que no han subyugado sus rasgos pecaminosos.”

DTG pg. 82/4 – “‘Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento—dijo Juan;—mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego.’ El profeta Isaías había declarado que el Señor limpiaría a su pueblo de sus iniquidades ‘con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.’ La palabra del Señor a Israel era: ‘Volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias’ (Isaías 4:4; 1:25). Para el pecado, dondequiera que se encuentre, ‘nuestro Dios es fuego consumidor’ (Hebreos 12:29). En todos los que se sometan a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a identificarse con él. Entonces la gloria de Dios, que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también. Jacob, después de su noche de lucha con el ángel, exclamó: ‘Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma’ (Génesis 32:30). Jacob había sido culpable de un gran pecado en su conducta hacia Esaú; pero se había arrepentido. Su transgresión había sido perdonada, y purificado su pecado; por lo tanto, podía soportar la revelación de la presencia de Dios. Pero siempre que los hombres se presentaron a Dios mientras albergaban voluntariamente el mal, fueron destruidos. En el segundo advenimiento de Cristo, los impíos serán consumidos ‘con el espíritu de su boca,’ y destruidos ‘con el resplandor de su venida’ (2 Tesalonicenses 2:8). La luz de la gloria de Dios, que imparte vida a los justos, matará a los impíos.”

HAp pg. 384.3 – “Los esfuerzos humanos, por sí solos, son insuficientes. Sin la ayuda del poder divino, no se conseguirá nada. Dios obra y el hombre obra. La resistencia a la tentación debe venir del hombre, quien debe obtener su poder de Dios. Por un lado hay sabiduría, compasión y poder infinitos, y por el otro, debilidad, perversidad, impotencia absoluta.”

El hombre con puro esfuerzo humano siempre va a fracasar, pues necesita del poder divino. Y puro poder divino, sin la cooperación del hombre, tampoco puede traer victoria sobre el pecado. Dios no va a hacer la parte que nos incumbe hacer a nosotros: renunciar a la práctica del pecado.

HAp pg. 384.4 – “Dios desea que tengamos dominio sobre nosotros mismos, pero no puede ayudarnos sin nuestro consentimiento y cooperación. El Espíritu divino obra por medio de los poderes y facultades otorgados al hombre. Por naturaleza, no estamos capacitados para armonizar nuestros propósitos, deseos e inclinaciones con la voluntad de Dios; pero si tenemos el deseo de que Dios cree en nosotros la voluntad, el Salvador lo efectuará por nosotros, ‘destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo’ (2 Corintios 10:5).”

HAp pg. 39/1 – “El mal que se había estado acumulando durante siglos, habría de ser resistido por el divino poder del Espíritu Santo.”

7. El Espíritu Santo da éxito (poder)

Hechos 1:7-8 – “Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Lucas 24:49 – “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

El Espíritu Santo es quien da poder (éxito) a la obra.

HAp pg. 130/2 (128.1) – “Los creyentes de Antioquía comprendían que Dios estaba dispuesto a obrar en sus vidas ‘el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Filipenses 2:13). Mientras vivían en medio de un pueblo que parecía preocuparse poco por las cosas de valor eterno, trataban de dirigir la atención de los de corazón sincero, y dar testimonio positivo de Aquel a quien amaban y servían. En su humilde ministerio, aprendieron a depender del poder del Espíritu Santo para hacer eficaz la palabra de vida. Y así, en las diversas ocupaciones de la vida, daban testimonio diariamente de su fe en Cristo.”

Sin el poder del Espíritu Santo la predicación de la Palabra de Dios no puede tener eficacia en los oyentes.

HAp pg. 15/1 – “Para continuar su obra, Cristo no escogió la erudición o la elocuencia del Sanedrín judío o el poder de Roma. Pasando por alto a los maestros judíos que se consideraban justos, el Artífice Maestro escogió a hombres humildes y sin letras para proclamar las verdades que habían de llevarse al mundo. A esos hombres se propuso prepararlos y educarlos como directores de su iglesia. Ellos a su vez habían de educar a otros, y enviarlos con el mensaje evangélico. Para que pudieran tener éxito en su trabajo, iban a ser dotados con el poder del Espíritu Santo. El Evangelio no había de ser proclamado por el poder ni la sabiduría de los hombres, sino por el poder de Dios.”

El Artífice Maestro no es sólo Cristo, sino también el Espíritu Santo. Mientras Cristo anduvo en la tierra era el Maestro y la Luz del mundo. Ahora ya no está más en la tierra, sino que se encuentra realizando su obra intercesora en el Santuario Celestial. Pero en el Espíritu Santo—su Representante—tenemos al Artífice Maestro que aquí en la tierra continúa esparciendo luz y disipando las tinieblas.

PVGM pg. 288/1 – “Los talentos que se usan son talentos que se multiplican. El éxito no es el resultado de la casualidad o del destino; es la operación de la providencia de Dios, la recompensa de la fe y la discreción, de la virtud y el esfuerzo perseverante. El Señor desea que usemos cada don que poseemos; y si lo hacemos, tendremos mayores dones para usar. El no nos capacita de una manera sobrenatural con las cualidades de que carecemos; pero mientras usamos lo que tenemos, él obrará con nosotros para aumentar y fortalecer toda facultad. En todo sacrificio ferviente y sincero que hagamos en el servicio del Maestro, nuestras facultades se acrecentarán. Mientras nos entregamos como instrumentos para la operación del Espíritu Santo, la gracia de Dios trabajará en nosotros sojuzgando las viejas inclinaciones, venciendo las propensiones poderosas y formando nuevos hábitos. Cuando apreciamos y obedecemos las indicaciones del Espíritu, nuestros corazones son ampliados para recibir más y más de su poder, y para hacer una obra mayor y mejor. Las energías dormidas son despertadas, y las facultades paralizadas reciben nueva vida.”

MJ pg. 53/2 (38.5) – “La vida del cristiano es una lucha. Pero ‘no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes’ (Efesios 6:12). En este conflicto de la justicia contra la injusticia, sólo podemos tener éxito mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe ser sometida a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la divina. Esto traerá al Espíritu Santo en ayuda nuestra, y cada conquista tenderá a la recuperación de la posesión comprada por Dios, a la restauración de su imagen en el alma.”

Sin la ayuda del Espíritu Santo no puede haber éxito ni para la predicación de la Palabra, ni para que nuestras facultades se desarrollen.

DTG pg. 625/3 – “‘Cuando él [el Espíritu de verdad] viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.’ La predicación de la palabra sería inútil sin la continua presencia y ayuda del Espíritu Santo. Este es el único maestro eficaz de la verdad divina. Únicamente cuando la verdad vaya al corazón acompañada por el Espíritu vivificará la conciencia o transformará la vida. Uno podría presentar la letra de la Palabra de Dios, estar familiarizado con todos sus mandamientos y promesas; pero a menos que el Espíritu Santo grabe la verdad, ninguna alma caerá sobre la Roca y será quebrantada. Ningún grado de educación ni ventaja alguna, por grande que sea, puede hacer de uno un conducto de luz sin la cooperación del Espíritu de Dios. La siembra de la semilla del Evangelio no tendrá éxito a menos que esa semilla sea vivificada por el rocío del cielo. Antes que un solo libro del Nuevo Testamento fuese escrito, antes que se hubiese predicado un sermón evangélico después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles que oraban. Entonces el testimonio de sus enemigos fue: ‘Habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina’ (Hechos 5:28).”

8. El Espíritu Santo graba la verdad

Juan 16:13 – “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

1 Corintios 2:10-13 – “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

El Espíritu Santo graba la verdad en el corazón, expone el error, y si consentimos con su trabajo, también expulsa el error del alma.

DTG pg. 625/0 (624.3) – “Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a sus escogidos”

DTG pg. 626/0 (625.3) – “Únicamente cuando la verdad vaya al corazón acompañada por el Espíritu vivificará la conciencia o transformará la vida. Uno podría presentar la letra de la Palabra de Dios, estar familiarizado con todos sus mandamientos y promesas; pero a menos que el Espíritu Santo grabe la verdad, ninguna alma caerá sobre la Roca y será quebrantada. Ningún grado de educación ni ventaja alguna, por grande que sea, puede hacer de uno un conducto de luz sin la cooperación del Espíritu de Dios.”

DTG pg. 456/2 – “Mientras los setenta escuchaban las palabras de Cristo, el Espíritu Santo impresionaba sus mentes con las realidades vivientes y escribía la verdad en las tablas del alma. Aunque los cercaban multitudes, estaban como a solas con Dios.”

HAp pg. 43/5 (43.4) – “El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma. Mediante su poder, el camino de la vida será hecho tan claro que nadie necesite errar.”

9. Quita los afectos de las cosas del mundo

HAp pg. 43/5 (43.4) – “Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu Santo quita los afectos de las cosas de esta tierra, y llena el alma con un deseo de santidad. ‘El os guiará a toda verdad’ (Juan 16:13), declaró el Salvador. Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser.”

PR pg. 43/3 – “Con el toque suave de la gracia, el Salvador destierra del alma la inquietud y ambición profanas, y trueca la enemistad en amor y la incredulidad en confianza. Cuando habla al alma diciendo: ‘Sígueme,’ queda roto el hechizo del mundo. Al sonido de su voz, el espíritu de codicia y ambición huye del corazón, y los hombres, emancipados, se levantan para seguirle.”

PP pg. 492/1 (436.2) – “Pablo dice: ‘Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay alguna virtud, si alguna alabanza, en esto pensad’ (Filipenses 4:8). Esto requerirá ferviente oración y vigilancia incesante. Habrá de ayudarnos la influencia permanente del Espíritu Santo, que atraerá la mente hacia arriba y la habituará a pensar sólo en cosas santas y puras. Debemos estudiar diligentemente la Palabra de Dios. ‘¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra,’ dice el salmista y añade: ‘En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti’ (Salmos 119:9, 11).”

10. Se trata de un trabajo mancomunado

Filipenses 1:6 – “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

Si bien es cierto que en versículos anteriores a Filipenses 1:6, el apóstol Pablo habla específicamente de Cristo, es específicamente el Espíritu Santo quien hace esa “obra” de Filipenses 1:6.

En el libro Testimonios para los Ministros, en las páginas 506-509, la sierva del Señor nos habla exclusivamente del Espíritu Santo en casi todo el capítulo. Y acerca de aquella “obra” de Filipenses 1:6, leemos:

TM pg. 507/2 – “Están cometiendo una terrible equivocación. La obra que Dios ha comenzado en el corazón humano al darle su luz y conocimiento, debe progresar continuamente. Todo individuo debe ser consciente de su propia necesidad. El corazón debe estar exento de contaminación, y limpio, para que en él more el Espíritu. Por medio de la confesión y el abandono del pecado, por medio de la oración ferviente y la consagración a Dios, los primeros discípulos se prepararon para el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. La misma obra, sólo que en mayor medida, debe realizarse ahora. En aquel entonces el instrumento humano sólo tenía que pedir la bendición y esperar que el Señor perfeccionara la obra concerniente a él. Es Dios quien comienza la obra, y la terminará, perfeccionando al hombre en Cristo Jesús.”

La santificación verdadera es un trabajo mancomunado entre Dios Espíritu Santo y el verdadero creyente.

Filipenses 2:14 – “Haced todo sin murmuraciones y contiendas.”

¿Quién es el que murmura, es el Espíritu Santo o el hombre? ¿Y quién es el que arma contiendas, peleas y disensiones… el Espíritu Santo o el hombre? ¿Quién ama el pecado, acaso es el Espíritu Santo o es el hombre?

Filipenses 2:14 está hablando claramente de la parte que tiene que hacer el hombre, no Dios Espíritu Santo.

HAp pg. 398/2 (384.3) – “La obra de ganar la salvación es una operación mancomunada. Debe haber cooperación entre Dios y el pecador arrepentido. Es necesaria para la formación de principios rectos de carácter. El hombre debe hacer fervientes esfuerzos para vencer lo que le impide obtener la perfección. Pero depende enteramente de Dios para alcanzar el éxito. Los esfuerzos humanos, por sí solos, son insuficientes. Sin la ayuda del poder divino, no se conseguirá nada. Dios obra y el hombre obra. La resistencia a la tentación debe venir del hombre, quien debe obtener su poder de Dios. Por un lado hay sabiduría, compasión y poder infinitos, y por el otro, debilidad, perversidad, impotencia absoluta.”

En el campo de la santificación, la obediencia verdadera es una obra mancomunada entre el hombre y Dios Espíritu Santo. Para que se realice esta obra mancomunada debe haber una incorporación de “principios rectos en el carácter.” ¿Cuáles son estos principios rectos?

  • Los principios de Gálatas 5:22-23.
  • Hebreos 8:10 – los principios de los Diez Mandamientos.

CC pg. 60/0 (60.3) – “Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: ‘Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré’ (Hebreos 10:16) Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia, es decir el servicio y la lealtad que se rinden por amor, es la verdadera prueba del discipulado. Por esto dice la Escritura: ‘Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.’ ‘El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y no hay verdad en él.’ (1 Juan 5:3; 2:4) En vez de eximir al hombre de la obediencia, la fe, y sólo ella, nos hace participantes de la gracia de Cristo, y nos capacita para obedecer.”

HAp pg. 455/2 (440.2) – “Un amor supremo hacia Dios y un amor abnegado hacia nuestros semejantes, es el mejor don que nuestro Padre celestial puede conferirnos. Tal amor no es un impulso, sino un principio divino, un poder permanente.”

PP pg. 380/0 (379/2 | 334.2) – “Y si el pueblo hubiera practicado los principios de los diez mandamientos, no habría habido necesidad de las instrucciones adicionales que se le dieron a Moisés.”

HAp pg. 384.3 – “El hombre debe hacer fervientes esfuerzos para vencer lo que le impide obtener la perfección. Pero depende enteramente de Dios para alcanzar el éxito.”

Esos “fervientes esfuerzos” debe hacer el hombre, pues ese trabajo no lo va a realizar el Espíritu Santo. Pero, sin que el Espíritu Santo implante Gálatas 5:22-23 y Hebreos 8:10 en el verdadero creyente, el hombre con sólo su propio esfuerzo humano va a ser vencido por sus defectos de carácter heredados y cultivados desde el momento en que fue engendrado en la carne. Es por eso que la pluma inspirada continúa:

HAp pg. 384.3 – “Los esfuerzos humanos, por sí solos, son insuficientes. Sin la ayuda del poder divino, no se conseguirá nada. Dios obra y el hombre obra. La resistencia a la tentación debe venir del hombre, quien debe obtener su poder de Dios. Por un lado hay sabiduría, compasión y poder infinitos, y por el otro, debilidad, perversidad, impotencia absoluta.”

“Dios desea que tengamos dominio sobre nosotros mismos, pero no puede ayudarnos sin nuestro consentimiento y cooperación. El Espíritu divino obra por medio de los poderes y facultades otorgados al hombre. Por naturaleza, no estamos capacitados para armonizar nuestros propósitos, deseos e inclinaciones con la voluntad de Dios; pero si tenemos el deseo de que Dios cree en nosotros la voluntad, el Salvador lo efectuará por nosotros, ‘destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo’ (2 Corintios 10:5).”

Además de impartir dones sobrenaturales, Dios Espíritu Santo obra sobre nuestros dones naturales: nuestras facultades mentales, físicas, facultad de la voluntad, del habla, etc., subyugando nuestra depravación si nos sometemos a su poder.

PR pg. 357/2 – “Mientras Dios obraba en Daniel y sus compañeros ‘el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Filipenses 2:13), ellos obraban su propia salvación. En esto se revela cómo obra el principio divino de cooperación, sin la cual no puede alcanzarse verdadero éxito. De nada vale el esfuerzo humano sin el poder divino; y sin el esfuerzo humano, el divino no tiene utilidad para muchos. Para que la gracia de Dios nos sea impartida, debemos hacer nuestra parte. Su gracia nos es dada para obrar en nosotros el querer y el hacer, nunca para reemplazar nuestro esfuerzo.”

Nuestra parte es, primeramente, aceptar la amonestación del Testigo Fiel, para que entonces el Espíritu Santo, en virtud de la justicia perfecta de Cristo, pueda venir a habitar en el hombre como agente regenerador. Pero si el hombre no llega a aceptar que en sí mismo no tiene capacidad natural para amar, entonces para qué tendría necesidad de que el Espíritu Santo venga a implantar Gálatas 5:22-23—el amor verdadero—en su persona? El hombre que se cree rico, no tiene necesidad de comprar el oro afinado en fuego del Testigo Fiel.

El Espíritu Santo no es un SUSTITUTO

Mientras que Cristo, como Hombre, es nuestro Sustituto en la vida, Garante y Sustituto en la muerte, Dios Espíritu Santo NO es nuestro Sustituto. El Espíritu Santo nos ayuda, fortalece y coopera para nuestra santificación, pero nunca sustituye al esfuerzo humano, no viene a reemplazar al agente humano.

PR pg. 488/3 – “El Señor ha provisto auxilio divino para todas las emergencias a las cuales no pueden hacer frente nuestros recursos humanos. Nos da el Espíritu Santo para ayudarnos en toda estrechez, para fortalecer nuestra esperanza y seguridad, para iluminar nuestros espíritus y purificar nuestros corazones. Provee oportunidades y medios para trabajar. Si sus hijos están al acecho de las indicaciones de su providencia, y están listos para cooperar con él, verán grandes resultados.”

Comentario Bíblico 7ª pg. 177/1/0 – “Cuando los cuatro jóvenes hebreos estaban siendo educados para la corte del rey de Babilonia, no pensaron que la bendición del Señor sustituía el decidido esfuerzo que se requería de ellos. Eran diligentes en el estudio, pues comprendían que por la gracia de Dios su destino dependía de su propia voluntad y acción. Tenían que dedicar a la obra toda su capacidad, y mediante una severa y continua aplicación de sus facultades debían aprovechar al máximo sus oportunidades de estudio y trabajo.

“Mientras estos jóvenes se ocupaban de su propia salvación, Dios estaba obrando en ellos tanto ‘el querer como el hacer por su buena voluntad.’ Aquí se revelan las condiciones del éxito. Para apropiarnos de la gracia de Dios tenemos que hacer nuestra parte. El Señor no tiene el propósito de hacer por nosotros ni el querer ni el hacer. Concede su gracia para que se efectúe en nosotros el querer y el hacer; pero nunca como un sustituto de nuestros esfuerzos. Nuestra alma debe estar dispuesta a cooperar. El Espíritu Santo obra en nosotros para que podamos ocuparnos de nuestra salvación. Esta es la lección práctica que el Espíritu Santo procura enseñarnos.”

En el campo de la justificación, no cooperamos con Cristo en su vida de obediencia que como Hombre desarrolló aquí en la tierra, y tampoco cooperamos con Cristo en la obra que aun realiza en el Santuario Celestial. Las vestiduras blancas, símbolo de la justicia perfecta de Cristo—la justicia de la fe, no tiene un solo hilo de nuestra parte.

PVGM pg. 253.3 – “Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter. ‘Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias’ (Isaías 64:6). Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios ‘apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él’ (1 Juan 3:5). Se define el pecado como la ‘transgresión de la ley’ (1 Juan 3:4). Pero Cristo fue obediente a todo requerimiento de la ley. El dijo de sí mismo: ‘Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón’ (Salmos 40:8). Cuando estaba en la tierra dijo a sus discípulos: ‘He guardado los mandamientos de mi Padre’ (Juan 15:10). Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.”

Es en el campo de la santificación, como un resultado de la justificación, que debemos cooperar con Dios aquí en la tierra, para desarrollar la justicia de la ley.

PP pg. 255/0 (254/3 | 226.2) – “Para recibir ayuda de Dios, el hombre debe reconocer su debilidad y deficiencia; debe esforzarse por realizar el gran cambio que ha de verificarse en él; debe comprender el valor de la oración y del esfuerzo perseverantes. Los malos hábitos y costumbres deben desterrarse; y sólo mediante un decidido esfuerzo por corregir estos errores y someterse a los sanos principios, se puede alcanzar la victoria. Muchos no llegan a la posición que podrían ocupar porque esperan que Dios haga por ellos lo que él les ha dado poder para hacer por sí mismos. Todos los que están capacitados para ser de utilidad deben ser educados mediante la más severa disciplina mental y moral; y Dios les ayudará, uniendo su poder divino al esfuerzo humano.”

Debemos reconocer que en nosotros no hay poder para crear lo que no tenemos (amor, fe, lealtad, todo Gálatas 5:22-23), y por esto necesitamos ayuda de Dios. Pero luego debemos creer que Dios, si pedimos diariamente, nos da aquellos dones sobrenaturales y entonces debemos hacer ejercicio de esos dones diariamente.

Los antinomianos utilizan versículos como 1 Corintios 1:30-31 para enseñar el error de que la justicia de Cristo (la justicia de la fe), no es únicamente nuestra justificación, sino también nuestra propia santificación. Los antinomianos quieren apropiarse de la santificación de Cristo, que SI es nuestra justificación, pero que NO es nuestra propia santificación personal. Estas personas son las descritas por la pluma inspirada: “esperan que Dios haga por ellos lo que él les ha dado poder para hacer por sí mismos.”

PP pg. 306/2 (271.3) – “Como los hebreos triunfaban cuando Moisés elevaba las manos al cielo e intercedía por ellos, así también triunfará el Israel de Dios cuando mediante la fe se apoye en la fortaleza de su poderoso Ayudador. No obstante, el poder divino ha de combinarse con el esfuerzo humano. Moisés no creyó que Dios vencería a sus enemigos mientras Israel permaneciese inactivo. Mientras el gran jefe imploraba al Señor, Josué y sus valientes soldados estaban haciendo cuanto podían para rechazar a los enemigos de Israel y de Dios.”

Aquel “poderoso ayudador” de Israel es el Espíritu Santo.

PP pg. 543/3 (485.2) – “El Espíritu de Dios inspiró la oración de Josué, para que se manifestara otra vez el poder del Dios de Israel. Por consiguiente, la petición no evidenciaba presunción por parte del gran caudillo. Aunque Josué había recibido la promesa de que Dios derrocaría ciertamente a los enemigos de Israel, realizó un esfuerzo tan ardoroso como si el éxito de la empresa dependiera solamente de los ejércitos de Israel. Hizo todo lo que era posible para la energía humana, y luego pidió con fe la ayuda divina. El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el Brazo todopoderoso. El hombre que exclamó: ‘Sol, detente en Gabaón; y tú, Luna, en el valle de Ajalón,’ es el mismo que durante muchas horas permanecía postrado en tierra, en ferviente oración, en el campamento de Gilgal. Los hombres que oran son los hombres fuertes.”

DTG pg. 263/3 – “La divinidad necesitaba de la humanidad; porque se requería tanto lo divino como lo humano para traer la salvación al mundo. La divinidad necesitaba de la humanidad, para que ésta pudiese proporcionarle un medio de comunicación entre Dios y el hombre. Así sucede con los siervos y mensajeros de Cristo. El hombre necesita un poder exterior a sí mismo para restaurarle a la semejanza de Dios y habilitarle para hacer la obra de Dios; pero esto no hace que no sea esencial el agente humano. La humanidad hace suyo el poder divino, Cristo mora en el corazón por la fe; y mediante la cooperación con lo divino el poder del hombre se hace eficiente para el bien.”

Ese “poder exterior” es el Espíritu Santo que crea un carácter semejante al de Cristo en el verdadero creyente, porque fue Dios Espíritu Santo el Creador que creó un carácter semejante a Dios Padre en la naturaleza humana de Cristo en Lucas 1:35.

11. El pecado contra el Espíritu Santo

Marcos 3:28-29 – “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.”

Mateo 12:31 – “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.”

Por una parte, el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo consiste en atribuir los milagros de Cristo al diablo. Pero, de un modo más específico, consiste en resistirse y rechazar consistentemente a su trabajo de convencer de pecado.

DTG pg. 288/3 – “Precisamente antes de esto, Jesús había realizado por segunda vez el milagro de sanar a un hombre poseído, ciego y mudo, y los fariseos habían reiterado la acusación: ‘Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios’ (Mateo 9:34). Cristo les dijo claramente que al atribuir la obra del Espíritu Santo a Satanás, se estaban separando de la fuente de bendición. Los que habían hablado contra Jesús mismo, sin discernir su carácter divino, podrían ser perdonados; porque podían ser inducidos por el Espíritu Santo a ver su error y arrepentirse. Cualquiera que sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento y la fe no pueden alcanzarle. Es por el Espíritu Santo cómo obra Dios en el corazón; cuando los hombres rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual Dios puede comunicarse con ellos. Cuando se rechaza finalmente al Espíritu, no hay más nada que Dios pueda hacer para el alma.”

Cada paso del hombre hacia el rechazamiento de Cristo, es un paso al rechazamiento de la salvación y hacia el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo.

DTG pg. 291/2 – “‘Son peores las cosas últimas del tal hombre que las primeras: así también—dijo Jesús—acontecerá a esta generación mala.’ Nadie se endurece tanto como aquellos que han despreciado la invitación de la misericordia y mostrado aversión al Espíritu de gracia. La manifestación más común del pecado contra el Espíritu Santo consiste en despreciar persistentemente la invitación del Cielo a arrepentirse. Cada paso dado hacia el rechazamiento de Cristo, es un paso hacia el rechazamiento de la salvación y hacia el pecado contra el Espíritu Santo.”

¿De qué manera se rechaza a Cristo?

El momento que el ser humano no acepta su condición de pecador y que somos hijos del diablo; el momento que rechazamos la amonestación del Testigo Fiel que, a lo largo de toda la Biblia, nos indica nuestra total incapacidad para amar y nuestra total incapacidad para obedecer la santa Ley de Dios, entonces se rechaza la justicia perfecta y perpetua de Cristo que es lo único que puede satisfacer la demanda de Romanos 2:13 (obediencia perfecta). Al rechazar nuestra verdadera condición se rechaza también su Sacerdocio, donde Cristo ruega por nosotros, para que nos sea otorgado el Consolador—el Agente Regenerador.

DTG pg. 290/1 – “Estrechamente relacionada con la amonestación de Cristo acerca del pecado contra el Espíritu Santo, se halla la amonestación contra las palabras ociosas y perversas. Las palabras son un indicio de lo que hay en el corazón. ‘Porque de la abundancia del corazón habla la boca.’ Pero las palabras son más que un indicio del carácter; tienen poder para reaccionar sobre el carácter. Los hombres sienten la influencia de sus propias palabras. Con frecuencia, bajo un impulso momentáneo, provocado por Satanás, expresan celos o malas sospechas, dicen algo que no creen en realidad; pero la expresión reacciona sobre los pensamientos. Son engañados por sus palabras, y llegan a creer como verdad lo que dijeron a instigación de Satanás. Habiendo expresado una vez una opinión o decisión, son, con frecuencia, demasiado orgullosos para retractarse, y tratan de demostrar que tienen razón, hasta que llegan a creer que realmente la tienen. Es peligroso pronunciar una palabra de duda, peligroso poner en tela de juicio y criticar la verdad divina. La costumbre de hacer críticas descuidadas e irreverentes reacciona sobre el carácter y fomenta la irreverencia e incredulidad. Más de un hombre que seguía esta costumbre ha proseguido, inconsciente del peligro, hasta que estuvo dispuesto a criticar y rechazar la obra del Espíritu Santo. Jesús dijo: ‘Toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado’.”

Dios desea atraernos hacia sí, para que podamos ser sanados y regenerados. Pero Dios no fuerza la conciencia de nadie. Es el hombre el que por sus propia decisión decide apartarse de la fuente de vida.

El rey Saúl

PP pg. 732/2 (664.2) – “Nunca se apartó el Señor de un alma que acudiera a él con sinceridad y humildad. ¿Por qué dejó a Saúl sin contestación? Por sus propios actos, el rey había desechado los beneficios de todos los métodos de interrogar a Dios. Había rechazado el consejo de Samuel el profeta; había desterrado a David, el escogido de Dios; había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. ¿Podía esperar que Dios le contestara, cuando había cortado por completo los medios de comunicación que había ordenado el Cielo? Habiendo ahuyentado por sus pecados al Espíritu de gracia, ¿podía acaso recibir contestación del Señor mediante sueños y revelaciones?

“Saúl no se volvió a Dios con humildad y arrepentimiento. Lo que él buscaba no era el perdón de su pecado ni la reconciliación con Dios, sino que se le librara de sus enemigos. Por su propia obstinación y rebelión, se había separado de Dios. No podía retornar a él sino por medio del arrepentimiento y de la contrición; pero el monarca orgulloso, en su angustia y desesperación, decidió solicitar ayuda de otra fuente.

“Dijo entonces Saúl a sus siervos: ‘Buscadme una mujer que tenga espíritu de pythón [adivinación], para que yo vaya a ella, y por medio de ella pregunte.’ Saúl conocía perfectamente el carácter de la necromancia. Esta había sido expresamente prohibida por el Señor, y se había pronunciado sentencia de muerte contra todos los que practicaran sus artes inicuas. Mientras vivía Samuel, Saúl había mandado que se diese muerte a todos los magos y a los que tuviesen espíritu de adivinación; pero ahora, en un arrebato de desesperación, recurría al oráculo que él mismo había condenado como abominación.”

El rey Saúl había cometido el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo al rechazar el consejo del profeta Samuel, al desterrar a David el escogido, y al haber dado muerte a los sacerdotes terrenales, quienes eran los que en última instancia podían consultar a Dios por medio del Urim y Turim. Paso a paso, el rey Saúl se apartó de Dios hasta que no quedó algún otro remedio para sacarlo del hoyo siniestro que él mismo había cavado.

1 Samuel 2:5-7 – “Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.”

PP pg. 734/4 – “Mientras vivía Samuel, Saúl había menospreciado su consejo, y manifestado resentimiento por sus reproches. Pero ahora, en la hora de su aflicción y calamidad, consideró la dirección del profeta como la única esperanza, y para comunicarse con el embajador del Cielo, recurrió en vano a la mensajera del infierno. Saúl se había colocado totalmente en poder de Satanás; y ahora aquel que se deleita únicamente en causar miseria y destrucción aprovechó bien la oportunidad para labrar la ruina del desgraciado rey.”

1 Samuel 2:11-14 – “La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel. Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra. El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.”

PP pg. 734/2 – “No fue el santo profeta de Dios el que vino, evocado por los encantamientos de la pitonisa. Samuel no estuvo presente en aquella guarida de los espíritus malos. Aquella aparición sobrenatural fue producida solamente por el poder de Satanás. Le resultó tan fácil asumir entonces la forma de Samuel como tomar la de un ángel de luz cuando tentó a Cristo en el desierto.”

Elí y sus hijos

Otro ejemplo semejante lo encontramos en la experiencia del sumo sacerdote terrenal Elí y sus hijos.

1 Samuel 2:12-17,22 – “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová. Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.”

1 Samuel 2:29-30 – “¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.”

Tanto Elí como sus hijos cometieron el pecado imperdonable. Elí tenía que sacar del cargo del sacerdocio a sus hijos impíos y tenía que presentarlos delante de la congregación para que los apedrearan y mueran, conforme a la ley. Pero Elí prefirió el honor de sus hijos al honor de Dios. Elí pudo haber evitado todo este mal tempranamente corrigiendo a sus hijos apenas éstos empezaron a manifestar su descalificación para ocupar los cargos sagrados. Pero paso a paso, en lugar de corregirlos, cedió a la desobediencia y rebeldía de sus hijos, quienes cada vez se volvían más irreverentes y profanos en el servicio del templo.

PP pg. 624/2 (564.2) – “Dios acusó a Elí de honrar a sus hijos más que al Señor. Antes que avergonzar a sus hijos por sus prácticas impías y odiosas, Elí había permitido que la ofrenda destinada por Dios a ser una bendición para Israel se trocase en cosa abominable. Los que siguen sus propias inclinaciones, en su afecto ciego por sus hijos, y, permitiéndoles que satisfagan sus deseos egoístas, no les hacen sentir el peso de la autoridad de Dios para reprender el pecado y corregir el mal, ponen de manifiesto que honran a sus hijos impíos más que a Dios. Sienten más anhelo por escudar la reputación de ellos que por glorificar a Dios; y tienen más deseo de complacer a sus hijos que de agradar al Señor y de mantener su servicio libre de toda apariencia de mal.

“A Elí, como sumo sacerdote y juez de Israel, Dios le consideraba responsable por la condición moral y religiosa de su pueblo, y en un sentido muy especial, por el carácter de sus hijos. El debió haber procurado refrenar primero la impiedad por medidas benignas; pero si éstas no daban resultados positivos, debiera haber dominado el mal por los medios más severos. Provocó el desagrado del Señor al no reprender el pecado ni ejecutar justicia sobre el pecador. No se podría confiar en él para que mantuviera puro a Israel. Aquellos que no tienen suficiente valor para reprender el mal, o que por indolencia o falta de interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son considerados responsables del mal que resulte de su descuido del deber. Somos tan responsables de los males que hubiéramos podido impedir en otros por el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido los tales hechos nosotros mismos.

“Elí no administró su casa de acuerdo con los reglamentos que Dios dio para el gobierno de la familia. Siguió su propio juicio. El padre indulgente pasó por alto las faltas y los pecados de sus hijos en su niñez, lisonjeándose de que después de algún tiempo, al crecer, abandonarían sus tendencias impías. Muchos están cometiendo ahora un error semejante. Creen conocer una manera mejor de educar a sus hijos que la indicada por Dios en su Palabra. Fomentan tendencias malas en ellos y se excusan diciendo: ‘Son demasiado jóvenes para ser castigados. Esperemos que sean mayores, y se pueda razonar con ellos.’ En esta forma se permite que los malos hábitos se fortalezcan hasta convertirse en una segunda naturaleza. Los niños crecen sin freno, con rasgos de carácter que serán una maldición para ellos durante toda su vida, y que propenderán a reproducirse en otros.”

PP pg. 623/3 (563.3) – “Si Elí hubiera tratado con justicia a sus hijos impíos, habrían sido destituidos del sacerdocio y castigados con la muerte. Temiendo deshonrarlos así públicamente y condenarlos, los mantuvo en los puestos más sagrados y de más responsabilidad. Siguió permitiéndoles que mezclaran su corrupción con el santo servicio de Dios, y que infligieran a la causa de la verdad un perjuicio que muchos años no podrían borrar. Pero cuando el juez de Israel descuidó su obra, Dios se hizo cargo de la situación.”

PP pg. 627/3 (566.3) – “En la reprensión que dirigió Elí a sus hijos, hay palabras de significado solemne y terrible, palabras que deben pesar todos los que sirven en las cosas sagradas: ‘Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?’ Si los delitos de ellos hubieran perjudicado tan sólo a sus semejantes, el juez podría haber hecho una reconciliación señalando una pena y requiriendo la restitución correspondiente; y los culpables podrían haber sido perdonados. O si su pecado no hubiese sido de presunción, podría haberse ofrecido en su favor un sacrificio expiatorio. Pero sus pecados estaban tan entretejidos con su ministerio como sacerdotes del Altísimo en el ofrecimiento de sacrificios por los pecados, y la obra de Dios había sido tan profanada y deshonrada ante el pueblo, que no había expiación aceptable en su favor. Su propio padre, a pesar de que era sumo sacerdote, no se atrevía a interceder por ellos; ni podía escudarlos de la ira de un Dios santo.”

La rebelión de Coré

Otro ejemplo del pecado imperdonable cometido en las Santas Escrituras lo tenemos en la rebelión de Coré.

PP pg. 417/2 (369.2) – “Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Coat y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo y aspiraba a la dignidad del sacerdocio. El otorgamiento a Aarón y a su familia del oficio sacerdotal, que había sido ejercido anteriormente por el primogénito de cada familia, había provocado celos y desafecto, y por algún tiempo Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón, aunque sin atreverse a cometer algún acto de abierta rebelión. Por último, concibió el atrevido propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa; y no dejó de encontrar simpatizantes. Cerca de las tiendas de Coré y de los coatitas, al sur del tabernáculo, acampaba la tribu de Rubén, y las tiendas de Datán y Abiram, dos príncipes de esa tribu, estaban cerca de la de Coré. Dichos príncipes concedieron fácilmente su apoyo al ambicioso proyecto. Alegaban que, siendo ellos descendientes del hijo mayor de Jacob, les correspondía la autoridad civil, y decidieron compartir con Coré los honores del sacerdocio.”

PP pg. 419/1 (371.1) – “Coré y sus compañeros en la conspiración habían sido favorecidos con manifestaciones especiales del poder y de la grandeza de Dios. Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina. Pero desde entonces habían cambiado. Habían albergado una tentación, ligera al principio, pero ella se había fortalecido al ser alentada, hasta que sus mentes quedaron dominadas por Satanás, y se aventuraron a emprender su obra de desafecto. Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo, comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos, y por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios.”

PP pg. 428/2 (378.2) – “Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se obscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aun más clara, hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo. El que predica fielmente la Palabra de Dios y así condena a los pecados de ellos, es con demasiada frecuencia el objeto directo de su odio. No queriendo soportar el dolor y el sacrificio necesarios para reformarse, se vuelven contra los siervos del Señor, y denuncian sus reprensiones como intempestivas y severas. Como Coré, declaran que el pueblo no tiene culpa; quien lo reprende es causa de toda la dificultad. Y aplacando su conciencia con este engaño, los celosos y desconformes se combinan para sembrar la discordia en la iglesia y debilitar las manos de los que quieren engrandecerla.”

PP pg. 428/4 (378.4) – “Coré no hubiera tomado el camino que siguió si hubiera sabido que todas las instrucciones y reprensiones comunicadas a Israel venían de Dios. Pero podría haberlo sabido. Dios había dado evidencias abrumadoras de que dirigía a Israel. Pero Coré y sus compañeros rechazaron la luz hasta quedar tan ciegos que las manifestaciones más señaladas de su poder no bastaban ya para convencerlos. Las atribuían todas a instrumentos humanos o satánicos. Lo mismo hicieron los que, al día siguiente después de la destrucción de Coré y sus asociados, fueron a Moisés y Aarón y les dijeron: ‘Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová.’ A pesar de que en la destrucción de los hombres que los sedujeron, habían recibido las indicaciones más convincentes de cuánto desagradaba a Dios el camino que llevaban, se atrevieron a atribuir sus juicios a Satanás, declarando que por el poder de éste Moisés y Aarón habían hecho morir hombres buenos y santos.”

PP pg. 429/1 (379.1) – “Este acto selló su perdición. Habían cometido el pecado contra el Espíritu Santo, pecado que endurece definitivamente el corazón del hombre contra la influencia de la gracia divina. ‘Cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado’ (Mateo 12:32), dijo nuestro Salvador cuando las obras de gracia que había realizado en virtud del poder de Dios fueron atribuidas por los judíos a Belcebú. Por medio del Espíritu Santo es cómo Dios se comunica con el hombre; y los que rechazan deliberadamente este instrumento, considerándolo satánico, han cortado el medio de comunicación entre el alma y el Cielo.”

12. Endurecer el corazón contra el Espíritu Santo

Éxodo 17:3,7 – “Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?

¿De qué manera endurece el hombre su corazón contra el Espíritu Santo?

Salmos 95:8-11 – “No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.”

Hebreos 3:7-8,15 – “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto. Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.”

El apóstol Pablo nos señala al “día de la tentación en el desierto” cuando los israelitas endurecieron su corazón, para que no cometamos el mismo error que ellos cometieron.

PP pg. 305/1 (270.3) – “La sed llevó al pueblo a tentar a Dios, diciendo: ‘¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?’ Si el Señor nos ha traído aquí, ¿por qué no nos da el agua como nos da el pan? Al manifestarse de esa manera, aquella era una incredulidad criminal, y Moisés temió que los juicios de Dios cayeran sobre el pueblo. Y como recuerdo de ese pecado llamó a aquel sitio: Masa, ‘tentación’, y Meriba, ‘rencilla’.”

PP pg. 305/2 (270.4) – “Un nuevo peligro los amenazaba ahora. A causa de su murmuración contra el Señor, él permitió que fueran atacados por sus enemigos. Los amalecitas, tribu feroz y guerrera que habitaba aquella región, salió contra ellos, y atacó a los que, desfallecidos y cansados, habían quedado rezagados. Moisés, sabiendo que la mayoría del pueblo no estaba preparada para la batalla, mandó a Josué que escogiera de entre las diferentes tribus un cuerpo de soldados, y que al día siguiente los capitaneara contra el enemigo, mientras él mismo estaría en una altura cercana con la vara de Dios en la mano.”

Así como los israelitas fueron atacados por los amalecitas en el desierto por haber endurecido su corazón contra el Espíritu Santo, los israelitas fueron llevados en cautiverio a Babilonia por el mismo pecado.

PR pg. 311.1 – “Durante los primeros años del reinado de Joaquim fueron dadas muchas advertencias referentes a la condenación que se acercaba. Estaba por cumplirse la palabra que expresara el Señor por los profetas. La potencia asiria que desde el norte había ejercido durante mucho tiempo la supremacía, no iba a gobernar ya las naciones. Por el sur, Egipto en cuyo poder el rey de Judá había puesto en vano su confianza, iba a ser puesto pronto decididamente en jaque. En forma completamente inesperada, una nueva potencia mundial, el Imperio Babilónico, se levantaba hacia el este, y con presteza iba sobrepujando todas las otras naciones.”

PR pg. 313/2 – “Dios había suplicado a los de Judá que no le provocasen a ira, pero no le habían escuchado. Finalmente pronunció la sentencia contra ellos. Iban a ser llevados cautivos a Babilonia. Los caldeos serían empleados como instrumento por medio del cual Dios iba a castigar a su pueblo desobediente. Los sufrimientos de los hombres de Judá iban a ser proporcionales a la luz que habían tenido, y a las amonestaciones que habían despreciado y rechazado. Durante mucho tiempo Dios había demorado sus castigos; pero ahora su desagrado iba a caer sobre ellos, como último esfuerzo para detenerlos en su carrera impía.”

¿Cuál es el peligro de endurecer nuestro corazón contra el Espíritu Santo?

PR pg. 313.1 – “Cuando los corazones de los hombres estén enternecidos y subyugados por la influencia constreñidora del Espíritu Santo, escucharán los consejos; pero cuando se desvían de la amonestación al punto de endurecer su corazón, el Señor permite que los conduzcan otras influencias. Al rehusar la verdad, aceptan la mentira, que resulta en una trampa para destruirlos.”

DTG pg. 289/2 – “No es Dios quien ciega los ojos de los hombres y endurece su corazón. El les manda luz para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por el rechazamiento de esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endurece. Con frecuencia, esto se realiza gradual y casi imperceptiblemente. Viene luz al alma por la Palabra de Dios, por sus siervos, o por la intervención directa de su Espíritu; pero cuando un rayo de luz es despreciado, se produce un embotamiento parcial de las percepciones espirituales, y se discierne menos claramente la segunda revelación de la luz. Así aumentan las tinieblas, hasta que anochece en el alma. Así había sucedido con estos dirigentes judíos. Estaban convencidos de que un poder divino acompañaba a Cristo, pero a fin de resistir a la verdad, atribuyeron la obra del Espíritu Santo a Satanás. Al hacer esto, prefirieron deliberadamente el engaño; se entregaron a Satanás, y desde entonces fueron dominados por su poder.”

Al rechazar la luz que Dios nos envía ocurren dos cosas terribles: nuestros ojos se ciegan y se endurece nuestro corazón. Esto ocurre paso a paso, gradualmente y casi imperceptiblemente.

PP pg. 428/2 (378.2) – “Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se obscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aun más clara, hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo. El que predica fielmente la Palabra de Dios y así condena a los pecados de ellos, es con demasiada frecuencia el objeto directo de su odio.”

PP pg. 689/2 (623.4) – “Pasar por alto los reproches y las advertencias de la palabra de Dios o de su Espíritu, es un paso peligroso. Muchos, como Saúl, ceden a la tentación hasta que se ponen ciegos y no pueden ver el carácter verdadero del pecado. Se jactan de que tenían algún buen propósito en vista, y que no han hecho ningún daño al apartarse de las instrucciones de Dios. Así desprecian el Espíritu de la gracia hasta que ya no oyen su voz, y él los deja entregados a los engaños que han escogido.”

13. El hombre es el templo del Espíritu Santo

Juan 14:16-17 – “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”

1 Corintios 3:16-17 – “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

1 Corintios 6:19 – “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

2 Timoteo 1:14 – “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”

Un ejemplo de un hombre que era templo del Espíritu Santo fue José. El faraón sabía que José era templo o casa del Espíritu Santo.

Génesis 41:38 – “Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?”

Otro ejemplo de un hombre que fue templo del Espíritu Santo fue Daniel.

Daniel 4:8-9,18 – “Hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo: Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación.” “Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos.”

El rey Nabucodonosor sabía que en Daniel moraba el Espíritu Santo.  Josué es otro ejemplo bíblico de un hombre que fue templo del Espíritu Santo.

Números 27:18 – “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él.”

El rey David hacía su pedido a un Dios que estaba fuera de él, y está pidiendo que el Dios que está habitando en él no le sea quitado:

Salmos 51:11 – “No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.”

No todos los hombres llegan a ser templos del Espíritu Santo, solo los verdaderos creyentes en Cristo. Pero hay que saber distinguir entre el Espíritu Santo y el “espíritu de vida.”

Génesis 7:22 – “Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.”

Génesis 7:22 no se trata del Espíritu Santo, sino del soplo o aliento de vida o espíritu de vida que Dios le dio al hombre Adán para que sea un alma viviente.

Génesis 2:7 – “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente.”

El soplo o aliento o espíritu de vida que posee toda alma viviente, todo ser viviente, no debe ser confundido con el Espíritu Santo que no habita en todo ser humano.

Números 27:18 – “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él.”

Todos los hombres, sean creyentes o incrédulos, tienen el soplo de vida o espíritu de vida. Pero únicamente los hombres que reconocen su total incapacidad para obedecer, debido a su total incapacidad para amar, pueden llegar a ser templos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo trabaja en todo ser humano como visitante, pero sólo llega a ser habitante en el verdadero creyente que acepta su posición legal ante Dios y ante la Ley.

14. Otros nombres del Espíritu Santo

1. Consolador

Juan 14:16 – “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Juan 15:26 – “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”

Juan 16:7 – “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.”

2. Espíritu de verdad

Juan 14:17 – “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”

Juan 15:26 – “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”

Juan 16:13 – “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

1 Juan 4:6 – “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.”

3. Profeta Elías

Malaquías 4:5-6 – “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Los judíos cometieron el error de tomar la profecía de Malaquías 4:5-6 de manera literal. Pero la profecía de Malaquías se refería al Espíritu Santo.

Juan 1:21 – “Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy.”

DTG pg. 109/1 – “También se creía que antes del advenimiento del Mesías, Elías aparecería personalmente. Juan salió al cruce de esta expectación con su negativa; pero sus palabras tenían un significado más profundo. Jesús dijo después, refiriéndose a Juan: ‘Y si queréis recibirlo, éste es Elías, el que había de venir’ (Mateo 11:14). Juan vino con el espíritu y poder de Elías, para hacer una obra como la que había hecho Elías. Si los judíos le hubiesen recibido, esta obra se habría realizado en su favor. Pero no recibieron su mensaje. Para ellos no fue Elías. No pudo cumplir en favor de ellos la misión que había venido a realizar.”

Juan el Bautista vino “con el espíritu y poder de Elías.” ¿Qué significa esto? Para comprender el significado debemos hacernos la pregunta…

¿Quién moraba en Juan el Bautista?

Lucas 1:15 – “Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.”

Dios Espíritu Santo moraba en Juan el Bautista—era un templo del Espíritu Santo desde el vientre de su madre.

Mateo 11:14 – “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.”

Pero esto no quiere decir que Juan el Bautista era el profeta Elías literalmente.

“Pero no recibieron su mensaje. Para ellos no fue Elías.”

¿Y cuál era el mensaje de Juan el Bautista—templo del Espíritu Santo?

Juan 1:26-27 – “Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.”

Juan 1:29 – “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Si los judíos hubiesen aceptado este mensaje de Juan el Bautista, a los judíos también les hubiera sido dado el Espíritu Santo para que tengan espíritu de discernimiento espiritual. Pero como el Mesías no vino conforme a las ideas (errores) preconcebidos que ellos tenían (que eran enseñanzas populares en aquel tiempo), y Cristo no vino conforme al Mesías que ellos estaban esperando, entonces no se pudo hacer esa obra. ¡Qué terrible que es el aferrarse a los errores populares de los maestros populares en todas las edades!

Lucas 1:16-17 – “Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.”

La promesa de que Dios enviará al “profeta Elías” sigue en pie aún en nuestros días:

PE pg. 154/2 – “Juan vino con el espíritu y el poder de Elías a proclamar el primer advenimiento de Jesús. Se me señalaron los últimos días y vi que Juan representaba a aquellos que iban a salir con el espíritu y el poder de Elías para pregonar el día de ira y el segundo advenimiento de Jesús.”

El Espíritu Santo, primero bajo la forma de lluvia temprana, y luego bajo la forma de lluvia tardía será concedido a los verdaderos creyentes en la crisis final “para pregonar el día de ira y el segundo advenimiento de Jesús.”

4. Espíritu Santo

Salmos 51:11 – “No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.”

1 Corintios 6:19 – “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

2 Timoteo 1:14 – “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”

Hechos 2:33 – “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.”

5. Espíritu de Dios

La mente humana que por naturaleza tiene el vino de Babilonia de la trinidad y la inmortalidad del alma, cuando lee “espíritu de Dios” en las Escrituras, interpreta erróneamente que se trata de un espíritu que “sale” de Dios Padre: la inmortalidad del alma aplicada a Dios. Pero “espíritu de Dios” no es un “fantasma,” sino otro nombre del Espíritu Santo.

Génesis 1:2 – “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Génesis 41:38 – “Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?”

1 Corintios 3:16 – “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

1 Corintios 2:11 – “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

CS pg. 523/1 (522.3 | 426.3) – “Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la ley divina. Y ya que la ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina, resulta que el carácter formado por la obediencia a esa ley será santo.”

TM pg. 74/2 – “El Espíritu de Dios manifestó su presencia a aquellos que, sin importarles el temor o el favor de los hombres, declaraban la verdad que les había sido encomendada. Bajo la demostración del poder del Espíritu Santo, los judíos vieron su culpa al rechazar la evidencia que Dios había enviado; pero no quisieron cejar en su malvada resistencia.”

6. Espíritu de Cristo

Así como la mente trinitaria adoctrinada en filosofías paganas interpreta que “espíritu de Dios” se refiere a una energía activa que se “desprende” del Padre, el error natural en el hombre lo lleva a interpretar erróneamente que el “espíritu de Cristo” es una energía o fantasma que “sale” de Cristo: la inmortalidad del alma aplicada a Cristo. Pero “espíritu de Cristo” es otro nombre del Espíritu Santo.

Romanos 8:9 – “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

En Cristo, como Hombre, moraba el Espíritu Santo—Cristo era templo del Espíritu Santo.

Lucas 4:1 – “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.”

Lucas 4:18 – “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos.”

Hechos 10:38 – “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

DTG pg. 457/3 – “Lo único que nos permite obtener una comprensión más perfecta de la verdad consiste en que mantengamos nuestro corazón enternecido y sojuzgado por el Espíritu de Cristo. El alma debe ser limpiada de la vanidad y el orgullo, y vaciada de todo lo que la domina; y Cristo debe ser entronizado en ella. La ciencia humana es demasiado limitada para comprender el sacrificio expiatorio. El plan de la redención es demasiado abarcante para que la filosofía pueda explicarlo. Será siempre un misterio insondable para el razonamiento más profundo. La ciencia de la salvación no puede ser explicada; pero puede ser conocida por experiencia. Solamente el que ve su propio carácter pecaminoso puede discernir la preciosidad del Salvador.”

7. Dios que mora en nosotros

Al hablar del “Dios que mora en nosotros” estamos hablando del Espíritu Santo. Pero del Espíritu Santo habitante, agente regenerador que viene a habitar en el verdadero creyente, quien ha aceptado la amonestación del Testigo Fiel y está siendo justificado en virtud de la obediencia perfecta de Cristo diariamente.

1 Corintios 6:19 – “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros.”

2 Timoteo 1:14 – “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”

Juan 14:17 – “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”

Daniel 4:8-9,18 – “Hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo: Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación.” “Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos.”

DTG pg. 132/2 – “En la purificación del templo, Jesús anunció su misión como Mesías y comenzó su obra. Aquel templo, erigido para morada de la presencia divina, estaba destinado a ser una lección objetiva para Israel y para el mundo. Desde las edades eternas, había sido el propósito de Dios que todo ser creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un templo para que en él habitase el Creador. A causa del pecado, la humanidad había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado por el pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del Ser divino. Pero por la encarnación del Hijo de Dios, se cumple el propósito del Cielo. Dios mora en la humanidad, y mediante la gracia salvadora, el corazón del hombre vuelve a ser su templo.”

Ese “Creador” que viene a habitar en nosotros es Dios Espíritu Santo, que siempre ha habitado en los verdaderos creyentes—antes y después de Cristo.

Dios Espíritu Santo, como Dios Creador, creó la naturaleza humana de Cristo en Lucas 1:35. Si no creemos que Espíritu Santo tiene poder para crear, no hay esperanza de que seamos regenerados, pues Dios Espíritu Santo debe crear un nuevo corazón, un nuevo carácter y todos los dones del espíritu (Gálatas 5:22-23): debe crear lo que NO EXISTE en nosotros por naturaleza. El Espíritu Santo es un Dios CREADOR.

8. Gracia que nos es dada

Romanos 12:3,6 – “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe.”

Es importante entender que la Biblia nos habla de 2 clases de gracia:

Gracia = Misericordia

La gracia de Romanos 3:24 – “siendo justificados por su gracia” y la gracia de Tito 3:7 – “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna,” es sinónimo de MISERICORDIA que es INHERENTE de Dios Padre. Es una gracia que NO SALE para entrar dentro del hombre. Es una gracia que está en el tercer cielo, en el Santuario Celestial, en Dios Padre, y no “sale” y no viene aquí a la tierra para “entrar” en el hombre.

GRACIA QUE NOS ES DADA = ESPÍRITU SANTO

La gracia como sinónimo de misericordia es diferente a la gracia de 1 Corintios 3:10 y la gracia de Romanos 12:3,6; 15:15. Esta es la “gracia que nos es dada”, que es otro nombre del Espíritu Santo.

La gracia o misericordia de Dios Padre acepta lo que Cristo presenta por nosotros ante el Padre (su justicia y su sangre), y esta gracia o misericordia del Padre acepta el ruego de Cristo para que nos sea dado el otro Consolador. Así, como resultado de la intercesión de Cristo, nos es dada la gracia de Romanos 12:3,6: el Espíritu Santo.

La gracia de Romanos 3:24 está en el cielo, mientras que la gracia de Romanos 12:3 está aquí en la tierra. Y la gracia que nos es dada de Romanos 12:3 es siempre un RESULTADO de estar siendo justificados en Cristo por la gracia (misericordia) de Dios Padre que acepta al inaceptable como aceptable en virtud de una justicia ajena (la de Cristo).

Efesios 1:6 – “Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” – aquí el apóstol Pablo escribe acerca de la misericordia del Padre, la gracia o misericordia de Romanos 3:24.

Efesios 2:8 – “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Aquí también tenemos la misericordia inherente de Dios Padre, que es la misma gracia de Romanos 3:24.

En los siguientes versículos tenemos a la “gracia que nos es dada” – el Espíritu Santo como Agente Regenerador:

Romanos 15:15 – “Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada.”

1 Corintios 3:10 – “Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.”

Efesios 4:7 – “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.”

PR pg. 357/2 – “Para que la gracia de Dios nos sea impartida, debemos hacer nuestra parte. Su gracia nos es dada para obrar en nosotros el querer y el hacer, nunca para reemplazar nuestro esfuerzo.”

Por medio del ritual simbólico, Dio nos enseña que sin trabajo de Sacerdote y sin Santuario nunca puede haber la gracia que nos es dada o impartida – el Espíritu Santo.

15. El Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana y lluvia tardía

1. Lluvia temprana

De acuerdo al ritual simbólico sabemos que la lluvia temprana tiene que ver con el “Servicio Diario”.

A la lluvia temprana se le llama también en las Escrituras “arras.” La palabra “arras” significa el anticipo por una compra. Es lo que se da en prenda o en señal de contrato; una señal de lo que vendrá después, un depósito.

Efesios 1:13-14 – “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Joel 2:23 – “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.”

En un estudio de Joel capítulo 2 hemos aprendido que Joel 2:19 tiene que ver con el Servicio Diario, y sabemos que en el ritual simbólico el Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana estaba simbolizado por el aceite:

Joel 2:19 – “Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones.”

Otro nombre bíblico para la lluvia temprana es el de “primicias”:

Romanos 8:23 – “Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

En la Biblia, a la lluvia temprana se le llama también “prenda” en otras traducciones más antiguas:

2 Corintios 5:5 – “Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.”

2 Corintios 5:5 (RVA) – “Mas el que nos hizo para esto mismo, es Dios; el cual nos ha dado la prenda del Espíritu.”

2 Corintios 1:22 – “El cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.”

2 Corintios 1:22 (RVA) – “El cual también nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros corazones.”

Gracias al ritual simbólico sabemos que el Espíritu Santo, bajo la forma de lluvia temprana, nos es concedido diariamente, gracias al Servicio Diario. En el servicio diario terrenal, el sacerdote terrenal debía aumentar aceite a las lámparas diariamente y dos veces al día, después de haber quemado el incienso (símbolo de la justicia de Cristo) en el altar del incienso, y en el lugar santo del santuario:

Éxodo 30:7-8 – “Y quemará sobre él Aarón sahumerio de aroma cada mañana cuando aderezare las lámparas lo quemará. Y cuando Aarón encenderá las lámparas al anochecer, quemará el sahumerio: rito perpetuo delante de Jehová por vuestras edades.”

Levítico 24:1-4 – “Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo: Manda á los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro, molido, para la luminaria, para hacer arder las lámparas de continuo. Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo del testimonio, las aderezará Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová, de continuo: estatuto perpetuo por vuestras edades. Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová.”

Por medio de la ley ceremonial debemos aprender que debemos recibir diariamente el bautismo diario del Espíritu Santo, como resultado de estar siendo justificados por la fe en la justicia perfecta de Cristo, quien se presenta por nosotros en el Santuario Celestial diariamente por aquellos que tienen la necesidad de su obra mediadora a favor de los hombres.

HAp pg. 41/1 (40.4) – “Aquellos que en Pentecostés fueron dotados con el poder de lo alto, no quedaron desde entonces libres de tentación y prueba. Como testigos de la verdad y la justicia, eran repetidas veces asaltados por el enemigo de toda verdad, que trataba de despojarlos de su experiencia cristiana. Estaban obligados a luchar con todas las facultades dadas por Dios para alcanzar la medida de la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. Oraban diariamente en procura de nuevas provisiones de gracia para poder elevarse más y más hacia la perfección. Bajo la obra del Espíritu Santo, aun los más débiles, ejerciendo fe en Dios, aprendían a desarrollar las facultades que les habían sido confiadas y llegaron a ser santificados, refinados y ennoblecidos. Mientras se sometían con humildad a la influencia modeladora del Espíritu Santo, recibían de la plenitud de la Deidad y eran amoldados a la semejanza divina.”

HAp pg. 42/0 (41.2) – “Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu.”

HAp pg. 45/4 (45.3) – “Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia, tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. En vez de esperar algún tiempo futuro en que, mediante el otorgamiento de un poder espiritual especial, sean milagrosamente hechos idóneos para ganar almas, se entregan diariamente a Dios, para que los haga vasos dignos de ser empleados por él. Diariamente están aprovechando las oportunidades de servir que están a su alcance. Diariamente están testificando por el Maestro dondequiera que estén, ora sea en alguna humilde esfera de trabajo o en el hogar, o en un ramo público de utilidad.”

HAp pg. 46/2 (46.1) – “Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la tierra. Mañana tras mañana, cuando los heraldos del Evangelio se arrodillan delante del Señor y renuevan sus votos de consagración, él les concede la presencia de su Espíritu con su poder vivificante y santificador. Y al salir para dedicarse a los deberes diarios, tienen la seguridad de que el agente invisible del Espíritu Santo los capacita para ser colaboradores juntamente con Dios.”

HAp pg. 169/4 (167.3) – “Los que trabajan por las almas deben obtener un conocimiento más profundo, más pleno y más claro de Dios que el que se puede adquirir mediante un esfuerzo ordinario. Deben poner todas sus energías en la obra del Señor. Están ocupados en una alta y sagrada vocación, y si ganan almas como salario, deben asirse firmemente de Dios, y recibir diariamente gracia y poder de la Fuente de toda bendición. ‘Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras’ (Tito 2:11-14).”

El bautismo del Espíritu Santo no es dado una sola vez y para siempre, sino que esta bendición debe ser recibida diariamente, y esta gracia es concedida únicamente para el verdadero creyente que ha aceptado su verdadera condición.

TM pg. 506/1 – “‘Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante’. ‘Y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía’. En el Oriente la lluvia temprana cae en el tiempo de la siembra. Es necesaria para que la semilla germine. Gracias a la influencia de estas precipitaciones fertilizantes, aparecen los tiernos brotes. La lluvia tardía, que cae hacia el fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la siega. El Señor emplea estos fenómenos naturales para ilustrar la obra del Espíritu Santo. Así como el rocío y la lluvia caen al principio para que la semilla germine, y luego para que la cosecha madure, se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus etapas el proceso del crecimiento espiritual. La maduración del grano representa la terminación de la obra de la gracia de Dios en el alma. Mediante el poder del Espíritu Santo se ha de perfeccionar en el carácter la imagen moral de Dios. Debemos ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.”

Tanto la lluvia temprana como la lluvia tardía es la obra del Espíritu Santo como habitante en el verdadero creyente, y no como visitante en cualquier ser humano. La “maduración del grano” es la lluvia tardía. Pero lo primero que debemos recibir diariamente es la lluvia temprana (aceite / arras / primicias / prenda).

TM pg. 506/2 – “La lluvia tardía que madura la cosecha de la tierra representa la gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

2. Lluvia tardía

Así como gracias al ritual simbólico sabemos que la lluvia temprana tiene que ver con el Servicio Diario, sabemos también que la lluvia tardía, en cambio, tiene que ver con el Día de Expiación o de JUICIO.

Gracias a un estudio del libro de Joel sabemos que Joel 2:28-29 tiene que ver con el Día de Juicio y con la lluvia tardía.

Otros sinónimos bíblicos de la lluvia tardía son:

Joel 2:28-29 – “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”

Hechos 3:19 – “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”

Zacarías 10:1 – “Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno.”

Apocalipsis 18:1 – “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.”

El Espíritu de Profecía le llama también “poder adicional” a la lluvia tardía, porque cada día debemos recibir la lluvia temprana y luego de pasar el Juicio de Vivos se le va a adicionar el poder de la lluvia tardía.

HAp pg. 45/2 (45.1) – “Pero acerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies ‘en la sazón tardía’ (Zacarías 10:1). En respuesta, ‘Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante.’ ‘Hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía’ (Joel 2:23).”

HAp pg. 495/3 (480.2) – “Si la iglesia estuviese dispuesta a vestirse con la justicia de Cristo, apartándose de toda obediencia al mundo, se presentaría ante ella el amanecer de un brillante y glorioso día. La promesa que Dios le hizo permanecerá firme para siempre. La hará una gloria eterna, un regocijo para muchas generaciones. La verdad, pasando por alto a los que la desprecian y rechazan, triunfará. Aunque a veces ha parecido sufrir retrasos, su progreso nunca ha sido detenido. Cuando el mensaje de Dios lucha con oposición, él le presta fuerza adicional, para que pueda ejercer mayor influencia. Dotado de energía divina, podrá abrirse camino a través de las barreras más fuertes, y triunfar sobre todo obstáculo.”

Comentario Bíblico 7ª pg. 277/1/4 – “Es con ferviente anhelo que anticipo el tiempo cuando se repetirán los sucesos del día de Pentecostés aun con mayor poder que en esa ocasión. Juan dice: ‘Vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria’. Entonces, como en el momento del Pentecostés, la gente oirá la verdad que será presentada a cada hombre en su propio idioma.”

CS pg. 669/2 (596.2) – “Esta obra será semejante a la que se realizó en el día de Pentecostés. Como la ‘lluvia temprana’ fue dada en tiempo de la efusión del Espíritu Santo al principio del ministerio evangélico, para hacer crecer la preciosa semilla, así la ‘lluvia tardía’ será dada al final de dicho ministerio para hacer madurar la cosecha. ‘Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.’ ‘Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.’ ‘Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mí Espíritu sobre toda carne.’ ‘Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo’ (Oseas 6:3; Joel 2:23; Hechos 2:17, 21).”

La lluvia tardía sólo va a ser dada a los creyentes que hayan salido aprobados en el Juicio de Vivos. Los muertos no pueden recibir la lluvia tardía. Pero, para que el verdadero creyente reciba la lluvia tardía, primeramente tuvo que haber recibido la lluvia temprana. Sólo el verdadero creyente que diariamente recibió lluvia temprana y llega al Juicio de Vivos con el Espíritu Santo como habitante puede recibir la lluvia tardía, en virtud de la obediencia perfecta de Cristo, para que con este poder adicional pueda dar el último mensaje de amonestación al mundo que hasta entonces nunca escuchó el triple mensaje angélico.

TM pg. 506/2 – “La lluvia tardía que madura la cosecha de la tierra representa la gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

Si los profesos creyentes quieren esperar a que empiece la crisis final, al decreto dominical, para recién entonces querer recibir el aceite—la lluvia temprana—será demasiado tarde para estas vírgenes fatuas. Hoy—antes del Juicio de Vivos—es el tiempo de aceptar la amonestación del Testigo Fiel: aceptar que odiamos a Dios y que tenemos oídos incircuncisos, para que entonces nuestros oídos puedan ser circuncidados con el trabajo de la lluvia temprana—no de la tardía. La lluvia tardía sólo puede hacer madurar la cosecha que recibió la lluvia temprana. No puede haber maduración del fruto, sin que primeramente se haya realizado la siembra y el crecimiento que se realiza gracias a la lluvia temprana. Y tampoco puede haber maduración del fruto sin que se de la lluvia tardía al final de la temporada

TM pg. 506/1 – “La lluvia tardía, que cae hacia el fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la siega. El Señor emplea estos fenómenos naturales para ilustrar la obra del Espíritu Santo. Así como el rocío y la lluvia caen al principio para que la semilla germine, y luego para que la cosecha madure, se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus etapas el proceso del crecimiento espiritual. La maduración del grano representa la terminación de la obra de la gracia de Dios en el alma. Mediante el poder del Espíritu Santo se ha de perfeccionar en el carácter la imagen moral de Dios. Debemos ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.”

“Así como el rocío y la lluvia caen al principio para que la semilla germine” – este es el tiempo de la lluvia temprana, que recibimos como resultado de estar siendo aceptado por los méritos de Cristo en el Servicio Diario Celestial—gracias a su justicia perfecta, gracias a su trabajo como Mediador, gracias a la misericordia de Dios Padre que acepta al inaceptable como aceptable en virtud de una justicia ajena—la de Cristo.

“Y luego para que la cosecha madure” – aquí, en cambio, se refiere al tiempo de la lluvia tardía, que es dada como resultado de haber sido aceptados en virtud de los méritos de Cristo en el Juicio de Vivos.

Con sólo pura lluvia temprana no se puede alcanzar madurez o perfección. Y la lluvia tardía sólo puede ocurrir como resultado de que el verdadero creyente ha sido aceptado en el Juicio de Vivos en virtud de la obediencia perfecta de Cristo—simbolizado por el acto del Sumo Sacerdote de quemar incienso en el incensario en el Lugar Santísimo en el día de la expiación. La lluvia tardía no viene como causa para que el hombre sea aceptado en sí mismo en el Juicio de Vivos—esto NO ES lo que el ritual simbólico enseña, a pesar de que esto es lo que los hombres legalistas predican en las sinagogas, echando por tierra el Santuario Celestial y la justicia perfecta de Cristo.

Filipenses 1:6 – “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

TM pg. 507/4 – “En ningún momento de nuestra experiencia podemos prescindir de la ayuda que nos capacitó para comenzar. Las bendiciones recibidas en ocasión de la lluvia temprana nos son necesarias hasta el mismo fin. Sin embargo, no bastan por sí solas. Al mismo tiempo que atesoramos las bendiciones de la lluvia temprana, no debemos perder de vista, por otra parte, el hecho de que sin la lluvia tardía, que llena la espiga y madura el grano, la cosecha no estaría lista para la siega, y las labores del sembrador habrían sido inútiles. Se necesita gracia divina al comienzo, se necesita gracia divina a medida que se avanza, y sólo la gracia divina puede completar la obra. No hay lugar para que descansemos en actitud descuidada. Nunca debemos olvidar las amonestaciones de Cristo: ‘Velad en oración’, ‘Velad… en todo tiempo orando’. El contacto permanente con los instrumentos divinos es esencial para nuestro progreso. Podemos haber recibido cierta medida del Espíritu de Dios, pero mediante la oración y la fe debemos tratar de obtener una porción más abundante. No debemos cesar nunca en nuestros esfuerzos. Si no progresamos, si no asumimos la actitud necesaria para recibir tanto la lluvia temprana como la tardía, perderemos nuestras almas, y la responsabilidad será solamente nuestra.”

La razón por la que los falsos maestros legalistas enseñan que el hombre debe recibir la lluvia tardía antes del Juicio de Vivos, se debe a que ellos interpretan lo siguiente: si la lluvia tardía trae la PERFECCION, entonces ésta perfección debe ser toda suficiente para salir aprobados en el Juicio con nuestra propia justicia. Sin embargo este vino de Babilonia, que no es otra cosa que una flagrante salvación por obras, contradice todo el ritual simbólico.

La lluvia tardía efectivamente trae madurez o perfección. ¿Pero cuál es el sentido correcto y bíblico con el que debemos interpretar esta “perfección”? ¿Acaso la lluvia tardía puede borrar la naturaleza pecaminosa—la mancha del pecado, la contaminación del hombre, para que así el hombre pueda pasar el Juicio en sí mismo, sin necesidad de la naturaleza sin mancha de pecado de Cristo—el “Cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19)?

La lluvia tardía NO PUEDE ERRADICAR la mancha de pecado, la naturaleza pecaminosa, nuestra inclinación al mal, nuestra mundanalidad. La “perfección” o “madurez” que se promete con la lluvia tardía trata de una perfección en cuanto a la obediencia: a preferir la muerte antes de quebrantar un punto de la Ley de Dios.

Así hayamos recibido la lluvia tardía, todavía NO PODEMOS ENTRAR en la nueva Jerusalén, y NO PODEMOS VER A DIOS CARA A CARA, pues seguiremos teniendo una naturaleza corruptible y pecaminosa—una naturaleza que NO PUEDE HEREDAR EL REINO DE DIOS.

1 Corintios 15:50 – “Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.”

Únicamente en ocasión de la Segunda Venida de Cristo, la naturaleza corruptible y pecaminosa de los redimidos será ERRADICADA en un abrir y cerrar de ojos, para que los redimidos entonces puedan ver a Dios cara a cara.

1 Corintios 15:51-53 – “He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, á la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.”

Hasta la Segunda Venida de Cristo, todos llegaremos corruptibles con la tendencia al pecado. La diferencia será que habrá hombres que llegaron a ese día siendo templos del Espíritu Santo, con su naturaleza pecaminosa SUBYUGADA; mientras que otros hombres llegarán sin Espíritu Santo, y más bien con siete espíritus inmundos (Mateo 12:45), y la naturaleza pecaminosa a flor de piel.

CS pg. 368/3 (322.2) – “El pueblo de Dios no puede recibir el reino antes que se realice el advenimiento personal de Cristo. El Señor había dicho: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y delante de él serán juntadas todas las naciones; y apartará a los hombres unos de otros, como el pastor aparta las ovejas de las cabras: y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a la izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estarán a su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino destinado para vosotros desde la fundación del mundo!’ (Mateo 25:31-34). Hemos visto por los pasajes que acabamos de citar que cuando venga el Hijo del hombre, los muertos serán resucitados incorruptibles, y que los vivos serán mudados. Este gran cambio los preparará para recibir el reino; pues San Pablo dice: ‘La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción’ (1 Corintios 15:50). En su estado presente el hombre es mortal, corruptible; pero el reino de Dios será incorruptible y sempiterno. Por lo tanto, en su estado presente el hombre no puede entrar en el reino de Dios. Pero cuando venga Jesús, concederá la inmortalidad a su pueblo; y luego los llamará a poseer el reino, del que hasta aquí sólo han sido presuntos herederos.”

HAp pg. 230/2 – “Hoy son demasiados los que ignoran tanto como los creyentes de Éfeso la obra del Espíritu Santo en el corazón. Sin embargo, ninguna verdad se enseña más claramente en la Palabra de Dios. Los profetas y apóstoles se han explayado en este tema. Cristo mismo nos llama la atención al crecimiento del mundo vegetal como una ilustración de la operación de su Espíritu en el sostenimiento de la vida espiritual. La savia de la vid, ascendiendo desde la raíz, se difunde por las ramas, y provee al crecimiento y a la producción de flores y fruto. Así el poder vivificador del Espíritu Santo, que procede del Salvador, llena el alma, renueva los motivos y afectos, y pone hasta los pensamientos en obediencia a la voluntad de Dios, capacitando al que lo recibe para llevar los preciosos frutos de acciones santas.”

La lluvia temprana sólo puede ser dada sobre el terreno preparado. El ser humano que no llegó a ser terreno preparado no puede recibir la lluvia temprana, ni mucho menos la tardía. El terreno preparado es el ser humano que aceptó la amonestación del Testigo Fiel.

En el terreno preparado se puede sembrar la semilla. La semilla germina y aparecen las primeras hojas verdes. En la profundidad de la tierra, la semilla echa raíces, y estas raíces sirven para fijarse en el terreno y para sacar los nutrientes bajo la forma de savia, para que la planta pueda crecer. Este terreno es un símbolo del verdadero creyente. Y el sembrador es el Espíritu Santo que siembra en nosotros los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23 y los principios divinos de Hebreos 8:10—los Diez Mandamientos, para que en el hombre se pueda desarrollar la santificación u obediencia verdadera (justicia de la ley)—no como causa para ser aceptado, sino como resultado de estar siendo aceptado o justificado en Cristo (justicia por la fe).

PVGM pg. 46/1 – “La planta crece al recibir lo que Dios ha provisto para sustentar su vida. Hace penetrar sus raíces en la tierra. Absorbe la luz del sol, el rocío y la lluvia. Recibe las propiedades vitalizadoras del aire. Así el cristiano ha de crecer cooperando con los agentes divinos. Sintiendo nuestra impotencia, hemos de aprovechar todas las oportunidades que se nos dan para adquirir una experiencia más amplia. Así como la planta se arraiga en el suelo, así hemos de arraigarnos profundamente en Cristo. Así como la planta recibe la luz del sol, el rocío y la lluvia, hemos de abrir nuestro corazón al Espíritu Santo. Ha de hacerse la obra, ‘no con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos’ (Zacarías 4:6). Si conservamos nuestra mente fija en Cristo, él vendrá a nosotros ‘como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra’. Como el Sol de justicia, se levantará sobre nosotros, ‘y en sus alas traerá salud’. Floreceremos ‘como lirio’. Seremos ‘vivificados como trigo’, y floreceremos ‘como la vid’ (Oseas 6:3; Malaquías 4:2; Oseas 14:5, 7). Al depender constantemente de Cristo como nuestro Salvador personal, creceremos en él en todas las cosas, en Aquel que es la cabeza.”

“Arraigarse profundamente en Cristo” – implica aceptar el Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo, significa aceptar sus méritos (obediencia perfecta y sangre derramada en la cruz), significa aceptar que sólo su trabajo de Sumo Sacerdote puede traer la lluvia temprana, y en ocasión del Juicio de Vivos a la lluvia tardía.

Esa “savia” que nutre la planta es comparada al trabajo del Espíritu Santo.

La lluvia temprana solo hace crecer la planta hasta cierto punto. Pero para pasar el Juicio se requiere de madurez y perfección. Si sólo hemos recibido lluvia temprana hasta el Juicio, y el Juicio demanda 100% perfección y 0% mancha de pecado, necesitamos enfrentar el Juicio con la perfección de Cristo y su naturaleza sin mancha de pecado. No recibimos lluvia tardía para alcanzar perfección y con esa perfección pasar el juicio (esto es legalismo o farisaísmo del cuerno pequeño). La lluvia tardía nos será dada con el propósito de dar el fuerte pregón, y trae madurez en el sentido que el hombre prefiera la muerte antes de quebrantar un punto de la ley. Pero, la lluvia tardía no elimina la corrupción, la tendencia al mal, o naturaleza pecaminosa.

El sacerdote terrenal, en el servicio diario, entraba primeramente con incienso antes de aumentar aceite a las lámparas.

El sumo sacerdote, en el servicio anual o día de juicio, entraba igualmente y primeramente con incienso al lugar santísimo.

Este incienso, tanto en el servicio diario como el día de juicio, era un símbolo de la justicia perfecta y perpetua de Cristo como Hombre. Entonces, en el Juicio el israelita pasaba el examen con la justicia de la fe y no con la justicia de la ley. Aceptar la doctrina católica de que debemos llegar a pasar el juicio con nuestra propia “perfección” significa cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Dios nos libre de cometer este terrible error, y de que por nuestra propia dureza de corazón, Dios nos abandone a estas doctrinas de demonios. Lo que nos lleva al siguiente punto…

16. Hay la posibilidad de perder el Espíritu Santo

La Palabra de Dios deja claro que, así hayamos recibido el bautismo del Espíritu Santo, existe la posibilidad de perder (o que nos sea quitado) el Espíritu Santo. El rey David conocía este peligro y por ello su oración consistía del siguiente pedido diario:

Salmos 51:11 – “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.”

¿Cómo fue que el rey David llegó a aprender que el Espíritu Santo podía perderse o ser quitado?

David sabía que el rey Saúl era un hombre lleno del Espíritu Santo, y David también fue testigo de cómo Saúl perdió al Espíritu Santo.

PP pg. 685/3 (620.5) – “Cuando fue llamado al trono, Saúl tenía una opinión muy humilde de su propia capacidad, y se dejaba instruir. Le faltaban conocimientos y experiencia, y tenía graves defectos de carácter. Pero el Señor le concedió el Espíritu Santo para guiarle y ayudarle, y le colocó donde podía desarrollar las cualidades requeridas para ser soberano de Israel. Si hubiera permanecido humilde, procurando siempre ser dirigido por la sabiduría divina, habría podido desempeñar los deberes de su alto cargo con éxito y honor. Bajo la influencia de la gracia divina, toda buena cualidad habría ido ganando fuerza, mientras que las tendencias pecaminosas habrían perdido su poder.”

PP pg. 686/2 (621.2) – “Pero Saúl se vanaglorió de su ensalzamiento, y deshonró a Dios por su incredulidad y desobediencia. Aunque al ser llamado a ocupar el trono era humilde y dudaba de su capacidad, el éxito le hizo confiar en sí mismo. La primera victoria de su reinado encendió en su corazón aquel orgullo que era su mayor peligro. El valor y la habilidad militar que manifestó en la liberación de Jabes-Galaad despertaron el entusiasmo de toda la nación. El pueblo honró a su rey, olvidándose de que no era sino el agente por medio de quien Dios había obrado; y aunque al principio Saúl dio toda la gloria a Dios, más tarde se atribuyó el honor. Perdió de vista el hecho de que dependía de Dios, y en su corazón se apartó del Señor. Así se preparó para cometer su pecado de presunción y sacrilegio en Gilgal.

La misma confianza ciega en sí mismo le condujo a rechazar la reprensión de Samuel. Saúl reconocía que Samuel era un profeta enviado de Dios; por consiguiente, debiera haber aceptado el reproche, aunque él mismo no pudiese ver que había pecado. Si se hubiera mostrado dócil para ver y confesar su error, esta amarga experiencia le habría resultado en una salvaguardia para el futuro.”

PP pg. 687/1 (622.1) – “Cuando Saúl se desvió de la reprensión que le mandó el Espíritu Santo de Dios, y persistió en justificarse obstinadamente, rechazó el único medio por el cual Dios podía obrar para salvarle de sí mismo. Se había separado voluntariamente de Dios. No podía recibir ayuda ni dirección de Dios antes de volver a él mediante la confesión de su pecado.”

Pero además de ser testigo de la caída de Saúl, David mismo en su propia vida experimentó la pérdida del Espíritu Santo cuando se apartó voluntariamente de Dios y terminó matando a Urías, porque David había dejado de ser templo del Espíritu Santo.

PP pg. 776/3 (709.1) – “En medio de los peligros de su juventud, David, consciente de su integridad, podía confiar su caso a Dios. La mano del Señor le había guiado y hecho pasar sano y salvo por infinidad de trampas tendidas para sus pies. Pero ahora, culpable y sin arrepentimiento, no pidió ayuda ni dirección al Cielo, sino que buscó la manera de desenredarse de los peligros en que el pecado le había envuelto. Betsabé, cuya hermosura fatal había resultado ser una trampa para el rey, era la esposa de Urías el heteo, uno de los oficiales más valientes y más fieles de David. Nadie podía prever cuál sería el resultado si se llegase a descubrir el crimen. La ley de Dios declaraba al adúltero culpable de la pena de muerte, y el soldado de espíritu orgulloso, tan vergonzosamente agraviado, podría vengarse quitándole la vida al rey, o incitando a la nación a la revuelta.

“Todo esfuerzo de David para ocultar su culpabilidad resultó fútil. Se había entregado al poder de Satanás; el peligro le rodeaba; la deshonra, que es más amarga que la muerte, le esperaba. No había sino una manera de escapar, y en su desesperación se apresuró a agregar un asesinato a su adulterio. El que había logrado la destrucción de Saúl, trataba ahora de llevar a David también a la ruina. Aunque las tentaciones eran distintas, ambas se asemejaban en cuanto a conducir a la transgresión de la ley de Dios. David pensó que si Urías era muerto por la mano de los enemigos en el campo de batalla, la culpa de su muerte no podría atribuirse a las maquinaciones del rey; Betsabé quedaría libre para ser la esposa de David; las sospechas se eludirían y se mantendría el honor real.”

También en el Nuevo Testamento encontramos ejemplos de creyentes que dejaron de ser templos del Espíritu Santo. Himeneo y Alejandro eran verdaderos creyentes y templos del Espíritu Santo, pero dejaron de ser templos del Espíritu Santo.

1 Timoteo 1:19-20 – “Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.”

Como el apóstol Pablo presenció la caída de Himeneo y Alejandro, nos advierte acerca del peligro que corren los hombres que una vez fueron creyentes y templos del Espíritu Santo, pero que luego recayeron en las garras de Satanás.

Hebreos 6:4-6 – “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.”

Todos estos ejemplos de la Palabra de Dios sirven para enseñarnos que Dios no nos da al Espíritu Santo una vez y para siempre. Debemos pedir la lluvia temprana todos los días y mantener ese espíritu humilde y estar siempre dispuestos a ser enseñados y guiados por el Señor, si no queremos perder al Agente Regenerador recaer en las garras de Satanás.

Hebreos 3:15-19 – “Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.”

La incredulidad fue lo que llevó a los israelitas a desobedecer a Dios. No quisieron renunciar a la práctica del pecado. ¿Y cuál es el destino final de todo aquel que escoge el pecado antes de la vida eterna?

DTG pg. 740/3 – “Cristo debía morir, como todo transgresor de la ley debe morir si continúa en el pecado.”

Si hoy el Señor nos revela un pecado acariciado que tenemos, y nosotros no queremos renunciar y tomar la decisión de apartarnos de ese pecado, entonces entramos en la posibilidad de perder al Espíritu Santo para siempre. Es por esto que Dios quiere que aprendamos a renunciar a la práctica del pecado.

DTG pg. 267/3 – “A menudo nos apenamos porque nuestras malas acciones nos producen consecuencias desagradables. Pero esto no es arrepentimiento. El verdadero pesar por el pecado es resultado de la obra del Espíritu Santo. El Espíritu revela la ingratitud del corazón que ha despreciado y agraviado al Salvador, y nos trae contritos al pie de la cruz. Cada pecado vuelve a herir a Jesús; y al mirar a Aquel a quien hemos traspasado, lloramos por los pecados que le produjeron angustia. Una tristeza tal nos inducirá a renunciar al pecado.”

DTG pg. 271/3 – “El mundo ama el pecado y aborrece la justicia, y ésta era la causa de su hostilidad hacia Jesús. Todos los que rechazan su amor infinito hallarán en el cristianismo un elemento perturbador. La luz de Cristo disipa las tinieblas que cubren sus pecados, y les manifiesta la necesidad de una reforma. Mientras los que se entregan a la influencia del Espíritu Santo empiezan a guerrear contra sí mismos, los que se aferran al pecado combaten la verdad y a sus representantes.”

Si el ser humano se aferra a un pecado acariciado y era templo del Espíritu Santo, entonces dejará de ser templo del Espíritu Santo y lo único que le espera es la muerte segunda.

Es por esto que nuestra oración, como la de David, debiera ser diariamente: “renueva espíritu recto dentro de mi,” para que Dios Espíritu Santo pueda subyugar mis miradas, mis malos pensamientos y malos deseos que son de continuo hacer el mal (Génesis 6:5). Pero si, en lugar de luchar contra nuestros pecados acariciados, seguimos dando cabida a esos pecados, y si perseveramos en el pecado, entonces corremos riesgo de perder definitivamente al Espíritu Santo y convertirnos en habitación de demonios.

DTG pg. 746/0 (745.4) – “Amonestad a toda alma que está en peligro. No dejéis que nadie se engañe. Llamad al pecado por su nombre. Declarad lo que Dios ha dicho respecto de la mentira, la violación del sábado, el robo, la idolatría y todo otro mal: ‘Los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios’ (Gálatas 5:21). Si persisten en el pecado, el juicio que habéis declarado por la Palabra de Dios es pronunciado sobre ellos en el cielo. Al elegir pecar, niegan a Cristo; la iglesia debe mostrar que no sanciona sus acciones, o ella misma deshonra a su Señor. Debe decir acerca del pecado lo que Dios dice de él. Debe tratar con él como Dios lo indica, y su acción queda ratificada en el cielo. El que desprecia la autoridad de la iglesia desprecia la autoridad de Cristo mismo.”

PVGM pg. 123.3 – “Ninguna ceremonia exterior puede reemplazar a la fe sencilla y a la entera renuncia al yo. Pero ningún hombre puede despojarse del yo por sí mismo. Sólo podemos consentir que Cristo haga esta obra. Entonces el lenguaje del alma será: Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, mantenlo puro, porque yo no puedo mantenerlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y desemejante a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma.”

No sólo al comienzo de la vida cristiana ha de hacerse esta renuncia al yo. Ha de renovársela a cada paso que se dé hacia el cielo. Todas nuestras buenas obras dependen de un poder que está fuera de nosotros. Por lo tanto, debe haber un continuo anhelo del corazón en pos de Dios, y una continua y ferviente confesión de los pecados que quebrante el corazón y humille el alma delante de él. Únicamente podemos caminar con seguridad mediante una constante renuncia al yo y dependencia de Cristo.”

17. Dios Espíritu Santo es Omnipotente

Dios Espíritu Santo es Omnipotente: tiene poder CREADOR. Como ya hemos analizado anteriormente, Dios Espíritu Santo creó la naturaleza humana de Cristo.

Lucas 1:35 – “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Mateo 1:20 – “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.”

Dios Espíritu Santo creó la naturaleza humana de Cristo con su poder Omnipotente. Si usted no cree que el Espíritu Santo es Creador, entonces en su vida no podrá ser una realidad Gálatas 5:22-23 y no podrá ser verdaderamente regenerado y no podrá desarrollar una santificación verdadera.

Gálatas 5:22-23 – “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

1 Tesalonicenses 5:23 – “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

Salmos 33:6,9 – “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. El junta como montón las aguas del mar; El pone en depósitos los abismos.”

PVGM pg. 29.5 – “El amor debe ser el principio que impulse a obrar. El amor es el principio fundamental del gobierno de Dios en los cielos y en la tierra, y debe ser el fundamento del carácter del cristiano. Sólo este elemento puede hacer estable al cristiano. Sólo esto puede habilitarlo para resistir la prueba y la tentación.”

Es el Espíritu Santo el que crea en nosotros lo que no tenemos: amor, fe, paz, paciencia, benignidad, lealtad, temperancia, bondad, todo Gálatas 5:22-23.

PR pg. 358/5 – “Por la fidelidad que los jóvenes hebreos manifestaron hacia los principios de temperancia, Dios habla a los jóvenes de hoy. Se necesitan hombres que, como Daniel, serán activos y audaces para la causa del bien. Se necesitan corazones puros, manos fuertes, valor intrépido; porque la guerra entre el vicio y la virtud exige una vigilancia incesante. Satanás se presenta a toda alma con tentaciones que asumen muchas formas seductoras en lo que respecta a la satisfacción del apetito.”

La temperancia es un principio que debe ser implantado por Dios Espíritu Santo.

HAp pg. 398/2 (384.3) – “La obra de ganar la salvación es una operación mancomunada. Debe haber cooperación entre Dios y el pecador arrepentido. Es necesaria para la formación de principios rectos de carácter.”

HAp pg. 384.4 – “El Espíritu divino obra por medio de los poderes y facultades otorgados al hombre.”

Filipenses 1:6

“Estando persuadido de esto,

que el que comenzó en vosotros la buena obra,

la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

(Filipenses 1:6)

TM pg. 507/2 – “Están cometiendo una terrible equivocación. La obra que Dios ha comenzado en el corazón humano al darle su luz y conocimiento, debe progresar continuamente. Todo individuo debe ser consciente de su propia necesidad. El corazón debe estar exento de contaminación, y limpio, para que en él more el Espíritu. Por medio de la confesión y el abandono del pecado, por medio de la oración ferviente y la consagración a Dios, los primeros discípulos se prepararon para el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. La misma obra, sólo que en mayor medida, debe realizarse ahora. En aquel entonces el instrumento humano sólo tenía que pedir la bendición y esperar que el Señor perfeccionara la obra concerniente a él. Es Dios quien comienza la obra, y la terminará, perfeccionando al hombre en Cristo Jesús.”

El que comenzó en VOSOTROS la buena obra

El que comenzó en nosotros la buena obra no es Cristo sino Dios Espíritu Santo, quien nos convence de pecado por medio de la Ley y la Palabra, y luego nos conduce a Cristo—el remedio para nuestra enfermedad.

“El que comenzó en vosotros la buena obra” tiene dos aspectos:

1. Mientras el Espíritu Santo es VISITANTE

El Espíritu Santo como visitante y trabajando en todo ser humano, ya sea creyente o no creyente, se cumple conforme a la promesa de Cristo en Juan 16:8: el Espíritu Santo viene a convencer al mundo de pecado.

Juan 16:8 – “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

El Espíritu Santo, como VISITANTE, está tratando de convencer de pecado a todos sin hacer acepción de personas.

Hechos 10:34 – “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.”

Cuando el ser humano cede a la influencia del Espíritu Santo como visitante, entonces recién empieza la segunda fase de su obra a favor de la raza caída…

2. El Espíritu Santo HABITANTE en el verdadero creyente

La segunda fase de la obra del Espíritu Santo—su trabajo como HABITANTE—NO PUEDE realizarse sin que primeramente, en el Santuario Celestial, Cristo haya presentado su obediencia perfecta a favor del creyente, y Dios Padre por su misericordia haya aceptado al creyente EN CRISTO.

Para que Dios nos otorgue al Espíritu Santo como Habitante o Agente Regenerador, Dios Padre demanda obediencia:

Hechos 5:32 – “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

Y por el ritual simbólico, como ya hemos analizado, antes de que el sacerdote terrenal aumentara aceite a las lámparas (aceite—símbolo del Espíritu Santo), debía quemar el incienso en el altar del incienso (incienso—símbolo de la justicia perfecta de Cristo).

Por lo tanto, el trabajo del Espíritu Santo como HABITANTE no puede realizarse a menos que el creyente haya sido justificado por la fe en la obediencia perfecta de Cristo.

Cuando Cristo presenta su justicia perfecta y perpetua a favor del creyente que por fe se congrega al Santuario Celestial, da satisfacción a las demandas de obediencia perfecta:

  • A Romanos 2:13
  • A Hechos 5:32

Cristo presenta la obediencia perfecta que desarrolló como Hombre en esta tierra para satisfacer Romanos 2:13 ante Dios Padre y ante la Ley, y para que en virtud de los méritos perfectos de Cristo:

  • El verdadero creyente sea aceptado o justificado

Como RESULTADO de que el creyente está siendo justificado en virtud de la justicia perfecta de Cristo, Cristo cumple su promesa de Juan 14:16:

Juan 14:16 – “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Cristo no ruega al Padre con las manos vacías—Cristo ruega presentando su obediencia perfecta a favor del creyente arrepentido para que:

  • El verdadero creyente reciba la lluvia temprana (el Espíritu Santo pase a ser de visitante a HABITANTE)

Cuando el Espíritu Santo pasa a habitar en el verdadero creyente como un Agente Regenerador, su obra es dar cumplimiento al “comenzó en vosotros” y va a crear (con su poder CREADOR) en el creyente, lo que el creyente no tiene:

  1. Los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23.
  2. Y va a escribir la Ley en la mente y el corazón del verdadero creyente, conforme a la promesa de Hebreos 8:10.

 

  • Únicamente el creyente que está siendo aceptado o justificado en virtud de la justicia de Cristo recibe al Espíritu Santo como HABITANTE o LLUVIA TEMPRANA o AGENTE REGENERADOR.
  • Gálatas 5:22-23 y Hebreos 8:10 son principios de origen celestial que Dios Espíritu Santo implanta en el verdadero creyente como una semilla que diariamente debe desarrollarse, crecer y perfeccionarse “hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6), es decir: hasta la Segunda Venida de Cristo. Ésta es la justicia de la ley de Romanos 8:4.

Hasta que se de inicio al Juicio de Vivos hay un periodo de tiempo, que es el periodo de la lluvia temprana. La lluvia temprana no va a lograr que la planta de origen celestial, implantada por el Espíritu Santo, llegue a su maduración total, ni siquiera va a lograr terminar su crecimiento. Suponiendo que una persona llega viva al Juicio de Vivos, y ha estado recibiendo la lluvia temprana y ha estado colaborando con su propio esfuerzo humano para desarrollar esos principios de origen celestial, a la vez que el Espíritu Santo está subyugando la naturaleza pecaminosa y la incapacidad para amar del creyente, entonces el creyente que está desarrollando ese 15-20% de justicia de la ley o santificación verdadera llega al Juicio de Vivos en el que la demanda es de 100% de madurez y perfección. En el Juicio, hacia dónde debe mirar el hombre? ¿Debe mirar a sí mismo, donde no hay una perfección 100%, y donde existe una naturaleza con mancha de pecado? ¿O debe mirar fuera de sí mismo, a la perfección 100% de Cristo y a su naturaleza sin mancha de pecado?

En el ritual simbólico, en el día de juicio simbólico, así como en el servicio diario terrenal, lo primero que realizaba el sacerdote y sumo sacerdote terrenal era entrar con el incienso—símbolo de la justicia perfecta de Cristo. El 10 de mes séptimo, ese incienso que el sumo sacerdote terrenal quemaba ante el propiciatorio, seguía siendo un símbolo de la justicia perfecta de Cristo. El verdadero israelita comprendía que tanto en el servicio diario como en el servicio anual o día de expiación, no debía confiar en una justicia imperfecta que estaba dentro de él, sino en una justicia perfecta y ajena que estaba completamente fuera de él – el incienso – la justicia de Cristo – la justicia por fe.

Si el hombre pierde de vista esta lección del ritual simbólico, va a querer buscar dentro de sí mismo la justicia con la cual afrontar el Juicio de Vivos y cuando llegue ese día va a salir reprobado y la sentencia será:

Daniel 5:27 – “Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.”

El verdadero creyente que acepta que únicamente en virtud de la justicia perfecta de Cristo puede salir aprobado en el Juicio, cuando llegue el Juicio de Vivos, de acuerdo a la promesa de Hechos 3:19:

  1. En virtud de la justicia de Cristo su nombre se conservará en el Libro de la Vida.
  2. En virtud de la sangre de Cristo sus pecados serán borrados de su registro de Malas Obras.
  3. Como resultado de salir aprobado en el Juicio de Vivos, y nuevamente en virtud de la justicia perfecta de Cristo, le será concedida la lluvia tardía, para que el creyente de el fuerte pregón.

TM pg. 507.4 – “En ningún momento de nuestra experiencia podemos prescindir de la ayuda que nos capacitó para comenzar. Las bendiciones recibidas en ocasión de la lluvia temprana nos son necesarias hasta el mismo fin. Sin embargo, no bastan por sí solas. Al mismo tiempo que atesoramos las bendiciones de la lluvia temprana, no debemos perder de vista, por otra parte, el hecho de que sin la lluvia tardía, que llena la espiga y madura el grano, la cosecha no estaría lista para la siega, y las labores del sembrador habrían sido inútiles. Se necesita gracia divina al comienzo, se necesita gracia divina a medida que se avanza, y sólo la gracia divina puede completar la obra. No hay lugar para que descansemos en actitud descuidada. Nunca debemos olvidar las amonestaciones de Cristo: ‘Velad en oración’, ‘Velad… en todo tiempo orando’. El contacto permanente con los instrumentos divinos es esencial para nuestro progreso. Podemos haber recibido cierta medida del Espíritu de Dios, pero mediante la oración y la fe debemos tratar de obtener una porción más abundante. No debemos cesar nunca en nuestros esfuerzos. Si no progresamos, si no asumimos la actitud necesaria para recibir tanto la lluvia temprana como la tardía, perderemos nuestras almas, y la responsabilidad será solamente nuestra.”

La “ayuda que nos capacitó para comenzar” – es el Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana subyugando nuestro egoísmo y nuestra maldad.

“Las bendiciones recibidas… nos son necesarias hasta el mismo fin” – ese “fin” es el fin del tiempo de gracia, ya sea en ocasión de la muerte primera o en ocasión del Juicio de Vivos.

“No bastan por sí solas” – no basta sólo recibir la lluvia temprana, se necesita de la lluvia tardía en la estación tardía para completar la madurez.

¿Por qué necesitamos prestar atención a estos detalles?

Porque tanto la Biblia como el Espíritu de Profecía es categórico en que es únicamente la lluvia tardía que trae la madurez o perfección. Y Hechos 3:19 es categórico en que sólo se concede lluvia tardía al que tiene su pecado borrado. Y Levítico capítulo 16 es categórico en que la expiación del pecado (borramiento de pecados) se realiza únicamente cuando se sale aprobado en el Juicio. Por lo tanto: el planteamiento legalista del cuerno pequeño de que se recibe la lluvia tardía antes del juicio y con el propósito de pasar el juicio con nuestra propia “perfección” va en contra de la Palabra de Dios.

Ningún patriarca y ningún apóstol recibió la lluvia tardía, pues la lluvia tardía sólo se concederá a los que salen aprobados en el Juicio de Vivos que aun no ha comenzado. Los patriarcas y apóstoles recibieron únicamente lluvia temprana, pues ningún pecado fue borrado mientras estaban vivos. Desde 1844 se viene realizando el Juicio por los muertos, no por los vivos.

Si la lluvia temprana no trae la perfección, y si la lluvia tardía se recibe únicamente al salir aprobado en el Juicio de Vivos (luego que los pecados del creyente son borrados de sus registros), entonces: con qué perfección se pasa el Juicio?

El apóstol Pablo no confiaba en la justicia de la ley que se estaba desarrollando en él, sino que su confianza para pasar el Juicio se encontraba en la justicia perfecta de Cristo—la justicia por fe.

Filipenses 3:9 – “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”

El apóstol Pablo no quería que, cuando Dios examinara su caso en el Juicio, el Padre le mire a él, sino que Pablo quería que Dios mirara a Cristo—su Sustituto—que tiene la justicia 100% perfecta, una justicia que está enteramente fuera de nosotros.

  • Dios quiere que aprendamos a obedecer voluntariamente por amor a la justicia misma, no para pasar el Juicio—ni por amor a la recompensa, ni por temor al castigo.
  • Dios quiere que aprendamos a obedecer voluntariamente porque la obediencia es lo que le agrada a nuestro Padre Celestial.
  • Dios quiere que aprendamos a obedecer voluntariamente porque: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmos 40:8).

“La perfeccionará hasta el día de Jesucristo”

¿Por qué el apóstol Pablo dice que la obra del Espíritu Santo como Habitante se va a “perfeccionar” hasta la Segunda Venida de Cristo?

Porque en el tiempo de angustia—el tiempo de las plagas de Apocalipsis 16—cuando ya no haya más obra intercesora de Cristo, los verdaderos creyentes que salieron aprobados en el Juicio de Vivos deben vivir en la tierra sin su Intercesor en el cielo, pero con su Santificador en la tierra.

CS pg. 679/0 (678/3 | 605.4) – “Los asaltos de Satanás son feroces y resueltos, sus engaños terribles, pero el ojo de Dios descansa sobre su pueblo y su oído escucha su súplica. Su aflicción es grande, las llamas del horno parecen estar a punto de consumirlos; pero el Refinador los sacará como oro purificado por el fuego. El amor de Dios para con sus hijos durante el período de su prueba más dura es tan grande y tan tierno como en los días de su mayor prosperidad; pero necesitan pasar por el horno de fuego; debe consumirse su mundanalidad, para que la imagen de Cristo se refleje perfectamente.”

Cuando ya estén cayendo las plagas, antes de la Segunda Venida de Cristo, aquel creyente que salió aprobado en el Juicio de Vivos y que recibió como resultado la lluvia tardía, sigue teniendo MUNDANALIDAD. A pesar de salir aprobado en el Juicio de Vivos no alcanzó en sí mismo la perfección total y todavía tiene su naturaleza pecaminosa: cosas que la ley condena.

¿Qué es la mundanalidad?

Es todo lo el mundo nos ofrece, toda la feria de la vanidad con todas sus amplias tentaciones. La mundanalidad puede subyugarse si colaboramos con el Espíritu Santo – pero no está todavía erradicada de nuestro ser aún si pasamos el Juicio de Vivos en virtud de la justicia perfecta de Cristo.

Podemos engañarnos a nosotros mismos y pensar que ya no somos mundanos simplemente porque estamos bautizados y porque asistimos a un grupo religioso y estudiamos la Biblia. Sin embargo, podemos hacer un pequeño autoanálisis y preguntarnos:

¿Cuál es el título que más deseamos y por el cual nos esforzamos diariamente por conseguir?

Los títulos que ofrece el mundo: un masterado o un PhD – títulos que NO nos darán entrada a la Jerusalén Celestial. Esto es mundanalidad. Sin embargo, el título “hijo de Dios” que no nos otorga nada de dinero ni ningún prestigio en este mundo, pero que es necesario para ingresar a la ciudad del Rey del Universo, no nos interesa lo suficiente como para dedicar todo nuestro esfuerzo diario. Esto se debe a nuestra mundanalidad.

ED pg. 57/5 (54.5) – “Es necesario inculcar en los jóvenes la verdad de que sus dones no les pertenecen. La fuerza, el tiempo, el intelecto, no son sino tesoros prestados. Pertenecen a Dios, y todo joven debería resolverse a darles el uso más elevado; él es una rama de la cual Dios espera fruto; un mayordomo cuyo capital debe producir dividendos; una luz para iluminar la oscuridad del mundo.”

¿Cuánto de su intelecto quiere usted invertir al servicio de Dios? ¿Y en cambio, cuánto de su intelecto lo utiliza para su propio beneficio? Eso es mundanalidad. Somos mayordomos del intelecto, de la fuerza, del tiempo, del dinero que DIOS NOS HA DADO, por mucho que creemos que esos dones nos pertenecen a nosotros. Pensamos que todos las bendiciones que Dios nos ha dado son fruto únicamente de nuestro propio esfuerzo, pero Dios nos va a pedir cuenta de todo nuestro intelecto, dinero y tiempo. En la medida que compartimos el mensaje de salvación, qué estamos haciendo con el capital del intelecto? Al realizar esta obra desinteresadamente estamos produciendo dividendos. Pero si utilizamos nuestro tiempo e intelecto para nuestro propio beneficio egoísta, entonces estamos enterrando ese don de Dios en la tierra y somos siervos infieles.

Mateo 7:6 – “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”

La Palabra de Dios nos advierte que presentar la verdad a quien no tiene interés en conocer la verdad es como darle perlas al puerco. Por lo tanto es recomendable trabajar con quien quiere prepararse para el Juicio de Vivos y quiere prepararse para dar el fuerte pregón.

1 Corintios 15:50  – “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

El que amemos las cosas del mundo es corrupción. Nuestra naturaleza pecaminosa es corrupción, somos corruptibles, y aun habiendo pasado el Juicio de Vivos la lluvia tardía no erradica esa corrupción.

CS pg. 368/3 (322.2) – “El pueblo de Dios no puede recibir el reino antes que se realice el advenimiento personal de Cristo. El Señor había dicho: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y delante de él serán juntadas todas las naciones; y apartará a los hombres unos de otros, como el pastor aparta las ovejas de las cabras: y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a la izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estarán a su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino destinado para vosotros desde la fundación del mundo!’ (Mateo 25:31-34). Hemos visto por los pasajes que acabamos de citar que cuando venga el Hijo del hombre, los muertos serán resucitados incorruptibles, y que los vivos serán mudados. Este gran cambio los preparará para recibir el reino; pues San Pablo dice: ‘La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción’ (1 Corintios 15:50). En su estado presente el hombre es mortal, corruptible; pero el reino de Dios será incorruptible y sempiterno. Por lo tanto, en su estado presente el hombre no puede entrar en el reino de Dios. Pero cuando venga Jesús, concederá la inmortalidad a su pueblo; y luego los llamará a poseer el reino, del que hasta aquí sólo han sido presuntos herederos.”

HASTA la Segunda Venida de Cristo vamos a llegar en estado de “corruptibles” y “presuntos herederos” del Reino de Dios, así hayamos pasado el Juicio de Vivos y hayamos recibido la lluvia tardía. Nuestra corrupción debe llegar subyugada por Dios Espíritu Santo, pero no llegará erradicada. Sólo en ocasión de la Segunda Venda de Cristo esa corrupción será ERRADICADA finalmente y recién entonces ya no tendremos más naturaleza pecaminosa ni mundanalidad, y recién estaremos preparados para ir al encuentro con Cristo y mirar a Dios cara a cara (1 Corintios 15:51-56).

Es por esta razón, que Pablo en Filipenses 1:6 enseña que la obra que el Espíritu Santo comenzó como Habitante se perfeccionará hasta la Segunda Venida de Cristo cuando la corrupción sea erradicada totalmente del ser humano.

Hoy EN CRISTO somos declarados perfectos (esto es justificación). Y como resultado de esa declaración legal realizada en el Santuario Celestial, nos es otorgado la lluvia temprana para que desarrollemos la perfección en nosotros mismos (esto es santificación). En ocasión de la Segunda Venida de Cristo se cumple la segunda parte de Filipenses 1:6 y alcanzaremos la perfección total en nosotros mismos (santificación). Es ahí que recién alcanzamos la perfección en nosotros mismos y podemos mirar cara a cara a Dios sin necesidad de un Intercesor. La segunda parte de Filipenses 1:6 no se cumple en el tiempo de la lluvia temprana, ni en el Juicio de Vivos, ni en el periodo del fuerte pregón, ni en el tiempo de las plagas finales. La perfección del ser humano es un proceso que termina recién con la Segunda Venida de Cristo.

A la Segunda Venida de Cristo también llegaran hombres en quienes que nunca hubo ese “comienzo” de Filipenses 1:6, porque se resistieron a la obra del Espíritu Santo y lo que se va a cumplir en aquellas personas es una “transformación” totalmente diferente: la predicha por el profeta en Jeremías 25:33.

Jeremías 25:33 – “Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra.”

Fil.1.6

1 Juan 3:1-3

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”

(1 Juan 3:1-3)

Primero tenemos que concientizarnos que naturalmente no somos hijos de Dios. Desde el momento en que somos engendrados el título que recibimos es de hijos del Diablo:

Juan 8:44 – “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.”

Adán era hijo de Dios, pero se buscó otro padre y perdió el título de hijo de Dios.

Debido a la desobediencia de nuestros primeros padres necesitamos de Uno que sí tenga el título de Hijo de Dios desde el momento de ser engendrado y que pueda ser nuestro Sustituto en la vida.

La Ley demanda obediencia perfecta (Romanos 2:13). No tenemos esa obediencia perfecta, y así como nuestro padre el diablo odia la Ley de Dios, nosotros sus hijos odiamos la ley de Dios, tal como está escrito en Romanos 8:7 y Jeremías 6:19.

Romanos 8:7 – “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.”

Jeremías 6:19 – “Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.”

“mirad cual amor nos ha dado el padre para que seamos llamados hijos de Dios”

Por lo tanto, tal y como la Palabra de Dios describe nuestra condición humana, no hay posibilidad de que por nosotros mismos, por nuestros propios méritos, seamos adoptados como hijos de Dios. Necesitamos de un Sustituto que sí pueda satisfacer todas las demandas de la Ley.

Pero si el hombre caído cede a la influencia del Espíritu Santo que por medio de la Palabra en Juan 8:44 le dice que es hijo del Diablo, y el hombre entiende que la condición para llegar a ser hijo de Dios es obediencia perfecta (Romanos 2:13), y acepta que el hombre no tiene esa obediencia que la Ley demanda, entonces el Espíritu Santo le puede mostrar al Sustituto en la vida que cumple con los requerimientos para su justificación.

Cristo recibió el título de Hijo de Dios como Hombre en Lucas 1:35. Como Dios, Cristo también tiene el título de Hijo de Dios, pero a nosotros nos interesa la naturaleza humana de Cristo para que pueda ser nuestro SUSTITUTO en la vida, además de ser Garante y Sustituto en la muerte y Mediador. Debemos aceptar a Cristo como el Padre Eterno de Isaías 9:6, y aceptar al Cristo que como Hombres es el nuevo padre de la raza humana, y es el Hijo de Dios.

¿Qué labor realiza Cristo como nuevo padre de la raza humana?

Nos adopta como sus hijos adoptivos.

Efesios 1:5 – “En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”

Gálatas 4:5 – “Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”

FO pg. 107/2 – “Mediante la fe, el creyente pasa de la posición de un rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un leal súbdito de Jesucristo, no en virtud de una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como hijo suyo por adopción.”

Cristo nos adopta en su familia real y celestial como sus hijos adoptivos (pues por naturaleza NO SOMOS hijos de Dios, sino hijos de Satanás).

En la justificación, Dios Padre nos DECLARA “hijos de Dios” (“mirad cual amor nos ha dado el padre para que seamos llamados hijos de Dios”) en la persona de Cristo. Somos declarados “hijos de Dios” EN CRISTO, a pesar de que en nosotros mismos somos hijos del diablo—“llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17).

Dios quiere que esta declaración legal hecha en el Santuario Celestial empiece a ser una realidad en nosotros mismos. Para que empiece a ser una realidad, Dios nos concede que el Espíritu Santo pase de ser visitante a habitante en nosotros. El Consolador quiere que en nosotros se reproduzca un carácter semejante al de nuestro nuevo padre adoptivo – Cristo. Entonces el Agente Regenerador va a crear un nuevo carácter semejante al de Cristo en nosotros como resultado de estar siendo aceptados en Cristo Jesús.

“y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser…”

Si en la justificación Dios Padre nos declara “hijos de Dios” en la persona de Cristo, porque Cristo como nuevo padre de la raza humana nos adopta en su familia, “aún no se ha manifestado lo que hemos de ser.”

AUN no somos hijos de Dios en nosotros mismos. AUN no tenemos un carácter perfecto como el de Cristo.

“pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es…”

Cuando Cristo “se manifieste” en su Segunda Venida, “seremos semejantes a él” – de acuerdo a la promesa de 1 Corintios 15:51-56, nuestro carácter semejante al de nuestro padre el diablo será erradicado, nuestra naturaleza pecaminosa será erradicada, nuestro egoísmo y nuestro odio a la Ley será erradicado, y entonces recién seremos semejantes a Cristo.

Hoy NO SOMOS SEMEJANTES A CRISTO y no seremos semejantes a Cristo hasta que “él se manifieste” y recién entonces “le veremos tal como él es” – le veremos cara a cara sin ser destruidos, pues si queremos ver cara a cara a Dios sin ser destruidos por su gloria, debemos tener una naturaleza libre de mancha de pecado, debemos tener una perfección total en nosotros mismos, cosas que no tenemos todavía y ni con la lluvia tardía lo lograremos.

Pretender que ya somos semejantes a Cristo, que ya somos hijos de Dios en nosotros mismos, y que podemos alcanzar una perfección en nosotros mismos suficiente para pasar el Juicio de Vivos, es prepararse para ser estiércol en ocasión de su Segunda Venida (Jeremías 25:33), en lugar de llegar a tener un carácter verdaderamente semejante al de Él cuando se manifieste con toda su gloria.

Dios nos concede al Consolador para que pueda crear las condiciones que nosotros mismos no podemos crear, y para que así podamos desarrollar un carácter semejante al de Cristo. Pero siempre se nos otorga al Consolador como RESULTADO de estar siendo justificados en Cristo y nunca como una CAUSA para ser justificados ante Dios.

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él…”

¿Cuál es “esta esperanza”?

Nuestra esperanza es llegar a “ser semejantes a él” – ser semejantes a Cristo, tener un carácter semejante al de Cristo.

El que tiene “esta esperanza”, ¿qué debe hacer entre el periodo de tiempo del “AUN” hasta la Segunda Venida de Cristo?

“se purifica a sí mismo”

¿Quién debe luchar contra los atractivos del mundo y sus vanidades (la mundanalidad)?

El verdadero creyente que se purifica a sí mismo.

¿Quién debe luchar contra sus malos hábitos, contra sus ídolos, y sus pecados acariciados?

El verdadero creyente que se purifica a sí mismo.

El verdadero creyente va a ESTUDIAR LA VIDA DE CRISTO para desarrollar un carácter semejante al de él, pues así va a ver el gran contraste entre su carácter natural y el carácter de Cristo. Estudiando la vida de Cristo vamos a aprender a aborrecernos a nosotros mismos, por todos nuestros terribles defectos de carácter, y vamos a anhelar tener un carácter santo y puro como el de Cristo.

El verdadero creyente va a abandonar la práctica del pecado al estudiar la vida de Cristo y al comprender que su pecado fue lo que dio muerte al Inocente Hijo de Dios.

PVGM pg. 46/2 – “Cristo está tratando de reproducirse a sí mismo en el corazón de los hombres; y esto lo hace mediante los que creen en él. El objeto de la vida cristiana es llevar fruto, la reproducción del carácter de Cristo en el creyente, para que ese mismo carácter pueda reproducirse en otros.”

Para que el carácter de Cristo se pueda reproducir en nosotros necesitamos del Consolador, quien es el único que puede crear un carácter nuevo en nosotros. ¿Por qué debe ser el Espíritu Santo? Porque fue Dios Espíritu Santo quien creó la naturaleza humana de Cristo (Lucas 1:35) y le implantó un carácter semejante al de Dios Padre en su naturaleza humana.

Necesitamos el trabajo permanente de Cristo en el Santuario Celestial, necesitamos que diariamente presente su justicia perfecta y que cumpla su promesa de Juan 14:16 para que el Espíritu Santo permanezca en nosotros y podamos cooperar con su trabajo, uniendo al poder divino nuestro esfuerzo humano para desarrollar ese nuevo carácter semejante al Cristo.

PVGM pg. 47.4 – “‘Cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada’. Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos.”

Cuando Cristo venga por Segunda Vez su carácter será perfectamente reproducido en su pueblo—su iglesia, pero hasta que llegue aquel día es necesario que el verdadero creyente realice el “se purifica a sí mismo”, estudiando la vida de Cristo para ver el contraste con su carácter natural.

PVGM pg. 47.2 – “No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centraliza en el yo. Si habéis aceptado a Cristo como a vuestro Salvador personal, habéis de olvidar vuestro yo, y tratar de ayudar a otros. Hablad del amor de Cristo, de su bondad. Cumplid con todo deber que se presente. Llevad la carga de las almas sobre vuestro corazón, y por todos los medios que estén a vuestro alcance tratad de salvar a los perdidos. A medida que recibáis el Espíritu de Cristo—el espíritu de amor desinteresado y de trabajo por otros—, iréis creciendo y dando frutos. Las gracias del Espíritu madurarán en vuestro carácter. Se aumentará vuestra fe, vuestras convicciones se profundizarán, vuestro amor se perfeccionará. Reflejaréis más y más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y bello.”

DMJ pg. 107/1 – “Cristo es el único verdadero modelo de carácter, y usurpa su lugar quien se constituye en dechado para los demás. Puesto que el Padre ‘todo el juicio dio al Hijo’ (Juan 5:22), quienquiera que se atreva a juzgar los motivos ajenos usurpa también el derecho del Hijo de Dios. Los que se dan por jueces y críticos se alían con el anticristo, ‘el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios’ (2 Tesalonicenses 2:4).”

CC pg. 70/1 (70.2) – “La vida en Cristo es una vida de reposo. Tal vez no haya éxtasis de los sentimientos, pero debe haber una confianza continua y apacible. Tu esperanza no se cifra en ti mismo, sino en Cristo. Tu debilidad está unida a su fuerza, tu ignorancia a su sabiduría, tu fragilidad a su eterno poder. Así que no has de mirar a ti mismo ni depender de ti, sino mirar a Cristo. Piensa en su amor, en la belleza y perfección de su carácter. Cristo en su abnegación, Cristo en su humillación, Cristo en su pureza y santidad, Cristo en su incomparable amor: tal es el tema que debe contemplar el alma. Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de El, es como serás transformado a su semejanza.”

1Jn3

La perfección – Filipenses 3:12-14

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

(Filipenses 3:12-14)

Antes de su verdadera conversión, mientras no entendía las profundidades de la Ley, Pablo se creía “irreprensible”, es decir se creía: PERFECTO.

Filipenses 3:4-6 – “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.”

Romanos 7:9 – “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.”

Pareciera que hubiera una contradicción entre Filipenses 3:4-6 y Romanos 7:9: si Pablo se creía perfecto guardador de la ley antes de su verdadera conversión (Filipenses 3:4-6), cómo es que luego afirma que “sin la ley vivía” antes de su verdadera conversión (Romanos 7:9)? En ese tiempo que Saulo “sin la ley vivía” era porque para Saulo el pecado era únicamente el acto consumado, y como Saulo se abstenía de los actos, por lo tanto no se consideraba pecador… se consideraba “irreprensible.”

Comentario Bíblico 7ª pg. 297/2/4 – “Pablo dice ‘en cuanto a la ley’—en lo que respecta a actos externos—era ‘irreprensible’; pero cuando discernió el carácter espiritual de la ley, cuando se miró en el santo espejo, se vio a sí mismo pecador. Juzgado por una norma humana, se había abstenido de pecado; pero cuando miró dentro de las profundidades de la ley de Dios, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, se inclinó humildemente y confesó su culpa. No se apartó del espejo ni se olvidó qué clase de hombre era, sino que experimentó verdadero arrepentimiento ante Dios y tuvo fe en nuestro Señor Jesucristo. Fue lavado, fue limpiado. Dice: ‘Tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.’

“El pecado entonces apareció en su verdadero horror, y desapareció su amor propio. Se volvió humilde. Ya no se atribuyó más bondad y mérito a sí mismo. Dejó de tener más alto concepto de sí mismo que el que debía tener, y atribuyó toda la gloria a Dios. No tuvo más ambición de grandezas. Dejó de desear venganza, y no fue más sensible al reproche, al desdén o al desprecio. No buscó más la unión con el mundo, posición social u honores. No derribó a otros para ensalzarse él. Se volvió manso, condescendiente, dócil y humilde de corazón, porque había aprendido su lección en la escuela de Cristo. Hablaba de Jesús y su amor incomparable, y crecía más y más a su imagen. Dedicaba todas sus energías a ganar almas para Cristo. Cuando le sobrevenían pruebas debido a su abnegada labor por las almas, se inclinaba en oración y aumentaba su amor por ellas. Su vida estaba escondida con Cristo en Dios, y amaba a Jesús con todo el ardor de su alma. Amaba a cada iglesia; se interesaba en cada miembro de iglesia, pues consideraba que cada alma había sido comprada con la sangre de Cristo.”

Romanos 12:3 – “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.”

Únicamente después que Pablo comprendió que la Ley condenaba más allá de los actos, dejó de considerarse perfecto.

“fui también asido por Cristo Jesús”

¿Qué demanda Dios Padre y la Ley para que el hombre sea aceptado o justificado?

  • Obediencia perfecta y perpetua (Romanos 2:13)
  • Una naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16)

Cuando el apóstol Pablo entendió que la Ley demanda una naturaleza sin mancha de pecado, que pecado no es sólo el acto consumado sino que la Ley condena igualmente los actos, las miradas, las intenciones y el estado de ser, entonces dijo:

“El pecado revivió y yo morí” (Romanos 7:9)

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Timoteo 1:15-17)

Cuando Pablo comprendió las demandas de la Ley de Dios se vio recién a sí mismo bajo condenación y se reconoció pecador. Pablo, luego de su verdadera conversión, confesa que es pecador y reconoce que es imperfecto.

¿Qué entendió el apóstol Pablo acerca de la perfección luego de su conversión?

Colosenses 1:28 – “A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.”

Pablo, luego de su verdadera conversión, comprendió que EN CRISTO el tenía la perfección que demanda Dios Padre y la Ley. Pablo entendió que en virtud de esa perfección ajena—la de Cristo—el hombre puede ser declarado PERFECTO en el Santuario Celestial.

Pablo también entendió que el Espíritu Santo era dado como resultado de la justificación para que pueda crear en el verdadero creyente:

  1. Gálatas 5:22-23
  2. Hebreos 8:10

Y Pablo comprendió que si el hombre colabora con el trabajo del Espíritu Santo, entonces el Espíritu Santo puede subyugar la incapacidad para amar y la naturaleza pecaminosa del creyente.

“extendiéndome a lo que está delante”

¿Qué era aquello que estaba delante de Pablo?

La meta.

“prosigo a la meta”

“Proseguir a la meta” implica acción, implica no quedarnos de brazos cruzados en el campo de la santificación. Pablo anhelaba alcanzar una meta: la perfección – un carácter semejante al de Cristo.

“olvidando ciertamente lo que queda atrás”

Olvidando la fase cuando Pablo se consideraba perfecto guardador de la Ley y no se veía a sí mismo mundano y pecador.

En la meta está el premio:

“al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”

El premio es la perfección—una perfección que Pablo no esperaba alcanzar antes del Juicio. Una perfección que Pablo esperaba alcanzar únicamente en ocasión de la Segunda Venida de Cristo, tal y como escribe en 1 Corintios 15:51-56. Desde entonces HASTA aquel evento de la Segunda Venida, el apóstol Pablo no se quedaba cruzado de brazos sino que “prosigo a la meta” esforzándose por desarrollar esa perfección, aprendiendo a luchar contra nosotros mismos, contra el pecado y los malos hábitos.

¿Cuándo se alcanza la perfección en nosotros mismos?

En ocasión de la Segunda Venida de Cristo:

Filipenses 3:20-21 – “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

TM pg. 506.1 – “Así como el rocío y la lluvia caen al principio para que la semilla germine, y luego para que la cosecha madure, se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus etapas el proceso del crecimiento espiritual. La maduración del grano representa la terminación de la obra de la gracia de Dios en el alma. Mediante el poder del Espíritu Santo se ha de perfeccionar en el carácter la imagen moral de Dios. Debemos ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.

La lluvia tardía que madura la cosecha de la tierra representa la gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

TM pg. 509.1 – “Al buscar a Dios para que nos conceda el Espíritu Santo, él producirá en nosotros mansedumbre, humildad de mente, y una consciente dependencia de Dios con respecto a la lluvia tardía que trae perfección.”

La lluvia temprana nos es concedida para que podamos desarrollar Gálatas 5:22-23 y Hebreos 8:10—para que aprendamos a obedecer voluntariamente.

Y como ya hemos estudiado en Hechos 3:19 – la lluvia tardía trae madurez y perfección en el contexto de preferir la muerte antes de quebrantar un punto de la ley de Dios. Es perfección en cuanto a la OBEDIENCIA. Pero la lluvia tardía NO ERRADICA la naturaleza pecaminosa, ni la mundanalidad, ni el egoísmo. No se trata de una perfección para salir aprobados en el Juicio en nosotros mismos. No se trata de la perfección que esperaba Pablo en Filipenses 3, la cual esperaba que recién le sería otorgada en ocasión de la Segunda Venida de Cristo.

HAp pg. 259/3 (253.1) – “Pablo sabía que su lucha contra el mal no terminaría mientras durara la vida. Siempre comprendía la necesidad de vigilarse severamente, para que los deseos terrenales no se sobrepusieran al celo espiritual. Con todo su poder continuaba luchando contra las inclinaciones naturales. Siempre mantenía ante sí el ideal que debía alcanzarse, y luchaba por alcanzar ese ideal mediante la obediencia voluntaria a la ley de Dios. Sus palabras, sus prácticas, sus pasiones: todo lo sometía al dominio del Espíritu de Dios.”

HAp pg. 156/2 (154.2) – “Antes de su conversión, Pablo se había considerado, ‘cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible’ (Filipenses 3:6). Pero desde que cambiara de corazón, había adquirido un claro concepto de la misión del Salvador como Redentor de toda la especie, gentiles tanto como judíos, y había aprendido la diferencia entre una fe viva y un muerto formalismo. A la luz del Evangelio, los antiguos ritos y ceremonias confiados a Israel habían adquirido un nuevo y más profundo significado. Las cosas prefiguradas por ellos se habían producido, y los que vivían bajo la dispensación evangélica habían sido relevados de su observancia. Sin embargo, Pablo todavía guardaba tanto en el espíritu como en la letra, la inalterable ley divina de los diez mandamientos.”

Antes de su verdadera conversión, Saulo de Tarso guardaba la Ley como mérito para ir al cielo y ser aceptado en sí mismo—gracias a su supuesta obediencia y “perfección”. Luego de su conversión, Pablo siguió guardando los Diez Mandamientos, pero ahora como una preparación para ir a vivir en el cielo, y como un resultado de estar siendo justificado en virtud de los méritos de Cristo y la perfección de Cristo.

La obediencia forzada, a la vista de Dios, no es obediencia. La obediencia para “pasar el Juicio” no es aceptable ante los ojos, así el hombre se crea “irreprensible” como Saulo de Tarso.

Filipenses 3:8 – “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.”

Todo lo que Saulo de Tarso vivió antes de Hechos capítulo 9 “olvidando ciertamente lo que queda atrás”, toda su justicia propia “lo tengo por estiércol” – Pablo convertido tenía toda suficiencia propia como basura, en comparación a la justicia perfecta de Cristo.

Conclusión

  • La demanda de Dios para otorgarnos al Espíritu Santo como Agente Regenerador es Hechos 5:32—obediencia perfecta y perpetua a la Ley.
  • Para que el hombre sea justificado, la Ley demanda obediencia perfecta y perpetua (Romanos 2:13) y una naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).
  • Todo ser humano descendiente de Adán, en sí mismo, no tiene capacidad natural para amar (Juan 5:42) y aborrece la Ley de Dios (Jeremías 6:10,19).

FO pg. 121.3 – “Era imposible que el pecador guardara la ley de Dios, que era santa, justa y buena; pero esta imposibilidad fue eliminada por la imputación de la justicia de Cristo al alma arrepentida y creyente. La vida y muerte de Cristo en beneficio del hombre pecador tuvieron el propósito de restaurarlo al favor de Dios, impartiéndole la justicia que satisfaría los requerimientos de la ley y hallaría aceptación ante el Padre.”

Mirando dentro de nosotros mismos no hay manera de satisfacer ninguna de las demandas de la Ley. Sólo podemos confiar por la fe en lo que Cristo dijo:

Juan 7:38-39 – “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Cristo nos demanda CREER en:

  1. Su obediencia perfecta que desarrolló en esta tierra como Hombre, como toda suficiente para nuestra justificación.
  2. Su promesa de concedernos al Agente Regenerador como resultado de la justificación (Juan 14:16).
  3. Su trabajo como Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial (Hebreos 8:2), donde el creyente es aceptado, perdonado y se le concede el bautismo diario del Espíritu Santo.

Del ritual simbólico aprendemos que no puede haber lluvia temprana sin trabajo de Sacerdote y sin Santuario. Cristo tiene que presentar su obediencia perfecta para que seamos aceptados y para que podamos recibir la lluvia temprana como resultado de estar siendo justificados en Cristo. En el Santuario Celestial se toma la decisión de que el Espíritu Santo pase de visitante a habitante en el verdadero creyente.

Cuando Cristo cumple su promesa de Juan 14:16 de rogar para que nos sea concedido el otro Consolador, nos es dado Efesios 1:13-14—las arras o lluvia temprana—para que el Espíritu Santo pueda crear en nosotros lo que no tenemos:

  1. Gálatas 5:22-23
  2. Hebreos 8:10

Como resultado, combinando el esfuerzo humano con el poder divino, en nosotros se desarrolla la justicia de la ley de Romanos 8:4 o la vestidura blanca de Apocalipsis 3:18; 19:8.

¿Para qué necesitamos los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23?

1 Juan 4:7 – “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.”

PVGM pg. 29/5 – “El amor debe ser el principio que impulse a obrar. El amor es el principio fundamental del gobierno de Dios en los cielos y en la tierra, y debe ser el fundamento del carácter del cristiano. Sólo este elemento puede hacer estable al cristiano. Sólo esto puede habilitarlo para resistir la prueba y la tentación.”

¿Aceptamos que somos seres desequilibrados? ¿Aceptamos que el hombre Adán se volvió en un ser desequilibrado el momento de caer en el pecado? ¿Aceptamos que no tenemos capacidad para amar? ¿Aceptamos que el amor no es un sentimiento sino un principio de origen divino?

Necesitamos al Espíritu Santo como habitante para volver a ser equilibrados y para poder resistir la prueba y la tentación diariamente. De lo contrario vamos a volver a ser presa fácil del pecado, no vamos a pasar las pruebas diarias y volveremos a caer en las redes de Satanás.

El primer paso es reconocer que soy un ser desequilibrado, que soy hijo de Satanás, y que no tengo capacidad para amar. Por lo tanto, no puedo yo sólo resistir la prueba y la tentación. Este principio de origen celestial—el amor—sólo puede ser implantado por el Espíritu Santo, y sólo si en el cielo estamos siendo aceptados en virtud de la justicia perfecta de Cristo.

HAp pg. 398/4 (385.1) – “El que desea adquirir un carácter fuerte y armónico, el que desea ser un cristiano equilibrado, debe dar todo y hacer todo por Cristo; porque el Redentor no aceptará un servicio a medias. Diariamente debe aprender el significado de la entrega propia. Debe estudiar la Palabra de Dios, aprendiendo su significado y obedeciendo sus preceptos. Así puede alcanzar la norma de la excelencia cristiana: día tras día Dios trabaja con él, perfeccionando el carácter que resistirá el tiempo de la prueba final; y día tras día el creyente está efectuando ante hombres y ángeles un experimento sublime, el cual demuestra lo que el Evangelio puede hacer en favor de los seres humanos caídos.”

¿Para qué necesitamos al Espíritu Santo, primero bajo la forma de lluvia temprana?

Para crear condiciones que nos habiliten para aprender a obedecer y desarrollar un carácter semejante al de Cristo. Debemos perfeccionar ese nuevo carácter que pueda resistir “el tiempo de la prueba final,” y la prueba final es el Juicio de Vivos. El tiempo de la prueba llegará cuando se decrete la Ley Dominical. Necesitamos desarrollar un carácter tal, que cuando llegue el decreto dominical pueda pasar la prueba final.

SSJ pg. 368.2 – “Sólo llegando a ser participantes de la naturaleza divina puede cumplirse la ley de Dios en los seres humanos.”

“debe dar todo y hacer todo por Cristo”

Hoy debemos darlo todo a Cristo. El mañana no existe.

SSJ pg. 368.6 – “La misma nobleza del mundo considerará un honor ir al cielo en la compañía de quienes sean lo suficientemente humildes como para aprender, y ángeles de Dios cooperarán con los que son obreros juntamente con Dios. Necesitamos tener hambre y sed de justicia, para que podamos tener a Cristo en nosotros como un pozo de agua que salta para vida eterna.”

Proverbios 23:26 – “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.”

Pero, ¿podemos darlo todo a Cristo naturalmente, o es necesaria una obra sobrenatural?

“Amad a Dios por sobre todas las cosas”, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, “Sed santos, porque yo soy santo”… todas estas son ordenes. Pero que Dios nos demande algo, no implica que tengamos la capacidad para satisfacer sus santas demandas.

Como acostumbramos leer la Biblia con ojos legalistas, creemos que naturalmente tenemos capacidad para darle a Dios nuestro corazón, ser santos y amarle. Sin embargo, Proverbios 23:26 es una orden, y no tenemos capacidad para cumplir esa orden. Necesitamos de un poder sobrenatural que obre en nuestro interior.

PVGM pg. 123/3 – “Ninguna ceremonia exterior puede reemplazar a la fe sencilla y a la entera renuncia al yo. Pero ningún hombre puede despojarse del yo por sí mismo. Sólo podemos consentir que Cristo haga esta obra. Entonces el lenguaje del alma será: Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, mantenlo puro, porque yo no puedo mantenerlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y desemejante a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma.

No sólo al comienzo de la vida cristiana ha de hacerse esta renuncia al yo. Ha de renovársela a cada paso que se dé hacia el cielo. Todas nuestras buenas obras dependen de un poder que está fuera de nosotros. Por lo tanto, debe haber un continuo anhelo del corazón en pos de Dios, y una continua y ferviente confesión de los pecados que quebrante el corazón y humille el alma delante de él. Únicamente podemos caminar con seguridad mediante una constante renuncia al yo y dependencia de Cristo.”

Todos los días necesitamos del trabajo permanente de Cristo en el Santuario Celestial y del Espíritu Santo habitando en nosotros aquí en la tierra.

El peligro permanente que el creyente debe afrontar hasta que se inicie el Juicio de Vivos es:

DTG pg. 626/1 – “Cristo prometió el don del Espíritu Santo a su iglesia, y la promesa nos pertenece a nosotros tanto como a los primeros discípulos. Pero como toda otra promesa, nos es dada bajo condiciones. Hay muchos que creen y profesan aferrarse a la promesa del Señor; hablan acerca de Cristo y acerca del Espíritu Santo, y sin embargo no reciben beneficio alguno. No entregan su alma para que sea guiada y regida por los agentes divinos. No podemos emplear al Espíritu Santo. El Espíritu ha de emplearnos a nosotros. Por el Espíritu obra Dios en su pueblo ‘así el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Filipenses 2:13). Pero muchos no quieren someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial. Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, se da el Espíritu. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás bendiciones en su estela. Se da según las riquezas de la gracia de Cristo, y él está listo para proporcionarla a toda alma según su capacidad para recibirla.”

Toda promesa de Dios “nos es dado bajo condiciones.”

La condición de Dios Padre es: obediencia perfecta y perpetua.

La condición de Cristo es: creer en él – creer que Cristo vivió vida de obediencia perfecta y perpetua que satisface las demandas del Padre y de la Ley, creer que es gracias a su trabajo de Sumo Sacerdote que se nos concede al Espíritu Santo, y creer que la decisión de que se nos conceda al Consolador se toma en el Santuario Celestial.

El Espíritu Santo debe crear lo que no tenemos (Gálatas 5:22-23) y subyugar lo que sí tenemos (Gálatas 5:19-21).

Cuando llegue el Juicio de Vivos, la demanda de la Ley seguirá siendo obediencia perfecta para aceptación final y para recibir la lluvia tardía (Hechos 5:32).

EN CRISTO (Hebreos 3:14)

Si en el principio hemos confiado en la justicia de Cristo para recibir la lluvia temprana, en el fin – el Juicio de Vivos – debemos retener la confianza en lo mismo – en la justicia de Cristo – para que nuestros nombres sean conservados en el Libro de la Vida. Cristo va a presentar su sangre derramada en la cruz para que los pecados perdonados y abandonados durante el Servicio Diario, sean borrados en el Juicio. Cristo va a presentar nuevamente su justicia perfecta para que como resultado del borramiento de pecados en el Juicio, nos sea concedida la lluvia tardía como un resultado.

El aceite de Joel 2:19 equivale a las arras de Efesios 1:13-14 (la lluvia temprana), en el Servicio Diario.

Joel 2:23 – “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.”

Pero Joel 2:26-27 nos lleva al Juicio de Vivos cuando se concede la lluvia tardía a los que salen aprobados.

¿Con qué propósito se concede la lluvia tardía a los que salen aprobados en el Juicio de Vivos?

Para que los verdaderos creyentes alcancen la perfección en cuanto a la obediencia y prefieran morir antes de quebrar un punto de la Ley, y para dar un poder adicional y los aprobados puedan dar el fuerte pregón, y así aquellos que nunca escucharon el triple mensaje angélico puedan tomar su decisión y entonces salir aprobados o reprobados en el Juicio de Vivos, y recibir la lluvia tardía si salen aprobados.

CS pg. 669/2 (596.2) – “Esta obra será semejante a la que se realizó en el día de Pentecostés. Como la ‘lluvia temprana’ fue dada en tiempo de la efusión del Espíritu Santo al principio del ministerio evangélico, para hacer crecer la preciosa semilla, así la ‘lluvia tardía’ será dada al final de dicho ministerio para hacer madurar la cosecha. ‘Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.’ ‘Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.’ ‘Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mí Espíritu sobre toda carne.’ ‘Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo’ (Oseas 6:3; Joel 2:23; Hechos 2:17, 21).

“La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio. Esos son los ‘tiempos de refrigerio’ en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: ‘Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hechos 3:19, 20).”

El otro propósito de la lluvia tardía es de preparar a los que salen aprobados en el Juicio de Vivos para la Segunda Venida de Cristo.

HAp pg. 45/2 (45.1) – “Pero acerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies ‘en la sazón tardía’ (Zacarías 10:1). En respuesta, ‘Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante.’ ‘Hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía’ (Joel 2:23).”

El Juicio de Vivos es la “estación tardía” de Zacarías 10:1. La lluvia tardía es un “poder adicional” o “fuerza adicional” porque primero se tuvo que haber recibido la lluvia temprana hasta que la temprana se encuentre con la tardía.

HAp pg. 495/3 (480.2) – “Si la iglesia estuviese dispuesta a vestirse con la justicia de Cristo, apartándose de toda obediencia al mundo, se presentaría ante ella el amanecer de un brillante y glorioso día. La promesa que Dios le hizo permanecerá firme para siempre. La hará una gloria eterna, un regocijo para muchas generaciones. La verdad, pasando por alto a los que la desprecian y rechazan, triunfará. Aunque a veces ha parecido sufrir retrasos, su progreso nunca ha sido detenido. Cuando el mensaje de Dios lucha con oposición, él le presta fuerza adicional, para que pueda ejercer mayor influencia. Dotado de energía divina, podrá abrirse camino a través de las barreras más fuertes, y triunfar sobre todo obstáculo.”

Si queremos prepararnos para el Juicio de Vivos, debemos apartarnos de aquellos que quieren alcanzar la perfección en sí mismos para pasar el Juicio. Todos los seres humanos fariseos por naturaleza desean alcanzar la perfección para pasar el Juicio sin necesidad de Cristo. Sin embargo, tal y como escribe la pluma inspirada:

“La verdad, pasando por alto a los que la desprecian y rechazan, triunfará.”

Los que rechazan la justicia de Cristo, y quieren recibir lluvia tardía para pasar el Juicio, están rechazando y despreciando la Palabra de Dios y específicamente la justicia de Cristo. Pero, por mucho que desprecien la justicia de Cristo y echen por tierra su Ministerio Sacerdotal Celestial, la verdad triunfará.

¿Qué otro propósito tiene lluvia tardía?

En el hombre hay memoria del pecado – Jeremías 17:1. Así el creyente reciba lluvia temprana, igual sigue acordándose de sus pecados. Pero cuando los pecados de la persona hayan sido borrados en el Santuario Celestial, esa decisión que fue tomada en el cielo será, comunicada aquí en la tierra y la lluvia tardía borrará la memoria del pecado del que salió aprobado en el Juicio de Vivos (Ezequiel 18:22).

CS pg. 678/0 (677/4 | 605.1) – “Si Jacob no se hubiese arrepentido previamente del pecado que cometió al adueñarse fraudulentamente del derecho de primogenitura, Dios no habría escuchado su oración ni le hubiese salvado la vida misericordiosamente. Así, en el tiempo de angustia, si el pueblo de Dios conservase pecados aún inconfesos cuando lo atormenten el temor y la angustia, sería aniquilado; la desesperación acabaría con su fe y no podría tener confianza para rogar a Dios que le librase. Pero por muy profundo que sea el sentimiento que tiene de su indignidad, no tiene culpas escondidas que revelar. Sus pecados han sido examinados y borrados en el juicio; y no puede recordarlos.”

  • Tanto la lluvia temprana como la tardía es un resultado del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo o Sacerdocio.
  • La lluvia temprana sólo es concedida a los verdaderos creyentes que aceptan la amonestación del Testigo Fiel.
  • El Espíritu Santo trabaja con todo ser humano como visitante, pero sólo en los que están siendo justificados por la fe como habitante.

Salmos 8:4 – “Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?”

Si el hombre resiste al Espíritu Santo como visitante, al no aceptar su total incapacidad para amar, y que odia la Ley de Dios, no puede tener al Espíritu Santo como Habitante. Para que el Espíritu de verdad pase de su fase como visitante a su fase de habitante, el hombre tiene que aceptar que en vez de amar a Dios, le odia.

El peligro que corre toda persona que rechace el consejo y la amonestación del Testigo Fiel es que el espíritu inmundo regreso con otros siete peores y entonces el hombre se convierta en habitación de demonios:

Mateo 12:44-45 – “Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.”

Apocalipsis 18:2 – “Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.”

El hombre Adán tenía al Creador como su Dios antes de caer en pecado. Pero cuando Adán pecó se buscó otro dios: 2 Corintios 4:4 – el dios de este mundo. Nosotros, descendientes de ese Adán, tenemos ese mismo dios. Debemos anhelar ser liberados de ese dios y pedir a Dios que nos de capacidad para aceptar a Cristo como nuestro Señor y nuestro Dios: ese es un trabajo del Espíritu Santo tanto como visitante y también como habitante, pues el conocimiento de Dios se desarrolla en el creyente de manera gradual y progresiva. Tanto como visitante y habitante nos convence de pecado y nos va mostrando más y más luz a medida que vamos aceptando la luz que nos ha dado. Pero si en algún momento rechazamos alguna luz, pues entonces no podemos recibir más luz, y ya no puede haber más progreso, sino retroceso en la vida espiritual.

PVGM pg. 340/2 – “Las más tristes de todas las palabras jamás escuchadas por oídos mortales son las que constituyen la sentencia: ‘No os conozco’. El compañerismo del Espíritu, que vosotros habéis despreciado, es lo único que podría identificaros con la gozosa multitud en la fiesta nupcial. No podéis participar en esa escena. Su luz caería sobre ojos cegados, su melodía en oídos sordos. Su amor y su gozo no haría vibrar ninguna cuerda de alegría en el corazón entumecido por el mundo. Sois excluidos del cielo por vuestra propia falta de idoneidad para habitar en él.”

 

Amén. Que Dios los bendiga.

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