Estudio sobre – La Verdadera Adoración

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Prefacio

El capítulo 13 del Apocalipsis nos lleva al el último conflicto entre el bien y el mal—entre la verdad y el error—que se desarrollará al final de la historia del planeta tierra. En este capítulo vemos el surgimiento de un sistema o gobierno mundial en el que una bestia o reino ejerce su poder desde el viejo continente, mientras que una imagen de esta bestia surge en otro reino que se encuentra en el nuevo continente. El papado en Europa es la bestia cuya herida mortal es sanada completamente al recuperar su poder político y religioso perdido en la Edad Media. La imagen de la bestia es formada por el protestantismo apóstata que se está desarrollando en los Estados Unidos de América.

Cómo se llega a la conclusión de que estas dos bestias del capítulo 13 simbolizan al papado y a la América protestante es un estudio aparte que ya hemos analizado en otros documentos.

CS pg. 496/3 (438.1) – “Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fue el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la ‘herejía.’

Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines.”

CS pg. 498/1 (439.3) – “Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina (ecumenismo), influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes vendrá de por sí sola.”

Como consecuencia de esta gran crisis final, vemos que—a raíz de este gran conflicto—la humanidad quedará dividida en dos clases de personas. No habrá un punto intermedio y nadie quedará al margen de tomar una decisión final en cuanto a qué grupo va a formar parte.

 

El Conflicto o Crisis Final

“Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.” (Apocalipsis 14:7)

El mensaje del primer ángel de Apocalipsis capítulo 14 nos invita a adorar al Creador de los cielos y de la tierra. La gente que acepta esta orden viene a formar parte del primer grupo, mientras que el resto de la humanidad formará parte del segundo grupo:

“Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, este también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira…” (Apocalipsis 14:9-10)

Como podemos apreciar, el conflicto final, al que estamos entrando a pasos agigantados, va a girar en torno a la adoración. La humanidad entera y el mundo entero va a quedar dividido en dos clases: los que adoran al Creador y los que adoran a la bestia y a su imagen.

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Juan 1:1-3 – “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.”

El mensaje del primer ángel nos ordena que adoraremos al Creador de los cielos y de la tierra. Ese Creador es Cristo como Dios—el Hijo de Dios.

Pero esta orden de adorar al Hijo de Dios, nos lleva especial y directamente al cuarto mandamiento. La expresión “ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7) es una expresión que se encuentra de igual manera específica en el cuarto mandamiento:

Éxodo 20:11 – “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.”

La razón por la cual hacemos una conexión inequívoca entre Apocalipsis 14:7 y Éxodo 20:11, más allá de lo que pudiera ser una simple coincidencia en la descripción textual del Creador, se debe también al análisis del significado bíblico de la palabra “adoración.”

La marca de la bestia

Es importante notar que la “marca de la bestia” se trata de una marca o señal que es puesta “en la frente” o “en la mano” (Apocalipsis 14:9; 13:16).

La ley de Dios—los Diez Mandamientos—tenían que estar por señal en la mano y en la frente de los israelitas.

En Deuteronomio capítulo 5 tenemos los Diez Mandamientos de Éxodo capítulo 20. En el capítulo 6, haciendo referencia a estos “mandamientos, estatutos, y derechos” (Deuteronomio 6:1), Dios ordenó:

Deuteronomio 6:8 – “Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos: y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas.”

Mientras que el cuerno pequeño ha metido el vino de Babilonia en la mente de los cristianos de que la marca de la bestia es “un micro chip que será implantado en la frente o en la mano o en algún lugar del cuerpo” – la Biblia echa por tierra esta conveniente mentira.

La marca de la bestia no es un micro chip ni nada parecido. La marca de la bestia tiene que ver con una ley que va en contra de las leyes de Dios. Se trata de una ley dominical.

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¿Por qué la ley de Dios debe estar en la frente y en la mano?

El hecho simbólico de que la ley debe estar por señal en la frente se refiere al hecho de que con la mente y con la voluntad el hombre acepta obedecer o desobedecer a Dios. La marca de la bestia en la frente implica voluntaria y concienzudamente aceptar una ley que va en contra de la ley de Dios.

El hecho simbólico de que la ley debe estar por señal en la mano se refiere al hecho de que con la mano se trabaja. Esto es de suma importancia pues hay un único mandamiento de la ley de Dios que tiene que ver con reposar del trabajo secular.

Deuteronomio 5:13-14 – “Seis días trabajarás y harás toda tu obra: Mas el séptimo es reposo a Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como tú.”

Los israelitas debían poner la ley como marca o señal en su mano para acordarse específicamente de no hacer trabajo secular en sábado. Claramente la marca de la bestia, que también es puesta sobre la mano, se trata de una ley que atenta directamente contra el cuarto mandamiento de la ley moral. Se trata de una ley que obliga al hombre a trabajar en el día de reposo del Señor—el séptimo día, comúnmente llamado sábado.

2JT pg. 184.3 – “El día anterior al sábado debe ser hecho día de preparación, a fin de que todo esté listo para sus horas sagradas.

‘Lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo.’ ‘Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová.’ Éxodo 16:23.

La misericordia divina ha indicado que se debe cuidar a los enfermos y dolientes; el trabajo requerido para que estén cómodos es una obra necesaria, y no una violación del sábado.

Debe evitarse todo trabajo innecesario. Muchos postergan negligentemente hasta el comienzo del sábado cosas pequeñas que debieran hacerse en el día de preparación. Esto no debe ser. Cualquier trabajo que sea descuidado hasta el comienzo del tiempo sagrado debe permanecer sin hacerse hasta que haya pasado el sábado.

Debe velarse sobre las palabras y los pensamientos. Los que hablan de asuntos comerciales y hacen planes en sábado, son considerados por Dios como si se hubiesen dedicado realmente a efectuar los negocios. Para santificar el sábado, no debemos permitir siquiera a nuestra mente que se espacie en cosas de carácter mundano.”

Tanto la bestia como su imagen no permitirán que nadie pueda comprar o vender a menos que tengan su “marca” o “señal”:

Apocalipsis 13:17 – “Y que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.”

El cuarto mandamiento de la ley de Dios es el único mandamiento que implica una orden de no comprar ni vender: durante el séptimo día—el día santo del Señor.

Nehemías 10:29-31 – “Adhiriéndose a sus hermanos, sus principales, y vinieron en la protestación y en el juramento de que andarían en la ley de Dios, que fue dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus juicios y sus estatutos… Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día sábado, nada tomaríamos de ellos en sábado, ni en día santificado; y que dejaríamos el año séptimo, con remisión de toda deuda.”

Esta restricción sobre no comprar ni vender en día sábado naturalmente no se aplica a casos médicos o de emergencia en los que es necesario comprar medicina o incluso alimentos para atender a los enfermos y necesitados. Es una cuestión de sentido común.

La bestia y su imagen

¿Por qué el apóstol Juan vio a una bestia y a su “imagen”?

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CS pg. 498/2 (439.4) – “La bestia de dos cuernos ‘hace [ordena] que todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre.’ (Apocalipsis 13:16, 17)

La amonestación del tercer ángel es: ‘¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!’ ‘La bestia” mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado. La “imagen de la bestia” representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas.”

CS pg. 501/2 (441.4) – “Los católicos romanos reconocen que el cambio del día de descanso fue hecho por su iglesia, y declaran que al observar el domingo los protestantes reconocen la autoridad de ella. En el Catecismo católico de la religión cristiana, al contestar una pregunta relativa al día que se debe guardar en obediencia al cuarto mandamiento, se hace esta declaración: ‘Bajo la ley antigua, el sábado era el día santificado; pero la iglesia, instruida por Jesucristo y dirigida por el Espíritu de Dios, sustituyó el sábado por el domingo; de manera que ahora santificamos el primer día y no el séptimo. Domingo significa día del Señor, y es lo que ha venido a ser.’

Como signo de la autoridad de la Iglesia Católica, los escritores católicos citan ‘el acto mismo de cambiar el sábado al domingo, cambio en que los protestantes consienten, […] porque al guardar estrictamente el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas y para imponerlas so pena de incurrir en pecado.’ H. Tuberville, An Abridgement of the Christian Doctrine, 58.

¿Qué es, pues, el cambio del día de descanso, sino el signo o marca de la autoridad de la iglesia romana, ‘la marca de la bestia’?”

¿Qué dice la bestia (el papado)?

“¡Santificamos el domingo porque conmemoramos la resurrección de Cristo!”

¿Qué repite su imagen (el protestantismo apóstata)?

“¡Santificamos el domingo porque conmemoramos la resurrección de Cristo!”

¿Qué dice la bestia?

“¡El sábado era para los judíos!”

¿Qué repite su imagen?

“¡El sábado era para los judíos!”

¿Qué dice el papado?

“¡El alma es inmortal!”

¿Qué repite el protestantismo apóstata?

“¡El alma es inmortal!”

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La imagen de la bestia debe hablar exactamente lo mismo que dice la bestia, es por esto que es descrita como una “imagen.” Esa bestia de Apocalipsis 14:9 es la misma bestia de Apocalipsis 13:1-10. Y la imagen de la bestia de Apocalipsis 14:9 es la misma imagen que se forma en la segunda bestia de Apocalipsis 13:11-17.

El significado de ADORAR

¿Qué significa “adorar”?

De acuerdo al diccionario, adorar significa “reverenciar o rendir culto a un ser que se considera de naturaleza divina.”

Bíblicamente vemos que adorar está íntimamente relacionado con la ley de Dios – “adora al que ha hecho los cielos y la tierra” => Ex. 20:11.

CS pg. 489/1 (432.1) – “El primer ángel exhorta a los hombres a que teman al Señor y le den honra y a que le adoren como Creador del cielo y de la tierra. Para poder hacerlo, deben obedecer su ley. El sabio dice: ‘Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es la suma del deber humano’ (Eclesiastés 12:13).

Sin obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede agradar a Dios. ‘Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos’ (1 Juan 5:3). ‘El que aparte sus oídos para no escuchar la ley, verá que su oración misma es cosa abominable’ (Proverbios 28:9).”

El significado bíblico de ADORAR es de OBEDECER la ley de Dios, y tomando en cuenta Apocalipsis 14:7, especialmente el cuarto mandamiento, donde se encuentra el sello del Creador – “porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay…”

Adoramos a Dios guardando sus mandamientos.

De igual manera, adoramos al papado si guardamos sus mandamientos de su institución.

CS pg. 502/2 (443.1) – “Pero los cristianos de las generaciones pasadas observaron el domingo creyendo guardar así el día de descanso bíblico; y ahora hay verdaderos cristianos en todas las iglesias, sin exceptuar la católica romana, que creen honradamente que el domingo es el día de reposo divinamente instituído. Dios acepta su sinceridad de propósito y su integridad.

Pero cuando la observancia del domingo sea impuesta por la ley, y que el mundo sea ilustrado respecto a la obligación del verdadero día de descanso, entonces el que transgrediere el mandamiento de Dios para obedecer un precepto que no tiene mayor autoridad que la de Roma, honrará con ello al papado por encima de Dios: rendirá homenaje a Roma y al poder que impone la institución establecida por Roma: adorará la bestia y su imagen.

Cuando los hombres rechacen entonces la institución que Dios declaró ser el signo de su autoridad, y honren en su lugar lo que Roma escogió como signo de su supremacía, ellos aceptarán de hecho el signo de la sumisión a Roma, ‘la marca de la bestia.’ Y sólo cuando la cuestión haya sido expuesta así a las claras ante los hombres, y ellos hayan sido llamados a escoger entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres, será cuando los que perseveren en la transgresión recibirán ‘la marca de la bestia’.”

Si un hombre profesa adorar a Dios, pero no quiere guardar su ley, entonces por más que diga lo que diga, no es un verdadero adorador de Dios.

Si necesitamos ser presionados para obedecer a Dios, entonces tampoco somos obedientes para Dios, pues Dios no puede aceptar una obediencia forzada y de mala gana.

PVGM pg. 70.1 – “El hombre que trata de guardar los mandamientos de Dios solamente por un sentido de obligación—porque se le exige que lo haga—nunca entrará en el gozo de la obediencia. El no obedece. Cuando los requerimientos de Dios son considerados como una carga porque se oponen a la inclinación humana, podemos saber que la vida no es una vida cristiana.

La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro. Nace del amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es la lealtad a nuestro Redentor. Esto nos inducirá a hacer lo bueno porque es bueno, porque el hacer el bien agrada a Dios.”

La obediencia verdadera vs la obediencia falsa o espuria

¿Por qué la hermana White insiste en que “la verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro”?

Este es un tema que tiene que ver con la naturaleza del hombre y con la amonestación del Testigo Fiel—temas que ya hemos tratado en otros estudios ampliamente.

Por naturaleza, el hombre no tiene capacidad para amar.

Juan 5:42 – “Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.”

Si tuviéramos capacidad natural para amar, todo el mundo guardaría la ley, habría paz y armonía, y todos guardaríamos el sábado como día de reposo. Este sería un mundo totalmente diferente—sería como era la intención original de nuestro Creador.

Pero como resultado de la transgresión, el padre de la raza humana—Adán, al desobedecer a Dios, al infringir la ley, al cometer pecado, perdió los dones sobrenaturales o espirituales de Gálatas 5:22-23 – amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, temperancia, etc. El amor fue reemplazado por algo que estaba fuera de Adán – el egoísmo.

Mientras que Adán perdió los dones sobrenaturales, sus dones naturales o inherentes (facultad del habla, pensamiento, voluntad, facultad de comer, etc.) se depravaron en un abrir y cerrar de ojos. Los dones naturales han sufrido también una degradación que desde los días de Adán hasta los nuestros han tomado siglos en acentuarse (perdida de estatura, longevidad, enfermedades, etc.).

Adán fue originalmente creado por Cristo con capacidad natural para amar. Como consecuencia de su pecado se vio desnudo exteriormente (Génesis 3:10), pero no se percató de su desnudez espiritual (Apocalipsis 3:17). Esto es tan solo un breve repaso del estudio de la naturaleza del hombre y de la amonestación del Testigo Fiel.

Adán después del pecado perdió la capacidad natural para amar. El amor ya no era algo natural sino un don sobrenatural que él ya no poseía más. Y sin amor, era imposible que el hombre pudiera obedecer legítimamente a Dios, pues el amor verdadero—el amor que es un principio y no un sentimiento—obedece la ley.

Romanos 13:10 – “El amor es el cumplimiento de la ley.”

El amor es un don que viene de Dios (1 Juan 4:7), no viene del hombre.

1 Juan 2:4 – “El que dice: ‘Yo le conozco’ y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él.”

En lugar de amor, por naturaleza tenemos odio:

Jeremías 6:19 – “Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.”

Dios nos ordena amar a Dios y a nuestro prójimo, pero el problema que tenemos, la enfermedad que tenemos, es que en lugar de amor tenemos odio: odiamos a Dios, odiamos a nuestro prójimo y odiamos la ley de Dios. No podemos obedecer una ley que aborrecemos. No podemos obedecer a una ley santa cuando poseemos una naturaleza que se inclina a de continuo hacer el mal y quebrantarla (Génesis 6:5).

Nuestra naturaleza es tan depravada y nuestro corazón es tan engañoso (Jeremías 17:9), que preferimos pensar que todos esos versículos de amonestación “eran para los judíos.” Como si nosotros fuéramos descendientes de otro Adán diferente al de los israelitas de antaño!

Sin embargo la Palabra de Dios es clara y profunda como una espada de dos filos (Hebreos 4:12):

Hechos 17:26 – “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra…”

Todos los hombres somos descendientes de ese mismo Adán caído en pecado que perdió su capacidad para amar y su capacidad para obedecer la ley.

Génesis 5:3 – “Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró a un hijo a su semejanza, conforme a su imagen…”

La descendencia de Adán ya no era conforme a imagen y semejanza de Dios en cuestión de dones espirituales, sino conforme a imagen y semejanza de un Adán sin capacidad para amar.

Todos los hombres somos engendrados y engendramos hijos con 0% capacidad para amar, nos guste o no nos guste.

Esta es una cuestión difícil de aceptar para el ser humano, pues va en contra de su ego y del yo. Es algo que hiere nuestros sentimientos. Es por eso que las filosofías huecas y sutiles del hombre empiezan a hacer vueltas en nuestras mentes para resistir el trabajo del Espíritu Santo.

Colosenses 2:8 – “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo.”

Paganismo Griego

Un ejemplo de filosofía hueca según los hombres es la filosofía griega acerca del amor. Según los griegos existe el amor eros (entre esposo y esposa), amor storgé (entre familiares), amor philia (amor por la humanidad), amor ágape (amor incondicional y desinteresado). Entonces la gente se deja llevar por estas vanas filosofías y dicen que Juan 5:42 está hablando del “amor ágape” y ellos aceptan que no tienen “amor ágape” pero creen que sí tienen amor “eros”, “storgé” y “philia.”

Es cierto que, por ejemplo, el apóstol Pablo en sus epístolas usó las palabras griegas de agape y philos. Pero el hecho de que Pablo escribiría en el idioma griego no lo convierte en un filósofo griego. Es decir, cualquier persona que habla más de un idioma sabe que al hablar en otro idioma uno está circunscrito a la gramática y al vocabulario existente en dicho idioma.

Pablo usó el vocabulario griego, pero esto no implica que él tuviera una filosofía griega. Hubiera sido extraño que Pablo, al hablar de amor entre los hermanos cristianos, usara por ejemplo la palabra griega de eros o agape, en lugar de la palabra de philos. Esto pudiera haberse malinterpretado como si Pablo hubiera estado consistiendo en la relación sexual o sentimental entre personas del mismo sexo. Es por esto que Pablo tenía que usar la palabra griega de “amor” que mejor correspondiera al contexto en el que él estaba escribiendo.

La filosofía hueca del amor agape, philos, eros, etc., es aceptada por el papado. De hecho, el papa Benedicto XVI incluyó las palabras eros, philia y agape en su encíclica “DEUS CARITAS EST” (Dios es amor). Y es que, al cuerno pequeño, le encanta incorporar la filosofía griega en el cristianismo. De ahí es que salieron los otros vinos de Babilonia: la inmortalidad del alma, el infierno, el purgatorio, etc. Esto no quiere decir que ellos fueron los primeros en hablar sobre la inmortalidad del alma; pero fueron los primeros en desarrollar filosofías sofisticadas que pudieran ser consideradas como legítimas en el marco “científico”, en lugar de su verdadero marco de religiosidad pagana.

La amonestación del Testigo Fiel

Los cristianos no debemos dejarnos llevar por estas filosofías vanas que son, en realidad, doctrinas paganas; pues el amor bíblico es uno solo, y es un principio de origen celestial. Si rechazamos este amor bíblico entonces nos dejaremos llevar por los argumentos en contra de la amonestación del Testigo Fiel:

“yo sí amo a mis hijos” (amor philios), o “yo amo a mi esposo” (amor eros)…

Si creemos que poseemos el “amor philios” y el “amor eros”, y que únicamente no poseemos el “amor agape”, entonces haríamos bien en estudiar más la Biblia para descubrir que no posemos capacidad para amar, así sea agape, eros o philios o cualquier otro invento.

Vamos a estudiar un ejemplo claro.

Dios ha querido advertir a su pueblo a través de todos los tiempos acerca de su incapacidad para amar. Como “su pueblo” no quiso aceptar su incapacidad para amar, el Señor advirtió que crearía las circunstancias para que esa incapacidad para amar salga a la luz y así los hombres pudieran comprender su verdadera naturaleza.

Para una madre resulta inadmisible pensar que no ama a sus hijos. Y resultaría mayormente inadmisible pensar que podría comer a sus hijos que tanto “ama”. La razón por la que es impensable una situación tal, es que no existe la circunstancia para que algo así ocurra (pues hay abundancia de alimentos).

¿Pero qué pasaría si se diera la circunstancia? Es en la crisis que se revela el verdadero carácter…

PVGM pg. 339.2 – “Es en la crisis cuando se revela el carácter.”

Deuteronomio 28:54-55 – “El hombre tierno en ti, y el muy delicado, su ojo será maligno para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos que le quedaren; Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comerá, porque nada le habrá quedado, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades.”

¿Qué advertencia dio el Señor a los maridos piadosos?

“El ojo será maligno para con su hermano” – entonces, ¿dónde quedó el “amor philial”?

“y para con la mujer de su seno” – entonces, ¿dónde quedó el “amor eros”?

“y para con el resto de sus hijos” – entonces, ¿dónde quedó el “amor storgé”?

¿Y qué advertencia dio el Señor a las esposas piadosas?

Deuteronomio 28:56-57 – “La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie probó a sentar sobre la tierra, de ternura y delicadeza, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo, y para con su hija, y para con su chiquita que sale de entre sus pies, y para con sus hijos que pariere; pues los comerá escondidamente, a falta de todo, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.”

Dios advirtió a la esposa “piadosa” que cree que ama a su esposo y que ama a sus hijos, que si Él creaba la situación, entonces esa mujer piadosa comería a sus hijos.

Los israelitas no tomaron en serio esta advertencia, pues ellos—como nosotros—creían que sí tenían capacidad para amar. Ellos rechazaron la amonestación del Testigo Fiel. Entonces, Dios creó la circunstancia y la total incapacidad para amar del ser humano salió a flote como era de esperarse…

2 Reyes 6:26-29 – “Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dio voces, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te tengo que salvar yo? ¿del alfolí, o del lagar? Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo.”

¿De qué se estaban alimentando las mujeres piadosas de Israel? De sus propios hijos.

Hoy en día no nos imaginamos una situación semejante a esta, porque por el momento hay que comer. Pero cuando llegue la crisis final, cuando llegue la hora crítica, si no hemos aceptado lo que Dios dice en su Palabra acerca de nuestra verdadera condición, entonces aprenderemos por experiencia propia que no tenemos capacidad para amar.

El profeta Jeremías también advirtió en su tiempo al pueblo de Dios que no tenían capacidad para amar. Pero todo fue en vano.

Jeremías 6:10 – “¿A quién tengo de hablar y amonestar, para que oigan? He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.”

Como el profeso pueblo de Dios no aceptó la amonestación de Jehová por medio del profeta Jeremías, entonces les dijo:

Jeremías 19:9 – “Y haréles comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas; y cada uno comerá la carne de su amigo, en el cerco y en el apuro con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan sus almas.”

El profeta Ezequiel también fue enviado para advertir al pueblo, pero como siempre, las advertencias fueron a parar en oídos sordos…

Ezequiel 5:10 – “Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos vientos todo tu residuo.”

Como los israelitas no quisieron aceptar su incapacidad para amar a Dios, a su ley, a sus padres, a sus hijos, a sus amigos, a sus hermanos, a su prójimo, entonces Dios creó nuevamente la circunstancia para que la naturaleza pecaminosa y perversa del hombre saliera a relucir en todo su esplendor…

2 Reyes 25:1-3 – “Y aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalem, y cercóla; y levantaron contra ella ingenios alrededor. Y estuvo la ciudad cercada hasta el undécimo año del rey Sedecías. A los nueve del mes prevaleció el hambre en la ciudad, que no hubo pan para el pueblo de la tierra.”

Por un espacio de casi dos años Nabucodonosor sitió la ciudad de Jerusalén hasta que se terminó la reserva de alimentos. ¿Qué hizo el profeso pueblo de Dios en esta hora crítica, en esta crisis?

Lamentaciones 4:8-10 – “Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles: Su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo. Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos del hambre; Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos; Fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.”

La advertencia se cumplió al pie de la letra.

Un tercer cumplimiento de esta profecía ocurrió también en el año 70 d.C., cuando la ciudad de Jerusalén fue nuevamente sitiada, pero esta vez por el ejército romano, bajo el mando del general Tito.

CS pg. 34/2 (30.2) – “Espantosas fueron las calamidades que sufrió Jerusalén cuando el sitio se reanudó bajo el mando de Tito. La ciudad fue sitiada en el momento de la Pascua, cuando millones de judíos se hallaban reunidos dentro de sus muros.

Los depósitos de provisiones que, de haber sido conservados, hubieran podido abastecer a toda la población por varios años, habían sido destruidos a consecuencia de la rivalidad y de las represalias de las facciones en lucha, y pronto los vecinos de Jerusalén empezaron a sucumbir a los horrores del hambre. Una medida de trigo se vendía por un talento.

Tan atroz era el hambre, que los hombres roían el cuero de sus cintos, sus sandalias y las cubiertas de sus escudos. Muchos salían durante la noche para recoger las plantas silvestres que crecían fuera de los muros, a pesar de que muchos de ellos eran aprehendidos y muertos por crueles torturas, y a menudo los que lograban escapar eran despojados de aquello que habían conseguido aun con riesgo de la vida. Los que estaban en el poder imponían los castigos más infamantes para obligar a los necesitados a entregar los últimos restos de provisiones que guardaban escondidos; y tamañas atrocidades eran perpetradas muchas veces por gente bien alimentada que sólo deseaba almacenar provisiones para más tarde.

Millares murieron a consecuencia del hambre y la pestilencia. Los afectos naturales parecían haber desaparecido: los esposos se arrebataban unos a otros los alimentos; los hijos quitaban a sus ancianos padres la comida que se llevaban a la boca, y la pregunta del profeta: ‘¿Se olvidará acaso la mujer de su niño mamante?’ (Isaías 49:15) recibió respuesta en el interior de los muros de la desgraciada ciudad, tal como la diera la Santa Escritura: ‘¡Las misericordiosas manos de las mujeres cuecen a sus mismos hijos! ¡éstos les sirven de comida en el quebranto de la hija de mi pueblo!’ (Lamentaciones 4:10).”

Por tercera vez la advertencia se cumplió al pie de la letra. No hubo “amor agape”, “amor philio”, “amor storgé”, ni ninguna filosofía hueca que pudiera soportar la crisis. Los israelitas sufrieron el resultado de confiar en filosofías huecas en lugar de aceptar la Palabra de Dios.

El único amor que existe es el principio de origen celestial, el amor que cumple la ley. Y ese amor no lo tenemos. Si no queremos aceptar esta realidad, entonces, al igual como le aconteció al pueblo de Dios en el pasado, le volverá a ocurrir al pueblo de Dios en el futuro. Dios va a crear las circunstancias para que los padres piadosos y los hijos piadosos coman carne humana y carne de sus padres y de sus hijos. Si cometemos el mismo error de los israelitas en el pasado, de tomar estas advertencias livianamente, entonces el Señor aceptará nuestra decisión…

CS pg. 40/1 (34.2) – “La profecía del Salvador referente al juicio que iba a caer sobre Jerusalén va a tener otro cumplimiento, y la terrible desolación del primero no fue más que un pálido reflejo de lo que será el segundo. En lo que acaeció a la ciudad escogida, podemos ver anunciada la condenación de un mundo que rechazó la misericordia de Dios y pisoteó su ley.”

La razón por la que la desolación del primero no fue más que un pálido reflejo de lo que será el que viene, es que el primero fue circunscrito a un territorio pequeño: Jerusalén. Pero el que viene será a nivel mundial.

Si hoy no aceptamos nuestra total incapacidad para amar, si no aceptamos que en lugar de amor tenemos Jeremías 6:19—odio, si nos queremos quedar en la ceguera de “yo ya he aceptado a Cristo, y por ende ya estoy salvo”, entonces el Señor va a aceptar esa ceguera terca de todos los que se creen ricos.

Apocalipsis 3:17 – “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo.”

La solución a nuestra enfermedad

La justicia (obediencia) de Cristo es el remedio para nuestra enfermedad.

El amor verdadero de origen celestial obedece la ley (Romanos 13:10). Como nosotros por naturaleza no poseemos capacidad para amar pecamos diariamente. Pecamos en acción, pensamientos, intenciones, palabras y hasta en estado de ser.

Lamentablemente mucha gente se refugia ciegamente en la filosofía hueca de que “pecado es únicamente el acto” y no la intención ni los pensamientos. Sin embargo nuestro Redentor dijo categóricamente:

Mateo 5:27-28 – “Oístes que fue dicho: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”

Los fariseos enseñaban al pueblo que adulterio era el acto consumado del adulterio. Así como hoy se enseña que pecado es el acto consumado del pecado.

Sin embargo nuestro Señor amonestó a estos ciegos maestros que basta con tener la intención de adulterar para haber cometido adulterio. La intención, los pensamientos, las miradas, todo lo oculto de nuestro corazón, es un libro abierto a los ojos de Dios y será llevado a juicio cuando nos llegue el momento.

Si no queremos aceptar la espiritualidad de la ley y queremos quedarnos con la mentira dulce de que pecado “solo incluye los actos consumados”, pues el Señor no se hará problema, así como no se hizo problema con la decisión de los fariseos.

El que tenga oídos para oír, que oiga (Mateo 11:15).

Al rechazar la amonestación de Dios, al rechazar que no tenemos capacidad para amar, lo que estamos rechazando es, en realidad, la justicia de Cristo—el remedio preparado, el vestido de boda preparado para nosotros (Mateo 22:1-14).

Lamentablemente el ego humano quiere salvarse por sus propias obras. Como cree que tiene capacidad para amar y para obedecer, rechaza a Cristo como su Salvador. Como Caín, el hombre quiere presentarse sin su sustituto ante Dios para que Dios lo mire directamente a él en el juicio. El hombre rechaza la justicia de Cristo, rechaza a su Sustituto, rechaza el vestido de boda y se presenta con su propia justicia, con su propio vestido.

¿Cuál es la sentencia del Rey?

Mateo 22:11-13 – “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca. Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.”

“Mas él cerró la boca” – Ahora pueden abundar las filosofías y las excusas de los hombres, pero cuando llegue el juicio final toda boca quedará callada.

Si no queremos ser atados de pies y de manos y echados a las tinieblas tenemos que aceptar el plan de redención:

1.- Aceptar nuestra condición: la amonestación del Testigo Fiel.

Lo primero es aceptar nuestra total incapacidad para amar.

2.- Si de verdad hemos aceptado nuestra incapacidad para amar, vamos a tener necesidad de Alguien que sí haya tenido capacidad para amar: Cristo como hombre. La humanidad de Cristo fue engendrada por el Espíritu Santo (Lucas 1:35), por lo tanto fue engendrado con Gálatas 5:22-23—capacidad para amar, y además tenía la ley de Dios escrita en su mente y su corazón (Salmos 40:8).

Cristo, a lo largo de su vida, desarrolló estos dones celestiales y obedeció la ley (tanto moral como ceremonial) completa y perfectamente (Filipenses 2:8). Como Cristo tenía capacidad para amar, además de ser nuestro Sustituto en la vida, fue nuestro Garante y Sustituto en la muerte—sufrió la paga del pecado que es la muerte segunda por una raza rebelde (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8).

3.- Así como hemos tenido necesidad de la obra de Cristo en la tierra, una obra acabada, tendremos necesidad de la obra de Cristo en el cielo—en el Santuario Celestial.

Esa justicia perfecta que Cristo desarrolló en la tierra como hombre debe ser presentada a nuestra cuenta en el Santuario diariamente, así como el sacerdote terrenal quemaba incienso (símbolo de la justicia de Cristo – Levítico 1:17; Ezequiel 20:41) dos veces al día en el ritual simbólico (Éxodo 30:7-8).

PP pg. 321.2 – “El incienso, que ascendía con las oraciones de Israel, representaba los méritos y la intercesión de Cristo, su perfecta justicia, la cual por medio de la fe es acreditada a su pueblo, y es lo único que puede hacer el culto de los seres humanos aceptable a Dios.”

Hebreos 8:1-3 – “Asi que, la suma acerca de lo dicho es: Tenemos tal pontífice (sumo sacerdote) que se asentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos; Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre. Porque todo pontífice es puesto para ofrecer presentes (justicia) y sacrificios (sangre); por lo cual es necesario que también éste tuviese algo que ofrecer.”

De igual manera, su sangre derramada en la cruz por nuestros pecados, debe ser presentada en el Santuario Celestial, pues los pecados deben ser transferidos al Santuario. Únicamente los pecados que eran transferidos al santuario podían ser expiados en el día de juicio (Levítico 16:16).

CS pg. 472/3 (414.4) – “El servicio típico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un substituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Solo proveía un medio para transferirlo al santuario. Con la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor por venir; pero no estaba aún enteramente libre de la condenación de la ley.

El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo.”

El mundo religioso enseña que “en la cruz fuimos justificados y que en la cruz nuestros pecados fueron perdonados”. Y además que cuando nos bautizamos aceptamos a Cristo y nuestros pecados van “al fondo del mar.”

Sin embargo, el ritual simbólico enseña que en la cruz no hubo expiación de pecados, simplemente se proveyó un medio. Este medio—que es la sangre de Cristo—debe ser presentado en el Santuario Celestial diariamente para el perdón de nuestros pecados. Diariamente debemos confesar nuestros pecados para que Cristo, en virtud de su sangre, transfiera nuestros pecados al Santuario Celestial. Luego, cuando llegue el día de nuestro juicio, entonces, también en virtud de la preciosa sangre de Cristo, nuestros pecados serán borrados de nuestros registros de malas obras y transferidos a la cuenta del macho cabrío emisario—Satanás.

Es únicamente en el juicio que los pecados van “al fondo del mar”, no cuando nos bautizamos. Efectivamente es hermoso para el oído humano pecador creer que basta bautizarse para ser libre de pecado. Es más fácil bautizarse una vez y para siempre que tener que luchar con una naturaleza pecaminosa diariamente. Pero a la salvación no se llega por la puerta ancha y cómoda que nos conviene, sino por la puerta angosta y espinosa que no nos gusta, pues va en contra de nuestro grandioso ego (Mateo 7:13; Isaías 55:7).

Cómo somos justificados

En el cielo, en el Santuario Celestial y en la persona de Cristo es que somos justificados.

Cristo—nuestro Sumo Sacerdote—debe presentar su obediencia perfecta, su santificación del sábado, sus méritos perfectos, como si fuera nuestra obediencia, nuestra santificación del sábado, nuestros méritos.

Dios Padre, por su inherente misericordia, acepta esa vida que no hemos vivido y nos va a declarar justos, hijos de Dios, sin mancha, perfectos guardadores del sábado EN CRISTO y POR CRISTO; a pesar de que en nosotros mismos somos:

Romanos 1:29-31 – “Atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades; Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural (sin amor), implacables, sin misericordia.”

Dios Padre, en Cristo, nos declara justos, a pesar de que:

Romanos 3:10 – “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.”

Dios Padre, en Cristo, nos declara hijos de Dios, a pesar de que en nosotros mismos somos:

Juan 8:44 – “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir.”

Dios Padre, en Cristo, nos declara guardadores del sábado, a pesar de que nosotros no somos guardadores del sábado. A pesar de que pensamos que porque asistimos cada sábado a una sinagoga, damos la escuela sabática, damos una predicación y ya nos creemos santísimos hijos de Dios; a menos que en el Santuario Celestial y en la persona de Cristo seamos declarados guardadores del sábado, NO SOMOS GUARDADORES DEL SÁBADO. Dios no puede aceptar nuestros trapos de inmundicia, nuestras obras manchadas de egoísmo (Isaías 64:6).

La santificación (la obediencia) verdadera

Como consecuencia o efecto de haber sido aceptados o justificados en el Santuario Celestial, justos en la persona de Cristo, aquí en la tierra nos es concedido el Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana.

Para conceder el Espíritu Santo, Dios demanda obediencia.

Hechos 5:32 – “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

En el ritual simbólico, después de que el sacerdote terrenal quemaba el incienso—símbolo de la justicia de Cristo—recién podía aumentar aceite a las lámparas (Levítico 24:1-2). Este aceite era un símbolo del Espíritu Santo (Zacarías 4:2-3, 6; Mateo 25:4).

Esa obediencia es la obediencia perfecta de Cristo, no se trata de nuestro bautismo, ni nuestras obras.

Como resultado de haber sido declarados 100% obedientes en Cristo, aquí en la tierra se nos concede la lluvia temprana para que esa declaración hecha en el cielo empiece a ser una realidad aquí en la tierra.

El Espíritu Santo debe habitar en nosotros, ya no como visitante, sino como habitante, como un agente regenerador que siembre los frutos de Gálatas 5:22-23 en nosotros. Es así que el amor, ese principio de origen celestial, es implantado en nosotros, como una semilla que debemos desarrollar diariamente.

El Espíritu Santo también debe cumplir la promesa de Hebreos 8:10 y escribir la ley de Dios en nuestra mente y nuestro corazón.

Es así que con Gálatas 5:22-23 y Hebreos 8:10, el hombre está capacitado para obedecer verdaderamente y andar en el camino de la santificación verdadera: Obedece no para ser aceptado ante Dios, sino como efecto de haber sido aceptado en Cristo.

Cuando la justificación por la fe es pervertida

La bestia y su imagen, pervierten la justificación por la fe de modo que la obediencia del hombre llegue a ser motivo de justificación en lugar de resultado. El cuerno pequeño ha pervertido de tal manera la justificación que trae la justicia de Cristo al corazón del hombre para mentir que el hombre es justificado en sí mismo por esa justicia de Cristo “dentro” del hombre. Es una filosofía hueca y sofisticada que termina siendo sencillamente una justificación por obras.

Guardadores del sábado

¿Queremos que la crisis final nos sorprenda sin haber sido declarados guardadores del sábado en el Santuario Celestial, en la persona de Cristo?

Eso equivale a que el juicio de vivos nos sorprenda como falsos obedientes:

2MS pg. 422.1 – “Es difícil mantener firmes hasta el fin los rudimentos de nuestra confianza; y la dificultad aumenta cuando existen influencias ocultas que trabajan constantemente para introducir otro espíritu, un elemento contrarrestante, que obra en favor del bando de Satanás.”

El apóstol Pablo nos llama a retener hasta el fin el principio de nuestra confianza.

Hebreos 3:14 – “Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza.”

El principio de nuestra confianza es la justicia de Cristo—lo único que nos puede hacer aceptos ante Dios. Debemos confiar hasta el fin en sus méritos perfectos.

El israelita confiaba en el incienso como en la sangre del animal sacrificado, tanto en el Servicio Diario como en el día de juicio simbólico. El juicio no lo pasamos con nuestra propia justicia, sino “con el principio de nuestra confianza” – con la justicia de Cristo. En el juicio Dios demanda 100% obediencia, 100% amor. Eso sólo se encuentra en Cristo.

El israelita era justificado dos veces al día en el Servicio Diario. Nosotros vamos a tener necesidad de ser justificados dos veces al día, o hasta tres veces al día como Daniel (Daniel 6:10), cuando aceptemos y comprendamos nuestra condición de Juan 5:42 y Jeremías 6:19.

Es importante comprender que así venga el Espíritu Santo a habitar en nosotros, el Espíritu Santo no va a erradicar Juan 5:42 ni Jeremías 6:19. El Espíritu Santo no erradica nuestro odio, nuestro egoísmo, solamente puede subyugar nuestra maldad. La función del Espíritu Santo es de subyugar, no de erradicar. No puede borrar nuestro odio a Dios y nuestro odio al prójimo.

Todos los días debemos ser declarados justos en Cristo en el Santuario Celestial para que el Espíritu Santo venga y permanezca en nosotros. El Espíritu Santo tiene que permanecer en nosotros para poder subyugar nuestra inclinación a hacer de continuo el mal.

Es por esto que el rey David oraba: “No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.” (Salmos 51:11)

El rey David oraba diariamente para que el Espíritu Santo permanezca en él. El comprendía su necesidad del bautismo diario del Espíritu Santo.

HAp pg. 41.2 – “Puesto que éste es el medio por el cual hemos de recibir poder, ¿por qué no tener más hambre y sed del don del Espíritu? ¿Por qué no hablamos de él, oramos por él y predicamos respecto a él? El Señor está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que le sirven, que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu.”

Esto no significa que diariamente debemos ir a una sinagoga para que un pastor nos meta en una pileta de agua. A pesar de que así se nos ha enseñado la doctrina católica de que en el bautizo recibimos al Espíritu Santo, el ritual simbólico enseña que es únicamente en el Santuario Celestial y en virtud de la justicia de Cristo que se nos concede el Espíritu Santo—estemos donde estemos en el momento que lo necesitemos. Daniel y el rey David no se metían a una pileta de agua con un pastor para recibir el bautismo diario del Espíritu Santo; ellos doblaban sus rodillas y por fe se dirigían al santuario donde eran aceptados en base a una justicia ajena y en virtud de esa justicia ajena recibían la lluvia temprana.

Los apóstoles hicieron lo mismo:

Or pg. 114.3 – “Aquellos que en Pentecostés fueron dotados con el poder de lo alto, no quedaron desde entonces libres de tentación y prueba. Como testigos de la verdad y la justicia, eran repetidas veces asaltados por el enemigo de toda verdad, que trataba de despojarlos de su experiencia cristiana. Estaban obligados a luchar con todas las facultades dadas por Dios para alcanzar la medida de la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús.

Oraban diariamente en procura de nuevas provisiones de gracia para poder elevarse más y más hacia la perfección. Bajo la obra del Espíritu Santo, aún los más débiles, ejerciendo fe en Dios, aprendían a desarrollar las facultades que les habían sido confiadas y llegaron a ser santificados, refinados y ennoblecidos. Mientras se sometían con humildad a la influencia modeladora del Espíritu Santo, recibían de la plenitud de la Deidad y eran amoldados a la semejanza divina.”

Una prueba de que el Espíritu Santo subyuga nuestra naturaleza pecaminosa, pero no la erradica, se encuentra en Hechos 15:36-40.

Tanto Pablo como Bernabé habían recibido al Espíritu Santo. Sin embargo, en Hechos 15:36-40 vemos que hay una discusión acalorada entre ambos y que al final termina en una ruptura—cada quien se fue por su lado. El Espíritu Santo había subyugado el mal genio de estos hombres, pero ese mal carácter no estaba erradicado, es por esto que en esta ocasión ese mal carácter salió a flote. Pablo estaba molesto con Marcos porque éste se había apartado de ellos en Pamphylia, y no le quiso dar una nueva oportunidad, porque pensaba que era demasiado joven para la obra. Más tarde Pablo aprendió que cometió un error con el joven Marcos, cuando tomó por compañero al joven Timoteo.

La santificación verdadera es una obra diaria que dura toda la vida. No es una cuestión instantánea que ocurre una sola vez y para siempre. Únicamente en ocasión de la segunda venida de Cristo la naturaleza pecaminosa va a ser erradicada para siempre.

1 Corintios 15:51-53 – “He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.”

“En la cruz justificados una vez y para siempre”

¿Por qué la bestia y su imagen quiere que el hombre crea que en la cruz fuimos perdonados y justificados una vez y para siempre?”

Daniel 11:45 – “Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares, en el monte deseable del santuario.”

Daniel 8:11 – “Aun contra el príncipe de la fortaleza se engrandeció, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.”

El cuerno pequeño quiere echar por tierra, a como de lugar, el Santuario Celestial. Se interpone entre la muchedumbre y el santuario (Daniel 11:45) para quitar de vista de la humanidad el trabajo de Cristo en el Santuario Celestial.

El cuerno pequeño ha echado por tierra “el continuo sacrificio” – es decir, el Servicio Diario – con su mentira de que en la cruz fuimos justificados y perdonados una vez y para siempre.

Si fuese cierto que en la cruz fuimos justificados y perdonados para siempre, entonces no hay necesidad de que Cristo se presente por nosotros en el Santuario Celestial. No hay necesidad de que presente su justicia ni su sangre, no hay necesidad del bautismo diario del Espíritu Santo, no hay necesidad de la lluvia temprana, no hay necesidad de que yo me postre de rodillas ante Dios diariamente para confesar mis pecados, no hay necesidad de conversión y de desarrollar un nuevo carácter semejante al de nuestro Señor Jesús. No hay necesidad de tener convicción de pecado. No hay santuario, no hay sumo sacerdote, no hay incienso, no hay sangre, no hay servicio diario, no hay día de juicio, no hay nada—solo un falso manto de piedad.

El cuerno pequeño ha quitado el santuario del ritual simbólico y nos ha dejado solo con el atrio. En el atrio se sacrificaba al cordero, y en el atrio se preparaba el incienso y los panes sin levadura. Pero han quitado el trabajo del sacerdote, han quitado el lugar santo y el lugar santísimo, han quitado el servicio diario, y el día de juicio.

Satanás no quiere que nos congreguemos al Santuario Celestial porque sabe muy bien que es allí donde somos justificados, perdonados, y es allí de donde recibimos el Espíritu Santo que nos capacita para resistir sus tentaciones y engaños. Es allí también donde se decidirá nuestro caso para vida eterna o muerte eterna.

Satanás no quiere que nos congreguemos al Santuario Celestial porque sabe muy bien que es allí donde en el juicio de vivos seremos declarados justos, nuestros pecados pasarán a su cuenta, y recibiremos la lluvia tardía para dar el fuerte pregón.

Satanás quiere evitar el fuerte pregón. Para evitarlo, no debe haber gente que se congregue al Santuario Celestial. Pero, por mucho que trate, sí habrá gente que aceptará la amonestación del Testigo Fiel, aceptará que no tiene capacidad para amar, y se congregará al Santuario Celestial.

2MS pg. 422.1 – “En ausencia de la persecución se han introducido en nuestras filas algunos que tienen una firmeza aparente y cuyo cristianismo parece incuestionable, pero que se apartarían de nosotros si surgiera la persecución.”

Como actualmente el pueblo de Dios no sufre persecución por defender la verdad, Satanás aprovecha y trae sus elementos dentro de la iglesia—planta la cizaña en medio del trigo.

Estos “elementos de Satanás” pueden hacer obra misionera, pueden visitar a los enfermos, pueden visitar las cárceles, pueden aparentar un “cristianismo incuestionable”, pero cuando se les presenta la amonestación del Testigo Fiel y se les indica que no tienen capacidad para amar, inmediatamente responden:

“Pero cómo no voy a tener capacidad para amar si yo hago obra misionera”, “pero cómo voy a ser justificado diariamente si ya me he bautizado y ya recibí al Espíritu Santo… soy nueva criatura… soy adventista de cuarta generación… soy adventista de cuna…”

Estos elementos con un “cristianismo incuestionable” no entienden que, a menos que en el Santuario Celestial, en la persona de Cristo, sean declarados justos, por mucha obra misionera que hagan no son justificados. La parábola del fariseo y el publicano es clara y contundente (Lucas 18:10-14).

2MS pg. 422.1 – “En la crisis, prestarán atención a razonamientos aparentemente plausibles que han influido en sus mentes. Satanás ha preparado diversas trampas para hacer frente a las distintas clases de mentes. Cuando se invalide la ley de Dios la iglesia será zarandeada por pruebas terribles, y una proporción más elevada de la que ahora anticipamos, prestará atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios.”

Todos los que rechacen la amonestación del Testigo Fiel, pasaran a engrosar las filas del enemigo. El Espíritu Santo puede haber estado obrando en sus mentes y corazones, pero Dios no obliga a nadie. Si el hombre rechaza el trabajo del Espíritu Santo y no necesita Santuario, no necesita la justicia de Cristo, entonces su suerte está decidida. Cuando se invalide la ley de Dios, estas personas prestarán atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios.

2MS pg. 422.1 – “En lugar de ser fortalecidos cuando son puestos en dificultades, muchos demostrarán que no son sarmientos vivientes de la Vid verdadera; no llevaron frutos y el viñador los separó.”

“El viñador los separó” – es decir: llega el juicio de vivos, y estos nombres fueron borrados del libro de la vida.

Así seas un “adventista de cuna,” si no aceptas que tus padres te engendraron con 0% de capacidad para amar. Tu “sangre adventista” no te salvará, así como la sangre judía no salvó a los judíos que rechazaron a Cristo. Rechazar la amonestación del Testigo Fiel es rechazar la justicia de Cristo—lo único que nos puede llevar a la aprobación en el juicio de vivos.

Otra forma de echar por tierra el Santuario Celestial

El sistema de la sinagoga es un sistema del hombre, no instituido por Dios. Satanás ha aprovechado este sistema de la sinagoga para echar por tierra el verdadero Templo y Casa de Dios.

Hoy en día, lamentablemente, a las sinagogas les llaman “iglesias”, “templos”, “casas de Dios,” y hasta “santuarios”; echando así por tierra el verdadero significado bíblico de iglesia y de templo, casa de Dios y santuario.

Cuando el papado cambió la ley—los Diez Mandamientos, en el tercer mandamiento colocó la orden de “santificar las fiestas.” En el catecismo católico ellos explican como se “santifican las fiestas”, y uno de los requisitos es el de asistir a misa todos los domingos. Es decir, para el católico: si no vas a misa, si no vas a la sinagoga el domingo, cometes pecado.

Este mismo razonamiento se ha introducido en el protestantismo, incluyendo el adventismo. Si usted deja de asistir a su sinagoga el sábado, inmediatamente la hermandad le dirá que está a punto de perderse, pues creen que en la sinagoga se encuentra la salvación y que si no se atiende a la sinagoga, entonces no se está guardando el sábado.

Es la misma doctrina católica, nada más que aplicada a otro día de la semana.

Usted puede volverse un mundano y nadie saltará de su silla, con tal que asista cada sábado a una sinagoga. Pero si usted deja de asistir a la sinagoga, inmediatamente suenan las alarmas.

Esta mentalidad católica es acentuada con aquellos predicadores que insisten en que “solo en la iglesia (sinagoga) Dios escucha nuestras oraciones.” Cuando, sin embargo, 1 Corintios 1:2 claramente dice que podemos invocar el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo lugar.

El cuerno pequeño además usa Hebreos 10:25 – “no dejando de congregarnos” para aplicarlo a la sinagoga. Pero Hebreos 10:25 no está hablando de una sinagoga. Todo el libro de Hebreos trata sobre el Santuario Celestial y el Ministerio Sacerdotal de Cristo.

El contexto más claro de Hebreos 10:25 lo podemos leer en Hebreos 10:19 – “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo…”

La orden de Hebreos 10:25 es de no dejar de congregarnos al Santuario Celestial por fe en nuestro Representante—Cristo Sumo Sacerdote.

¿Por qué no debemos dejar de congregarnos al Santuario Celestial?

Porque es allí donde se encuentra la ley—los Diez Mandamientos—que demandan la justicia perfecta y también la muerte del infractor. Es allí donde se encuentra Dios Padre, los registros de buenas y malas obras, el libro de la vida, los ángeles testigos de nuestras maldades, y nuestro Abogado.

Hebreos 10:25 nos está diciendo que no debemos dejar de hacer nuestro Servicio Diario—orar por la justificación diaria, el perdón de nuestros pecados diarios, y el bautismo diario del Espíritu Santo.

No se trata de una oración mecánica y repetitiva a modo de rezo católico (¡como si se rezara un rosario!), sino se trata de buscar una verdadera convicción de pecado. Se trata de meditar que fueron nuestros pecados los que dieron muerte al Hijo de Dios, al Rey del Universo. Se trata de meditar en su gran sufrimiento y pesar en el Getsemaní, y su grande y tremendo sacrificio en el Calvario.

Pero no puede haber verdadera convicción del pecado por naturaleza en nuestro corazón humano. Debemos pedir a Dios que influya en nuestro corazón y nos revele lo que somos verdaderamente. No basta con una comprensión teórica, debe haber una convicción práctica—por nuestros hechos diarios debemos llegar a comprender que en lugar de amor tenemos odio.

La lucha contra el yo es dura, y el tiempo es corto. Aquel día—el juicio de vivos, se acerca. Pero todavía hay esperanza mientras tengamos un compasivo, excelente y grandioso Sumo Sacerdote que interceda por nosotros en el Santuario Celestial.

Hebreos 10:21-25 – “Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, lleguemos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que es fiel el que prometió. Y considerémonos los unos a los otros para provocarnos al amor y a las buenas obras. No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca.”

Que Dios los bendiga.

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