La Puerta de la Misericordia

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“Volvióles, pues, Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.”

(Juan 10:7, 9, 11)

La falsa puerta de la misericordia

El 13 de marzo del año 2015, el obispo de Roma anunció, en la Basílica de San Pedro, la celebración de un “Año Santo extraordinario”: el “Jubileo de la Misericordia.”

PapaAnunciaJubileo

Este Jubileo de la Misericordia comenzó oficialmente el 8 de diciembre de 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016.

El jubileo comenzó con la apertura de la “Puerta Santa” en la Basílica de San Pedro durante la “Solemnidad de la Inmaculada Concepción” el 8 de diciembre del 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016, en la “Solemnidad de Cristo Rey,” con el cierre de la “Puerta Santa” de la Basílica.

Previamente, el día 13 de Noviembre, se cerrarán todas las “puertas santas” en el mundo, excepto la de San Pedro. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jubileo_de_la_Misericordia

A continuación una parte del texto de la catequesis del papa Francisco, en ocasión de la apertura de las “puertas santas”:

El domingo pasado ha sido abierta la Puerta Santa de la Catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, y se ha abierto una Puerta de la Misericordia en la Catedral de cada diócesis del mundo, también en los Santuarios y en las Iglesias que los Obispos han dicho hacerlo. El Jubileo es en todo el mundo no solamente en Roma.”

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/texto-catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-puerta-santa-del-perdon-y-la-misericordia-76572/

En el primer día del año 2016, el obispo de Roma invocó a la virgen María, como “Madre de la Misericordia,” después de abrir la “Puerta Santa” en la Basílica vaticana de Santa María La Mayor.

En su homilía, Francisco resaltó que esta Puerta Santa es “una puerta de la Misericordia” porque “quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza de que tendrá a su lado la compañía de María”.

La madre del Hijo de Dios -explicó el obispo de Roma- se hace “peregrina con nosotros para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor”.

Además, el obispo de Roma destacó que María es Madre de Dios que perdona, “que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón”. La palabra «perdón» que es “poco comprendida por la mentalidad mundana, indica sin embargo el fruto propio y original de la fe cristiana. El que no sabe perdonar no ha conocido todavía la plenitud del amor. Y sólo quien ama de verdad es capaz de llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida”.

Por este motivo, -agregó el pontífice- “para nosotros, María se convierte en un icono de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden. La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni los saberes de este mundo con sus disquisiciones. El perdón de la Iglesia debe tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa”.

Al finalizar, el obispo de Roma invitó a atravesar esta Puerta Santa de la Misericordia “con la certeza de que la Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros” y concluyó: “dejémonos acompañar por ella para redescubrir la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos de par en par nuestro corazón a la alegría del perdón, conscientes de ver restituida la esperanza cierta, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios”.

Fuente: http://www.news.va/es/news/el-papa-francisco-abre-la-puerta-de-la-misericordi

Joseph Waggoner, pionero de la Iglesia Adventista, escribió que cuando el obispo de Roma declara un “Año de Jubileo,” entonces “los políticos y los reyes, los príncipes y gobernantes de las naciones, empezarán a enviar regalos, y esta es una señal de que el papado ha recuperado el poder político que había perdido.”

Fuente: http://www.recurso-adventista.com/2015/05/la-muerte-del-protestantismo-ano-de-jubileo.html

¿Y cuántos príncipes y líderes del mundo están respondiendo al llamado a reconocer el poder político de Roma durante este “año de la misericordia”?

Poco a poco, todos…

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En resumen, la iglesia católica, por medio del obispo de Roma, enseña que la puerta de una sinagoga es la “puerta de la misericordia.”

La parábola de los labradores malvados

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A partir de Mateo 21:33 tenemos la parábola del labrador y la viña. Esta era una parábola conocida para los judíos, pues de acuerdo a Isaías capítulo 5, ellos sabían que el pueblo judío era la viña. Pero en Mateo capítulo 21, Jesús presenta esta parábola en un nuevo marco.

En la parábola, cuando llegó el tiempo en que la viña diese sus frutos, el dueño de la viña envió a sus siervos para que recojan los frutos, pero los labradores de la viña los mataron.

Entonces el dueño de la viña envió aún más siervos para recoger los frutos, mas a éstos también mataron los labradores.

El dueño de la viña pensó entonces que los labradores malvados “tendrán respeto a mi hijo” (Mateo 21:37). Pero los labradores malvados mataron también a su hijo, reconociéndolo como el heredero de la viña.

Luego de narrar esto, nuestro Señor Jesús formula una pregunta a los judíos:

“Cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?” (Mateo 21:40)

Los judíos respondieron:

A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.” (Mateo 21:41)

Los judíos pronunciaron sentencia sobre sí mismos.

En Lucas capítulo 20 tenemos a Jesús narrando la misma parábola a los judíos, y después de que ellos formulan la misma sentencia agregan:

“¡Dios nos libre!” (Lucas 20:16)

Es decir, ellos entendieron que Jesús se refería a ellos como los labradores malvados de la viña.

Pero esta parábola no es una amonestación exclusiva para los judíos, es también una amonestación para todos nosotros.

DTG pg. 547.2 – “Jesús se dirigió a todos los presentes; pero los sacerdotes y gobernantes respondieron. ‘A los malos destruirá miserablemente—dijeron—y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos.’

Los que hablaban no habían percibido al principio la aplicación de la parábola, mas ahora vieron que habían pronunciado su propia condenación.

En la parábola, el señor de la viña representaba a Dios, la viña a la nación judía, el vallado la ley divina que la protegía. La torre era un símbolo del templo. El señor de la viña había hecho todo lo necesario para su prosperidad.

‘¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?’ (Isaías 5:4)

Así se representaba el infatigable cuidado de Dios por Israel. Y como los labradores debían devolver al dueño una debida proporción de los frutos de la viña, así el pueblo de Dios debía honrarle mediante una vida que correspondiese a sus sagrados privilegios.

Pero como los labradores habían matado a los siervos que el señor les envió en busca de fruto, así los judíos habían dado muerte a los profetas a quienes Dios les enviara para llamarlos al arrepentimiento. Mensajero tras mensajero había sido muerto (Zacarías, Isaías, etc.).

Hasta aquí la aplicación de la parábola no podía confundirse, y en lo que siguiera no sería menos evidente. En el amado hijo a quien el señor de la viña envió finalmente a sus desobedientes siervos, a quienes ellos habían prendido y matado, los sacerdotes y gobernantes vieron un cuadro claro de Jesús y su suerte inminente.

Ya estaban ellos maquinando la muerte de Aquel a quien el Padre les había enviado como último llamamiento. En la retribución infligida a los ingratos labradores, estaba pintada la sentencia de los que matarían a Cristo.”

Una primera retribución a los “labradores malvados” ocurrió en el año 70 d.C., cuando el emperador Vespasiano encargó a su hijo Tito la tarea de sitiar Jerusalén, posteriormente conquistarla, y destruir y saquear el templo o santuario terrenal.

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Pero la aplicación de esta retribución a los labradores malvados no concluyó en el año 70 d.C., sino que debe aplicarse aún hasta la tercera venida de Cristo después del milenio (Apocalipsis 20:3-15).

Después de que los judíos pronunciaron sentencia contra sí mismos, nuestro Señor Jesús ratificó la sentencia:

“Por tanto os digo, que el reino será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los frutos de él.” (Mateo 21:43)

Entonces, ¿qué pasará si nosotros no entregamos el fruto a su debido tiempo? ¿Qué pasará si nosotros, el profeso pueblo de Dios, no le honramos mediante una vida que corresponda a los sagrados privilegios que nos han sido otorgados?

Debe ocurrir la misma sentencia: los privilegios serán quitados de nosotros y serán dados a otra gente que sí de los frutos a su debido tiempo.

CS pg. 621.3 (553.3) – “Es cierto que hay verdaderos cristianos en la Iglesia Católica romana. En ella, millares de personas sirven a Dios según las mejores luces que tienen. Les es prohibido leer su Palabra, debido a lo cual no pueden discernir la verdad.

Nunca han visto el contraste que existe entre el culto o servicio vivo rendido con el corazón y una serie de meras formas y ceremonias. Dios mira con tierna misericordia a esas almas educadas en una fe engañosa e insuficiente.

Hará penetrar rayos de luz a través de las tinieblas que las rodean. Les revelará la verdad tal cual es en Jesús y muchos se unirán aún a su pueblo.”

En el tiempo del fuerte pregón o fuerte clamor, muchos hermanos de distintas denominaciones oirán el mensaje de salvación y se unirán a la proclamación del tercer mensaje angélico (Apocalipsis 14:6-12).

CS pg. 433.1 (380.1) – “Se dice que Babilonia es ‘madre de las rameras.’ Sus hijas deben simbolizar las iglesias que se atienen a sus doctrinas y tradiciones, y siguen su ejemplo sacrificando la verdad y la aprobación de Dios, para formar alianza ilícita con el mundo.

El mensaje de Apocalipsis 14, que anuncia la caída de Babilonia, debe aplicarse a comunidades religiosas que un tiempo fueron puras y luego se han corrompido.

En vista de que este mensaje sigue al aviso de juicio, debe ser proclamado en los últimos días, y no puede por consiguiente referirse solo a la iglesia romana, pues dicha iglesia está en condición caída desde hace muchos siglos.

Además, en el capítulo 18 del Apocalipsis se exhorta al pueblo de Dios a que salga de Babilonia. Según este pasaje de la Escritura, muchos del pueblo de Dios deben estar aún en Babilonia. ¿Y en qué comunidades religiosas se encuentra actualmente la mayoría de los discípulos de Cristo? Sin duda alguna, en las varias iglesias que profesan la fe protestante.

Al nacer, esas iglesias se decidieron noblemente por Dios y la verdad, y la bendición divina las acompañó. Aun el mundo incrédulo se vio obligado a reconocer los felices resultados de la aceptación de los principios del evangelio. Se les aplican las palabras del profeta a Israel:

‘Salió tu renombre entre las naciones, en atención a tu hermosura, la cual era perfecta, a causa de mis adornos, que yo había puesto sobre ti, dice Jehová el Señor.’ (Ezequiel 16:14)

Pero esas iglesias cayeron víctimas del mismo deseo que causó la maldición y la ruina de Israel: el deseo de imitar las prácticas de los impíos y de buscar su amistad.

‘Pusiste tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre’ (Ezequiel 16:15).

Muchas de las iglesias protestantes están siguiendo el ejemplo de Roma, y se unen inicuamente con los ‘reyes de la tierra.’ Así obran las iglesias del estado en sus relaciones con los gobiernos seculares, y otras denominaciones en su afán de captarse el favor del mundo.

Y la expresión ‘Babilonia’—confusión—puede aplicarse acertadamente a esas congregaciones que, aunque declaran todas que sus doctrinas derivan de la Biblia, están sin embargo divididas en un sinnúmero de sectas, con credos y teorías muy opuestos.”

Es decir, el pueblo de Dios está esparcido entre las distintas iglesias protestantes y en la misma iglesia católica. Pero eventualmente saldrán y se unirán al Israel moderno, pues tienen que ocupar el lugar de aquellos labradores malvados que se encuentran en el Israel moderno, los cuales no llevaron sus frutos a su debido tiempo.

3MS 441.3 – “Habrá muchos que saldrán de las filas del mundo, de las diferentes iglesias—aun de la Iglesia Católica—cuyo celo excederá en mucho al de los que han estado ahora en las filas para proclamar la verdad. Por esta razón los obreros de la hora undécima recibirán su denario. Estos verán la aproximación de la batalla y darán a la trompeta un sonido cierto.

Cuando la crisis esté sobre nosotros, cuando venga el tiempo de la calamidad, ellos avanzarán para ocupar la vanguardia, se ceñirán la armadura completa de Dios, y exaltarán su ley; se adherirán a la fe de Jesús, y sostendrán la causa de la libertad religiosa que los reformadores defendieron con arduo trabajo y por la cual sacrificaron sus vidas…”

3MS pg. 441.1 – “Dios tiene hijos, muchos de ellos en las iglesias protestantes, y un gran número en las iglesias católicas, que están más listos a obedecer la luz y hacer lo mejor que ellos saben, que una gran cantidad de adventistas que guardan el sábado, pero que no andan en la luz.

El Señor hará que el mensaje de luz sea proclamado, que los protestantes sean amonestados y despertados al verdadero estado de cosas, y a considerar el valor del privilegio de la libertad religiosa del cual han gozado por mucho tiempo.”

PR pg. 140.2 – “Entre los habitantes de la tierra, hay dispersos en todo país, quienes no han doblado rodilla ante Baal (dios sol / diablo). Como las estrellas del cielo, que sólo se ven de noche, estos fieles brillarán cuando las tinieblas cubran la tierra, y densa obscuridad los pueblos.

En la pagana África, en las tierras católicas de Europa y Sudamérica, en la China, en la India, en las islas del mar y en todos los rincones obscuros de la tierra, Dios tiene en reserva un firmamento de escogidos que brillarán en medio de las tinieblas para demostrar claramente a un mundo apóstata el poder transformador que tiene la obediencia a su ley.

Ahora mismo se están revelando en toda nación, entre toda lengua y pueblo; y en la hora de la más profunda apostasía, cuando se esté realizando el supremo esfuerzo de Satanás para que ‘todos, … pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos’ (Apocalipsis 13:16), reciban, so pena de muerte, la señal de lealtad a un falso día de reposo, estos fieles, ‘irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa,’ resplandecerán ‘como luminares en el mundo’ (Filipenses 2:15).

Cuanto más obscura sea la noche, mayor será el esplendor con que brillarán.”

 

La Verdadera Puerta de la Misericordia

Cristo es la única y verdadera puerta de la misericordia (Juan 10:7, 9).

VestidurasBlancasCristo
Cristo coloca sus vestiduras blancas sobre el pecador.

DTG pg. 443.2 – “Cristo es la puerta del redil de Dios. Por esta puerta todos sus hijos, desde los más remotos tiempos, han hallado entrada. En Jesús, como estaba presentado en los tipos, prefigurado en los símbolos, manifestado en la revelación de los profetas, revelado en las lecciones dadas a sus discípulos, y en los milagros obrados en favor de los hijos de los hombres, ellos han contemplado al ‘Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (Juan 1:29), y por él son introducidos en el redil de su gracia.

Se han presentado muchos otros objetos de fe en el mundo; se han ideado ceremonias y sistemas por los cuales los hombres esperan recibir justificación y paz para con Dios, y hallar así entrada en su redil.

Pero la única puerta es Cristo, y todos los que han interpuesto alguna otra cosa para que ocupe el lugar de Cristo, todos los que han procurado entrar en el redil de alguna otra manera, son ladrones y robadores (Juan 10:8).”

Solo por medio de Cristo podemos tener acceso al Padre.

Los hombres quieren hacernos creer que son los ritos y las ceremonias aquí en la tierra por medio de los cuales entramos al redil de Dios: bautismo, diezmo, ir a misa, ir a la iglesia, puertas de sinagogas, etc. Pero Dios no nos acepta por estas ceremonias y ritos. Solamente podemos ser aceptados en Cristo y por Cristo.

El bautismo y el diezmo, por ejemplo, son partes del deber del hombre, pero en el campo de la santificación, no en el campo de la justificación. Dios no nos acepta por nuestra obediencia, sino por la obediencia perfecta y perpetua de Cristo.

CS pg. 559.2 (495.2) – “Dios declara: ‘Enemistad pondré’ (Génesis 3:15). Esta enemistad no es fomentada de un modo natural. Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala y llegó a estar en armonía y no en divergencia con Satanás. No puede decirse que haya enemistad natural entre el hombre pecador y el autor del pecado.

Ambos se volvieron malos a consecuencia de la apostasía. El apóstata no descansa sino cuando obtiene simpatías y apoyo al inducir a otros a seguir su ejemplo. De aquí que los ángeles caídos y los hombres malos se unan en desesperado compañerismo.

Si Dios no se hubiese interpuesto especialmente, Satanás y el hombre se habrían aliado contra el cielo; y en lugar de albergar enemistad contra Satanás, toda la familia humana se habría unido en oposición contra Dios.”

Por naturaleza estamos en armonía con Satanás, entonces es imposible que seamos aceptados por nuestra obediencia.

“No hay quien busque a Dios” y “no hay quien haga lo bueno” (Romanos 3:11,12).

Es Dios quien nos busca a nosotros primeramente y es Dios quien, por medio del Espíritu Santo, nos lleva al arrepentimiento y nos lleva a responder su constante llamado. Dios debe sembrar en nosotros el amor verdadero, para que podamos aprender a amar.

“Nosotros amamos, porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19)

Y ese amor no es un sentimiento, como lo pinta el mundo, sino un principio: cumplir / obedecer la ley, pues el amor bíblico es: “el cumplimiento de la ley” (Romanos 13:10).

1MCP pg. 227.5 – “El amor no es irracional ni ciego. Es puro y santo. Pero la pasión del corazón natural es otra cosa completamente distinta.

Mientras que el amor puro considera a Dios en todos sus planes y se mantendrá en perfecta armonía con el Espíritu de Dios, la pasión se manifestará temeraria e irracional, desafiará todo freno y hará un ídolo del objeto de su elección.”

En el ritual simbólico, después de que el sacerdote terrenal quemaba incienso, debía entonces aumentar aceite a las lámparas (Levítico 24:2-4). El incienso era símbolo de la justicia de Cristo (Ezequiel 20:41) y el aceite símbolo del Espíritu Santo (Ezequiel 36:25-27).

Es decir, el ritual simbólico nos enseña que la santificación es un resultado de la justificación (Romanos 6:22).

Es por esto que después de que Cristo presenta su obediencia perfecta en el Santuario Celestial, y después de ser aceptados/justificados por su justicia, Cristo derrama sobre nosotros el Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana (Joel 2:23, 28-29).

Y es que es necesario que Cristo, después de rogar por nosotros, nos conceda al Consolador (Juan 14:16), para que pueda sembrar en nosotros los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y para que nosotros, uniendo nuestro esfuerzo humano al poder divino (Filipenses 2:13-14), podamos obedecer a Dios, podamos volver a estar en armonía con Dios y ya no en armonía con Satanás.

Entonces se cumple: “Nosotros amamos, porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19)

Dios, por misericordia y por su amor, acepta una obediencia que no es nuestra, es la de Cristo. El nos ama primero. Entonces, como resultado de haber sido justificados, nos concede al Espíritu Santo para que siembre en nosotros el amor verdadero y así nosotros podamos amar. Sin amor es imposible obedecer la ley y caminar el camino de la santificación verdadera. Entonces, nosotros amamos, porque Dios nos amó primero.

Hebreos 7:25 – “Por esto también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive para siempre para interceder por ellos.”

No existe ninguna otra manera de acercarse a Dios que no sea por medio de Cristo nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, que es la Corte Suprema de Justicia del universo.

En el ritual simbólico, el israelita sólo podía entrar al atrio del santuario, pero necesitaba de un mediador: necesitaba del sacerdote, quien era el único autorizado para poder ingresar al santuario con los medios: el incienso, la sangre, los panes (Números 17:13).

Así el ritual simbólico nos enseña que todos necesitamos un mediador para poder tener acceso a Dios. Y ese mediador no es ni la virgen María, ni ningún “santo católico”, ni ningún obispo, ni ninguna puerta aquí en la tierra. Únicamente Cristo es el mediador del Nuevo Pacto (Hebreos 9:15).

Cualquier persona que quiera poner otra “puerta de misericordia,” en reemplazo de Cristo, es un ladrón y robador que está traficando con la gracia de Dios (Juan 10:1, 8).

DTG pg. 443.3 – “Los fariseos no habían entrado por la puerta. Habían subido al corral por otro camino que no era Cristo, y no estaban realizando el trabajo del verdadero pastor.

Los sacerdotes y gobernantes, los escribas y fariseos destruían los pastos vivos y contaminaban los manantiales del agua de vida. Las fieles palabras de la Inspiración describen a esos falsos pastores:

‘No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia’ (Ezequiel 34:4).”

DTG pg. 444.1 – “Durante todos los siglos, los filósofos y maestros han estado presentando al mundo teorías para satisfacer la necesidad del alma.

Cada nación pagana ha tenido sus grandes maestros y sus sistemas religiosos que han ofrecido otros medios de redención que Cristo, han apartado los ojos de los hombres del rostro del Padre y han llenado los corazones de miedo a Aquel que les había dado solamente bendiciones.

Su obra tiende a despojar a Dios de aquello que le pertenece por la creación y redención. Y esos falsos maestros roban asimismo a los hombres.

Millones de seres humanos están sujetos a falsas religiones, en la esclavitud del miedo abyecto, de la indiferencia estólida, trabajando duramente como bestias de carga, despojados de esperanza o gozo o aspiración aquí, y dominados tan sólo por un sombrío temor de lo futuro.

Solamente el Evangelio de la gracia de Dios puede elevar el alma. La contemplación del amor de Dios manifestado en su Hijo conmoverá el corazón y despertará las facultades del alma como ninguna otra cosa puede hacerlo.

Cristo vino para crear de nuevo en el hombre la imagen de Dios; y cualquiera que aleje a los hombres de Cristo los aleja de la fuente del verdadero desarrollo; los despoja de la esperanza, el propósito y la gloria de la vida. Es ladrón y robador.”

No merecemos el amor de Dios, pues somos un diminuto mundo que está en completa rebelión contra su grandísimo Creador. Sin embargo, en su infinita misericordia, nuestro Creador proveyó un medio—a su Hijo amado (Juan 3:16)—para que en lugar de sufrir la muerte segunda podamos recibir la vida eterna (Apocalipsis 20:6).

Si nuestras finitas mentes humanas tuvieran la capacidad de discernir siquiera el 1% del significado de este incalculable acto de amor de Dios, viviríamos cada día buscando la forma de glorificar al Creador, en lugar de vivir cada día para satisfacer al Yo.

Toda promesa y toda amonestación de la Biblia se dirige personalmente a cada uno de nosotros

DTG pg. 355.1 – “En sus promesas y amonestaciones, Jesús se dirige a mí. Dios amó de tal manera al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que, creyendo en él, yo no perezca, sino tenga vida eterna.

Lo experimentado según se relata en la Palabra de Dios ha de ser lo que yo experimente. La oración y la promesa, el precepto y la amonestación, son para mí.

‘Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí’ (Gálatas 2:20).

A medida que la fe se recibe y se asimila así los principios de la verdad, vienen a ser parte del ser y la fuerza motriz de la vida. La Palabra de Dios, recibida en el alma, amolda los pensamientos y entra en el desarrollo del carácter.”

Cristo vino a esta tierra a vivir una vida de obediencia perfecta a la ley para que podamos ser aceptados por su justicia perfecta y perpetua. Después de vivir esa vida de justicia perfecta decidió ser el sacrificio por todos nosotros y así dar satisfacción a la demanda de “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23) y “muerte segunda” (Apocalipsis 20:8).

Luego de su muerte en la cruz, la muerte no pudo retenerlo porque en él no había pecado (Hechos 2:24) y es así que su humanidad, no su divinidad, resucitó al tercer día como estaba escrito.

Pero ahora esa justicia perfecta y esa sangre del sacrificio deben ser presentados en el Santuario Celestial ante Dios Padre y ante la ley que se encuentra en el Lugar Santísimo (Apocalipsis 11:19).

Es en el Santuario Celestial donde se decide nuestro caso para vida eterna o muerte segunda; nuestros casos no se deciden en ningún lugar aquí en la tierra. Los israelitas no tenían ningún otro lugar que no sea el santuario terrenal, de igual manera nosotros no tenemos ningún otro lugar que no sea el Santuario Celestial.

Somos “necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Romanos 1:31), pero Dios quiere que por medio de la lluvia temprana, el Consolador, el Espíritu Santo, podamos llegar a desarrollar un nuevo carácter semejante al de nuestro Señor Jesús.

El Espíritu Santo debe venir a habitar en nosotros como agente regenerador para sacar todos esos espíritus inmundos que hay en nosotros.

Pero debemos congregarnos al Santuario Celestial diariamente (Hebreos 10:25) para poder recibir el bautismo diario del Espíritu Santo, de lo contrario esos espíritus inmundos vuelven y “la halla desocupada, barrida y adornada; entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas, las últimas del tal hombre que las primeras” (Mateo 12:44-45).

Cuando Cristo deje de interceder en el Santuario Celestial y todo caso esté decidido para vida eterna o muerte eterna, ya no habrá trabajador que derrame al Espíritu Santo, y todos los que no se hallen en el libro de la vida perderán para siempre al Espíritu Santo, y en su lugar vendrán los espíritus inmundos (Apocalipsis 18:2-3).

Estas son cosas que no deben ser tomadas livianamente, a menos que no tengamos ningún problema en convertirnos en “habitación de demonios y guarida de todos espíritu inmundo” cuando Cristo deje de interceder por el mundo y se prepare para su segunda venida en gloria.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 415 – “Las fuerzas de las tinieblas se unirán con los seres humanos que se han entregado bajo el dominio de Satanás, y serán revividas las mismas escenas que se vieron durante el juicio, el rechazo y la crucifixión de Cristo.

Los hombres serán transformados en demonios al entregarse a las influencias satánicas; y los que fueron creados a la imagen de Dios, que fueron hechos para honrar y glorificar a su Creador, se convertirán en habitación de dragones, y Satanás verá en una raza apóstata su obra maestra del mal: hombres que reflejen la imagen del diablo.”

Si no queremos llegar a esta terrible situación, si no queremos llegar a formar parte de la obra maestra de Satanás, debemos reconocer que somos hijos del diablo (Juan 8:44), y que necesitamos ser adoptados como hijos de Dios en Cristo y por Cristo (Romanos 8:15, 23; Efesios 1:5).

Para que el hombre pueda ser adoptado por Dios, necesita primeramente reconocer que tiene otro padre: el diablo. Un hombre que no reconoce que es hijo del diablo, que cree que ya es hijo de Dios, no sentirá la necesidad de ser adoptado.

DMJ pg. 13.2 – “Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús. Dice él:

‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados’ (Mateo 11:28).

Nos invita a cambiar nuestra pobreza por las riquezas de su gracia. No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que vengan a él.

No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadoras sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual—débiles, sin fuerza, desesperados—nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirnos mucho antes de que lleguemos, y nos rodeará con sus brazos amantes y con la capa de su propia justicia.

Nos presentará a su Padre en las blancas vestiduras de su propio carácter. El aboga por nosotros ante el Padre, diciendo:

No mires a este hijo desobediente, sino a mí.

Y cuando Satanás contiende fuertemente contra nuestras almas, acusándonos de pecado y alegando que somos su presa, la sangre de Cristo aboga con mayor poder.”

“Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza… En Jehová será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel.” (Isaías 45:24, 25)

Cuando nuestro Señor Jesús deje de interceder en el Santuario Celestial, antes de su segunda venida en gloria, serán revividas las mismas escenas que se vieron durante el juicio, el rechazo y la crucifixión de Cristo:

CS pg. 673.1 (601.2) – “Una vez que el sábado llegue a ser el punto especial de controversia en toda la cristiandad y las autoridades religiosas y civiles se unan para imponer la observancia del domingo, la negativa persistente, por parte de una pequeña minoría, de ceder a la exigencia popular, la convertirá en objeto de execración universal.

Se demandará con insistencia que no se tolere a los pocos que se oponen a una institución de la iglesia y a una ley del estado; pues vale más que esos pocos sufran y no que naciones enteras sean precipitadas a la confusión y anarquía.

Este mismo argumento fue presentado contra Cristo hace mil ochocientos años por los ‘príncipes del pueblo’:

‘Nos conviene—dijo el astuto Caifás—que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda’ (Juan 11:50).

Este argumento parecerá concluyente y finalmente se expedirá contra todos los que santifiquen el sábado un decreto que los declare merecedores de las penas más severas y autorice al pueblo para que, pasado cierto tiempo, los mate.

El romanismo en el Viejo Mundo y el protestantismo apóstata en la América del Norte actuarán de la misma manera contra los que honren todos los preceptos divinos.”

Mientras no seamos declarados guardadores del sábado, guardadores de la ley, en el Santuario Celestial en Cristo, entonces no somos verdaderos guardadores del sábado. Nuestra obediencia parcial no nos justifica. Sólo podemos ser justificados por la justicia perfecta de Cristo. Y es así que obtendremos la gracia necesaria para que nuestras obras concuerden con nuestra fe (Santiago 2:14).

En la justificación Dios Padre nos declara 100% obedientes en Cristo. Pero Dios quiere que esa declaración hecha en el Santuario Celestial empiece a ser una realidad aquí en la tierra en nosotros mismos. Es por eso que debemos rogar que el Espíritu Santo siembre en nosotros un “nuevo corazón” y un “espíritu firme” (Salmos 51:10-11) para subyugar nuestro egoísmo y nuestro carácter malévolo.

DTG pg. 546.3 – “Algunos de los fariseos se habían arrepentido y recibido el bautismo de Juan; pero los dirigentes no quisieron reconocer que él había venido de Dios. Sus amonestaciones y denuncias no los habían inducido a reformarse.

Ellos ‘desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él’ (Lucas 7:30). Trataron su mensaje con desdén. Como el segundo hijo, que cuando fue llamado dijo: ‘Yo, señor voy’ (Mateo 21:30) pero no fue, los sacerdotes y gobernantes profesaban obediencia, pero no obedecían.

Hacían gran profesión de piedad, aseveraban acatar la ley de Dios, pero prestaban solamente una falsa obediencia.

Los publicanos eran denunciados y anatemizados por los fariseos como infieles; pero demostraban por su fe y sus obras que iban al reino de los cielos delante de aquellos hombres llenos de justicia propia, a los cuales se les había dado gran luz, pero cuyas obras no correspondían a su profesión de piedad.”

PVGM pg. 267.3 – “Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero.

Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo, llevarán consigo a las mansiones celestiales toda adquisición divina. Y en el cielo mejoraremos continuamente.

Cuán importante es, pues, el desarrollo del carácter en esta vida.”

Aquí en la tierra debemos empezar a desarrollar un carácter semejante el de Cristo (santificación), pero no llegaremos a alcanzar la perfección del carácter “y en el cielo mejoraremos continuamente.”

Pero la ley demanda “sed perfectos” (Mateo 5:48), ¿entonces qué haremos? Debemos confiar plenamente en el carácter perfecto de Cristo, que es justo y misericordioso a la vez (Juan 8:3-11), en contraste con nuestras injusticias y falta de misericordia (Romanos 1:29, 31).

 

El perdón de los pecados

A pesar de que la iglesia católica enseña que al cruzar la “puerta santa” los creyentes obtienen el perdón de sus pecados, inclusive alegando que esto ocurre gracias a la virgen María como “intercesora” y “madre del perdón,” la Biblia no enseña tal doctrina.

No hay forma de probar con la Biblia que obtenemos el perdón de los pecados aquí en la tierra.

En el ritual simbólico, particularmente Levítico capítulo 4, podemos aprender que el israelita obtenía el perdón de sus pecados, de manera simbólica, cuando después de que el animal sacrificado derramaba su sangre al ser sacrificado en el altar del atrio, esta sangre era llevada por el sacerdote terrenal dentro del santuario terrenal y la sangre era asperjada en el velo que separaba el Lugar Santo con el Lugar Santísimo.

Es decir, el pecado debía ser transferido, primero del pecador al animal a ser sacrificado, posteriormente y por medio de la sangre, debía ser transferido al santuario. Es por esto que cada 10 de mes séptimo, en el día de expiación o de juicio simbólico, el santuario debía ser purificado de todos esos pecados que habían sido transferidos simbólicamente (Levítico 16:16).

En el libro de Hebreos, podemos leer Hebreos 10:1-4 y Hebreos 9:12-14, donde el apóstol Pablo nos explica que estos símbolos del ritual simbólico fueron instituidos por Dios para enseñarnos que nuestros pecados son perdonados cuando los confesamos a Dios, y cuando nuestro Señor Jesús presenta su sangre derramada en la cruz en el Santuario Celestial, para poder así transferir nuestros pecados al Santuario Celestial, tal como ocurría simbólicamente en la ley ceremonial.

No obtenemos el perdón de nuestros pecados en virtud de ninguna sinagoga, de ninguna puerta aquí en la tierra, ni en virtud de María, ni de ninguna ceremonia terrenal.

Obtenemos únicamente el perdón de nuestros pecados en virtud de la sangre preciosa de Cristo derramada en la cruz, “en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7), “la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

Porque, “sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Hebreos 9:22).

¿Quién puede perdonar pecados?

“¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Lucas 5:21)

Fue la pregunta que los escribas y fariseos preguntaron a Cristo.

El Hijo de Dios, en calidad de Dios, tiene toda autoridad para perdonar los pecados.

Pero ni los curas, ni los sacerdotes, ni los confesores, ni el papa, tienen la autoridad de perdonar los pecados, porque no son Dios, sino que son pecadores como todos los hombres.

“De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar.” (Daniel 9:9)

“Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella.

Y Jehová celará su tierra, y perdonará su pueblo.” (Joel 2:17-18)

“Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.” (Números 14:19)

Ejemplo del perdón de Dios en 1 Reyes

  1. Dios debe escuchar la confesión de nuestros pecados:

1 Reyes 8:46-47 – “Si hubieren pecado contra ti, (porque no hay hombre que no peque) y tú estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautiven y lleven a tierra enemiga, sea lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren:

Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad…”

  1. Debemos orar por fe hacia al Santuario Celestial, donde está Dios Padre y la ley:

1 Reyes 8:48 – “Y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma… y oraren a ti hacia su tierra… a la casa que yo he edificado a tú nombre.”

(En ese tiempo la “casa de Jehová” era el santuario terrenal en Jerusalén; pero después de la muerte de Cristo el velo de ese santuario se rasgó pues dejó de estar en vigencia. Ahora el Santuario verdadero, el Celestial, es el que está en vigencia.)

  1. Dios va a escuchar nuestras oraciones en el Santuario Celestial:

1 Reyes 8:49 – “Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, su oración y su súplica…”

  1. Dios promete perdonar:

1 Reyes 8:49 – “y les harás derecho y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti.”

Dios es el único que puede perdonar nuestros pecados, y él está dispuesto a perdonarnos, sólo tenemos que acudir a él.

 

Pero no solamente debemos orar para pedir el perdón de nuestros pecados. También debiéramos orar para que el Altísimo nos muestre cómo realmente somos.

1MS pg. 367.1 – “Es natural que tengamos un concepto más elevado de nosotros mismos que el que debemos tener (Romanos 12:3). Pero aunque nos es penoso conocernos a nosotros mismos como somos realmente, sin embargo debiéramos orar para que Dios nos revele a nosotros la forma en que él nos ve.

Pero no debiéramos cesar de orar una vez que hayamos pedido sencillamente una revelación de nosotros mismos. Debiéramos orar para que Jesús nos sea revelado como un Salvador que perdona los pecados.”

Los israelitas estaban prohibidos, so pena de muerte, de rendir culto a Dios en cualquier otro lugar que no sea el santuario terrenal (Levítico 17:3-4). Solo Dios podía dar una excepción como la que dio al profeta Samuel.

De igual manera, hoy, nuestro centro de culto se encuentra en el Santuario Celestial. Es allí donde recibimos justificación, perdón de pecados y bautizo diario del Espíritu Santo.

DTG pg. 138.0 (137.5) – “En virtud de su muerte y resurrección, pasó a ser ‘ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre’ (Hebreos 8:2).

Los hombres habían construido el tabernáculo, y luego el templo de los judíos; pero el santuario celestial, del cual el terrenal era figura, no fue construido por arquitecto humano.

‘He aquí el varón cuyo nombre es Vástago… él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio’ (Zacarías 6:12-13).

Cesó el sacerdocio terrenal, pero miramos a Jesús, mediador del nuevo pacto, y ‘a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel’ (Hebreos 12:24).

‘Aun no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie… Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos,… por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención’ (Hebreos 9:8-12).

‘Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos’ Hebreos 7:25).

Aunque el ministerio había de ser trasladado del templo terrenal al celestial, aunque el santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir pérdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador.

Mientras Jesús ministra en el santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra. Está oculto a la vista, pero se cumple la promesa que hiciera al partir:

‘He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’ (Mateo 28:20).”

DTG pg. 17.1 – “Por su vida y su muerte, Cristo logró aun más que restaurar lo que el pecado había arruinado. Era el propósito de Satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hombre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado.”

En virtud de la vida, muerte y resurrección de Cristo, hoy tenemos un gran Sumo Sacerdote que se presenta por nosotros diariamente en el Santuario Celestial.

DTG pg. 444.2 – “‘El que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.’ Cristo es la puerta y también el pastor. El entra por sí mismo. Es por su propio sacrificio como llega a ser pastor de las ovejas.”

Los sacerdotes terrenales debían presentarse en el santuario terrenal con sangre ajena, sangre de animales. Pero Cristo se presenta “por su propia sangre” y “por su propio sacrificio” (Hebreos 9:12).

Su vida de obediencia perfecta a la ley, y su sangre derramada en la cruz por nuestros pecados son la ofrenda y el sacrificio que le dan autoridad para presentarse por nosotros ante Dios Padre y ante la ley.

Jesús es el verdadero pastor que dio su vida por las ovejas “Juan 10:11). Y “nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Cristo ha llegado a ser nuestro pastor porque dio su vida por nosotros.

DTG pg. 445.3 – “Jesús nos conoce individualmente, y se conmueve por el sentimiento de nuestras flaquezas. Nos conoce por nombre. Conoce la casa en que vivimos, y el nombre de cada ocupante.

Dio a veces instrucciones a sus siervos para que fueran a cierta calle en cierta ciudad, a tal casa, para hallar a una de sus ovejas.

Cada alma es tan plenamente conocida por Jesús como si fuera la única por la cual el Salvador murió.”

Pero hay dos clases de ovejas, las que oyen su suplicante voz y las que se resisten a su incesante llamado.

“Conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” (Juan 10:14)

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” (Juan 10:16)

Cristo es la verdadera puerta de la misericordia y nos invita a entrar por él a la vida eterna.

Cristo es el verdadero pastor y nos invita a formar parte de su redil.

¿Oiremos su voz? ¿Acudiremos a su llamado? ¿O preferiremos escuchar la voz de la tradición y la filosofía de los hombres?

De nuestra propia decisión pende nuestra vida eterna.

Que Dios los bendiga.

 

 

One Reply to “La Puerta de la Misericordia”

  1. Muy interesante y lleno de informacion. Gracias por el tiempo dedicado a estos temas

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