De Lucifer a Satanás

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“Hijo del hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho el Señor Jehová: Tú echas el sello a la proporción, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste. Toda vestidura; el sardio, topacio, diamante, crisólito, ónique, y berilo, el zafiro, carbunclo, y esmeralda, y oro, los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron apercibidos para ti en el día de tu creación.

Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se hallo en ti maldad.

(Ezequiel 28:12-15)

Comentario Bíblico 7ª, pg. 171 – “El primer pecador fue uno a quien Dios había ensalzado grandemente. Es representado bajo la figura del príncipe de Tiro, floreciente en poder y magnificencia. Poco a poco Satanás fue complaciendo el deseo de ensalzamiento propio.

Las Escrituras dicen: ‘Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor.’ ‘Tú que decías en tu corazón: … En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo.’ Aunque toda su gloria provenía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como algo propio.

No contento con su posición, aunque era honrado por encima de la hueste celestial, se atrevió a codiciar un homenaje que sólo corresponde al Creador. En vez de procurar que Dios fuera supremo en el afecto y en la lealtad de todos los seres creados, procuró conseguir para sí mismo ese servicio y esa lealtad. Y al codiciar la gloria que el Padre infinito ha conferido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba a un poder que sólo correspondía a Cristo.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 172 – “La rebelión de Satanás habría de ser una lección para el universo a través de todos los siglos venideros, un testimonio perpetuo de la naturaleza y de los terribles resultados del pecado. La actuación del gobierno de Satanás, sus efectos tanto sobre los hombres como sobre los ángeles, demostrarían cuál es el inevitable fruto de desechar la autoridad divina.

Testificarían que el bienestar de todas las criaturas que Dios ha hecho depende de la existencia del gobierno divino y de su ley. De modo que la historia de este terrible ensayo de rebelión habría de ser una salvaguardia perpetua para todos los seres santos inteligentes, para impedir que fueran engañados en cuanto a la naturaleza de la transgresión, para librarlos de cometer pecados y sufrir su castigo.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 172 – “Hay una gran rebelión en el universo terrenal. ¿No hay un gran caudillo de esa rebelión? ¿No es, acaso, Satanás, la vida y el alma de todas las variedades de rebelión que él mismo ha instigado? ¿No es él el primer gran apóstata que se apartó de Dios? Existe una rebelión. Lucifer renunció a su lealtad y está en guerra contra el gobierno divino. Se le ha confiado a Cristo el sofocar la rebelión.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 172 – “Pido a nuestro pueblo que estudie el capítulo 28 de Ezequiel. Lo que allí se representa se refiere principalmente a Lucifer, el ángel caído, y sin embargo tiene un significado más amplio. No se describe a un ser sino a un movimiento general, un movimiento del que seremos testigos.

Un fiel estudio de este capítulo debería inducir a los que están buscando la verdad a que caminen en toda la luz que Dios ha dado a su pueblo para que no sean entrampados por los engaños de estos últimos días.”

“Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tu tierra, tú que debilitabas las gentes.” (Isaías 15:12)

Lucifer: Rey de Tiro, Lucero, Hijo de la mañana

Lucifer fue creado por Cristo, a Su semejanza, y originalmente no había ninguna mancha en él. Fue creado perfecto y originalmente respetaba la ley, y era un seguidor de Cristo.

  • Ser creado
  • Semejante a su Creador
  • Seguía a Cristo

Lucifer fue creado con:

1. Dones naturales o facultades

  • Facultades mentales
  • Facultad del habla
  • Facultades físicas
  • Facultad moral
  • Facultad de comer
  • Facultada de la voluntad

Dios concedió los dones naturales o facultades a Lucifer, para que Lucifer emplee estos dones para la gloria de su Creador.

2. Dones espirituales o sobrenaturales – Templo del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23)

Los dones espirituales le fueron concedidos a Lucifer con dos propósitos:

  1. Para que sea un administrador, con mansedumbre y devoción a Dios.
  2. Para promover la gloria de Dios.

VAAn pg. 35.0 (34.4) – “Aunque Dios había creado a Lucifer noble y hermoso, y le había dado un alto honor entre la hueste angélica, no lo había colocado fuera de la posibilidad del mal. Estaba dentro de las posibilidades de Satanás elegir hacer el mal y pervertir sus dones. Podría haber permanecido en el favor de Dios, amado y honrado por la multitud angélica. Dentro de su exaltada posición, podría haber presidido con espíritu generoso y altruista, y haber utilizado sus nobles poderes para bendecir a otros y glorificar a su Hacedor.

Pero poco a poco, comenzó a buscar su propio honor y emplear sus poderes para atraer la atención y la alabanza hacia sí mismo. Gradualmente llevó a los ángeles que estaban a su cargo a servirlo a él, en lugar de dedicar toda su energía a servir a su Creador.”

VAAn pg. 34.3 – “Hubo un tiempo cuando Satanás estaba en armonía con Dios y se gozaba en ejecutar los divinos mandatos. Su corazón estaba lleno de amor y gozo al servir a su Creador, hasta que comenzó a pensar que su sabiduría no provenía de Dios, sino que era inherente a sí mismo; que él era tan digno como Dios de recibir el honor y el poder.”

“comenzó a pensar que su sabiduría no provenía de Dios” – Lucifer comenzó a pensar que no fue el Hijo de Dios quien le dio esas facultades, sino que sus facultades eran inherentes de él. Entonces, en lugar de promover la gloria de Dios, comenzó a promover su propia gloria y a atraer a sí mismo la atención de los demás seres creados:

“poco a poco, comenzó a buscar su propio honor…”

En otras palabras: en Lucifer empieza a desarrollarse el egoísmo.

“Gradualmente llevó a los ángeles que estaban a su cargo a servirlo a él…” – Era el deber de Lucifer promover la gloria de Dios, sin embargo empezó a buscar que los ángeles le sirvan a él, en lugar de servir a Dios.

PP pg. 13.2 – “Poco a poco Lucifer llegó a albergar el deseo de ensalzarse. Las Escrituras dicen: ‘Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor’ (Ezequiel 18:17). ‘Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo […], junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, […] y seré semejante al Altísimo’ (Isaías 14:13).”

Lucifer empezó a albergar el deseo de ser Dios. En Lucifer empieza a desarrollarse la codicia.

PP pg. 13.2 – “Aunque toda su gloria procedía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como perteneciente a sí mismo. Descontento con el puesto que ocupaba, a pesar de ser el ángel que recibía más honores entre las huestes celestiales, se aventuró a codiciar el homenaje que solo debe darse al Creador.

En vez de procurar el ensalzamiento de Dios como supremo en el afecto y la lealtad de todos los seres creados, trató de obtener para sí mismo el servicio y la lealtad de ellos. Y codiciando la gloria con que el Padre infinito había investido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba al poder que únicamente pertenecía a Cristo.”

Cuando Lucifer empieza a ensalzarse a sí mismo en lugar de ensalzar a Dios, empieza a fomentar la deslealtad en los demás ángeles para que éstos sean desleales a Dios y sean mas bien leales a él.

En Lucifer empieza a desarrollarse la envidia y los celos.

HR pg. 13.1 – “En el cielo, antes de su rebelión, Lucifer era un ángel honrado y excelso, cuyo honor seguía al del amado Hijo de Dios. Su semblante, así como el de los demás ángeles, era apacible y denotaba felicidad. Su frente alta y espaciosa indicaba su poderosa inteligencia. Su forma era perfecta; su porte noble y majestuoso. Una luz especial resplandecía sobre su rostro y brillaba a su alrededor con más fulgor y hermosura que en los demás ángeles.

Sin embargo, Cristo, el amado Hijo de Dios, tenía la preeminencia sobre todas las huestes angélicas. Era uno con el Padre antes que los ángeles fueran creados. Lucifer tuvo envidia de él y gradualmente asumió la autoridad que le correspondía sólo a Cristo.”

En Lucifer empieza a desarrollarse el odio.

HR pg. 14.1 – “Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo. No obstante, cuando todos los ángeles se inclinaron ante él para reconocer su supremacía, gran autoridad y derecho de gobernar, se inclinó con ellos, pero su corazón estaba lleno de envidia y odio.

Cristo formaba parte del consejo especial de Dios para considerar sus planes, mientras Lucifer los desconocía. No comprendía, ni se le permitía conocer los propósitos de Dios. En cambio Cristo era reconocido como Soberano del Cielo, con poder y autoridad iguales a los de Dios.

Lucifer creyó que él era favorito en el cielo entre los ángeles. Había sido sumamente exaltado, pero eso no despertó en él ni gratitud ni alabanzas a su Creador. Aspiraba llegar a la altura de Dios mismo. Se glorificaba en su propia exaltación. Sabía que los ángeles lo honraban. Tenía una misión especial que cumplir.

Había estado cerca del gran Creador y los persistentes rayos de la gloriosa luz que rodeaban al Dios eterno habían resplandecido especialmente sobre él. Pensó en cómo los ángeles habían obedecido sus órdenes con placentera celeridad. ¿No eran sus vestiduras brillantes y hermosas? ¿Por qué había que honrar a Cristo más que a él?”

En Lucifer empezó a desarrollarse entonces también el descontento.

HR pg. 14.2 – “Salió de la presencia del Padre descontento y lleno de envidia contra Jesucristo. Congregó a las huestes angélicas, disimulando sus verdaderos propósitos, y les presentó su tema, que era él mismo.”

La envidia

2JT pg. 19.1 – “La envidia no es simplemente una perversión del carácter, sino un disturbio que trastorna todas las facultades. Empezó con Satanás. El deseaba ser el primero en el cielo, y, porque no podía tener todo el poder y la gloria que buscaba, se rebeló contra el gobierno de Dios. Envidió a nuestros primeros padres, y los indujo a pecar, y así los arruinó a ellos y a toda la familia humana.

El hombre envidioso cierra los ojos para no ver las buenas cualidades y nobles acciones de los demás. Está siempre listo para despreciar y representar falsamente lo excelente. Con frecuencia los hombres confiesan y abandona otras faltas; pero poco puede esperarse del envidioso.

Puesto que el envidiar a una persona es admitir que ella es superior, el orgullo no permitirá ninguna concesión. Si se hace un esfuerzo para convencer de su pecado a la persona envidiosa, se exacerba aún más contra el objeto de su pasión, y con demasiada frecuencia permanece incurable.

El envidioso difunde veneno dondequiera que vaya, enajenando amigos, y levantando odio y rebelión contra Dios y los hombres. Trata de que se le considere el mejor y el mayor, no mediante esfuerzos heroicos y abnegados para alcanzar el blanco de la excelencia él mismo, sino permaneciendo donde está, y disminuyendo el mérito de los esfuerzos ajenos.

 

El comienzo de la rebelión

Como Lucifer, a causa de su envidia y odio a Cristo, empezó a desarrollar el descontento, empezó así su tarea de generar el descontento y el odio entre los demás ángeles.

HR pg. 14.2 – “Salió de la presencia del Padre descontento y lleno de envidia contra Jesucristo. Congregó a las huestes angélicas, disimulando sus verdaderos propósitos, y les presentó su tema, que era él mismo. Como quien ha sido agraviado, se refirió a la presencia que Dios había manifestado hacia Jesús postergándolo a él. Les dijo que de allí en adelante toda la dulce libertad de que habían disfrutado los ángeles llegaría a su fin.

¿Acaso no se les había puesto un gobernador, a quien de allí en adelante debían tributar honor servil? Les declaró que él los había congregado para asegurarles que no soportaría más esa invasión de sus derechos y los de ellos: que nunca más se inclinaría ante Cristo; que tomaría para sí la honra que debiera habérsele conferido, y sería el caudillo de todos los que estuvieran dispuestos a seguirlo y a obedecer su voz.”

VAAn pg. 38.3 – “Lucifer ganó la simpatía de algunos de sus compañeros sugiriéndoles pensamientos de crítica hacia el gobierno de Dios. Esa mala semilla fue esparcida de una manera sumamente seductora; y después de que brotó y se arraigó en la mente de muchos, recogió las ideas que él mismo había sembrado primero en la mente de otros, y las presentó ante las cortes más excelsas de ángeles como los pensamientos de otras mentes contra el gobierno de Dios.”

Lucifer sembró las semillas de la DUDA y de la INCREDULIDAD en los otros ángeles, para incitar así a la enemistad contra Cristo.

Luego, cuando estas semillas que él mismo plantó en los demás, empezaron a brotar, Lucifer las presentó como los pensamientos y las ideas y las quejas de los otros ángeles contra el gobierno de Dios, en lugar de dar la cara y presentarlas como ideas originalmente suyas.

VAAn pg. 40.2 – “Satanás se quejó de los supuestos defectos en el manejo de los asuntos celestiales, y buscó llenar la mente de los ángeles con su insatisfacción. Debido a que no tenía la supremacía, sembró semillas de duda e incredulidad. A causa de que no podía ser como Dios, se esforzó en instilar en la mente de los ángeles, su propia envidia y descontento. Así fueron sembradas las semillas de la enemistad, para después ser presentadas como provenientes de los ángeles, y no de él mismo. De esta manera el engañador podía mostrar que los demás ángeles pensaban como él…”

Es así, que el siguiente paso en la rebelión de Lucifer fue de ir en contra de Cristo a ir en contra de la Ley. Y frente a todo esto, Dios Padre va a tomar una decisión.

PP 15.1 – “Abandonando su lugar en la inmediata presencia del Padre, Lucifer salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles. Trabajó con misteriosa reserva, y por algún tiempo ocultó sus verdaderos propósitos bajo una aparente reverencia hacia Dios.

Comenzó insinuando dudas acerca de las leyes que gobernaban a los seres celestiales, sugiriendo que aunque las leyes fueran necesarias para los habitantes de los mundos, los ángeles, siendo más elevados, no necesitaban semejantes restricciones, porque su propia sabiduría bastaba para guiarlos. Ellos no eran seres que pudieran acarrear deshonra a Dios; todos sus pensamientos eran santos; y errar era tan imposible para ellos como para el mismo Dios.

La exaltación del Hijo de Dios como igual al Padre fue presentada como una injusticia cometida contra Lucifer, quien, según se alegaba, tenía también derecho a recibir reverencia y honra. Si este príncipe de los ángeles pudiera alcanzar su verdadera y elevada posición, ello redundaría en grandes beneficios para toda la hueste celestial; pues su objeto era asegurar la libertad de todos.

Pero ahora aun la libertad que habían gozado hasta ese entonces concluía, pues se les había nombrado un gobernante absoluto, y todos ellos tenían que prestar obediencia a su autoridad.

Estos fueron los sutiles engaños que por medio de las astucias de Lucifer cundían rápidamente por los atrios celestiales.”

El momento decisivo

PP pg. 17.1 – “Con gran misericordia, según su divino carácter, Dios soportó por mucho tiempo a Lucifer.”

Después de que Lucifer tuviera la oportunidad de sembrar las semillas del mal, que se desarrollaran primeramente en él, en los demás ángeles, Dios le va a mostrar su error y sus faltas para darle así oportunidad a Lucifer a que se arrepienta y cambie. Es entonces que Lucifer va a tener la oportunidad de pararse ante toda la hueste celestial y de confesar su error ante todos. Pero su decisión final fue otra.

PP pg. 17.2 – “Lucifer quedó convencido de que se hallaba en el error. Vio que ‘justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras’ (Salmos 145:17), que los estatutos divinos son justos, y que debía reconocerlos como tales ante todo el cielo.

De haberlo hecho, podría haberse salvado a sí mismo y a muchos ángeles. Todavía no había desechado completamente la lealtad a Dios. Aunque había abandonado su puesto de querubín protector, si hubiera querido volver a Dios, reconociendo la sabiduría del Creador y conformándose con ocupar el lugar que se le asignó en el gran plan de Dios, habría sido restablecido a su puesto.”

PP pg. 17.3 – “Había llegado el momento de tomar una decisión final; él debía someterse completamente a la divina soberanía o colocarse en abierta rebelión. Casi decidió volver sobre sus paso, pero el orgullo no se lo permitió. Era un sacrificio demasiado grande para quien había sido honrado tan altamente el tener que confesar que había errado, que sus ideas y propósitos eran falsos, y someterse a la autoridad que había estado presentando como injusta.”

Cuando Lucifer estuvo frente a una decisión final: obediencia o rebelión a Dios, estuvo a punto de volver a la obediencia. Pero sin embargo, el orgullo no se lo permitió.

PP pg. 17.4 – “Un Creador compasivo, deseoso de manifestar piedad hacia Lucifer y sus seguidores, procuró hacerlos retroceder del abismo de la ruina al cual estaban a punto de lanzarse. Pero su misericordia fue mal interpretada. Lucifer señaló la longanimidad de Dios como una prueba evidente de su propia superioridad sobre él, como una indicación de que el Rey del universo aún accedería a sus exigencias.

Si los ángeles se mantenían firmes de su parte, dijo, aún podrían conseguir todo lo que deseaban. Defendió persistentemente su conducta, y se dedicó de lleno al gran conflicto contra su Creador.

Así fue como Lucifer, el ‘portaluz,’ el que compartía la gloria de Dios, el ministro de su trono, mediante la transgresión, se convirtió en Satanás el ‘adversario’ de Dios y de los seres santos, y el destructor de aquellos que el Señor había encomendado a su dirección y cuidado.”

Entonces el orgullo y los demás malos rasgos de Satanás se empiezan a manifestar en los demás ángeles que le siguen.

PP pg. 19.1 – “En lo que concernía a Satanás mismo, era cierto que ya había ido demasiado lejos en su rebelión para retroceder. Pero no ocurría lo mismo con aquellos que habían sido cegados por sus engaños. Para ellos el consejo y las súplicas de los ángeles leales abrían una puerta de esperanza; y si hubieran atendido la advertencia, podrían haber escapado del lazo de Satanás.

Pero permitieron que el orgullo, el amor a su jefe y el deseo de libertad ilimitada los dominasen por completo, y los ruegos del amor y la misericordia divinos fueron finalmente rechazados.”

En Satanás también se ve el origen de ese deseo de ser el centro de atención e influencia sobre todos los demás.

VAAn pg. 45.1 – “Satanás… estaba determinado a hacer de sí mismo el centro de influencia. Si no podía ser la más alta autoridad del cielo, sería la más alta autoridad en rebelión contra el gobierno del cielo. Llegaría a ser cabeza, para controlar y no ser controlado.”

El Señor enfrenta la rebelión

VAAn pg. 46.1 – “Se convocó a toda la hueste angélica para que compareciera ante el Padre, a fin de que cada caso quedase decidido. Satanás manifestó con osadía su descontento porque Cristo había sido preferido antes que él. Se puso de pie orgullosamente y sostuvo que debía ser igual a Dios y participar en los concilios con el Padre y comprender sus propósitos.

El Señor informó a Satanás que sólo revelaría sus secretos designios a su Hijo, y que requería que toda la familia celestial, incluido Satanás, le rindiera una obediencia absoluta e incuestionable; pero que él (Satanás) había demostrado que no merecía ocupar un lugar en el cielo.

Entonces el enemigo señaló con regocijo a sus simpatizantes, que eran cerca de la mitad de los ángeles, y exclamó ‘¡Ellos están conmigo! ¿Los expulsarás también y dejarás semejante vacío en el cielo?’ Declaró entonces que estaba preparado para hacer frente a la autoridad de Cristo y defender su lugar en el cielo por la fuerza de su poder, fuerza contra fuerza.”

Es entonces que, ante la decisión de Satanás de usar la fuerza, se desencadena la guerra en el cielo, en la que prevaleció Miguel (Cristo) y sus ángeles fieles.

Apocalipsis 12:7-9 – “Y fue hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fue más hallado en el cielo. Y fue lanzado fuera aquel dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.”

Lucifer, al convertirse en Satanás, había dejado de ser templo del Espíritu Santo. Sus facultades mentales quedaron depravadas y pervertidas, y todo esto fue resultado de su propia elección. Él escogió por sí mismo que aconteciera todo aquello.

Ezequiel 28:18 – “Con la multitud de tus maldades, y con la iniquidad de tu contratación ensuciaste tu santuario: yo pues saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y púsete en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.”

Mucha gente se pregunta, si Dios no creo la maldad, entones de dónde vino esa maldad que se formó en Lucifer? Si queremos hoy tener una respuesta a esa inquietud, la respuesta se encuentra en Deuteronomio 29:29.

El hombre caído tampoco es ya, por naturaleza, templo del Espíritu Santo. La diferencia con Satanás es que a él no llegó a entrar ningún otro espíritu, como le ocurre al hombre:

Mateo 12:43-45 – “Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Me volveré a mi casa de donde salí: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas; últimas del tal hombre que las primeras: así también acontecerá a esta generación mala.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 173.1 – “‘A causa de la multitud de tus contrataciones [‘por la amplitud de tu comercio’, BJ] fuiste lleno de iniquidad y pecaste… Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones [‘inmoralidad de tu comercio’, BJ], profanaste tu santuario.’ ‘Contratación’ es aquí símbolo de una administración corrupta. Señala la introducción del provecho propio en las prácticas espirituales. Nada es aceptable delante de Dios en el servicio espiritual, con excepción de los propósitos y obras que son para el bien del universo. Hacer el bien a otros redundará para la gloria de Dios.”

Dios puso a Lucifer como administrador de la hueste angélica, y Lucifer pasó a ser un administrador corrupto: utilizó todo lo que Dios le dio para su beneficio propio.

¿Qué lección podemos sacar de la caída de Lucifer?

Una de las muchas es que, si nosotros nos ensalzamos a nosotros mismos, entonces nos convertimos en administradores corruptos: utilizamos las facultades, el tiempo, el dinero, las habilidades, los dones, todo lo que Dios nos ha dado para beneficio propio en lugar del beneficio de los demás. Buscamos el honor propio en lugar de dar honor a Aquel que nos creó.

Incluso muchos profesos cristianos están ciegos en cuanto a este pecado y buscan llevar almas a sí mismos, en lugar de llevar almas a Cristo.

Fue la envidia a Cristo lo que motivó a Lucifer a levantarse contra su Creador y fue la envidia que tuvo del padre y la madre de la familia humana aquí en la tierra lo que lo llevó a tentar y hacer caer en maldición a nuestros primeros padres.

¿Por qué Dios no pudo hacer más por Satanás?

Comentario Bíblico 7ª, pg. 172 – “Satanás, el principal de los ángeles caídos, una vez ocupó una excelsa posición en el cielo. Seguía a Cristo en jerarquía. El conocimiento que tenía, como también los ángeles que cayeron con él, del carácter de Dios, de su bondad, su misericordia, sabiduría y excelsa gloria, hizo imperdonable su culpa.

No había esperanza posible de redención para los que habían sido testigos de la inefable gloria del cielo, disfrutado de ella, visto la terrible majestad de Dios, y se habían rebelado contra él a pesar de toda esa gloria.

No había nuevas y maravillosas manifestaciones del excelso poder de Dios que pudieran impresionarlos tan profundamente, como las que ya habían experimentado.

Si pudieron rebelarse en la misma presencia de la gloria inefable, no podían ser colocados en una condición más favorable para ser puestos a prueba.

No había disponible una fuerza de poder, ni mayores alturas y profundidades de gloria infinita para subyugar sus celosas dudas y sus murmuraciones de rebeldía.”

Satanás y los ángeles caídos cometieron el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo (Marcos 3:29). Después que fueran expulsados del cielo, ya no había más oportunidad de redención para ellos. Lucifer tuvo su oportunidad cuando comprendió su error y tuvo oportunidad de reconocerlo, pero, como estudiamos, el orgullo de su corazón prevaleció y así perdió su misericordiosa oportunidad.

 

El hombre fue creado con un propósito

HR pg. 19.2 – “El Padre consultó con el Hijo con respecto a la ejecución inmediata de su propósito de crear al hombre para que habitara la tierra.

Lo sometería a prueba para verificar su lealtad antes que se lo pudiera considerar eternamente fuera de peligro. Si soportaba la prueba a la cual Dios creía conveniente someterlo, con el tiempo llegaría a ser igual a los ángeles. Tendría el favor de Dios, podría conversar con ellos y éstos con él. Dios no creyó conveniente ponerlos fuera del alcance de la desobediencia.”

Luego de la expulsión de Satanás y sus ángeles del cielo, Dios Padre consultó con su Hijo amado para poner en ejecución el plan de crear al hombre. Este plan no fue trazado en aquel momento, sino que era un plan trazado desde antes, desde la eternidad.

Génesis 1:26 era un plan trazado desde la eternidad. Génesis 1:27 es la ejecución de ese plan, después de que Satanás y sus ángeles fueran expulsados del cielo.

Después de la ejecución del plan de Dios, Satanás también tuvo un propósito…

VAAn pg. 52.4 – “Tan pronto como Dios, a través de Jesucristo creó nuestro mundo y colocó a Adán y Eva en el jardín del Edén, Satanás anunció su propósito de conformar a los padres de la humanidad a su propia naturaleza.”

Y lamentablemente, Satanás logró su propósito…

DTG pg. 89.3 – “Después de inducir al hombre a pecar, Satanás reclamó la tierra como suya, y se llamó príncipe de este mundo.

Habiendo hecho conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de nuestra especie, pensó en establecer aquí su imperio. Declaró que el hombre le había elegido como soberano suyo. Mediante su dominio de los hombres, dominaba el mundo.”

Es por eso que los hombres utilizamos todo nuestro ser para el mal, para el pecado.

Romanos 6:19 – “Os hablo en términos humanos, a causa de la debilidad de vuestra carne. Porque así como presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad cada vez mayor, así presentad ahora vuestros miembros como esclavos a la justicia para la santidad.”

Lucifer vivía en la nueva Jerusalén, habitaba en la Corte Suprema de Justicia del Universo: El Santuario Celestial:

Ezequiel 28:14 – “Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado.”

Pero después de que fue desterrado de ese magnífico hogar, hizo de su hogar nuestro mundo caído y se consideró el nuevo representante de nuestro mundo:

Job 1:6 – “Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán. Y dijo Jehová a Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán a Jehová dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.”

Primer propósito

Comentario Bíblico 7ª, pg. 14 – “Para repoblar el cielo después de la prueba.—Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestial.

El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana, si hubiera demostrado obediencia a cada palabra divina.

Adán había de ser probado para ver si iba a ser obediente, como los ángeles leales, o desobediente. Si hubiera soportado la prueba, hubiera instruido a sus hijos tan solamente en un sendero de lealtad.

Su mente y sus pensamientos habrían sido como la mente y los pensamientos de Dios. Habría sido enseñado por Dios como su labranza y edificio. Su carácter habría sido modelado de acuerdo con el carácter de Dios.”

1.- Repoblar el cielo con la familia humana

El primer propósito de Dios era de repoblar el cielo con la familia humana. Satanás y la hueste de ángeles rebeldes había dejado un vacío en el cielo que Dios quiere llenar con la familia humana.

Pero la lealtad del hombre debía ser probada. Si el hombre pasaba la prueba de la lealtad entonces podría llegar a ser como los ángeles.

Dios dotó a Adán de lealtad, pues Adán fue hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26). Pero Adán debía desarrollar y probar esa lealtad. Dios proveyó de todo para Adán: le dio los dones espirituales (Gálatas 5:22-23), le dio tierra, trabajo, todo el sustento necesario; le dio un reino que debía estar sujeto al gobierno de Dios y de su Ley. Adán debía mantenerse leal al gobierno y a la ley de Dios, y debía enseñar a sus hijos esa lealtad.

PP pg. 25.3 (24.4) – “El hombre debía llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior, como en el carácter. Aunque únicamente Cristo es ‘la imagen’ del Padre (Hebreos 1:3); el hombre fue creado a semejanza de Dios. Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de mantenerse en perfecta obediencia a la voluntad del Padre.”

Dios, al probar la lealtad de Adán, estaba probando algo que le había dotado a Adán. Dios no estaba probando algo que no existía en Adán.

Dios quería que la descendencia de Adán llegara a ocupar el lugar de los ángeles caídos después de un determinado número.

El hombre, si pasaba la prueba, llegaría ser igual a los ángeles (ver también Mateo 22:30).

Si Adán hubiera pasado la prueba, ya no habría sido tentado nunca más y Dios hubiera ejecutado la muerte segunda sobre Satanás y sus ángeles rebeldes en ese mismo instante.

VAAn pg. 53.2 – “Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenadas por los redimidos del Señor.”

El segundo propósito

DTG pg. 537.0 (536.2) – “La amonestación que dio Jesús por medio de la higuera es para todos los tiempos. El acto de Cristo, al maldecir el árbol que con su propio poder había creado, se destaca como una amonestación a todas las iglesias y todos los cristianos.

Nadie puede vivir la ley de Dios sin servir a otros. Pero son muchos los que no viven la vida misericordiosa y abnegada de Cristo. Algunos de los que se creen excelentes cristianos no comprenden lo que es servir a Dios. Sus planes y sus estudios tienen por objeto agradarse a sí mismos. Obran solamente con referencia a sí mismos. El tiempo tiene para ellos valor únicamente en la medida en que les permite juntar para sí. Este es su objeto en todos los asuntos de la vida. No obran para otros, sino para sí mismos.

Dios los creó para vivir en un mundo donde debe cumplirse un servicio abnegado. Los destinó a ayudar a sus semejantes de toda manera posible. Pero el yo asume tan grandes proporciones que no pueden ver otra cosa. No están en contacto con la humanidad.

Los que así viven para sí son como la higuera que tenía mucha apariencia, pero no llevaba fruto. Observan la forma de culto, pero sin arrepentimiento ni fe. Profesan honrar la ley de Dios, pero les falta obediencia. Dicen, pero no hacen.

En la sentencia pronunciada sobre la higuera, Cristo demostró cuán abominable es a sus ojos esta vana pretensión. Declaró que el que peca abiertamente es menos culpable que el que profesa servir a Dios pero no lleva fruto para su gloria.”

2.- Servicio abnegado.-

Dios creó al hombre para que viva una vida de servicio abnegado, para ayudar a su prójimo de toda manera posible.

Dios no vive para sí mismo. Lucifer quería vivir para sí mismo. El hombre quiere vivir para sí mismo.

2JT pg. 254.1 – “¿No han sido eliminados de vuestra vida Cristo y su amor, hasta que una forma mecánica ha reemplazado el servicio del corazón? ¿Dónde está el ardor que sentía una vez vuestra alma al oír mencionar el nombre de Jesús? En la novedad de vuestra primera dedicación, ¡cuán ferviente era vuestro amor por las almas! ¡Con cuánto ardor tratabais de presentarles el amor del Salvador!

La ausencia de este amor os ha hecho fríos, críticos, exigentes. Tratad de reconquistarlo, y de trabajar luego para llevar almas a Cristo. Si os negáis a hacer eso, surgirán otros que tienen menos luz, experiencia y oportunidades, y os reemplazarán para hacer aquello que vosotros descuidasteis; porque la obra de salvar a los tentados, a los probados y a los que perecen, debe ser hecha.

Cristo ofrece el servicio de su iglesia; ¿quiénes lo aceptarán?”

 

Propósitos para apartar al hombre de Dios

Como hemos estudiado, Satanás fue movido por la envidia para hacer caer al hombre. Pero, además de ello, Satanás tenía dos propósitos para apartar al hombre de Dios.

HR pg. 28.1 – “Los seguidores de Satanás salieron a su encuentro, y él se levantó, asumiendo un aire arrogante, y les informó acerca de sus planes para apartar de Dios al noble Adán y a su compañera Eva.

Si de alguna manera podía inducirlos a desobedecer, Dios haría algo para perdonarlos; entonces él y todos los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir con ellos la misericordia de Dios.

Si eso fallaba, podrían unirse con Adán y Eva, pues una vez que hubieran transgredido la ley de Dios estarían sometidos a la ira divina lo mismo que ellos. Su transgresión también los pondría a ellos en un estado de rebelión, y podrían unirse con Adán y Eva para tomar posesión del Edén y establecer allí su morada. Y si lograban tener acceso al árbol de la vida que estaba en medio del jardín, su fortaleza sería, según ellos, igual a la de los ángeles santos, y ni Dios mismo podría expulsarlos de allí.”

Satanás conocía el carácter perfecto de Dios: justo y misericordioso al mismo tiempo (Salmos 116:5).

Entonces, como Dios es misericordioso, Satanás pensó un primer propósito:

1. Dios va a perdonarlos, por su misericordia

Satanás pensó en la misericordia de Dios y dedujo que Dios haría algo para perdonar al hombre. Entonces él y los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir esa misericordia. Esto era un buen motivo para causar la caída del hombre.

Pero Satanás también razonó que Dios es justo, y si no había perdón para el hombre, debido a la justicia, entonces habría un segundo propósito:

2. Satanás, los ángeles caídos, Adán y Eva se unirían en rebelión

Satanás razonó que si Dios no perdonaba a Adán y a Eva, entonces él induciría a Adán y a Eva a comer del fruto del árbol de la vida para hacerlos pecadores inmortales, y así todos juntos harían del Edén la capital del reino de Satanás.

¡Satanás reclamaría la tierra como suya!

Pero sin embargo, ninguno de estos dos propósitos le funcionaron a Satanás. Porque…

1. Dios va a perdonar al hombre, EN CRISTO

En el plan de Satanás, Adán iba a ser la causa del perdón en sí mismo. Sin embargo, en el plan de Dios, Cristo es la causa del perdón, de la justificación, de la aceptación.

2. Adán y Eva no pueden comer más del árbol de la vida

Satanás pensó que si, luego de caer en el pecado, el hombre comía del árbol de la vida se podría convertir en pecado inmortal.

Sin embargo, luego de la caída del hombre, Dios expulsó a Adán y Eva del Edén, y puso una “espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:22-24).

Satanás fracasó, pues ninguno de sus planes se llegó a concretar.

¿Si el hombre es perdonado EN CRISTO, por qué Satanás no puede ser perdonado EN CRISTO también?

Porque Satanás se levantó en el cielo EN CONTRA DE CRISTO, cómo podía ser perdonado EN CRISTO?

No había forma, Satanás y los ángeles caídos cometieron el pecado imperdonable.

La posición legal del hombre, después de la caída

Para que el hombre sea justificado/aceptado, la Ley demanda obediencia perfecta a la ley (Romanos 2:13).

Satanás y los ángeles odiaron a Cristo y cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, su naturaleza se conformó a la de Satanás. Por eso, el hombre, por naturaleza, odia a Dios y aborrece la ley (Jeremías 6:19).

1MS 254.1 – “Pero el corazón natural odia la ley de Dios y lucha contra su santas demandas.”

Si el hombre no quiere aceptar que, en lugar de amar a Dios, le odia, entonces no hay esperanza. Pues para que el hombre sea aceptado EN CRISTO, necesita aceptar de corazón su propia naturaleza.

Además de “obediencia perfecta” de Romanos 2:13, la ley demanda un carácter perfecto (Mateo 5:48). Pero la Palabra de Dios indica que nuestro carácter humano es todo lo opuesto a esa perfección (Romanos 1:29-31).

La ley demanda que seamos sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16). Pero la Biblia nos dice que somos engendrados con mancha de pecado (Salmos 51:5; Isaías 48:8).

La ley demanda una vida justa (Levítico 18:5; Lucas 10:28). Sin embargo las Escrituras nos dicen que “no hay justo, ni aún uno” (Romanos 3:10).

En base a todo esto, nuestra posición legal ante Dios es de: RECHAZADOS desde que somos engendrados. Es por eso que necesitamos un SUSTITUTO en la vida.

No satisfacemos ninguno de los requerimientos de la ley de Dios, necesitamos de ALGUIEN que si satisfaga esos requerimientos.

Es por esto que necesitamos ser justificados/aceptados EN CRISTO.

Además, por el pecado, nos encontramos BAJO CONDENACIÓN: La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23) y muerte segunda (Apocalipsis 21:8). Por ello necesitamos un GARANTE y SUSTITUTO EN LA MUERTE: Cristo.

La tercera posición legal del hombre es: SEPARADO DE DIOS, no tenemos acceso directo a Dios, por eso necesitamos un MEDIADOR: 1 Timoteo 2:5.

1MS pg. 367.1 – “Es natural que tengamos un concepto más elevado de nosotros mismos que el que debemos tener. Pero aunque nos es penoso conocernos a nosotros mismos como somos realmente, sin embargo debiéramos orar para que Dios nos revele a nosotros la forma en que él nos ve.”

Cristo trabaja en el Santuario Celestial diariamente (Hebreos 7:24) presentado su justicia perfecta a la ley (el incienso del ritual simbólico – Éxodo 30:7-8; Ezequiel 20:41) para que podamos ser aceptados por esa obediencia perfecta y perpetua a la ley. Y así como en el ritual simbólico, luego de quemar el incienso, el sacerdote terrenal derramaba aceite en las lámparas (Éxodo 27:20; Levítico 24:2-4), Cristo diariamente derrama sobre nosotros la lluvia temprana (Joel 2:23): al Espíritu Santo como agente regenerador (Zacarías 4:2-6).

Es por esto que la santificación es un resultado de la justificación.

En la justificación Dios declara justo al impío en base a una justicia ajena (la de Cristo). Pero Dios quiere que esa declaración que fue hecha en el cielo, en el Santuario Celestial, se empiece a convertir en una realidad aquí en la tierra. Es por eso que Cristo nos da al Consolador (Juan 16:7), para que crea un espíritu recto dentro nosotros (Salmos 51:10), para sembrar en nosotros los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

El Espíritu Santo no erradica nuestra naturaleza pecaminosa de Isaías 48:8, pero la va a subyugar; para que, en ocasión de la segunda venida de Cristo, esa naturaleza de pecado pueda ser final y completamente erradicada (1 Corintios 15:51-56).

El ser humano no tienen ninguna esperanza de presentarse ante Dios en sí mismo. El verdadero creyente confiesa su indignidad y pecaminosidad, el verdadero creyente nunca va a decir “ya soy santo.”

1 Timoteo 1:15 – “ Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”

Solo cuando esa naturaleza pecaminosa sea subyugada por el Espíritu Santo y llegué así subyugada a 1 Corintios 15:51-56, en ocasión de la segunda venida de Cristo será erradicada y entonces podremos presentarnos ante Dios cara a cara, pues seremos aceptables EN NOSOTROS MISMOS.

Pero, quienes rechacen la amonestación del Testigo Fiel, que nos dice que no tenemos capacidad para natural para amar, que no se congreguen al Santuario Celestial para ser aceptados y recibir la lluvia temprana, y no lleguen con esta pecaminosidad subyugada, entonces quedarán aquí en la tierra como estiércol (Jeremías 25:33).

 

Las plantas nocivas sembradas por Satanás

Comentario Bíblico 7ª, pg. 18 – “Ninguna planta nociva fue colocada en el gran huerto del Señor, pero después de que pecaron Adán y Eva brotaron hierbas venenosas.

En la parábola del sembrador, se le hizo una pregunta al Amo: ‘¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?’ El Amo contestó: ‘Un enemigo ha hecho esto.’

Todas las cizañas son sembradas por el maligno. Cada hierba nociva es siembra de él, y con sus métodos ingeniosos de amalgamación ha corrompido la tierra con cizañas.”

FO pg. 14.3 – “La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto, pero deben continuar desenterrando toda raíz de incredulidad.

Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta de alimento en palabra y acción. El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean plantadas en el terreno del corazón y se entronicen allí.”

La duda y la incredulidad son plantas venenosas que fueron sembradas en el hombre por Satanás. La envidia es otra de las muchas plantas venenosas sembradas por Satanás en los hombres.

Satanás lleva siglos estudiando las inclinaciones pecaminosas del hombre. Él sabe de qué pie cojeamos y nos ataca por donde sabe que flaqueamos.

Una vez nos hace caer en el pecado, está listo para ser el acusador ante Dios, pues es el “acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12:10). Satanás nos hace caer en su red y luego nos acusa.

2JT pg. 176.1 – “Su única esperanza se cifra en la misericordia de Dios; su única defensa será la oración. Como Josué intercedía delante del ángel, la iglesia remanente, con corazón quebrantado y fe ferviente, suplicará perdón y liberación por medio de Jesús su Abogado. Sus miembros serán completamente conscientes del carácter pecaminoso de sus vidas, verán su debilidad e indignidad, y mientras se miren a sí mismos, estarán por desesperar.

El tentador estará listo para acusarlos, como estaba listo para resistir a Josué. Señalará sus vestiduras sucias, su carácter deficiente. Presentará su debilidad e insensatez, su pecado de ingratitud, cuán poco semejantes a Cristo son, lo cual ha deshonrado a su Redentor. Se esforzará para espantar las almas con el pensamiento de que su caso es desesperado, de que nunca se podrá lavar la mancha de su contaminación. Esperará destruir de tal manera su fe que se entreguen a sus tentaciones, se desvíen de su fidelidad a Dios, y reciban la marca de la bestia.

Satanás insiste delante de Dios en sus acusaciones contra ellos, declara que por sus pecados han perdido derecho a la protección divina y reclama el derecho de destruirlos como transgresores. Los declara tan merecedores como él mismo de ser excluidos del favor de Dios.

‘Son éstos—dice—los que han de tomar mi lugar en el cielo, y el lugar de los ángeles que se unieron conmigo? Mientras profesan obedecer la ley de Dios, ¿han guardado sus preceptos? ¿No han sido amadores de sí mismos más que de Dios? ¿No han puesto sus propios intereses antes que su servicio? ¿No han amado las cosas del mundo? Mira los pecados que han señalado su vida. Contempla su egoísmo, su malicia, su odio mutuo.’

Los hijos de Dios han sido muy deficientes en muchos respectos. Satanás tiene un conocimiento exacto de los pecados que él los indujo a cometer, y los presenta de la manera más exagerada, declarando:

‘¿Me desterrará Dios a mí y a mis ángeles de su presencia, y, sin embargo, recompensará a aquellos que han sido culpables de los mismos pecados? Tú no puedes hacer esto, con justicia, oh Señor. Tu trono no subsistirá en rectitud y juicio. La justicia exige que se pronuncie sentencia contra ellos.’

Pero aunque los seguidores de Cristo han pecado, no se han entregado al dominio del mal. Han puesto a un lado sus pecados, han buscado al Señor con humildad y contrición y el Abogado divino intercede en su favor.

El que ha sido el más ultrajado por su ingratitud, el que conoce sus pecados y también su arrepentimiento, declara:

‘¡Jehová te reprenda, oh Satán! Yo di mi vida por estas almas. Están esculpidas en las palmas de mis manos’.”

VAAn pg. 291.2 – “Dios desea que se cumplan en nosotros los propósitos de su gracia. Por el poder de su amor y mediante la obediencia, el hombre caído, un gusano en el polvo, debe ser transformado y capacitado para ser miembro de la familia celestial, compañero de Dios, de Cristo y de los santos ángeles a través de las edades eternas.

El cielo triunfará, porque los lugares dejados vacantes por Satanás y su hueste serán ocupados por los redimidos del Señor.”

FO 107.2 – “Mediante la fe, el creyente pasa de la posición de un rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un leal súbdito de Jesucristo, no en virtud de una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como hijo suyo por adopción. El pecador recibe el perdón de sus pecados, porque estos son cargados por su Sustituto y Garante.”

 

Conclusión

Lucifer fue creado por Dios con dos propósitos:

  1. Ser Administrador con mansedumbre y devoción.
  2. Promover la gloria de Dios.

Sin embargo, Lucifer llegó a tener otros propósitos.

PP pg. 14.1 – “El propósito de este príncipe de los ángeles llegó a ser disputar la supremacía del Hijo de Dios, y así poner en tela de juicio la sabiduría y el amor del Creador.

Para lograr este fin estaba por consagrar las energías de aquella mente maestra, la cual, después de la de Cristo, era la principal entre las huestes de Dios.”

Lucifer quería ser el ser supremo, quería ser igual a Dios, quería que le rindan culto a él y que los ángeles sean leales a él.

En Lucifer apareció todo lo que era contrario a Dios. En lugar de ser un administrador con mansedumbre y devoción llegó a ser un administrador corrupto. En lugar de promover la gloria de Dios, se dedicó a promover su propia gloria.

Primero trabajó en el cielo con los ángeles sembrando en ellos lo que desarrolló en sí mismo: envidia, descontento, odio, ingratitud, codicia, celos, etc., plantó sus nocivas semillas de duda e incredulidad.

VAAn pg. 40.2 – “Satanás se quejó de los supuestos defectos en el manejo de los asuntos celestiales, y buscó llenar la mente de los ángeles con su insatisfacción. Debido a que no tenía la supremacía, sembró semillas de duda e incredulidad.

Una vez que esas semillas, que él mismo sembró, empezaron a brotar en los ángeles, hizo como si no hubiera sido él, sino los ángeles, los que estaban descontentos con el gobierno de Dios.

¿Por qué debemos entender este modus operandi de Satanás?

Porque es la misma operación que Satanás realiza en la tierra.

CS pg. 554.2 (490.2) – “El mismo espíritu que fomentara la rebelión en el cielo continúa inspirándole en la tierra. Satanás ha conseguido con los hombres la misma política que siguiera con los ángeles. Su espíritu impera ahora en los hijos de desobediencia. Como él, tratan estos de romper el freno de la ley de Dios, y prometen a los hombres la libertad mediante la transgresión de los preceptos de aquella.

La reprensión del pecado despierta aún en el espíritu de odio y resistencia. Cuando los mensajeros que Dios envía para amonestar toca la conciencia, Satanás induce a los hombres a que se justifiquen y a que busquen la simpatía de otros en su camino de pecado. En lugar de enmendar sus errores, despiertan la indignación contra el que los reprende, como si este fuera la única causa de dificultad.

Desde los días del justo Abel hasta los nuestros, tal ha sido el espíritu que se ha manifestado contra quienes osaron condenar el pecado.”

Debemos entender dónde y cómo se originó el mal, para poder entendernos a nosotros mismos, para entender por qué somos “hijos de desobediencia” (Efesios 2:2). Pero no nos agrada entender lo que verdaderamente somos.

Satanás no quiere que aceptemos lo que somos para que no tengamos necesidad de la justicia ni de la sangre, ni del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo.

¿Qué pasará si creemos que somos hijos de Dios y no “hijos de desobediencia”?

En la vida diaria podemos ver nuestra realidad. Si mentimos, con qué padre nos identificamos? Con el padre de la mentira (Juan 8:44).

Nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestra vida práctica nos demuestra que somos hijos de desobediencia, aunque esto no sea de nuestro agrado.

Si miento, soy hijo del diablo, pues es el padre de la mentira.

Si siento odio contra alguien, soy homicida (1 Juan 3:15), soy hijo del diablo, el que “era homicida desde el principio” (Juan 8:44).

Incluso cuando al estudiar estas verdades nos molesta, por qué nos molesta? Porque lastima nuestro ego y nuestro orgullos: características de Satanás. Fue el orgullo lo que impidió reconocer a Satanás que se había equivocado.

Ese mismo orgullo, Satanás lo sembró en los ángeles.

PP pg. 19.1 – “Pero permitieron que el orgullo, el amor a su jefe y el deseo de libertad ilimitada los dominasen por completo, y los ruegos del amor y la misericordia divinos fueron finalmente rechazados.”

Y Satanás lo sembró en nosotros. Es por eso que a los hombres nos cuesta admitir nuestros propios errores y pecados.

PVGM pg. 119.2 – “Hoy día el mal que provocó la caída de Pedro y que apartó al fariseo de la comunión con Dios, está ocasionando la ruina de millares. No hay nada que ofenda tanto a Dios, o que sea tan peligroso para el alma humana, como el orgullo y la suficiencia propia. De todos los pecados es el más desesperado, el más incurable.”

Pero el propósito original de Dios de crear al hombre, para repoblar el cielo con la familia humana, se llevará al cabo. Dios va a repoblar el cielo con los hombres que aprendan a obedecer voluntariamente a Dios, aquellos que hayan aceptado su verdadera condición y se hayan apropiado de los méritos del Redentor, aquellos que aceptaron las condiciones de Dios.

Cada descendiente de Adán que acepte el plan de salvación va a tomar el lugar de los ángeles caídos.

Satanás se levantó contra su Creador, y nosotros, al no aceptar que por naturaleza no somos hijos de Dios, nos colocamos en contra de Cristo al igual que el Enemigo. Y, ¿qué esperanza puede el hombre tener si está en contra de Cristo? Ninguna.

Satanás no trabajo de frente en su rebelión, sino por “debajo de la mesa” para hablar mal de la ley de Dios. Y esa continúa siendo su trabajo acá en la tierra.

Satanás quería ser el primero. Esta característica se ve en la descendencia de Adán, inclusive entre los discípulos de Cristo se manifestó esta característica satánica:

Cuando Santiago y Juan pidieron a Jesús sentarse a la izquierda y a la derecha del Señor (Marcos 10:35-40) cuando se establezca el reino. Sin embargo Jesús les reprendió diciendo:

“Cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; Y cualquiera de vosotros que quisiere ser el primero, será siervo de todos.” (Marcos 10:43-44)

¿Cuántos de nosotros queremos ser siervos de los demás?

DTG pg. 382.3 – “El Salvador no confió la obra del Evangelio a Pedro individualmente. En una ocasión ulterior, repitiendo las palabras que fueron dichas a Pedro, las aplicó directamente a la iglesia. Y lo mismo fue dicho en substancia también a los doce como representantes del cuerpo de creyentes.

Si Jesús hubiese delegado en uno de los discípulos alguna autoridad especial sobre los demás, no los encontraríamos contendiendo con tanta frecuencia acerca de quién sería el mayor. Se habrían sometido al deseo de su Maestro y habrían honrado a aquel a quien él hubiese elegido.

En vez de nombrar a uno como su cabeza, Cristo dijo a los discípulos: ‘No queráis ser llamados Rabbí’; ‘ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo’ (Mateo 23:8,10).

‘Cristo es la cabeza de todo varón’ (1 Corintios 11:3). Dios, quien puso todas las cosas bajo los pies del Salvador, ‘diolo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos’ (Efesios 1:22-23).

La iglesia está edificada sobre Cristo como su fundamento; ha de obedecer a Cristo como su cabeza. No debe depender del hombre, ni ser regida por el hombre.

Muchos sostienen que una posición de confianza en la iglesia les da autoridad para dictar lo que otros hombres deben creer y hacer. Dios no sanciona esta pretensión. El Salvador declara:

‘Todos vosotros sois hermanos’ (Mateo 23:8).

Todos están expuestos a la tentación y pueden errar. No podemos depender de ningún ser finito para ser guiados. La Roca de la fe es la presencia viva de Cristo en la iglesia. De ella puede depender el más débil, y los que se creen los más fuertes resultarán los más débiles, a menos que hagan de Cristo su eficiencia.

‘Maldito el varón que confía en el hombre, y pone su carne por su brazo’ (Jeremías 17:5). El Señor ‘es la Roca, cuya obra es perfecta’ (Deuteronomio 32:4). ‘Bienaventurados todos los que en él confían’ (Salmos 2:12).”

Todo hombre que quiere ser el primero, el que sobresale, el que rige sobre los demás, está tratando de usurpar el lugar que a Cristo corresponde: lo mismo que intentó hacer Lucifer en el cielo.

VAAn pg. 45.1 – “Satanás… estaba determinado a hacer de sí mismo el centro de influencia. Si no podía ser la más alta autoridad del cielo, sería la más alta autoridad en rebelión contra el gobierno del cielo. Llegaría a ser cabeza, para controlar y no ser controlado.”

Esta es una característica que el hombre revela desde muy temprana edad, se puede ver hasta en los niños pequeños la necesidad de llamar la atención y ser el centro de influencia.

Cuando manifestamos estas características, demostramos que tenemos la misma naturaleza de Satanás.

Todos estamos expuestos a tentación, a errar, a pecar, por lo tanto estamos en el mismo nivel; no somos superiores o inferiores a otros, todos estamos al mismo rango de hermanos.

¿Por qué la insistencia en conocer y aceptar nuestra verdadera naturaleza?

Porque, así como Satanás y los ángeles rebeldes cometieron el pecado imperdonable, el hombre también puede cometer el pecado imperdonable.

Mateo 12:31 – “Por esto os digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.”

¿Cómo se comete ese pecado imperdonable?

DTG pg. 292.0 (291.2) – “Nadie se endurece tanto como aquellos que han despreciado la invitación de la misericordia y mostrado aversión al Espíritu de gracia.

La manifestación más común del pecado contra el Espíritu Santo consiste en despreciar persistentemente la invitación del Cielo a arrepentirse.

Cada paso dado hacia el rechazamiento de Cristo, es un paso hacia el rechazamiento de la salvación y hacia el pecado contra el Espíritu Santo.

Al rechazar a Cristo, el pueblo judío cometió el pecado imperdonable, y desoyendo la invitación de la misericordia, podemos cometer el mismo error.”

¿Y cómo damos el primer paso al rechazamiento de Cristo?

Al no aceptar nuestra verdadera condición.

Es por esto que es necesario estudiar nuestra verdadera naturaleza y nuestra posición legal ante la Ley de Dios.

PVGM pg. 340.2 – “La más tristes de todas las palabras jamás escuchadas por oídos mortales son las que constituyen la sentencia: ‘No os conozco’ (Mateo 7:23).

El compañerismo del Espíritu, que vosotros habéis despreciado, es lo único que podría identificaros con la gozosa multitud en la fiesta nupcial. No podéis participar en esa escena. Su luz caería sobre ojos cegados, su melodía en oídos sordos. Su amor y su gozo no haría vibrar ninguna cuerda de alegría en el corazón entumecido por el mundo.

Sois excluidos del cielo por vuestra propia falta de idoneidad para habitar en él.”

Es el Espíritu Santo el que abre nuestros corazones para aceptar nuestra condición y nuestra naturaleza. Y es el Espíritu Santo el que nos lleva a la solución de nuestro problema: Cristo. Al mismo tiempo que el Espíritu Santo nos muestra nuestra enfermedad, nos lleva al remedio.

¿Y cómo nos habla Dios?

Dios nos habla por medio de la Biblia, por medio de su Palabra. La Biblia fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17), y es así que la Biblia nos habla de nuestra condición y a su vez nos lleva a Cristo.

Los hombres que llegan a reconocer que no tienen capacidad natural para amar en sí mismos, son los que más aprecian la justificación por la fe, son los que más aprecian la justicia perfecta de Cristo.

CS pg. 121.2 – “Lutero inició entonces resueltamente su obra como campeón de la verdad. Su voz se oyó desde el púlpito en solemne exhortación. Expuso al pueblo el carácter ofensivo del pecado y enseñóle que le es imposible al hombre reducir su culpabilidad o evitar el castigo por sus propias obras.

Solo el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo podían salvar al pecador. La gracia de Cristo no podía comprarse; era un don gratuito. Aconsejaba a sus oyentes que no comprasen indulgencias, sino que tuviesen fe en el Redentor crucificado.

Refería su dolorosa experiencia personal, diciéndoles que en vano había intentado por medio de la humillación y de las mortificaciones del cuerpo asegurar su salvación, y afirmaba que desde que había dejado de mirarse a sí mismo y había confiado en Cristo, había alcanzado paz y gozo para su corazón.”

CS pg. 518.2 (459.1) – “Nuestros más ilustres predicadores daban a sus discursos una amplitud majestuosa siguiendo el ejemplo del Maestro y recalcando la ley, sus preceptos y sus amenazas.

Repetían las dos grandes máximas de que la ley es fiel trasunto de las perfecciones divinas, y de que un hombre que no tiene amor a la ley no lo tiene tampoco al evangelio, pues la ley, tanto como el evangelio, es un espejo que refleja el verdadero carácter de Dios.

Este peligro arrastra a otro: el de desestimar la gravedad del pecado, su extensión y su horror. El grado de culpabilidad que acarrea la desobediencia a un mandamiento es proporcional al grado de justicia de ese mandamiento.”

¿Por qué es fundamental que el hombre comprenda que no tiene capacidad para amar?

Porque el amor bíblico es el cumplimiento de la ley, es un principio de origen celestial, no es un sentimiento ciego e irracional de origen terrenal.

MJ pg. 329.1 – “El amor verdadero es un principio elevado y santo, completamente diferente al amor despertado por el impulso y que muere de repente cuando es severamente probado.”

Romanos 13:10 – “El amos es el cumplimiento de la ley.”

El amor obedece la ley. Cristo tuvo capacidad para amar, por eso cumplió perfectamente la ley. Si comprendemos que no tenemos capacidad natural para amar, y que sin amor es imposible guardar la ley, entonces necesitaremos de Aquel que sí tuvo capacidad para amar y que sí cumplió la Ley por nosotros.

El escritor protestante Juan Bunyan afirmaba que a Satanás no le importa que se hable de Dios Padre y del Espíritu Santo, con tal que no se hable de Cristo. Y es que Cristo es nuestro SUSTITUTO en la vida, GARANTE y SUSTITUTO en la muerte, y nuestro SUMO SACERDOTE en el SANTUARIO CELESTIAL. Es nuestro ABOGADO, nuestro MEDIADOR ante Dios Padre y ante la Ley.

Además, si Cristo se presenta por nosotros ante el Padre y ante la Ley, nos enviará al Consolador, al Espíritu Santo como habitante, para siembre en nosotros las semillas de lo que no tenemos: amor, fe, lealtad, mansedumbre, paciencia, bondad, humildad, todos los frutos del Espíritu.

Es por la misericordia de Dios Padre que nos acepta EN CRISTO y POR CRISTO. Dios Padre acepta una justicia imputada: la de Cristo, en lugar de nuestra desobediencia. Pero si rechazamos la justicia de Cristo y queremos presentarnos con nuestras propias vestiduras sucias ante Dios Padre, entonces Dios Padre tendrá que hacer uso de su justicia y ejecutar sentencia sobre nosotros. La decisión es nuestra, nosotros decidimos la sentencia.

Que Dios los bendiga.

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