Estudio sobre – La Lealtad

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Prólogo

“Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.”

(Apocalipsis 14:7)

“Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, este también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira…”

(Apocalipsis 14:9-10)

Como ya hemos analizado en el estudio acerca de La Adoración, el mensaje de los tres ángeles nos indica claramente que el conflicto final, al cual nos estamos dirigiendo aceleradamente, va a girar en torno a la palabra ADORAR.

Mientras que una minoría va a adorar a Cristo (Apocalipsis 14:7), la gran mayoría va a adorar a la bestia de Apocalipsis 13:1-10 y a su imagen de Apocalipsis 13:15-17 (Apocalipsis 14:9-10).

También es importante recalcar que no se debe confundir a la segunda bestia de Apocalipsis 13:11 con la imagen de la bestia de Apocalipsis 13:15-17—no son lo mismo.

La segunda bestia representa un poder político (EEUU), mientras que la imagen de la bestia se encuentra dentro del territorio geográfico de la segunda bestia, pero representa un poder religioso (protestantismo apóstata).

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La bestia de Apocalipsis 13:1-10 representa a un gigantesco sistema de falsa religión (el papado), un poder político y religioso. Esta bestia es el cuerno pequeño de Daniel capítulos 7 y 8; es el asolador/desolador de Daniel 9:27; es el anticristo de 1 Juan capítulo 4; es el misterio de iniquidad, el inicuo, el hombre de perdición del cual nos advertía el apóstol Pablo en 2 Tesalonicenses capítulo 2.

De acuerdo a la profecía, la imagen de la bestia debe formarse dentro del territorio geográfico de los Estados Unidos de América.

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HR pg. 400.3 – “Mediante esa primera bestia se representa a la Iglesia Romana, una organización eclesiástica investida de poder civil, con autoridad para castigar a los disidentes. La imagen de la bestia representa otra organización religiosa investida de poderes similares.

La formación de esa imagen es obra de la bestia (la segunda) cuyo pacífico surgimiento y disposición aparentemente bondadosa hacen de ella un notable símbolo de los Estados Unidos. Aquí se puede encontrar una imagen del papado.

Cuando las iglesias de nuestro país, al unirse en puntos de fe que les son comunes, influyan sobre el estado para que imponga sus decretos y apoye sus instituciones, entonces los Estados Unidos, país protestante, habrán formado una imagen de la jerarquía romana. Entonces la verdadera iglesia será objeto de persecución, como lo fue el antiguo pueblo de Dios.”

Es importante también entender que no se debe confundir al papado con el papa. El papa Francisco no es la bestia. Él es la actual cabeza visible de la bestia. De igual manera, Donald Trump no es la segunda bestia. Él es la cabeza visible actual de la segunda bestia de Apocalipsis 13. La primera bestia (el papado) tiene poder político y religioso. La segunda bestia (EEUU) tiene poder político. La imagen de la bestia (protestantismo apóstata) tiene poder religioso. La imagen de la bestia se forma el momento en que ese poder religioso se una para influir sobre el poder político para que este poder civil imponga un decreto católico romano (la ley dominical).

Tal como escribió la sierva del Señor, la imagen de la bestia se trata de una “organización religiosa.”

La iglesia apostólica o iglesia primitiva, como se quiera llamar, aquella que dejó Cristo establecida antes de partir al Santuario Celestial, tenía la misión de evangelizar al mundo, sin meterse en asuntos de política. La iglesia apostólica solo debía tratar asuntos de fe, sin meterse con el estado. Luego de que la iglesia primitiva apostatara de su fe, fue entonces que se empezó a meter en asuntos políticos, pues al perder el poder del Espíritu Santo, trató de suplir este poder divino con un poder terrenal: el poder político. ¿Y para qué empleó el poder civil? Para castigar a todos aquellos que esta iglesia apóstata considerara “disidentes.” ¿Y quiénes son los disidentes para esta iglesia apóstata? Todos aquellos que no se adhieren a sus dogmas, doctrinas, y a su sistema de culto.

Luego de que la iglesia primitiva apostatara y naciera lo que hoy se conoce como iglesia católica, los verdaderos cristianos se convirtieron en disidentes, dignos de persecución.

Después de varios siglos de reinado de esa iglesia apóstata, Dios suscitó hombres que formaron la iglesia protestante—un grupo de hombres que debía evangelizar nuevamente, sin la ayuda del poder civil.

A través de todos los tiempos, los hombres religiosos carentes del poder del Espíritu de Dios, han tratado de suplir esta necesidad con la ayuda del poder político. Esta unión entre poder político y religioso es lo que, a lo largo de toda la Biblia, se describe como el espíritu del anticristo. Este mismo espíritu es lo que llevará a la formación de la imagen de la bestia en los Estados Unidos, cuando las iglesias protestantes unidas en puntos comunes de doctrina influyan sobre el poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial de esa nación, para imponer los dogmas católicos y para empezar a perseguir a los “disidentes” que se opongan a ese sistema.

CS pg. 496/3 (438.1) – “Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fue el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la “herejía.”

Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines.”

Los Estados Unidos de América fue fundada como nación bajo dos principios muy importantes:

  1. El Republicanismo.- Libertad civil en asuntos civiles y económicos.
  2. Protestantismo.- Libertad de conciencia en asuntos religiosos.

Se trataba de la primera nación que constitucionalmente se declaraba una República sin rey y sin papa. Cristo era reconocido como el único soberano de la nación y como la única cabeza de la iglesia.

Pero la profecía de Apocalipsis advierte que esta nación va a ir en contra de estos dos principios: en contra de la libertad civil y en contra de la libertad religiosa. Y este “ir en contra” debe establecerse específicamente a través de leyes. Para poder establecer leyes que vayan en contra de estos dos principios, indudablemente la Constitución de los Estados Unidos debe ser modificada.

Estados Unidos, la nación sin religión de estado, debe llegar a establecer una religión de estado.

CS pg. 498/1 (439.3) – “Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes vendrá de por sí sola.

La bestia de dos cuernos ‘hace [ordena] que todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre’ (Apocalipsis 13:16, 17). La amonestación del tercer ángel es: ‘¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!’

‘La bestia’ mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado.

La ‘imagen de la bestia’ representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas.”

Nosotros, por naturaleza, somos adoradores de la bestia o de su imagen. Aparte de aceptar la vigencia de la ley, debemos aceptar la amonestación del Testigo Fiel—nuestra total incapacidad para amar—si es que queremos dejar de ser adoradores del gigantesco sistema de falsa religión.

HAp pg. 439.2 – “El amor divino dirige sus más conmovedores llamamientos al corazón cuando nos pide que manifestemos la misma tierna compasión que Cristo mostró. Solamente el hombre que tiene un amor desinteresado por su hermano, ama verdaderamente a Dios. El verdadero cristiano no permitirá voluntariamente que un alma en peligro y necesidad camine desprevenida y desamparada. No podrá mantenerse apartado del que yerra, dejando que se hunda en la tristeza y desánimo, o que caiga en el campo de batalla de Satanás.”

HAp pg. 439.1 – “‘Un mandamiento nuevo os doy—dijo Cristo:—Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros’ (Juan 13:34). ¡Qué maravillosa declaración! Pero, ¡cuán poco se la práctica! Hoy día en la iglesia de Dios, el amor fraternal falta, desgraciadamente. Muchos que profesan amar al Salvador, no se aman unos a otros. Los incrédulos observan para ver si la fe de los profesos cristianos ejerce una influencia santificadora sobre sus vidas; y son prestos para discernir los defectos del carácter y las acciones inconsecuentes. No permitan los cristianos que le sea posible al enemigo señalarlos diciendo: Mirad cómo esas personas, que se hallan bajo la bandera de Cristo, se odian unas a otras. Todos los cristianos son miembros de una familia, hijos del mismo Padre celestial, con la misma esperanza bienaventurada de la inmortalidad. Muy estrecho y tierno debe ser el vínculo que los une.”

La parábola del fariseo y el publicano, la parábola de las diez vírgenes, la maldición de la higuera, etc., etc.…. A través de toda la Biblia se nos advierte de la demarcación entre el profeso cristiano y el auténtico cristiano.

Para poder llegar a amar verdaderamente a Dios y nuestro prójimo, primero debemos aceptar que por naturaleza odiamos a Dios y odiamos a nuestro prójimo. El que no acepta su condición no puede llegar a ser un verdadero cristiano, así como el enfermo que niega su enfermedad no va a necesitar nunca de la cura que le dará sanación.

No se puede ayudar a un alcohólico, a menos que éste acepta que tiene un problema con el alcohol y acepte que necesita ayuda. De igual manera no se puede ayudar a un hombre pecador y pecaminoso, a menos que se reconozca pecador. No se puede brindar justificación por la fe a un hombre que no reconozca su total incapacidad para amar y para obedecer una ley que naturalmente aborrece. Un hombre tal, jamás necesitará de Cristo, de su justicia, de su sangre, ni de su trabajo en el Santuario Celestial.

Si yo no acepto mi total incapacidad para amar, rechazo la justicia de Cristo—el vestido de boda preparado—y rechazo su sangre. Rechazo también la necesidad de que el Espíritu Santo venga a habitar en mí para subyugar mi inclinación al mal y para sembrar los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23; rechazo que el Espíritu Santo venga a grabar la ley en mi mente y mi corazón (Hebreos 8:10; Jeremías 31:33). Y finalmente rechazo la misericordia de Dios Padre que acepta una vida que no he vivido y una muerte que no he experimentado, y rechazo a mi único Abogado que puede presentar mi caso y ser escuchado ante Dios Padre y ante la santa Ley que se encuentra en el Santuario Celestial—los Diez Mandamientos.

Si acepto que no puedo obedecer la ley de Dios para justificación por mi naturaleza pecaminosa únicamente, pero no incluyendo mi total incapacidad para amar, entonces estoy reconociendo una verdad a medias. Al aceptar una sola parte de la naturaleza humana no se hace distinción entre lo que fue quitado a Adán en ocasión de su caída (dones sobrenaturales) y lo que hemos recibido de nuestros padres (dones naturales). Todo ser humano descendiente de Adán es engendrado sin un solo don sobrenatural—es engendrado con 0% capacidad para amar—y con los dones naturales depravados.

La posición legal de todo descendiente de Adán, como hemos analizado en otros estudios, es de:

  1. Rechazado.
  2. Bajo Condenación.
  3. Separado de Dios.

La posición legal de rechazados tiene que ver tanto con nuestros dones naturales depravados ante la demanda de 1 Pedro 1:15-16, y nuestra falta de dones sobrenaturales ante la demanda de Romanos 2:13. Ya que, en nosotros mismos, no tenemos nada para satisfacer las demandas de la ley, nuestra posición legal de bajo condenación es de muerte eterna (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8). Y el pecado ha hecho una separación entre el hombre y Dios (Isaías 59:2; Hebreos 5:1).

Ante esta posición legal nuestra única esperanza es Cristo. El Hijo de Dios vino a este mundo para poder reparar nuestra posición legal.

La humanidad del Hijo de Dios fue engendrada por el Espíritu Santo (Lucas 1:35), por lo tanto Cristo fue engendrado sin mancha de pecado, sin inclinación al mal, y por lo tanto es nuestro Sustituto desde el vientre y satisface 1 Pedro 1:15-16. Nació sin mancha de pecado, sin inclinación al mal, sin tendencia al mal, y además se mantuvo sin pecado durante su vida, pues a diferencia de nosotros fue engendrado con los dones sobrenaturales: Cristo tenía capacidad para amar (Juan 15:10) y tal como estaba predicho por el rey David, Cristo tenía la ley escrita en su mente y su corazón (Salmos 40:7-8).

Gracias a que Cristo tenía los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23, y gracias a que tenía la ley escrita en su mente y su corazón, Cristo obedeció la ley perfectamente, como hombre y no como Dios (pues como Dios está por encima de la ley), y lo hizo no para sí mismo (pues Él no estaba rechazado, bajo condenación y separado de Dios), sino que lo hizo por todos nosotros descendientes de Adán. Cristo satisfizo todas las demandas de la ley para justificación y además de esto murió la muerte eterna (no la primera que es como un sueño) que nos corresponde a nosotros (Filipenses 2:8). Posteriormente su humanidad resucitó para que tengamos un tal Sumo Sacerdote de entre los hombres (Hebreos 5:1), que pueda interceder por nosotros que estamos separados de Dios y que no merecemos ser escuchados (Isaías 1:15). Cristo es quien merece ser escuchado.

  1. Cristo es nuestro Sustituto en la vida, para sacarnos de nuestra posición legal de rechazados.
  2. Cristo es nuestro Sustituto y Garante en la muerte para sacarnos de nuestra posición legal de bajo condenación.
  3. Cristo es nuestro divino Abogado, Intercesor, Mediador y Representante pues nosotros estamos separados de Dios.

Es por esto que las Escrituras hablan de los creyentes como santos EN CRISTO, hijos de Dios EN CRISTO, justos EN CRISTO, pero NO EN NOSOTROS MISMOS (1 Corintios 1:2; Efesios 1:1; Filipenses 4:21).

En nosotros mismos somos hijos del Diablo (Juan 8:44) y somos todo lo que dice Dios en Romanos 1:29-31, más otros versículos que muchas veces hemos mencionado, los cuales se resumen en la Amonestación del Testigo Fiel de Apocalipsis 3:17.

Lamentablemente nuestro corazón engañoso y depravado (Jeremías 17:9), y nuestro padre el Diablo, nos quieren hacer creer que nacemos “santos inmaculados hijos de Dios” y que no es hasta que “cometemos nuestro primer pecado” que recién estamos bajo condenación. Es tan grande la depravación y la ceguera espiritual de la mente humana, que inclusive se complace en pensar que la “inclinación al mal” no es pecado.

Nuestro Señor Jesús dejó bien claro que la simple intención o inclinación a cometer un pecado, es pecado (Mateo 5:28, 22). Se auto engaña gravemente el que piensa que puede ir al cielo a habitar entre seres santos, entre un Dios santo y ante una ley santa con una pizca de inclinación al mal. La ley condena esa inclinación al mal, esa naturaleza depravada y pecaminosa de la cual estamos contaminados, y es por eso que el apóstol Pablo claramente enseña que nuestra corrupción de la carne que es de continuo al mal debe ser erradicada para que podamos ser transportados al tercer cielo (1 Corintios 15:51-53).

Desde el vientre necesitamos a Cristo, porque desde el vientre estamos rechazados, bajo condenación y separados de Dios. Un padre que no entiende esto, no podrá educar a su hijo para que éste llegue a ser un verdadero hijo de Dios. Ese es el gran peligro de dejarse llevar por el sentimentalismo en lugar de la razón. Ese es el gran peligro de dejar que nuestro oído depravado e incircunciso (Hechos 7:51), al que le gusta oír únicamente cosas halagüeñas (Isaías 30:10), se rehúse a escuchar las amonestaciones y los consejos de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es una espada de gran filo que atraviesa y parte a nuestro grandioso EGO en dos (Hebreos 4:12), pero al mismo tiempo nos muestra la solución a nuestro gran problema. El Espíritu Santo nos convence de pecado, pero luego inmediatamente nos lleva a Cristo.

A nuestro EGO no le gusta escuchar que es hijo del Diablo, que no tiene capacidad para amar, que es un rebelde desde el vientre de su madre (Salmos 58:3), que odia a Dios, que no es un verdadero cristiano sino un simple profeso cristiano. Pero a menos que ese EGO sea subyugado por el Espíritu de Dios, JAMÁS va a necesitar de Cristo. Puede hablar y predicar de Cristo, pero nunca lo necesitará como su Salvador personal. Y si Cristo no se presenta por nosotros ante Dios Padre y ante la ley, estamos perdidos y seremos declarados faltos en el día del juicio final.

El hombre que se quiere presentar ante Dios Padre y ante la ley con su propia “justicia”, con su propia “excelencia”, con su propio “amor” y con su propio vestido de boda, ya tiene la sentencia escrita:

“Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda?… Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 22:12-13)

1MS pg. 367.1 – “Es natural que tengamos un concepto más elevado de nosotros mismos que el que debemos tener. Pero aunque nos es penoso conocernos a nosotros mismos como somos realmente, sin embargo debiéramos orar para que Dios nos revele a nosotros la forma en que él nos ve.

Pero no debiéramos cesar de orar una vez que hayamos pedido sencillamente una revelación de nosotros mismos. Debiéramos orar para que Jesús nos sea revelado como un Salvador que perdona los pecados. Cuando vemos a Jesús tal como es, debieran despertarse en nuestro corazón deseos fervientes de ser librados del yo para poder ser llenos con toda la plenitud de Cristo. Cuando experimentemos esto, nos haremos el bien mutuamente, y usaremos todos los medios a nuestro alcance para llegar a la piedad. Debemos limpiar nuestra alma de toda inmundicia de la carne y del espíritu, y perfeccionar la santidad en el temor de Dios.”

“Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros.” (Hechos 7:51)

Haríamos bien en recordar esas últimas palabras del apóstol Esteban, justo antes de morir apedreado, justo cuando estaba a punto de predicar acerca del Santuario Celestial y del Ministerio Sacerdotal Celestial de Cristo (Hechos 7:49). Pero como el ser humano religioso es adorador de sus sinagogas y templos humanos donde busca salvación por medio de ritos y costumbres, la idea de que nuestra verdadera congregación es en un lugar en el cielo le parece aborrecible.

Nosotros también habríamos apedreado a Esteban si hubiera venido a nuestros “templos” a predicar sobre el Santuario Celestial y de esta manera insultar a nuestro ídolo de cuatro paredes. Eso tengámoslo por seguro.

 

La Lealtad

El apóstol Santiago habla de la ley de Dios como una ley de libertad (Santiago 2:12; 1:25). Pero para el ser humano, la ley de Dios es una esclavitud, es una carga pesada, es una serie de restricciones malvadas por un Juez Severo; pues el ser humano no quiere libertad, sino que quiere libertinaje, que es algo completamente distinto. El hombre sueña con salvarse en la práctica del pecado. El hombre sueña con la corona del mundo y la corona del cielo al mismo tiempo; no quiere despertarse a la realidad que es totalmente imposible obtener las dos coronas. Sólo se puede obtener una.

En la crisis final se verá probada la lealtad a la ley de Dios. Y esa lealtad se manifestará en obediencia a la ley, en particular al cuarto mandamiento.

CS pg. 663/1 (591.2) – “El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven.

Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en obedecimiento a la ley del estado y en oposición al cuarto mandamiento, será una declaración de obediencia a un poder que está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo (sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la lealtad al Creador. Mientras que una clase de personas, al aceptar el signo de la sumisión a los poderes del mundo, recibe la marca de la bestia, la otra, por haber escogido el signo de obediencia a la autoridad divina, recibirá el sello de Dios.”

Ahora todos profesamos ser obedientes y leales a Dios. Pero cuando sea una cuestión de vida o de muerte guardar el sábado del cuarto mandamiento, entonces será probada la lealtad de los profesos guardadores de la ley.

Si queremos llegar a pasar esta gran prueba a la lealtad, lo primero que debemos reconocer es que somos desleales desde el vientre.

Lamentaciones 3:42 – “Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú nos perdonaste.”

Romanos 1:13 – “Necios, desleales, sin afecto natural (sin capacidad para amar), implacables, sin misericordia.”

2 Timoteo 3:3 – “Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno.”

Isaías 48:8 – “Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oreja; porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre.”

¿Cómo manifestamos nuestra deslealtad a Dios?

De muchas maneras, pues todos pecamos diariamente.

Un camuflado acto de deslealtad a Dios es sin duda alguna el hecho de que trabajamos para que los seres humanos sean leales a una organización religiosa, en lugar de que sean leales a Dios.

No es lo mismo ser leal a una organización religiosa que ser leal a Dios. No es lo mismo enseñar a un hombre a que dependa de una organización religiosa, a enseñarle a que dependa del trabajo de Cristo en el Santuario Celestial. Simplemente, no es lo mismo.

Es un principio católico el que fuera de la iglesia no hay salvación. Lamentablemente somos católicos hasta el tuétano y, a pesar de llamarnos protestantes o adventistas, enseñamos el mismo vino de Babilonia: que la salvación se encuentra en una organización religiosa, que la salvación se encuentra dentro de cuatro paredes, y que con tal que no faltemos a misa en sábado (pues aunque no lo llamemos “misa”, si la mentalidad es la misma que la católica, ¿qué diferencia puede haber?), entonces enseñamos la deslealtad a Dios; y así como los religiosos judíos crucificaron al Salvador del mundo bajo la excusa de que: es preferible que muera un hombre a que muera nuestra organización religiosa (Juan 11:50), en la crisis final los hombres que son desleales a Dios y leales a sus organizaciones religiosas, condenarán a sus “hermanos” que llegaron a ser leales a Dios, y por esta lealtad a Dios llegaron a ser considerados desleales al gobierno y a la iglesia.

Si un hombre no acepta que desde el vientre es desleal a Dios (Romanos 1:31; Isaías 48:8), entonces este hombre no va a necesitar de Alguien que sí fue leal a Dios desde el vientre (Cristo). Y tampoco necesitará de la misericordia de Dios que acepta a un desleal en sí mismo, como leal en Cristo.

El problema más grave es que, además de ser desleales a Dios, somos extremadamente incrédulos. Nuestra incredulidad acerca de la ley dominical nos lleva a confiarnos en nuestra aparente “excelencia cristiana.”

Nuestra incredulidad nos ciega de tal manera que no vemos que todos los acontecimientos políticos que se están dando en el mundo entero—tales como la guerra al dinero en efectivo a favor de una moneda digital, la trampa de la renta básica universal, la excusa del cambio climático, la identificación biométrica, los paraísos fiscales, la globalización, los controles en las redes sociales, la cacería de brujas a los “fake news” o “noticias falsas”, etc., todo está encaminado a la inminente imposición de la marca de la bestia a nivel global.

Pero nuestros ojos, en lugar de estar atentos a esos acontecimientos, está distraídos con las tentaciones de Satanás: las casas, los negocios, las diversiones, los títulos, la moda, y toda la gama de productos que Satanás tiene preparado en la feria de la vanidad para entrampar a cada ser humano según la debilidad de ese ser humano. Pues todos tenemos debilidades distintas, entonces Satanás tiene una trampa específica para cada uno de nosotros.

¿Cuál es el peligro que corremos al vivir mostrando incredulidad respecto a la inminente ley dominical?

Deuteronomio 32:20-22 – “Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería: Que son generación de perversidades, Hijos sin fe. Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Hiciéronme ensañar con sus vanidades: Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, con gente insensata los haré ensañar. Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el profundo; Y devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes.”

Nuestra incredulidad y nuestras vanidades nos hacen jugar con fuego, literalmente. En otras versiones Dt. 32:20 dice “hijos infieles” en lugar de “hijos sin fe”, pues la incredulidad nos lleva a la infidelidad o deslealtad a Dios. No creemos las profecías escritas en la Palabra de Dios, porque no creemos en la Palabra de Dios. Creemos de boca, pero nuestros hechos demuestran nuestra incredulidad y nuestra infidelidad.

Es por esto que el Señor reiteradamente nos amonesta:

Mateo 17:17 – “Y respondiendo Jesús, dijo: Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir?”

En otras traducciones Mt. 17:17 dice “generación incrédula y perversa.” Todo se aplica a nosotros y a nuestra condición.

Estamos contentos con la vida que tenemos en este mundo en el que reina Satanás y que está destinado a ser destruido eternamente. No tenemos la más mínima necesidad de un reino mejor en el que reine Cristo eternamente con los seres leales a la ley y a la palabra de Dios.

En el pasado Cristo sacó de la esclavitud de Egipto a todos los israelitas, incluyendo a los que vivían cómodos como esclavos comiendo de las ollas de carne de Egipto (Éxodo 16:3). Pero cuando Cristo venga por segunda vez, no vendrá a rescatar a aquellos que hoy viven cómodos en su esclavitud del pecado y comiendo carne sabrosa de Egipto y tomando vino jugoso de Babilonia. Es por esto que la lealtad será probada en la crisis final. Los amadores del mundo se quedarán en el mundo y serán destruidos con el mundo que tanto amaron.

Los eventos finales se darán rápidamente

2JT pg. 373.2 – “El Señor Dios del cielo no enviará al mundo sus juicios por la desobediencia y la transgresión antes de haber enviado sus atalayas para que den la amonestación. No cerrará el tiempo de gracia hasta que el mensaje haya sido proclamado con más claridad. La ley de Dios ha de ser magnificada. Sus requerimientos han de ser presentados en su verdadero carácter sagrado, para que la gente se vea obligada a decidir en pro o en contra de la verdad. Sin embargo, la obra será abreviada en justicia. El mensaje de la justicia de Cristo ha de resonar de un extremo de la tierra hasta el otro para preparar el camino del Señor. Esta es la gloria de Dios que termina la obra del tercer ángel.”

3JT pg. 280.1 – “Estamos viviendo en el tiempo del fin. El presto cumplimiento de las señales de los tiempos proclama la inminencia de la venida de nuestro Señor. La época en que vivimos es importante y solemne. El Espíritu de Dios se está retirando gradual pero ciertamente de la tierra. Ya están cayendo juicios y plagas sobre los que menosprecian la gracia de Dios. Las calamidades en tierra y mar, la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor gravedad.

Las agencias del mal se coligan y acrecen sus fuerzas para la gran crisis final. Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimientos finales serán rápidos.”

La venida del Esposo (una venida a juicio) se retrasa por misericordia, pues no estamos preparados para los eventos finales. Sin embargo, vivimos como si estuviéramos preparados y listos para enfrentar la crisis final. Pero Dios no esperará hasta que nos de la gana de hacer la preparación necesaria. Como ladrón por la noche, la crisis final y el juicio de vivos nos sorprenderán en el momento más oscuro de nuestras vidas.

Nuestra ceguera espiritual nos impide apreciar el hecho de que: lo que HOY acepto o no quiero aceptar, se va a manifestar cuando llegue el decreto dominical. No habrá un cambio de la noche a la mañana, como por arte de magia, que hará que cuando llegue la crisis final pasemos milagrosamente de desleales a leales, de incrédulos a creyentes, y de profesos cristianos a auténticos cristianos.

Hoy es el tiempo de las pruebas pequeñas que Dios nos otorga para poder estar preparados a la prueba final. El mañana no existe.

Lucas 16:10-11 – “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues sin en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?”

Hoy tenemos la oportunidad de ser fiel en lo poco—en las pruebas pequeñas, que son pequeñas a nuestros ojos, pero en los ojos de Dios son de suma importancia, pues son las que nos preparan para ser fieles en lo mucho—en la ley dominical.

Hoy tenemos la oportunidad de reconocer que somos desleales y de tener la necesidad diaria de que Cristo:

  • Se presente por nosotros (Hebreos 9:24), que se presente su lealtad perfecta que desarrolló como humano en su primera venida a esta tierra, para que en Cristo y gracias a la misericordia del Padre podamos ser declarados leales.
  • Luego Cristo debe cumplir su promesa de Juan 16:26, que es de rogar por nosotros, para que como resultado de la justificación y como resultado de haber sido declarados leales en Cristo, podamos recibir la lluvia temprana—al Espíritu Santo que es el único que puede sembrar el don sobrenatural de la lealtad en nosotros. Pero esta semilla necesita ser desarrollada con nuestro esfuerzo humano a través de las pruebas pequeñas. Desarrollamos la lealtad como un principio de origen celestial al ser leales el momento de ser probados “en lo poco.”

Lamentablemente los seres humanos se ciegan a ser leales en lo poco. Llega el viernes, día de preparación para el día de reposo, y no hacen su preparación necesaria, pues piensan que son cosas pequeñas y sin importancia. Es así que, habiendo tenido toda la semana para prepararse, se pone el sol y llega el sábado y estamos comprando gasolina para los carros, agua, comida, y todas las cosas “insignificantes” para nuestros ojos depravados.

No por nada Dios declara de nosotros: “NECIOS y DESLEALES” (Romanos 1:31). Esas dos características satánicas van de la mano.

  • Cristo debe presentar su justicia/obediencia (la ofrenda) para nuestra aceptación/justificación, y su sangre (el sacrificio) para el perdón de nuestros pecados, diariamente (Hebreos 8:3).
  • La promesa de que Cristo va a rogar por nosotros y para que nos sea dado el Consolador (Juan 14:16) nos da la garantía de que como resultado de esa justificación por la fe, podremos recibir al Consolador que sembrará Gálatas 5:22-23 en nosotros, para que en nosotros se empiece a desarrollar la verdadera lealtad como un principio de origen divino, y no como un impulso o un simple sentimiento momentáneo que, cuando es severamente probado, fracasa inmediatamente.

Dios quiere que esa declaración hecha en el Santuario Celestial de “leales en Cristo” (justificación), llegue a ser una realidad aquí en la tierra (santificación).

La lealtad, así como: el amor, la fe, la paciencia, la bondad, la generosidad, y todos los dones sobrenaturales del Espíritu, son semejantes a semillas que siembra el Espíritu Santo en el hombre, para que el hombre pueda llegar a desarrollarlos—no con la meta de ser aceptado o de pasar el juicio, sino como resultado de haber sido aceptados EN CRISTO.

MJ pg. 456/2 (324.2) – “El amor es una planta de origen celestial. No es irrazonable, no es ciego. Es puro y santo. Pero la pasión del corazón carnal es enteramente otra cosa. Mientras el amor puro hará intervenir a Dios en todos sus planes y estará en perfecta armonía con el Espíritu de Dios, la pasión será terca, irreflexiva, irrazonable, desafiante de toda sujeción, y hará un ídolo del objeto de su elección.”

PVGM pg. 45.2 – “La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una bella figura del crecimiento cristiano. Como en la naturaleza, así también en la gracia no puede haber vida sin crecimiento. La planta debe crecer o morir. Así como su crecimiento es silencioso e imperceptible, pero continuo, así es el desarrollo de la vida cristiana. En cada grado de desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; pero, si se cumple el propósito de Dios para con nosotros, habrá un avance continuo. La santificación es la obra de toda la vida. Con la multiplicación de nuestras oportunidades, aumentará nuestra experiencia y se acrecentará nuestro conocimiento. Llegaremos a ser fuertes para llevar responsabilidades, y nuestra madurez estará en relación con nuestros privilegios.”

La planta debe crecer o morir. Es posible que Dios nos haya otorgado la lealtad. Pero esa lealtad es dada sin desarrollar, es tan sólo una semilla. Dios nos brinda entonces las pruebas necesarias para que esa lealtad sea probada, y la semilla dará fruto y crecerá, o simplemente morirá. Depende de nosotros si la planta crece o muerte. Pero nunca hay un estancamiento, no hay un estado neutro en nuestras vidas. O diariamente estamos avanzando en el camino de la santificación, o estamos retrocediendo.

Es así que nuestras obras testifican acerca de nuestra justificación. Es así que nuestra vida es un claro reflejo de si estamos creciendo como cristianos o nos estamos achicando y convirtiendo en “pigmeos cristianos”.

RJ pg. 288.6 – “La grandeza de la verdad que contemplan expandirá la mente y elevará el carácter. No serán novicios en la comprensión de la Palabra de Dios, ni pigmeos en la experiencia religiosa.”

MC pg. 110.1 – “Están en vías de perder su vida espiritual y de volverse inútiles pigmeos por no hacer obra abnegada en pro de los demás.”

Es posible que fallemos en algunas pruebas pequeñas, pero Dios nos dará una nueva oportunidad para triunfar ante la prueba.

Pero si continuamente fallamos tercamente prueba tras prueba, la lealtad nunca se llegará a desarrollar y llegaremos con 0% lealtad a la crisis final. Después de la crisis final ya no hay otra prueba más, y nuestra suerte quedará entonces sellada para siempre.

Muchos profesos cristianos quieren que el Espíritu Santo haga la obra que les toca hacer a ellos mismos. El Espíritu Santo debe sembrar la semilla de la lealtad en nosotros—ese es su trabajo. Pero no es su trabajo ejercer esa lealtad. Cuando llega el viernes, el Espíritu Santo no va a obligarnos a hacer la preparación para el santo día de reposo. Ese trabajo nos toca hacer a nosotros, no a Dios.

El otro trabajo del Espíritu Santo, como ya hemos mencionado anteriormente, es el de convencernos de pecado por medio de la ley y la Palabra (Efesios 6:17). El instrumento de Dios no son los sentimientos ni las emociones.

Como también ya hemos mencionado, el siguiente trabajo del Espíritu Santo es el de llevarnos a Cristo (Juan 16:8, 14). Después de que nos convenció de pecado y de toda nuestra maldad, nos convenció de que estamos enfermos de muerte, nos muestra el diagnóstico y nos da el remedio.

CC pg. 91.3 – “El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador. Está encargado de presentar a Cristo, la pureza de su justicia y la gran salvación que obtenemos por El. El Señor Jesús dijo: El Espíritu ‘tomará de lo mío, y os lo anunciará’ (Juan 16:14).

El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina. ¡Cuánto no estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el maestro y guía del hombre!”

La Crisis Final

2JT pg. 373.1 – “Hermanos y hermanas, ¡ojalá pudiese decir algo que os despertase y os hiciese ver la importancia de este tiempo, el significado de los acontecimientos que se están realizando ahora! Os señalo los movimientos agresivos que se están haciendo ahora para restringir la libertad religiosa. La institución recordativa santificada por Dios ha sido derribada, y en su lugar se destaca ante el mundo un día de reposo falso que no tiene santidad.

Cuando los Estados Unidos, el país de la libertad religiosa, se una con el papado para forzar la conciencia y obligar a los hombres a honrar el falso día de reposo, los habitantes de todo país del globo serán inducidos a seguir su ejemplo. Nuestros hermanos no están despiertos ni a medias para hacer todo lo que pueden, con las comodidades que tienen a su alcance, para extender el mensaje de amonestación.”

Debemos meditar y tomar conciencia en el hecho de que estamos a las puertas de que nuestra lealtad sea puesta a una terrible prueba final.

CS pg. 663/1 (591.2) – “El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven.

Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en obedecimiento a la ley del estado y en oposición al cuarto mandamiento, será una declaración de obediencia a un poder que está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo (sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la lealtad al Creador.

Mientras que una clase de personas, al aceptar el signo de la sumisión a los poderes del mundo, recibe la marca de la bestia, la otra, por haber escogido el signo de obediencia a la autoridad divina, recibirá el sello de Dios.”

En la crisis final solo habrá dos clases de personas: los leales y los desleales a Dios.

Los leales serán aquellos que llegaron a aceptar su deslealtad y por lo tanto tuvieron necesidad de congregarse al Santuario Celestial para ser declarados leales en Cristo y para recibir la lluvia temprana. Los leales serán aquellos que desarrollaron la lealtad como un principio de origen celestial a través de las pruebas pequeñas. Estos fueron declarados obedientes 100% en Cristo, y por lo tanto la lealtad y la obediencia les fue concedida como resultado (Hebreos 8:10; Gálatas 5:22-23) y gracias también al trabajo del Consolador. Los leales desarrollaron algún porcentaje 15% de lealtad y obediencia hasta llegar a la crisis final.

La otra clase nunca reconoció su deslealtad y su desobediencia a Dios. Simplemente rechazó la amonestación del Testigo Fiel. Como nunca reconoció su deslealtad y su desobediencia, nunca llegó a ser declarada leal y obediente 100% en Cristo en el Santuario Celestial. O tal vez esta clase de personas sí llegaron en algún momento a congregarse al Santuario y a pedir a Dios que les sea otorgadas la lealtad y la obediencia, y Dios les dio los dones del Espíritu. Pero esta clase de personas se rehusaron a ejercitar la lealtad y la obediencia en las pruebas diarias y pequeñas. Esta clase de personas se quiere presentar con su propia justicia ante el Gran Juez del Universo y llegan a la crisis final con 0% lealtad y 0% obediencia ante los ojos de Dios.

La incredulidad lleva a la desobediencia

Como no creemos que estamos a las vísperas de la crisis final, desobedecemos a Dios y nos enraizamos en el mundo aun más de lo que ya estamos. En lugar de aprovechar el breve tiempo de gracia que tenemos para desprendernos del mundo, usamos nuestro tiempo en alimentar nuestra vanidad y nuestro egoísmo.

Cuando llegue la crisis final, será muy difícil renunciar a todos esos tesoros terrenales por los cuales gastamos tanto tiempo y dinero. Tomamos la mayordomía cristiana como un fábula, cuando en realidad, todos nuestros bienes son castillos de arena que desaparecerán en un abrir y cerrar de ojos.

Hebreos 3:16-19 – “Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.”

No basta con pedir a Dios fe. Debemos ejercitar esa fe que nos es dada. No basta con pedir lealtad. Debemos ejercitar esa lealtad que nos es dada.

La fe que nos es dada debe ser probada. En ocasión del diluvio universal la gran mayoría del mundo falló en esta prueba.

PP pg. 82/2 (72.3) – “Al principio, pareció que muchos recibirían la advertencia; sin embargo, no se volvieron a Dios con verdadero arrepentimiento. No quisieron renunciar a sus pecados. Durante el tiempo que precedió al diluvio, su fe fue probada, pero ellos no resistieron esa prueba.

Vencidos por la incredulidad reinante, se unieron a sus antiguos camaradas para rechazar el solemne mensaje. Algunos estaban profundamente convencidos, y hubieran atendido la amonestación; pero eran tantos los que se mofaban y los ridiculizaban, que terminaron por participar del mismo espíritu, resistieron a las invitaciones de la misericordia, y pronto se hallaron entre los más atrevidos e insolentes burladores; pues nadie es tan desenfrenado ni se hunde tanto en el pecado como los que una vez conocieron la luz, pero resistieron al Espíritu que convence de pecado.”

Aquellos que hoy conocen la verdad, pero que rehúsan renunciar a sus ídolos y a sus pecados favoritos y acariciados; aquellos que se conforman con el conocimiento de la verdad, pero que rehúsan ponerla en práctica; cuando llegue la crisis final se volverán en los más atrevidos e insolentes burladores de sus hermanos que quieran mantenerse firmes en la verdad.

Nos interesa más lo que la gente dice… “son muy fanáticos… son extremistas… cómo no van a comer carne, que exagerados!… cómo no van a querer progresar en la vida!… cómo no van a disfrutar de la vida… si diosito quiere que disfrutemos del mundo!”… eso nos interesa más que lo que Dios dice en su Palabra.

Tenemos miedo de ser oprobiados y preferimos poner el nombre de Dios en oprobio ante los incrédulos y paganos.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 417/2 – “El Señor me ha mostrado claramente que la imagen de la bestia será formada antes que termine el tiempo de gracia, porque constituirá la gran prueba para el pueblo de Dios por medio de la cual se decidirá el destino de cada uno…

Esta es la gran prueba que deberán enfrentar los hijos de Dios antes de ser sellados. Todos los que demuestren su lealtad a Dios observando su ley y negándose a aceptar un día de reposo falso, se alistarán bajo la bandera del Señor Dios Jehová y recibirán el sello del Dios viviente. Los que renuncien a la verdad de origen celestial y acepten el domingo como día de reposo, recibirán la marca de la bestia.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 415/7 – “Hay solamente dos bandos en esta tierra: los que se agrupan debajo de la bandera ensangrentada de Jesucristo y los que se reúnen alrededor de la negra bandera de la rebelión. En el capítulo 12 del Apocalipsis se presenta el gran conflicto entre los obedientes y los desobedientes.”

2JT pg. 164.2 – “La obra que la iglesia no ha hecho en tiempo de paz y prosperidad, tendrá que hacerla durante una terrible crisis, en las circunstancias más desalentadoras y prohibitivas.

Las amonestaciones que la conformidad al mundo ha hecho callar o retener, deberán darse bajo la más fiera oposición de los enemigos de la fe. Y en ese tiempo la clase superficial y conservadora, cuya influencia impidió constantemente los progresos de la obra, renunciará a la fe y se colocará con sus enemigos declarados, hacia los cuales sus simpatías han estado tendiendo durante mucho tiempo. Esos apóstatas manifestarán entonces la más acerba enemistad y harán cuanto puedan para oprimir y vilipendiar a sus antiguos hermanos, y para excitar la indignación contra ellos. Ese día está por sobrecogernos.”

En la crisis final únicamente habrá dos grupos: los leales y obedientes, y los desleales y desobedientes. Por naturaleza nos encontramos entre los desleales y desobedientes, pero Dios ha proveído una vía de escape para que podamos llegar a estar entre los leales y obedientes verdaderos.

La conformidad al mundo ha hecho que, en lugar de salir del grupo de desleales y desobedientes, nos quedemos allí con una superficial apariencia de piedad y de fe. Pero si nos quedamos como cristianos superficiales, con pura obediencia espuria, entonces en la crisis final ante Dios seremos declarados apóstatas, y aquí en la tierra manifestaremos nuestra verdadera condición que yacía dentro de nuestro cristianismo superficial: un odio demoníaco hacia Dios y hacia todos los leales y obedientes a su Gobierno.

Hebreos 3:14 – “Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza.”

2MS pg. 422.1 – “Es difícil mantener firmes hasta el fin los rudimentos de nuestra confianza; y la dificultad aumenta cuando existen influencias ocultas que trabajan constantemente para introducir otro espíritu, un elemento contrarrestante, que obra en favor del bando de Satanás.

En ausencia de la persecución se han introducido en nuestras filas algunos que tienen una firmeza aparente y cuyo cristianismo parece incuestionable, pero que se apartarían de nosotros si surgiera la persecución.

En la crisis, prestarán atención a razonamientos aparentemente plausibles que han influido en sus mentes. Satanás ha preparado diversas trampas para hacer frente a las distintas clases de mentes. Cuando se invalide la ley de Dios la iglesia será zarandeada por pruebas terribles, y una proporción más elevada de la que ahora anticipamos, prestará atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios. En lugar de ser fortalecidos cuando son puestos en dificultades, muchos demostrarán que no son sarmientos vivientes de la Vid verdadera; no llevaron frutos y el viñador los separó.”

La lección de Pedro

El apóstol Pedro había recibido la lluvia temprana en ocasión del Pentecostés (Hechos 2:1, 14) y había llegado a entender que la ley ceremonial, con todos sus ritos y ceremonias (incluida la circuncisión), habían llegado a su fin (Colosenses 2:14), pues había entrado en vigencia el verdadero templo: el Santuario Celestial (Hebreos 9:24).

Pedro había llegado a comprender también que el Evangelio había sido abierto al mundo gentil, pues la viña había sido quitada de los judíos que no querían compartir el plan de salvación con el resto del mundo (Marcos 12:9).

Pedro comprendía que ya no estaba en vigencia ni la ley ceremonial, ni el santuario terrenal, ni la circuncisión. Sin embargo, qué aconteció? Vinieron los maestros judaizantes y por miedo a los líderes religiosos Pedro empezó a decir SI a la ley ceremonial y SI a la circuncisión.

Gálatas 2:11-14 – “Empero viniendo Pedro a Antoquía, le resistí en la cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y a si disimulación consentían también los otros Judíos.”

Hoy en día todavía abundan los doctores de la ley, los maestros judaizantes que siguen enseñando que hay que guardar la ley ceremonial (las fiestas y sábados ceremoniales), sin siquiera comprender de qué manera hay que celebrarlas y sin comprender su simbólico significado.

Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman.”

(1 Timoteo 1:7)

Estos doctores de la ley ceremonial no entienden que esta ley era temporal, tuvo principio y tuvo un final. También tuvo un propósito que era ilustrar el trabajo de Cristo en sus tres facetas: obra en la tierra, obra en el cielo, y obra después de salir del Santuario. Mientras que los Diez Mandamientos son eternos, sin principio y sin final, y cuyo propósito no es ser símbolo, ni sombra, ni figura, sino de enseñarnos qué es pecado (1 Juan 3:4) estableciendo una ley moral eterna y única que se encuentra en la Corte Suprema de Justicia del Universo: el Santuario Celestial (Apocalipsis 11:19).

Romanos 7:7 – “¿Qué diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás.”

El apóstol Pablo declara contundentemente que la ley que nos enseña qué es pecado son los Diez Mandamientos. Pues no es la ley ceremonial ni la ley de Moisés la que declara “No codiciarás”—sino el décimo mandamiento (Éxodo 20:17).

¿Por qué el apóstol Pedro, que había recibido el gran poder del Espíritu Santo, por medio del cual había hablado en lenguas, predicado el Evangelio y hasta obrado milagros, luego estaba apostatando de la fe, volviendo a la ley ceremonial por miedo a los maestros judaizantes?

La gran lección que debemos comprender es que: el Espíritu Santo viene a grabar la ley en nuestras mentes y corazones, viene a sembrar los dones sobrenaturales y viene a subyugar nuestra naturaleza pecaminosa que quiere de continuo hacer el mal; pero bajo ninguna circunstancia va a erradicar nuestra maldad y pecaminosidad.

Ese miedo y ese farisaísmo que todos tenemos, y que Pedro tenía, fue subyugado en Pedro, pero bajo una prueba ante los doctores de la ley, Pedro falló la prueba y se dejó llevar por el error.

Es por esto que bajo ninguna circunstancia debemos creer que al haber recibido el Espíritu Santo una vez, ya estamos libres de condenación, de tentación y hasta de pecado. Mil veces no.

Esa no es enseñanza bíblica, sino fábula satánica.

Es por eso que Dios nos manda a “perseverar hasta el fin”, nos manda a “velar y a orar” y nos manda a recibir el bautismo diario del Espíritu Santo, pues diariamente debemos luchar contra nuestra maldad inherente, contra nuestra deslealtad y contra nuestra desobediencia.

Es una lucha intensa y diaria contra el peor de nuestros enemigos: el YO.

Pero si dejamos que el Espíritu Santo obre en nuestros corazones y finalmente nos rendimos a los pies de nuestro Salvador, entonces podremos declarar triunfantemente junto con Pablo:

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

(Filipenses 4:13)

Que Dios los bendiga.

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