El Pecado de Muerte

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1 Juan 5:16 – “Si alguno ve que su hermano comete pecado que no es de muerte, pedirá, y se le dará vida; digo, a los que no pecan de muerte. Hay pecado de muerte, acerca del cual no digo que se pida.”

¿Cómo se comete el pecado de muerte?

DTG pg. 291.2 – “Nadie se endurece tanto como aquellos que han despreciado la invitación de la misericordia y mostrado aversión al Espíritu de gracia. La manifestación más común del pecado contra el Espíritu Santo consiste en despreciar persistentemente la invitación del Cielo a arrepentirse. Cada paso dado hacia el rechazamiento de Cristo, es un paso hacia el rechazamiento de la salvación y hacia el pecado contra el Espíritu Santo.”

El pecado imperdonable

Mateo 12:31 – “Por esto os digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.”

¿Cómo rechazamos a Cristo?

Es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado:

Juan 16:8 – “Cuando él venga (Espíritu Santo), convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

El Espíritu Santo nos convence de pecado por medio de la Ley y de la Palabra:

Romanos 3:20 – “Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.”

Romanos 7:7 – “yo no habría conocido el pecado sino por medio de la ley.”

1 Juan 3:4 – “Todo aquel que comete pecado también infringe la ley, pues el pecado es infracción de la ley.”

¿Y qué dice la Palabra?

Apocalipsis 3:17 – “Ya que tú dices: ‘Soy rico; me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad,’ y no sabes que tú eres desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo.”

¿Cómo es que el hombre se declara “rico”?

DMJ pg. 23.2 – “El corazón del hombre es por naturaleza frío, sombrío y sin amor. Siempre que alguien manifieste un espíritu de misericordia o de perdón, no se debe a un impulso propio, sino al influjo del Espíritu divino que lo conmueve. ‘Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero’ (1 Juan 4:19).”

La Palabra de Dios nos dice que el hombre, por naturaleza, no tiene capacidad para amar, no ama a Dios, no ama su santa Ley y no tiene misericordia. El hombre que se cree “rico” es el hombre que cree que el hombre si tiene capacidad natural de amar.

El hombre confunde amor con pasión. Pero si el hombre tuviera capacidad para amar, si de verdad naturalmente amara a Dios, entonces no cometería ningún pecado y no necesitaría de la justicia/obediencia perfecta de Cristo.

Romanos 13:10 – “El amor no hace mal a su prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley.”

Romanos 1:29 – “Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención. Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, crueles y sin misericordia.”

Salmo 58:3 – “Los impíos se alienaron desde la matriz; se descarriaron desde el vientre, hablando mentira.”

Isaías 48:8 – “…desde el vientre se te ha llamado rebelde.”

Dios Padre requiere obediencia perfecta del hombre para que el hombre pueda ser aceptado/justificado (Romanos 2:13). El hecho de que el hombre, por naturaleza, no tiene capacidad para amar, significa de que el hombre necesita de un substituto que pueda satisfacer esta demanda. Y ese substituto es Cristo Jesús.

El trabajo del Espíritu Santo es:

  1. De convencernos de que, en realidad, no tenemos capacidad para amar y convencernos de pecado;
  2. Después de convencernos de pecado y de nuestra incapacidad para amar, su trabajo es de presentarnos a Cristo.

Escrito está en Juan 16:

  1. :13 – “Y cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; pues no hablará por sí solo, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que han de venir.”
  2. :14 – “El me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo hará saber.”

CC pg. 91.3 – “El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador. Está encargado de presentar a Cristo, la pureza de su justicia y la gran salvación que obtenemos por El. El Señor Jesús dijo: El Espíritu ‘tomará de lo mío, y os lo anunciará’ (Juan 16:14). El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina. ¡Cuánto no estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el maestro y guía del hombre!”

El Espíritu Santo nos hace comprender que Cristo vino a la tierra a vivir una vida de obediencia perfecta a la Ley de Dios por nosotros (por ti y por mi) y ahora Cristo, como Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, debe presentar esa justicia perfecta a Aquel que lo demanda.

Juan 5:42 – “Yo os conozco que no tenéis el amor de Dios en vosotros.”

Si Juan 5:42 no fuera cierto, según Romanos 13:10, yo por mí mismo podría cumplir Romanos 2:13 y no necesitaría de Cristo.

Si el hombre tuviera capacidad para amar, entonces nunca mentiría, nunca tendría malos pensamientos, dedicaría todo su tiempo al servicio de Dios y a evangelizar, nunca cometería ni un solo pecado.

Cristo es nuestra solución al problema de nuestra incapacidad de amar, nuestra incapacidad de obedecer perfectamente la Ley.

El Espíritu Santo nos presenta la solución por medio de la Palabra.

Juan 17:19 – “Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.”

Cristo se santifico a sí mismo, no porque Él lo necesitaba, sino porque todos nosotros lo necesitamos. La santificación es la obediencia a la Ley de Dios. Jesús obedeció perfectamente a la Ley para todos nosotros.

Es importante notar que si bien somos justificados por fe en una justicia ajena a nosotros – la de Cristo, el Espíritu Santo nos es dado para que también en nosotros se desarrolle esa obediencia a la ley – la justicia de la ley.

1 Juan 3:9 – “Todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede seguir pecando, porque ha nacido de Dios.”

1MS pg. 463.3 – “Toda alma puede decir: ‘Mediante su perfecta obediencia, Cristo ha satisfecho las demandas de la ley y mi única esperanza radica en acudir a él como mi sustituto y garantía, el que obedeció la ley perfectamente por mí. Por fe en sus méritos, estoy libre de la condenación de la ley. Me reviste con su justicia, que responde a todas las demandas de la ley. Estoy completo en Aquel que produce justicia eterna. El me presenta a Dios con la vestimenta inmaculada en la cual no hay una hebra que fue entretejida por instrumento humano alguno. Todo es de Cristo y toda la gloria, el honor y la majestad han de darse al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.”

1MS pg. 464.1 – “Hemos de decir: ‘Cristo murió para salvarme. El deseo del Señor es que sea salvado, e iré a Jesús sin demora, tal como soy. Me aventuraré a aceptar su promesa. Cuando Cristo me atraiga, responderé.’ El apóstol dice: ‘Con el corazón se cree para justicia’ (Romanos 10:10). Nadie puede creer con el corazón para justicia y obtener así la justificación por la fe mientras continúe en la práctica de aquellas cosas que prohíbe la Palabra de Dios, o mientras descuide cualquier deber conocido.”

Santiago 2:20-21, 26 – “Tú crees que Dios es uno. Bien haces. También los demonios creen y tiemblan. Pero, ¿quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? Porque tal como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.”

1 MS pg. 464.2 – “La fe genuina se manifestará en buenas obras, pues las buenas obras son frutos de la fe. Cuando Dios actúa en el corazón y el hombre entrega su voluntad a Dios y coopera con Dios, efectúa en la vida lo que Dios realiza mediante el Espíritu y hay armonía entre el propósito del corazón y la práctica de la vida. Debe renunciarse a cada pecado como a lo aborrecible que crucificó al Señor de la vida y de la gloria, y el creyente debe tener una experiencia progresiva al hacer continuamente las obras de Cristo. La bendición de la justificación se retiene mediante la entrega continua de la voluntad y la obediencia continua.”

Es el Espíritu Santo quien nos hace ver que Dios Padre tiene misericordia y por ello declara al pecador como obediente, aunque el pecador en sí mismo no es verdaderamente obediente.

El Espíritu Santo nos hace ver nuestra maldad para que veamos la necesidad de un Salvador – de Cristo; no nos hace ver nuestra maldad para que nos deprimamos o nos sintamos “bajoneados.”

Si yo pretendo presentarme a Dios Padre por mí mismo, entonces lo que escucharé serán las palabras:

Mateo 7:23 – “Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!”

La única manera para que yo me pueda acercar a Dios Padre es por medio de Cristo, para que no se vea mi desnudez, mi incredulidad, mi incapacidad para amar y mi total incapacidad para obedecer su Ley.

Si no queremos aceptar nuestra incapacidad de amar, estamos resistiendo al trabajo del Espíritu Santo, estamos cometiendo el único pecado imperdonable – el pecado de muerte.

Amén. Que Dios los bendiga.

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