Estudio del Mensaje Del Primer Ángel

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Apocalipsis 14:6-7 – “Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo. Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.”

Vamos a empezar estudiando el mensaje del primer ángel por el primer versículo.

APOCALIPSIS 14:6

“Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo.”

EL EVANGELIO

El versículo :6 del mensaje del primer ángel trata sobre el Evangelio. Debemos estudiar el Evangelio dentro de tres aspectos:

  • La palabra Evangelio sola,
  • La palabra Evangelio junto a la palabra Predicación,
  • Las palabras Evangelio Eterno.

El Evangelio era todo lo que el sacerdote terrenal del Pacto Antiguo realizaba en el atrio del santuario para poder ingresar al santuario terrenal. Todo el ritual simbólico, todos los ritos y ceremonias del Pacto Antiguo, eran una representación en símbolos del Evangelio.

PR pg. 359.2 (390.1) – “En el antiguo ritual que era el Evangelio en símbolos, ninguna ofrenda imperfecta podía ser llevada al altar de Dios. El sacrificio que había de representar a Cristo debía ser sin mancha. La palabra de Dios señala esto como ilustración de lo que deben ser sus hijos: un ‘sacrificio vivo,’ santo y ‘sin mancha’ (Romanos 12:1; Efesios 5:27).”

Comentario Bíblico 7ª pg. 335 – (Isaías 45:21-22; Mateo 16:24; Juan 1:29) – “Mirad y vivid—Cristo colgado de la cruz, era el Evangelio.”

En 1 Corintios 15:1-4 encontramos el significado de la palabra Evangelio, la síntesis:

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis. Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

  • ¿Acerca de qué persona trata el Evangelio?

Como podemos ver, en 1 Corintios 15:1-4, el Evangelio trata únicamente de la persona de Cristo como hombre, no como Dios. El Evangelio trata de la vida de Cristo, que murió como hombre por nuestros pecados y que resucitó como hombre:

Lucas 24:39 – “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.”

El Evangelio es la experiencia de Cristo en esta tierra como hombre. Y esa experiencia consiste en su engendramiento, su vida, su muerte, su resurrección, y la ascensión de Cristo en la mañana de su resurrección (Juan 20:1-17).

  • ¿Con qué propósito se llevó a cabo el Evangelio?

De acuerdo a 1 Corintios 15:2, el Evangelio fue realizado para nuestra salvación—para la salvación del hombre.

Romanos 1:16 – “Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.”

Mateo 1:21 – “Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

  • ¿Cuándo fue realizado el Evangelio?

1 Corintios 15:3 – “murió”

1 Corintios 15:4 – “sepultado”, “resucitó”

1 Corintios 15:5 – “apareció”

El Evangelio se llevó a cabo en el pasado: el siglo primero de la era cristiana.

Cristo murió crucificado el 14 de Abib (calendario judío) del año 31 d.C. Cristo fue sepultado el mismo 14 de Abib y resucitó al tercer día el 16 de Abib. Todo esto ocurrió conforme a las Escrituras: en la fecha, mes y hora predichas por la fiesta de los panes sin levadura o ázimos (Levítico 23:5-11).

PP pg. 522.3 (581.1) – “La pascua seguía por siete días como fiesta de los panes ázimos. El primero y el último eran días de santa convocación (sábados ceremoniales – “feriados”), durante los cuales no debía hacerse trabajo servil alguno. El segundo día de la fiesta se presentaban a Dios las primicias de la cosecha del año. La cebada era el primer cereal que se cosechaba en Palestina, y al principio de la fiesta empezaba a madurar. El sacerdote agitaba una gavilla de este cereal ante el altar de Dios en reconocimiento de que todo era suyo. No se debía recoger la cosecha antes que se cumpliera este rito.”

El 14 de Abib se celebraba la Pascua con la muerte del cordero pascual – que simbolizaba la muerte de Cristo.

El 15 de Abib era el inicio de la fiesta de los panes sin levadura y era un sábado ceremonial (no se debía trabajar) – simbolizaba el reposo de Cristo en el sepulcro.

El 16 de Abib se celebraba la primicia de las gavillas – que simbolizaba la resurrección de Cristo.

Mateo 1:18-21 – El Evangelio trata sobre Cristo desde su engendramiento como hombre, su nacimiento, su vida, para nuestra salvación.

El Evangelio trata sobre la naturaleza humana de Cristo:

Romanos 1:1-4 – “Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol; apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo—quien, según la carne, era de la descendencia de David; y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por su resurrección de entre los muertos.”

  • ¿En qué lugar se llevó a cabo el Evangelio?

Juan 17:4 – “Yo te he glorificado en la tierra, habiendo acabado la obra que me has dado que hiciera.”

Juan 3:17 – “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

1 Timoteo 1:15 – “Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”

Cristo, como hombre, fue engendrado en este mundo en Nazaret y nació en este mundo en Belén (Lucas 2:1-8), tal como estaba predicho en Miqueas 5:1-2. Cristo vivió en Nazaret hasta sus 30 años (Lucas 3:23). Por tres años y medio realizó su ministerio terrenal por todo Israel y Palestina. Cristo murió crucificado en este mundo en el Gólgota—en el lugar de la Calavera (Lucas 23:33; Mateo 27:33; Marcos 15:22; Juan 19:17). Cristo fue sepultado en el sepulcro de José de Arimatea (Lucas 23:50-56), de donde resucitó (Lucas 24:1-6).

Por lo tanto el Evangelio fue realizado por Cristo aquí en la tierra.

El Evangelio realizado por Cristo estaba simbolizado por el trabajo del sacerdote terrenal en el atrio del santuario terrenal:

  • La preparación del incienso (Éxodo 30:34-37): El incienso debía ser preparado en el atrio antes de ser presentado dentro del santuario. El incienso era un símbolo de la justicia perfecta y perpetua que Cristo como hombre le rindió a la Ley de Dios durante su vida de 33 años en esta tierra (Levítico 1:17; Ezequiel 20:41). Así como el incienso debía ser preparado en el atrio del santuario antes de presentarlo dentro del santuario, Cristo preparó para todos nosotros esa justicia perfecta antes de ser presentado en sacrificio.
  • El sacrificio del cordero (Éxodo 38:1; 40:29): El cordero era sacrificado en el altar del holocausto, el cual estaba ubicado en el atrio del santuario terrenal. Al sacrificar el cordero se proveía un medio, que era la sangre, para poder ingresar al santuario. El altar era un símbolo de la cruz donde Cristo se ofreció en sacrificio (Juan 19:17). El cordero que se sacrificaba diariamente (Números 28:3) era símbolo del verdadero cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).
  • ¿Es el Evangelio una obra acabada?

Una parte del Evangelio es la justicia perfecta de Cristo, que es una obra acabada:

Juan 4:34 – “Jesús les dijo: -Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.”

Juan 17:4 – “Yo te he glorificado en la tierra, habiendo acabado la obra que me has dado que hiciera.”

Cristo ya vino a este mundo y ya vivió una vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley de Dios.

Otra parte del Evangelio es el sacrificio de Cristo, lo cual es también una obra acabada:

Juan 19:30 – “Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo: -¡Consumado es! Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”

Cristo ya vino a este mundo y ya experimentó el sacrificio de la paga del pecado que es muerte, ya derramó su sangre para el perdón y para la expiación de nuestros pecados en el día del juicio.

DTG pg. 714.1 (principio del capítulo 80) – “Por fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio y tortura había terminado. Al llegar el sábado con los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios yacía en quietud en la tumba de José. Terminada su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó durante las horas sagradas del sábado.”

DTG pg. 714.2 – “Al principio, el Padre y el Hijo había descansado el sábado después de su obra de creación. Cuando ‘fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento’ (Génesis 2:1), el Creador y todos los seres celestiales se regocijaron en la contemplación de la gloriosa escena. ‘Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios’ (Job 38:7). Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido al pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluida por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó. Porque su ‘obra es perfecta’ y ‘todo lo que Dios hace, eso será perpetuo’ (Deuteronomio 32:4; Eclesiastés 3:14). Cuando se produzca ‘la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad’ (Hechos 3:21), el sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será todavía un día de reposo y regocijo. El cielo y la tierra se unirán en alabanza mientras que ‘de sábado en sábado’ (Isaías 66:23), las naciones de los salvos adorarán con gozo a Dios y al Cordero.”

1MS pg. 360.1 – “Había terminado la obra del Salvador en la tierra. Había llegado el tiempo para que regresara a su hogar celestial. ‘Y los sacó fuera [a los discípulos] hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo’ (Lucas 24:50-51).”

Como podemos ver, el Evangelio es una obra que fue realizada y acabada por Cristo aquí en la tierra en el primer siglo de la era cristiana. Con esta obra acabada se cumplió una parte del gran plan de la Redención, que en el ritual simbólico estaba prefigurado por la obra que se realizaba en el atrio del santuario terrenal.

  • ¿Es el Evangelio una obra perfecta?

Deuteronomio 32:4 – “El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud.”

Y el apóstol Pablo nos enseña que aquella Roca es Cristo:

1 Corintios 10:4 – “Todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo.”

  • ¿Para cuántas personas fue realizado el Evangelio?

2 Corintios 5:14-15 – “Porque el amor de Cristo nos impulsa, considerando esto: que uno murió por todos; por consiguiente todos murieron. Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí, sino que para aquel que murió y resucitó por ellos.”

Hebreos 2:9 – “Sin embargo, vemos a Jesús, quien por poco tiempo fue hecho menor que los ángeles, coronado de gloria y honra por el padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.”

1 Juan 2:2 – “El es la expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

El Evangelio fue realizado por Cristo para todos los seres humanos sin acepción de personas, así estos sean creyentes o no creyentes. Porque todos pecamos y todos estamos destituidos de la gloria de Dios. Todos somos incrédulos y desobedientes, y todos necesitamos de la misericordia de Dios (Romanos 3:23; 5:12; 11:32).

Nuestra experiencia no es el Evangelio. El Evangelio es la obra de Cristo, una obra acabada pues Cristo ya vino a esta tierra a realizarla. Nuestra experiencia, nuestra regeneración, nuestro nuevo nacimiento, el Espíritu Santo morando en nosotros, no es Evangelio sino Santificación. El Evangelio es la obra perfecta y terminada de Cristo. Lo que el Espíritu Santo hace en nosotros y nuestra obediencia no es perfecta, ni es terminada sino mas bien progresiva.

La Ley y el Evangelio

FO pg. 12.3 – “Muchos han perdido demasiado por no haber abierto los ojos de su entendimiento para discernir las cosas asombrosas de la ley de Dios. Por un lado, los religiosos extremistas en general han divorciado la Ley del Evangelio, mientras nosotros, por el otro lado, casi hemos hecho lo mismo desde otro punto de vista. No hemos levantado delante de la gente la justicia de Cristo y el pleno significado de su gran plan de redención. Hemos dejado a un lado a Cristo y su incomparable amor, introduciendo teorías y razonamientos, y predicando discursos argumentativos.”

PVGM pg. 99.1 – “Muchos de los que pretenden creer y enseñar el Evangelio caen en un error similar. Ponen a un lado las escrituras del Antiguo Testamento, de las cuales Cristo declaró: ‘Ellas son las que dan testimonio de mí’ (Juan 5:39). Al rechazar al Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el Evangelio, ni el Evangelio sin la ley. La ley es el Evangelio sintetizado, y el Evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el Evangelio su fragante flor y fruto.”

OE (obreros evangélicos) pg. 169.3 – “Si tenemos el espíritu y el poder del mensaje del tercer ángel, debemos presentar juntos la ley y el Evangelio, porque van juntos. Así como un poder terreno está incitando a los hijos a la desobediencia a anular la ley de Dios, y a pisotear la verdad de que Cristo es nuestra justicia, un poder de lo alto está obrando en los corazones de los que son leales, para que ensalcen la ley, y a Jesús como Salvador completo. A menos que el poder divino penetre en la experiencia del pueblo de Dios, las teorías e ideas erróneas aherrojarán las mentes; Cristo y su justicia se perderán de la experiencia de muchos, y su fe quedará sin poder ni vida.”

Es nuestro deber el de presentar la Ley y el Evangelio juntos. De lo contrario no se puede comprender el mensaje del primer ángel.

LA LEY

DTG pg. 710.3 – “La ley requiere justicia, una vida justa, un carácter perfecto; y esto no lo tenía el hombre para darlo. No puede satisfacer los requerimientos de la santa ley de Dios. Pero Cristo, viniendo a la tierra como hombre, vivió una vida santa y desarrolló un carácter perfecto. Ofrece éstos como don gratuito a todos los que quieran recibirlos. Su vida reemplaza la vida de los hombres. Así tienen remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios. Más que esto, Cristo imparte a los hombres atributos de Dios. Edifica el carácter humano a la semejanza del carácter divino y produce una hermosa obra espiritualmente fuerte y bella. Así la misma justicia de la ley se cumple en el que cree en Cristo. Dios puede ser ‘justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús’ (Romanos 3:26).”

Las demandas de la Ley para que el hombre sea aceptado:

  1. Obediencia perfecta y perpetua a la Ley (Romanos 2:13; Salmos 15:1-4).
  2. Carácter perfecto (Mateo 5:48).
  3. Vida justa (Levítico 18:5; Gálatas 3:12).
  4. Naturaleza sin pecado (1 Pedro 1:15-16).

CC pg. 60.1 – “Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben guardarse en forma especial. El primero, en el cual ya se ha insistido, es el de fijarnos en nuestras propias obras, confiando en algo que podamos hacer para ponernos en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus esfuerzos por observar la ley, está procurando una imposibilidad. Todo lo que el hombre puede hacer sin Cristo está contaminado de egoísmo y pecado. Sólo la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.”

CC pg. 60.2 – “El error opuesto y no menos peligroso consiste en sostener que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios, y que en vista de que sólo por la fe llegamos a ser participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.”

CC pg. 60.3 – “Nótese, sin embargo, que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de la misma naturaleza de su Autor; es la personificación del gran principio del amor, y es, por lo tanto, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. […] Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: ‘Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré’ (Hebreos 10:16). Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia, es decir el servicio y la lealtad que se rinden por amor, es la verdadera prueba del discipulado. Por esto dice la Escritura: ‘Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos’ (1 Juan 5:3). ‘El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y no hay verdad en él’ (1 Juan 2:4). En vez de eximir al hombre de la obediencia, la fe, y sólo ella, nos hace participantes de la gracia de Cristo, y nos capacita para obedecer.”

CC pg. 61.1 – “No ganamos la salvación con nuestra obediencia; porque la salvación es el don gratuito de Dios, que se recibe por la fe. Pero la obediencia es el fruto de la fe. ‘Sabéis que él fue manifestado para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo aquel que mora en él no peca; todo aquel que peca no le ha visto, ni le ha conocido’ (1 Juan 3:5-6). He aquí la verdadera prueba. Si moramos en Cristo, si el amor de Dios están en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros designios, nuestras acciones, estarán en armonía con la voluntad de Dios, según se expresa en los preceptos de su santa ley. ‘¡Hijitos míos, no dejéis que nadie os engañe! El que obra justicia es justo, así como él es justo’ (1 Juan 3:7). La justicia se define por la norma de la santa ley de Dios, expresada en los diez mandamientos dados en el Sinaí.”

CC pg. 61.2 – “La así llamada fe en Cristo que, según se sostiene, exime a los hombres de la obligación de obedecer a Dios, no es fe, sino presunción. ‘Por gracia sois salvos, por medio de la fe’ (Efesios 2:8). Mas ‘la fe, si no tuviere obras, es de suyo muerta’ (Santiago 1:17).”

La Ley de Dios es una expresión de su naturaleza. Y su naturaleza es justa y misericordiosa, es amor. Es por esto que la verdadera obediencia debe ser un servicio de amor, no de obligación ni de mera formalidad.

La condenación de la Ley:

  1. Que no sea perdonado (Éxodo 23:21).
  2. La muerte segunda o eterna (Romanos 6:23; Ezequiel 18:4; Apocalipsis 21:8).
  3. Que sea como si nunca hubiera existido (Abdías 1:16; Salmos 37:10).

El hombre, en sí mismo, no tiene los requerimientos para cumplir las demandas de la Ley. Es por esto que Dios preparó una vía de escape: el Evangelio que es la Ley desarrollada.

Evangelio: Ley desarrollada

LA OFRENDA

Estudiemos el Evangelio a la luz de los requerimientos de la ley:

1.- Naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).-

La Ley de Dios condena al hombres desde el momento en que es engendrado, es por esto que necesitamos un sustituto que sea sin mancha de pecado desde el momento de ser engendrado.

Lucas 1:35 – “Respondió el ángel y le dijo: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Cristo fue engendrado sin mancha de pecado, es un santo ser desde el engendramiento.

Juan 8:46 – “¿Quién de vosotros me halla culpable de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?”

DTG pg. 433.2 – “‘¿Quién de vosotros me convence de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?’ (Juan 8:46). Día tras día, durante tres años los enemigos de Cristo le habían seguido, procurando hallar alguna mancha en su carácter. Satanás y toda la confederación del maligno había estado tratando de vencerle; pero nada habían hallado en él de lo cual sacar ventaja. Hasta los demonios estaban obligados a confesar: ‘Sé quién eres, el Santo de Dios’ (Marcos 1:24). Jesús vivió la ley a la vista del cielo, de los mundos no caídos y de los hombres pecadores. Delante de los ángeles, de los hombres y de los demonios, había pronunciado sin que nadie se las discutiese las palabras que, si hubiesen procedido de cualesquiera otros labios, hubieran sido blasfemia: ‘Yo, lo que a él agrada, hago siempre’ (Juan 8:29).”

1 Pedro 1:18-19 – “Tened presente que habéis sido rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual heredasteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

DTG pg. 34.3 – “Las ofrendas presentadas al Señor debían ser sin mácula. Estas ofrendas representaban a Cristo, y por ello es evidente que Jesús mismo estaba exento de toda deformidad física. Era el ‘cordero sin mancha y sin contaminación’ (1 Pedro 1:19). Su organismo físico no era afeado por defecto alguno; su cuerpo era sano y fuerte. Y durante toda su vida vivió en conformidad con las leyes de la naturaleza. Tanto física como espiritualmente, era un ejemplo de lo que Dios quería que fuese toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes.”

DTG pg. 52.4 – “Cristo fue el único ser que vivió sin pecar en esta tierra. Sin embargo, durante casi treinta años moró entre los perversos habitantes de Nazaret. Este hecho es una reprensión para los que creen que dependen del lugar, la fortuna o la prosperidad para vivir una vida sin mácula. La tentación, la pobreza, la adversidad son la disciplina que se necesita para desarrollar pureza y firmeza.”

DTG pg. 84.4 – “Juan conocía los acontecimientos que habían señalado el nacimiento de Jesús. Había oído hablar de la visita a Jerusalén en su infancia, y de lo que había sucedido en la escuela de los rabinos. Conocía la vida sin pecado de Jesús; y creía que era el Mesías, aunque sin tener seguridad positiva de ello. El hecho de que Jesús había quedado durante tantos años en la obscuridad, sin dar ninguna evidencia especial de su misión, daba ocasión a dudar de que fuese el Ser prometido. Sin embargo, el Bautista esperaba con fe, sabiendo que al tiempo señalado por Dios todo quedaría aclarado. Se le había revelado que el Mesías vendría a pedirle el bautismo, y entonces se daría una señal de su carácter divino. Así podría presentarlo al pueblo.”

DTG pg. 84.5 – “Cuando Jesús vino para ser bautizado, Juan reconoció en él una pureza de carácter que nunca había percibido en nadie. La misma atmósfera de su presencia era santa e inspiraba reverencia. Entre las multitudes que le habían rodeado en el Jordán, Juan había oído sombríos relatos de crímenes, y conocido almas agobiadas por miríadas de pecados; nunca había estado en contacto con un ser humano que irradiase una influencia tan divina. Todo esto concordaba con lo que le había sido revelado acerca del Mesías. Sin embargo, vacilaba en hacer lo que le pedía Jesús. ¿Cómo podía él, pecador, bautizar al que era sin pecado? ¿Y por qué había de someterse el que no necesitaba arrepentimiento a un rito que era una confesión de culpabilidad que debía ser lavada?”

DTG pg. 85.2 – “Jesús no recibió el bautismo como confesión de culpabilidad propia. Se identificó con los pecadores, dando los pasos que debemos dar, y haciendo la obra que debemos hacer. Su vida de sufrimiento y paciente tolerancia después de su bautismo, fue también un ejemplo para nosotros.”

1 Pedro 2:22 – “El no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca.”

Filipenses 2:8 – “Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”

  1. Obediencia perfecta y perpetua a la Ley (Romanos 2:13; Salmos 15:1-4).-

Juan 13:1 – “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para pasar de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.”

La promesa:

Salmos 40:8 – “El hacer tu voluntad, oh Dios mío, me ha agradado; y tu ley está en medio de mi corazón.”

El cumplimiento:

Hebreos 10:5 – “Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.”

Hebreos 10:7 – “entonces dije: ‘¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!’ como en el rollo del libro está escrito de mí.”

Cristo tenía la ley en medio de su corazón desde su engendramiento “entrando en el mundo.”

Juan 6:38 – “Porque yo he descendido del cielo, no para hacer la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió.”

Cristo vino a la tierra para hacer la voluntad de Dios y la voluntad de Dios es la Ley.

Mateo 5:17 – “No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir.”

Juan 8:29 – “Porque el que me envió, conmigo está. El Padre no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.”

Cristo es el único que pudo pronunciar estas palabras porque Él fue engendrado sin mancha de pecado, tenía la Ley de Dios grabada en su mente y su corazón y tenía capacidad para amar.

Juan 15:10 – “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.”

Filipenses 2:8 – “se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”

  1. Un carácter perfecto (Mateo 5:48).-

1 Pedro 2:22 – “ni se halló engaño en su boca.”

DTG pg. 710.3 – “Pero Cristo, viniendo a la tierra como hombre, vivió una vida santa y desarrolló un carácter perfecto.”

Hebreos 7:26 – “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, puro, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos.”

Hebreos 2:10 – “Porque le convenía a Dios—por causa de quien y por medio de quien todas las cosas existen—perfeccionar al Autor de la salvación de ellos, por medio de los padecimientos, para conducir a muchos hijos a la gloria.”

Jesús, como hombre, vino a la tierra a desarrollar un carácter perfecto.

  1. Una vida justa (Levítico 18:5; Gálatas 3:12).-

1 Pedro 2:23 – “Cuando le maldecían, él no respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia.”

1 Juan 2:1 – “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo.”

Hasta Pilato, un pagano, reconoció a Cristo como un hombre justo:

Mateo 27:24 – “Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veréis lo vosotros.”

Con todo esto, Cristo preparó el primer medio, la ofrenda para poder entrar al Santuario Celestial: su vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley de Dios.

Hebreos 5:1 – “Pues todo sumo sacerdote que es tomado de entre los hombres es constituido para servicio a favor de los hombres delante de Dios, para que ofrezca ofrendas y sacrificios por los pecados.”

Cristo con su vida de obediencia perfecta preparó la ofrenda, pero todavía era necesario el sacrificio por los pecados para cumplir con la condenación de la Ley – la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8).

LA SANGRE

Cristo, después de preparar la ofrenda – su justicia perfecta, tenía que tomar la decisión de ser el garante del hombre y morir por el pecado de todos nosotros.

Cristo tomó esta decisión en el Getsemaní la noche que iba a ser entregado (Lucas 22:39-42).

Lucas 22:42 – “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”

La “copa” es la condenación de la Ley – las siete copas de la ira de Dios (Apocalipsis 15:7): la paga del pecado que es muerte eterna. Esa “copa” de la ira de Dios es la que nos toca experimentar a todos nosotros pecadores. En este momento de desesperación, agonía y sufrimiento, Jesús estaba clamando a Dios: “si no quieres que yo experimente la ira por el pecado que le toca al hombre… pero que no se haga mi voluntad sino la tuya.”

Es por esto que en ese momento Dios, en respuesta a la oración de Jesús, envió un ángel para fortalecerle y asegurarle de que su sacrificio era necesario para nuestra salvación, para poder satisfacer la condenación de la Ley y pagar la deuda del hombre:

Lucas 22:43 – “Entonces le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.”

DTG pg. 641.2 – “Apartándose, Jesús volvió a su lugar de retiro y cayó postrado, vencido por el horror de una gran obscuridad. La humanidad del Hijo de Dios temblaba en esa hora penosa. Oraba ahora no por sus discípulos, para que su fe no faltase, sino por su propia alma tentada y agonizante. Había llegado el momento pavoroso, el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo. Cristo podía aun ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. Todavía no era demasiado tarde. Podía enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre. ¿Beberá el Hijo de Dios la amarga copa de la humillación y la agonía? ¿Sufrirá el inocente las consecuencias de la maldición del pecado, para salvar a los culpables? Las palabras caen temblorosamente de los pálidos labios de Jesús: ‘Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase su voluntad’ (Lucas 22:42).”

DTG pg. 637.5 – “En el desierto de la tentación, había estado en juego el destino de la raza humana. Cristo había vencido entonces. Ahora el tentador había acudido a la última y terrible lucha, para la cual se había estado preparando durante los tres años del ministerio de Cristo. Para él, todo estaba en juego. Si fracasaba aquí, perdía su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegarían a ser finalmente de Cristo; él mismo sería derribado y desechado. Pero si podía vencer a Cristo, la tierra llegaría a ser el reino de Satanás, y la familia humana estaría para siempre en su poder. Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separada de Dios. Satanás le decía que si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación sería eterna. Quedaría identificado con el reino de Satanás, y nunca más sería uno con Dios.”

DTG pg. 642.1 – “Tres veces repitió esta oración. Tres veces rehuyó su humanidad el último y culminante sacrificio, pero ahora surge delante del Redentor del mundo la historia de la familia humana. Ve que los transgresores de la ley, abandonados a sí mismos, tendrían que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Los ayes y lamentos de un mundo condenado surgen delante de él. Contempla la suerte que le tocaría, y su decisión queda hecha. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión. Hará propiciación por una raza que quiso pecar. Su oración expresa ahora solamente sumisión: ‘Si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad’ (Lucas 22:42).”

Cristo tomó la decisión de ser nuestro Sustituto y Garante, tomo la decisión de pagar nuestra deuda – una deuda impagable para el hombre.

Isaías 53:5 – “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos curados.”

Cristo fue herido, maltratado y crucificado por nuestros pecados. Dios Padre ejecutó la ira por el pecado y la paga de pecado que es muerte sobre Cristo porque eso es lo que la Ley demanda.

Isaías 53:6 – “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él pecado de todos nosotros.”

Cristo tomó la decisión de cargar con nuestros pecados y Dios Padre aceptó esa decisión.

Isaías 53:7 – “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

Cristo, un ser inocente y justo fue muerto por todos nosotros los injustos.

1 Pedro 3:18 – “Porque también Cristo padeció una vez por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.”

Cristo murió como hombre, experimentó nuestra muerte segunda, no nuestra muerte primera pues la muerte primera es como un sueño y no sirve para pagar la deuda del pecado. La Ley demanda la muerte eterna y esa fue la muerte que experimentó Cristo.

Filipenses 2:8 – “Y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Lucas 23:47 – “Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.”

Cristo murió a la hora novena del 14 de Abib del año 31 de la era cristiana:

Lucas 23:44-46 – “Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.”

Marcos 15:34 – “Y a la hora novena, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? Que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Este sacrificio de Cristo proveyó la sangre expiatoria que era el segundo medio necesario para que Cristo como Sacerdote pudiera entrar al Santuario Celestial.

Cristo murió por nosotros para poder cumplir:

Romanos 6:23 – “Porque la paga del pecado es muerte.”

Apocalipsis 21:8 – “Mas a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

EL SACERDOTE

Pero también era necesario que la humanidad de Cristo resucite para que podamos tener un Sacerdote que pueda presentar la ofrenda y el sacrificio dentro del Santuario Celestial.

Hebreos 5:1 – “Porque todo sacerdote, tomado de entre los hombres, es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca ofrendas y sacrificios por los pecados.”

Así pues, Cristo la humanidad de Cristo tenía que resucitar para poder cumplir con esa demanda de la Ley.

En Lucas 24:1-6 podemos leer el relato de su resurrección.

Posteriormente se les apareció a sus discípulos y estos se asustaron porque pensaron que veían un espíritu:

Lucas 24:37 – “Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.”

Pero Cristo les mostró que no era un espíritu, sino había resucitado como hombre: con carne y huesos:

Lucas 24:39 – “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

Como todavía no le creían les pidió que le dieran de comer:

Lucas 24:41-43 – “Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: Tenéis aquí algo de comer? Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él tomó, y comió delante de ellos.”

Era necesario que la humanidad de Cristo resucitase, para que Cristo pueda ser nuestro Sacerdote de acuerdo a la Ley en el Santuario Celestial.

Con su vida cumplió las demandas de la Ley para que podamos ser aceptados, con su muerte cumplió la demanda de la Ley para que podamos ser perdonados y con su resurrección fue posible que sea nuestro Sacerdote, nuestro Mediador, Abogado e Intercesor en el Santuario Celestial para presentar diariamente su justicia y su sangre por todos los que por fe le siguen su Ministerio Sumo Sacerdotal Celestial.

LA LEY, EL EVANGELIO Y EL HOMBRE PECADOR 

¿Por qué necesitamos de un Sustituto, un Garante y un Mediador?

¿Cuál es la condición del hombre a la luz de las demandas de la Ley de Dios?

  1. Naturaleza sin mancha de pecado (1 Pedro 1:15-16).-

Todos los hombre hemos sido engendrados con la mancha del pecado.

Salmos 51:5 – “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.”

La Palabra de Dios dice que el hombre es mentiroso desde el vientre de su madre.

Salmos 58:3 – “Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira.”

Desde el momento en que el hombre es engendrado necesita un Sustituto que pueda satisfacer la demanda de la Ley de una naturaleza sin mancha de pecado.

  1. Obediencia perfecta y perpetua a la Ley (Romanos 2:13; Salmos 15:1-4).-

El hombre por naturaleza no tiene capacidad para amar y sin capacidad para amar no puede haber una obediencia verdadera.

Juan 5:42 – “Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.”

El hombre por naturaleza odia a Dios y odia la Ley de Dios.

Jeremías 6:10 – “¿A quién tengo de hablar y amonestar, para que oigan? He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.”

Jeremías 6:19 – “Oye tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras y aborrecieron mi ley.”

Es imposible que el hombre pueda obedecer la Ley de Dios perfectamente pues estamos manchados de pecado desde el vientre, no tenemos capacidad para amar, y mas bien odiamos a Dios y odiamos su Ley.

  1. Carácter perfecto (Mateo 5:48).-

Cuál es el carácter del hombre de acuerdo a la Palabra de Dios:

Romanos 1:29-32 – “Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades; Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia. Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, más aún consienten a los que las hacen.”

En nosotros mismos por naturaleza estamos lejos de un carácter perfecto. Somos todo lo opuesto a un carácter perfecto.

  1. Una vida justa (Levítico 18:5; Gálatas 3:12).-

A pesar de que podemos ser muchos los hombres que nos creemos buenos, santos y justos, la Palabra de Dios dice que no hay un solo hombre justo.

Romanos 3:10-12 – “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios; Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.”

De acuerdo a la parábola de los dos siervos deudores de Mateo 18:23-35, nuestra deuda ante Dios es una deuda impagable. Pero al igual que el siervo, no entendemos que nuestra deuda es impagable y queremos pagar por nosotros mismos nuestra deuda. Sin embargo necesitamos entender la magnitud de nuestra deuda y la necesidad de un Garante que sí pueda pagar nuestra deuda ante Dios.

PVGM 192.1 – “¡Cuántos hoy día manifiestan el mismo espíritu! Cuando el deudor suplicó misericordia a su señor, no comprendía verdaderamente la enormidad de su deuda. No se daba cuenta de su impotencia. Esperaba librarse. ‘Ten paciencia conmigo—dijo y yo te lo pagaré todo.’ Así también hay muchos que esperan merecer por sus propias obras el favor de Dios. No comprenden su impotencia. No aceptan la gracia de Dios como un don gratuito, sino que tratan de levantarse a sí mismos con su justicia propia. Su propio corazón no está quebrantado y humillado a causa del pecado, y son exigentes y no perdonan a otros. Sus propios pecados contra Dios, comparados con los pecados de sus hermanos contra ellos, son como diez mil talentos comparados con cien denarios, casi a razón de un millón por uno; sin embargo, se atreven a no perdonar.”

Basta una “pequeña” mentira para destituirnos de la gracia de Dios.

Salmos 5:6 – “Destruirás a los que hablan mentira: Al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová.”

Si el hombre quiere acercarse a Dios solo podemos esperar la muerte. Necesitamos de un Intercesor que pueda presentarse por nosotros ante Dios (Hebreos 5:1; Números 3:10).

Es por causa del pecado que no podemos acercarnos a Dios y no tenemos acceso directo a Dios. Para poder acercarnos necesitamos de un Mediador.

Cristo tiene un sacerdocio inmutable, por medio de Él podemos acercarnos a Dios.

Hebreos 7:24-25 – “Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.”

LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO

Mateo 24:14 – “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin.”

Apocalipsis 14:6 – “Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo.”

Hemos estudiado que el Evangelio es una obra acabada. Pero quienes no aceptan esto usan estos versículos para decir que el Evangelio no puede ser una obra acabada si debe ser predicado hasta el “fin.”

Pero “predicar el evangelio” es una obra en sí, diferente al evangelio en sí mismo.

La predicación del evangelio es una cosa, que tiene un tiempo pasado, presente y futuro. Pero el segmento de tiempo en que fue realizado o llevado a cabo el Evangelio es otra cosa distinta.

La predicación del evangelio claramente no es una obra acabada.

La predicación del evangelio empezó con la caída del hombre (Génesis 3:1-6). La primera predicación del evangelio la encontramos en:

Génesis 3:15- “Y enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya; ésta la herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar.”

DTG pg. 618.2 – “Desde que fue predicado el primer sermón evangélico, cuando en el Edén se declaró que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente, Cristo ha sido enaltecido como el camino, la verdad y la vida. El era el camino cuando Adán vivía, cuando Abel ofreció a Dios la sangre del cordero muerto, que representaba la sangre del Redentor. Cristo fue el camino por el cual los patriarcas y los profetas fueron salvos. El es el único camino por el cual podemos tener acceso a Dios.”

En Génesis el capítulo 18, vemos como Cristo junto a unos ángeles se les aparecieron a Abraham. Cristo todavía no había venido a la tierra como hombre. Aquí lo tenemos a Cristo como Jehová Dios.

El Evangelio no trata de Cristo como Dios, sino Cristo como hombre.

Predicar el Evangelio es diferente al Evangelio hacerse realidad. Antes de que Cristo venga a la tierra por primera vez hubieron varios predicadores que predicaron el evangelio. Pero predicaron el evangelio ántes de que el evangelio fuera hecho realidad, sino que era una promesa.

Cada vez que se sacrificaba un cordero perfecto por el pecado, esto era el evangelio en símbolo, no en realidad. El cordero era un símbolo de Cristo – el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Adán y Eva predicaron el evangelio a sus hijos:

1MS pg. 270.3 – “Si Adán no hubiera transgredido la ley de Dios, la ley ceremonial nunca hubiera sido instituida. El Evangelio de las buenas nuevas fue dado primero a Adán cuando se le declaró que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Y esto fue transmitido a través de generaciones sucesivas a Noé, Abrahán y Moisés. El conocimiento de la ley de Dios y del plan de salvación fueron impartidos a Adán y Eva por Cristo mismo. Ellos atesoraron cuidadosamente la importante lección y la transmitieron verbalmente a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Así fue preservado el conocimiento de la ley de Dios.”

  • La introducción del pecado en el mundo es la CAUSA por la cual se empieza a predicar el Evangelio. Sin pecado no habría necesidad de predicar el Evangelio.

CUANDO: la predicación del Evangelio se inició cuando Jesús le predicó a Adán la promesa de “la simiente de la mujer.”

DONDE: la predicación del Evangelio se inició en el huerto del Edén.

TIEMPO: La predicación siempre ha sido tiempo presente.

PREDICADORES: Cada generación ha predicado el evangelio a su generación por medio de predicadores.

1MS pg. 271.1 – “En aquellos días, los hombres vivían cerca de mil años, y los ángeles los visitaban con instrucciones directas de Cristo. Se estableció el culto de Dios mediante ofrendas y sacrificios, y los que temían a Dios reconocían sus pecados delante de él y miraban hacia el futuro con gratitud y santa confianza en la venida de la Estrella matutina, que guiaría a los caídos hijos de Adán hacia el cielo mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Así se predicaba el Evangelio en cada sacrificio y las obras de los creyentes revelaban continuamente su fe en un Salvador venidero. Jesús dijo a los judíos: ‘Si creyeseis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creeis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?’ (Juan 5:46-47).”

PP 343.1 – “La obra de Dios es la misma en todos los tiempos, aunque hay distintos grados de desarrollo y diferentes manifestaciones de su poder para suplir las necesidades de los hombres en los diferentes siglos. Empezando con la primera promesa evangélica, y siguiendo a través de las edades patriarcal y judía, para llegar hasta nuestros propios días, ha habido un desarrollo gradual de los propósitos de Dios en el plan de la redención. El Salvador simbolizado en los ritos y ceremonias de la ley judía es el mismo que se revela en el evangelio. Las nubes que envolvían su divina forma se han esfumado; la bruma y las sombras se han desvanecido; y Jesús, el Redentor del mundo, aparece claramente visible. […] El Maestro es el mismo en las dos dispensaciones. Las demandas de Dios son las mismas. Los principios de su gobierno son los mismos. Porque todo procede de Aquel ‘en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación’ (Santiago 1:17).”

En los mismos días de Cristo, Jesús predicó el Evangelio:

Marcos 1:14-15 – “Mas después que Juan fue encarcelad, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed el evangelio.”

Cuando Juan el Bautista predicaba el evangelio, el hablaba de Jesús, él cual era el Evangelio. Juan predicaba un Evangelio que se estaba haciendo realidad.

Juan 1:25-27 – “Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado a quien vosotros no conocéis. Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.”

En Lucas 2:21-38 Jesús era tan solo un bebe, Simeón predicó el Evangelio: “Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; Luz para ser revelada a los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.”

Entonces hemos visto la predicación del Evangelio antes de que sea hecho realidad, y cuando se estaba haciendo realidad. Ahora veamos la predicación del Evangelio después de que fue hecho realidad, justo antes de que Cristo ascendiera al Santuario Celestial.

Marcos 16:15 – “Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.”

En Hechos 2:22-24 el apóstol Pedro predica el Evangelio:

“Varones de Israel, oíd estas palabras: Jesús de Nazaret fue hombre acreditado por Dios ante vosotros con hechos poderosos, maravillas y señales que Dios hizo por medio de él entre vosotros, como vosotros mismo sabéis.” (VIDA DE CRISTO)

“A éste, que fue entregado por el predeterminado consejo y el previo conocimiento de Dios, vosotros matasteis clavándole en una cruz por mano de inicuos” (SACRIFICIO DE CRISTO)

“A él, Dios le resucitó, habiendo desatado los dolores de la muerte; puesto que era imposible que él quedara detenido bajo su dominio” (RESURRECCIÓN DE CRISTO)

Como podemos ver, Cristo, antes de ascender al cielo, ordenó a sus discípulos predicar el Evangelio por todo el mundo. Y en la primera predicación del apóstol Pedro, él hace justamente eso: predica el Evangelio. Y de qué trata el Evangelio? De al vida, muerte y resurrección de Cristo – una obra acabada para el momento de su primera predicación, así como es una obra acabada para nosotros.

El apóstol Pablo también predicó el Evangelio como una obra acabada:

1 Corintios 15:1-4 – “Además, hermanos, os declaro el evangelio que os prediqué y que recibisteis y en el cual también estáis firmes; por lo cual también sois salvos, si lo retenéis como yo os lo he predicado. De otro modo, creísteis en vano. Porque en primer lugar os he enseñado lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

Pablo al hablar del Evangelio hablaba de la experiencia de Cristo en esta tierra, su muerte y su resurrección.

Juan también predicó el Evangelio: sobre Cristo y como una obra acabada:

1 Juan 1:1-2 – “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida—la vida fue manifestada, y la hemos visto; y os testificamos y anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada.”

Juan predicó el Evangelio como una obra ya manifestada hecha realidad y en tiempo pasado: “manifestada, la hemos visto” porque ya el Evangelio para entonces era una obra acabada. Juan y los apóstoles vieron el Evangelio hacerse realidad con sus propios ojos “lo que hemos oído, visto, lo que contemplamos.”

Al predicar el Evangelio los apóstoles solo predicaron del Evangelio como una experiencia de Cristo.

Después de la muerte de Cristo la predicación del Evangelio no terminó. Porque la predicación del Evangelio no es una obra acabada. Ahora predicamos un Evangelio hecho realidad, una obra acabada.

¿Hasta cuándo se predicará el Evangelio?

Va a llegar un momento en que la predicación del Evangelio va a llegar a su fin. Cuando Cristo deje de interceder por los hombres en el Santuario Celestial al final de su Ministerio Sumo Sacerdotal Celestial en el Lugar Santísimo del Santuario Celestial.

Apocalipsis 22:11 – “El que es injusto, haga injusticia todavía. El que es impuro, sea impuro todavía. El que es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, santifíquese todavía.”

PE pg. 280.3 – “Entonces vi que Jesús se despojaba de sus vestiduras sacerdotales y se revestía de sus más regias galas. Llevaba en la cabeza muchas coronas, una corona dentro de otra. Rodeado de la hueste angélica, dejó el cielo. Las plagas estaban cayendo sobre los moradores de la tierra. Algunos acusaban a Dios y le maldecían. Otros acudían presurosos al pueblo de Dios en súplica de que les enseñase cómo escapar de los juicios divinos. Pero los santos no tenían nada para ellos. Había sido derramada la última lágrima a favor de los pecadores, ofrecida la última angustiosa oración, soportada la última carga y dado el postrer aviso. La dulce voz de la misericordia ya no había de invitarlos. Cuando los santos y el cielo entero se interesaban por la salvación de los pecadores, éstos no habían tenido interés por sí mismos. Se les ofreció escoger entre la vida y la muerte. Muchos deseaban la vida, pero no se esforzaron por obtenerla. No escogieron la vida, y ya no había sangre expiatoria para purificar a los culpables ni Salvador compasivo que abogase por ellos y exclamase: ‘Perdona, perdona al pecador durante algún tiempo todavía.’ Todo el cielo se había unido a Jesús al oír las terribles palabras: ‘Hechos está. Consumado es.’ El plan de la salvación estaba cumplido, pero pocos habían querido aceptarlo. Y al callar la dulce voz de la misericordia, el miedo y el horror invadieron a los malvados. Con terrible claridad oyeron estas palabras: ‘¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde!’”

Cuando halla terminado el tiempo de predicar el Evangelio los que despreciaron el Evangelio buscarán pero no hallarán la Palabra de Dios.

Amós 8:11 – “He aquí que vienen días, dice el Señor Jehová, en los cuales enviaré hambre a la tierra; no hambre de pan, ni de sed de agua, sino de oír las palabras de Jehová.”

Y los redimidos no tendrán palabras para ellos.

Ezequiel 3:26 – “Y haré que tu lengua se pegue a tu paladar, y quedarás mudo. Así no serás para ellos un hombre que amonesta, porque son una casa rebelde.”

¿Con qué propósito se debe predicar el Evangelio?

  • Por testimonio.

Mateo 24:14 – “Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las razas, y luego vendrá el fin.”

Para que nadie pueda decir “a mí nadie me enseño el evangelio.”

  • Para salvación.

1 Corintios 15:2 – “por el cual también sois salvos, si lo retenéis como yo os lo he predicado. De otro modo, creísteis en vano.”

Si creemos en el evangelio podemos ser salvos.

Romanos 1:16 – “Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.”

De lo contrario, se juzgara a los hombres con el Evangelio en base a la Ley de Dios.

Romanos 2:16 – “en el día en que, conforme a mi evangelio, Dios juzgue los secretos de los hombres, por medio de Cristo Jesús.”

CS pg. 647.2 (724.2) – “Por encima del trono se destaca la cruz; y como en vista panorámica aparecen las escenas de la tentación, la caída de Adán y las fases sucesivas del plan de redención. El humilde nacimiento del Salvador; su juventud pasada en la sencillez y en la obediencia; su bautismo en el Jordán; el ayuno y la tentación en el desierto; su ministerio público, que reveló a los hombres las bendiciones más preciosas del cielo; los días repletos de obras de amor y misericordia, y las noches pasadas en oración y vigilia en la soledad de los montes; las conspiraciones de la envidia, del odio y de la malicia con que s recompensaron sus beneficios; la terrible y misteriosa agonía en Getsemaní, bajo el peso anonadador de los pecados de todo el mundo; la traición que le entregó en manos de la turba asesina; los terribles acontecimientos de esa noche de horror; el preso resignado y olvidado de su discípulos más amados, arrastrado brutalmente por las calles de Jerusalén; el hijo de Dios presentado con visos de triunfo ante Anás, obligado a comparecer en el palacio del sumo sacerdote, en el pretorio de Pilato, ante el cobarde y cruel Herodes; ridiculizado, insultado, atormentado y condenado a muerte; todo eso está representado a lo vivo.”

CS pg. 648.1 (725.2) – “Todos contemplan la enormidad de su culpa. En vano procuran esconderse ante la divina majestad de su presencia que sobrepuja el resplandor del sol, mientras que los redimidos echan sus coronas a los pies del Salvador, exclamando: ‘¡Él murió por mí!’”

CS pg. 648.4 (726.2) – “Todos los impíos del mundo están de pie ante el tribunal de Dios, acusados de alta traición contra el gobierno del cielo. No hay quien sostenga ni defienda la causa de ellos; no tienen disculpa; y se pronuncia contra ellos la sentencia de la muerte eterna.”

EL EVANGELIO ETERNO

El Evangelio, como plan, existía desde antes de la creación del planeta tierra. Si el hombre Adán no hubiese caído en el pecado, el evangelio no hubiese sido dado a conocer y se hubiese quedado como un plan.

Para que este plan se de a conocer tenía que haber una causa y esa causa se dio cuando el pecado entró en el mundo – Génesis 3:1-6.

Fue entonces que el Evangelio fue dado a conocer al hombre como una promesa – Génesis 3:15.

¿Cómo sabemos que el Evangelio, como plan, existía desde tiempos eternos?

Romanos 16:25 – “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según al revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos.”

Dios no esperé a que el hombre caiga en pecado para elaborar un plan de salvación.

Dios ya tenía un plan trazado para la salvación del pecado, pero este plan no era una realidad. Era tan solo un plan que se llevaría a efecto si llegaba a haber la causa del pecado.

DTG pg. 13.3 – “El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación del ‘misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio’ (Romanos 16:25). Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito ‘para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16).”

DTG pg. 773.11 (774.0) – “Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo sería fiador de la especie humana.”

Luego de la caída del hombre por causa del pecado, en una primera fase, ese evangelio va a ser dado a conocer al ser humano en símbolos.

El hombre tenía que levantar un altar y sacrificar allí a un cordero. Esto era una promesa en símbolos (Génesis 4:4; Génesis 22:7; Éxodo 12:21; Éxodo 29:38-39).

Siempre se ha requerido que el cordero a sacrificar sea perfecto (Éxodo 12:5).

El cordero era un símbolo de Cristo (Juan 1:29; 1 Corintios 5:7), entonces esa perfección representa la ofrenda – la obediencia perfecta que Cristo vivió aquí en la tierra como hombre.

Pero, además de ser perfecto, el cordero debía de ser sacrificado – representa al sacrificio de Cristo en la cruz.

Desde el principio en que se dio a conocer el evangelio, había ofrenda y sacrificio en símbolos, es decir que el hombre entendía que la ley de Dios demandaba perfección (Romanos 2:13) y también la paga de pecado es muerte (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8).

Todo esto apuntaba a un evento en lo porvenir: la perfección del Cordero apuntaba a la vida de obediencia perfecta a la ley de Cristo, y el sacrificio apuntaba a la muerte de Cristo en la cruz.

Pero con la presentación de la primicia de las gavillas, el evangelio en símbolos apuntaba también a la resurrección de Cristo (Levítico 23:10-11; Mateo 28:1-6).

Cuando Cristo vino a la tierra para realizar el evangelio, el evangelio dejó de ser símbolos y se convirtió en una realidad.

Cuando Cristo vino a la tierra se cumplió la promesa dada a Adán en Génesis 3:15.

Entonces, si ya se cumplió la promesa del Evangelio, en teoría debería dejar de ser “eterno.” Pero sin embargo hay una razón por la cual sigue siendo eterno:

DTG pg. 17.1 {17.1} – “Por su vida y su muerte, Cristo logró aun más que restaurar lo que el pecado había arruinado. Era el propósito de satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hombre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado. Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros […] Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz, Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana […] En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano. El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito.”

A partir de Lucas 1:35 y posteriormente por los siglos sin fin, Cristo va a tener la naturaleza humana. Hoy es nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial y mantiene su divinidad como su humanidad.

Hoy en día Cristo tiene las dos naturalezas (divino y humano). Pero la naturaleza humana no existía como realidad antes de Lucas 1:35. Como promesa y en símbolos sí existía a partir de Génesis 3:15. Y antes de Génesis 3:15 existía como un plan desde edades eternas. La parte humana de Cristo va a existir por las edades sin fin, y es por esto que el Evangelio es eterno.

Hechos 1:9-11 – Cuando Cristo se fue de la tierra, se llevó su forma o naturaleza humana.

DTG pg. 772 {771.3} – “Cristo había ascendido al cielo en forma humana. Los discípulos habían contemplado la nube que le recibió.”

Cristo no se fue de este mundo solamente como ser divino, sino también se fue llevando su naturaleza humana.

El evangelio es eterno porque como plan existía desde las edades eternas, pero sin la naturaleza humana de Cristo en realidad. Pero cuando Cristo tomó la naturaleza humana, la tomó para la eternidad.

Cristo se fue llevando su naturaleza humana para que así pueda ser Sacerdote en el Santuario Celestial. Fue entonces que empezó una nueva fase del plan de redención que es el sacerdocio de Cristo.

Es entonces que Cristo va a entrar al lugar santo del santuario celestial y lo va a hacer para empezar a trabajar con la ofrenda y el sacrificio (es decir: el evangelio) una obra acabada, no una obra por acabarse.

En el juicio se necesita del evangelio porque esta la ley que se encuentra en el Santuario Celestial demanda la obediencia perfecta y la muerte del infractor, y es el evangelio lo único que puede satisfacer esas demandas de la ley.

Cuando termine la obra intercesora de Cristo en el Santuario Celestial (Ap. 22:11), la naturaleza humana de Cristo no va a terminar.

Cuando Cristo salga del Santuario Celestial no va morir o terminar la naturaleza humana de Cristo.

CS 709 {632.1} – “En esta vida, podemos apenas empezar a comprender el tema maravilloso de la redención. Con nuestra inteligencia limitada podemos considerar con todo fervor la ignominia y la gloria, la vida y la muerte, la justicia y la misericordia que se tocan en la cruz; pero ni con la mayor tensión de nuestras facultades mentales llegamos a comprender todo su significado. La largura y anchura, la profundidad y altura del amor redentor se comprenden tan solo confusamente. El plan de la redención no se entenderá por completo ni siquiera cuando los rescatados vean como serán vistos ellos mismos y conozcan como serán conocidos; pero a través de las edades sin fin, nuevas verdades se desplegarán continuamente ante la mente admirada y deleitada. Aunque las aflicciones, las penas y las tentaciones terrenales hayan concluido, y aunque la causa de ellas haya sido suprimida, el pueblo de Dios tendrá siempre un conocimiento claro e inteligente de lo que costó su salvación.”

CS pg. 632.2 – “La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad […] El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo. ”

Como podemos ver: el evangelio va a ser estudiado por toda la eternidad. Es por esto también, que se dice que el evangelio es eterno.

Se va a estudiar el evangelio durante toda la eternidad. Por eso se dice que es evangelio eterno.

CS pg. 633.1 – “El misterio de la cruz explica todos los demás misterios. A la luz que irradia del Calvario, los atributos de Dios que nos llenaban de temor respetuoso nos resultan hermosos y atractivos. Se ve que la misericordia, la compasión y el amor paternal se unen a la santidad, la justicia y el poder. Al mismo tiempo que contemplamos la majestad de su trono, tan grande y elevado, vemos su carácter en sus manifestaciones misericordiosas y comprendemos, como nunca antes, el significado del apelativo conmovedor: ‘Padre nuestro’.”

Cristo no tomó la naturaleza humana por un corto tiempo. Por los siglos sin fin Cristo va a ser el segundo Adán, el rey y representante de la raza humana.

El evangelio como plan es eterno porque existía desde las edades eternas. Luego que entró el pecado, el evangelio fue dado a conocer en símbolos y como una promesa. Cuando llegó el cumplimiento del tiempo (Gálatas 4:4), entonces empezó a hacerse una realidad. Y es eterno también porque Cristo tomó la naturaleza humana por los siglos sin fin.

DTG pg. 18.2 – “La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundó sobreabundó la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que satanás reclama como suyo, ha de quedar no sólo redimida sino exaltada. Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha obscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí donde el Hijo de Dios habitó en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, ‘morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos’ (Apocalipsis 21:3). Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, le alabarán por su Don inefable:

Emmanuel; ‘Dios con nosotros’.”

APOCALIPSIS 14:7

“Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.”

El mensaje del primer ángel incluye la proclamación del JUICIO.

Debemos estudiar el Juicio en los siguientes aspectos:

  • Juicio en el ritual simbólico del Pacto Antiguo: el 10 de mes séptimo – Servicio Anual o Día de Expiación,
  • El lugar donde se llevaba a cabo el Juicio en el Santuario – Lugar Santísimo,
  • El trabajador responsable del Día de Juicio – el Sumo Sacerdote,
  • La Ley que se encontraba en el Lugar Santísimo – los Diez Mandamientos,
  • Los elementos con que se trabajaba el Día del Juicio – incienso, macho cabrío y carnero.

Apocalipsis 14:7, en su aspecto profético e histórico, nos lleva a un evento solemne que inició en el año 1844.

Daniel 8:14 – “Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado.”

CS pg. 412.2 – Capítulo ‘El Templo de Dios’ – “Las Escrituras contestan con claridad a la pregunta: ¿Qué es el santuario? La palabra ‘santuario’, tal cual la usa la Biblia, se refiere, en primer lugar, al tabernáculo que construyó Moisés, como figura o imagen de las cosas celestiales; y, en segundo lugar, al ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo (Hebreos 8:2), hacia el cual señalaba el santuario terrenal (Éxodo 26:30). Muerto Cristo, terminó el ritual típico. El ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo es el santuario del nuevo pacto. Y como la profecía de Daniel 8:14 se cumple en esta dispensación, el santuario al cual se refiere debe ser el santuario del nuevo pacto. Cuando terminaron los 2,300 días, en 1844, hacía muchos siglos que no había santuario en la tierra. De manera que la profecía: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el santuario,’ se refiere indudablemente al santuario que está en el cielo.”

CS pg. 412.3 – “Pero queda aún la pregunta más importante por contestar: ¿Qué es la purificación del santuario? En el Antiguo Testamento se hace mención de un servicio tal con referencia al santuario terrenal. ¿Pero puede haber algo que purificar en el cielo? En el noveno capítulo de la Epístola a los Hebreos, se menciona claramente la purificación de ambos santuarios, el terrenal y el celestial. ‘Según la ley, casi todas las cosas son purificadas con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión. Fue pues necesario que las representaciones de las cosas celestiales fuesen purificadas con estos sacrificios, pero las mismas cosas celestiales, con mejores sacrificios que estos’ (Hebreos 9:22-23), a saber, la preciosa sangre de Cristo.”

CS pg. 413.2 – “El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar santísimo, para purificar el santuario. Día tras día el pecador arrepentido llevaba su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y poniendo la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados, transfiriéndolos así figurativamente de sí mismo a la víctima inocente. Luego se mataba el animal. ‘Sin derramamiento de sangre,’ dice el apóstol, no hay remisión de pecados. ‘La vida de la carne en la sangre está’ (Levítico 17:11). La ley de Dios quebrantada exigía la vida del transgresor. La sangre, que representaba la vida comprometida del pecador, cuya culpa cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al lugar santo y la salpicaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido. Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido figurativamente, por intermedio de la sangre, al santuario.”

CS pg. 413.3 – “Tal era la obra que se llevaba a cabo día tras día durante todo el año. Los pecados de Israel eran transferidos así al santuario, y se hacía necesario un servicio especial para eliminarlos. Dios mandó que se hiciera una expiación por cada uno de los departamentos sagrados (Levítico 16:16, 19).”

CS pg. 414.1 – “Una vez al año, en el gran día de las expiaciones, el sacerdote entraba en el lugar santísimo para purificar el santuario. El servicio que se realizaba allí completaba la serie anual de los servicios.”

CS pg. 416.2 – “Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de esta se transfería figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto una obra de investigación, una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo, pues cuando venga, su galardón está con él, para que pueda otorgar la recompensa a cada uno según haya sido su obra (Apocalipsis 22:12).”

CS pg. 416.2 – “Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de los 2,300 días, en 1844, Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial para cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida.”

CS pg. 420.1 – ‘Jesucristo nuestro abogado’ – “Tanto la profecía de Daniel 8:14: ‘Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el santuario,’ como el mensaje del primer ángel: ‘¡Temed a Dios y dadle gloria; porque ha llegado la hora de su juicio!’ señalaban al ministerio de Cristo en el lugar santísimo, al juicio investigador, y no a la venida de Cristo para la redención de su pueblo y la destrucción de los impíos.”

CS pg. 476.2 – ‘El Juicio Investigador’ – “La obra del juicio investigador y el acto de borrar los pecados deben realizarse antes del segundo advenimiento del Señor. En vista de que los muertos han de ser juzgados según las cosas escritas en los libros, es imposible que los pecados de los hombres sean borrados antes del fin del juicio en que sus vidas han de ser examinadas. Pero el apóstol Pedro dice terminantemente que los pecados de los creyentes serán borrados ‘cuando vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hechos 3:19-20). Cuando el juicio investigador haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada cual según sus obras.”

“Temed a Dios y dadle gloria” – apunta al Juicio Investigador.

“Temed a Dios” no es sinónimo de miedo.

En el griego original la palabra que usa es sinónimo de confianza y de fe. Algo más correcto sería “Confía en Dios” en el Día del Juicio. Fue al apóstol Juan quien escribió el libro de Apocalipsis y en una de sus epístolas también escribe sobre la confianza en Dios en el día del juicio:

1 Juan 4:17 – “En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.”

¿En qué sentido tenemos que confiar o tener fe en Dios el Día del Juicio?

Tenemos que confiar que la justicia de Cristo (su obediencia perfecta y perpetua a la Ley) es más que suficiente para la demanda de Romanos 2:13. Tenemos que confiar que la sangre de Cristo es más que suficiente para que los pecados perdonados sean borrados en el Juicio. Y finalmente tenemos que confiar en nuestro Abogado (1 Juan 2:1), tenemos que confiar que Cristo intercede por nosotros ante Dios Padre.

Tenemos que tener fe en Cristo y confianza en su sangre, su obediencia perfecta y su obra de intercesión.

Tenemos que tener fe porque es una obra que nosotros no hemos experimentado, sino que Cristo ha experimentado por nosotros.

Tenemos que tener fe en una justicia u obediencia que no forma parte de nosotros, pues es de Cristo. Así como en el ritual simbólico los israelitas confiaban en el incienso, que era con lo primero que el sacerdote entraba a trabajar en el santuario terrenal (Levítico 2; 16:12).

“Dadle gloria”

En la hora del Juicio, Dios Padre, por su gracia y misericordia, va a seguir aceptando lo que Cristo presente a nuestro favor: en virtud de la obediencia perfecta de Cristo, nuestros nombres son conservados en el Libro de la Vida (Filipenses 4:3; Apocalipsis 3:5); y en virtud de la sangre de Cristo, nuestros pecados perdonados son borrados de nuestros libros de malas obras (Isaías 65:6-7).

Le damos gloria al Padre al confiar en su misericordia que acepta a un sustituto y garante y le damos también gloria al Hijo porque confiamos en sus méritos y en su trabajo de Mediador.

“Ha llegado la hora de su juicio”

Es el anuncio de que se da inicio al juicio investigador. En el 10 del mes séptimo (calendario judío, que en ese año equivale a 22 de Octubre) de 1844 se dio inicio al Juicio Investigador cuando Cristo vino del Lugar Santo al Lugar Santísimo del Santuario Celestial como nuestro Sumo Sacerdote. Entonces se dio inicio al juicio por los justos muertos. Y a nosotros nos toca anunciar que pronto se dará inicio al juicio de los vivos.

En la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13), Cristo nos manda a velar y estar preparados para el día del juicio, no para el día de su segunda venida.

PVGM pg. 339.2 – “Es en la crisis cuando se revela el carácter. Cuando la voz fervorosa proclamó a media noche: ‘He aquí, el esposo viene; salid a recibirle,’ y las vírgenes que dormían fueron despertadas de su sueño, se vio quién había hecho la preparación para el acontecimiento. Ambas clases fueron tomadas desprevenidas; pero una estaba preparada para la emergencia, y la otra fue hallada sin preparación. Así también hoy en día una calamidad repentina e inesperada, algo que pone al alma cara a cara con la muerte, demostrará si uno tiene verdadera fe en las promesas de Dios. Mostrará si el alma es sostenida por la gracia. La gran prueba final viene a la terminación del tiempo de gracia, cuando será demasiado tarde para que la necesidad del alma sea suplida.”

Y, ¿en qué consistía la preparación para el juicio, según la parábola de las diez vírgenes?

Las vírgenes insensatas no tomaron aceite para sus lámparas, en cambio las prudentes sí tenían el aceite.

El aceite es un símbolo del Espíritu Santo (Zacarías 4:2-6).

PVGM pg. – “Las dos clases de personas que esperaban representan dos clases que profesan estar esperando a su Señor. Se les llama vírgenes porque profesan una fe pura. Las lámparas representan la Palabra de Dios. El salmista dice: ‘Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino’ (Salmos 119:105). El aceite es un símbolo del Espíritu Santo. Así se representa el Espíritu en la profecía de Zacarías.”

En la parábola, las vírgenes insensatas pidieron aceite a las prudentes, pero estas no les pudieron dar su aceite. Esto es para ilustrarnos que ningún hombre puede creer por otro, ningún hombre puede recibir el Espíritu por otro. El carácter es intransferible y solamente Cristo como Sumo Sacerdote puede impartir el aceite – el Espíritu Santo a los creyentes que, por haber aceptado la amonestación del Testigo Fiel (Apocalipsis 3:14-18), necesitan del aceite.

¿En qué momento tomaron las vírgenes prudentes el aceite?

En el Servicio Diario, durante la preparación para el Día del Juicio.

Mateo 25:3-4 – Servicio Diario

Mateo 25:6 – Anuncio de Juicio

Mateo 25:10 – El Juicio

¿Por qué las vírgenes insensatas no tomaron consigo el aceite?

Porque no tuvieron necesidad del aceite, porque no aceptaron la amonestación del Testigo Fiel.

¿Por qué necesitamos del Espíritu Santo?

Para que pueda regenerarnos. Si no aceptamos que por naturaleza somos incrédulos, que no tenemos capacidad para amar, que en lugar de amar odiamos a Dios, odiamos a nuestro prójimos y odiamos la Ley… necesitamos del aceite? Necesitamos del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo? Necesitamos de su justicia, de su sangre? Necesitamos un sustituto?

Abel vio la necesidad de un sustituto, Caín no necesitaba un sustituto. Abel aceptó la amonestación del Testigo Fiel y tenía aceite en su lámpara, Caín no aceptó la amonestación del Testigo Fiel y por lo tanto no tuvo necesidad del aceite.

PE pg. 270.2 – “Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel le dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo el corazón de quien lo reciba y le inducirá a exaltar el estandarte y a difundir la recta verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.”

DTG pg. 246.3 – “Como fue en los días de Cristo, así es hoy; los fariseos no conocen su indigencia espiritual. A ellos llega el mensaje: ‘Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez’ (Apocalipsis 3:17-18). La fe y el amor son el oro probado en el fuego.”

La amonestación del Testigo Fiel nos dice que: por naturaleza no tenemos capacidad para amar. Odiamos a Dios, odiamos a nuestro prójimo y odiamos la santa Ley. Quienes acepten esta amonestación tendrán la necesidad del consejo del Testigo Fiel y comprarán el oro afinado en el fuego: acudirán por la fe a Cristo Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial.

1JT pg. 329.2 – “En mi última visión se me mostró que este mensaje decidido del Testigo Fiel no ha cumplido aún el designio de Dios. La gente duerme en sus pecados. Continúa declarándose rica, y sin necesidad de nada. Muchos preguntan: ¿Por qué se dan todos estos reproches? ¿Por qué los Testimonios nos acusan continuamente de apostasía y graves pecados? Amamos la verdad; estamos prosperando; no necesitamos esos testimonios de amonestación y reproche. Pero miren sus corazones estos murmuradores y comparen su vida con las enseñanzas prácticas de la Biblia; humillen sus almas delante de Dios; ilumine la gracia de Dios las tinieblas; y caerán las escamas de sus ojos y se percatarán de su verdadera pobreza y miseria espirituales. Sentirán la necesidad de comprar oro, que es la fe y el amor puro; ropa blanca, que es el carácter inmaculado, purificado en la sangre de su amado Redentor; y colirio, que es la gracia de Dios, y que les dará un claro discernimiento de las cosas espirituales para descubrir el pecado. Estas cosas son más preciosas que el oro de Ofir.”

En Mateo 25:10 encontramos las palabras “cerró la puerta” – es decir, pasó el juicio. Y las vírgenes que estaban preparadas entraron a la boda.

Mas en Mateo 25:11-12 encontramos que “después vinieron las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.”

PVGM pg. 340.2 – “Las más tristes de todas las palabras jamás escuchadas por oídos mortales son las que constituyen la sentencia: ‘No os conozco.’ El compañerismo del Espíritu, que vosotros habéis despreciado, es lo único que podría identificaros con la gozosa multitud en la fiesta nupcial. No podéis participar en esa escena. Su luz caería sobre ojos cegados, su melodía en oídos sordos. Su amor y su gozo no haría vibrar ninguna cuerda de alegría en el corazón entumecido por el mundo. Sois excluidos del cielo por vuestra propia falta de idoneidad para habitar en él.”

Luego, en Mateo 25:13 Cristo nos aconseja – “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.”

La gran mayoría de religiosos enseñan que este versículo se refiere a la segunda venida de Cristo. Pero ese “día y hora” es el juicio.

¿Por qué no trata sobre segunda venida?

Porque estudiando la Escrituras claramente vemos que el juicio antecede a la segunda venida de Cristo. El juicio sorprenderá a todos como ladrón. Pero la segunda venida de Cristo no sorprenderá a los redimidos.

CS pg. 623.3 (698.2) – “Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Sus semblantes se iluminan con la gloria divina y brillan cual brillara el rostro de Moisés cuando bajó del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que honraron a Dios santificando su sábado, se oye un inmenso grito de victoria.”

Velar implica hacer el Servicio Diario y que Cristo, por medio del Espíritu Santo, nos dé capacidad para amara y para renunciar a la práctica del pecado.

CS pg. 423.1 (480.2 y 481.0) – “La proclamación: ‘¡He aquí que viene el Esposo!’ en el verano de 1844, indujo a miles de personas a esperar el advenimiento inmediato del Señor. En el tiempo señalado, vino el Esposo, no a la tierra, como el pueblo esperaba, sino hasta donde estaba el Anciano de días en el cielo, a las bodas; es decir, a recibir su reino. ‘Las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y fue cerrada la puerta.’ No iban a asistir en persona a las bodas, ya que estas se verifican en el cielo mientras que ellas están en la tierra. Los discípulos de Cristo han de esperar ‘a su Señor, cuando haya de volver de las bodas’ (Lucas 12:36). Pero deben comprender su obra, y seguirle por fe mientras entra en la presencia de Dios. En Este sentido es en el que se dice que ellos van con él a las bodas.”

Cristo es nuestro segundo Padre y Representante de la raza humana, es el segundo Adán. Entonces, al entrar Cristo a las bodas, es como si nosotros entrásemos a las bodas, porque Cristo entra como nuestro Representante. Si Cristo habla por mi, es como si yo estuviera hablando. Es por esto que el profeta Daniel, al ver a Cristo con vestiduras sacerdotales dijo que su voz era como de un ejército (Daniel 10:6) y el apóstol Juan al ver a Cristo con las mismas vestiduras describió su voz como el estruendo de muchas aguas (Apocalipsis 1:15).

CS pg. 423.2 – “Según la parábola, fueron las que tenían aceite en sus vasos con sus lámparas quienes entraron a las bodas. Los que, junto con el conocimiento de la verdad de las Escrituras, tenían el Espíritu y la gracia de Dios, y que en la noche de su amarga prueba habían esperado con paciencia, escudriñando la Biblia en busca de más luz, fueron los que reconocieron la verdad referente al santuario en el cielo y al cambio de ministerio del Salvador, y por la fe le siguieron en su obra en el santuario celestial. Y todos los que por el testimonio de las Escrituras aceptan las mismas verdades, siguiendo por fe a Cristo mientras se presenta ante Dios para efectuar la última obra de mediación y para recibir su reino a la conclusión de esta, todos estos están representados como si entraran en las bodas.”

Es en el Servicio Diario cuando por fe seguimos a Cristo en el Santuario Celestial mientras él se presenta por nosotros ante Dios (Hebreos 5:1). Cristo, antes de ser entregado, prometió “Yo rogaré por vosotros” (Juan 14:16), y eso es justamente lo que Cristo hace en el Santuario Celestial – el ruega por los que por fe le siguen su trabajo Sumo Sacerdotal. Cristo presenta su ofrenda y su sacrificio (Hebreos 8:3): presenta su vida de obediencia perfecta y perpetua a la Ley para que podamos ser aceptados o justificados y también para que podamos recibir el aceite – el Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana; y presenta su sangre para que nuestros pecados puedan ser perdonados.

Si haciendo la preparación durante el Servicio Diario, y diariamente llenamos las lámparas con aceite, entonces cuando llegue el día del Juicio: como hemos llegado aceptados y perdonados, Cristo va a seguir presentándose por nosotros: presentará su vida de obediencia perfecta para que nuestros nombres se conserven en el Libro de la Vida y también para que podamos recibir la lluvia tardía; y presentará su sangre para que nuestros pecados previamente perdonados durante el Servicio Diario puedan ser borrados de nuestros libros de malas obras y transferidos a la cuenta de satanás.

CS pg. 423.3 – “En la parábola del capítulo 22 de Mateo, se emplea la misma figura de las bodas y se ve a las claras que el juicio investigador se realiza antes de las bodas. Antes de verificarse estas entra el Rey para ver a los huéspedes, y cerciorarse de que todos llevan las vestiduras del carácter, lavado y emblanquecido en la sangre del Cordero (Mateo 22:11; Apocalipsis 7:14). Al que se encuentra sin traje conveniente, se le expulsa, pero todos los que al ser examinados resultan tener las vestiduras de bodas, son aceptados por Dios y juzgados dignos de participar en su reino y de sentarse en su trono. Esta tarea de examinar los caracteres y de determinar los que están preparados para el reino de Dios es la del juicio investigador, la obra final que se lleva a cabo en el santuario celestial.”

Como hemos estudiado, en un primer aspecto, “entramos a las bodas” en Cristo, es decir Cristo como nuestro representante entra a las bodas en el cielo, mientras nosotros estamos aquí en la tierra.

Pero, en ocasión de la tercera venida de Cristo, en el “segundo acto” de las bodas, los redimidos sí estarán en persona en la coronación de Cristo.

CS pg. – “La boda representa el acto de ser investido Cristo de la dignidad de Rey. La ciudad santa, la nueva Jerusalén, que es la capital del reino y lo representa, se llama ‘la novia, la esposa del Cordero.’ El ángel dijo a Juan: ‘Ven acá; te mostraré la novia, la esposa del cordero.’ ‘Me llevó en el Espíritu,’ agrega el profeta, ‘y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, descendiendo del cielo, desde Dios’ (Apocalipsis 21:9-10). Salta pues a la vista que la Esposa representa la ciudad santa, y las vírgenes que van al encuentro del Esposo representan a la iglesia. En el Apocalipsis, el pueblo de Dios lo constituyen los invitados a la cena de las bodas (Apocalipsis 19:9). Si son los invitados, no pueden representar también a la esposa. Cristo, según el profeta Daniel, recibirá del Anciano de días en el cielo “el dominio, y la gloria, y el reino’ (Daniel 7:14), recibirá la nueva Jerusalén, la capital de su reino, ‘preparada como una novia engalanada para su esposo’ (Apocalipsis 21:2).”

Amén. Que Dios los bendiga.

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