Estudio sobre Nehemías, la Ley y el Santuario Celestial

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Prólogo

“Toda esta tierra será convertida en desolación y espanto. Y estas naciones servirán al rey de Babilonia durante setenta años. Pero sucederá que cuando se hayan cumplido los setenta años, castigaré al rey de Babilonia, a aquella nación y a la tierra de los caldeos, por su maldad; y pondréla en desiertos para siempre.”

(Jeremías 25:11-12)

En el capítulo octavo, el profeta Daniel estaba esperando la conclusión de la profecía de los 70 años de cautiverio en Babilonia de Jeremías 29:10, y ya solo faltaban dos años para que se cumpla la profecía y para que el pueblo de Israel regrese a Jerusalén a reconstruir el santuario terrenal.

Jeremías 29:10 – “Porque así ha dicho Jehovah: ‘Cuando según mi dicho se cumplan setenta años para Babilonia, os visitaré con mi favor y os cumpliré mi buena promesa de haceros regresar a este lugar’.”

Isaías 44:28 – “Soy quien dice de Ciro: ‘El es mi pastor.’ El cumplirá todo mi deseo al decir de Jerusalén: ‘Sea edificada,’ y del templo: ‘Sean puestos tus cimientos’.”

Sin embargo, casi al final del capítulo 8, el ángel Gabriel menciona un nuevo período profético: 2300 tardes y mañanas para que el santuario sea purificado.

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En el año 538 a.C. Daniel tuvo la visión del capítulo 8, la cual comenzaba con Medo-Persia (ya no con Babilonia), durante el reinado del nieto de Nabucodonosor: el rey Belsasar. Luego de la visión ocurre el evento de la escritura en la pared del capítulo 5 (Mene Mene Tekel Uparsin) y cuando llaman a Daniel para que interprete la escritura, Daniel ya sabía que el reino iba a ser dado a los Medos y Persas (de acuerdo a la profecía de Jeremías 27:7).

Luego, en ese mismo año, Ciro conquista el reino de Babilonia, Belsasar es asesinado, y Darío el Medo se corona como nuevo rey del imperio.

En ese mismo año también ocurren los eventos del capítulo 6: el decreto de Darío que prohíbe hacer peticiones a Dios. Tanto Darío como Ciro presenciaron este evento y vieron cómo Daniel fue librado de los leones de manera milagrosa por obra del Dios de Israel. Por lo tanto, Ciro debía tener una muy buena impresión de Daniel.

Daniel sabía que 1 día profético equivale a 1 año, de acuerdo a Números 14:34, y por eso, de acuerdo las profecías de Jeremías e Isaías, Daniel estaba esperando los dos últimos años restantes de la profecía de los 70 años.

Daniel sabía que Dios había prometido que después de los 70 años el pueblo hebreo iba a regresar a Jerusalén a restaurar el santuario terrenal. Para Daniel esto era de suma importancia, pues él sabía que si se restaura el santuario, se restaura el sacerdocio: el pueblo podrá ser aceptado (en promesa), perdonado (en promesa) y podrá recibir el bautismo del Espíritu Santo (como una realidad), todo esto diariamente en el Servicio Diario o continuo.

Pero ahora, en la visión del capítulo 8, Daniel no escucha que faltan 2 años, sino un período mucho más largo, y por ello cae enfermo. Daniel no entendía la relación entre los dos años restantes y los 2300 días proféticos. Pero lo más importante: Daniel no comprendía que este templo terrenal sería eventualmente destruido junto con la ciudad de Jerusalén, pues era tan sólo una representación del verdadero Templo de Dios en el tercer cielo—el cual es el centro del trabajo de Cristo para la redención de la humanidad.

CS pg. 466/2 (409.4) – “Con todo, el santuario terrenal y sus servicios revelaban importantes verdades relativas al santuario celestial y a la gran obra que se llevaba allí a cabo para la redención del hombre.”

CS pg. 542/3 (479.2) – “Todos los que han recibido la luz sobre estos asuntos deben dar testimonio de las grandes verdades que Dios les ha confiado. El santuario en el cielo es el centro mismo de la obra de Cristo en favor de los hombres. Concierne a toda alma que vive en la tierra. Nos revela el plan de la redención, nos conduce hasta el fin mismo del tiempo y anuncia el triunfo final de la lucha entre la justicia y el pecado. Es de la mayor importancia que todos investiguen a fondo estos asuntos, y que estén siempre prontos a dar respuesta a todo aquel que les pidiere razón de la esperanza que hay en ellos.

La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz.”

El rey Ciro da cumplimiento a la profecía

El rey Ciro pregonó (dictó un decreto) dando cumplimiento a la profecía de Jeremías durante el primer año de su reinado.

Esdras 1:1-4 – “En el primer año de Ciro, rey de Persia, y para que se cumpliese la palabra de Jehovah por boca de Jeremías, Jehovah despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, quien hizo pregonar por todo su reino, oralmente y por escrito, diciendo:

“Así ha dicho Ciro, rey de Persia: ‘Jehovah, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha comisionado para que le edifiquen un templo en Jerusalén, que está en Judá.

“Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, que su Dios sea con él, y suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa de Jehovah Dios de Israel; él es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo el que quede, en cualquier lugar donde habite, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganado, con ofrendas voluntarias, para la casa de dios que está en Jerusalén’.”

PR pg. 408.4 – “Dios usó la manera en que Daniel fue librado de los leones para causar una impresión favorable en el espíritu de Ciro el Grande. Las magníficas cualidades del varón de Dios como estadista previsor indujeron al gobernante persa a manifestarle gran respeto y a honrar su juicio. Y ahora, precisamente en el tiempo en que Dios había dicho que haría reedificar su templo de Jerusalén, movió a Ciro como agente suyo para que discerniera las profecías concernientes a él mismo, bien conocidas por Daniel, y le indujo a conceder su libertad al pueblo judío.

“Cuando el rey vio las palabras que habían predicho, más de cien años antes que él naciera, la manera en que Babilonia sería tomada; cuando leyó el mensaje que dirigía el Gobernante del universo: ‘Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste; para que se sepa desde el nacimiento del sol, y desde donde se pone, que no hay más que yo;’ cuando tuvo delante de los ojos la declaración del Dios eterno: ‘Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; púsete sobrenombre, aunque no me conociste;’ cuando leyó en el registro inspirado: ‘Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones’ (Isaías 45:5, 6, 4, 13), su corazón quedó profundamente conmovido y resolvió cumplir la misión que Dios le había asignado. Dejaría ir libres a los cautivos judíos y les ayudaría a restaurar el templo de Jehovah.”

En el primer capítulo de Esdras, Ciro da un decreto en el año 536 a.C. para liberar a los judíos y para restaurar el santuario terrenal. Es importante notar que Ciro no mandó a los judíos a que reconstruyan la ciudad de Jerusalén. El decreto de Ciro manda a reconstruir el templo, pues ésa fue la orden clara de Dios en la profecía.

La reconstrucción del Santuario se detiene

Esdras 2:64: – “Toda la congregación en conjunto era de 42,360.”

El rey Ciro dio fin a los 70 años de cautiverio en Babilonia y toda la congregación de israelitas unida como un solo hombre para reconstruir el santuario terrenal fueron 42360 sin contar siervos ni siervas.

Esdras 1:1-4

Pero cuando los enemigos paganos de Judá y de Benjamín oyeron que los israelitas estaban en Jerusalén reconstruyendo el templo, éstos fueron donde ellos para pedirles que les dejen ayudar a reconstruir el santuario.

Zorobabel no aceptó la oferta que le hicieron, porque estas personas profesaban adorar a Dios, pero en realidad eran paganos. Si Zorobabel permitía que los paganos ayudaran a reconstruir el templo, se corría el riesgo de que ellos traten de meter a sus ídolos paganos en el santuario terrenal.

El pueblo de Dios había sido llevado en cautiverio a Babilonia por setenta años justamente porque se habían apartado de Dios practicando la idolatría. Si ahora, que habían sido liberados por Dios y que habían sido llamados a reconstruir el templo, ellos iban a permitir que los ‘medio convertidos’ ayuden, a la fuerza iban a permitir la introducción de la idolatría en el santuario.

Como los israelitas no aceptaron la oferta, los paganos empezaron a intimidar a los israelitas para evitar que reconstruyan el templo.

Esdras 4:5-6

Los paganos intentaron por varios años detener la restauración del santuario terrenal: desde el tiempo de Ciro, hasta el reinado de Darío rey de Persia, hasta el reinado de Asuero y hasta el reinado de Artajerjes. 

Esdras 4:11-14

Finalmente los paganos deciden mandar una carta al rey Artajerjes acusando a los judíos de estar reconstruyendo la ciudad y los muros de Jerusalén. Estas acusaciones eran mentiras, pues los israelitas estaban reconstruyendo el templo y no la ciudad de Jerusalén.

En la carta los paganos dijeron estar velando por la honra del rey, supuestamente, ya que decían que si los israelitas reconstruían la ciudad, los judíos vivirían allí sin pagar impuestos ni rentas al rey, por lo tanto vivirían mantenidos por el palacio, y entonces el tesoro del reino se vería perjudicado.

Con estas mentiras y con esta carta, los paganos finalmente lograron su fin:

La reconstrucción del santuario se paralizó.

Entonces va a venir…

La maldición

Hageo 1:1-2

Debido a estos inconvenientes el pueblo llegó a la conclusión de que no había llegado el tiempo de la restauración del santuario:

“Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Este pueblo dice que aún no ha llegado el tiempo en que sea reedificada la casa de Jehovah’.”

Hageo 1:3-4

Como el pueblo decidió que no era el tiempo de reconstruir el templo, decidieron entonces reconstruir sus propias casas en lugar de la casa de Dios.

Entonces Dios manda a dos profetas: Hageo y Zacarías.

Hageo 1:6

Ya que el pueblo dejó de restaurar el santuario y en lugar de esto empezaron a reconstruir y embellecer sus propias casas, pensando que sería mejor que los hijos o los nietos sean quienes restauren la casa de Jehovah, entonces les vino como resultado: la pobreza.

Los israelitas sembraban bastante, pero cosechaban poco; comían pero no se saciaban; bebían pero no quedaban satisfechos; se vestían con ropa abrigada, pero no les abrigaba; y los sueldos no les alcanzaban: “El jornalero recibe su jornal en saco roto.”

Hageo 1:9 – “Pero vosotros buscáis mucho y halláis poco; y lo que lleváis a casa, de un soplo yo lo hago desaparecer. ¿Por qué?, dice Jehovah de los Ejércitos. Porque mi casa está en ruinas, mientras que cada uno de vosotros se ocupa de su propia casa.”

La casa de Dios—el Santuario terrenal—estaba en ruinas, y el pueblo de Dios, en lugar de estar preocupado por restaurar el templo, estaba más preocupado por embellecer sus propias casas.

Hoy en día, no ocurre lo mismo con el profeso pueblo de Dios y el Santuario Celestial asolado?

Ante tales circunstancias la orden del Señor es:

Hageo 1:5 – “Meditad bien sobre vuestros caminos.”

Hageo 1:10-11

Como consecuencia de todos estos males, Jehovah trajo la sequía: ya no hubo más lluvia.

“Sequía sobre los hombres y sobre las bestias y sobre todo trabajo de vuestras manos.”

La sequía no solo afectó a la tierra y sus frutos, sino también a los hombres y a las bestias.

Pero Dios les va a dar…

La promesa

Hageo 2:18 – “Meditad pues en vuestro corazón.”

Dios invita a los hombres a analizar de causa y efecto las razones por las cuales el pueblo se encuentra en esta terrible situación.

Pero el Señor también les da una promesa:

Hageo 2:7 – “Haré temblar a todas las naciones y vendrá el Deseado de todas las gentes.”

Hageo 2:9 – “La gloria de esta casa será mayor que de la primera.”

Dios promete que, si el pueblo decide trabajar en la restauración del santuario, desde ese mismo día vendrá la bendición de Dios.

Hageo 2:19 – “… mas desde este día os bendeciré.”

Eventualmente, el pueblo hebreo recapacitó y finalmente se logró restaurar el santuario terrenal y el sacerdocio levítico.

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No quieren que el muro sea restaurado

Era el año 1979 en que la banda británica de rock – Pink Floyd – lanzaba su opera rock titulada “Another Brick In The Wall” (otro ladrillo en la pared).

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Esta pieza musical contenía tres partes; la parte 2, que es la más famosa, siempre fue interpretada como una canción de protesta en contra de la escolarización rígida y contra las escuelas de internado, las cuales han sido muy populares en el Reino Unido en particular.

En el estudio de “El Cuidado de las Avenidas del Alma” hemos analizado el rol de la música, el cine y la literatura como medios que emplea el Enemigo para condicionar nuestra mente, y aunque mucha gente considere esta comparación como un asunto de “fanáticos”, la realidad y las evidencias son claras por más que no nos guste tratar este tema.

Lo cierto es que, lamentablemente, Satanás conoce la Biblia mejor que mucha gente que se considera cristiana, y el padre de la mentira sabe perfectamente que la muralla / la pared / el muro tienen un símbolo bíblico de suma importancia, y por ello quiere derribarlo, a como dé lugar, haciéndolo ver como algo malo, anticuado, racista y esclavizador.

Esta agenda moderna de “derribar el muro anticuado” se intensifica en los años 70. “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd era un himno para fomentar en la juventud un deseo de revolución en contra de la autoridad de Dios, despertando así la innata rebelión contra Dios que existe en todo corazón humano.

Isaías 48:8 – “Por tanto te llamé rebelde desde el vientre.”

“No necesitamos la educación” – gritan niños en el coro de la canción. Y “no necesitamos que controlen cómo pensamos.”

Lo irónico es que hoy en día se puede ver los resultados de esa “revolución” para librarse del muro:

¿Tienen las personas la capacidad de pensar por sí mismas? ¿se libraron del “control del pensamiento”?

No, más bien es todo lo contrario: las masas, en su gran mayoría, están hipnotizadas e idiotizadas por la música, la televisión, la radio, las películas, y las redes sociales. Los seres humanos en su gran mayoría son incapaces de pensar y razonar por sí mismos, y tienden a ser movidos por sentimentalismos, en lugar de ser movidos por principios o por un razonamiento lógico.

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“Maestros dejen en paz a los niños”, sigue el coro de la canción de Pink Floyd. Es una invitación a que la juventud pierda el respeto por la autoridad: primeramente a que pierdan el respeto a sus padres, y luego, por añadidura, que pierdan el respeto y el temor de Dios. Pues si un hijo no respeta a su padre a quien puede ver, peor va a respetar a un Dios que no puede ver.

CN pg. 80.4 – “Los niños deben aprender a obedecer en el gobierno de la familia. Deben forman un carácter simétrico que Dios pueda aprobar, manteniendo la vigencia de la ley en la vida doméstica. Los padres cristianos han de educar a sus hijos para que obedezcan la ley de Dios. . . . Las razones para esta obediencia y respeto de la ley de Dios pueden imprimirse en los niños tan pronto como puedan comprender su naturaleza, de modo que sepan qué deben hacer, y qué deben abstenerse de hacer.”

CN pg. 82.1 – “Las lecciones de obediencia, de respeto por la autoridad, necesitan repetirse a menudo. Esta clase de obra realizada en la familia constituirá una poderosa influencia para el bien, y no sólo se evitará que los hijos hagan el mal y se los constreñirá a amar la verdad y la justicia, sino que también los padres recibirán el mismo beneficio. Esta clase de obra que el Señor requiere no puede ser hecha sin una seria meditación de su parte, y sin mucho estudio de la Palabra de Dios, a fin de que puedan instruir de acuerdo con sus directivas.”

CN pg. 215.3 – “No hay maldición más grande en una casa que la de permitir a los niños que hagan su propio voluntad. Cuando los padres acceden a todos los deseos de sus hijos y les permiten participar en cosas que reconocen perjudiciales, los hijos pierden pronto todo respeto por sus padres, toda consideración por la autoridad de Dios o del hombre, y son llevados cautivos de la voluntad de Satanás.”

CN pg. 218.4 – “El pecado del descuido paternal es casi universal. Con demasiada frecuencia existe un ciego afecto hacia los que están relacionados con nosotros por vínculos naturales. Ese afecto se lleva al extremo; no está equilibrado por la sabiduría ni por el temor de Dios. El ciego afecto paternal es el mayor obstáculo en el sendero de la debida educación de los hijos. Impide la disciplina y la educación que requiere el Señor. Debido a ese afecto, a veces los padres parecen estar desprovistos de razón. Es como las tiernas misericordias de los impíos, cruelmente disfrazadas con el atavío de un falso amor. Esta peligrosa contracorriente es la que lleva a los hijos a la ruina.

“Los padres están en constante peligro de fomentar los afectos naturales a expensas de la obediencia a la ley de Dios. Para agradar a sus hijos, muchos padres permiten lo que Dios prohíbe.

“Los padres son responsables por lo que sus hijos podrían haber sido—Si el padre y la madre, como maestros del hogar, permiten que sus hijos dominen la situación y se descarríen, son responsables por lo que esos hijos podrían haber sido de otra manera.

“Los que siguen sus propias inclinaciones, en su afecto ciego por sus hijos, y, permitiéndoles que satisfagan sus deseos egoístas, no les hacen sentir el peso de la autoridad de Dios para reprender el pecado y corregir el mal, ponen de manifiesto que honran a sus hijos impíos más que a Dios. Sienten más anhelo por escudar la reputación de ellos que por glorificar a Dios; y tienen más deseo de complacer a sus hijos que de agradar al Señor. . . .

“Aquellos que no tienen suficiente valor para reprender el mal, o que por indolencia o falta de interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son considerados responsables del mal que resulte de su descuido del deber.

“Somos tan responsables de los males que hubiéramos podido impedir en otros por el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido los tales hechos nosotros mismos.”

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También el famoso metalero estadounidense Alice Cooper cantaba en 1972: “se acabó la escuela, la escuela ha volado en mil pedazos,” en su canción “School’s Out” (Se terminó la escuela). La letra de la canción continúa: “No más lápices, no más libros, no más miradas sucias del profesor. No tenemos clase, no tenemos principios, no tenemos inocencia…”

HC pg. 265.1 – “Se debe a los padres mayor grado de amor y respeto que a ninguna otra persona. Dios mismo, que les impuso la responsabilidad de guiar las almas puestas bajo su cuidado, ordenó que durante los primeros años de la vida, los padres estén en lugar de Dios respecto a sus hijos. El que desecha la legítima autoridad de sus padres, desecha la autoridad de Dios. El quinto mandamiento no sólo requiere que los hijos sean respetuosos, sumisos y obedientes a sus padres, sino que también los amen y sean tiernos con ellos, que alivien sus cuidados, que escuden su reputación, y que les ayuden y consuelen en su vejez.

“Dios no puede prosperar a los que obran en forma directamente contraria al deber que se especifica más claramente en su Palabra, el de los hijos para con sus padres… Si desprecian y deshonran a sus padres terrenales no respetarán ni amarán a su Creador.

¿Pero, y si los padres no se someten a la Palabra de Dios?

Cuando los hijos tienen padres incrédulos, cuyas órdenes contradigan lo que Cristo requiere, entonces, por doloroso que sea, deben obedecer a Dios y confiarle las consecuencias.”

HC pg. 266.2 – “Vi que Satanás ha cegado los intelectos de los jóvenes para que no puedan comprender las verdades de la Palabra de Dios. Tan embotada está su sensibilidad que no consideran las órdenes del santo apóstol: ‘Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra [nueva].’ ‘Hijos, obedeced a vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.’

“Los hijos que deshonran y desobedecen a sus padres, y desprecian sus consejos e instrucciones, no pueden tener parte en la tierra renovada y purificada. Esta no será para el hijo o la hija que hayan sido rebeldes, desobedientes e ingratos. A menos que los tales aprendan a obedecer y someterse aquí, nunca lo aprenderán; la paz de los redimidos no será turbada por hijos desobedientes, revoltosos e insumisos. Nadie que viole los mandamientos puede heredar el reino de los cielos.”

Si el Enemigo logra convencer a los jóvenes, e inclusive a los adultos, de que es necesario derribar la figura de la autoridad: ya sea dentro del colegio, del hogar, o del gobierno (a menos que estas autoridades den órdenes o decretos que vayan en contra de la Palabra de Dios), pues entonces mucho menos se respetará la autoridad de la Biblia y de Dios.

La frase de Pink Floyd: “Maestros, dejen a los niños en paz” también nos debe hacer recordar que, en la Biblia, el Señor Jesús es presentado como el Gran Maestro:

Juan 13:13 – “Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy.”

Y el Maestro de maestros ordena que dejen que los niños vengan a Él para recibir instrucción y salvación:

Marcos 10:14 – “Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios.”

Pero el Enemigo quiere estorbar que los niños acudan al Gran Maestro y dice “Maestro, deja a los niños en paz,” pues Satanás busca la destrucción de los niños y de toda la raza humana.

Esta agenda de la era moderna que comenzó en la música, con bandas de rock como Pink Floyd y Alice Cooper—sólo por dar un par de ejemplos—ahora se ha vuelto en una campaña masiva y abierta en contra de la ley de Dios, en contra del cristianismo y de la Biblia.

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Hoy en día se ataca abiertamente al cristianismo, mientras se promueve el satanismo y el espiritismo, de una manera muy creativa en películas como “Animales Fantásticos y dónde encontrarlos” de la escritora de Harry Potter –J.K. Rowling.

En la historia de ésta película, los “héroes” de los niños son los hechiceros y las brujas, mientras que los “malos” de la película son una familia—que aunque en ningún momento se establece directamente que es cristiana—se la ilustra como una secta religiosa y “racista” pues ella está en contra de la magia y de la hechicería.

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El tipo de vestimenta de esta familia es muy sencilla y conservadora, y de hecho muchas personas han identificado el tipo de vestimenta como el que vestían los bautistas décadas atrás. Se representa a esta familia como aburrida, hipócrita y parte de una secta, como una familia que no tiene nada bueno que aportar al progreso o al beneficio de la sociedad—quienes, por cierto, están mucho más “iluminados” que ellos. Esta familia representa a un mundo cristiano conservador, anticuado, aburrido, y sectario que debe desaparecer de la faz de la tierra, para que así este otro mundo iluminado, mágico, espiritista y liberal pueda prevalecer.

“Destruye la familia, y destruirás la nación” – dijo claramente Vladimir Lenin, un peón comunista de los jesuitas, y hoy lo podemos ver plenamente realizado en la sociedad moderna en la que vivimos.

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Hay también, por dar otro ejemplo, una propaganda de la popular marca de ropa juvenil DIESEL titulada:

“Haz el amor, no levantes muros,” la cual ha estado siendo mundialmente patrocinada en las redes sociales, especialmente en Facebook, y que está siendo distribuida estratégicamente en los perfiles de la juventud.

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En esta propaganda el personaje principal es un bailarín de Ucrania llamado Sergei Polunin, con un tatuaje muy visible en su estómago de una cruz esvástica pagana de origen eslavo llamada Kolovrat que simboliza al dios sol NIMROD.

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Este joven Nimrod se enfrenta a un muro que le separa de un grupo de jóvenes. Eventualmente el muro explota y todo termina en un matrimonio entre dos hombres.

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Este bailarín ucraniano estaba a punto de retirarse del mundo del ballet profesional, cuando el renombrado fotógrafo gay Dave LaChapelle le hizo un video en el que podía lucir sus tatuajes (los cuales solía cubrir en sus presentaciones profesionales) y al ritmo de la canción titulada “Take Me To Church” (Llévame a la Iglesia) del cantautor irlandés Andrew Hozier.

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De niño, Hozier fue criado en la fe protestante de los Quakers en Irlanda. Así como a la famosa cantante Katy Perry, de familia evangélica, a Hozier el Diablo lo atrajo a su rebaño por medio de la cautivadora música que tanto atrae a los jóvenes.

Haciendo un breve paréntesis, “Take Me To Church”, es un tributo directo a Satanás. En la letra de la canción, Hozier escribe de que tiene una “amante”, a quién “desearía haber adorado hace tiempo atrás.” Esa amante es Satanás: “Si los cielos alguna vez hablaron, ella es la última portavoz verdadera.” La letra continúa: “Nacimos enfermos—los oíste que dicen. Mi iglesia no ofrece absolutos. Ella me dice—adora en el dormitorio. El único cielo al que seré enviado es cuando estoy a solas contigo. Yo nací enfermo, pero me encanta. Mándame a que me vaya bien. Amén.”

Todos los satanistas aseguran que Satanás, en lugar de ser el padre de la mentira (Juan 8:44), es el “portavoz verdadero” del cielo. Cuando Hozier habla de que “nacimos enfermos” se refiere a que somos simiente del Adán caído en el pecado y que nacemos sin capacidad para amar y con una naturaleza pecaminosa—“los oíste que dicen”—la Biblia lo dice. Ante esa aseveración Hozier refuta “Mi iglesia no ofrece absolutos”—es decir: no hay Ley, no hay mandamiento que defina qué es pecado y por lo tanto eres libre de hacer lo que te plazca—otra regla de los satanistas como Aleister Crowley que decía “la única ley es que no hay ley.” Luego Hozier lanza un desafío “Yo nací enfermo, pero me encanta”—le encanta haber nacido en pecado y no necesita de un Salvador personal.

La letra continúa: “Si soy un pagano de la diversión, mi amante es la luz del sol. Para mantener a la diosa a mi lado, ella exige un sacrificio.” En la misma letra, Hozier admite haber sacrificado su vida a Satanás, al dios sol del paganismo.

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Volviendo al bailarín Nimrod—Sergei Polunin—la crítica del ballet le dio el sobrenombre de “la bestia agraciada.” Sergei solía auto flagelar su cuerpo cortándose en los brazos y el pecho, hasta que decidió cubrir una cicatriz con un tatuaje y así empezó a tatuar su cuerpo. Uno de sus tatuajes dice “No soy humano. No soy un dios. Soy quien soy.” En otro tatuaje en su espalda hay la fachada de una sinagoga cristiana.

“No os hagáis incisiones por un muerto. Ni tatuajes. Yo Soy el Señor.” (Levítico 19:28)

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Roger Waters, el arquitecto musical de la banda Pink Floyd—de la cual empezamos hablando en esta sección—acaba de sacar un nuevo álbum que está literalmente haciendo llorar de emoción a los jóvenes amantes de su música. Se sabe que el papá de Waters era un devoto cristiano que murió durante la Segunda Guerra Mundial cuando Waters tenía apenas 5 meses de edad. Lamentablemente nunca tuvo la oportunidad de tratar de educar a Waters en la fe cristiana y así quizás evitar el rumbo de perdición que tomaría su hijo.

Waters dijo recientemente en una entrevista a Entertainment Weekly que el “Génesis” de su nuevo álbum es una canción que escribió cuando “le vino la inspiración de repente” mientras estaba en su estudio de música. Esa canción es “Deja Vu” y empieza así:

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Si yo hubiera sido Dios, habría reorganizado las venas de la cara para hacerlos más resistentes al alcohol y menos propensos al envejecimiento. Si yo hubiera sido Dios, habría engendrado muchos hijos y no habría sufrido que los Romanos mataran ni siquiera uno de ellos… Si yo hubiera sido Dios, creo que hubiera hecho un mejor trabajo.”

Fuente: http://ew.com/music/2017/05/23/roger-waters-new-album-interview/

Es bastante claro quién escribió verdaderamente esa canción en lugar de Waters. En el párrafo final de la canción, la estrofa comienza con una frase que no encaja con el resto de la letra:

“El templo está en ruinas.”

Efectivamente, el Santuario Celestial está en ruinas y Satanás parece regocijarse de este hecho. Pero muy pronto el Templo de Dios será restaurado.

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Llama mucho la atención como este asunto del “muro” se ha vuelto tan importante en la cultura de hoy. Debemos recordar que el actual presidente de los EEUU, Donald Trump, quien sin duda es otro peón del cuerno pequeño, fue quien puso el asunto del muro en todos los medios de comunicación al prometer construir un muro en la frontera con México.

OrdenEjecutivaTrump

A la par que amenazaba con construir un muro, Trump amenazaba con destruir otro muro: el muro de separación entre la iglesia y el estado.

En sus primeros 100 días de presidencia, Trump hasta el momento no ha iniciado la construcción del famoso muro fronterizo. Sin embargo, ya firmó la orden ejecutiva para derribar el muro de separación entre la iglesia y el estado—la enmienda Johnson.

MuroFrancisco

El papa Francisco aprovechó su visita a México para ir a la frontera con los EEUU y declarar audazmente: “Una persona que piensa construir muros no es un cristiano.”

Efectivamente las políticas anti-migratorias de Trump van en contra de la Constitución y en contra de los principios cristianos, pero, sin embargo, todo indica que detrás de la declaración del papa Francisco hay otro mensaje oculto que se ha perdido en el contexto.

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Sí existió un cristiano bíblico, cuya misión divina fue la de reconstruir un muro, y las lecciones que podemos aprender de su tarea, sus conflictos, y su ejemplo son muy importantes para nuestro tiempo.

Como ciudad derribada y sin muro,

es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”

(Proverbios 25:28)

Nehemías – “Reconfortado por el Señor”

“Aun contra el príncipe de la fortaleza se engrandeció, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.” (Daniel 8:11)

Hoy en día el Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo y el Santuario Celestial siguen echados por tierra. Dios ha suscitado un pueblo para restaurarlos hace más de un siglo atrás, pero Satanás—a través de sus agentes humanos—ha utilizado, y sigue utilizando, toda serie de doctrina falsa y toda clase de vanidades para que su profeso pueblo se desvié de este trabajo sagrado y profético, y así esta hermosa verdad presente permanezca echada por tierra.

Debemos aprender del trabajo y de la determinación de Nehemías; debemos comprender las pruebas, las trampas y de los agentes que se usaron contra su obra; y finalmente debemos aprender de su fuente de fortaleza y sabiduría, a fin de que nosotros también podamos completar la obra que a nosotros nos fue encomendada—obra que será terminada, así sea con o sin nosotros, por nuestra propia elección.

Reforma y Reavivamiento

El ministerio de Nehemías se inició al concluir el ministerio de Esdras. Esdras había logrado traer un gran reavivamiento espiritual en Jerusalén. Se había acabado de reconstruir el santuario terrenal y los muros de la ciudad habían sido parcialmente reparados, pero todavía quedaba mucho por hacer (PR 455.1).

PR pg. 458.3 – “Tal fue el comienzo de una reforma admirable. Con infinita paciencia y tacto, y con una cuidadosa consideración de los derechos y el bienestar de todos los afectados, Esdras y sus asociados procuraron conducir por el camino correcto a los penitentes de Israel. Sobre todo lo demás, Esdras enseñó la ley; y mientras dedicaba su atención personal a examinar cada caso, procuraba hacer comprender al pueblo la santidad de la ley, así como las bendiciones que podían obtenerse por la obediencia.

“Dondequiera que actuase Esdras, revivía el estudio de las Santas Escrituras. Se designaban maestros para que instruyesen al pueblo; se exaltaba y se honraba la ley del Señor. Se escudriñaban los libros de los profetas, y los pasajes que predecían la llegada del Mesías infundían esperanza y consuelo a muchos corazones tristes y agobiados.

“Han transcurrido más de dos mil años desde que Esdras aplicó ‘su corazón a la búsqueda de la ley’ de Jehová y a ‘su práctica’ (Esdras 7:10), pero el transcurso del tiempo no ha disminuido la influencia de su ejemplo piadoso. A través de los siglos, la historia de su vida de consagración inspiró a muchos la determinación de buscar y practicar esa misma ley.

“Los motivos de Esdras eran elevados y santos; en todo lo que hacía era impulsado por un profundo amor hacia las almas. La compasión y la ternura que revelaba hacia los que habían pecado, fuese voluntariamente o por ignorancia, debe ser una lección objetiva para todos los que procuran realizar reformas.

“Los siervos de Dios deben ser tan firmes como una roca en lo que se refiere a los principios correctos; y con todo han de manifestar simpatía y tolerancia. Como Esdras, deben enseñar a los transgresores el camino de la vida al inculcarles los principios en que se funda toda buena acción.

“En esta época del mundo, cuando, mediante múltiples instrumentos, Satanás procura cegar los ojos de hombres y mujeres para que no vean lo que exige la ley de Dios, se necesitan hombres que harán temblar a muchos ante ‘el mandamiento de nuestro Dios’ (Esdras 10:3).

“Se necesitan verdaderos reformadores, que conducirán a los transgresores hacia el gran Legislador, y les enseñarán que ‘la ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma’ (Salmos 19:7). Se necesitan hombres poderosos en las Escrituras: hombres que con cada palabra y acción exalten los estatutos de Jehová; hombres que procuren fortalecer la fe. Hay gran necesidad de personas que enseñen e inspiren en los corazones reverencia y amor hacia las Escrituras.

“La iniquidad que prevalece extensamente hoy puede atribuirse en cierta medida al hecho de que no se estudian ni se obedecen las Escrituras; porque cuando la Palabra de Dios es desechada, se rechaza su poder para refrenar las malas pasiones del corazón natural. Los hombres siembran para la carne, y de la carne siegan corrupción.”

“No se estudian ni se obedecen las Escrituras” porque el hombre carnal está en enemistad con Dios, le aborrece y aborrece su Ley (Jeremías 6:19).

Romanos 8:7 – “Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.”

Debido a la transgresión del hombre Adán, la humanidad sufrió un cambio que no se estudia debidamente. Su naturaleza se depravó y perdió los dones espirituales de Gálatas 5:22-23. Es por esto que Dios Padre puso en vigencia el plan de redención, pactado con Cristo desde las edades eternas (Colosenses 1:26), para que el hombre pudiera llegar a ser regenerado y su naturaleza pecaminosa pudiera ser subyugada, a fin de que Adán y su descendencia pudieran ser rescatados de la penalidad de la ley que es la muerte eterna (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8), gracias a un Sustituto en la vida, un Garante y Sustituto en la muerte, y un Mediador.

PP pg. 333.1 – “Cuando Adán y Eva fueron creados recibieron el conocimiento de la ley de Dios; conocieron los derechos que la ley tenía sobre ellos; sus preceptos estaban escritos en sus corazones. Cuando el hombre cayó a causa de su transgresión, la ley no fue cambiada, sino que se estableció un sistema de redención para hacerle volver a la obediencia. Se le dio la promesa de un Salvador, y se establecieron sacrificios con el propósito de dirigir sus pensamientos hacia el futuro, hacia la muerte de Cristo como supremo sacrificio. Si nunca se hubiera violado la ley de Dios, no habría habido muerte ni se habría necesitado un Salvador, ni tampoco sacrificios.”

Si nunca se hubiese violado la ley eterna—el Decálogo—entonces nunca hubiera sido necesaria la ley temporal—el ritual simbólico.

CC pg. 17.1 – “El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos. Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo reemplazó el amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial. El tentador quería desbaratar el propósito que Dios había tenido cuando creó al hombre. Así llenaría la tierra de sufrimiento y desolación y luego señalaría todo ese mal como resultado de la obra de Dios al crear al hombre.”

VAAn pg. 291.2 – “Dios desea que se cumplan en nosotros los propósitos de su gracia. Por el poder de su amor y mediante la obediencia, el hombre caído, un gusano en el polvo, debe ser transformado y capacitado para ser miembro de la familia celestial, compañero de Dios, de Cristo y de los santos ángeles a través de las edades eternas. El Cielo triunfará, porque los lugares dejados vacantes por Satanás y su hueste serán ocupados por los redimidos del Señor.”

PR pg. 460.2 – “Al poner a un lado la Biblia se ha abandonado la ley de Dios. La doctrina por la cual se enseña que los hombres quedan relevados de obedecer a los preceptos divinos, ha reducido la fuerza de la obligación moral, y abierto las compuertas de la iniquidad que inunda al mundo. La perversidad, la disipación y la corrupción lo están arrasando como un diluvio abrumador.

“Por doquiera se ven envidias, malas sospechas, hipocresía, enajenamiento, emulación, contienda y traición de los cometidos sagrados, complacencia de las concupiscencias. Todo el sistema de los principios religiosos y las doctrinas, que debiera formar el fundamento y el esqueleto de la vida social, se asemeja a una masa tambaleante, a punto de caer en ruinas.

En los últimos días de la historia de esta tierra, la voz que habló desde el Sinaí sigue declarando: ‘No tendrás dioses ajenos delante de mí’ (Éxodo 20:3). El hombre opuso su voluntad a la de Dios, pero no puede acallar la voz del mandamiento. El espíritu humano no puede eludir su obligación para con una potencia superior. Pueden abundar las teorías y las especulaciones; los hombres pueden procurar oponer la ciencia a la revelación, y así descartar la ley de Dios; pero la orden se repite cada vez con más fuerza: ‘Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás’ (Mateo 4:10).

Es imposible debilitar o reforzar la ley de Jehová. Tal como fue, subsiste. Siempre ha sido, y siempre será, santa, justa y buena, completa en sí misma. No puede ser abrogada ni cambiada. Hablar de ‘honrarla’ o ‘deshonrarla’ no es sino usar un lenguaje humano.

La oposición de las leyes humanas a los preceptos de Jehová producirá el último gran conflicto de la controversia entre la verdad y el error. Estamos entrando ahora en esa batalla, que no es simplemente entre iglesias rivales que contienden por la supremacía, sino entre la religión de la Biblia y las religiones de las fábulas y tradiciones.

“Los agentes que se han unido contra la verdad están ya obrando activamente. La santa Palabra de Dios, que nos ha sido transmitida a un costo tan elevado de sufrimientos y derramamiento de sangre, no se aprecia. Son pocos los que la aceptan realmente como norma de la vida. La incredulidad prevalece en forma alarmante, no sólo en el mundo, sino también en la iglesia. Muchos han llegado a negar doctrinas que son las mismas columnas de la fe cristiana. Los grandes hechos de la creación como los presentan los escritores inspirados: la caída del hombre; la expiación; la perpetuidad de la ley, todas estas cosas son rechazadas por gran número de los que profesan ser cristianos.

“Miles de los que se precian de tener conocimiento, consideran como evidencia de debilidad el tener confianza implícita en la Biblia, y para ellos es prueba de saber el cavilar con respecto a las Escrituras y anular sus verdades más importantes mediante explicaciones que pretenden espiritualizarlas.

Los cristianos deben prepararse para lo que pronto ha de estallar sobre el mundo como sorpresa abrumadora, y deben hacerlo (1) estudiando diligentemente la Palabra de Dios y (2) esforzándose por conformar su vida con sus preceptos. Los tremendos y eternos resultados que están en juego exigen de nosotros algo más que una religión imaginaria, de palabras y formas, que mantenga a la verdad en el atrio exterior.

Dios pide un reavivamiento y una reforma. Las palabras de la Biblia, y de la Biblia sola, deben oírse desde el púlpito. Pero la Biblia ha sido despojada de su poder, y el resultado se ve en la reducción del tono de la vida espiritual. En muchos sermones que se pronuncian hoy no hay manifestación divina que despierte la conciencia y comunique vida al alma. Los oyentes no pueden decir: ‘¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?’ (Lucas 24:32).

“Son muchos los que están clamando en pos del Dios viviente y anhelando la presencia divina. Permítase a la palabra de Dios que hable al corazón, y que aquellos a quienes sólo se habló de tradiciones, teorías y máximas humanas, oigan la voz de Aquel que puede renovar el alma para vida eterna.

“De los patriarcas y profetas resplandeció una gran luz. Cosas gloriosas fueron expresadas acerca de Sión, la ciudad de Dios. Así quiere el Señor que la luz resplandezca hoy por medio de quienes le siguen. Si los santos del Antiguo Testamento dieron tan brillante testimonio de lealtad, ¿no deberán aquellos sobre quienes resplandece la luz acumulada durante siglos dar un testimonio aun más señalado con respecto al poder de la verdad?

“La gloria de las profecías derrama su luz sobre nuestra senda. Los símbolos se encontraron con la realidad en la muerte del Hijo de Dios. Cristo resucitó de los muertos, y proclamó sobre el sepulcro abierto: ‘Yo soy la resurrección y la vida’ (Juan 11:25). Envió su Espíritu al mundo para recordarnos todas las cosas. Y por un milagro de su poder, preservó su Palabra escrita a través de los siglos.

“Los reformadores cuya protesta nos dio el nombre de protestantes, consideraron que Dios los había llamado a dar al mundo la luz del Evangelio, y en su esfuerzo por hacerlo, estaban listos para sacrificar sus bienes, su libertad y aun la misma vida.

“Frente a la persecución y la muerte, el Evangelio se proclamó lejos y cerca. La palabra de Dios fue comunicada al pueblo; y todas las clases, humildes y encumbrados, ricos y pobres, sabios e ignorantes, la estudiaron con avidez por su cuenta.

¿Somos nosotros, en este último conflicto de la gran controversia, tan fieles a nuestro cometido como lo fueron al suyo los primeros reformadores?

“‘Tocad trompeta en Sión, pregonad ayuno, llamad a congregación. Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, congregad los niños… Lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad’ (Joel 2:15-17). ‘Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto. Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. ¿Quién sabe si volverá, y se apiadará, y dejará bendición tras de él?’ (Joel 2:12-14).”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 113/1/2 – “Nehemías y Esdras son hombres oportunos. El Señor tenía una obra especial para ellos. Debían exhortar al pueblo a que recapacitara en su conducta y viera dónde había cometido sus faltas, pues el Señor no había permitido sin causa que su pueblo quedara indefenso y confundido y fuera llevado en cautiverio.

“El Señor bendijo especialmente a estos hombres por defender la rectitud. Nehemías no fue consagrado como sacerdote ni profeta, pero el Señor lo usó para que hiciera una obra especial. Aunque se lo eligió como caudillo del pueblo, su fidelidad a Dios no dependió de su cargo.

“El Señor no permitirá que se estorbe su obra, aunque los obreros resulten ser indignos. Dios tiene una reserva de hombres preparados para hacer frente a la necesidad, de modo que su obra se preserve de toda influencia contaminadora. Dios recibirá el honor y la gloria. Cuando el Espíritu divino impresiona la mente del hombre designado por Dios como idóneo para la obra, él responde diciendo: ‘Heme aquí, envíame a mí’ (Isaías 6:8).

“Dios mostró al pueblo por quien había hecho tanto, que no toleraría sus pecados. No actuó por medio de los que se negaban a servirle con sinceridad de propósitos, los que se habían corrompido delante de él, sino mediante Nehemías, pues éste estaba registrado en los libros del cielo como un hombre.”

Nehemías tuvo un período de preparación

Antes de que Dios pueda utilizar a un hombre o mujer para su servicio, es necesario de que esta persona pase por un período de preparación. Así ha sido ha sido siempre y así continúa obrando hoy el Señor.

CE pg. 192.2 – “Consideren lo que le ocurrió a Moisés. La educación que había recibido en Egipto como nieto del rey y presunto heredero del trono, fue muy completa. Nada fue descuidado de lo que se pensaba que podía hacerle sabio, según como entendían los egipcios la sabiduría. Recibió un adiestramiento civil y militar de orden superior. Se sintió completamente preparado para la obra de libertar a Israel de la esclavitud.

Pero Dios no lo vio así. Su providencia señaló a Moisés un período de cuarenta años de preparación en el desierto como pastor de ovejas.”

ED pg. 34.3 – “Durante su permanencia en el Sinaí, Israel recibió lecciones preciosas. Fue un período de preparación especial para cuando heredaran la tierra de Canaán. El ambiente allí era más favorable para el cumplimiento del propósito de Dios. Sobre la cima del Sinaí, haciendo sombra sobre la llanura donde estaban diseminadas las tiendas del pueblo, descansaba la columna de nube que los había guiado durante el viaje. De noche, una columna de fuego les daba la seguridad de la protección divina y, mientras dormían, caía suavemente sobre el campamento el pan del cielo.

“Por todas partes, las enormes montañas escarpadas hablaban, en su solemne grandeza, de la paciencia y la majestad eternas. Se hizo sentir al hombre su ignorancia y debilidad en presencia de Aquel que ‘pesó los montes con balanza y con pesas los collados’ (Isaías 40:12). Allí, por la manifestación de su gloria, Dios trató de impresionar a Israel con la santidad de su carácter y de sus exigencias, y con la excesiva culpabilidad de la desobediencia.”

Jesús mismo, el Hijo de Dios, el Maestro de maestros, eligió a hombres sin letras, hombres que no habían sido educados en los grandes centros de teología y filosofía humana, pues en esos lugares se enseñaba el error. ¿Seremos tan ciegos e ingenuos para pensar que ahora el Señor obrará de manera diferente?

DTG pg. 215.1 – “Jesús eligió a pescadores sin letras porque no habían sido educados en las tradiciones y costumbres erróneas de su tiempo. Eran hombres de capacidad innata, humildes y susceptibles de ser enseñados; hombres a quienes él podía educar para su obra.

“En las profesiones comunes de la vida, hay muchos hombres que cumplen sus trabajos diarios, inconscientes de que poseen facultades que, si fuesen puestas en acción, los pondrían a la altura de los hombres más estimados del mundo. Se necesita el toque de una mano hábil para despertar estas facultades dormidas. A hombres tales llamó Jesús para que fuesen sus colaboradores; y les dio las ventajas de estar asociados con él. Nunca tuvieron los grandes del mundo un maestro semejante.

Cuando los discípulos terminaron su período de preparación con el Salvador, no eran ya ignorantes y sin cultura; habían llegado a ser como él en mente y carácter, y los hombres se dieron cuenta de que habían estado con Jesús.”

La pregunta que nos concierne ahora es: ¿Nos estamos preparando HOY para ser defensores o enemigos de la verdad presente mañana?

PR pg. 464.1 – “Nehemías, uno de los desterrados hebreos, ocupaba un cargo de influencia y honor en la corte de Persia. Como copero del rey, tenía libre acceso a la presencia real. En virtud de su puesto, y gracias a su capacidad y fidelidad, había llegado a ser amigo y consejero del rey. Sin embargo, y a pesar de gozar del favor real y de verse rodeado de pompa y esplendor, no olvidaba a su Dios ni a su pueblo.

“Con el más hondo interés, su corazón se volvía hacia Jerusalén y sus esperanzas y goces se vinculaban con la prosperidad de esa ciudad. Por medio de este hombre, al que la residencia en la corte persa había preparado para la obra a la cual se le iba a llamar, Dios se proponía bendecir a su pueblo en la tierra de sus padres.”

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Copero era un oficial o encargado de alto rango en las cortes reales, cuya tarea era servir las bebidas en la mesa. A causa del temor constante a las conspiraciones e intrigas, esta persona debía ser considerada totalmente digna de confianza para poder mantener su posición. Debía proteger la copa del rey ante el riesgo de envenenamientos, por lo que se requería, a veces, probar un poco de vino antes de servirlo.

Sus relaciones de confianza con el rey, a menudo les granjeaba una posición de gran influencia y era muy valorada, por lo que fueron pocos los elegidos a lo largo de la historia. Los requisitos para obtener el trabajo no se llevaban a cabo a la ligera, valorándose y apreciando además de su porte, su modestia, laboriosidad y coraje.

Nehemías llegó a la posición de más alto rango de palacio, el de copero del rey Artajerjes I, el nuevo rey de Persia. Su posición puso su vida en riesgo todos los días pero le dio autoridad y un salario importante. Artajerjes le tuvo en gran estima, como se muestra en (Nehemías 2:2 y siguientes). Su capacidad financiera (Nehemías 5:8,10,14,17) indicaría que esta ocupación era muy lucrativa.

Nehemías ocupaba un cargo de honor en la corte real y estaba rodeado de todo esplendor y comodidades. Sin embargo, para él no fue una carga pesada dejar a un lado sus tesoros terrenales, su alta jerarquía y su gran comodidad, para trabajar en la dura y pesada obra que Dios tenía para él en Jerusalén. Dios había permitido que Nehemías ocupara un cargo alto en la corte del rey para que gozara del favor del rey y para que pase por un período de preparación para el cargo que debía ocupar como caudillo en Israel.

¿Será que hoy estamos nosotros dispuestos a renunciar a nuestros tesoros, nuestras profesiones, nuestros cargos, nuestras ambiciones, nuestras vanidades, nuestros hogares y nuestras comodidades para la gran obra de Dios?

Si nosotros no estamos dispuestos a hacer estos sacrificios, entonces Dios no se hará problema y usará a quien sí esté dispuesto a entregarlo todo por la única obra de valor en esta vida: la obra de salvación y redención para obtener la vida eterna.

PR pg. 464.2 – “Mediante mensajeros de Judea, el patriota hebreo había sabido que habían llegado días de prueba para Jerusalén, la ciudad escogida. Los desterrados que habían regresado sufrían aflicción y oprobio. Se habían reedificado el templo y porciones de la ciudad; pero la obra de restauración se veía estorbada, los servicios del templo eran perturbados, y el pueblo mantenido en constante alarma por el hecho de que las murallas de la ciudad permanecían mayormente en ruinas.

“Abrumado de pesar, Nehemías no podía comer ni beber. Confiesa: ‘Lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos’ (Nehemías 1:4). Fielmente, confesó sus pecados y los pecados de su pueblo. Rogó a Dios que sostuviese la causa de Israel, que devolviese a su pueblo valor y fuerza y le ayudase a edificar los lugares asolados de Judá.”

Antes de nada, Nehemías se congregó por la fe al trono de Dios en su verdadero santuario, y buscó la aceptación, el perdón de sus pecados y el bautismo del Espíritu Santo, para poder rogar por sí mismo primero, y después por su pueblo.

Nosotros somos indignos de ser escuchados, pues estamos cargados de injusticias y hasta nuestros buenos actos están manchados de egoísmo.

Isaías 64:6 – “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia.”

Es por eso que primeramente debemos buscar la justificación en Cristo, para que revestidos del manto inmaculado de su justicia podamos ser aceptables ante Dios Padre en Cristo y no en nosotros mismos. Luego debemos pedir que nuestros pecados, en virtud de la preciosa sangre de Cristo, puedan ser transferidos al Santuario Celestial, y que nuestros nombres se mantengan en el libro de la vida. Nuestras oraciones deben ser presentadas por Cristo, perfumadas con su justicia, como si provinieran de Él, pues Él sí es digno de ser escuchado.

Finalmente, también en virtud de sus méritos perfectos, podemos gozar del resultado de la justificación por la fe: la lluvia temprana—el Espíritu Santo que habita en nosotros para que pueda escribir la ley en nuestras mentes y corazones (Hebreos 8:10), y para que siembre los frutos de Gálatas 5:22-23 – el amor, la fe, la paciencia, y toda virtud cristiana. Para que así, uniendo el poder humano con el poder divino podamos andar en el camino de la verdadera obediencia, de la verdadera santificación.

La unión del poder divino con el esfuerzo humano

PR pg. 465.3 – “Al fin, el pesar que abrumaba el corazón del patriota ya no pudo esconderse. Las noches de insomnio y los días llenos de congoja dejaron sus rastros en el semblante de Nehemías.

“El rey, velando por su propia seguridad, estaba acostumbrado a observar los rostros y a penetrar los disfraces, de modo que se dio cuenta de que alguna aflicción secreta acosaba a su copero. Le preguntó: ‘¿Por qué está triste tu rostro, pues no estás enfermo? No es esto sino quebranto de corazón’ (Nehemías 2:2).

“La pregunta llenó a Nehemías de aprensión. ¿No se enojaría el rey al saber que mientras el cortesano parecía dedicado a su servicio estaba pensando en su pueblo lejano y afligido? ¿No perdería la vida el ofensor? ¿Quedaría en la nada el plan con el cual soñara para devolver a Jerusalén su fuerza? ‘Entonces—escribe—temí en gran manera’ (Nehemías 2:2). Con labios temblorosos y ojos arrasados en lágrimas, reveló la causa de su pesar. ‘El rey viva para siempre—contestó.—¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas del fuego?’ (Nehemías 2:3)

“La mención de la condición en que estaba Jerusalén despertó la simpatía del monarca sin evocar sus prejuicios. Otra pregunta dio a Nehemías la oportunidad que aguardaba desde hacía mucho: ‘¿Qué cosa pides?’ (Nehemías 2:4)

Pero el varón de Dios no se atrevía a responder antes de haber solicitado la dirección de Uno mayor que Artajerjes. Tenía un cometido sagrado que cumplir, para el cual necesitaba ayuda del rey; y comprendía que mucho dependía de que presentase el asunto en forma que obtuviese su aprobación y su auxilio. Dice él: ‘Entonces oré al Dios de los cielos’ (Nehemías 2:4). En esa breve oración, Nehemías se acercó a la presencia del Rey de reyes, y ganó para sí un poder que puede desviar los corazones como se desvían las aguas de los ríos.

“La facultad de orar como oró Nehemías en el momento de su necesidad es un recurso del cual dispone el cristiano en circunstancias en que otras formas de oración pueden resultar imposibles. Los que trabajan en las tareas de la vida, apremiados y casi abrumados de perplejidad, pueden elevar a Dios una petición para ser guiados divinamente. Cuando los que viajan, por mar o por tierra, se ven amenazados por algún grave peligro, pueden entregarse así a la protección del Cielo.

“En momentos de dificultad o peligro repentino, el corazón puede clamar por ayuda a Aquel que se ha comprometido a acudir en auxilio de sus fieles creyentes cuando quiera que le invoquen. En toda circunstancia y condición, el alma cargada de pesar y cuidados, o fieramente asaltada por la tentación, puede hallar seguridad, apoyo y socorro en el amor y el poder inagotables de un Dios que guarda su pacto.

“En aquel breve momento de oración al Rey de reyes, Nehemías cobró valor para exponer a Artajerjes su deseo de quedar por un tiempo libre de sus deberes en la corte; y solicitó autoridad para edificar los lugares asolados de Jerusalén, para hacer de ella nuevamente una ciudad fuerte y defendida. De esta petición dependían resultados portentosos para la nación judaica. ‘Y—explica Nehemías—otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí’ (Nehemías 2:8).

“Habiendo obtenido la ayuda que procuraba, Nehemías procedió con prudencia y previsión a hacer los arreglos necesarios para asegurar el éxito de la empresa. No descuidó precaución alguna que favoreciese su realización. Ni siquiera a sus compatriotas reveló su propósito. Aunque sabía que muchos se alegrarían de su éxito, temía que algunos, mediante actos indiscretos, despertasen los celos de sus enemigos y provocasen tal vez el fracaso de la tentativa.

“La petición que dirigió al rey tuvo acogida tan favorable que Nehemías se sintió alentado a pedir aun más ayuda. A fin de dar dignidad y autoridad a su misión, así como para estar protegido durante el viaje, solicitó y obtuvo una escolta militar. Consiguió cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias de allende el Éufrates, por cuyo territorio debía cruzar en viaje a Judea; y obtuvo también una carta en la cual se ordenaba al guarda del bosque real en las montañas del Líbano que le proveyese la madera que necesitara. A fin de que nadie tuviese motivo para quejarse de que se había excedido, Nehemías tuvo cuidado de que la autoridad y los privilegios que se le otorgaban se definiesen claramente.

Este ejemplo de sabia previsión y de acción resuelta debe ser una lección para todos los cristianos. Los hijos de Dios deben no solamente orar con fe, sino también obrar con cuidado diligente y prudente. Tropiezan con muchas dificultades y a menudo estorban la obra de la Providencia en su favor porque consideran la prudencia y el esfuerzo esmerado como ajenos a la religión.

“Nehemías no creyó que había cumplido su deber cuando lloró y rogó al Señor. Unió a sus peticiones un esfuerzo santo y trabajó con fervor y oración por el éxito de la empresa en la cual se empeñaba. La consideración cuidadosa y los planes bien madurados son tan necesarios hoy para las realizaciones sagradas como en el tiempo en que fueron reedificados los muros de Jerusalén.

“Nehemías no se conformaba con la incertidumbre. Los recursos que le faltaban, los solicitaba a los que estaban en condiciones de dárselos. Y el Señor sigue dispuesto a obrar en los corazones de los que se hallan en posesión de sus bienes, para que los entreguen en favor de la causa de la verdad.

“Los que trabajan para él deben valerse de la ayuda que él induce a los hombres a dar. Esos donativos pueden abrir vías por las cuales la luz de la verdad irá a muchas tierras entenebrecidas. Los donantes no tienen quizá fe en Cristo ni conocen su palabra; pero sus donativos no deben ser rehusados por este motivo.”

La determinación de Nehemías

PR pg. 469.1 – “Nehemías realizó sano y salvo su viaje a Jerusalén. Las cartas del rey para los gobernadores de las provincias situadas a lo largo de su ruta le aseguraron una recepción honorable y pronta ayuda. Ningún enemigo se atrevía a molestar al funcionario custodiado por el poder del rey de Persia y tratado con tanta consideración por los gobernadores provinciales.

“Sin embargo, su llegada a Jerusalén con una escolta militar, al revelar que venía en alguna misión importante, excitó los celos de los tribus paganas que vivían cerca de la ciudad y que con frecuencia habían manifestado su enemistad contra los judíos, a los que colmaban de insultos y vituperios. En esta mala obra se destacaban ciertos jefes de dichas tribus: Sambalat el horonita, Tobías el amonita y Gesem el árabe. Desde el principio, esos caudillos observaron con ojos críticos los movimientos de Nehemías, y por todos los medios a su alcance procuraron estorbar sus planes y su obra.”

“Nehemías continuó ejerciendo la misma cautela y prudencia que hasta entonces habían distinguido su conducta. Sabiendo que acerbos y resueltos enemigos estaban listos para oponérsele, ocultó la índole de su misión hasta que un estudio de la situación le permitiese hacer sus planes. Esperaba asegurarse así la cooperación del pueblo y ponerlo a trabajar antes que se levantase la oposición de sus enemigos.”

PR pg. 470.1 – “La tercera noche después de su llegada, Nehemías se levantó a la medianoche, y con unos pocos compañeros de confianza salió a examinar por su cuenta la desolación de Jerusalén. Montado en su mula, pasó de una parte de la ciudad a otra, examinando las puertas y los muros en ruinas de la ciudad de sus padres. Penosas reflexiones llenaban la mente del patriota judío mientras que con corazón apesadumbrado miraba las derribadas defensas de su amada Jerusalén. Los recuerdos de la grandeza que gozara antaño Israel contrastaban agudamente con las evidencias de su humillación.”

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Hoy en día ese muro de defensa también se encuentra en ruinas. Pero, cuántos de los miembros de su profeso pueblo sufren hoy con corazón apesadumbrado mientras la sagrada Ley de Dios está en ruinas y su Santuario está asolado?

PR pg. 470.2 – “En secreto y en silencio, recorrió Nehemías el circuito de las murallas. Declara: ‘No sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los Judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra’ (Nehemías 2:16). Pasó el resto de la noche en oración, porque sabía que al llegar la mañana necesitaría hacer esfuerzos ardorosos para despertar y unir a sus compatriotas desalentados y divididos.

“Nehemías había traído un mandato real que requería a los habitantes que cooperasen con él en la reedificación de los muros de la ciudad; pero no confiaba en el ejercicio de la autoridad y procuró más bien ganar la confianza y simpatía del pueblo, porque sabía que la unión de los corazones tanto como la de las manos era esencial para la gran obra que le aguardaba. Por la mañana, cuando congregó al pueblo, le presentó argumentos calculados para despertar sus energías dormidas y unir sus fuerzas dispersas.

“Los que oían a Nehemías no sabían nada de su jira nocturna, ni tampoco se la mencionó él. Pero el hecho de que la había realizado contribuyó mucho a su éxito; porque pudo hablar de las condiciones de la ciudad con una precisión y una minucia que asombraron a sus oyentes. Las impresiones que había sentido mientras se percataba de la debilidad y degradación de Jerusalén daban fervor y poder a sus palabras.

“Recordó al pueblo el oprobio en que vivía entre los paganos, y cómo se despreciaba su religión y se blasfemaba a su Dios. Les dijo que en una tierra lejana había oído hablar de su aflicción, que había solicitado el favor del Cielo para ellos, y que, mientras oraba, había resuelto pedir al rey que le permitiera acudir en su auxilio.”

“Relató todo esto, y habiendo demostrado que estaba sostenido por la autoridad combinada del Dios de Israel y del rey de Persia, Nehemías preguntó directamente al pueblo si quería aprovechar esta oportunidad y levantarse para edificar la muralla.”

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“El llamamiento llegó directamente a los corazones. Al señalarles cómo se había manifestado el favor del Cielo hacia ellos, los avergonzó de sus temores, y con nuevo valor clamaron a una voz: ‘Levantémonos, y edifiquemos.’ ‘Así esforzaron sus manos para bien’ (Nehemías 2:18).

Nehemías ponía toda su alma en la empresa que había iniciado. Su esperanza, su energía, su entusiasmo y su determinación eran contagiosos e inspiraban a otros el mismo intenso valor y elevado propósito. Cada hombre se trocó a su vez en un Nehemías, y contribuyó a fortalecer el corazón y la mano de su vecino.”

Comentario Bíblico 7ª pg. 114/2/3 – “Los ángeles ven la iglesia como Nehemías veía a Jerusalén. Con corazón dolorido, el visitante que vino de lejos contempló en ruinas las defensas de su amada Jerusalén. ¿Y acaso no es así como los ángeles del cielo ven la condición de la iglesia de Cristo?

“Como los moradores de Jerusalén, también nosotros nos acostumbramos a los males que hay, y con frecuencia nos contentamos sin hacer esfuerzo alguno para remediarlos. Sin embargo, ¿cómo son considerados esos males por los seres iluminados divinamente? Al igual que Nehemías, ¿no miran ellos con corazón dolorido las murallas en ruinas y las puertas quemadas con fuego?

“¿No son visibles por doquiera las vergonzosas muestras de apostasía y de conformidad con un mundo que ama el pecado y odia la verdad? En estos días de oscuridad y peligro, ¿quién puede erguirse en defensa de Sión para hacerle algún bien? Su condición espiritual y sus perspectivas no están de acuerdo con la luz ni los privilegios que Dios le ha conferido.”

Y nosotros, estamos también haciendo llorar a los santos ángeles? ¿Vivimos en apostasía y en conformidad con este mundo? ¿Estamos cómodos en este mundo? ¿Estamos invirtiendo nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestras energías para este mundo o para el venidero?

La lucha con los agentes y los estorbos de Satanás

Apenas Dios obra en favor de su pueblo, se debe esperar que Satanás esté siempre listo para estorbar todo esfuerzo positivo.

PR pg. 417.5 – “Cuando los enemigos de Israel supieron lo que los judíos esperaban hacer, los escarnecieron diciendo: ‘¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey?’ (Nehemías 2:19). Pero Nehemías contestó: ‘El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalem’ (Nehemías 2:20).”

PR pg. 472.1 – “En todo movimiento religioso hay quienes, si bien no pueden negar que la causa es de Dios, se mantienen apartados y se niegan a hacer esfuerzo alguno para ayudar. Convendría a los tales recordar lo anotado en el cielo en el libro donde no hay omisiones ni errores, y por el cual seremos juzgados. Allí se registra toda oportunidad de servir a Dios que no se aprovechó; y allí también se recuerda para siempre todo acto de fe y amor.”

Enemigos externos

PR pg. 473.2 – “Pero la reedificación de las defensas de Jerusalén no progresó sin impedimentos. Satanás estaba obrando para incitar oposición y desaliento. Sambalat, Tobías y Gesem, sus principales agentes en este movimiento, se dedicaron a estorbar la obra de reconstrucción. Procuraron ocasionar división entre los obreros. Ridiculizaban los esfuerzos de los constructores, declarando imposible la empresa y prediciendo que fracasaría.”

¿Quiénes son los que se burlan de que la crisis final y la ley dominical está a las puertas? Los agentes de Satanás.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 115/2/1 – “Satanás todavía usa el desprecio y la burla… Las cosas más sagradas se enfocarán de modo que parezcan ridículas, para diversión de los impíos. Una pequeñísima cantidad de sarcasmo y humor ruin –unidas con envidia, celos, impiedad y odio—es suficiente para excitar la algazara del burlador profano. Y estos insolentes burladores aguzan mutuamente su ingenio y uno a otro se envalentonan en su obra blasfema.

“El desprecio y la burla ciertamente son dolorosos para la naturaleza humana, pero los deben soportar todos los que son leales a Dios. Satanás utiliza la táctica de desviar así a las almas para que no hagan la obra que el Señor les ha confiado.”

PR pg. 473/4 – “Los edificadores no tardaron en tener que hacer frente a una oposición más activa. Se veían obligados a protegerse continuamente de las maquinaciones de sus adversarios, que, manifestando amistad, procuraban de diversas maneras sembrar confusión y perplejidad, y despertar la desconfianza. Se esforzaban por destruir el valor de los judíos; tramaban conspiraciones para hacer caer a Nehemías en sus redes; y había judíos de corazón falso dispuestos a ayudar en la empresa traicionera.”

PR pg. 473.5 – “Pero Nehemías continuó buscando en Dios dirección y apoyo, ‘y el pueblo tuvo ánimo para obrar’ (Nehemías 4:6). La empresa siguió adelante hasta que se cerraron las brechas y toda la muralla llegó más o menos a la mitad de la altura que se le quería dar.

“Al ver los enemigos de Israel cuán inútiles eran sus esfuerzos, se llenaron de ira. Hasta entonces no se habían atrevido a recurrir a medidas violentas; porque sabían que Nehemías y sus compañeros actuaban comisionados por el rey, y temían que una oposición activa contra él provocase el desagrado real. Pero ahora, en su ira, se hicieron culpables del crimen del cual habían acusado a Nehemías. Juntándose para consultarse, ‘conspiraron todos a una para venir a combatir a Jerusalem’ (Nehemías 4:8).”

Nehemías veía la necesidad diaria de buscar la dirección y el apoyo de Dios para ejecutar su obra. Así como antes de pedir ayuda al rey Artajerjes decidió pedir primero ayuda al Dios Topoderoso, Nehemías no pensaba dar un solo paso sin antes buscar la dirección de Dios. ¿Nosotros estamos buscando la dirección y el apoyo de Dios diariamente para tomar todas nuestras decisiones? ¿O será que más bien hemos rechazado la dirección de Dios y hemos tomado nuestro propio camino en pos de las vanidades del mundo y en pos de nuestras propias filosofías?

Los que se desaniman rápidamente

PR pg. 474.2 – “Al mismo tiempo que los samaritanos maquinaban contra Nehemías y su obra, algunos de los judíos principales, sintiendo desafecto, procuraron desalentarle exagerando las dificultades que entrañaba la empresa. Dijeron: ‘Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro’ (Nehemías 4:10).”

Los que no hacen nada, pero aún así se quejan de la obra

PR pg. 474.3 – “También provino desaliento de otra fuente. ‘Los Judíos que habitaban entre ellos’ (Nehemías 4:12), los que no participaban en la obra, reunieron las declaraciones de sus enemigos, y las emplearon para debilitar el valor de los que trabajaban y crear desafecto entre ellos.

“Pero los desafíos y el ridículo, la oposición y las amenazas no parecían lograr otra cosa que inspirar en Nehemías una determinación más firme e incitarle a una vigilancia aun mayor. Reconocía los peligros que debía arrostrar en esta guerra contra sus enemigos, pero su valor no se arredraba.”

La fuente de fortaleza ante la prueba

PR pg. 474.4 – “Declara: ‘Entonces oramos a nuestro Dios, y … pusimos guarda contra ellos de día y de noche… Entonces puse por los bajos del lugar, detrás del muro, en las alturas de los peñascos, puse el pueblo por familias con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos. Después miré, y levantéme, y dije a los principales y a los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.

“‘Y sucedió que como oyeron nuestros enemigos que lo habíamos atendido, Dios disipó el consejo de ellos, y volvímonos todos al muro, cada uno a su obra. Mas fue que desde aquel día la mitad de los mancebos trabajaba en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas y escudos, y arcos, y corazas. … Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban’ (Nehemías 4:9, 13-18).”

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Comentario Bíblico 7ª, pg. 116/1/2 – “Estamos en constante peligro de volvernos autosuficientes; de confiar en nuestra propia sabiduría y no hacer de Dios nuestra fortaleza. Nada perturba más a Satanás que el hecho de que no ignoremos sus artimañas. Si reconocemos nuestros peligros, sentiremos nuestra necesidad de oración como la sintió Nehemías, y como él obtendremos esa fuerte defensa que nos dará seguridad en los peligros.

“Si somos descuidados e indiferentes, ciertamente seremos vencidos por las artimañas de Satanás… Debemos velar tanto como orar. Debiéramos vigilar la obra de nuestros adversarios para que no obtengan ventajas engañando a las almas. Con la sabiduría de Cristo, debemos hacer esfuerzo para desbaratar sus propósitos, al mismo tiempo que no debiéramos permitir que nos aparten de nuestra gran obra. La verdad es más poderosa que el error. La rectitud prevalecerá sobre la injusticia…

“Encontraremos toda suerte de oposición como les sucedió a los edificadores de los muros de Jerusalén. Pero si velamos, oramos y trabajamos como ellos lo hicieron, Dios librará nuestras batallas por nosotros y nos dará preciosas victorias.”

Los atalayas deben tocar trompeta si se acerca el peligro

Para que un fiel atalaya de el toque certero a la trompeta, ese atalaya debe estar atento a las señales de peligro. Pero si el atalaya está distraído con las vanidades de este mundo, el enemigo llegará sin que éste se de cuenta y tome a todo el pueblo por sorpresa. Dios pedirá cuentas a este atalaya que se quedó dormido por la sangre de sus hermanos.

Ezequiel 33:6 – “Pero si el atalaya viere venir la espada, y no tocare la corneta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, tomare de él alguno; por causa de su pecado fue tomado, mas demandaré su sangre de mano del atalaya.”

Ezequiel 33:7 – “Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte.”

Mateo 24:44 – “Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis.”

Mateo 25:10 – “Y mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.”

Apercibido es sinónimo de listo, preparado, prevenido y dispuesto.

Lucas 1:17 – “Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.”

PR pg. 475.2 – “Al lado de Nehemías había un hombre con trompeta, y en diferentes partes de la muralla se hallaban sacerdotes con las trompetas sagradas. El pueblo estaba dispersado en sus labores; pero al acercarse el peligro a cualquier punto, los trabajadores oían la indicación de juntarse allí sin dilación. ‘Nosotros pues trabajábamos en la obra—dice Nehemías;—y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas’ (Nehemías 4:21).

“A los que habían estado viviendo en pueblos y aldeas fuera de Jerusalén se les pidió que se alojasen dentro de los muros, a fin de custodiar la obra y de estar listos para trabajar por la mañana. Esto evitaba demoras innecesarias y quitaba al enemigo la oportunidad, que sin esto aprovecharía, de atacar a los obreros mientras iban a sus casas o volvían de ellas. Nehemías y sus compañeros no rehuían las penurias ni los servicios arduos. Ni siquiera durante los cortos plazos dedicados al sueño, de día ni de noche se sacaban la ropa ni deponían su armadura.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 116/2/4 – “Esta historia se ha registrado para nuestro beneficio. Lo que ha sucedido, sucederá, y necesitamos recurrir a Dios en busca de consejo. No debemos confiar en los consejos de los hombres. Necesitamos mayor discernimiento para que podamos distinguir entre la verdad y el error. La historia de los hijos de Israel muestra los resultados seguros de desviarse de los principios bíblicos hacia las costumbres y prácticas de los hombres.

El Señor no apoyará ningún plan que satisfaga el egoísmo de los hombres y haga daño a la obra divina. No dejará prosperar las maquinaciones que aparten de la fidelidad a sus mandamientos. El demanda que los talentos prestados al hombre éste los use para andar en su camino y hacer justicia y juicio, y asea para derribar, o para restaurar y edificar. Dios no quiere que sigamos la sabiduría de los hombres que han desobedecido su Palabra y se han convertido a sí mismos en un baldón por sus prácticas y consejos.”

La unión de los enemigos externos con los enemigos internos

Es inevitable que el mal se confabule con el mal, es inevitable que los enemigos de la verdad, así tengan puntos de doctrina aparentemente contradictorios, se unan en puntos comunes para destruir la verdad que rechazaron.

Así ha sido siempre, y así será nuevamente.

CS pg. 447/1 (393.3) – “El príncipe del mal disputa cada pulgada del terreno por el cual avanza el pueblo de Dios en su peregrinación hacia la ciudad celestial. En toda la historia de la iglesia, ninguna reforma ha sido llevada a cabo sin encontrar serios obstáculos. Así aconteció en los días de San Pablo. Dondequiera que el apóstol fundase una iglesia, había algunos que profesaban aceptar la fe, pero que introducían herejías que, de haber sido recibidas, habrían hecho desaparecer el amor a la verdad.

“Lutero tuvo también que sufrir gran aprieto y angustia debido a la conducta de fanáticos que pretendían que Dios había hablado directamente por ellos, y que, por lo tanto, ponían sus propias ideas y opiniones por encima del testimonio de las Santas Escrituras. Muchos a quienes les faltaba fe y experiencia, pero a quienes les sobraba confianza en sí mismos y a quienes les gustaba oír y contar novedades, fueron engañados por los asertos de los nuevos maestros y se unieron a los agentes de Satanás en la tarea de destruir lo que, movido por Dios, Lutero había edificado.

“Y los Wesley, y otros que por su influencia y su fe fueron causa de bendición para el mundo, tropezaron a cada paso con las artimañas de Satanás, que consistían en empujar a personas de celo exagerado, desequilibradas y no santificadas a excesos de fanatismo de toda clase.”

Hoy en día abundan estos obstáculos de Satanás, estos falsos guías espirituales que profesan aceptar la verdad presente, pero que introducen herejías acerca de la divinidad, de la naturaleza humana de Cristo, de seres “reptilianos”, y de fechas para la segunda venida de Cristo. Estos agentes de Satanás “ponen sus propias ideas y opiniones por encima” de las verdades que ya han sido establecidas como fundamento de nuestra fe: los tres mensajes angélicos.

¿Quiénes son los primeros en prestar oído a estas fábulas y teorías satánicas?

Aquellos que “les falta fe y experiencia” pues no estudian de qué manera el ritual simbólico era una sombra y símbolo de Cristo, y de qué manera llegó a su fin. No tienen conocimiento del santuario terrenal y mucho menos del celestial. Como no tienen un conocimiento sólido de las Escrituras, ni tampoco de los Testimonios de la hermana White, ni de la verdad presente, pero que sin embargo “les sobra confianza en sí mismos” y en su propia “sabiduría”, y como les gusta “oír novedades,” son blanco fácil y son cómodamente engañados por estos hábiles agentes del cuerno pequeño que manejan versículos de la Biblia y del espíritu de profecía para descarriar y dividir al pueblo hacia la apostasía.

Estos grupos pueden estar hoy divididos entre sí, estos grupos pueden hablar en contra de la iglesia romana y en contra de los jesuitas (aún siendo guiados por doctrinas jesuitas), pero tengan por seguro que mañana se unirán a la madre de las rameras para perseguir al pueblo de Dios que se mantenga firme en el triple mensaje angélico, en el día de la crisis final. El mal siempre se confabula con el mal y el error se une con el error para desbaratar la verdad. Lo que nos concierne a nosotros es:

  1. de qué lado estoy ahora, y
  2. de qué lado quiero estar en el día de la prueba final?

DTG pg. 372.2 – “Una diputación de fariseos había sido reforzada por representantes de los ricos y señoriales saduceos, el partido de los sacerdotes, los escépticos y aristócratas de la nación. Las dos sectas habían estado en acerba enemistad. Los saduceos cortejaban el favor del poder gobernante, a fin de conservar su propia posición y autoridad. Por otro lado, los fariseos fomentaban el odio popular contra los romanos, anhelando el tiempo en que pudieran desechar el yugo de los conquistadores.

“Pero los fariseos y saduceos se unieron ahora contra Cristo. Los iguales se buscan; y el mal, dondequiera que exista, se confabula con el mal para destruir lo bueno.”

Nehemías vivió en carne propia la traición de quienes consideraba que eran sus hermanos en la fe, cuando estos enemigos secretos se unieron con los enemigos visibles.

PR pg. 483.1 – “Sambalat y sus confederados no se atrevían a guerrear abiertamente contra los judíos; pero con creciente malicia continuaban en secreto sus esfuerzos para desalentarlos y ocasionarles perplejidad y perjuicio. La muralla que cercaba a Jerusalén estaba llegando rápidamente a su terminación. Una vez que se la hubiese acabado y se hubiesen colocado las puertas, aquellos enemigos de Israel no podrían entrar ya en la ciudad. Era por lo tanto cada vez mayor su deseo de detener cuanto antes el trabajo. Idearon al fin un plan por medio del cual esperaban apartar a Nehemías de su puesto y matarlo o encarcelarlo una vez que lo tuviesen en su poder.

“Fingiendo que deseaban que ambos partidos opositores transigieran, procuraron celebrar una conferencia con Nehemías, y le invitaron a reunirse con ellos en una aldea de la llanura de Ono. Mas él, iluminado por el Espíritu Santo acerca del verdadero fin que perseguían, rehusó. Escribe: ‘Enviéles mensajeros, diciendo: Yo hago una grande obra, y no puedo ir: porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros’ (Nehemías 6:3). Pero los tentadores eran persistentes. Cuatro veces le mandaron mensajes similares, y cada vez recibieron la misma respuesta.”

“Al ver que ese plan no tenía éxito, recurrieron a una estratagema más audaz. Sambalat envió a Nehemías un mensajero que llevaba una carta abierta en la cual se decía: ‘Hase oído entre las gentes, y Gasmu lo dice, que tú y los Judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, con la mira … de ser tú su rey; y que has puesto profetas que prediquen de ti en Jerusalem, diciendo: ¡Rey en judá! Y ahora serán oídas del rey las tales palabras: ven por tanto, y consultemos juntos’ (Nehemías 6:6-7).

“Si los informes mencionados hubiesen circulado realmente, habría habido motivo de aprensión, pues no habrían tardado en llegar hasta el rey, a quien la menor sospecha podía inducir a tomar las medidas más severas. Pero Nehemías estaba convencido de que la carta era completamente falsa, y que había sido escrita para despertar sus temores y atraerlo a una trampa. Esta conclusión quedaba fortalecida por el hecho de que la carta se enviaba abierta, evidentemente para que el pueblo leyese su contenido, y se alarmase e intimidase.

“Contestó prestamente: ‘No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas’ (Nehemías 6:8). Nehemías no ignoraba los designios de Satanás. Sabía que esas tentativas se hacían para debilitar las manos de los constructores y así frustrar sus esfuerzos.

“Satanás había sido derrotado vez tras vez; y ahora con aun mayor malicia y astucia, tendió un lazo más sutil y peligroso para el siervo de Dios. Sambalat y sus compañeros sobornaron a hombres que profesaban ser amigos de Nehemías, para que le diesen malos consejos como palabra de Jehová. El principal que se empeñó en esta obra inicua fue Semaías, al que Nehemías había tenido antes en buena estima. Ese hombre se encerró en una cámara cercana al santuario, como si temiese que su vida peligrara.

“El templo estaba entonces protegido por muros y puertas, pero las puertas de la ciudad no habían sido colocadas todavía. Aparentando gran preocupación por la seguridad de Nehemías, Semaías le aconsejó que buscase refugio en el templo. Propuso: ‘Juntémonos en la casa de Dios dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrán a matarte’ (Nehemías 6:10).

“Si Nehemías hubiese seguido este consejo traicionero, habría sacrificado su fe en Dios y en ojos del pueblo habría parecido cobarde y despreciable. En vista de la obra importante que había emprendido y de la confianza que había profesado tener en el poder de Dios, habría sido completamente inconsecuente de su parte ocultarse como quien tuviese miedo. La alarma se habría difundido entre el pueblo; cada uno habría procurado su propia seguridad; y la ciudad habría sido dejada sin protección, para caer presa de sus enemigos. Ese único paso imprudente de parte de Nehemías habría sido una entrega virtual de todo lo que se había ganado.

“Nehemías no necesitó mucho tiempo para comprender el verdadero carácter de su consejero y el fin que perseguía. Dice: ‘Entendí que Dios no lo había enviado, sino que hablaba aquella profecía contra mí, porque Tobías y Sanballat le habían alquilado por salario. Porque sobornado fue para hacerme temer así, y que pecase, y le sirviera de mal nombre con que fuera yo infamado’ (Nehemías 6:12).

“El pérfido consejo dado por Semaías fue secundado por más de un hombre de gran reputación que, mientras profesaba ser amigo de Nehemías, se había aliado secretamente con sus enemigos. Pero tendieron inútilmente su lazo. La intrépida respuesta de Nehemías fue: ‘¿Un hombre como yo ha de huir? ¿y quién, que como yo fuera, entraría al templo para salvar la vida? No entraré’ (Nehemías 6:11).

“No obstante las maquinaciones de sus enemigos, abiertos o secretos, la obra de construcción seguía firmemente adelante, y en menos de dos meses después de la llegada de Nehemías a Jerusalén, la ciudad estaba ceñida de sus defensas, y los edificadores podían andar por la muralla y mirar hacia abajo a sus enemigos derrotados y asombrados. ‘Como lo oyeron todos nuestros enemigos—escribe Nehemías,—temieron todas las gentes que estaban en nuestros alrededores, y abatiéronse mucho sus ojos, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra’ (Nehemías 6:16).

Sin embargo, esta evidencia de la mano directora del Señor no bastó para evitar el descontento, la rebelión y la traición entre los israelitas. ‘Iban muchas cartas de los principales de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos. Porque muchos en Judá se habían conjurado con él, porque era yerno de Sechanías’ (Nehemías 6:17-18).

En esto se ven los malos resultados del casamiento con idólatras. Una familia de Judá se había vinculado con los enemigos de Dios, y la relación establecida resultaba en una trampa. Muchos habían hecho lo mismo. Estos, como la turba mixta que había subido de Egipto con Israel, eran una fuente de constantes dificultades. No servían a Dios con todo su corazón; y cuando la obra de él exigía un sacrificio, estaban listos para violar su solemne juramento de cooperación y apoyo.

“Algunos de los que más se habían destacado para maquinar daño contra los judíos manifestaron entonces el deseo de vivir en amistad con ellos. Los nobles de Judá que se habían enredado casándose con idólatras, y que habían sostenido correspondencia traicionera con Tobías y jurado servirle, se pusieron a alabarle como hombre capaz y previsor, con quien sería ventajoso que los judíos se aliasen. Al mismo tiempo, seguían traicionando y le transmitían los planes y movimientos de Nehemías. De esta manera la obra del pueblo de Dios estaba expuesta a los ataques de sus enemigos, y se creaban oportunidades para interpretar con falsedad las palabras y los actos de Nehemías e impedir su obra.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 116/1/0 – “Un espíritu de odio y oposición a los hebreos formó un vínculo de unión y creó simpatía mutua entre diferentes grupos de hombres que, de otra manera, podrían haber peleado entre sí. Esto ilustra lo que con frecuencia veremos en nuestros días en la unión de hombres de diferentes denominaciones para oponerse a la verdad presente.” 

Una lección para nuestros días

Nehemías 9:1-3 – “Y el día veinticuatro del mismo mes se juntaron los hijos de Israel en ayuno, y con sacos, y tierra sobre sí. Y habíase ya apartado la simiente de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron en el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron y adoraron a Jehová su Dios.”

Nehemías 9:6-20 – “Tú, oh Jehová eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. Tú, eres oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y pusístele el nombre de Abraham; Y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste con él alianza para darle la tierra del Cananeo, del Hetheo, y del Amorreheo, y del Pherezeo, y del Jebuseo, y del Gergeseo, para darla a su simiente: y cumpliste tu palabra, porque eres justo. Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el mar Bermejo; Y diste señales y maravillas en Faraón, y en todos sus siervos, y en todo el pueblo de su tierra; porque sabías que habían hecho soberbiamente contra ellos; e hiciste nombre grande, como este día. Y dividiste la mar delante de ellos y pasaron por medio de ella en seco; y a sus perseguidores echaste en los profundos, como una piedra en grandes aguas. Y con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.

“Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos: Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste, por mano de Moisés tu siervo, mandamientos y estatutos y ley. Y dísteles pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la piedra ; y dijísteles que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano que se la habías de dar.

“Mas ellos y nuestros padres hicieron soberbiamente, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. Y no quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron en poner caudillo para volverse a su servidumbre. Tú empero, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ira, y de mucha misericordia, que no los dejaste. Además cuando hicieron para sí becerro de fundición, y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones; Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir. Y diste tu espíritu bueno para enseñarlos, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste en su sed.”

CS pg. 60/3 (53.4) – “Los pocos fieles que edificaban sobre el cimiento verdadero (1 Corintios 3:10, 11) estaban perplejos y trabados, pues los escombros de las falsas doctrinas entorpecían el trabajo. Como los constructores de los muros de Jerusalén en tiempo de Nehemías, algunos estaban por exclamar: ‘Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro’ (Nehemías 4:10).

“Debilitados por el constante esfuerzo que hacían contra la persecución, el engaño, la iniquidad y todos los demás obstáculos que Satanás inventara para detener su avance, algunos de los que habían sido fieles edificadores llegaron a desanimarse; y por amor a la paz y a la seguridad de sus propiedades y de sus vidas se apartaron del fundamento verdadero. Otros, sin dejarse desalentar por la oposición de sus enemigos, declararon sin temor: ‘No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible’ (vers. 14), y cada uno de los que trabajaban tenía la espada ceñida (Efesios 6:17).”

Nehemías fue el hombre oportuno y elegido por Dios para ayudar al pueblo hebreo a la reedificación de las murallas de Jerusalén y para restaurar la fuerza nacional de Israel (PR 465.1).

PR pg. 475.4 – “La oposición y otras cosas desalentadoras que en los tiempos de Nehemías los constructores sufrieron de parte de sus enemigos abiertos y de los que se decían amigos suyos, es una figura de lo que experimentarán en nuestro tiempo los que trabajan para Dios.

“Los cristianos son probados, no sólo por la ira, el desprecio y la crueldad de sus enemigos, sino por la indolencia, inconsecuencia, tibieza y traición de los que se dicen sus amigos y ayudadores. Se los hace objeto de burlas y oprobio. Y el mismo enemigo que induce a despreciarlos recurre a medidas más crueles y violentas cuando se le presenta una oportunidad favorable.

Para lograr sus propósitos, Satanás se vale de todo elemento no consagrado. Entre los que profesan apoyar la causa de Dios, hay quienes se unen con sus enemigos y así exponen su causa a los ataques de sus más acerbos adversarios. Aun los que desean ver prosperar la obra de Dios debilitan las manos de sus siervos oyendo, difundiendo y creyendo a medias las calumnias, jactancias y amenazas de sus adversarios. Satanás obra con éxito asombroso mediante sus agentes; y todos los que ceden a su influencia están sujetos a un poder hechizador que destruye la sabiduría de los sabios y el entendimiento de los prudentes.

“Pero, como Nehemías, los hijos de Dios no deben temer ni despreciar a sus enemigos. Cifrando su confianza en Dios, deben ir adelante con firmeza, hacer su obra con abnegación y entregar a su providencia la causa que representan.

“En medio del gran desaliento, Nehemías puso su confianza en Dios, e hizo de él su segura defensa.”

PR pg. 486.3 – “Satanás dirigió siempre sus asaltos contra los que procuraban hacer progresar la obra y causa de Dios. Aunque a menudo se ve frustrado, con la misma frecuencia renueva sus ataques, dándoles más vigor y usando medios que hasta entonces no probó. Pero su manera de obrar en secreto mediante aquellos que se dicen amigos de la obra de Dios, es la más temible. La oposición abierta puede ser feroz y cruel, pero encierra mucho menos peligro para la causa de Dios que la enemistad secreta de aquellos que, mientras profesan servir a Dios, son de corazón siervos de Satanás. Están en situación de poner toda ventaja en las manos de aquellos que usarán su conocimiento para estorbar la obra de Dios y perjudicar a sus siervos.

“Toda estratagema que pueda sugerir el príncipe de las tinieblas será empleada para inducir a los siervos de Dios a confederarse con los agentes de Satanás. Les llegarán repetidamente solicitudes para apartarlos de su deber; pero, como Nehemías, deben contestar firmemente: ‘Yo hago una grande obra, y no puedo ir.’ En plena seguridad, los que trabajan para Dios pueden seguir adelante con su obra y dejar que sus esfuerzos refuten las mentiras que la malicia invente para perjudicarles.

“Como los que construían los muros de Jerusalén, deben negarse a permitir que las amenazas, las burlas o las mentiras los distraigan de su obra. Ni por un momento deben relajar su vigilancia; porque hay enemigos que de continuo les siguen los pasos. Siempre deben elevar su oración a Dios y poner ‘guarda contra ellos de día y de noche’ (Nehemías 4:9).

“A medida que se acerca el tiempo del fin, se harán sentir con más poder las tentaciones a las cuales Satanás somete a los que trabajen para Dios. Empleará agentes humanos para escarnecer a los que edifiquen la muralla. Pero si los constructores se rebajasen a hacer frente a los ataques de sus enemigos, ello no podría sino retardar la obra. Deben esforzarse por derrotar los propósitos de sus adversarios; pero no deben permitir que cosa alguna los aparte de su trabajo. La verdad es más fuerte que el error, y el bien prevalecerá sobre el mal.

Tampoco deben permitir que sus enemigos conquisten su amistad y simpatía de modo que los seduzcan para hacerles abandonar su puesto del deber. El que por un acto desprevenido expone al oprobio la causa de Dios, o debilita las manos de sus colaboradores, echa sobre su propio carácter una mancha que no se quitará con facilidad, y pone un obstáculo grave en el camino de su utilidad futura.

“‘Los que dejan la ley, alaban a los impíos’ (Proverbios 28:4). Cuando los que se unen con el mundo, aunque haciendo alarde de gran pureza, abogan por la unión con los que siempre se han opuesto a la causa de la verdad, debemos temerlos y rehuirlos con la misma decisión que revelaba Nehemías. El enemigo de todo bien es el que inspira tales consejos. Se trata de palabras provenientes de personas mercenarias, y se les debe resistir tan resueltamente hoy como antaño. Cualquier influencia tendiente a hacer vacilar la fe del pueblo de Dios en su poder guiador debe ser resistida con firmeza.”

Hoy en día, ¿quiénes son los “mercenarios”?

Primero habría que determinar quiénes son “los que siempre se han opuesto a la causa de la verdad.” Claramente se trata del cuerno pequeño—ellos son quienes echaron por tierra el continuo y el santuario, quienes se engrandecieron contra el príncipe de la fortaleza, y quienes cambiaron “los tiempos y la ley” (Daniel 7:25). Entonces, ¿quiénes son los que dicen ser hermanos nuestros y haciendo alarde de gran pureza abogan por la unión con la Iglesia Romana?

Esos mercenarios son los profesos hermanos que dicen que no tiene nada de malo que se realicen reuniones ecuménicas con la madre de todas las rameras.

Pero su manera de obrar en secreto [de Satanás] mediante aquellos que se dicen amigos de la obra de Dios, es la más temible.”

¿Y quiénes son los otros “agentes humanos” que usa Satanás “para escarnecer a los que edifiquen la muralla”?

La muralla que cubría a Jerusalén era un símbolo de los Diez Mandamientos. Esto lo sabemos gracias a la parábola de la viña del Señor en Isaías 5:1-13 y la parábola del labrador y la viña de Mateo 21:33-39.

DMJ pg. 48.5 – “Siempre que los hombres escogen su propia senda, se oponen a Dios. No tendrán lugar en el reino de los cielos, porque guerrean contra los mismos principios del cielo. Al despreciar la voluntad de Dios, se sitúan en el partido de Satanás, el enemigo de Dios y de los hombres. No por una palabra, ni por muchas palabras, sino por toda palabra que ha hablado Dios, vivirá el hombre. No podemos despreciar una sola palabra, por pequeña que nos parezca, y estar libres de peligro. No hay en la ley un mandamiento que no sea para el bienestar y la felicidad de los hombres, tanto en esta vida como en la venidera.

“Al obedecer la ley de Dios, el hombre queda rodeado de un muro que lo protege del mal. Quien derriba en un punto esta muralla edificada por Dios destruye la fuerza de ella para protegerlo, porque abre un camino por donde puede entrar el enemigo para destruir y arruinar.”

EC pg. 53.2 – “La ley es una muralla protectora para los que son obedientes a los preceptos de Dios. ¿De qué otra fuente podemos obtener fuerza semejante o aprender tan noble ciencia? ¿Qué otro libro puede enseñar al hombre a amar, temer y obedecer a Dios como la Biblia? ¿Qué otro libro presenta a los estudiantes ciencia más ennoblecedora, historia más maravillosa?

“Claramente retrata la justicia, y vaticina la consecuencia de la desobediencia a la ley de Jehová. A nadie se deja en la oscuridad en cuanto a lo que Dios aprueba o desaprueba. Estudiando las Escrituras llegamos a conocer a Dios y somos encaminados hacia la comprensión de nuestra relación con Cristo, quien llevó nuestros pecados, y es el garante, el sustituto de nuestra humanidad caída. Estas verdades atañen a nuestros intereses presentes y eternos. La Biblia descuella entre los libros, y su estudio tiene un valor superior al de otra literatura para dar vigor y expansión a la mente.”

PR pg. 12.5 – “Mediante la nación escogida, Dios había querido impartir bendiciones a toda la humanidad. ‘La viña de Jehová de los ejércitos—declaró el profeta—es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa’ (Isaías 5:7).

“A este pueblo fueron confiados los oráculos de Dios. Estaba cercado por los preceptos de su ley, los principios eternos de la verdad, la justicia y la pureza. La obediencia a estos principios debía ser su protección, porque le impediría destruirse a sí mismo por prácticas pecaminosas. Como torre del viñedo, Dios puso su santo templo en medio de la tierra.

Cristo era su instructor. Como había estado con ellos en el desierto, seguiría siendo su maestro y guía. En el tabernáculo y el templo, su gloria moraba en la santa shekina sobre el propiciatorio. El manifestaba constantemente en su favor las riquezas de su amor y paciencia.

“El propósito de Dios les fue manifestado por Moisés y fueron aclaradas las condiciones de su prosperidad. ‘Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios—les dijo:—Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra’ (Deuteronomio 7:6).”

“Las riquezas de su amor y paciencia” que Cristo imparte desde el Santuario Celestial son los frutos de Gálatas 5:22-23. Es por eso que el Testigo Fiel nos invita a comprar oro afinado en fuego—amor y fe, que naturalmente no poseemos (de lo contrario no habría necesidad de comprar) en Apocalipsis 3:17-18.

La protección del pueblo de Dios en todos los tiempos ha sido el mismo: primeramente su Ley.

Levítico 18:5 – “Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo Jehová.”

Salmos 37:27 – “Apártate del mal, y haz el bien. Y vivirás para siempre.”

Proverbios 4:4 – “Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás.” –

Proverbios 7:2 – “Guarda mis mandamientos, y vivirás; Y mi ley como las niñas de tus ojos.”

Ezequiel 20:11 – “Y díles mis ordenanzas, y declaréles mis derechos, los cuales el hombre que los hiciere, vivirá en ellos.”

Ezequiel 33:19 – “Y cuando el impío se apartare de su iniquidad, e hiciere juicio y justicia, vivirá por ello.”

Lucas 10:25-28 – “… y díjole: Bien has respondido: Haz esto, y vivirás.”

La obediencia a los Diez Mandamientos es la protección del pueblo de Dios.

La segunda protección era la torre: su santuario. En el pasado era un santuario terrenal. Hoy se trata del verdadero: el Santuario Celestial.

Dentro de este santuario, en el lugar santísimo, se encuentra la ley original: los Diez Mandamientos – y ninguna otra ley (Apocalipsis 11:19; Hebreos 9:3-4). Allí no se encuentra ni la llamada ley de Moisés, ni la ley ceremonial de las fiestas y sábados ceremoniales, ni la llamada Torah que es un paquete de los llamados 610 mandamientos, pues estas leyes no son eternas y no son la protección de su pueblo. Estas leyes quedaron clavadas en la cruz porque eran símbolo para que podamos entender el plan de redención. Únicamente las dos tablas del pacto—los Diez Mandamientos—se encuentran en el Santuario Celestial. Pues como su nombre lo indica, son las tablas del pacto escritas con el dedo de Dios. Ninguna otra ley tiene ese nombre y esa característica. El pacto de Dios no fue firmado sobre 610 mandamientos, sino sobre 10 Mandamientos.

Deuteronomio 4:13 – “Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, las diez palabras, y escribiólas en dos tablas de piedra.”

Deuteronomio 9:15 – “Y volví y descendía del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos.”

Hebreos 9:4 – “El cuál tenía un incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de todas partes alrededor de oro; en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto.”

A pesar de que los maestros judaizantes insisten en ensuciar la mente de la gente diciéndoles que la ley es toda la Torá—todos los 610 mandamientos—la Ley sobre la cual está firmado el pacto es la ley moral, el Decálogo. Los maestros judaizantes no quieren hacer distinción entre el Decálogo—la ley eterna—y la ley temporal, porque no les conviene. Pero la Biblia presenta una clara distinción entre estas dos leyes.

PP pg. 340.3 – “Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer herirá a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También se les prometió la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.”

PP pg. 340.5 – “Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abraham, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, para colocarlo en condición de poder obedecer la ley de Dios.

“Otro pacto, llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo’, se estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue ratificado mediante la sangre de un sacrificio. El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el ‘segundo’ pacto o ‘nuevo’ pacto, porque la sangre con la cual fue sellado se derramó después de la sangre del primer pacto. Es evidente que el nuevo pacto estaba en vigencia en los días de Abraham, puesto que entonces fue confirmado tanto por la promesa como por el juramento de Dios, ‘dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta’ (Hebreos 6:18).

“Pero si el pacto confirmado a Abraham contenía la promesa de la redención, ¿por qué se hizo otro pacto en el Sinaí? Durante su esclavitud, el pueblo había perdido en alto grado el conocimiento de Dios y de los principios del pacto con Abraham. Al libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a amarle y a confiar en él. Los llevó al Mar Rojo, donde, perseguidos por los egipcios, parecía imposible que escaparan, para que vieran su total desamparo y necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para ayudarlos. Los ligó a sí mismo como su libertador de la esclavitud temporal.

Pero había una verdad aun mayor que debía grabarse en sus mentes. Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía enseñar.

Dios los llevó al Sinaí; manifestó allí su gloria; les dio la ley, con la promesa de grandes bendiciones siempre que obedecieran: ‘Ahora pues, si dais oído a mi voz, y guardáis mi pacto, […] vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa’ (Éxodos 19:5-6). Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios. Al creerse capaces de ser justos por sí mismos, declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’ (Éxodo 24:7).

“Habían presenciado la grandiosa majestad de la proclamación de la ley, y habían temblado de terror ante el monte; y sin embargo, apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir su necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abraham y simbolizado en los sacrificios. De manera que mediante la fe y el amor se vincularon con Dios como su libertador de la esclavitud del pecado. Ya estaban capacitados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto.”

Lamentablemente hoy en día muchos hermanos se dejan llevar por las fábulas y se dejan convencer fácilmente para celebrar las fiestas del ritual simbólico. Esto, en parte, se debe a que dentro de todo ser humano existe el deseo de salvarse por sus propias obras, por su propia justicia y por sus propios méritos. Para la naturaleza pecaminosa y para el corazón egoísta es mucho más agradable y preferible una salvación que requiera ritos y ceremonias, a una salvación que requiera arrepentimiento, reforma, fe y sumisión a un Sustituto, Garante y Mediador.

Los “agentes humanos” que usa Satanás “para escarnecer a los que edifiquen la muralla” son primeramente todo ser humano que nos influye a apartarnos de su santa Ley; pero también incluye a todo falso maestro que desvía al pueblo a que celebre las fiestas del ritual simbólico; son todos aquellos falsos teólogos que ponen fechas para la segunda venida de Cristo; los falsos hermanos que proclaman fábulas sobre seres reptilianos o nephilim; y toda clase de basura sacada de ciencia ficción humana inspirada por el padre de la mentira.

Todos estos agentes de Satanás nos quieren apartar de nuestra meta que es la proclamación del triple mensaje angélico—un mensaje que nos lleva a la proclamación del inminente juicio de vivos, un mensaje que nos lleva a congregar al Santuario Celestial para nuestra aceptación, el perdón, y el bautismo diario del Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana.

Satanás quiere impedir que se termine de reedificar la muralla y la torre, y entonces envía a los fiesteros judaizantes, a los que creen en reptilianos, a los que ponen fechas, y a todo maestro de doctrina apóstata y jesuita, para que en lugar de terminar de restaurar el cuarto mandamiento, en lugar de terminar de restaurar el Santuario Celestial, y en lugar de proclamar “temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida” (Apocalipsis 14:7), estemos todos discutiendo sobre hombres que se convierten en reptiles, fechas para la segunda venida de Cristo, la ordenación de mujeres, y de todo menos la verdad presente.

Es por esto que la hermana White nos advirtió a no rebajarnos al nivel de estos agentes de Satanás.

Pero si los constructores se rebajasen a hacer frente a los ataques de sus enemigos, ello no podría sino retardar la obra. Deben esforzarse por derrotar los propósitos de sus adversarios; pero no deben permitir que cosa alguna los aparte de su trabajo.”

No perdamos más el tiempo debatiendo sobre fábulas, teorías y doctrinas satánicas. ¡Debemos terminar la obra que el Señor ha encomendado al pueblo adventista del séptimo día! Debemos terminar la obra del mensaje del tercer ángel, es el tiempo de restaurar el Santuario Celestial, de restaurar la Ley que se encuentra en su Lugar Santísimo y de enaltecer al Sumo Sacerdote que intercede diariamente por nosotros.

La verdad es más fuerte que el error, y el bien prevalecerá sobre el mal.”

PR pg. 492.3 – “Israel se había tornado a Dios con profunda tristeza por su apostasía. Había hecho su confesión con lamentos. Había reconocido la justicia con que Dios le había tratado, y en un pacto se había comprometido a obedecer su ley.

“Ahora debía manifestar fe en sus promesas. Dios había aceptado su arrepentimiento; ahora les tocaba a ellos regocijarse en la seguridad de que sus pecados estaban perdonados y de que habían recuperado el favor divino.”

Los esfuerzos de Nehemías por restablecer el culto del verdadero Dios habían sido coronados de éxito. Mientras el pueblo fuese fiel al juramento que había prestado, mientras obedeciese a la palabra de Dios, el Señor cumpliría su promesa derramando sobre él copiosas bendiciones.

“Este relato contiene lecciones de fe y aliento para los que están convencidos de pecado y abrumados por el sentido de su indignidad. La Biblia presenta fielmente el resultado de la apostasía de Israel; pero describe también su profunda humillación y su arrepentimiento, la ferviente devoción y el sacrificio generoso que señalaron las ocasiones en que regresó al Señor.

“Cada verdadero retorno al Señor imparte gozo permanente a la vida. Cuando el pecador cede a la influencia del Espíritu Santo, ve su propia culpabilidad y contaminación en contraste con la santidad del gran Escudriñador de los corazones. Se ve condenado como transgresor. Pero no por esto debe ceder a la desesperación, pues ya ha sido asegurado su perdón. Puede regocijarse en el conocimiento de que sus pecados están perdonados y en el amor del Padre celestial que le perdona. Es una gloria para Dios rodear a los seres humanos pecaminosos y arrepentidos con los brazos de su amor, vendar sus heridas, limpiarlos de pecado y cubrirlos con las vestiduras de salvación.”

Se necesitan Nehemías

Comentario Bíblico 7ª, pg. 113/2/2 – “Dios ha dicho: ‘Honraré a los que me honran’ (1 Samuel 2:30). Nehemías demostró que era un hombre a quien Dios podía usar para derribar falsos principios y para restaurar los principios emanados del cielo; y Dios lo honró. El Señor quiere usar en su obra a hombres que sean como de acero en su lealtad a los principios, y que no se dejen desviar por las sofisterías de los que han perdido su visión espiritual.

Nehemías fue elegido por Dios porque estaba dispuesto a cooperar con el Señor como restaurador. Se usaron falsedad e intriga para pervertir su integridad, pero él no se dejó sobornar. No se dejó corromper por los ardides de hombres sin principios a quienes otros habían empleado para que hicieran una mala obra. No permitió que lo intimidaran para que procediera cobardemente. Cuando vio que se actuaba mediante principios equivocados, no permaneció como un espectador, ni dio consentimiento con su silencio. No dejó que el pueblo llegara a la conclusión de que él estaba de parte del error. Se definió firme e irreductiblemente por lo correcto. Se negó a prestar un ápice de influencia hacia la perversión de los principios que Dios ha establecido. Cualquiera fuese el proceder de otros, podía decir: ‘Pero yo no lo hice así, a causa del temor de Dios’ (Nehemías 5:15).”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 115/1/3 – “Se necesitan hoy hombres como Nehemías en la iglesia. No sólo hombres que puedan orar y predicar, sino hombres cuyas oraciones y cuyos sermones estén sostenidos con propósitos firmes y decididos. La conducta seguida por este patriota hebreo para la realización de sus planes debiera ser adoptada por ministros y dirigentes.

“El éxito alcanzado por los esfuerzos de Nehemías muestra lo que lograrán la oración, la fe y la acción sabia y decidida. El espíritu manifestado por el dirigente se reflejará en el pueblo (y el espíritu de los padres se reflejará en los hijos). Si los dirigentes que profesan creer las verdades solemnes e importantes que han de ser una prueba para el mundo en este tiempo no manifiestan un celo ardiente a fin de preparar un pueblo que esté en pie en el día de Dios, debemos esperar que la iglesia sea descuidada, indolente y amante de los placeres.

“Necesitamos hombres como Nehemías en esta época del mundo, para que despierten a la gente y le haga ver cuán lejos está de Dios debido a la transgresión de su ley. Nehemías era un reformador, un gran hombre suscitado para un momento importante. Cuando se enfrentó al mal y a toda suerte de oposición, se despertó un nuevo valor y celo. Su energía y determinación inspiraron a los habitantes de Jerusalén; y la fortaleza y el valor tomaron el lugar de la debilidad y el desánimo.

“Fueron contagiosos su propósito santo, su gran esperanza, su alegre consagración al trabajo. La gente captó el entusiasmo de su caudillo, y en su esfera cada hombre se convirtió en un Nehemías, y ayudó a fortalecer la mano y el corazón de su vecino. Aquí hay una lección para los ministros de los días de hoy. Si son indiferentes, inactivos, desprovistos de un celo piadoso, ¿qué se puede esperar del pueblo al cual ministran?”

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Introducción al Santuario Terrenal

Debemos estudiar, entender y contrastar qué era lo que se realizaba en el atrio del santuario terrenal, y qué era lo que se realizaba dentro del santuario propiamente dicho, para que así podamos comprender cuál es la verdad presente que se mantiene echada por tierra y que ahora es nuestro deber restaurar.

Pero también debemos tener claro que, a pesar que hay hombres que quieren hacer un solo paquete de la ley moral, la ley ceremonial, y la ley de la nación terrenal de Israel (o todo el paquete que llaman la Torah), la Biblia hace una clara distinción entre estas leyes.

El cuarto mandamiento antes de llegar al Sinaí

Moisés, junto con las tribus que salieron de Egipto, santificaron el Sábado del Cuarto Mandamiento ANTES DE LLEGAR AL SINAÍ (Éxodo 16:22-29), antes de que Dios proclame los Diez Mandamientos en el monte del Sinaí.

Las ollas de carne

PP pg. 264.2 – “De Mara el pueblo se encaminó hacia Elim, ‘donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras’ (Éxodo 15:27). Allí permanecieron varios días antes de internarse en el desierto de Sin. Un mes después de haber salido de Egipto, establecieron su primer campamento en el desierto. Sus provisiones alimenticias se estaban agotando. Había escasez de hierba en el desierto, y sus rebaños comenzaban a disminuir.

“¿Cómo podía suministrarse alimento a esta enorme multitud? Las dudas se apoderaron de sus corazones, y otra vez murmuraron. Hasta los jefes y ancianos del pueblo se unieron para quejarse contra los caudillos nombrados por Dios: ‘Ojalá hubiéramos muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos ante las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos, pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud’ (Éxodo 16-18).”

CRA pg. 446.4 – “Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueran su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, ‘el pan del cielo’.

“Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fue concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Esto siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente.

“Al establecerse en Canaán, se permitió a los israelitas que consumieran alimento de origen animal, pero bajo prudentes restricciones encaminadas a mitigar los malos resultados. El uso de la carne de cerdo quedaba prohibido, como también el de la de otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos. De los animales declarados comestibles, la grasa y la sangre quedaban absolutamente proscritas.

“Sólo podían consumirse las reses sanas. Ningún animal desgarrado, mortecino, o que no hubiera sido cuidadosamente desangrado, podía servir de alimento.

Por haberse apartado del plan señalado por Dios en el plan de alimentación, los israelitas sufrieron graves perjuicios. Desearon comer carne y cosecharon los resultados. No alcanzaron el ideal de carácter que Dios les señalara ni cumplieron los designios divinos. El Señor ‘les dio lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas’ (Salmos 106:15). Preferían lo terrenal a lo espiritual, y no alcanzaron la sagrada preeminencia a la cual Dios se había propuesto que llegasen.”

Tristemente, el actual profeso pueblo de Dios también recibió el plan de alimentación divino en la Reforma Pro Salud como parte integral del mensaje del tercer ángel. Sin embargo, al igual que el Israel antiguo, el Israel “moderno” desea comer carne y llora por las ollas de carne de Egipto, y por lo tanto cosechará los mismos resultados: En su gran mayoría, no alcanzarán el ideal de carácter que Dios nos ha señalado, ni cumplirán el designio divino, que es en primera instancia el fuerte pregón. El actual profeso pueblo de Dios también prefiere lo terrenal a lo espiritual y por lo tanto no alcanzará la sagrada preeminencia a la cual Dios se había propuesto que llegasen. De nada sirve que la historia de los israelitas esté fielmente grabada en el Antiguo Testamento si no queremos aprender de ella.

CRA pg. 36.3 – “Me fue mostrado que la reforma pro salud es una parte del mensaje del tercer ángel, y está tan estrechamente relacionada con él como el brazo y la mano lo están con el cuerpo humano. Vi que como pueblo veremos efectuar un movimiento de avance en esta gran obra. Los ministros y el pueblo deben actuar de concierto. Los hijos de Dios no están preparados para el fuerte clamor del tercer ángel. Tienen una obra que hacer en favor de sí mismos que no deben dejar para que Dios la haga por ellos. El ha reservado esta obra para que ellos la hicieran. Es una obra individual; uno no puede hacerla por otro.”

La salvación es una obra individual. El hombre no se salva en grupos. Los judíos pensaban que eran salvos todos como nación. Hoy por hoy, los cristianos cometen el mismo error pensando que se salvan en grupo con tal de pertenecer a su organización religiosa. Cristo, sin embargo, en su primera venida vino a buscar individualmente a cada persona, tanto dentro como fuera de la nación judía. Y fueron especialmente los líderes religiosos de la organización religiosa de su tiempo quienes le rechazaron, y fueron quienes buscaron al poder civil para dar muerte al Redentor. A pesar de semejante lección que tenemos en las Escrituras, los hombres hoy alucinan que en su Segunda Venida, Cristo viene por una organización religiosa, en lugar de venir por hombres y mujeres individualmente. Si los hombres cometen el mismo error hoy, cosecharán los mismos resultados del pasado.

“PUEBLO” no es lo mismo que organización religiosa. Dios tiene un pueblo, un grupo de gente, una IGLESIA, un grupo de creyentes que abarca toda nación, lengua, y pueblo. Dios no tiene una organización religiosa que se somete a un estado y a las leyes de ese estado. Dios tiene un pueblo que se somete a su Ley por encima de cualquier ley de estado y por encima de cualquier ley eclesiástica.

CS pg. 662/2 (590.1) – “Pero Dios tiene aún un pueblo en Babilonia; y antes de que los juicios del cielo la visiten, estos fieles deben ser llamados para que salgan de la ciudad y que no tengan parte en sus pecados ni en sus plagas.”

“Babilonia” en el Apocalipsis es un símbolo de una organización religiosa, y la hna. White escribió que Dios tiene aún un PUEBLO—una Iglesia—dentro de esa organización religiosa. Por lo tanto, volvemos a recalcar: pueblo e iglesia NO significa organización religiosa.

PP pg. 264.3 – “Hasta entonces no habían sufrido de hambre; sus necesidades habían sido suplidas, pero temían por el futuro. No podían concebir cómo esta enorme multitud podría subsistir en su viaje por el desierto, y en su imaginación veían a sus hijos muriendo de hambre. El Señor permitió que se vieran cercados de dificultades, y que sus provisiones alimenticias disminuyeran, para que sus corazones se dirigieran hacia el que hasta entonces había sido su Libertador. Si en su necesidad clamaban a él, les otorgaría señales de su amor y cuidado. Les había prometido que si obedecían sus mandamientos, ninguna enfermedad los afligiría, y fue una muestra de incredulidad suponer que ellos o sus hijos morirían de hambre.

“El Señor les había prometido ser su Dios, hacerlos su pueblo, y guiarlos a una tierra grande y buena; pero siempre estaban dispuestos a desmayar ante cada obstáculo que encontraban en su marcha hacia aquel lugar. De manera maravillosa los había librado de su esclavitud de Egipto, para elevarlos y ennoblecerlos, y hacerlos objeto de alabanza en la tierra. Pero era necesario que ellos hicieran frente a dificultades y que soportaran privaciones.

“Dios estaba elevándolos del estado de degradación y preparándolos para ocupar un puesto honorable entre las naciones, a fin de encomendarles importantes cometidos sagrados. Si en vista de todo lo que había hecho por ellos, hubieran tenido fe en él, habrían soportado alegremente las incomodidades, privaciones y hasta los verdaderos sufrimientos; pero no estaban dispuestos a confiar en Dios más allá de lo que podían presenciar en las continuas evidencias de su poder.

“Olvidaron su amarga servidumbre en Egipto. Olvidaron las bondades y el poder que Dios había manifestado en su favor al liberarlos de la esclavitud. Olvidaron cómo sus hijos se habían salvado cuando el ángel exterminador dio muerte a todos los primogénitos de Egipto. Olvidaron la gran demostración del poder divino en el Mar Rojo. Olvidaron que mientras ellos habían cruzado con felicidad el sendero abierto especialmente para ellos, los ejércitos enemigos, al intentar perseguirlos, se habían hundido en las aguas del mar. Veían y sentían tan solo las incomodidades y pruebas que estaban soportando, y en lugar de decir: ‘Dios ha hecho grandes cosas con nosotros, ya que habiendo sido esclavos, nos hace una nación grande’, hablaban de las durezas del camino, y se preguntaban cuándo terminaría su tedioso peregrinaje.

La historia de la vida de Israel en el desierto fue escrita para beneficio del Israel de Dios hasta el fin del tiempo. El relato de cómo trató Dios a los peregrinos en todo su recorrido por el desierto, en su exposición al hambre, a la sed y al cansancio, y en las grandiosas manifestaciones de su poder para aliviarlos, está lleno de advertencias e instrucciones para su pueblo de todas las edades. Las variadas experiencias de los hebreos eran una escuela destinada a prepararlos para su prometido hogar en Canaán. Dios quiere que su pueblo de estos días repase con corazón humilde y espíritu dócil las pruebas a través de las cuales el Israel antiguo tuvo que pasar, para que lo ayuden en su preparación para la Canaán celestial.

“Muchos recuerdan a los israelitas de antaño, y se maravillan de su incredulidad y murmuración, creyendo que ellos no habrían sido tan ingratos; pero cuando se prueba su fe, aun en las menores dificultades, no manifiestan más fe o paciencia que los antiguos israelitas. Cuando se los coloca en situaciones estrechas, murmuran contra los medios que Dios eligió para purificarlos. Aunque se suplan sus necesidades presentes, muchos se niegan a confiar en Dios para el futuro, y viven en constante ansiedad por temor a que los alcance la pobreza, y que sus hijos tengan que sufrir a causa de ellos.

“Algunos están siempre en espera del mal, o agrandan de tal manera las dificultades que realmente existen, que sus ojos se incapacitan para ver las muchas bendiciones que demandan su gratitud. Los obstáculos que encuentran, en vez de guiarlos a buscar la ayuda de Dios, única fuente de fortaleza, los separan de él, porque despiertan inquietud y quejas.”

La observancia sagrada del sábado

PP pg. 267.1 – “Dios no había olvidado las necesidades de Israel. Dijo a Moisés: ‘Yo os haré llover pan del cielo’. Y mandó al pueblo recoger una provisión diaria, y doble cantidad el día sexto, para que se cumpliera la observancia sagrada del sábado.

“Moisés aseguró a la congregación que sus necesidades serían satisfechas: ‘Jehová os dará por la tarde carne para comer, y por la mañana pan hasta saciaros, porque Jehová ha oído lo que habéis murmurado contra él’ Y agregó: ‘¿Qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová’. Además le mandó a Aarón que les dijera: ‘Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones’.

“Mientras Aarón hablaba, ‘miraron hacia el desierto, y vieron que la gloria de Jehová aparecía en la nube’ (Éxodo 16:10). Un resplandor que nunca antes habían visto simbolizaba la divina presencia. Mediante manifestaciones dirigidas a sus sentidos, iban a obtener un conocimiento de Dios. A fin de que obedecieran a su voz y temieran su nombre, se les iba a enseñar que el Altísimo era su jefe, y no meramente Moisés, que era un hombre.

“Al caer la noche, todo el campamento estuvo rodeado de enormes bandadas de codornices, suficientes para suplir las demandas de toda la multitud. Y por la mañana ‘apareció sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como escarcha sobre la tierra’. ‘Era como una semilla de culantro, blanco’. El pueblo lo llamó maná. Moisés dijo: Este ‘es el pan que Jehová os da para comer’ (Éxodo 16:15).

“El pueblo recogió el maná, y encontraron que había abundante provisión para todos. ‘Molían en molinos, o majaban en morteros, y lo cocían en caldera, o hacían de él tortas’; y era ‘su sabor como de hojuelas con miel’ (Números 11:8). Se les ordenó recoger diariamente un gomer por persona, sin dejar nada para el otro día. Algunos trataron de guardar una provisión para el día siguiente, pero hallaron entonces que ya no era bueno para comer. La provisión para el día debía juntarse por la mañana; pues todo lo que permanecía en el suelo era derretido por el sol.

“Al recoger el maná, algunos llevaban más y otros menos de la cantidad indicada; pero ‘lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco’. Una explicación de estas palabras, así como también la lección práctica que se deriva de ellas, la da el apóstol Pablo en su segunda Epístola a los Corintios. Dice:

‘No digo esto para que haya para otros holgura y para vosotros escasez, sino para que en este momento, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más y el que poco, no tuvo menos’ (2 Corintios 8:13-15).

“Al sexto día el pueblo recogió dos gomeres por persona. Los jefes inmediatamente hicieron saber a Moisés lo que había pasado. Su respuesta fue: ‘Esto es lo que ha dicho Jehová: ‘Mañana es sábado, el día de reposo consagrado a Jehová; lo que tengáis que cocer, cocedlo hoy, y lo que tengáis que cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobre, guardadlo para mañana’. Así lo hicieron, y vieron que no se echó a perder. Y Moisés dijo: ‘Comedlo hoy, porque hoy es sábado dedicado a Jehová; hoy no hallaréis nada en el campo. Seis días lo recogeréis, pero el séptimo día, que es sábado, nada se hallará’.

Dios requiere que hoy su santo día se observe tan sagradamente como en el tiempo de Israel. El mandamiento que se dio a los hebreos debe ser considerado por todos los cristianos como una orden de parte de Dios para ellos. El día anterior al sábado debe ser un día de preparación a fin de que todo esté listo para sus horas sagradas. En ningún caso debemos permitir que nuestros propios negocios ocupen el tiempo sagrado. Dios ha mandado que se atienda a los que sufren y a los enfermos; el trabajo necesario para darles bienestar es una obra de misericordia, y no es una violación del sábado; pero todo trabajo innecesario debe evitarse.

“Muchos, por descuido, postergan hasta el inicio del sábado cosas pequeñas que pudieron haberse hecho en el día de preparación. Esto no debe ocurrir. El trabajo que no se hizo antes del principio del sábado debe quedar sin hacerse hasta que pase ese día. Este procedimiento fortalecería la memoria de los olvidadizos, y los ayudaría a realizar sus tareas en los seis días de trabajo.

“Cada semana, durante su largo peregrinaje en el desierto, los israelitas presenciaron un triple milagro que debía inculcarles la santidad del sábado: cada sexto día caía doble cantidad de maná, nada caía el día séptimo, y la porción necesaria para el sábado se conservaba dulce sin descomponerse, mientras que si se guardaba los otros días, se descomponía.

“En las circunstancias relacionadas con el envío del maná, tenemos evidencia conclusiva de que el sábado no fue establecido, como muchos alegan, cuando la ley se dio en el Sinaí. Antes de que los israelitas llegaran al Sinaí, comprendían perfectamente que tenían la obligación de guardar el sábado. Al tener que recoger cada viernes doble porción de maná en preparación para el sábado, día en que no caía, la naturaleza sagrada del día de descanso les era recordada de continuo. Y cuando parte del pueblo salió en sábado a recoger maná, el Señor preguntó: ‘¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis mandamientos y mis leyes?’ (Éxodo 16:28).

“‘Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán’. Durante cuarenta años se les recordó diariamente mediante esta milagrosa provisión, el infaltable cuidado y el tierno amor de Dios.”

PP pg. 269.2 – “El maná que caía del cielo para el sustento de Israel era un símbolo de Aquel que vino de Dios a dar vida al mundo. Dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y aun así murieron. Este es el pan que desciende del cielo […]. Si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo’ (Juan 6:48-51). Y entre las bendiciones prometidas al pueblo de Dios para la vida futura, se escribió: ‘Al vencedor le daré de comer del maná escondido’ (Apocalipsis 2:17).”

La maldición de la carne

CRA pg. 175.2 – “Cuando el Dios de Israel sacó a sus hijos de Egipto, los mantuvo en gran medida privados de la carne, pero les dio pan del cielo, y agua de la dura roca. Mas no se manifestaron satisfechos con esto. Detestaron el alimento que se les había dado, y desearon verse de vuelta en Egipto, donde podían sentarse ante las ollas de carne. Preferían soportar la esclavitud, y aun la muerte, antes que verse privados de la carne. Dios les concedió su deseo, dándoles carne, y dejando que comieran hasta que su glotonería produjo una plaga, de la cual muchos murieron.”

Números 11:1-4 – “Y aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová: y oyólo Jehová, y enardecióse su furor, y encendióse en ellos fuego de Jehová y consumió el un cabo del campo. Entonces el pueblo dio voces a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y soterróse el fuego. Y llamó a aquel lugar Taberah; porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: Quién nos diera a comer carne!”

PP pg. 348.5 – “Después de tres días de viaje, comenzaron quejas. Estas se originaron entre la turba mixta que estaba compuesta por mucha gente que no se había unido completamente a Israel, sino que se mantenía siempre alerta para notar cualquier motivo de crítica. A los quejosos no los satisfacía la dirección que se seguía en la marcha, y constantemente censuraban la manera en que Moisés los dirigía, aunque sabían que, como ellos mismos, él seguía la nube orientadora. El desafecto es contagioso y pronto cundió por todo el campamento.

Nuevamente comenzaron a clamar pidiendo carne para comer. A pesar de que se les había suministrado maná en abundancia, no estaban satisfechos. Durante su esclavitud en Egipto, los israelitas se habían visto obligados a sustentarse con una alimentación común y sencilla, pero su apetito aguzado por las privaciones y el trabajo rudo la encontraba sabrosa. Pero muchos de los egipcios que estaban ahora entre ellos, estaban acostumbrados a un régimen de lujo; y estos fueron los primeros en quejarse. Cuando estaba por darles maná, un poco antes de que llegara Israel al Sinaí, Dios les concedió carne en respuesta a sus clamores; pero se la suministró por un día solamente.

“Dios pudo haberles suplido carne tan fácilmente como les proporcionaba maná; pero para su propio bien se les impuso una restricción. Dios se proponía suplirles alimentos más apropiados a sus necesidades que el régimen estimulante al que muchos se habían acostumbrado en Egipto. Su apetito pervertido debía ser corregido y devuelto a una condición más saludable a fin de que pudieran hallar placer en el alimento que originalmente se proveyó para el hombre: los frutos de la tierra, que Dios dio a Adán y a Eva en el Edén. Por este motivo quedaron los israelitas en gran parte privados de alimentos de origen animal.

Satanás los tentó para que consideraran esta restricción como cruel e injusta. Los hizo codiciar las cosas prohibidas, porque sabía que la complacencia desenfrenada del apetito tendería a producir sensualidad, y por estos medios le resultaría más fácil dominarlos. El autor de las enfermedades y las miserias asaltará a los hombres donde pueda alcanzar más éxito. Mayormente por las tentaciones dirigidas al apetito, ha logrado inducir a los hombres a pecar desde la época en que indujo a Eva a comer el fruto prohibido, y por este mismo medio indujo a Israel a murmurar contra Dios. Porque favorece efectivamente a la satisfacción de las pasiones bajas, la intemperancia en el comer y en el beber prepara el camino para que los hombres menosprecien todas las obligaciones morales. Cuando la tentación los asalta, tienen muy poca fuerza de resistencia.

“Dios sacó a los israelitas de Egipto para establecerlos en la tierra de Canaán, como un pueblo puro, santo y feliz. Para lograr este propósito los hizo pasar por un curso de disciplina, tanto para su propio bien como para el de su posteridad. Si hubieran querido dominar su apetito en obediencia a las sabias restricciones de Dios, no se habría conocido debilidad ni enfermedad entre ellos; sus descendientes habrían poseído fuerza física y espiritual. Habrían tenido percepciones claras y precisas de la verdad y del deber, discernimiento agudo y sano juicio. Pero no quisieron someterse a las restricciones y a los mandamientos de Dios, y esto les impidió, en gran parte, llegar a la alta norma que él deseaba que ellos alcanzaran, y recibir las bendiciones que él estaba dispuesto a concederles.

“Dice el salmista: ‘Pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? Él ha herido la peña, y brotaron aguas y torrentes inundaron la tierra. ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?. Y lo oyó Jehová y se indignó’ (Salmos 78:18-21).”

La palabra de Dios dice claramente que los israelitas que pidieron carne “tentaron a Dios”, “hablaron contra Dios”, y hasta indignaron a Dios, pues Él nos ha dado un régimen alimenticio libre de carne, pero nuestro apetito pervertido busca excusas para comer carne. Buscamos la sabiduría de la medicina moderna que dice que “necesitamos la proteína animal”, como si el hombre fuera más sabio que el propio Creador del hombre. Para el Creador, este tipo de razonamiento (“necesitamos la proteína animal”) no es sabiduría, sino todo lo contrario: es IGNORANCIA y CEGUERA espiritual. Escrito está:

PR pg. 350.1 – “Las murmuraciones y las asonadas habían sido frecuentes durante el trayecto del Mar Rojo al Sinaí, pero porque se compadecía de su ignorancia y su ceguera Dios no castigó el pecado de ellos con sus juicios. Pero desde entonces se les había revelado en Horeb. Habían recibido mucha luz, pues habían visto la majestad, el poder y la misericordia de Dios; y por su incredulidad y descontento incurrieron en gran culpabilidad. Además, habían pactado aceptar a Jehová como su rey y obedecer su autoridad. Sus murmuraciones eran ahora rebelión, y como tal habían de recibir el merecido castigo, si se quería preservar a Israel de la anarquía y la ruina. ‘Se encendió entre ellos un fuego de Jehová que consumió uno de los extremos del campamento’ (Números 11:1). Los más culpables de los quejosos quedaron muertos, fulminados por el rayo de la nube.”

Cuando al principio de la peregrinación por el desierto, el pueblo pidió carne, Dios tuvo misericordia y les dio carne por un día, sin que recibieran castigo por sus murmuraciones. Pero tiempo después de que el pueblo recibió más luz, y pudo ver la majestad y el poder de Dios manifestados en el Sinaí, y aún así volvieron a murmurar y a pedir carne, entonces Dios tomó esto—ya no como ignorancia—sino como una rebelión abierta contra su ley.

Entonces—en base a esta lección práctica que encontramos en la Palabra de Dios—¿cómo creen que Dios mira a un pueblo que ha recibido la magnífica luz de la Reforma Pro Salud y aún así sigue consumiendo carne: será que lo juzga como ignorancia o como rebelión? ¿Y cuál creen que será el resultado: misericordia o castigo? Sería bueno meditar en esto cada vez que el apetito pervertido pida carne, y sin olvidar que la alimentación correcta entra en el campo de la santificación y no en el campo de la justificación.

PP pg. 350.2 – “Aterrorizado, el pueblo suplicó a Moisés que intercediera ante el Señor en su favor. Así lo hizo, y el fuego se extinguió. En memoria de este castigo Moisés llamó aquel sitio Tabera, ‘Incendio’.

“Pero la iniquidad empeoró pronto. En vez de llevar a los sobrevivientes a la humillación y al arrepentimiento, este temible castigo no pareció tener en ellos otro fruto que intensificar las murmuraciones. Por todas partes el pueblo se reunía a la puerta de sus tiendas, llorando y lamentándose. ‘La gente extranjera que se mezcló con ellos se dejó llevar por el hambre, y los hijos de Israel también volvieron a sus llantos, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. ¡Ahora nuestra alma se seca, pues nada sino este maná ven nuestros ojos!’ (Números 11:4-6).

“Así manifestaron su descontento con los alimentos que su Creador les proporcionaba. No obstante, tenían pruebas constantes de que ese alimento se adaptaba a sus necesidades; pues a pesar de las tribulaciones que soportaban, no había una sola persona enferma en todas las tribus.”

PP pg. 353.1 – “Un viento fuerte, que sopló entonces de la mar, trajo bandadas de codornices, ‘y las dejó sobre el campamento, un día de camino de un lado y un día de camino del otro lado, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la superficie de la tierra’ (Números 11:31). Todo aquel día y aquella noche, y el siguiente día, el pueblo trabajó recogiendo el alimento que milagrosamente se le había provisto. Recogieron grandes cantidades de codornices. ‘El que menos, recogió montones’ (Números 11:32). Se conservó por desecamiento todo lo que no era necesario para el consumo del momento, de manera que la provisión, tal como Dios lo había prometido, fue suficiente para todo un mes.

Dios dio a los israelitas lo que no era beneficioso para ellos porque habían insistido en desearlo; no querían conformarse con las cosas que le serían de provecho. Sus deseos rebeldes fueron satisfechos, pero se les dejó que sufrieran las consecuencias. Comieron desenfrenadamente y sus excesos fueron rápidamente castigados. ‘Hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande’ (Números 11:33). Muchos fueron postrados por fiebres calcinantes, mientras que los más culpables de entre ellos fueron heridos apenas probaron los alimentos que habían codiciado.”

Números 11:33 – “Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo con una muy grande plaga. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.”

La ley proclamada en el Sinaí

Es un error histórico decir que la Ley “fue dada a los judíos” pues en el Sinaí NO EXISTÍA LA NACIÓN JUDÍA, solo habían TRIBUS. La Nación Judía nace luego de la muerte de Salomón cuando las tribus se dividieron en: Casa de Judá (tribu de Judá, Benjamín y Leví) y Casa de Israel (1 Reyes 12). Esto ocurrió más de cinco siglos después del tiempo de Moisés.

PP pg. 333.2 – “Adán enseñó a sus descendientes la ley de Dios, y el conocimiento de la ley se transmitió de padres a hijos durante las siguientes generaciones. No obstante las medidas bondadosamente tomadas para la redención del hombre, pocos la aceptaron y prestaron obediencia. Debido a la transgresión, el mundo se envileció tanto que se necesitó limpiarlo de su corrupción mediante el diluvio (Génesis 6). La ley fue preservada por Noé y su familia, y Noé enseñó los Diez Mandamientos a sus descendientes.”

“Noé era un justo y cabal en su generación; Noé caminaba con Dios” (Génesis 6:9).

Para ser considerado “justo” por Dios, es necesario que haya una ley a la cual se pueda prestar obediencia. Esa ley es la ley eterna de los Diez Mandamientos – “Y será para nosotros justicia, si tenemos cuidado de poner por obras todos estos mandamientos delante de Jehovah nuestro Dios, como él nos ha mandado” (Deuteronomio 6:25).

Justicia, en muchos contextos de la Biblia, es sinónimo de obediencia a la ley.

La Biblia también nos dice que Noé “caminaba con Dios.” Hay otro profeta mucho más antiguo a Noé que también “caminó con Dios”—Enoc, hijo de Caín (Génesis 4:17):

“Enoc caminó con Dios 300 años después de engendrar a Matusalén, y engendró hijos e hijas” (Génesis 5:22).

¿Qué significa caminar/andar con Dios?

Deuteronomio 10:12-13 – “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehovah tu Dios de ti? Sólo que temas a Jehovah tu Dios, que andes en todos sus caminos, que ames y sirvas a Jehovah tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y que guardes los mandamientos de Jehovah y sus estatutos que yo te prescribo hoy, para tu bien.”

Amós 3:3 – “¿Andarán dos juntos, a menos que se pongan de acuerdo?”

Deuteronomio 13:4 – “En pos de Jehovah andaréis, y a él temeréis. Guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz. A él serviréis y a él seréis fieles.”

Salmos 78:10 – “No guardaron el pacto de Dios y rehusaron andar en su ley.”

Salmos 119:1 – “Bienaventurados los íntegros de camino, los que andan según la ley de Jehovah.”

1 Juan 2:3-6 – “En esto sabemos que nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. El que dice: ‘Yo le conozco’ y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo.”

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, el concepto de “caminar/andar con Dios” esta siempre vinculado a guardar los mandamientos.

Caminar con Dios significa amarle, temerle, servirle, serle fiel y guardar sus mandamientos. Es decir, tanto Enoc antes del diluvio como Noé después del diluvio guardaron los mandamientos de Dios, muchísimo tiempo antes de que estos fueran escritos por Dios en dos tablas de piedra en el Sinaí.

Luego, cuando los hombres se apartaron nuevamente de Dios, el Señor eligió a Abraham, quien obedeció los mandamientos muchos siglos antes de que Moisés subiera al monte del Sinaí a recibir las tablas de piedra del pacto:

Génesis 26:5 – “porque Abraham obedeció mi voz y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis instrucciones.”

Es importante notar que en Génesis 26 mandamientos es sinónimo de estatutos, ordenanzas e instrucciones. Es importante también recordar que para Génesis capítulo 26 ya habían transcurrido alrededor de 2500 años que el pueblo de Dios guardaba los Diez Mandamientos (incluido el sábado), y no había ni Pascua, ni Pentecostés, ni ninguna fiesta ni ningún sábado ceremonial; no existía el sacerdocio de los levitas, sino que existía el sacerdocio de la primogenitura; no existía la “Torah” ni ninguna ley ceremonial tan reverenciada por los maestros judaizantes de la actualidad. La ley ceremonial para el tiempo de Abraham consistía únicamente del altar del sacrificio y del rito de la circuncisión.

Por más de dos milenios la ley ceremonial únicamente consistía del altar del sacrificio. ¿Por qué Dios vio necesario agregar otro rito a la ley ceremonial? Porque el profeso pueblo de Dios, en su rebelión natural, continuamente se rehusaba a obedecer la ley eterna de los Diez Mandamientos y se volcaba a la idolatría.

PP pg. 333.2 – “Instituyó el rito de la circuncisión, como señal de que quienes lo recibían eran dedicados al servicio de Dios, y prometían permanecer separados de la idolatría y obedecer la ley de Dios. La falta de voluntad para cumplir esta promesa, que los descendientes de Abraham evidenciaron en su tendencia a formar alianzas con los paganos y adoptar sus prácticas, fue la causa de su permanencia y esclavitud en Egipto.”

Como podemos ver, la ley ceremonial era necesaria para llevar al pueblo a obedecer los Diez Mandamientos. Como el pueblo, aún así, se rehusaba a obedecer los Diez Mandamientos, Dios iba agregando ritos a la ley ceremonial para que el pueblo tome más en serio su ley.

LeyEternaLeyTemporal

PP pg. 334.2 – “Si el hombre hubiera guardado la ley de Dios, tal como le fue dada a Adán después de su caída, preservada por Noé y observada por Abraham, no habría sido necesario el rito de la circuncisión. Y si los descendientes de Abraham hubieran guardado el pacto del cual la circuncisión era una señal, jamás habrían sido inducidos a la idolatría, ni habría sido necesario que sufrieran una vida de esclavitud en Egipto; habrían conservado el conocimiento de la ley de Dios, y no habría sido necesario proclamarla desde el Sinaí, o grabarla sobre tablas de piedra. Y si el pueblo hubiera practicado los principios de los Diez Mandamientos, no habría habido necesidad de las instrucciones adicionales que se le dieron a Moisés.”

Esas “instrucciones adicionales” que no hubiera habido necesidad de dar a Moisés, si los israelitas hubieran guardado los Diez Mandamientos, son las fiestas y sábados ceremoniales y el resto de los estatutos temporales que se agregaron a la ley ceremonial, junto con el resto de leyes temporales que llegaron a ser parte de las leyes constitucionales de la nación hebrea: la “Torah.”

Como podemos apreciar, después de dos mil años fue necesario agregar esos estatutos temporales porque el pueblo desobedecía constantemente la ley moral eterna.

PP pg. 335.1 – “El sistema de sacrificios confiado a Adán fue también pervertido por sus descendientes. La superstición, la idolatría, la crueldad y el libertinaje corrompieron el sencillo y significativo servicio que Dios había establecido. A través de su larga relación con los idólatras, el pueblo de Israel había mezclado muchas costumbres paganas con su culto; por consiguiente, en el Sinaí el Señor le dio instrucciones definidas tocante al servicio de los sacrificios.

“Una vez terminada la construcción del santuario, Dios se comunicó con Moisés desde la nube de gloria que descendía sobre el propiciatorio, y le dio instrucciones completas acerca del sistema de sacrificios y ofrendas, y las formas del culto que debían emplearse en el santuario. De esa manera se entregó a Moisés la ley ceremonial, que fue escrita por él en un libro. Pero la ley de los Diez Mandamientos pronunciada desde el Sinaí había sido escrita por Dios mismo en las tablas de piedra, y se guardó sagradamente en el arca.

“Muchos confunden estos dos sistemas y se valen de los textos que hablan de la ley ceremonial para tratar de probar que la ley moral fue abolida; pero esto es pervertir las Escrituras. La distinción entre los dos sistemas es clara. El sistema ceremonial se componía de símbolos que señalaban a Cristo, su sacrificio y su sacerdocio. Esta ley ritual, con sus sacrificios y ordenanzas, debían los hebreos seguirla hasta que el símbolo se cumpliera en la realidad de la muerte de Cristo, Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Entonces debían cesar todas las ofrendas de sacrificio. Tal es la ley que Cristo quitó de en medio y clavó en la cruz. Ver Colosenses 2:14.

“Pero acerca de la ley de los Diez Mandamientos el salmista declara: ‘Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos’ (Salmos 119:89). Y Cristo mismo dice: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley. […] De cierto os digo,’ recalca en todo lo posible su aserto, ‘que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido’ (Mateo 5:17, 18). En estas palabras Cristo enseña, no solo cuáles habían sido las demandas de la ley de Dios, y cuáles eran entonces, sino que además ellas perdurarán tanto como los cielos y la tierra. La ley de Dios es tan inmutable como su trono. Mantendrá sus demandas sobre la humanidad a través de todos los siglos.

“Respecto a la ley pronunciada en el Sinaí, dice Nehemías: ‘Sobre el monte Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos’ (Nehemías 9:13). Y Pablo, el apóstol de los gentiles, declara: ‘La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo, y bueno’. Esta ley no puede ser otra que el Decálogo, pues es la ley que dice: ‘No codiciarás’ (Romanos 7:12, 7).

‘Si bien la muerte del Salvador puso fin a la ley de los símbolos y sombras, no disminuyó en lo más mínimo la obligación del hombre hacia la ley moral. Todo lo contrario, el mismo hecho de que fuera necesario que Cristo muriera para expiar la transgresión de la ley, prueba que esta es inmutable.

“Los que alegan que Cristo vino para abrogar la ley de Dios y eliminar el Antiguo Testamento, hablan de la era judaica como de un tiempo de tinieblas, y representan la religión de los hebreos como una serie de meras formas y ceremonias. Pero este es un error. A través de todas las páginas de la historia sagrada, donde está registrada la relación de Dios con su pueblo escogido, hay huellas vivas del gran YO SOY. Nunca dio el Señor a los hijos de los hombres más amplias revelaciones de su poder y gloria que cuando fue reconocido como único soberano de Israel y entregó la ley a su pueblo. Había allí un cetro que no era empuñado por manos humanas; y las majestuosas manifestaciones del invisible Rey de Israel fueron indeciblemente grandiosas y temibles.”

La ley ceremonial no es eterna, tuvo un principio y tuvo un final. La ley ceremonial era mutable y se fue modificando a través de los siglos. La ley moral, en cambio, es eterna porque no tiene principio ni final, y no cambia ni se modifica—es inmutable. La ley moral fue escrita por el dedo de Dios, mientras que la ley ceremonial fue escrita por Moisés. La ley moral es la base del pacto (antiguo y nuevo), mientras que la ley ceremonial no es base de ningún pacto.

¿Por qué fue necesario proclamar los Diez Mandamientos en el Sinaí? ¿Por qué fue necesario que Dios escriba con su propio dedo la Ley en dos tablas de piedra?

El pueblo que Dios había escogido era un pueblo inclinado a olvidar sus mandamientos, para inclinarse por la idolatría y las costumbres paganas. Dios decidió escribir la Ley en dos tablas de piedra para alejar del pueblo toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos humanos.

PP pg. 379/1 (334.1) – “Aun entonces Dios no confió sus preceptos a la memoria de un pueblo inclinado a olvidar sus requerimientos, sino que los escribió sobre tablas de piedra. Quiso alejar de Israel toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos humanos.

Pero hizo más que darles los preceptos del Decálogo. El pueblo se había mostrado tan susceptible a descarriarse, que no quiso dejarles ninguna puerta abierta a la tentación. A Moisés se le dijo que escribiera, como Dios se lo había mandado, derechos y leyes que contenían instrucciones minuciosas respecto a lo que el Señor requería. Estas instrucciones relativas a los deberes del pueblo hacia Dios, a los deberes de unos para con otros, y hacia los extranjeros, no eran otra cosa que los principios de los Diez Mandamientos ampliados y dados de una manera específica, en forma tal que ninguno pudiera errar. Tenían por objeto resguardar la santidad de los Diez Mandamientos grabados en las tablas de piedra.”

Pero además de darles a los israelitas unas “instrucciones adicionales” para resguardar la santidad de los Diez Mandamientos, Dios instituyó un culto simbólico por medio del cual el pueblo podría comprender, sin dejar lugar a dudas y a especulaciones, cómo y dónde el hombre es justificado, perdonado, cómo recibe al Espíritu Santo, cómo y dónde sus pecados serán finalmente expiados, y gracias y en base a qué medios.

El santuario terrenal sombra del celestial

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.” (Éxodo 25:8-9)

PP pg. 313.1 – “Mientras Moisés estaba en el monte, Dios le ordenó: ‘Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos’ (Éxodo 25:8); y le dio instrucciones completas para la construcción del tabernáculo.”

El arquitecto del santuario terrenal fue Dios mismo, pues escrito está que Dios le mostró el diseño del tabernáculo, como de sus utensilios y muebles (Éxodo 25:8-40; Éxodo 26; 27). Moisés tuvo una visión de un edificio real—del Santuario Celestial—y le fue encomendado construir una representación en miniatura de ese edificio celestial aquí en la tierra, que había de ser “figura del verdadero” (Hebreos 9:24, 23).

Las Sagradas Escrituras dejan bien claro que el templo de Dios construido en la tierra no era un símbolo de Cristo, sino una representación de un edificio real que se encuentra en el tercer cielo.

Por lo tanto, el santuario terrenal era una representación en miniatura, una figura del verdadero del Santuario Celestial que se encuentra fuera de este planeta tierra, en el tercer cielo (2 Corintios 12:2).

PP pg. 313.2 – “Hombres escogidos fueron especialmente dotados por Dios con habilidad y sabiduría para la construcción del sagrado edificio. Dios mismo le entregó a Moisés el plano con instrucciones detalladas acerca del tamaño y forma, así como de los materiales que debían emplearse y de todos los objetos y muebles que debía de contener. Los dos lugares santos hechos a mano, habían de ser ‘figura del verdadero’, ‘figuras de las cosas celestiales’ (Hebreos 9:24, 23), es decir, una representación, en miniatura, del templo celestial donde Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, después de ofrecer su vida como sacrificio, habría de interceder en favor de los pecadores.

“Dios presentó ante Moisés en el monte una visión del santuario celestial, y le ordenó que hiciera todas las cosas de acuerdo con el modelo que se le había mostrado. Todas estas instrucciones fueron escritas cuidadosamente por Moisés, quien las comunicó a los jefes del pueblo.”

El primer santuario terrenal, construido en el tiempo de Moisés, era desarmable, pues los israelitas estaban peregrinando por el desierto hacia la Canaán terrenal y debían trasladarse continuamente junto con el santuario.

Números 1:51 – “Y cuando el tabernáculo partiere, los levitas lo desarmarán; y cuando el tabernáculo parare, los levitas lo armarán: y el extraño que se llegare, morirá.”

Más de cuatro siglos después, cuando el rey Salomón construyó el santuario terrenal hecho de piedras, ya no desarmable sino como un edificio permanente (1 Reyes 6:1-38), el autor de este segundo templo terrenal nuevamente fue Dios mismo.

1 Crónicas 28:9-19 – “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla. Y David dio a Salomón su hijo el plano del pórtico del templo y sus casas, sus tesorerías, sus aposentos, sus cámaras y la casa del propiciatorio. Asimismo el plano de todas las cosas que tenía en mente para los atrios de la casa de Jehová, para todas las cámaras alrededor, para las tesorerías de la casa de Dios, y para las tesorerías de las cosas santificadas… Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño.”

Otros nombres bíblicos del santuario son:

  1. Templo de Jehová: “Y oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín, que los venidos de la cautividad edificaban el Templo de Jehová Dios de Israel” (Esdras 4:1). “Entonces el rey mandó al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes del segundo orden y a los guardas de la puerta, que sacasen del templo del Señor todos los utensilios que habían sido hechos para Baal, para le bosque y para la milicia del cielo” (2 Reyes 23:4).
  2. Tabernáculo: “Conforme a todo lo que yo te mostraré, el diseño del tabernáculo y el diseño de todos sus vasos, así lo haréis” (Éxodo 25:9).
  3. Casa de Jehová: “No podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová porque la gloria de Jehová había henchido la Casa de Jehová” (2 Crónicas 7:2).
  4. Casa de Oración: “Yo los llevaré a mi monte santo, y los alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” (Isaías 56:7).
  5. Casa de Dios: “Me acordaré de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: Cuando pasare en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios; con voz de alegría y de alabanza haciendo fiesta la multitud” (Salmos 42:4).

Todos estos títulos mencionados, incluyendo la referencia al “monte santo” (Isaías 56:7), “monte de mi santidad,” “monte deseable,” en varios versículos como Isaías 27:13, Joel 3:17, Daniel 11:45, etc., se refieren al Santuario Celestial. Sin embargo, la gente religiosa, gusta de usar estos nombres: “templo”, “casa de oración”, “tabernáculo,” para las sinagogas en donde se reúnen. Esto es echar por tierra al Santuario Celestial. El edificio donde la gente se reúne no es una “iglesia” tampoco, pues iglesia es el grupo de creyentes que se reúne dentro de la casa o edificio.

1 Corintios 16:19 – “Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa.”

Mateo 18:20 – “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.”

Romanos 16:5 – “Asimismo a la iglesia de su casa.”

Colosenses 4:15 – “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Nimfas, y a la iglesia que está en su casa.”

A diferencia del sistema del culto del santuario, el cual fue establecido claramente por Dios según consta en las Sagradas Escrituras, el sistema de culto de la sinagoga no fue instituido por Dios, sino por los hombres.

Mateo 12:9 – “Y partiéndose de allí, vino a la sinagoga de ellos.”

Marcos 1:39 – “Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea.”

Lucas 4:15 – “Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.”

Hechos 17:1 – “Y pasando por Amphípolis, y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los Judíos.”

El lugar preferido de predicación de nuestro Divino Ejemplo era el aire libre, pero Jesús acudía donde estaba la gente, incluyendo las sinagogas de ellos. La Biblia predice que ese sistema de culto de la sinagoga seguirá de pie hasta la segunda venida de Cristo. Pero nuestro Señor Jesús nos dio una clara advertencia sobre el sistema de culto de la sinagoga:

Mateo 10:17 – “Y guardaos de los hombres porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán.”

Juan 16:2 – “Os echarán de las sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios.”

Lucas 11:43 – “Ay de vosotros, Fariseos! Que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.”

Mateo 6:5 – “Y cuando oras, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.”

Mateo 23:24 – “Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad.”

Apocalipsis 2:9 – “Yo sé tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que dicen ser Judíos, y no lo son, mas son sinagoga de Satanás.”

DTG pg. 257.2 – “Debajo de los protectores árboles de la ladera de la montaña, pero a corta distancia del mar de Galilea, fueron llamados los doce al apostolado y fue pronunciado el sermón del monte. Los campos y las colinas eran los lugares favoritos de Jesús, y muchas de sus enseñanzas fueron dadas al aire libre más bien que en el templo o en las sinagogas. Ninguna sinagoga podría haber contenido a las muchedumbres que le seguían. Pero no sólo por esto prefería él enseñar en los campos y huertos. Jesús amaba las escenas de la naturaleza. Para él, cada tranquilo retiro era un templo sagrado.

“Fue bajo los árboles del Edén donde los primeros moradores de la tierra eligieron su santuario. Allí Cristo se había comunicado con el padre de la humanidad. Cuando fueron desterrados del Paraíso, nuestros primeros padres siguieron adorando en los campos y vergeles, y allí Cristo se encontraba con ellos y les comunicaba el Evangelio de su gracia.

“Fue Cristo quien habló a Abrahán bajo los robles de Mamre; con Isaac cuando salió a orar en los campos a la hora del crepúsculo; con Jacob en la colina de Betel; con Moisés entre las montañas de Madián; y con el zagal David mientras cuidaba sus rebaños.

“Era por indicación de Cristo por lo que durante quince siglos el pueblo hebreo había dejado sus hogares durante una semana cada año, y había morado en cabañas formadas con ramas verdes, ‘gajos con fruto de árbol hermoso, ramos de palmas, y ramas de árboles espesos, y sauces de los arroyos’ (Levítico 23:40).

“Mientras educaba a sus discípulos, Jesús solía apartarse de la confusión de la ciudad a la tranquilidad de los campos y las colinas, porque estaba más en armonía con las lecciones de abnegación que deseaba enseñarles. Y durante su ministerio se deleitaba en congregar a la gente en derredor suyo bajo los cielos azules, en algún collado hermoso, o en la playa a la ribera del lago.

“Allí, rodeado por las obras de su propia creación, podía dirigir los pensamientos de sus oyentes de lo artificial a lo natural. En el crecimiento y desarrollo de la naturaleza se revelaban los principios de su reino. Al levantar los hombres los ojos a las colinas de Dios, y contemplar las obras maravillosas de sus manos, podían aprender lecciones preciosas de la verdad divina.

“La enseñanza de Cristo les era repetida en las cosas de la naturaleza. Así sucede con todos los que salen a los campos con Cristo en su corazón. Se sentirán rodeados por la influencia celestial. Las cosas de la naturaleza repiten las parábolas de nuestro Señor y sus consejos. Por la comunión con Dios en la naturaleza, la mente se eleva y el corazón halla descanso.

“Estaba por darse el primer paso en la organización de la iglesia, que después de la partida de Cristo había de ser su representante en la tierra. No tenía ningún santuario costoso a su disposición, pero el Salvador condujo a sus discípulos al lugar de retraimiento que él amaba, y en la mente de ellos los sagrados incidentes de aquel día quedaron para siempre vinculados con la belleza de la montaña, del valle y del mar.”

PP pg. 315.2 – “El tabernáculo fue construido desarmable, de modo que los israelitas pudieran llevarlo en su peregrinaje. Era por consiguiente, pequeño, de unos diecisiete metros de largo por unos cinco metros y medio de ancho y alto. No obstante, era una construcción magnífica.”

El Atrio y el Evangelio

PP pg. 315.4 – “El sagrado tabernáculo estaba colocado en un espacio abierto llamado atrio, rodeado por cortinas de lino fino que colgaban de columnas de metal. La entrada a este recinto se hallaba en el extremo oriental. Estaba cerrada con cortinas de riquísima tela hermosamente trabajadas aunque inferiores a las del santuario. Como estas cortinas del atrio eran solo de la mitad de la altura de las paredes del tabernáculo, el edificio podía verse perfectamente desde afuera.”

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Éxodo 27:9 – “También harás el atrio del Santuario. Del lado sur tendrá cortinas de lino torcido de cien codos de longitud (45mts).”

El santuario terrenal estaba rodeado de un atrio cercado de cortinas y con una puerta del lado este.

Todo el trabajo que los sacerdotes y el sumo sacerdote realizaban en el atrio del santuario terrenal, era un símbolo de la obra que Cristo hizo en esta tierra, es decir: el EVANGELIO en símbolos.

Juan 17:4 – “Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.”

HAp pg. 12.2 – “Mediante las enseñanzas del servicio de los sacrificios, Cristo había de ser levantado ante todas las naciones, y cuantos le miraran vivirían. Cristo era el fundamento de la economía judía. Todo el sistema de los tipos y símbolos era una profecía compacta del Evangelio, una presentación en la cual estaban resumidas las promesas de la redención.”

El Evangelio era todo lo que el sacerdote terrenal del Pacto Antiguo realizaba en el atrio del santuario para poder ingresar al santuario terrenal. Todo el ritual simbólico, todos los ritos y ceremonias del Pacto Antiguo, eran una representación en símbolos del Evangelio.

PR pg. 359.2 (390.1) – “En el antiguo ritual que era el Evangelio en símbolos, ninguna ofrenda imperfecta podía ser llevada al altar de Dios. El sacrificio que había de representar a Cristo debía ser sin mancha. La palabra de Dios señala esto como ilustración de lo que deben ser sus hijos: un ‘sacrificio vivo,’ santo y ‘sin mancha’ (Romanos 12:1; Efesios 5:27).”

Comentario Bíblico 7ª pg. 335 – (Isaías 45:21-22; Mateo 16:24; Juan 1:29) – “Mirad y vivid—Cristo colgado de la cruz, era el Evangelio.”

En 1 Corintios 15:1-4 encontramos el significado de la palabra Evangelio, la síntesis:

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis. Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

evangelio

Como podemos apreciar, en 1 Corintios 15:1-4, el Evangelio trata únicamente de la persona de Cristo como hombre, no como Dios. El Evangelio trata de la vida de Cristo, que murió como hombre por nuestros pecados y que resucitó como hombre:

Lucas 24:39 – “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.”

El Evangelio es la experiencia de Cristo en esta tierra como hombre. Y esa experiencia consiste en su engendramiento, su vida, su muerte, su resurrección, y la ascensión de Cristo en la mañana de su resurrección (Juan 20:1-17).

De acuerdo a 1 Corintios 15:2, el Evangelio fue realizado para nuestra salvación—para la salvación del hombre.

Romanos 1:16 – “Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.”

Mateo 1:21 – “Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

El Evangelio está en tiempo pasado:

1 Corintios 15:3 – “murió”

1 Corintios 15:4 – “sepultado”, “resucitó”

1 Corintios 15:5 – “apareció”

Pues el Evangelio se llevó a cabo en el pasado: el siglo primero de la era cristiana.

El Evangelio trata sobre la naturaleza humana de Cristo:

Romanos 1:1-4 – “Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol; apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo—quien, según la carne, era de la descendencia de David; y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por su resurrección de entre los muertos.”

¿De qué manera estaba simbolizado el Evangelio en el atrio del santuario terrenal?

Primeramente hay que estudiar los muebles y los medios que eran preparados en el atrio:

El altar del holocausto

Éxodo 27:1-4 – “Harás también un altar cuadrado, de madera de acacia, de cinco codos de lado (2,25mts), y de tres codos de altura…”

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Sobre ese altar se debían sacrificar únicamente los animales autorizados por Dios. Este altar se encontraba en el atrio, cerca de la puerta de entrada al atrio del santuario (Éxodo 40:6, 29). Por mandato divino, los israelitas no estaban autorizados a sacrificar las ofrendas por el pecado en ningún otro lugar, ni en sus ciudades, sino únicamente en el altar del sacrificio del atrio del santuario (Levítico 22:22-25; Deuteronomio 16:2, 5-6).

Todo el ritual simbólico de la ley ceremonial debía ser realizado: “en el lugar que Jehovah haya escogido para hacer habitar allí su nombre” (Deuteronomio 16:2-5).

El lugar donde habita el nombre de Jehová es el Decálogo, para ser más específicos: en el cuarto mandamiento – “Porque en seis días Jehovah hizo los cielos, la tierra, y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehovah bendijo el día del sábado y lo santificó” (Éxodo 20:11).

Es por esta razón que todos los israelitas eran convocados al santuario terrenal para celebrar las santas convocaciones: porque en el lugar santísimo del tabernáculo se encontraba el Decálogo—las dos tablas del pacto.

Ese altar del holocausto NO era un símbolo de Cristo, sino que era un símbolo de la cruz en la que fue sacrificado el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29, 36; 19:17-18, 30; Filipenses 2:8).

PP pg. 316.1 – “En el atrio, y cerca de la entrada, se hallaba el altar de bronce del holocausto. En este altar se consumían todos los sacrificios que se ofrecían por fuego al Señor, y sobre sus cuernos se rociaba la sangre expiatoria.

“Entre el altar y la puerta del tabernáculo estaba la fuente, también de metal. Había sido hecha con los espejos donados voluntariamente por las mujeres de Israel. En la fuente los sacerdotes debían lavarse las manos y los pies cada vez que entraban en el departamento santo, o cuando se acercaban al altar para ofrecer un holocausto al Señor.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 39/2/3 – “Se dieron instrucciones para construir un altar para ofrecer sacrificios, un servicio que casi había terminado completamente. Mientras estuvieron bajo la servidumbre egipcia, las ideas de los israelitas acerca de los sacrificios habían sido grandemente influidas por las ideas de los egipcios, los cuales habían aprendido de Israel cuando los israelitas fueron a Egipto por primera vez, pero habían mezclado la verdad con la falsedad de la idolatría.

“Tenían prácticas sumamente indecentes en relación con el culto en sus altares paganos. La ley dada en el Edén y repetida en el Sinaí era esencial para el Israel de Dios, pues durante la servidumbre de Egipto se habían perdido de vista las exigencias de Dios y sus mandamientos. Por eso Dios pronunció su ley con voz audible a oídos de todo el pueblo. Quería que oyeran sus mandamientos y los obedecieran.”

La fuente de bronce

Éxodo 30:17-21 – “Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Harás también una fuente de metal, con su basa de metal, para lavar; y la has de poner entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás en ella agua. Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos sus manos y sus pies: Cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, se han de lavar con agua, y no morirán: y cuando se llegaren al altar para ministrar, para encender a Jehová la ofrenda que se ha de consumir al fuego. También se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su simiente por sus generaciones.”

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Esta fuente de bronce NO era un símbolo de Cristo, ni del creyente. El agua que contenía la fuente, era un símbolo de la obra del Espíritu Santo, pues escrito está:

Juan 7:38-39 – “El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.”

El aceite de la unción

Éxodo 30:22-38 – “Dijo más el Señor a Moisés: Toma especias finas: Mirra excelente 500 siclos (unos 6 kgs), canela aromática la mitad, esto es 250, cálamo aromático 250, casia 500, al peso del Santuario, y un hin de aceite de oliva (3,5 lts). De esto harás el aceite de la santa unción, ungüento superior, obra de perfumista, y será el aceite de la unción sagrada. Con esto ungirás la Tienda de la Reunión, el Arca del testimonio… Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes… No será usado sobre ningún hombre, ni haréis otro semejante, conforme a su composición. Es santo, y por santo lo tendréis. El que prepare ungüento semejante, y lo ponga sobre extraño, será cortado de su pueblo.”

Siguiendo todas las especificaciones de Dios se preparaba en el atrio el aceite de la unción sagrada para ungir el santuario, sus muebles, los muebles del atrio y también a los sacerdotes. Ese aceite debía ser fabricado y usado exclusivamente para uso del santuario.

El incienso

Éxodo 30:34-38 – “Dijo aún Jehová a Moisés: Tómate aromas, estacte y uña olorosa y gálbano aromático e incienso limpio; de todo en igual peso. Y harás de ello una confección aromática de obra de perfumador, bien mezclada, pura y santa. Y molerás alguna de ella pulverizándola, y la pondrás delante del testimonio en el tabernáculo del testimonio, donde yo te testificaré de mí. Os será cosa santísima. Como la confección que harás, no os haréis otra según su composición: te será cosa sagrada para Jehová. Cualquiera que hiciere otra como ella para olerla, será cortado de sus pueblos.”

Así como Dios prohibió que se prepare el aceite de la unción para otros fines, así también Dios prohibió que se haga una preparación de incienso igual o similar para otros fines que no hayan sido indicados por Dios, bajo pena de muerte.

InciensoPagano

¿Qué trabajo debía ser realizado en el atrio del santuario terrenal?

En el atrio se daba inicio al servicio diario con la preparación de los medios que se debían presentar dentro del santuario.

  1. El incienso debía ser molido y preparado en el atrio por los sacerdotes (Éxodo 30:34-36). El incienso era uno de los medios que le habilitaba al sacerdote para entrar al santuario, ya que el sacerdote no podía ingresar al santuario con las manos vacías (Levítico 16:12).
  2. El aceite puro de oliva machacadas debía ser preparado en el atrio por los sacerdotes y debía ser otro medio que habilitaba al sacerdote para entrar al santuario (Levítico 24:1-2).
  3. El cordero debía de ser sacrificado en el altar del sacrificio por el sacerdote para que derrame su sangre y así se proveía otro medio para que el sacerdote pudiera entrar al santuario (Éxodo 29:38-42).
  4. El pan de la proposición era amasado con aceite de oliva, sal, y agua, y era preparado en el atrio una vez a la semana (Levítico 24:5). El pan era otro medio que habilitaba al sacerdote a entrar al santuario.

El Evangelio realizado por Cristo estaba simbolizado por el trabajo del sacerdote terrenal en el atrio del santuario terrenal:

  • La preparación del incienso (Éxodo 30:34-37): El incienso debía ser preparado en el atrio antes de ser presentado dentro del santuario. El incienso era un símbolo de la justicia perfecta y perpetua que Cristo como hombre le rindió a la Ley de Dios durante su vida de 33 años en esta tierra (Levítico 1:17; Ezequiel 20:41). Así como el incienso debía ser preparado en el atrio del santuario antes de presentarlo dentro del santuario, Cristo preparó para todos nosotros esa justicia perfecta antes de ser presentado en sacrificio.
  • El pan de la proposición (Levítico 24:5): El pan era también un símbolo de la vida de obediencia perfecta que Cristo vino a vivir en esta tierra como hombre (Juan 6:51).
  • El sacrificio del cordero (Éxodo 38:1; 40:29): El cordero era sacrificado en el altar del holocausto, el cual estaba ubicado en el atrio del santuario terrenal. Al sacrificar el cordero se proveía un medio, que era la sangre, para poder ingresar al santuario. El altar era un símbolo de la cruz donde Cristo se ofreció en sacrificio (Juan 19:17). El cordero que se sacrificaba diariamente (Números 28:3) era símbolo del verdadero cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

¿El plan de redención estaba completo con el trabajo que se realizaba en el atrio?

NO. De acuerdo al ritual simbólico, el plan de redención NO terminaba en el atrio con la preparación del incienso, del aceite, del pan, ni con el sacrificio del cordero. En el atrio únicamente se preparaban los medios que habilitaban al sacerdote continuar con el ritual simbólico dentro del santuario.

Esto nos enseña claramente que el plan de redención no termina con la muerte de Cristo en la cruz. Los medios que Cristo preparó en esta tierra: su vida de obediencia perfecta y perpetua a la ley, su carácter perfecto, su vida justa, su naturaleza sin mancha de pecado, su muerte en la cruz del calvario, su resurrección, deben ser presentados dentro del verdadero tabernáculo en el cielo diariamente y en el día del juicio final.

El ungimiento

Antes de que el santuario pudiera entrar en funcionamiento, de acuerdo a las instrucciones dadas por Dios, debía ser ungido con el aceite sagrado.

Cuando llegó la hora del ungimiento del santuario terrenal, Moisés ungió primero el tabernáculo, luego el arca del pacto (Éxodo 30:26). Después ungió la mesa y todos sus vasos; el candelero y todos sus vasos, el altar del incienso (Éxodo 30:27), luego el altar del holocausto con todos sus vasos. Finalmente ungió la fuente de agua y su basa (Éxodo 30:28). Todo fue consagrado y santificado (Éxodo 30:29; Levítico 8:10-11).

Después de que el santuario fuera ungido, consagrado y santificado, quedó entonces habilitado para entrar en funcionamiento y con tales acontecimientos se dio inicio a la dedicación (Números 7:1-3).

Luego de que el santuario y sus muebles fueran ungidos, los sacerdotes y el sumo sacerdote también debían ser ungidos antes de poder dar inicio a su sacerdocio correspondiente.

Moses-Aaron-Sacerdocio
Moisés, Aarón, y los 24 turnos de sacerdocio.

Dios había dado instrucciones expresas en cuanto a los pasos que se debía seguir para que los sacerdotes sean ungidos y consagrados:

  • El sacerdote tenía que ser llevado a la puerta del tabernáculo (Éxodo 29:4; 40:12).
  • El sacerdote debía ser lavado (Éxodo 29:4; 40:12).
  • El sacerdote tenía que ser vestido con sus vestiduras correspondientes de sacerdote común o sumo sacerdote (Éxodo 29:5-6; 40:13).
  • El sacerdote era entonces ungido (Éxodo 29:7; 40:13).
  • El sacerdote era consagrado (Éxodo 29:29; 40:13).

Cristo como Dios no podía ser nuestro Sumo Sacerdote porque la ley demanda que el Sumo Sacerdote debe ser tomado de entre los hombres (Hebreos 5:1). Para que Cristo pudiera cumplir con esta demanda de la ley debía revestir su Divinidad de Humanidad, venir a este planeta tierra a vivir una vida de justicia perfecta que el hombre no puede vivir, sufrir la muerte segunda que el hombre debe sufrir, y además de eso: debía resucitar como hombre, para así dar cumplimiento a Hebreos 5:1.

Cuando Cristo vino como Hombre a esta tierra, no fue sacerdote en este planeta (Hebreos 8:4), porque bajo la ley ceremonial los sacerdotes debían ser descendientes de Aarón, y Cristo era descendiente de la tribu de Judá (Hebreos 7:13-14) en lugar de la tribu de Leví. Mientras Cristo poseía la naturaleza humana y anduvo en esta tierra, todavía estaba en vigencia la ley de Éxodo 40:12-15 y Números 3:10. Es por esto, que luego de su resurrección y ascensión al tercer cielo, para poder iniciar el verdadero Sacerdocio en el santuario verdadero—el Celestial—era necesario que haya un cambio de ley—en la ley mutable: la ley ceremonial. Tal como está escrito en Hebreos 7:12, 18 – ese cambio de la ley ocurrió el 14 de Abib del año 31 de la era cristiana, cuando Cristo murió en la cruz y la ley que era “estatuto perpetuo” HASTA que el símbolo se encontrara con la realidad fue abrogada.

En Números 18:23 la ley ceremonial indicaba que “sólo los levitas llevarán a cabo el servicio del tabernáculo de reunión” y este era un “estatuto perpetuo.”

Pero sin embargo, en el libro de Hebreos, el apóstol Pablo claramente nos enseña que hubo cambio de sacerdocio (Hebreos 7:12), es decir: el sacerdocio levítico que era “estatuto perpetuo” llegó a su fin con la muerte de Cristo, quien es nuestro verdadero Sumo Sacerdote en el verdadero tabernáculo celestial, y ya no según el orden levítico sino según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:17).

Lamentablemente, hoy los maestros judaizantes usan la excusa del “estatuto perpetuo” para adoctrinar a las masas desconocedoras para que celebren las abrogadas fiestas del ritual simbólico. Al hacer esto, RECHAZAN a Cristo el verdadero Sumo Sacerdote, quien abrogó con su muerte todo el ceremonial que era una mera sombra para que el hombre pudiera aprender, a través de símbolos, la realidad en Cristo Jesús.

Para que Cristo pueda ser Sacerdote y ejercer su Sacerdocio, primero tenía que resucitar su Humanidad (pues como Dios es inmortal—no puede morir la Divinidad, eso sería completamente ilógico), y luego debía ascender al tercer cielo (Hechos 1:9-11) y en el cielo ser UNIGIDO como Sacerdote (Hebreos 1:9) y UNGIR el Santuario Celestial (Hebreos 9:23). Este trabajo lo realizó 40 días después de su resurrección.

Las vestimentas

Para desempeñar la labor del sacerdocio, Dios ordenó que se preparasen vestiduras especiales para el sacerdote común y para el sumo sacerdote.

Las vestiduras del sacerdote común eran (Éxodo 28:40-42):

  1. Túnica blanca: con mangas largas. El largo de la túnica blanca llegaba hasta los pies (Éxodo 28:39).
  2. Pañetes de lino (calzoncillos): fueron hechos de lino torcido blanco e iban desde la cintura hasta los muslos para cubrir su desnudez (Éxodo 28:42; 39:28).
  3. Cinto: hecho de lino torcido, de color azul púrpura y rojo, obra de recamador (Éxodo 28:29; 39:29).
  4. Mitra: de lino torcido blanco. En la parte delantera de esa mitra Aarón (el sumo sacerdote) llevó una plancha de oro fino, con letras grabadas: SANTIDAD A JEHOVÁ. Esa plancha estuvo fijada a la mitra con un cordón azúl y eso llevó Aarón continuamente en su frente (Éxodo 28:36:39).

Las vestiduras del sumo sacerdote:

Sobre la vestidura del sacerdote común, el sumo sacerdote debía llevar además:

  1. El manto del efod o túnica azul: era todo de color azul y tejido de una sola pieza, con una abertura en la parte superior, con un ribete alrededor del cuello para que no se rompa en su borde inferior. Este manto azul llevaba una granada de color azul, púrpura y rojo intercalado con campanas de oro: “y se oirá su sonido cuando él (Aarón) entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, se oiga el sonido de las campanas y así el no muera” (Éxodo 28:31-25; 39:22-26).
  2. El efod: debía ser hecho de lino torcido y de colores rojo, púrpura, azul y con hebras de oro (Éxodo 28:6). El Efod no tenía mangas y en sus dos hombreras bordadas con oro tenía engarzadas dos piedras de ónice. En esas piedras estaba grabadas los nombres de las doce tribus de Israel, según el orden de su nacimiento. En los dos engastes de oro fino de las hombreras tenían dos cadenillas de oro fino por las cuales pasaba el cordón de oro que le fijaba al pectoral en su parte superior. Como en las dos piedras de ónice estaban los nombres de los hijos de Israel, Aarón llevó los nombres de ellos delante de Jehová en sus dos hombros por memoria (Éxodo 28:6-14; 39:2-7).
  3. El pectoral (racional): la más sagrada de las vestiduras sumo sacerdotales, fabricada de la misma tela del Efod y con los mismos colores (oro, azul, púrpura, rojo y blanco), era de forma cuadrada y medía un palmo (22.05 cm) (Éxodo 28:15-16). En los dos extremos superiores del pectoral habían dos anillos de oro, por los cuales debían pasar dos trenzas de oro, las cuales debían de fijarse en los engastes de las dos hombreras del Efod en su parte delantera. El pectoral también tenía otros dos anillos de oro en los extremos inferiores, por los cuales debía pasar un cordón azul y fijarlo en otros dos anillos de oro que estaban cerca del cinto del Efod. De esta manera el pectoral se mantenía fijo (Éxodo 28:22-28). En el pectoral estaban también colocadas en engastes de oro 12 piedras preciosas en cuatro hileras y en cada hilera tres piedras, las cuales representaban a las 12 tribus de Israel según el orden de su nacimiento (Éxodo 28:17-21). A la derecha e izquierda del pectoral había además dos piedras grandes de mucho brillo: el URIN y el TUMIM. Mediante estas dos piedras se revelaba la voluntad de Dios al sumo sacerdote cuando se llevaba asuntos al Señor para que Él los decidiera. Si un nimbo iluminaba la piedra de la derecha esto era señal de aprobación o consentimiento Divino, mientras que si una nube oscurecía la piedra de la izquierda esto era evidencia de negación o desaprobación (Éxodo 28:30; Éxodo 39:8-21; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63).

PP pg. 319.4 – “La mitra del sumo sacerdote consistía en un turbante de lino blanco, que tenía una plaquita de oro sostenida por una cinta azul, con la inscripción: ‘Santidad a Jehová’. Todo lo relacionado con la vestimenta y la conducta de los sacerdotes había de ser tal, que inspirara en el espectador el sentimiento de la santidad de Dios, de lo sagrado de su culto y de la pureza que se exigía a los que se acercaban a su presencia.”

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Vestiduras de sumo sacerdote y sacerdote común.

La vestidura del sumo sacerdote era considerada sagrada y la ley levítica prohibía, bajo sentencia de muerte, que el sumo sacerdote rasgue sus vestiduras.

Levítico 21:10 – “Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que hinchió su mano para vestir las vestimentas, no descubrirá su cabeza, ni romperá sus vestidos.”

Era costumbre entre los israelitas rasgar sus ropas en ocasión de la muerte de amigos y deudos, más Dios dio órdenes explícitas prohibiendo a los sacerdotes de seguir con esta costumbre.

Levítico 10:6 – “Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Ithamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos, porque no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación.”

Si un sumo sacerdote se atrevía a rasgar sus vestiduras se condenaba a sí mismo y de acuerdo a la ley levítica establecida por Dios quedaba descalificado para el sacerdocio, y además estaba pronunciando sentencia de muerte sobre sí mismo.

Marcos 14:63 – “Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos?”

Esas hermosas vestiduras oficiales eran una representación de las vestiduras sagradas con las que está vestido el VERDADERO SUMO SACERDOTE JESUCRISTO (Apocalipsis 1:13-15; Daniel 10:5-6).

No se debía trabajar en sábado ni para la construcción del santuario

Éxodo 31:13-17 – “Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo esto vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciera obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos. Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente. Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 40/2/3 – “Dios ordenó que se construyera un tabernáculo, donde pudieran adorarle los israelitas durante su peregrinación por el desierto. Se dieron órdenes del cielo para que ese tabernáculo fuera construido sin demora. Debido a lo sagrado de la obra y la necesidad de premura, algunos argüían que la obra del tabernáculo debía seguir adelante en el sábado, así como en los otros días de la semana.

“Cristo oyó esas insinuaciones y vio que el pueblo estaba en gran peligro de quedar entrampado al concluir que estaría justificado si trabajaba en sábado a fin de que el tabernáculo pudiera completarse tan rápidamente como fuera posible. Recibieron la orden: ‘En verdad guardaréis mis días de reposo.’

“Aunque la obra del tabernáculo debía ser llevada adelante en forma expeditiva, el sábado no debía ser empleado como un día de trabajo. Aun la obra en la casa del Señor debía dar paso a la observancia sagrada del día de descanso del Señor. Hasta ese punto es celoso Dios en honrar el monumento recordativo de la creación.”

SantuarioTerrenal
El Santuario Terrenal

El Lugar Santo

PP pg. 315.3 – “El edificio se dividía en dos secciones mediante una bella y rica cortina, o velo, suspendida de columnas doradas; y una cortina semejante a la anterior cerraba la entrada de la primera sección. Tanto estos velos como la cubierta interior que formaba el techo, eran de los más magníficos colores, azul, púrpura y escarlata, bellamente combinados, y tenían, recamados con hilos de oro y plata, querubines que representaban la hueste de los ángeles asociados con la obra del santuario celestial, y que son espíritus ministradores del pueblo de Dios en la tierra.”

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“En el primer departamento, o lugar santo, estaban la mesa para el pan de la proposición, el candelero o la lámpara y el altar del incienso.

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La mesa del pan de la proposición estaba hacia el norte. Así como su cornisa decorada, estaba revestida de oro puro. Sobre esta mesa los sacerdotes debían poner cada sábado doce panes, arreglados en dos pilas y rociados con incienso. Por ser santos, los panes que se quitaban, debían ser comidos por los sacerdotes.

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“Al sur, estaba el candelero de siete brazos, con sus siete lámparas. Sus brazos estaban decorados con flores primorosamente labradas y parecidas a lirios; el conjunto estaba hecho de una pieza sólida de oro. Como no había ventanas en el tabernáculo, las lámparas nunca se extinguían todas al mismo tiempo, sino que ardían día y noche.

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“Exactamente frente al velo que separaba el lugar santo del santísimo y de la inmediata presencia de Dios, estaba el altar de oro del incienso. Sobre este altar el sacerdote debía quemar incienso todas las mañanas y todas las tardes; sobre sus cuernos se aplicaba la sangre de la víctima de la expiación, y el gran día de la expiación era rociado con sangre. El fuego que estaba sobre este altar había sido encendido por Dios mismo, y se mantenía como sagrado. Día y noche, el santo incienso difundía su fragancia por los recintos sagrados del tabernáculo y por sus alrededores.”

El Lugar Santísimo

PP pg. 316.3 – “Más allá del velo interior estaba el lugar santísimo que era el centro del servicio de expiación e intercesión, y constituía el eslabón que unía el cielo y la tierra. En este departamento estaba el arca, que era un cofre de madera de acacia, recubierto de oro por dentro y por fuera, y que tenía una cornisa de oro encima. Era el repositorio de las tablas de piedra, en las cuales Dios mismo había grabado los Diez Mandamientos. Por consiguiente, se lo llamaba arca del testamento de Dios, o arca de la alianza, puesto que los Diez Mandamientos eran la base de la alianza hecha entre Dios e Israel.

arca-del-pacto“La cubierta del arca sagrada se llamaba ‘propiciatorio’. Estaba hecha de una sola pieza de oro, y encima tenía dos querubines de oro, uno en cada extremo. Un ala de cada ángel se extendía hacia arriba, mientras la otra permanecía plegada sobre el cuerpo (véase Ezequiel 1:11) en señal de reverencia y humildad. La posición de los querubines, con la cara vuelta el uno hacia el otro y mirando reverentemente hacia abajo sobre el arca, representaba la reverencia con la cual la hueste celestial mira la ley de Dios y su interés en el plan de redenciones.

“Encima del propiciatorio estaba la shekinah, o manifestación de la divina presencia; y desde en medio de los querubines Dios daba a conocer su voluntad. Los mensajes divinos eran comunicados a veces al sumo sacerdote mediante una voz que salía de la nube. Otras veces caía una luz sobre el ángel de la derecha, para indicar aprobación o aceptación, o una sombra o nube descansaba sobre el ángel de la izquierda, para revelar desaprobación o rechazo.

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La ley de Dios, guardada como reliquia dentro del arca, era la gran regla de la rectitud y del juicio. Esa ley determinaba la muerte del transgresor; pero encima de la ley estaba el propiciatorio, donde se revelaba la presencia de Dios y desde el cual, en virtud de la expiación, se otorgaba perdón al pecador arrepentido. Así, en la obra de Cristo en favor de nuestra redención, simbolizada por el servicio del santuario, ‘la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron’ (Salmos 85:10).

“No hay palabras que puedan describir la gloria de la escena que se veía dentro del santuario, con sus paredes doradas que reflejaban la luz de los candeleros de oro, los brillantes colores de las cortinas ricamente bordadas con sus relucientes ángeles, la mesa y el altar del incienso refulgentes de oro; y más allá del segundo velo, el arca sagrada, con sus querubines místicos, y sobre ella la santa shekinah, manifestación visible de la presencia de Jehová; pero todo esto era apenas un pálido reflejo de las glorias del templo de Dios en el cielo, que es el gran centro de la obra que se hace en favor de la redención del hombre.”

El Lugar Santo y el Lugar Santísimo en el Santuario Celestial

CS pg. 465/4 (409.2) – “San Pablo dice que el primer tabernáculo ‘era una parábola para aquel tiempo entonces presente; conforme a la cual se ofrecían dones y sacrificios’; que sus santos lugares eran ‘representaciones de las cosas celestiales’; que los sacerdotes que presentaban las ofrendas según la ley, ministraban lo que era ‘la mera representación y sombra de las cosas celestiales,’ y que ‘no entró Cristo en un lugar santo hecho de mano, que es una mera representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios por nosotros’ (Hebreos 9:9, 23; 8:5; 9:24).”

Tanto el lugar santo, como el lugar santísimo, del santuario terrenal, eran sombra y figura del Lugar Santo y del Lugar Santísimo del verdadero—Santuario Celestial.

CS pg. 466/1 (409.3) – “El santuario celestial, en el cual Jesús ministra, es el gran modelo, del cual el santuario edificado por Moisés no era más que trasunto. Dios puso su Espíritu sobre los que construyeron el santuario terrenal. La pericia artística desplegada en su construcción fue una manifestación de la sabiduría divina. Las paredes tenían aspecto de oro macizo, y reflejaban en todas direcciones la luz de las siete lámparas del candelero de oro. La mesa de los panes de la proposición y el altar del incienso relucían como oro bruñido. La magnífica cubierta que formaba el techo, recamada con figuras de ángeles, en azul, púrpura y escarlata, realzaba la belleza de la escena. Y más allá del segundo velo estaba la santa shekina, la manifestación visible de la gloria de Dios, ante la cual sólo el sumo sacerdote podía entrar y sobrevivir.

“El esplendor incomparable del tabernáculo terrenal reflejaba a la vista humana la gloria de aquel templo celestial donde Cristo nuestro precursor ministra por nosotros ante el trono de Dios. La morada del Rey de reyes, donde miles y miles ministran delante de él, y millones de millones están en su presencia (Daniel 7:10); ese templo, lleno de la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus flamantes guardianes, cubren sus rostros en adoración, no podía encontrar en la más grandiosa construcción que jamás edificaran manos humanas, más que un pálido reflejo de su inmensidad y de su gloria. Con todo, el santuario terrenal y sus servicios revelaban importantes verdades relativas al santuario celestial y a la gran obra que se llevaba allí a cabo para la redención del hombre.

Los lugares santos del santuario celestial están representados por los dos departamentos del santuario terrenal. Cuando en una visión le fue dado al apóstol Juan que viese el templo de Dios en el cielo, contempló allí ‘siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono’ (Apocalipsis 4:5). Vio un ángel que tenía ‘en su mano un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso, para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos, encima del altar de oro que estaba delante del trono’ (Apocalipsis 8:3). Se le permitió al profeta contemplar el primer departamento del santuario en el cielo; y vio allí las ‘siete lámparas de fuego’ y el ‘altar de oro’ representados por el candelabro de oro y el altar de incienso en el santuario terrenal. De nuevo, ‘fue abierto el templo de Dios’ (Apocalipsis 11:19), y miró hacia adentro del velo interior, el lugar santísimo. Allí vio ‘el arca de su pacto,’ representada por el cofre sagrado construido por Moisés para guardar la ley de Dios.”

SantuarioCelestial

El sacerdocio

PP pg. 320.2 – “No solo el santuario mismo, sino también el ministerio de los sacerdotes, debía servir ‘de figura y sombra de las cosas celestiales’ (Hebreos 8:5). Por eso era de suma importancia; y el Señor, por medio de Moisés, dio las instrucciones más claras y precisas acerca de cada uno de los puntos de este culto simbólico.

“El ministerio del santuario estaba dividido en dos partes: un servicio diario y otro anual. El servicio diario se efectuaba en el altar del holocausto en el atrio del tabernáculo, y en el lugar santo; mientras que el servicio anual se realizaba en el lugar santísimo.”

El ministerio sacerdotal del santuario terrenal consistía en dos partes:

  1. Un Servicio Diario (Éxodo 29:38-39) y
  2. Un Servicio Anual (Levítico 23:27).

El Servicio Diario

Tal como el nombre lo indica, el Servicio Diario se realizaba diariamente, primero en el atrio y luego en el Lugar Santo del santuario propiamente dicho. En el atrio el sacerdote preparaba el incienso (Éxodo 30:34-36) y con ese incienso molido entraba al Lugar Santo primeramente a quemar incienso en el altar del incienso dos veces al día (Éxodo 30:7-8). Después de haber quemado el incienso, el sacerdote terrenal debía limpiar las lámparas del candelero uno por uno (Levítico 24:4). Debido a que el tabernáculo no tenía ventanas, las lámparas nunca se extinguían todas al mismo tiempo. Entonces el sacerdote limpiaba y despabilaba cada lámpara y luego aderezaba las lámparas con aceite puro de oliva (Levítico 24:2-3; Éxodo 30:7-8). En esas condiciones las lámparas ardían día y noche.

PP pg. 366/1 (321.2) – “El incienso, que ascendía con las oraciones de Israel, representaba los méritos y la intercesión de Cristo, su perfecta justicia, la cual por medio de la fe es acreditada a su pueblo, y es lo único que puede hacer el culto de los seres humanos aceptable a Dios.”

PP pg. 365/4 (321.1) – “Al presentar la ofrenda del incienso, el sacerdote se acercaba más directamente a la presencia de Dios que en ningún otro acto de los servicios diarios.”

El incienso era un símbolo de la vida de obediencia perfecta y perpetua (Ezequiel 20:1) al Decálogo que Cristo vivió en esta tierra como Hombre. Por medio del incienso—un elemento completamente ajeno y foráneo al israelita—debía enseñar al israelita a tener fe en una ofrenda ajena para su justificación, una justicia ajena que no era parte de su propia experiencia personal.

Luego de quemar incienso en el altar del incienso dentro del Lugar Santo, el sacerdote debía aumentar aceite a lámparas. El aceite era un símbolo del Espíritu Santo (Zacarías 4:2-3, 6; Mateo 25:4), y de la lluvia temprana y tardía (Joel 2:23, 28;29). Las lámparas del Lugar Santo eran una representación de las lámparas originales que se encuentran en el Lugar Santo del Santuario Celestial (Apocalipsis 4:5).

El acto de quemar el sacerdote el incienso en el altar del incienso que se encontraba en el lugar santo primero, era una representación del trabajo que Cristo, al ascender al cielo y al entrar al Lugar Santo del Santuario Celestial, iba a empezar a hacer: presentar su vida de obediencia perfecta y perpetua (Hebreos 9:24; 8:3) a favor del creyente que acepta su total incapacidad de obedecer la Ley de Dios (Juan 5:42; Jeremías 6:10), a fin de que el hombre pueda ser aceptado o justificado diariamente (Romanos 3:24; Efesios 1:6)—pues el sacerdote terrenal quemaba incienso diariamente y dos veces al día. Y el israelita era aceptado diariamente dos veces al día y como una promesa, porque la Ley demanda una vida de obediencia perfecta y no la sabia de un árbol. Vemos que el israelita era primeramente aceptado.

El acto de aumentar el aceite después de que el sacerdote quemaba el incienso, era una representación del cumplimiento de la promesa que Cristo dio en Juan 14:16, 26 – “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador.” “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.” Después de que Cristo presenta su justicia perfecta para que el hombre pueda ser justificado, Cristo cumple su promesa de rogar al Padre para que sea dado el Consolador, y ruega con su justicia, porque la condición para que sea dado el Espíritu Santo como agente regenerador es obediencia perfecta (Hechos 5:32).

Las lámparas dentro del santuario terrenal eran aderezadas con aceite diariamente por el sacerdote, dos veces al día (Éxodo 30:7-8), lo cual nos quiere enseñar que el hombre no recibe el bautismo del Espíritu Santo una vez y para siempre, sino que esta bendición la debe pedir y recibir diariamente (Salmos 51:10-11). El israelita recibía el bautismo del Espíritu Santo diariamente, no como promesa sino como una realidad (Génesis 41:38; Daniel 4:8-9, 18), y siempre como un resultado de que primero era aceptado.

El ritual simbólico enseña que el bautismo del Espíritu Santo bajo la forma de lluvia temprana, es un RESULTADO de estar siendo aceptados en Cristo (por su obediencia perfecta). Ya que la demanda para que el Espíritu Santo sea otorgado es OBEDIENCIA (Hechos 5:32), y esa obediencia es la de Cristo. No puede haber bautismo del Espíritu Santo sin Santuario Celestial y sin el Sacerdocio de Cristo.

Por medio de este ritual simbólico Dios nos enseña que el hombre que acepta la vigencia de la ley (los Diez Mandamientos) es justificado por fe diariamente en base a una justicia ajena a sí mismo (la justicia u obediencia de Cristo). El israelita debía confiar por la fe en algo que esta fuera de sí mismo—el incienso, que simbolizaba una obediencia que estaba completamente fuera de sí mismo—la justicia de Cristo.

PP pg. 365/4 (321.1) – “Al presentar la ofrenda del incienso, el sacerdote se acercaba más directamente a la presencia de Dios que en ningún otro acto de los servicios diarios. Como el velo interior del santuario no llegaba hasta el techo del edificio, la gloria de Dios, que se manifestaba sobre el propiciatorio, era parcialmente visible desde el lugar santo. Cuando el sacerdote ofrecía incienso ante el Señor, miraba hacia el arca; y mientras ascendía la nube de incienso, la gloria divina descendía sobre el propiciatorio y llenaba el lugar santísimo, y a menudo llenaba tanto las dos divisiones del santuario que el sacerdote se veía obligado a retirarse hasta la puerta del tabernáculo. Así como en ese servicio simbólico el sacerdote miraba por medio de la fe el propiciatorio que no podía ver, igualmente el pueblo de Dios ha de dirigir sus oraciones a Cristo, su gran Sumo Sacerdote, quien invisible para el ojo humano, está intercediendo en su favor en el santuario celestial.”

PP pg. 365/1 (320.4) – “El servicio diario consistía en el holocausto matutino y el vespertino, en el ofrecimiento del incienso en el altar de oro y de los sacrificios especiales por los pecados individuales. Además, había sacrificios para los sábados, las lunas nuevas y las fiestas especiales.”

PP pg. 365/2 (320.5) – “Cada mañana y cada tarde, se ofrecía sobre el altar un cordero de un año, con las oblaciones apropiadas de presentes, para simbolizar la consagración diaria a Dios de toda la nación y su constante dependencia de la sangre expiatoria de Cristo. Dios les indicó expresamente que toda ofrenda presentada para el servicio del santuario debía ser ‘sin defecto’ (Éxodo 12:5). Los sacerdotes debían examinar todos los animales que se traían como sacrificio, y rechazar los defectuosos. Solo una ofrenda “sin defecto” podía simbolizar la perfecta pureza de Aquel que había de ofrecerse como ‘cordero sin mancha y sin contaminación’ (1 Pedro 1:19).”

El animal a sacrificar, además de ser un sacrificio, era también una ofrenda—pues debía ser sin defecto alguno. Esta simbólica perfección apuntaba a la perfección de Cristo: una perfección que va más allá de su vida de obediencia perfecta, pues incluye también su naturaleza sin mancha de pecado—“un cordero sin mancha y sin contaminación.” Para poder ser nuestro SUSTITUTO EN LA VIDA, debía ser nuestro sustituto desde el vientre—y ser engendrado por Dios mismo para ser engendrado sin mancha de pecado (Lucas 1:35), a diferencia de todo descendiente de Adán que es engendrado con una naturaleza pecaminosa y por ende: bajo condenación, pues la Ley condena también nuestro estado de ser.

Así como con la ofrenda del incienso, el trabajo del sacerdote empezaba en el atrio y no terminaba allí, sino que continuaba dentro del santuario—en el lugar santo, así también con el sacrificio por los pecados, el trabajo del sacerdote empezaba en el atrio (donde era sacrificado el animal) y no terminaba allí, sino que continuaba dentro del santuario—en el lugar santo.

PP pg. 367/3 (322.3) – “La parte más importante del servicio diario era la que se realizaba en favor de los individuos. El pecador arrepentido traía su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y colocando la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados; así, en un sentido figurado, los trasladaba de su propia persona a la víctima inocente. Con su propia mano mataba entonces el animal, y el sacerdote llevaba la sangre al lugar santo y la rociaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido. Con esta ceremonia y en un sentido simbólico, el pecado era trasladado al santuario por medio de la sangre. En algunos casos no se llevaba la sangre al lugar santo; sino que el sacerdote debía comer la carne, tal como Moisés ordenó a los hijos de Aarón, diciéndoles: ‘Os la dio para llevar el pecado de la comunidad’ (Levítico 10:17). Las dos ceremonias simbolizaban igualmente el traslado del pecado del hombre arrepentido al santuario.”

El Servicio Diario terrenal nos enseña que NO HAY PERDÓN DE PECADOS en el ACTO del sacrificio que se realizaba en el atrio. Todavía hacía falta el trabajo del sacerdote y el lugar de trabajo: el santuario. El sacerdote era el único autorizado a entrar dentro del santuario llevando el medio—que era la sangre del animal sacrificado. El sacerdote debía rociar la sangre en el velo que separaba el lugar santo del santísimo, pues detrás del velo se encontraba el DECALOGO—la única ley que define qué es pecado. Por medio de este acto, el pecado que había sido trasladado figurativamente del pecador al animal para sacrificar, era por medio de la sangre y gracias al trabajo del sacerdote trasladado figurativamente al santuario. Es decir: para que el pecado del israelita pudiera ser perdonado, era necesario que ese pecado sea trasladado al santuario. Y era trasladado gracias al animal sustituto, a su sangre, al trabajo del sacerdote y gracias al santuario. Sin estos elementos no puede haber perdón de pecados.

Este ceremonial nos enseña que en la cruz NO HUBO PERDON DE PECADOS y TAMPOCO HUBO JUSTIFICACION. Si bien una justificación y un perdón de pecados como un solo paquete sin hacer distinción entre la ofrenda y el sacrificio, y además completos ambos en la cruz fue una verdad presente para los Reformadores en el siglo XVI—hoy ya no vivimos en el siglo XVI, y esto ya no es verdad presente para la iglesia de Laodicea.

La verdad presente para nosotros, a partir de 1844, es una justificación diaria con Sacerdocio de Cristo, justicia de Cristo y con Santuario Celestial. Se trata de un perdón de pecados diario con Sacerdocio de Cristo, sangre de Cristo y con Santuario Celestial. Nuestros pecados deben ser transferidos diariamente al Santuario Celestial, para que—así como ocurría en el día de juicio simbólico—nuestros pecados puedan ser expiados o borrados de nuestros registros en el día del JUICIO.

PP pg. 367/1 (322.1) – “Las horas designadas para el sacrificio matutino y vespertino se consideraban sagradas, y llegaron a observarse como momentos dedicados al culto por toda la nación judía. Y cuando en tiempos posteriores los judíos fueron diseminados como cautivos en distintos países, aun entonces a la hora indicada dirigían el rostro hacia Jerusalén, y elevaban sus oraciones al Dios de Israel. En esta costumbre, los cristianos tienen un ejemplo para su oración matutina y vespertina. Si bien Dios condena la mera ejecución de ceremonias que carezcan del espíritu de culto, mira con gran satisfacción a los que lo aman y se postran de mañana y tarde, para pedir el perdón de los pecados cometidos y las bendiciones que necesitan.”

Esas “bendiciones que necesitamos” diariamente, tanto de maña como tarde, es que seamos justiciados, perdonados, y que se nos conceda al Espíritu Santo para que pueda escribir la Ley en nuestras mentes y corazones, y para que siembre en nosotros los frutos del espíritu (Gálatas 5:22-23), para que así podamos estar capacitados para obedecer y andar en el camino de la genuina santificación.

PP pg. 366/2 (321.3) – “Mientras de mañana y de tarde los sacerdotes entraban en el lugar santo a la hora del incienso, el sacrificio diario estaba listo para ser ofrecido sobre el altar de afuera, en el atrio. Esta era una hora de intenso interés para los adoradores que se congregaban ante el tabernáculo. Antes de acercarse a la presencia de Dios por medio del ministerio del sacerdote, debían hacer un ferviente examen de sus corazones y luego confesar sus pecados. Se unían en oración silenciosa, con los rostros vueltos hacia el lugar santo. Así sus peticiones ascendían con la nube de incienso, mientras la fe aceptaba los méritos del Salvador prometido a quien simbolizaba el sacrificio expiatorio.”

PP pg. 367/2 (322.2) – “El pan de la proposición se conservaba siempre ante la presencia del Señor como una ofrenda perpetua. De manera que formaba parte del sacrificio diario, y se llamaba el pan de la proposición’ o el pan de la presencia, porque estaba siempre ante el rostro del Señor. Lo dicho en Éxodo 25:30 era un reconocimiento de que el hombre depende de Dios tanto para su alimento temporal como para el espiritual, y de que se lo recibe únicamente gracias a la mediación de Cristo. En el desierto Dios había alimentado a Israel con el pan del cielo, y el pueblo seguía dependiendo de su generosidad, tanto en lo referente a las bendiciones temporales como a las espirituales. El maná, así como el pan de la proposición, simbolizaba a Cristo, el pan viviente, quien está siempre en la presencia de Dios para interceder por nosotros. Él mismo dijo: ‘Yo soy el pan de vida […] que desciende del cielo’ (Juan 6:48-51). Sobre el pan se ponía incienso. Cuando se cambiaba cada sábado, para reemplazarlo por pan fresco, el incienso se quemaba sobre el altar como recordatorio delante de Dios.”

El Servicio Diario terrenal era para el israelita un servicio de preparación para enfrentar el Servicio Anual o Día de Juicio, y era un servicio que además le enseñaba al israelita a confiar en la ofrenda y el sacrificio—como todo suficiente para satisfacer las demandas de la Ley, tanto para ser aceptado como para ser perdonado. El israelita también debía aprender a confiar en el trabajo del sacerdote, en el lugar de trabajo del sacerdote que era el santuario y en la misericordia de Dios (Joel 2:13; Éxodo 34:6). El Servicio Diario le aseguraba al israelita:

  1. Aceptación o Justificación diaria cuando el sacerdote quemaba el incienso dentro del santuario dos veces al día (Éxodo 30:7-8; Ezequiel 20:41).
  2. Perdón de pecados confesados diarios cuando el sacerdote rociaba la sangre del Sustituto en el segundo velo (Levítico 4:16-17,20).
  3. Bautismo diario del Espíritu Santo cuando el sacerdote aumentaba a las lámparas en el lugar santo (Éxodo 30:7-8; Levítico 24:1-4; Salmo 51:10-11).

Así el verdadero israelita estaba preparado para el Servicio Anual.

PP pg. 368/1 (323.1) – “Esta (el servicio diario) era la obra que se hacía diariamente durante todo el año. Con el traslado de los pecados de Israel al santuario, los lugares santos quedaban manchados, y se hacía necesaria una obra especial para quitar de allí los pecados. Dios ordenó que se hiciera expiación para cada una de las sagradas divisiones lo mismo que para el altar. ‘Así lo limpiará y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel’ (Levítico 16:19).”

El Servicio Anual

PP pg. 368/2 (323.2) – “Una vez al año, en el gran día de la expiación, el sacerdote entraba en el lugar santísimo para limpiar el santuario. La obra que se llevaba a cabo allí completaba el ciclo anual de ceremonias.”

PP pg. 364/5 (320.3) – “Ningún ojo mortal excepto el del sumo sacerdote debía mirar el interior del lugar santísimo. Solo una vez al año podía entrar allí el sumo sacerdote, y eso después de la preparación más cuidadosa y solemne. Temblando, entraba para presentarse ante Dios, y el pueblo en reverente silencio esperaba su regreso, con los corazones elevados en fervorosa oración para pedir la bendición divina. Ante el propiciatorio, el sumo sacerdote hacía expiación por Israel; y en la nube de gloria, Dios se encontraba con él. Si su permanencia en dicho sitio duraba más del tiempo acostumbrado, el pueblo sentía temor de que, a causa de los pecados de ellos o de él mismo, lo hubiera matado la gloria del Señor.”

SumoSacerdoteTerrenalJuicio
Sumo Sacerdote terrenal en el día del juicio simbólico.

Cuando llegaba el 10 de mes séptimo (Levítico 23:27; 16:29), el día de la expiación, el israelita debía seguir confiando en la ofrenda—como toda suficiente para satisfacer los requerimientos de la Ley de Dios para que su nombre se conserve en el Libro de la Vida, aunque sea como una promesa—y el sacrificio—como todo suficiente para satisfacer la condenación de la Ley para que sus pecados perdonados sean borrados en promesa, y en este día en el trabajo del sumo sacerdote (Levítico 16:2), en el lugar de trabajo—el lugar santísimo, y en la misericordia de Dios Padre. El israelita debía seguir confiando en el acto del Sumo Sacerdote de quemar incienso (Levítico 16:12-13) y en el acto de rociar la sangre sobre el propiciatorio (Levítico 16:15-16).

Tanto el trabajo del sacerdote en el servicio diario terrenal, como el trabajo del sumo sacerdote en el servicio anual, eran sólo una representación del Sacerdocio de Cristo (Hebreos 7:24). En el Santuario Celestial, Cristo también está haciendo Servicio Diario Celestial (Romanos 3:24) para los creyentes vivos (Isaías 38:18-19), y Día de Juicio para los que ya han pasado al descanso.

Si no hubiese habido un traslado de pecados, por medio de la sangre, al santuario, no hubiese tenido sentido alguno que hubiera un día de “purificación” del santuario. El santuario debía ser purificado de todos los pecados que habían sido transferidos al santuario. UNICAMENTE los pecados que habían sido transferidos al santuario podían ser expiados o borrados. De igual manera, en la realidad del Santuario Celestial, si nuestros pecados HOY no son transferidos al Santuario Celestial en virtud de la sangre de Cristo, entonces en el día del JUICIO no serán borrados.

Es por esto que al cuerno pequeño le conviene una predicación popular con “perdón y justificación en la cruz”—porque Satanás no quiere que nuestros pecados sean borrados en ocasión del Juicio de Vivos, para que no recibamos la lluvia tardía en virtud de la justicia de Cristo y para que no podamos dar el fuerte pregón.

PP pg. 369/3 (323.5) – “Mediante este servicio anual se enseñaban al pueblo importantes verdades acerca de la expiación. En la ofrenda por el pecado que se ofrecía durante el año, se había aceptado un sustituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no había completado expiación por el pecado. No había previsto más que un medio en virtud del cual el pecado se transfería al santuario. Al ofrecerse la sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba la culpa de su transgresión y expresaba su fe en Aquel que había de quitar los pecados del mundo; pero no quedaba completamente exonerado de la condenación de la ley.

“El día de la expiación, el sumo sacerdote, llevando una ofrenda por la congregación, entraba en el lugar santísimo con la sangre y la rociaba sobre el propiciatorio, encima de las tablas de la ley. En esa forma los requerimientos de la ley, que exigían la vida del pecador, quedaban satisfechos. Entonces, en su carácter de mediador, el sacerdote tomaba los pecados sobre sí mismo, y salía del santuario llevando sobre él la carga de las culpas de Israel. A la puerta del tabernáculo ponía las manos sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel, y confesaba ‘sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones y todos sus pecados. Así los pondrá sobre la cabeza del macho cabrío’. Y cuando el macho cabrío que llevaba estos pecados era conducido al desierto, se consideraba que con él se alejaban para siempre del pueblo. Este es el servicio definido como ‘figura y sombra de las cosas celestiales’ (Hebreos 8:5).”

Es necesario diariamente congregarnos al Santuario Celestial para poder ser perdonados en virtud de la sangre de Cristo, para poder ser justificados en Cristo y poder recibir la lluvia temprana, para obtener los dones de Gálatas 5:22, y para que el Espíritu Santo cumpla la promesa del nuevo pacto (Hebreos 8:10): y escriba la Ley en nuestra mente y corazón, para que así aprendamos a andar con Dios.

Esta es la verdad presente que el dios de este siglo quiere mantener bajo tierra, a fin de desviar al hombre por una vía equivocada de desobediencia—ya sea abierta o encubierta.

2 Corintios 4:4 – “En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

La lluvia tardía debe ser dada luego de que los pecados sean borrados (Hechos 3:19) y los pecados son borrados UNICAMENTE luego de haber pasado el juicio (Levítico 16:16).

Hechos 3:19-20 – “Así que, arrepentíos y convertíos (SERVICIO DIARIO), para que sean borrados vuestros pecados (DIA DE JUICIO); pues que vendrán los tiempos de refrigerio de la presencia del Señor (LLUVIA TARDIA a los que pasaron el juicio). Y enviará a Jesucristo, que os fue antes anunciado (LOS QUE RECIBIERON LLUVIA TARDIA – APROBADOS EN EL JUICIO – ESTAN PREPARADOS PARA LA SEGUNDA VENIDA).”

Entonces, HOY debemos pedir por la lluvia temprana que nos preparará para el JUICIO DE VIVOS que antecede a la segunda venida de Cristo. Y debemos recibir el bautismo diario del Espíritu Santo para poder andar en el camino de la santificación verdadera, como resultado de haber sido justificados diariamente en virtud de la obediencia perfecta y perpetua de Cristo.

El ritual simbólico enseña claramente que en el Día del Juicio, el israelita no confiaba en su propia obediencia, sino que seguía confiando en lo que confió desde un principio: el incienso—la justicia de Cristo, y la sangre del sacrificio—la sangre derramada en la cruz. Y así como en virtud de la justicia de Cristo se nos otorga diariamente la lluvia temprana, cuando comience el Juicio de Vivos, los que salgan aprobados en virtud de la justicia de Cristo recibirán la lluvia tardía para poder dar el fuerte pregón hasta el fin del tiempo de gracia para el mundo entero.

TM pg. 506.2 – “Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

Es completamente inútil pues, pretender orar hoy por la lluvia tardía, si no hemos recibido nunca la lluvia tardía, y ni siquiera comprendemos cómo se recibe la lluvia temprana y tardía. Al orar ignorantemente por la lluvia tardía estarías pidiendo que ya de una vez Dios tome nuestro caso y, al estar desprovistos de la justicia de Cristo, seamos hallados faltos. En otras palabras: estaríamos pidiendo la muerte segunda.

TM pg. 507.1 – “Muchos, en gran medida, han dejado de recibir la lluvia temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos por medio de ella. Esperan que la deficiencia sea suplida por la lluvia tardía.”

PP pg. 371/3 (325.2) – “Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a dar comienzo a su obra como nuestro Sumo Sacerdote. El apóstol Pablo dice: ‘No entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios’ (Hebreos 9:24). Como el ministerio de Cristo iba a consistir en dos grandes divisiones, ocupando cada una un período de tiempo y teniendo un sitio distinto en el santuario celestial, asimismo el culto simbólico consistía en el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se dedicaba una sección del tabernáculo.

“Como Cristo, después de su ascensión, compareció ante la presencia de Dios para ofrecer su sangre en beneficio de los creyentes arrepentidos, así el sacerdote rociaba en el servicio diario la sangre del sacrificio en el lugar santo en favor de los pecadores.

“Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador arrepentido de la condenación de la ley, no anulaba el pecado; este queda registrado en el santuario hasta la expiación final; así en el símbolo, la sangre de la víctima quitaba el pecado del arrepentido, pero quedaba en el santuario hasta el día de la expiación.

“En el gran día del juicio final, los muertos han de ser juzgados ‘por las cosas que’ están ‘escritas en los libros, según sus obras’ (Apocalipsis 20:12). Entonces por el poder de la sangre expiatoria de Cristo, los pecados de todos los que se hayan arrepentido sinceramente serán borrados de los libros celestiales. En esta forma el santuario será liberado, o limpiado, de los registros del pecado. En el símbolo, esta gran obra de expiación, o el acto de borrar los pecados, estaba representada por los servicios del día de la expiación, o sea de la purificación del santuario terrenal, la cual se realizaba en virtud de la sangre de la víctima y por la eliminación de los pecados que lo manchaban.

“Así como en la expiación final los pecados de los arrepentidos han de borrarse de los registros celestiales, para no ser ya recordados, en el símbolo terrenal eran enviados al desierto y separados para siempre de la congregación.

Azazel
Macho cabrío que representa a satanás es enviado a tierra deshabitada y desolada (al desierto).

“Puesto que Satanás es el originador del pecado, el instigador directo de todos los pecados que causaron la muerte del Hijo de Dios, la justicia exige que Satanás sufra el castigo final. La obra de Cristo en favor de la redención del hombre y la purificación del pecado del universo, será concluida cuando se saque el pecado del santuario celestial y sea colocado sobre Satanás, quien sufrirá el castigo final. Así en el servicio simbólico, el ciclo anual del ministerio se completaba con la purificación del santuario y la confesión de los pecados sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel.

“De este modo, en el servicio del tabernáculo, y en el del templo que posteriormente ocupó su lugar, se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la muerte y al ministerio de Cristo, y una vez al año sus pensamientos eran llevados hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, y hacia la purificación final del universo, que lo limpiará del pecado y de los pecadores.”

DiaDeJuicio

Conclusión

PP pg. 383/2 (337.4) – “La ley ceremonial fue dada por Cristo. Aun después de ser abolida, Pablo la presentó a los judíos en su verdadero marco y valor, mostrando el lugar que ocupaba en el plan de la redención, así como su relación con la obra de Cristo; y el gran apóstol declara que esta ley es gloriosa, digna de su divino Originador.

El solemne servicio del santuario representaba las grandes verdades que iban a ser reveladas a través de las siguientes generaciones. La nube de incienso que ascendía con las oraciones de Israel representaba su justicia, que es lo único que puede hacer aceptable ante Dios la oración del pecador; la víctima sangrante en el altar del sacrificio daba testimonio del Redentor que había de venir; y el lugar santísimo irradiaba la señal visible de la presencia divina. Así, a través de siglos y siglos de tinieblas y apostasía, la fe se mantuvo viva en los corazones humanos hasta que llegó el tiempo del advenimiento del Mesías prometido.”

La ley ceremonial, y en especial el solemne servicio del santuario, sirven para revelar a los hombres las grandes verdades que debemos aprender para poder ser salvos y poder ser beneficiados por el plan de redención trazado por Dios. El servicio del santuario terrenal revela al hombre cómo es justificado, cómo es perdonado, y cómo puede recibir al Espíritu Santo. El servicio del santuario revela la vigencia de los Diez Mandamientos, y la importancia del trabajador y de su lugar de trabajo, es decir: la importancia de la Ley, del Evangelio, del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo y del Santuario Celestial.

El ritual simbólico nos enseña que, así como el israelita era justificado diariamente en base a una justicia fuera de sí mismo, gracias al trabajo de otro hombre y en un lugar específico, nosotros hoy debemos ser justificados diariamente en base a una justicia ajena a nosotros—la justicia de Cristo—y gracias al trabajo de Cristo como Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, y gracias a la misericordia de Dios Padre que acepta al inaceptable en Cristo Señor nuestro.

Además el israelita era perdonado en base a una muerte sustitutiva diariamente, y gracias al trabajo de otro hombre y en un lugar específico. Esto también nos enseña que hoy somos perdonados diariamente en virtud de la sangre de Cristo que fue derramada en la cruz. Diariamente debemos confesar nuestros pecados para que estos puedan ser transferidos al Santuario Celestial y para que puedan ser expiados o borrados en el Juicio.

Diariamente, y en virtud de la justicia de Cristo, debemos pedir por el bautismo del Espíritu Santo bajo la forma de la lluvia temprana. El Consolador debe venir a habitar en nosotros para escribir la Ley en nuestras mentes y nuestros corazones, y debe sembrar los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23. Capacitados con el poder divino debemos ejercer nuestro esfuerzo humano para poder andar en el camino de la santificación verdadera como un resultado de la justificación en Cristo.

En ocasión del Juicio debemos seguir confiando en lo mismo: la justicia de Cristo para que nuestros nombres sean conservados en el Libro de la Vida, y la sangre de Cristo para que nuestros pecados previamente perdonados puedan ser borrados de nuestros registros de malas obras y transferidos a la cuenta de Satanás. También en virtud de la justicia de Cristo se nos concederá la lluvia tardía para que con este poder podamos dar el fuerte pregón mientras dure el Juicio de Vivos hasta que Cristo termine su obra en el Santuario Celestial (Apocalipsis 22:11).

PP pg. 385/3 (339.3) – “Dios llamó a Israel, lo bendijo y lo exaltó, no para que mediante la obediencia a su ley recibiera él solo su favor y fuera beneficiario exclusivo de sus bendiciones; sino para revelarse por medio de él a todos los habitantes de la tierra. Para poder alcanzar este propósito, Dios le ordenó que fuera diferente de las naciones idólatras que lo rodeaban.

“La idolatría y todos los pecados que la acompañaban eran abominables para Dios, y ordenó a su pueblo que no se mezclara con las otras naciones, ni hiciera ‘como ellos hacen’ (Éxodo 23:24), para que no se olvidaran de Dios. Les prohibió el matrimonio con los idólatras, para que sus corazones no se apartaran de él… Debían mantenerse libres del espíritu mundano, porque este se opone a la verdad y la justicia. Pero Dios no quería que su pueblo, creyendo tener la exclusividad de la justicia, se apartara del mundo al punto de no poder ejercer influencia alguna sobre él.

“Como su Maestro, los seguidores de Cristo debían ser en todas las edades la luz del mundo. El Salvador dijo: ‘Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa’, es decir, el mundo. Y agrega: ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mateo 5:14-16). Esto es exactamente lo que hicieron Enoc, Noé, Abraham, José y Moisés. Y es precisamente lo que Dios quería que hiciera su pueblo Israel.

“Fue su propio corazón malo e incrédulo, dominado por Satanás, lo que los llevó a ocultar su luz en vez de irradiarla sobre los pueblos circunvecinos; fue ese mismo espíritu fanático lo que los hizo seguir las prácticas inicuas de los paganos, o encerrarse en un orgulloso exclusivismo, como si el amor y el cuidado de Dios fueran únicamente para ellos.”

DMJ pg. 45.2 – “Fue el Creador de los hombres, el Dador de la ley, quien declaró que no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el bienestar del universo. Antes que se creara la tierra existía la ley de Dios. Los ángeles se rigen por sus principios y, para que este mundo esté en armonía con el cielo, el hombre también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer al hombre en el Edén los preceptos de la ley, ‘cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios’ (Job 38:7). La misión de Cristo en la tierra no fue abrogar la ley, sino hacer volver a los hombres por su gracia a la obediencia de sus preceptos.

“El discípulo amado, que escuchó las palabras de Jesús en el monte, al escribir mucho tiempo después, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se refirió a la ley como a una norma de vigencia perpetua. Dice que ‘el pecado es infracción de la ley’, y que ‘todo aquel que comete pecado, infringe también la ley’ (1 Juan 3:4). Expresa claramente que la ley a la cual se refiere es ‘el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio’ (1 Juan 2:7). Habla de la ley que existía en la creación y que se reiteró en el Sinaí.

“Al hablar de la ley, dijo Jesús: ‘No he venido para abrogar, sino para cumplir’. Aquí usó la palabra ‘cumplir’ en el mismo sentido que cuando declaró a Juan el Bautista su propósito de ‘cumplir toda justicia’ (Mateo 3:15), es decir, llenar la medida de lo requerido por la ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de Dios.

“Su misión era ‘magnificar la ley y engrandecerla’ (Isaías 42:21). Debía enseñar la espiritualidad de la ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua. La belleza divina del carácter de Cristo, de quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo; de quien escribió Salomón, por el Espíritu de inspiración, que es el ‘señalado entre diez mil… y todo él codiciable’ (Cantares 5:10-16); de quien David, viéndolo en visión profética, dijo: ‘Más hermoso eres que los hijos de los hombres’ (Salmos 45:2); Jesús, la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación viva del carácter de la ley de Dios. En su vida se manifestó el hecho de que el amor nacido en el cielo, los principios fundamentales de Cristo, sirven de base a las leyes de rectitud eterna.”

DMJ pg. 47.1 – “Dado que la ley del Señor es perfecta y, por lo tanto, inmutable, es imposible que los hombres pecaminosos satisfagan por sí mismos la medida de lo que requiere. Por eso vino Jesús como nuestro Redentor. Era su misión, al hacer a los hombres participes de la naturaleza divina, ponerlos en armonía con los principios de la ley del cielo. Cuando renunciamos a nuestros pecados y recibimos a Cristo como nuestro Salvador, la ley es ensalzada. Pregunta el apóstol Pablo: ‘¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley’ (Romanos 3:31).

“La promesa del nuevo pacto es: ‘Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré’ (Hebreos 10:16). Mientras que con la muerte de Cristo iba a desaparecer el sistema de los símbolos que señalaban a Cristo como Cordero de Dios que iba a quitar el pecado del mundo, los principios de justicia expuestos en el Decálogo son tan inmutables como el trono eterno. No se ha suprimido un mandamiento, ni una jota o un tilde se ha cambiado. Estos principios que se comunicaron a los hombres en el paraíso como la ley suprema de la vida existirán sin sombra de cambio en el paraíso restaurado. Cuando el Edén vuelva a florecer en la tierra, la ley de amor dada por Dios será obedecida por todos debajo del sol.”

En la cruz quedó clavada la ley ceremonial, con sus fiestas y sábados ceremoniales. Pero el Decálogo permanece eterno e inmutable, como norma de juicio y de conducta para siempre. Pero, debido a nuestra condición incapaz de amar y de obedecer, y debido a nuestra naturaleza pecaminosa, no podemos obedecer una Ley que en realidad odiamos. Es necesario que los principios del amor sean implantados en nosotros para que por nuestro esfuerzo humanos podamos desarrollarlos. Es necesario que un Sustituto haya vivido una vida que no hemos vivido, y experimente una muerte que no hemos experimentado. Es necesario que un Mediador intervenga para poder interceder por nosotros. Y ese Mediador debe presentarse por nosotros, con su vida y con su sangre, diariamente para que diariamente podamos recibir los dones de su gracia.

2JT pg. 340.1 – “Las opiniones deficientes que tantos han sostenido acerca del exaltado carácter y oficio de Cristo han estrechado su experiencia religiosa y han impedido grandemente su progreso en la vida divina. La religión personal está en un nivel muy bajo entre nosotros como pueblo. Hay mucha forma, mucha maquinaria, mucha religión de la lengua; pero algo más profundo y sólido debe penetrar en nuestra experiencia religiosa. Con todas nuestras facilidades, nuestras casas editoras, colegios, sanatorios y muchísimas otras ventajas, debiéramos estar mucho más adelantados.

Por los méritos de Cristo, por su justicia que nos es imputada por la fe, debemos alcanzar la perfección del carácter cristiano. Se presenta nuestra obra diaria y de cada hora en las palabras del apóstol: ‘Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús’ (Hebreos 12:2). Mientras hagamos esto, nuestro intelecto se esclarecerá, nuestra fe se fortalecerá y se confirmará nuestra esperanza; nos embargará de tal manera la visión de su pureza y hermosura, y el sacrificio que ha hecho para ponernos de acuerdo con Dios, que no tendremos disposición para hablar de dudas y desalientos.”

Es por la fe que se engendra la vida espiritual, pues primeramente debemos ser justificados en virtud de la justicia de Cristo, para que podamos recibir la lluvia temprana que nos capacitará para aprender a amar y a obedecer la Ley que naturalmente odiamos y somos totalmente incapaces, por nosotros mismos, de obedecer.

DTG pg. 73.2 – “El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abrahán y el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad que somos tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros mismos somos incapaces de hacer bien; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma Sumisa y creyente. Fue mediante la fe como fue dado el hijo de la promesa. Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados para hacer las obras de justicia.”

Amén. Que Dios los bendiga.

Para un estudio más detallado sobre el Santuario Celestial recomendamos ver: el Estudio Completo del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo.

Un comentario

  1. Muy muy bueno el estudio bendiciones hermanos ,y pongamonos en la misma posición que Nehemías siendo leales al Señor

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